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”Esta es mi libertad ” – Por Gonzalo Jáuregui

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Esta es la historia de Lona, la joven musulmana de 19 años que se roba las miradas en la ciudad por su atuendo. Lejos aquí de los extremistas está orgullosa de cubrirse.

I

Me dicen Lona y soy musulmana. Tengo 10 meses en Guadalajara y no me gusta que llueva cuando aún el Sol no se ha quitado. Me gusta la nieve. En Japón nieva mucho. Viví un año allá. Hice muchos amigos que conservo.

Soy maestra de inglés. Tengo 19 años y a los 12 me empezó a llamar la atención el Islam. De pequeña, en Estados Unidos, estuve en escuelas a las que asistían muchos católicos. Allí enseñaban historias con las que no estaba de acuerdo. Disentía de la idea de que Jesús es el hijo de Dios. Dios es uno. Respeto mucho a las demás religiones pero no pensaba que fuera él. Dios es uno: Al-lâh

Un día le pregunté a mi mamá si era posible que me considerara cristiana o católica si no creía que Jesús fuera el hijo de Dios. Ella me respondió que eso no era posible. Se enojó. Todos me dijeron que si no creía me iría al infierno. Fue por eso que dejé de pensar en ello por dos años. Cuando tenía 13, estaba segura. Compré el Corán. Lo terminé de leer en dos años. En la preparatoria teníamos clase de religiones del mundo y aprendí mucho del budismo, del Islam. Leí el Corán y pensé: “Esto es lo que yo pienso”.

Tampoco creo que cuando nacemos tenemos pecados. Cuando venimos al mundo somos inocentes.

No, gracias. Aquí tengo agua. No quiero café porque huele mal.

Nací en Estados Unidos pero soy mexicana. Tengo doble nacionalidad. Otra cosa: quiero mejorar mi español, que va muy mal. Por eso estoy aquí. Mi papá es de Tijuana. Mi mamá también es mexicana. Cuando decidí convertirme al Islam ella estaba preocupada: “Por favor, está bien si tú crees en eso, pero por favor, tienes que ser católica porque si no lo eres vas a ir al infierno. Si no crees está bien, pero tienes que decir a los demás que tú crees”. Yo le decía que no podía hacerlo. No quería mentir. Me sentía mal al estar en la iglesia rezando. No podía estar ahí diciendo las oraciones cuando no las creía. Prefiero ser honesta conmigo misma y con Dios que mentir porque todos me dicen que es correcto.

Cuando terminé la preparatoria me mudé de casa. No estaba viviendo con mi mamá porque sabía que tendría problemas por estar convertida al islamismo. Pero no sólo por eso, mis padres no tenían dinero para cuidarme. A los 15 años podía hacerme cargo de mis asuntos. Tenía trabajo. Después detuve mis estudios. Quiero seguir en la escuela pero no tengo dinero ahora. Es muy caro terminar la carrera en Estados Unidos. Esa es otra razón por la que estoy aquí. Si aprendo bien el español puedo terminar mis estudios en este país.

México es mucho mejor que Estados Unidos. Me tratan muy bien. En todo el mundo hay tontos que dicen cosas estúpidas. Unos me ven y dicen: “Ay, qué es éso” y cosas así, pero la mayoría de la gente no sabe lo que es ser musulmán y el Islam. Los mexicanos no tienen estereotipos. En Estados Unidos hay muchos. Cuando me ven me odian. Me discriminan. Me gritan: “¡Regresa a tu país, terrorista!”. Aquí todos me dicen cosas mucho más amables: “Qué bonita, qué hermosa, de dónde eres. Bienvenida a México”. Aquí nunca me dicen terrorista.

El Islam no es sólo una religión. En árabe significa din, y din es una forma de la vida. El catolicismo era un din en el pasado pero ahora no lo es. Sólo tienes que ir a la iglesia los domingos y nada más. No tienes que hacer nada por el resto de la semana. En el Islam no es así. Hay reglas para todo en la vida: comer, vestir, rezar.

