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«Vayan elegantes como las mujeres de verdad, que atraen sin necesidad de enseñar»

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Una de las imágenes relacionadas con la campaña.

Faldas demasiado cortas, camisetas de tirantes, en definitiva, cuerpos al aire. En Emiratos Árabes Unidos (EAU) Twitter está que arde con el debate sobre la «inapropiada» vestimenta de las mujeres fuera de sus casas. «Estamos en contra de la desnudez en público, de las ropas inadecuadas, es una falta de respeto a las reglas de nuestro país y de nuestra religión», dice la joven de 23 años Asma al Muhairi (@simplyasma en Twitter), una de las creadoras de la etiqueta #UAEDressCode, de las más comentadas en las últimas horas en el país.

Al Muhairi junto con Hanan al Rayes (@noonworld), la otra promotora, dijeron estar escandalizadas por la habitual descarada manera de vestir de muchas mujeres en los centros comerciales, el Marina Mall, en Abu Dhabi, y Dubai Mall. «Lanzamos esta campaña debido a que muchos no musulmanes visitantes y residentes no están al tanto de nuestra cultura», dice Al Rayes.

La mujer insiste en que quienes suelen saltarse las normas son extranjeros. «Los árabes en general tenemos ciertos límites en función de la cultura del país. Por ejemplo, aquí lo normal es ir con ‘abaya’ (un vestido amplio y largo, normalmente, negro) y cubrirse el cabello, es muy raro ver a una mujer adulta que no lo lleve», explica.

En EAU no es obligatorio vestir ‘abaya’ como en Arabia Saudí, ni ‘burka’ (que tapa incluso los ojos) como en Afganistán, pero se espera que hombres y mujeres, nacionales o no, vistan de manera conservadora como respeto a las tradiciones.

«Nunca forzamos a nadie a vestir como nosotras, sólo les estamos pidiendo que se pongan un poco más de ropa», puntualiza a Al Muhairi.

Hasta el propio embajador británico se refirió a este asunto de la vestimenta en el número de marzo de la revista del Ministerio del Interior: «Es muy importante para los expatriados y turistas entiendan las normas de la sociedad en la que se encuentran», según recoge ‘The National’ (Abu Dhabi) en su edición impresa.

‘Una mujer no es un objeto sexual’

Varias personas influyentes en el país han apoyado la iniciativa, como el activista Jalal bin Thaneya (@Binthaneya) -conocido entre otras cosas por su idea de ir andando desde EAU a La Meca para recaudar fondos para niños discapacitados-, o el comentarista Mishaal al Gergawi(@algergawi).

«Llevar medio vestido no significa estar guapa», dice una mujer siguiendo la conversación en Twitter. «En los centros comerciales y algunos lugares públicos las faldas son tan cortas que incluso se pueden ver las partes íntimas, y no estoy exagerando. Ser libre no significa ser esclavo de los deseos sexuales. Una mujer no es un objeto sexual, pero si un hombre ve eso sólo va a pensar una cosa, en sexo», explica Bin Thaneya.

Y no es sólo cosa de mujeres, también se le pide el mismo decoro a los hombres, como recoge en su tuit Abdulla Kazim al Kendi (@AbdullaAlKendi): «Hombres, tapen su torso y muslos y no enseñen sus calzoncillos».

La mayoría de los musulmanes considera partes íntimas mucho más del cuerpo que lo que en Occidente se está acostumbrado a tapar actualmente. «Cuando llevas tiempo sin ver casi nada de piel la verdad es que llama mucho la atención ver unas piernas o unos brazos al aire», reconoce una mujer española que ha vivido durante años en Marruecos.

El activista caminante asegura que el concepto de «ser libre» debe reexaminarse. «Sólo le estamos pidiendo a la gente que se vista decentemente, después de todo, somos un país musulmán. Creo que el principal problema es que los valores de los expatriados (el 80% de la población) no son como los nuestros. Ellos en muchas ocasiones se quejan de nuestra cultura, de cosas como por ejemplo la llamada a la oración cinco veces al día o el uso de la lengua árabe. Debemos tratar de acomodarnos los unos a los otros».

«Cuando las vi sentí que me faltaban el respeto, ¡me sentí ofendida! Lo que nos encontramos en el centro comercial no era aceptable en absoluto», se queja Al Rayes sobre el ‘espectáculo’ que le llevó a expresar su malestar.

