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Mujeres en la historia – (La otra mitad de la humanidad)

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La losa de los estereotipos, la falta de libertad, la negación de la igualdad de oportunidades, la exclusión de la vida política, la falta de acceso a la educación, la exposición a la violencia social y familiar, etc., a lo largo de la historia son constantes que gravitan sobre las mujeres. En muchos casos, estas agresiones o discriminaciones se han desarrollado bajo el cobijo de las leyes vigentes, y casi siempre bajo la justificación de las «costumbres sociales», alentadas por las distintas sociedades patriarcales. Para las jerarquías dominantes, civiles o religiosas, el papel subordinado de la mujer no se ha puesto en duda durante siglos; lo que ahora valoramos como atentados contra los derechos de las mujeres, históricamente, no han sido considerados como tales: no se podía vulnerar el derecho de alguien que, precisamente por el hecho de ser mujer, «no tenía derechos».

Aunque se ha afirmado la existencia en el pasado de sociedades matriarcales, en las que las mujeres habrían gozado de un protagonismo social y familiar mayor al de los hombres, sin estar sometidas a su autoridad, lo cierto es que su existencia no se ha podido demostrar. Lo que sí han existido en distintas épocas históricas han sido sociedades matrilineales, es decir, sociedades en las que la descendencia se establece a partir de la línea materna en lugar de la paterna. Pero incluso en estos casos, al parecer, el modelo matrilineal ha coexistido con distintas modalidades de patriarcado, en la medida que los hombres han retenido las más importantes y determinantes esferas de poder.

De hecho, al margen de las teorías y las especulaciones sobre hipotéticos matriarcados, la realidad es que desde los más remotos tiempos las distintas sociedades y religiones nos han dejado testimonios de la condición subordinada que se ha adjudicado a las mujeres.

«Hacia tu marido irá tu apetencia y él te dominará.» 
Antiguo testamento. Génesis, 3,16 (ca. 900 aC)

«Existe un principio bueno que creó el orden, la luz y el hombre, y un principio malo que creó el caos, la oscuridad y la mujer.» 
Pitágoras (582-507 aC)

«Es ley natural que la mujer esté sometida al marido.» 
Confucio (ca. 500 aC)

Las mayores o menores libertades y derechos que gozaban las mujeres en las distintas civilizaciones de la antigüedad estaban siempre supeditadas a la autoridad del hombre, ya fuera el marido, el padre o incluso el hermano. La situación social y familiar de la mujer se basaba en dos premisas, la fidelidad al esposo y una fecunda descendencia: una mujer estéril era despreciada y podía ser repudiada por el marido, mientras que una mujer infiel solía ser condenada a muerte. Por ejemplo, en la Biblia, que en muchos aspectos refleja también las costumbres de las otras culturas de aquella época y zona geográfica, se menciona la lapidación para la mujer adúltera. En cambio, el adulterio del varón sólo se penalizaba cuando se cometía con una mujer casada, y en este caso no se castigaba el adulterio en sí, sino la violación del derecho de posesión y exclusividad del marido: la mujer era considerada «una propiedad» del marido; concepción característica de aquellas sociedades y que más tarde alcanzará su concreción jurídica en la figura romana de la «patria potestas», ejercida por el «pater familias».

La actividad de las mujeres estaba limitada al hogar, no tenían ningún protagonismo en la vida pública. En Grecia, el caso de Hiparquía (ca. 340-300 aC) es una excepción. Perteneciente a la escuela cínica, fue una de las primeras mujeres filósofas. Preguntada en una ocasión por Teodoro el Ateo que por qué no se dedicaba a las tareas propias de su sexo, a hilar y a tejer, respondió que le parecía una pérdida de tiempo ya que prefería dedicar su vida al estudio.