Esta tela oscura con arabescos que me cubre el cuerpo se llama abaya. Esta otra parte que llevo sobre la cabeza, que cubre mi cabello castaño y cae sobre mis hombros, se llama hiyab. La tela que cubre mi rostro, dejando únicamente visible mis ojos color marrón se llama niqab. Muchos piensan que se llama burka. La burka es azul. Tiene una rejilla de tela por donde pueden ver los ojos y un sombrero pequeño. La usan en Afganistán.

De Guadalajara me gustan muchas cosas. No sé si es Guadalajara o todo México. Me encanta la gente de aquí porque me tratan como a un ser humano y en Estados Unidos no.

Mi trabajo está sobre Avenida Hidalgo. Siempre estoy caminando. Las personas me miran raro porque oculto mi cuerpo. En eso hay una parte que es religiosa, aunque no es todo para mí. Las esposas del profeta Muhammad (BP) usan el niqab. Hay personas que creen que es obligatorio y no es así. El hiyab es obligatorio; pero no lo es tapar el rostro. Elijo cubrirme porque las esposas del Profeta (BP) lo hacían y son un ejemplo para todos.

Aunque no lo tengo en mis manos para decírtelo con certeza, el Corán dice que la mujer es mejor si se tapa todo el rostro porque es parte de su belleza. Hay personas que piensan que la cara no es parte de la belleza; pero si el cabello es importante, pienso que la cara también. Me pueden ver el rostro mujeres, adultos mayores o niños que no sepan nada del sexo de la mujer; mis hermanos y mi padre. No tengo esposo ahora pero si yo tuviera él también podría verme.

Y es por éso que no puedo decirte cómo es mi cara.

No salgo con nadie en estos momentos. Cuando lo hago, me fijo en su personalidad, cómo piensa de la vida y de Al-lâh . No me interesa si es guapo o no. No es importante. También uso el niqab porque la sociedad ahora está muy preocupada por la moda. Todas las mujeres tienen que estar muy hermosas. Con maquillaje. Ponen demasiada atención en su apariencia y eso es superficial.

Nunca me he maquillado. Me gusta memorizar el Corán, es muy divertido. Me gusta Linkin Park, One Republic, la música de la India y de Japón. También me gustan los tacos y los mariscos. Con el niqab a veces me es difícil comer espagueti. La gente quiere tomarme fotos cuando estoy comiendo tacos. Levanto mi niqab y agacho la cara para que no vean mis labios. Puedo comer todo menos puerco, ya que me lo prohíbe mi religión.

No me da miedo la inseguridad. Vivo en el Centro y los ladrones que caminan mientras avanza la noche me ven y se alejan. Los aterro. A veces termino de dar clases a las 10 de la noche y ya no hay camiones y tengo que caminar hasta mi casa. En el recorrido nadie me molesta. Aunque soy baja de estatura tengo la seguridad de que piensan dos cosas: o soy un ninja o soy una monja. Ellos no quieren lastimar a ninguno de los dos. En ocasiones, las señoras se me acercan y me preguntan: “¿De qué convento eres?”, yo les contesto que no soy una monja, que soy musulmana. No me entienden y pienso que mi español está cada vez más mal porque les insisto que soy musulmana y me contestan: “¿Eres una hermana? ¿Estás enamorada?”

II

Quizás fue porque en Japón aprendí a decir que no a todo lo que me ofrecían; pero no, gracias, de verdad no quiero café. Aquí tengo agua.

Mi sueño es poder hablar con mi papá en español. Él estaría muy feliz.

Cuando voy a otro país me gusta quedarme por unos años para aprender el idioma y la cultura. No me gusta ser turista. Tampoco me quiero quedar permanentemente allí. Soy la única musulmana de la familia. Tengo cuatro hermanos: Enrique, Salvador, Mercedes y Marina. Es difícil verlos, viven en diferentes lugares del mundo.

Me desagradan las telenovelas. Las he visto y son muy falsas. Me gustan algunos animados y series como New Order y Dr. House. Las películas de Tim Burton. Estoy aquí porque quiero hablar español. A los mexicanos que viven allá les decimos chicanos. Mi lengua materna no es el inglés, es el “espanglish”. Quiero hablar español como una persona con más educación, no como un chicano.