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Una de las imágenes que circulan por Twitter.

Discrepancias

«No vamos a forzar a nadie a llevar ‘abaya’, sólo queremos que se vistan decentemente y que tapen la mayor parte de su cuerpo», dice Hessa Tayed (@HessaTayeb) desde Dubai. «Si quieres una sociedad multicultural, eso es parte de ello, cierra los ojos… a no ser que sea extremadamente ofensivo», le responde un joven también emiratí Karam Bhalla (@KaranBhalla) que se pregunta cómo esperar que las mujeres vistan de manera conservadora en un país multiétnico y a 40 grados centígrados.

Como él, muchos no están de acuerdo con la campaña, similar a la que ya hace un mes se lanzó con la etiqueta de #no2nudity. Hay quien les acusa de hipócritas por movilizarse por esto y no por otros asuntos más sangrantes. «Estoy sorprendido, la esclavitud no os ofende pero una minifalda sí«, dice Tarek Fatah (@TarekFatah), columnista del ‘Toronto Sun’ y quien se define como «musulmán contra el islamismo».

A su comentario, una avalancha de críticas: «¿Qué hay de malo en lo que pedimos?»; «Antes de criticarnos debería ver cómo vive esa gente a la que se refiere en sus países», por ejemplo. Él, que no ha vivido en EAU, pero sí 10 años en Arabia Saudí contesta que el problema de la esclavitud [en referencia a los trabajadores en su mayoría asiáticos] y la prostitución son mucho más graves que la indumentaria femenina.

Además, Fatah se cuestiona qué tipo de mente enferma piensa que por llevar minifalda las mujeres van a ser violadas. «Una sociedad que legaliza el matrimonio de niños no tiene moralidad», dice tajante.

Tradiciones

«Por desgracia, hay emiratíes que no apoyan #UAEDressCode. Si no tienen este tipo de identidad, ¿cómo vamos a esperar que los extranjeros respeten nuestra cultura?», se pregunta Abdulrahman al Madani (@arahmanalmadani).

Por su parte, Bin Thaneya como muchos otros, insiste: «Los franceses pueden prohibir el burka y los europeos pueden oprimir a los musulmanes. Nosotros no queremos a gente desnuda que venga aquí a ofendernos. Vayan guapas y elegantes como las mujeres de verdad, que atraen sin necesidad de enseñar sus partes más privadas«.

Hace unos meses, la venta de alcohol en las zonas turísticas del Golfo también levantó la polvareda en la Red. Muchos se quejaban de tener que soportar a los extranjeros bebidos… la proverbial dificultad de ponerse de acuerdo.

Por Amanda Figueras

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“Los tiranos árabes construyen mezquitas pero no colegios”

Una agitada semana en Praga tuvo el escritor español Juan Goytisolo, autor de ‘Señas de Identidad’ y varias veces candidato al premio Nobel de Literatura. El domingo inauguró el Festival de Escritores de Praga, en la Nueva Escena del Teatro Nacional. El lunes participó en un coloquio con hispanistas y traductores en el Instituto Cervantes de Praga. El martes dirigió una conferencia sobre el futuro del islam y el miércoles clausuró el Festival de Escritores, con una lectura de sus textos.

 

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A los 81 años, Juan Goytisolo se muestra lúcido y belicoso todavía, de discurso afilado, que si no te cuidas te corta. En la capital checa se dio la maña de defender a su amigo Günter Grass, atacado por sus críticas a Israel, al dedicarle el premio Spiros Vergos a la libertad de expresión.

Hay quien le reprocha a Juan Goytisolo que abogue por la libertad de expresión y que viva radicado en un país como Marruecos, donde la libertad de expresión está limitada.

Pero Goytisolo no se corta al momento de criticar a los regímenes árabes, como demostró en un animado coloquio con hispanistas, periodistas y traductores en el Instituto Cervantes de la capital checa.

“Hay que tener en cuenta que en los países árabes el índice de lectura es bajísimo, muy bajo. No sé dónde leí, pero publiqué justo al comienzo de las revoluciones árabes un artículo en El País con una cita de Catalina la Grande: ‘Educar al pueblo jamás, porque si saben lo mismo que yo, me desobedecerán en la medida que ahora me obedecen’. Una frase maravillosa que expresa la actitud de todos los tiranos árabes de construir todas las mezquitas en todos lados pero no colegios”.