Siglos más tarde, otro caso excepcional es el de Hipatia de Alejandría (370-415). Hija del matemático y astrónomo Teón de Alejandría, éste le transmitió sus conocimientos y su pasión por la búsqueda de lo desconocido, algo verdaderamente insólito entonces tratándose de una mujer. Hipatia no era cristiana, y en un ambiente de creciente hostilidad hacia el paganismo, acusada de hechicera y de bruja pagana, finalmente murió de forma brutal, torturada y descuartizada, con un ensañamiento sólo comprensible por su osadía de haberse convertido en una mujer ilustrada y científica.

Durante la Antigüedad, para una mujer dedicarse a la filosofía o a la ciencia representaba una proeza, y por lo tanto es explicable que los casos que se dieron fueran aislados. Pero también hay que tener en cuenta, como afirma Umberto Eco, que «No es que no hayan existido mujeres filósofas. Es que los filósofos han preferido olvidarlas». La misoginia de las sociedades no sólo veía con malos ojos que la mujer tuviera otras ocupaciones que las del hogar, sino que además no tenían el menor interés en que quedara constancia de sus aportaciones al mundo del conocimiento y de la cultura (razón por la cual en muchos casos, entonces y a lo largo de toda la historia, fueron sus maridos u otros hombres de su entorno los que se apropiaron de sus creaciones).

Situándonos ahora en la Península Itálica, la Historia de Roma se inicia para la mujer bajo la concepción arcaica dominante en aquellos tiempos, negándosele cualquier autonomía, estando sometida por completo al pater familias; la Ley de las Doce Tablas (450 aC) vigente durante siglos reconocía al pater familias la «vitae necisque potestas» (el poder de la vida y de la muerte, sobre sus hijos, su esposa, y sus esclavos). Lentamente, la situación de la mujer en Roma ira evolucionando, arañando esferas de autonomía y libertad, alcanzando, durante los primeros siglos de la nueva era, unas prerrogativas desconocidas hasta entonces.

En el año 195 aC, la oposición a la Ley Oppia, promulgada el 215 aC con el objetivo de limitar el lujo en el aspecto de las mujeres (en la medida que no encajaba con la imagen de la «matrona» ideal sometida al pater familias) es quizás el primer momento histórico en el que las mujeres se organizan en contra del poder masculino dominante. Es un hecho especialmente relevante (más que por el contenido en sí de la reivindicación) en tanto que actitud colectiva por parte de las mujeres de activa oposición  y reivindicación. Derogada finalmente la ley a causa de las protestas de las mujeres, la importancia de su derogación se puso de manifiesto por la repulsa e incomodidad que se produjo en el Senado durante los debates:

«Si cada uno de nosotros, señores, hubiese mantenido la autoridad y los derechos del marido en el interior de su propia casa, no hubiéramos llegado a este punto. Ahora, henos aquí: la prepotencia femenina, tras haber anulado nuestra libertad de acción en familia, nos la está destruyendo también en el Foro. Recordar lo que nos costaba sujetar a las mujeres y frenar sus licencias, cuando las leyes nos permitían hacerlo. E imaginad qué sucederá de ahora en adelante, si esas leyes son revocadas y las mujeres quedan puestas, hasta legalmente, en pie de igualdad con nosotros. Vosotros conocéis a las mujeres: hacedlas vuestros iguales. Al final veremos esto: los hombres de todo el mundo, que en todo el mundo gobiernan a las mujeres, están gobernados por los únicos hombres que se dejan gobernar por las mujeres: los romanos.»

Intervención en el Senado de Marco Porcio Catón, recogida por Tito Livio 
Indro Montanelli. Historia de Roma. Plaza & Janés. Barcelona, 1961

Posteriormente, en Roma a aquella conquista siguieron otras de más calado, como la administración de la propia dote o el derecho a divorciarse.

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La difusión del cristianismo y del Islam generará una situación contradictoria con relación al protagonismo de la mujer y el respeto de sus derechos. Por un lado, proclamando en las distintas sociedades por las que se expandieron la igualdad de todos los seres humanos, ambas religiones otorgarán a las mujeres una dignidad hasta entonces negada o puesta en duda. Pero por otro lado, en tanto que religiones patriarcales y prisioneras de prejuicios ancestrales, fomentarán también el papel subordinado de la mujer dentro del conjunto de la sociedad y, de forma especial, dentro de la familia.