Me despierto a las 5:45 de la mañana porque tengo que rezar. Rezo cinco veces al día. Puedo hacerlo en cualquier lado. Si estoy en la calle busco un lugar en el cual extender la alfombrilla verde que cargo en mi bolsa. Me quito los zapatos y con las piernas separadas y la intención mental de efectuar la oración, levanto las manos a la altura de los hombros o las orejas. Alabo a Al-lâh.

Coloco mi mano derecha sobre mi antebrazo izquierdo. Ambos sobre el pecho sin dejar de observar el lugar en el que pondré mi cabeza durante la postración. Bendigo a Al-lâh otra vez. Luego de completar la súplica de apertura digo una oración. Me levanto y repito la acción: las manos con los dedos cerrados otra vez a la altura de los hombros. Por la calle, ya hay gente atenta que observa detenidamente lo que hago.

Me inclino y con las manos sobre las rodillas. Dejo la espalda y la cabeza en una posición de línea horizontal. Me pongo de pie y con las manos sobre el pecho, apoyo las rodillas sobre el suelo antes de tocarlo con las manos. Pies, manos, rodillas, frente y nariz tocan la alfombrilla verde. Los pies unidos y las rodillas separadas porque así lo hacía el profeta. Suplico de corazón, seriamente. Levanto la cabeza…

Como y duermo cuando puedo. Tengo problemas de sangre. Me desmayo seguido. Si tengo una complicación recurro a un buen amigo de aquí. Le escribo un mensaje por el celular y él me responde rápido. Escribe muy mal en el teléfono. Corta las palabras. Escribe sin “h”, la “b” grande en lugar la “v” chica y yo pienso: “¿De verdad escribe así? ¿Por qué hace eso? Por favor, no es mi primera lengua. Sí entiendo, pero me confundo”. Él dice que escribirá mejor, pero nunca lo hace.

Me dicen Lona porque cuando era bebé no tenía pelo y me llamaban “pelona”. Hablo inglés, español y japonés. Puedo leer y escribir un poco en árabe y también leo en coreano. Quiero estudiar Relaciones Internacionales y ser maestra; aunque aquí el pago no es malo, tampoco es bueno.

Me enoja cuando escucho que en otros países defienden la libertad de las mujeres musulmanas. No es cierto. No es verdad. No. Ellos no entienden. No entienden el concepto de belleza, de libertad y de respeto. Son conceptos diferentes en mi mente. Cuando yo me pongo mi ropa y uso cosas que tapan todo mi cuerpo, que no enseñan su forma, me siento más confortable. Los hombres no están encima de mí y no me ven con deseos sexuales. Cuando me ven me respetan como una mujer. No me chiflan como lo hacen con otras mujeres cuando caminan por la calle.

Este es mi cuerpo. Esta es mi vida. Esta es mi libertad.

Uso esta ropa porque respeto mi religión y mi cuerpo. Me respeto a mí misma y los hombres pueden ver eso. Cuando una mujer trae ropa muy provocadora los hombres no las respetan. ¿Quién tiene más libertad? ¿Ellas, a las que tratan como un objeto sexual o yo, que tengo más libertad porque soy mis ideas y mis opiniones? Todas las mujeres tienen opinión y personalidad, cosas más importantes que su cuerpo. Pero cuando sólo enseñan su cuerpo eso es lo que les ven.

III

A veces los hombres árabes confunden lo que es la religión y la cultura, porque ellos son de un país musulmán y piensan que su cultura es el Islam y no es cierto. Deseo casarme con una persona como yo, que eligió su religión por decisión propia.

Mi maquillaje es la xena. Hace unos días me pinté las manos y los pies con una tinta color naranja que a lo lejos hacen ver como si estuviera manchada. En dos días será más oscura. Lo hago por tradición. Es como maquillaje para las manos y para los pies. Las esposas de Muhammad (BP) la usaban.

Cuando los musulmanes matan a pedradas a una mujer por ser infiel eso no es el Islam, es su cultura. Si lees el Corán no dice éso. Hay países en los que no me gusta cómo tratan a la mujer. Muhammad (BP) dice que no puedes parar a la mujer si quiere ir a la musallah, que es el lugar en el que hacemos la oración. Los hombres dicen que la mujer está mejor en su casa si tiene hijos y otras cosas para cuidar. Muhammad (BP) dice que si ella quiere ir a la musallah no puedes impedírselo.

