Archivo de la categoría: Cultura

El Mito de Libia

 


Tanto en sus orígenes históricos como en las antiguas leyendas, el país de Libia, igual que el de Egipto, estuvo vinculado a Grecia.

En el aspecto histórico, se conoce que en el territorio donde ahora es Libia había antiguamente dos regiones o países claramente diferenciados. Uno era la Tripolitania, situado en la parte occidental del territorio, el cual se formó sobre la base de las colonias que los fenicios establecieron allí. Éstos fundaron y desarrollaron allí tres importantes ciudades a las cuales llamaron Oea (la que ahora es Trípoli), Labda y Sabrata. Y cuando los romanos conquistaron esa región, llamaron Tripolitania al conjunto de las tres ciudades

El otro país, ubicado en la parte oriental del territorio, fue llamado Cirenaica y estaba integrada por las ciudades de Barca, Eusperides (que después se llamó Berenice y ahora es Bengasi), Teuchira (después llamada Arsinoe y actualmente Tocra), Apolonia (renombrada después como Marsa Susa) y Cirene. Por éso al país se le llamó Pentápolis (las cinco ciudades), pero era más conocido como la Cirenaica, derivado de que Cirene era la ciudad y el puerto principal.

Ésa es la historia. Sin embargo, según la mitología griega Libia era una ninfa (o sea una deidad fabulosa) hija de Épafo y de otra ninfa llamada Menfis, quien a su vez era hija del dios-río Nilo. Libia era la reina y señora de las extensas regiones del río Nilo, pero un día, cansada de gobernar, decidió repartir su reino entre Belo y Agenor, dos de sus hijos que había concebido de Poseidón, dios de los mares. En honor de su abuelo, Belo llamó Nilo a la parte del reino que le correspondió, en tanto que Agenor honró a su madre poniendo a su reino el nombre de Libia.

Pero la lucha por el poder, que ha sido la perenne maldición de dioses y de hombres, no tardó en dividir y enfrentar a los dos hermanos. Belo quería unificar otra vez el país y ser su único rey, y en ese empeño luchó contra Agenor, quien se vio obligado a huir hacia el oriente.

Agenor se estableció en la región de Caldea, que para entonces era muy atrasada. Allí promovió la civilización y una nueva cultura entre los caldeos, puso fin a los sacrificios humanos que practicaban habitualmente como parte de sus ritos, les enseñó las artes y los oficios y, en fin, sentó las bases de los que andando el tiempo habrían de ser los grandes reinos e imperios caldeo, asirio y babilónico.

Agenor se casó con Telefasa y de esa unión nacieron Europa, Cadmo, Fénix (de quien se originaron los fenicios) y Cilix. Y cuenta la leyenda que Europa al crecer se convirtió en una hermosísima doncella, cuya blancura de piel era tan resplandeciente que se decía le había robado ese atributo a Hera, la gran diosa esposa de Zeus.

Zeus se enamoró de Europa y quiso hacerla suya. Y así, un día que la muchacha jugaba con sus amigas en la playa, Zeus se convirtió en un hermoso toro de pacífica apariencia, se acercó a las bañistas y se echó sobre la arena para que la joven lo acariciara y se sentara sobre su lomo. Y cuando Europa así lo hizo, el toro se levantó, se introdujo al mar y nadó velozmente hasta llegar a la isla de Creta.

Por cierto que según la leyenda esta hermosa joven hija de Agenor y nieta de Libia fue la que dio su nombre al viejo continente, que desde entonces se llama precisamente Europa.

Por Luis Sánchez Sancho

©2011-paginasarabes®

La Luna en la astronomía árabe


Hay varios astrónomos árabes que dan nombre a ciertos cráteres lunares. Abu Abdullah Al-Battani (أبو عبد الله محمد بن جابر بن سنان الحراني الصابي البتاني) (858-929) conocido en Occidente como Albategnius fue uno de los más grandes astrónomos de la historia. Mejoró los cálculos de la órbita lunar basándose en el trabajo de Ptolomeo, determinó con total precisión la oblicuidad de la eclíptica (la banda celeste que atraviesa el Sol en su recorrido aparente por el cielo) y midió (con una precisión de algunos minutos) la duración del año trópico y de las estaciones y del movimiento verdadero y medio del Sol. Varios cientos de años después, el astrónomo Hevelius,utilizó su trabajo para determinar los movimientos de la Luna. Gracias a sus observaciones se pudo calcular en 1749 la aceleración secular del movimiento lunar.