Y pone el ejemplo de Grecia, que a pesar de estar inmerso en una crisis económica, cuida mucho de la educación de sus ciudadanos.

“Se publican mayor número de libros en Grecia, en griego, que en la totalidad de los países árabes juntos. Hay que decir las cosas como son. Yo escribí sobre la regresión educativa en el mundo árabe y cómo por influencia salafista la filosofía desaparecía de los departamentos. Hay que buscar las raíces de los problemas en esto, en una voluntad deliberada de Arabia Saudí y de las monarquías del golfo de no educar al pueblo. Gastan el dinero en grandes manifestaciones, espectáculos o en comprar equipos de fútbol y no en educar a la gente para que reflexione”.

Pero no solo el mundo árabe le preocupa a Goytisolo. También es consciente de un grave problema que enfrenta todo Occidente, que explica a continuación.

“Sobre la trivialización de la cultura, es evidente. Hace pocos meses publiqué, en enero me parece, un texto de opinión que se llamaba ‘Más y más cosas pero menos importantes’, y era que, en efecto, en el mundo actual conocemos más y más cosas, pero las cosas importantes se van difuminando. Y esto es cierto, nos enteramos con apretar el botón de Internet, estamos al corriente de lo que pasa, hasta de la vida privada de la gente, esta invasión de lo público por lo privado me parece horroroso, abres cualquier televisión y un matrimonio peleándose, no tú me engañaste primero, yo no, ese tipo de cosas”.

Para ilustrar este tema, cita a un amigo filósofo francés como uno de los más lúcidos en relación a este tema.

“De todos los pensadores del siglo XX el que ha acertado más me parece que es Guy Debord, mi amigo Guy Debord con ‘La Sociedad del Espectáculo’. Él lo vio muy bien ya en los años 50, en su boletín de la Internacional Situacionista, siempre hablaba del espectáculo que estaba sustituyendo la realidad. Aquí nos enfrentamos a bastantes confusiones, se confunde la intensidad creativa con la visibilidad. Uno cuanto más visible es, cuanto más sale en la foto, más importante es. Importa poco el contenido de su obra escrita, si lo que escribe es realmente algo nuevo, algo innovador”.

Por eso no confía en las listas de best-sellers e intenta proteger a escritores que no tienen acceso a los medios de comunicación masivos.

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“Concretamente en España hay un grupo de cuatro o cinco escritores jóvenes, para mí, alrededor de 40, 45 años, extraordinarios, que si no fuera por mí, no tendrían acceso a la prensa porque están marginados, no pertenecen a un grupo importante, no ofrecen este tipo producto hecho, preparado, que se come, se digiere y se evacua como los sandwiches en cualquiera de estas cadenas de comida rápida. Esto es lo que se vende. Es decir, una obra creativa exige un esfuerzo del autor, un esfuerzo del lector. André Gide había dicho con toda la razón que lo que se comprende en un abrir y cerrar de ojos no suele dejar huella. Tenía toda la razón del mundo”.

Juan Goytisolo aprovechó de comentar, en su encuentro con hispanistas y traductores checos, que una editorial en España está recopilando sus obras completas, o incompletas, como él las llama.

“Están editando ahora mis obras que yo llamo incompletas, porque aún estoy con ustedes, y allí al releer se me ha ocurrido poner las críticas que recibieron mis libros. Es una maravilla. La crítica sobre ‘Las Virtudes del Pájaro Solitario’ no tiene desperdicio. No hay nada, no hay estilo, no hay obra, un ataque así. Pero luego me he consolado porque he leído la correspondencia de Flaubert con George Sand. Dice por ejemplo: ‘¿Ha visto usted cómo me tratan? Cuando pienso en los elogios que reciben…’. Y da una lista de cinco o seis nombres que nadie sabe quiénes son”.

Algo similar pasó con ‘La Regenta’, de Leopoldo Alas Clarín, obra maestra de la literatura española del siglo XIX, continuó relatando.