No me gustan los hombres que dicen que es obligatorio taparse. Es mi decisión, y ellos no pueden obligarme. Es una mentira que una mujer no pueda entrar a una mezquita cuando menstrúa. La mujer no es sucia. El Islam no es misógino. En el Islam yo tengo todos mis derechos. Hay personas que no entienden esa diferencia.

Vine a Jalisco porque mi abuelo fue a la Universidad Autónoma de Guadalajara y no pudo terminar sus estudios. Mi papá siempre recuerda éso. Sólo una vez vi a mi abuelo. Me dijo: “Tú no hablas español y es culpa de tu papá”.

No me veo mucho en el espejo aunque cargo uno en mi bolsa. Tiene forma de chocolate. Me lo regaló una amiga alemana. A veces lo saco y veo si un mechón de cabello no se salió de su lugar o si se movió el niqab. En realidad no me observo mucho. Para mí es importante estar limpia. Bañarme. Soy feliz como soy. Cuando me pongo el niqab me siento más contenta porque mi cuerpo es mío y no para que otras personas lo juzguen.

Te repito: esta es mi libertad.

IV

“Oh, creyentes, temer a vuestro señor que va a partir de un sólo ser. El que creó a su esposa e hizo descender de ambos muchos hombres y mujeres. Temer a Al-lâh en cuyo nombre reclaméis vuestro derecho y respetar los lazos de parentesco que por cierto Al-lâh os observa… Hermanos,  Al-lâh ordena ser tolerantes, a tratar bien a la gente y a luchar contra las pasiones porque ésto tiene un efecto muy positivo. No se equipara obrar el bien y obrar el mal. Si eres maltratado responde con una buena actitud sabiendo disculpar y entonces verás que aquél con quien tenías una enemistad se convertirá en tu amigo ferviente…”

La voz del hermano Karim hace eco en la terraza enclavada en la Colonia Santa Tere, en donde rezan cada viernes los musulmanes radicados en Guadalajara. Lo hacen debajo de la órbita de un viejo ventilador apagado que pende de un cobertizo blanco, afianzado de dos largas y altas paredes blancas que recorren toda la espaciosa construcción. En el jardín, la voz concentrada del tapatío convertido al Islam se ve levemente interrumpida por los rugidos del camión del gas y una ronca motocicleta que pasa a toda velocidad por la calle.

“La bondad, la tolerancia y la paciencia tienen que ser parte de la vida de todo musulmán en todas sus situaciones, y, en especial, en todos los momentos difíciles y de divisiones porque así se logra humillar a Satanás y esto logra que se unan los musulmanes…”

El sonido de un celular rompe por un momento la concentración de las personas que rezan. Un tipo altísimo saluda y el apretón de sus manos gigantescas abraza a sus interlocutores.

Aquí está Rafael Delgado. Este comerciante de 37 años que reside en Tonalá se convirtió al islamismo hace unos 15 años, cuando conoció a unos paquistaníes. Él, como Lona, también era católico. Asistía a la iglesia los domingos. Dice que le gusta más ser musulmán. Viste camisa verde pistache. Lentes oscuros de malo de película mexicana y de la frente morena se le rebela un pequeño mechón rizado estilo Superman.

—¿Te gustan más las tapatías o las musulmanas?

Por primera vez Rafael sonríe, y muestra una blanca fila de dientes. Se rasca con las uñas la oreja derecha como un niño nervioso. Juega con la respuesta. Se la pasa por la lengua, por el paladar, como un trozo de carne ardiente. Lo suelta: “Las musulmanas, por la religión”.

La oración para los musulmanes es alma, espíritu, corazón y músculo. Es una de sus obligaciones más importantes, pues así comienza y termina su vida: con Dios. Se realiza cinco veces al día con preparación mental e intención. Los movimientos significan humildad.

Los presentes se quitan los zapatos para no ensuciar la alfombrilla.

Llega Lona vestida de blanco impecable y saluda las mujeres que ya están en trance sobre las alfombrillas. Son menos de cinco. Se besan en los dos cachetes. No, en realidad no se besan. Cruzan estudiadamente las cabezas. Primero a la izquierda y luego a la derecha. Y besan el aire. “Muacks”.