Alrededor del siglo IX los árabes desarrollaron el astrolabio, un instrumento básico para los estudios astronómicos en los siglos venideros. En el siglo X, los árabes se asentaron en España y establecieron su capital en Córdoba. La biblioteca de Córdoba contenía más de 600.000 manuscritos, mucho más de lo que se podía encontrar sumando todas las bibliotecas de las abadías de Francia e Inglaterra. Muchos de esos manuscritos eran traducciones de las grandes obras griegas. Algunos de los textos de la biblioteca cordobesa fueron traducidos por Al-Sabi Thabit ibn Quarra al-Harrani (ثابت بن قرة) también conocido como Thebit. Este astrónomo era conocido por sus trabajos en mecánica, astronomía, matemáticas y geometría, y sus fórmulas para calcular el área y el volumen de los sólidos fueron la base de lo que luego sería el cálculo integral. También fue uno de los primeros en criticar la visión tolemaica del cosmos y analizó diversos problemas relativos al movimiento de la Luna. También fue el traductor al árabe del Almagesto de Ptolomeo y de los Elementos de Euclides.

Pero la única obra referida a la Luna escrita entre los tiempos de Plutarco y el Renacimiento, un período que abarca 14 siglos, se debió al cálamo de Al-Hasan ibn al-Haytham (أبو علي الحسن بن الحسن بن الهيثم) (965-1039), más conocido como Alhazen.

Alhazen abandonó un lucrativo trabajo como funcionario civil en Basora y viajó a Egipto alrededor del año 980 para dedicarse a la ciencia. El gobernante de la época Al-Hakim, era un califa cruel y excéntrico. Tras el saqueo de al-Fustat ordenó matar a todos los perros de la ciudad, ya que sus ladridos lo molestaban. También prohibió el consumo de algunas verduras y mariscos, ya que a él no le gustaban. Pero a pesar de este quisquilloso comportamiento se rodeó de científicos y astrónomos, entre ellos Ibn Yunis (ابن يونس), un astrónomo despistado y descuidado famoso por sus tablas trigonométricas y astronómicas.

Calendario Islámico

En la religión islámica es muy importante el conocimiento de los movimientos de la Luna y el Sol para determinar las fechas del calendario musulmán, la tarea de Ibn Yunis consistía en buscar en el cielo cada mes el creciente lunar. También describió cuarenta conjunciones planetarias y treinta eclipses lunares. ibn Yunis murió de una forma bastante extraña, a pesar de contar con buena salud aseguró que moriría los siete días de realizar su predicción. El día previsto se dedicó a sus asuntos habituales, se encerró en su casa y recitó el Corán hasta que murió como había predicho.

Mientras tanto en Egipto, Alhazen era el encargado de controlar las crecidas del Nilo, que desde época de los egipcios se creía que estaban gobernadas por la Luna. Como era de esperar sus predicciones fallaron y tuvo que simular estar loco hasta que el califa murió y el pudo regresar a su patria, donde escribió dos obras sobre la Luna: Acerca de la luz de la Luna y Naturaleza de las marcas visibles en la cara de la Luna. Al contrario de lo que se pensaba en la época dedujo que las manchas visibles en la Luna no eran fruto de emanaciones de vapores, sino de terrenos de distinta naturaleza.

Otro de los grandes astrónomos árabes fue Abu Ishaq ibn Yahya al-Zarquali (إبراهيم بن يحيى الزرقالي) (1028-1087), conocido por Azarquiel. Fue el compilador de las famosas tablas toledanas y Copernico que revolucionó la astronomía agradece sus trabajos y los de Albategnius en su famoso libro De Revolutionibus Orbium Celestium.