«Mujeres, sed sumisas a vuestros maridos, como conviene en el Señor.»
Nuevo testamento, Epístola a los colosenses, 3,18 (ca. 50 dC) 

«Las buenas mujeres son obedientes y guardan en secreto lo que Alá ha guardado. En cuanto a aquellas que temáis que se rebelen, amonestadlas, haced que duerman en camas separadas y azotadlas.» 
El Corán, 4,34 (ca. 650 dC)

A lo largo de los siglos, dentro de las respectivas tradiciones religiosas en general se hará una lectura de la Biblia y el Corán que justificará la subordinación de la mujer al varón, siendo minoritarias y marginales las lecturas liberadoras y progresistas.

Tras la caída de Roma, en los nuevos reinos de tipo feudal que surgirán el derecho vuelve a formas más arcaicas, y en este contexto la libertad de la mujer se ve de nuevo restringida. Al mismo tiempo que la vida cultural se empobrece y se refuerza la concepción jerárquica y vertical de la sociedad, también se refuerza la subordinación de la mujer. Siglos más tarde, el declive del feudalismo y el nacimiento de la burguesía (y de los estados centralizados) tampoco propiciará una mejora sensible de la condición de la mujer.

No será hasta finales del siglo XVIII cuando empezará un movimiento de protesta que, tras plasmarse en el incipiente feminismo y en el sufragismo del siglo XIX, ya no dejará de avanzar, planteando progresivamente nuevas reivindicaciones.

Al proclamarse en 1789 en Francia la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano, ésta no contemplaba como sujetos de derechos a las mujeres, ya que con la palabra «hombre» no se refería a la humanidad, sino sólo a los varones. Esta discriminación motivó la actitud de protesta de Olimpia de Gouges (1748-1793): tomando como modelo el texto de la Declaración de 1789, publicó en 1791 La Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana. A causa de sus paralelas y constantes críticas contra la represión jacobina, Olimpia de Gouges fue acusada de reaccionaria y murió guillotinada dos años más tarde.

En 1792, la escritora inglesa Mary Wollstonecraft (1759-1797) publicó la Vindicación de los Derechos de la Mujer, donde argumentaba que las mujeres no son por naturaleza inferiores al hombre, sino que tan sólo puede parecerlo debido a que no han tenido acceso a la educación apropiada:

«Fortalezcamos la mente femenina ensanchándola y será el final de la obediencia ciega; pero como el poder busca la obediencia ciega, los tiranos y los sensualistas están en lo cierto cuando tratan de mantener a la mujer en la oscuridad, porque el primero sólo quiere esclavos y el último un juguete.» 

>> Otras citas de la Vindicación de los Derechos de la Mujer

A mediados del siglo XIX en los Estados Unidos e Inglaterra empieza a cobrar fuerza el feminismo. Uno de los hitos de este nuevo movimiento es la Declaración de Séneca Falls (1848), en la que se resumían las conclusiones de la Convención sobre los Derechos de la Mujer celebrada en aquella localidad. El documento, inspirado en el texto de la Declaración de Independencia de los Estados Unidos, denunciaba las restricciones, sobre todo políticas, a las que estaban sometidas las mujeres: no poder votar, presentarse a elecciones, ocupar cargos públicos, afiliarse a organizaciones políticas o asistir a reuniones políticas.

«Que todas aquellas leyes que sean conflictivas en alguna manera con la verdadera y sustancial felicidad de la mujer, son contrarias al gran precepto de la naturaleza y no tienen validez, pues este precepto tiene primacía sobre cualquier otro. Que todas las leyes que impidan que la mujer ocupe en la sociedad la posición que su conciencia le dicte, o que la sitúen en una posición inferior a la del hombre, son contrarias al gran precepto de la naturaleza y, por lo tanto, no tienen ni fuerza ni autoridad. Que la mujer es igual al hombre – que así lo pretendió el Creador- y que por el bien de la raza humana exige que sea reconocida como tal.» 