Al final de la oración, que apenas dura unos minutos, Karim dice que a las mujeres islámicas los hombres les ven la personalidad, la educación, la religiosidad. La belleza la descubren en el matrimonio.

De México, Indonesia, Jordania, Marruecos, Egipto, Estados Unidos… los presentes se dan la mano y platican. Abraham estudia árabe en Arabia Saudita, Yahya Salem, de 23 años imparte clases de inglés y de francés. Está por echar a andar un plan para que aprendan otros idiomas personas de bajos recursos.

Mientras conversan, Lona sale del sitio con paso ágil. Dobla a la derecha. Enfila por una calle y con los ojos duros, descorazonados, mira hacia el suelo sin reparar en los demás. Lona sale de la musallah y escucha la terquedad de un perro que le ladra al silencio. Lona se aleja sin volver la vista atrás.

En la calle el sol calienta la tarde. Pierde el duelo… comienza a llover.

Reflejo

El Islam en números

El Censo de Población y Vivienda 2010, llevado a cabo por el INEGI registra en Jalisco 237 personas pertenecientes a la religión islámica. Lidera Guadalajara que tiene 71, Zapopan 63, Puerto Vallarta 18, Tlajomulco 16, Tonalá 15 y Zapotlanejo 8.

Noticieros, novelas, cine e internet ayudaron a la difusión de la cultura arabo-musulmana desde diversos enfoques que llamaron la atención de los ahora adeptos que derivó en la expansión y configuración del Islam en Guadalajara.

“Islam Guadalajara”

La investigadora y maestrante por el Colegio de Jalisco, Arely Medina, asegura que el Islam llegó a Guadalajara en la década de los noventa gracias a los inmigrantes musulmanes y conversos extranjeros que llegaron a la ciudad para instalarse. En su investigación, señala que en 1993 se inicia la comunidad de musulmanes, cuando se abre un centro de culto que careció de nombre y de registro como asociación religiosa. De su fundador existen dudas, ya que por un lado se le adjudicó a un converso de origen puertorriqueño que se convirtió al islamismo en Estados Unidos y llegó a Guadalajara; sin embargo, también se le atribuye ese liderazgo a un egipcio: Ali Mohammed Ali Asan.

En 1994 la comunidad se localizaba en la Colonia de Polanco, pero su fin llegó después de los atentados a la Torres Gemelas de Nueva York. Los arrendatarios, asustados por los comentarios emitidos por los medios de comunicación, hicieron saber a la comunidad que no los aceptarían más.

La investigadora supone que tras el cierre (en 2001), la comunidad se trasladó a la Colonia Santa Tere en la que se llamara “Casa Islam”. En ese entonces se registraban 50 integrantes: 30 mexicanos y 20 estudiantes extranjeros; cerró en 2005. Fue hasta 2009 que se abrió el centro de culto “Islam Guadalajara”, iniciado por un tapatío.

Por Gonzalo Jáuregui

Fuente : Informador

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Perpetuar la juventud – Las Mascarillas de la Antigüedad

“Su rostro se iluminó con una antigua sonrisa: la que había utilizado para subyugar a los hombres cuando las astucias del cerebro no lo conseguían. Era la sonrisa que devolvía la vida a su rostro, la que era capaz de transfigurarlo, convirtiéndola en la más hermosa de las esfinges. Era entonces cuando el mundo sucumbía ante un hechizo que nadie podía imitar y mucho menos explicarse. Contribuía a que una mujer que no era bella alcanzase la perfección de la belleza. Y nacía así la más fascinante entre las brujas … ” Terenci Moix

A través de los tiempos se han elaborado cosméticos destinados a corregir las imperfecciones cutáneas. Las mascarillas son uno de los tratamientos más antiguos que se conocen. He aquí cuatro formulaciones “históricas” que han llegado hasta nosotros.

Rescatada del “Formulario de los Cosméticos” escrito en el primer siglo de nuestra Era por el célebre Critón, médico del emperador Trajano.