“Ahora todo el mundo está de acuerdo en decir que ‘La Regenta’ es la mejor novela española del siglo XIX, con perdón de ‘Fortunata y Jacinta’, que también es una gran novela, pero ‘La Regenta’ es la mejor. Se me ocurrió buscar en la prensa cómo fue acogida ‘La Regenta’ en el momento de su salida. Es una maravilla. Los críticos estrella de la época, uno: ‘Lo más pesado que se ha escrito desde el comienzo de la era cristiana’. Otro: ‘¿Padece usted de insomnio? Compre la novela de don Leopoldo Alas Clarín y a partir de la tercera página le entrará un sueño invencible’. Es decir, yo nunca he hecho el menor caso porque es así y será siempre así. Toda novedad choca al que está habituado al producto habitual, al que confunde el texto literario con el producto editorial. Entonces cuando se encuentra algo que le sorprende no sabe que es una aventura, no sabe lo que es releer, no sabe lo que es la esencia de la literatura”.

Reconoce que nunca ha sido un escritor comercial, porque él no apunta a eso, al contrario.

“Toda novela es una empresa que es una aventura. Por lo menos yo, a partir de Don Julián, al empezar a escribir, no sé cuál va a ser el contenido de mi libro. Lo voy viendo poco a poco, a veces retrocediendo, cambiando el orden, a veces sabiendo de una forma programada, tal vez en mi libro más difícil lo escribí así, pero gradualmente, ‘Las Virtudes del Pájaro Solitario’, un homenaje a San Juan de la Cruz. Mientras que las novelas que se venden, si sabes el punto de partida y el punto de llegada ya de entrada, es fácil prever, es un viaje en tranvía o en autobús, no es una aventura literaria”.

Y más que lectores, lo que Juan Goytisolo busca, y no se cansó de repetirlo en Praga, es relectores de su obra.

“Las obras que me interesan son las que me obliga a releerlas. Yo recuerdo que alguien me dijo: ‘He leído ‘Las Virtudes del Pájaro Solitario’. Me gustó mucho’. Yo le dije: ‘La ha releído usted’. Se quedó muy sorprendido y dijo que no. Entonces yo dije: ‘O yo soy mal escritor o es usted mal lector’. Porque lo importante es la relectura. A medida que avanza en la edad, yo por ejemplo me dedico ahora a releer. Y lo que yo releo a mi edad no tiene que ver nada con lo que yo leía cuando tenía 30 años”.

Y se apresura a dar un ejemplo de lo anterior.

“Yendo a los clásicos españoles, leí de joven ‘Guzmán de Alfarache’, de Mateo Alemán, y no me enteré de lo que leía. Lo leí hace quince años y es una bomba lo que hay ahí. En cada frase, hay que leerlo como en Cervantes, las cosas que dice Cervantes de una forma disimulada, es impresionante, te obliga a la relectura. Después de ‘La Celestina’, de Fernando de Rojas, es un texto donde claramente la cúpula protectora de la divinidad no existe. Allí dice textualmente: ‘Cuando Júpiter creo el mundo primero creó al burro y luego creó al hombre, y el burro al contemplar lo creado lo roció con lo suyo’. Es decir, el burro se orina en la creación, vean ustedes qué visión tenía”.

Y también explicó su fascinación con don Julián, que da título a su novela ‘Reivindicación del Conde Don Julián’ (1970), que hace referencia a este ex gobernador de Ceuta que apoyó a los musulmanes en su invasión a España.

“Instalado en Tánger, contemplando la costa española me identifiqué absolutamente con la figura de don Julián. Es decir, destruir toda la tradición nacional-católica en la que se fundaban los obispos que habían bendecido la cruzada de Franco, todo lo que yo había tenido que soportar después de la guerra, la educación nacional-católica que recibí, el haber estado en un colegio de los jesuitas cantando el ‘Cara al Sol’ con el brazo en alto durante dos años, todo esto me brotó así de repente como una especie de rabia incontenible y lo escribí así. Creo que era como una especie de purificación, no sé cómo decir”.

El lema del Festival de Escritores de Praga de este año fue ‘Solo el Futuro Existe’. Pues curioso que hayan invitado a Juan Goytisolo, que siempre ha sido muy pesimista sobre la condición humana, por experiencia propia, y que no augura un futuro muy promisorio que digamos a la humanidad, como lo demuestra el propio rey de España, asesinando elefantes indefensos en África mientras su pueblo está inmerso en una crisis económica descomunal.

Por Gonzalo Núñez

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