>> Declaración de Séneca Falls, ampliación del fragmento

El naciente feminismo se centró inicialmente en la reivindicación del derecho al voto de las mujeres. En los Estados Unidos, sus principales líderes fueron Susan B. Anthony,  Lucy Stone  y  Elisabeth Cady Stanton (una de las promotoras de la Declaración de Séneca Falls), encuadradas desde 1890 en la «Asociación Nacional Americana por el Sufragio de la Mujer». No obstante, ellas no vieron el resultado de su esfuerzo, ya que el derecho de las mujeres a votar no fue reconocido en los Estados Unidos hasta 1920.

En Inglaterra, John Stuart Mill publicó El Sometimiento de la Mujer en 1869. Tres años antes había presentado al Parlamento inglés una demanda a favor del voto femenino que, al ser rechazada, provocó que en 1867 naciera el primer grupo sufragista británico: la «Asociación Nacional para el Sufragio de la Mujer».

«El principio regulador de las actuales relaciones entre los dos sexos –la subordinación legal del uno al otro- es intrínsecamente erróneo y ahora constituye uno de los obstáculos más importantes para el progreso humano; y debiera ser sustituido por un principio de perfecta igualdad que no admitiera poder ni privilegio para unos ni pacidad para otros». 

John Stuart Mill. El sometimiento de la mujer

El derecho femenino al sufragio se fue alcanzando lentamente a lo largo del siglo siguiente. Nueva Zelanda lo consiguió en 1893, Australia en 1901, Finlandia en 1906, Noruega en 1913, Dinamarca  e Islandia en 1915… En España se consiguió en 1931, en Francia e Italia en 1945, mientras que en Suiza no se alcanzó hasta 1970. En los países árabes la adopción del sufragio femenino todavía fue más lenta, sin que se haya consumado totalmente (en Arabia Saudí  y Brunei las mujeres seguían sin votar en 2007).

Hasta el siglo XIX la defensa de los derechos de las mujeres no había sido nunca una tarea prioritaria, una tendencia que inicialmente también contaminará al naciente socialismo, que priorizará la reivindicación de la igualdad de clases antes que la igualdad entre hombres y mujeres.

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, en una época en la que las condiciones laborales en los complejos industriales eran muy precarias, con una gran presencia de mujeres y niños en las fábricas a causa de la gran demanda de mano de obra y de sus menores sueldos, en el marco de las reivindicaciones laborales del proletariado las mujeres adquieren progresivamente un mayor protagonismo. En 1910, durante la reunión en Copenhague de la Internacional Socialista, se proclamó el Día de la Mujer, como homenaje al movimiento en favor de los derechos de la mujer y para ayudar a conseguir el sufragio femenino universal. Al año siguiente, el 19 de marzo, se celebró el primer Día de la Mujer Trabajadora, que posteriormente se celebró en fechas distintas hasta la adopción definitiva del 8 de marzo.

El 25 de marzo de 1911, más de 140 jóvenes trabajadoras, la mayoría inmigrantes italianas y judías, murieron en el  incendio de la fábrica Triangle de Nueva York. Este suceso tuvo grandes repercusiones en la legislación laboral de los Estados Unidos, y en las celebraciones posteriores del Día de la Mujer se hizo referencia a las condiciones laborales que condujeron al desastre.

Tras la Segunda Guerra Mundial y con el inició en de las actividades de las Naciones Unidas, en 1952 se aprobó la Convención sobre los derechos políticos de la mujer:

Artículo I. Las mujeres tendrán derecho a votar en todas las elecciones en igualdad de condiciones con los hombres, sin discriminación alguna.

Artículo II. Las mujeres serán elegibles para todos los organismos públicos electivos establecidos por la legislación nacional, en condiciones de igualdad con los hombres, sin discriminación alguna.

Artículo III. Las mujeres tendrán derecho a ocupar cargos públicos y a ejercer todas las funciones públicas establecidas por la legislación nacional, en igualdad de condiciones con los hombres, sin discriminación alguna.