Hacer una pasta con:

2 cucharadas de mantequilla fresca

2 cucharadas de flor de harina de trigo

Una vez bien mezcladas, añadir:

1 cucharada de aceite de semillas de calabaza

Leche hervida tibia hasta obtener una pasta cremosa que se extenderá sobre la cara y cuello.

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Mascarilla de Cleopatra

La reina pintaba colores atrevidos en las mejillas de un maniquí de cera que reproducía sus facciones. No era una actividad completamente nueva entre las que la ocupaban a diario. Conocedora de la importancia de la belleza en sus relaciones con los enviados del gran mundo, había aprendido a crearla donde no existía. Y educada además en doscientos años de pensamiento alejandrino, sabía valorar la teoría tanto como la práctica. De manera que un joven escribano iba anotando sus impresiones mientras el arpa de Ramose sonaba como una deliciosa melodía de fondo que al unirse a las palabras de la reina generaba una canción referida a la belleza.

El taller de Cleopatra contenía lo más secreto de su intimidad y su acceso estaba reservado a los muy iniciados en sus intereses. De hecho, sólo la acompañaban sus doncellas y un reducido grupo de artesanos especializados en perfumes y cosméticos.

Con ellos experimentaba en todo tipo de ungüentos, cremas y maquillajes: delicadas unturas, exóticos potingues, tenues polvillos, rarísimas pinturas que aplicaba sobre mascarillas y maniquíes de cera, buscando nuevos resultados, anotando los aciertos o desaconsejando los más banales. Con la precisión del científico y el genio repentino del artista, iban apareciendo sobre la cera los artificios destinados a proyectar su mensaje de fascinación una vez aplicados al rostro de Cleopatra.

Y no era extraño que trasladase algunos de estos experimentos a los libros de cosméticos que tanto éxito había alcanzado entre las damas de Roma, ansiosas por conocer los secretos de la egipcia aunque en público se permitían vituperarla como a la más execrable de las meretrices. ¡Así pagaban las hipócritas matronas que Cleopatra comunicara en sus escritos mil años de experiencia en la belleza, inapreciable herencia de cuantas reinas tuvo el Nilo!

He aquí la única receta del célebre “Cleopatra . Gynaecarum Libri” (tratado de belleza escrito por la propia Cleopatra) que ha logrado sobrevivir, pues el libro se quemó en el incendio de la Biblioteca de Alejandría. Para hacerla se precisan:

3 cucharadas de arcilla

3 cucharadas de leche cruda

1 cucharada de miel

Mezclar todos los ingredientes hasta obtener una pasta muy fina que se aplica en rostro y cuello.

Mascarilla de Semíramis

Semíramis, la reina de Asiria, que conquistó Egipto y que ascendió a los cielos en forma de paloma, mujer seductora y guerrera. Ningún personaje de la Antigüedad ha fascinado tanto a escritores y filósofos como la reina Semíramis, fundadora de la Babilonia de los fastuosos jardines colgantes, artífice del gran imperio asirio que llegó hasta los más remotos confines de Asia y célebre tanto por su lujuria como por su ferocidad en la guerra. Ovidio, Dante, Calderón, Shakespeare y Voltaire se inspiraron en ella

La leyenda referida por Diodoro Sículo en la que la diosa Derceto ofendió a Venus y ésta la castigó inspirándole una pasión ciega hacia un mortal , el pastor (Caístro). De esta unión nació una niña, Semíramis, que llegaría a ser reina de Babilonia. Después del nacimiento de su hija, también por obra de Venus, acabó el amor que Derceto sentía por ella, y al que siguió el conocimiento de su falta y la vergüenza de haberla cometido. Derceto, llena de ira, abandonó a su hija, hizo matar al hombre a quien había amado y se arrojó al agua dispuesta a morir, lo que los dioses no permitieron. Así dio origen a su morfología anfibia (Las primeras historias conocidas sobre sirenas aparecieron en Medio Oriente, esta diosa Derceto es muy similar a la figura de Atargatis, la gran señora de las tierras del norte de Siria con forma de sirena a la cual los peces le eran consagrados).

Semíramis es abandonada en un desierto donde sobrevivió porque la alimentaron unas palomas . Fue hallada por el pastor de nombre Simnas que la crió como si fuera su propia hija . Más tarde se casó con un oficial del imperio asirio, Onnes (tambiénn conocido como Menones).