Posteriormente, las Naciones Unidas han ido aprobando otros documentos relativos a los derechos de las mujeres:

–La Declaración sobre la eliminación de la discriminación contra la mujer (1967)
–La Convención sobre la eliminación de todas las formas de discriminación contra la mujer (1979)
–La Declaración sobre la eliminación de la violencia contra la mujer (1993)

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Los documentos de las Naciones Unidas son la concreción de las normas de convivencia fundamentales (en el caso de las declaraciones) y de la suma de normas y mecanismos para verificar el cumplimiento de las primeras (en el caso de las convenciones, cuando estas son ratificadas por los estados). Con relación a los derechos de la mujer, durante el siglo XX las Naciones Unidas la ha definido, por primera vez en la historia y sin ningún tipo de reservas, como sujeto de derechos inalienables y como igual al varón.

No obstante, ni las declaraciones ni las convenciones no son sinónimo de un respeto efectivo de los derechos y libertades que proclaman. Salta a la vista que su cumplimiento es desigual y en muchos casos altamente insatisfactorio (la discriminación y subordinación de la mujer se sigue dando, bajo formas más brutales o sutiles, en todas las sociedades). Pero como mínimo ahora hay un marco teórico internacional que las ampara, y una hoja de ruta que señala el tipo de sociedad que se anhela: una sociedad, un mundo, en el que las mujeres no sean discriminadas ni agredidas.

Fuente: A.I.Catalunya

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La Feria del Libro de Riad, un oasis amenazado por la censura saudí


La Feria Internacional del Libro de Riad, considerada una vía de escape para los amantes de la literatura en un país de costumbres estrictas como Arabia Saudí, abre hoy sus puertas bajo la amenaza de censura por cuestiones religiosas.

El grupo ultraconservador de «Al Muhtasabin» («supervisores» en árabe) ya ha puesto el grito en el cielo ante la posible presencia de libros escritos por «herejes» en la cita de este año, que concluirá el próximo 16 de marzo.

Este grupo teme que entre los más de 200.000 libros, procedentes de 25 países, se expongan algunos contrarios a la religión islámica, señaló a Efe el jeque radical Saad al Qaud.

Por eso, ha pedido al Ministerio saudí de Cultura e Información que prohíba la llegada de textos que «pasen por encima de lo divino e infrinjan la educación del islam».

«Permitir la entrada de estos libros es como jugar con fuego. Supone una provocación para los civiles», apuntó Al Qaud.

La furia de los ultraconservadores parece no frenar el interés de los saudíes más liberales por la feria, la cual definen como «una oportunidad de oro» para la lectura.

«La censura suele ser muy estricta cuando se revisan los libros que entran en Arabia Saudí, pero, en el caso de esta feria, se permite la exposición de ejemplares que antes estaban prohibidos», argumentó a Efe el periodista Haizam al Sayed, contento por la posibilidad que se presenta para leer estos últimos.

Aunque los «muhtasabin» ya han amenazado con combatir todo tipo de «herejía literaria», los clérigos musulmanes de las mezquitas han querido rebajar la tensión.

Para ello, han pedido a los más radicales que sean «sabios y flexibles en el tratamiento de los vicios» y que eviten «enfrentarse con la gente».

En la calle, existen opiniones para todos los gustos: desde quienes agradecen que se cumpla estrictamente con los preceptos religiosos hasta quienes acusan a los «muhtasabin» de querer hacer fracasar este importante evento cultural molestando sin tregua a los lectores.

Por su parte, la Comisión saudí para la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio, la policía saudí encargada de velar por el cumplimiento de los estrictos códigos islámicos sobre la vestimenta y la moral, se desmarcó del grupo de Al Muhtasabin y recordó que este trabaja por su cuenta.

Para intentar resolver las más que posibles disputas entre los ultraconservadores y las editoriales, la policía de la moral solicitó a los primeros que rellenen un formulario y viertan allí sus comentarios.

De ese modo, las denuncias sobre los libros que supuestamente difunden ideas herejes llegarán a un comité que las revisará, decidirá y actuará en consecuencia.

Estos enfrentamientos entre la corriente más conservadora y la más liberal de la sociedad no son nuevos en la Feria del Libro de Riad, capital del reino donde se sigue el rito wahabí del islam, que parte de una interpretación rigorista del Corán, el libro sagrado islámico revelado al Profeta Muhammad (BPD).

El año pasado, el permiso para que hombres y mujeres entrasen juntos al recinto de exposiciones, sin la tradicional segregación por sexo que impera en los espacios públicos saudíes, fue motivo de confrontación entre los «muhtasabin» y los visitantes.

Este año el Ministerio de Cultura ya ha anunciado que las personas de ambos sexos podrán entrar de nuevo juntas a la feria, un motivo de fricción que se suma a la ya polémica presentación de libros «alternativos».

Pese a la entrada autorizada de mujeres, se espera que situaciones como la firma de autógrafos o los coloquios sobre literatura entre mujeres y hombres sigan dando trabajo a la policía religiosa y a los llamados supervisores de la moral islámica.

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Asociación entre Washington y los Hermanos Musulmanes

Dentro de la nebulosa de los Hermanos Musulmanes ¿cuáles son las corrientes vinculadas con los Estados Unidos?
Dentro de la nebulosa de los Hermanos Musulmanes ¿cuáles son las corrientes vinculadas con los Estados Unidos?

 

Asociación entre Washington y los Hermanos Musulmanes

 

Los disturbios que sacuden la región árabe vehiculan elementos del plan de los Estados Unidos para paliar el fracaso estratégico de Washington producido estos diez años pasados y para proteger a Israel antes de la retirada de las GI de Irak en diciembre. Está claro que una parte de los hilos deshilvanados actualmente lo han sido estos dos años pasados en coordinación entre la administración Obama y sus principales asociados internacionales y regionales.

Una de las ideas principales estudiadas los dos últimos años se inserta en el principio de la normalización de relaciones entre los Estados Unidos y los Hermanos Musulmanes. La experiencia turca ha sugerido un modelo de coexistencia entre la adhesión a la OTAN y las relaciones con Israel y los Estados Unidos, al tiempo que tiene en consideración los sentimientos pro-palestinos de la calle turca, Ankara ha sabido encontrar el justo medio entre el recelo de su base popular respecto del Estado hebreo y las consideraciones estratégicas vinculadas con sus relaciones con la OTAN y los Estados Unidos. Pero sin llegar a tomar iniciativas que modificarían radicalmente las relaciones de fuerzas en beneficio del eje de la Resistencia y el Hezbollah y Hammas.

Al parecer la dirección internacional suprema de la Cofradía de los Hermanos musulmanes ha establecido una asociación con los Estados Unidos para replantear su influencia política y económica en la región árabe. El Egipto post-revolucionario será el terreno que servirá de Test a dicha asociación e intentar perpetuar el modelo turco basado en la coexistencia entre la institución militar y un movimiento islamista así como en el compromiso de la cofradía en el respeto de las constantes vinculadas con la seguridad del Estado hebreo y el acuerdo de Camp David luego de las elecciones presidenciales y legislativas. La alianza entre los Hermanos y los restos del antiguo partido en el poder en el referéndum sobre las enmiendas constitucionales corroboran este nuevo esquema. En lo que se refiere al conflicto israelí-árabe, parece que el plan de paz que los Estados Unidos van a imponer reposa en la iniciativa de Brezinski basada en la abolición del derecho al retorno de los refugiados, el intercambio de territorios entre los Palestinos y el Estado hebreo y en un Estado palestino desmilitarizado. Todo depende de la reelección de Obama por un segundo mandato.

El triunfo de este plan depende de varios factores. Su aceptación por parte de Hammas es esencial. Turquía y los europeos se encargarán de convencer al movimiento palestino con la zanahoria y el bastón.