El rey Ninos se hallaba en guerra contra los bactrianos. Cuando las tropas se dirigían hacía la lucha, Semíramis decide acompañar a su esposo. Durante el asedio , Semíramis disfrazada de soldado trepó las murallas de la ciudad y abrió las puertas para que las tropas de Ninos la conquistasen. El rey prendado de la belleza ,inteligencia y valentía de Semíramis se la arrebató a su oficial y la desposó, haciéndola reina. Tras la muerte de Ninos la reina tomó el control del imperio y decidió construir una nueva capital, Babilonia.

Algunos autores , entre ellos Estrabón le atribuyen la reedificación de Babilonia, rodeándola de muros y fortificaciones, se dice que tenía 66 kilómetros de muralla, y dotándola de suntuosos palacios y sus famosos jardines colgantes. Condujo su imperio a la prosperidad  construyendo carreteras y canales de riego  para contener las inundaciones provocadas por el rio Éufrates. Según las crónicas, Semíramis conquista Persia, Armenia, Arabia, Egipto, Libia y toda Asia hasta el rio Indo. Intentó penetrar en la India pero no pudo contra los elefantes del ejército indio.

Semíramis no ha entrado en la historia sólo por su posición de poder, excepcional para una mujer, sino por la fama de su insaciable necesidad de amar y de ser amada.

No tenemos la  certeza de que esta mascarilla fuese utilizada por Semíramis aún cuando su nombre lo indique , sea como fuere, sabemos positivamente que Popea, esposa de Nerón, la empleaba.

Batir 2 claras de huevo a punto de nieve, incorporando después

1 cucharada de miel

3 cucharadas de flor de harina de cebada

Esta mascarilla, al parecer de resultados extraordinarios, debe aplicarse todos los días durante un mes.

Los antiguos usaban 2 tipos de harina: 1. Heb. Sôleth, “flor de harina”, “Harina fina”. Esta era la que se ofrecía en las ofrendas del antiguo tabernáculo y el templo (Ex. 29:2, 40; Lv. 2:2; Nm. 15:4; 28:5, 9,12). También se la usaba en la casa (1 R. 4:22). 2. Heb. qemaj, “Harina común”, de diversos grados de molido (Gn. 18:6; Jue. 6:19; 1 S. 1:24; 28:24; etc.). Los principales granos que producían Harina eran el trigo y la cebada; las clases más pobres usaban mayormente este último cereal (Jue. 7:13; Jn. 6:13).

En el Nuevo Testamento se usan 2 palabras griegas para harina: 1. Aleuron, “Harina de trigo” (Mt. 13:33; Lc. 13:21). 2. Semídalis, “harina” (Ap. 18:13), donde aparece entre los lujos de la Babilonia mística, por lo que se refiere a la Harina de la mejor calidad.

Hay quienes aseguran que ésta es una infalible fórmula para conservar la juventud del rostro  :

Tomar la misma cantidad de semillas de melón, calabaza y pepino. Triturarlas  hasta hacerlas polvo, añadir nata fresca hasta que se forme una harina, después,  incorporar leche hasta que se convierta en una pasta clara. Agregar cinco centígramos de almizcle y algunas gotas de aceite de cedro. Aplicar en el rostro veinte o treinta minutos, después, aclarar con agua tibia.

“Ella era el último miembro de una raza solitaria y sutil. Era una flor que Alejandría había tardado trescientos años en producir y que la eternidad no puede marchitar … ” T.M

 

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García Marquez en árabe – Por Karim Hauser

“Cien años de soledad” en su edición en árabe.

Cuando uno se pregunta sobre la influencia de Gabriel García Márquez o del realismo mágico en la literatura árabe, muchos coinciden en que no es algo reciente.

“Creo que comenzó desde que los árabes andaluces llegaron a América Latina”, afirmó Abir Abdelhafez, profesora de literatura hispanoamericana en la Universidad del Cairo.

“Se dio un tipo de intercalación que causó un tránsito entre las dos culturas. Nosotros teníamos las ‘Mil y Una Noches’ o los ‘Cuentos de Kalila y Demna’, en la que los narradores son animales. Así que estábamos acostumbrados a la magia en los libros”, le dijo Andelhafez a BBC Mundo.