Pero Siria sigue siendo el principal obstáculo al plan de los Estados Unidos consistente en liquidar la causa Palestina. Debilitar a Damasco y anegar a Siria es una condición necesaria. Tanto más se comprende por consiguiente la convergencia de los papeles entre Arabia Saudita, Qatar y Turquía en la crisis siria. Que los dirigentes de los Hermanos Musulmanes sirios vayan y vengan entre estos tres países llamando a la revuelta contra el régimen de Bachar Al Assad desde Estambul, de Riad o de Doha resulta entonces perfectamente comprensible.

Incluso el Primer ministro saliente de Líbano juega un papel en dicho plan. Un documento revelado por Wikileaks demuestra la posición de Saad Hariri respecto del régimen sirio y de los Hermanos musulmanes. En un cable publicado por el diario libanés Al Intiqad,  Saad Hariri refiere a sus interlocutores: “hay que acabar definitivamente con el régimen sirio”, proponiendo una asociación entre los Hermanos Musulmanes y antiguos responsables del régimen, y agrega que la rama siria de la cofradía “ se asemeja en sus características a los musulmanes moderados de Turquía. Aceptan un gobierno civil e incluso sostienen la paz con Israel «… Saad Hariri refiere a sus interlocutores estadounidenses que él mantiene una sólida relación con el guía espiritual de los hermanos musulmanes en Siria (hoy sustituido) Ali Al Bayanouni e insiste ante los Estados Unidos para que “discutan con Bayanouni. Observen su actitud y verán milagros ».

Todos los medios sirven para hacer pasar este plan incluso si es preciso para ello amenazar la unidad interna de Siria con el riesgo de sumergir al país en una guerra civil. Manteniendo a raya al complot que apunta a desestabilizarla, bajo el pretexto de los derechos humanos y de la libertad, Siria habrá minado una vez más un plan destinado a liquidar la causa Palestina y a perpetuar la hegemonía. Para ganar su apuesta, Bachar Al Assad debe superar el desafío de seguridad y estabilidad que representan los grupos extremistas que hacen estragos en su país. Pero también debe promover imperativamente la planificación de verdaderas reformas políticas, económicas, jurídicas y administrativas modernizando su país.

Siria: de la revuelta a la insurreción armada

Desde el comienzo de la contestación en Siria han sido patentes las primicias de una insurrección armada. Los insurrectos se han infiltrado entre los manifestantes que reclaman reformas con el evidente propósito de provocar a las fuerzas del orden que habían recibido instrucciones estrictas de la Presidencia de no disparar contra los manifestantes pacíficos. Con frecuencia los policías eran enviados sobre el terreno sin municiones a fin de evitar fricciones con los manifestantes que podrían llevar a un baño de sangre.

Que un movimiento de contestación pacífico se haya convertido en insurrección armada ilustra el callejón sin salida en el que se encuentran las fuerzas políticas que organizan las manifestaciones en Siria y que en su mayoría son controladas , financiadas o alimentadas por los Estados Unidos, determinados países europeos, el príncipe saudita Bandar Ben Sultan , Qatar, la coalición libanesa del 14 de Marzo así como por Turquía cuya posición oscila entre la confusión y la ambigüedad.

Este callejón sin salida se explica por la incapacidad de los organizadores de de transformar la contestación en movimiento realmente popular a pesar de los medios financieros y mediáticos gigantescos puestos a su servicio. Las ciudades de Alepo, Raqua, Idlib y sus regiones así como la capital Damasco y, en menor medida, Hassaka y Hama, quedan apartadas del movimiento y, a despecho de todas las proclamas, los habitantes de estas regiones rehúsan organizar manifestaciones hostiles al presidente Bachar Al Assad. En otros lugares la movilización es débil y no congrega más que a unos centenares o todo lo más a miles de personas. Por otra parte, es patente el papel central de los Hermanos musulmanes y de los grupos islamistas extremistas toda vez que las mezquitas se utilizan como punto de reunión y de movilización. Ello ha llevado a decir al célebre poeta Adonis, conocido por su escasa simpatía hacia el régimen sirio, que lo que ocurre hoy en Siria no es una revolución.

La alianza arábigo-occidental es incapaz de propiciar un vasto movimiento de contestación, que queda circunscrito a las regiones rurales y agrícolas sirias. Sin embargo, la enorme máquina mediática funciona al máximo todos los días de la semana para movilizar a la población y los Hermanos musulmanes han debido convocar directamente manifestaciones el viernes 29 de abril sin olvidarse de los sermones semanales con connotación confesional del predicador egipcio qatarí Youssef al Qardaoui.

Las fuerzas que fomentan los disturbios se han inclinado de inmediato por la insurrección militar. Armas y dinero han comenzado a afluir a través de las fronteras de Jordania, de Irak y de Líbano y los servicios de seguridad sirios han incautado importantes cantidades de ellas. A continuación han entrado en liza directamente los grupos extremistas takfiristas [1]. en las mezquitas de Deraa, Homs, y Banias y Lattaquié, llamando al Jihad y enarbolando slogans sectarios con el fin manifiesto de exacerbar las disensiones comunitarias para provocar una guerra civil. Unos 80 oficiales resultaron muertos y cientos de ellos heridos desde el comienzo de los disturbios e igualmente se ha producido un gran número de muertes entre los manifestantes abatidos por desconocidos armados con el objetivo de provocar choques con las fuerzas del orden. De este modo, se instaura un círculo vicioso de muertos- funerales—violencias-muertos, imposible de romper.

Las potencias occidentales, en la cabeza Estados Unidos , desconocen totalmente esta dimensión esencial de la crisis que sacude a Siria. Las mismas concentran su intervención en la necesidad de reformas mediante las cuales esperan obligar al régimen sirio a compartir el poder con las fuerzas sirias que ellas financian y controlan, como los Hermanos musulmanes , Andel Halim Khaddam y con algunas fuerzas liberales marginales y cuyo último objetivo es influir en las opciones estratégicas de Siria basadas desde hace decenios en el apoyo a los movimientos de Resistencia anti-americanos y anti-israelíes. La realidad de lo que ocurre es que los extremistas musulmanes takfiristas combatidos también por Occidente con encarnizamiento desde hace diez años disponen de cédulas activas y bien organizadas en el país . Pero en la política de dos pesos, dos medidas, el terrorismo se considera a veces como un azote por desmoronar y otras veces como una fuerza de cambio.

Nadie en su sano juicio puede dar crédito a las declaraciones occidentales respecto de los derechos humanos y la necesidad de reformas, mientras que el ejemplo de lo que ocurre en Bahrein es palpable. En este pequeño reino Occidente ha embozado políticamente y diplomáticamente el aplastamiento de una revolución pacífica y la ocupación militar de la isla por los países del Golfo. Los Estados Unidos y sus aliados árabes y europeos utilizan a los Hermanos musulmanes y a los grupos takfiristas para someter a Siria y cuando hablan de reformas públicamente ponen bajo el tapete una lista de exigencias semejantes a las que había propuesto en 2003 el secretario de Estado Collin Powell las cuales se articulan en torno a los siguientes puntos: romper la alianza con Irán , terminar con cualquier apoyo a los movimientos de resistencia y aceptar una paz carente de equilibrio con Israel.

Lo que Bachar Al-Assad ha rechazado hace ocho años, mientras que 250000 GI’s estaban concentrados en la frontera, no lo aceptará hoy por motivos de agitación interna, lo que no impedirá la prosecución de reformas políticas, jurídicas y económicas con nuevas decisiones en los próximos días.

Traducción Javier Zugarrondo
Fuente New Orient News (Líbano)

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[1] En el islam, el « Takfirismo » es una forma de intolerancia extrema violenta que se caracteriza por su propensión a anatemizar no solo contra los musulmanes sino también contra ,(e incluso prioritariamente) otros musulmanes . En Siria el takfirismo se ha cristalizado contra los alauitas ( que son abultadamente representados en las instancias políticas y militares) y contra los chiítas, particularmente contra el jeque Mohammad Hussein Fadlalah- 1935/2010), líder espiritual del Hezbollah, asimilando su humanismo y su espíritu conciliador en lo que hace a la democracia o de costumbres en la apostasía.

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