Pero más recientemente, en el siglo XX, ¿cómo se refleja? “Creo que hay una fuerte influencia de García Márquez, no en los temas, sino en la técnica, que implica romper los moldes tradicionales de la narrativa”, me explicó la experta.

Estanterías abarrotadas

Precisamente me di cita con Abir frente a la librería Diwan, en el barrio exclusivo de Zamalek, donde hay una respetable sección de literatura traducida. Ahí, una estantería está completamente dedicada a la obra de García Márquez.

“Hay un montón de libros aquí. ‘El amor en tiempos del cólera’, ‘El otoño del patriarca’, ‘Memorias de mis putas tristes’, o el último de ‘Vivir para contarla’. Incluso de ‘Cien años de soledad’ hay dos traducciones, una de un sirio y otra de un egipcio”, explicó la catedrática.

BBC Mundo fue a investigar cómo son las cosas en otra librería. Madbuli es toda una institución en el centro de la capital egipcia, frecuentada por una ávida clientela de intelectuales de distintas edades.

Allí también pude constatar que los principales títulos del colombiano ocupan una estantería por separado.

“La mayoría de los lectores gustan de conocer la obra de García Marquíz (sic); las más famosas como ‘Cien años de soledad’ y ‘El amor en los tiempos del cólera’. Pero como muchos ya las han leído, ahora la que piden es ‘Vivir para contarla”, me indicó el empleado de la librería.

Libro mágico

En 2007  se celebró el 40º aniversario de “Cien años de soledad”, el más famoso de sus libros, por lo menos allende a las fronteras colombianas.

“Es un libro mágico. Muchos críticos y lectores la comparan con ‘El Quijote’, de Miguel de Cervantes. Y es que marca la apertura de la narrativa hispanoamericana en el mundo árabe. Es como un mito. Incluso mi dentista me dijo que yo tenía mucha suerte de poder leerla en su versión original”, explicó Abir Abdelhafez, profesora en la Universidad del Cairo.

Hablando de dentistas, Alaa el Aswany combina esta profesión con la de novelista, y es uno de los escritores contemporáneos más leídos en Egipto.

“García Márquez ha tenido mucha influencia, en mí y muchos de mis colegas escritores árabes, porque es un maestro de la novela. Tiene un estilo muy especial, muy fuerte, muy suyo. Nos ha dado un modelo. Creo que es una lección para los escritores”, dijo El Aswany en diálogo con BBC Mundo.

Las trampas del idioma

Todos los entrevistados destacaron lo brillante de la obra del oriundo de Aracataca. En la librería Diwan, una joven me dijo que era su escritor favorito, luego de haber leído “El amor en los tiempos del cólera”.

Pero Sherine, otra joven estudiante de Derecho, manifestó otro punto de vista. “Yo no pude terminar ‘Cien años de soledad’. Me pareció aburrida. Yo leo español, pero mi francés es mejor, quizás debería leerlo traducido”, dijo la estudiante a BBC Mundo y agregó estar dispuesta a volver a intentarlo.

En las librerías del Cairo se pueden conseguir sin problemas las obras de García Márquez.

Y al parecer, no es la única. “Una vez el premio Nobel egipcio Naguib Mahfuz comentó que ‘Cien años de soledad’ tiene más fama de la que merece. Dijo que probablemente sea buena pero la traducción es mala”, explicó Abir Abdelhafez de la Universidad del Cairo.

Justamente el tema de la traducción literaria hace fruncir más de un ceño entre expertos y autores.

“Naguib Mahfuz fue un gran novelista y creo que entendía la literatura muy bien. Creo que, en definitiva, fue un problema de traducción. Yo por eso decidí aprender castellano para leer a García Márquez en su lengua original”, concluyó el novelista Alaa El Aswany, cuya obra ha sido traducida del árabe a varios idiomas.

Le pido a Abir que me lea la primera frase de “Cien años de soledad” en árabe. Debo admitir que suena muy diferente, pero la nieve, Aureliano Buendía y la magia de Macondo cobran vida en el idioma del Corán, Khalil Gibrán y Naguib Mahfuz.

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