 


El primer astrónomo original de Al-Andalus y el más importante científico de la época (siglo X) fue Maslama ben Ahmad Al-Majriti, llamado justamente “El Euclides de España”. Fundó una escuela de Astronomía y Matemáticas en Córdoba, en la que se confeccionaron las primeras tablas astronómicas de la península. Dejó un gran legado escrito sobre la ciencia matemática y astronómica, entre los que destacan comentarios a la obra del matemático oriental Al-Khwarizmi, sobre el astrolabio, y otros temas. Añadió nuevas tablas astronómicas a las conocidas hasta entonces, adaptándolas al meridiano de Córdoba y perfeccionando el mapa del cielo. Asimismo convirtió el calendario persa a las fechas árabes, empleando la Hégira como punto de referencia. Escribió, además, libros sobre Medicina, Ciencias Naturales y Alquimia.

También era de origen español, según aseguran en Pedroche (y en la lista de astrónomos españoles de la Wikipedia en esloveno), Nur Al-din Ibn Ishaq Al-Bitruji, conocido en Occidente como Alpetragio. Se educó en Sevilla. Publicó el libro titulado Libro de la Forma en el que se expone una nueva teoría relativa al movimiento de los astros, con la que trató de corregir la discordancia entre las hipótesis de Ptolomeo y la teoría del movimiento de Aristóteles, explicando los movimientos siderales a partir de un movimiento en espiral alrededor de la Tierra. Su obra recibió una calurosa acogida, se tradujo al hebreo y de esta lengua al latín, se publicó en Viena en 1531 y mantuvo su influencia en Italia hasta el siglo XVI.

Otro astrónomo médico y filósofo musulmán andalusí, nacido en Guadix en el siglo XII, fue Abu Bakr Muhammad ibn Abd al-Malik ibn Muhammad ibn Tufail al-Qaisi al-Andalusi (بكر محمد بن عبد الملك بن محمد بن طفيل القيسي الأندلس) , más conocido como Abentofail o Abubácer, a quien Averroes y Alpetragio veneraron como maestro y amigo. Vivió en Córdoba y Sevilla y fue cadí con los almohades, que le colmaron de honores. Emigró al norte de África, donde fue médico del rey de Fez hasta 1185, año de su muerte. Fue, como casi todos los científicos de su época, un sabio enciclopédico, filósofo, astrónomo y médico. Estudió a Ptolomeo y a Avempace, y se opuso al sistema del primero, negando la posibilidad de los movimientos, tanto en órbitas circulares excéntricas, como en el sistema de epiciclos y deferentes. De sus actividades como filósofo, matemático y médico han quedado muy pocas obras y, desgraciadamente, ninguna como astrónomo; sólo sabemos por sus discípulos que tenía teorías originales sobre el movimiento de los astros: “Has de saber, dice Alpetragio, que el ilustre cadí Abentofail nos dice que ha encontrado un sistema astronómico y unos principios científicos para demostrar los movimientos de los astros distintos de los principios propuestos por Ptolomeo, sin admitir excéntricas ni epiciclos; con este sistema todo se ve confirmado y nada resulta falso”.

 


En el siglo IX, Abu al-‘Abbas Ahmad ibn Mohamed ben Ketir al-Fargani (أبو العبّاس أحمد بن محمد بن كثير الفرغاني) tradujo al árabe los textos griegos. Sobre el año 820 encontró la máxima declinación del Sol, estimándola en 23º 35’. Escribió una obra muy importante traducida al latín en el siglo XII Elementos de astronomía, y un libro sobre los relojes solares y sobre la forma del planisferio y del globo celeste.

Abbas ibn Firnas (عباس بن فرناس) nació en Ronda y murió en Córdoba en el año 887 d.C. Ibn Firnas fue el primero de Al-Andalus en usar las tablas astronómicas, necesarias para el ulterior desarrollo científico europeo. Durante su época, en Occidente, comienzan a utilizarse las cifras árabes o numerales y se hace mención por primera vez a la brújula. Construyó además un reloj anafórico y la primera esfera armilar europea.

Bibliografía:

The Moon: A Biography David Whitehouse Headline, 2001.

Historia General de las Ciencias: La Edad Media VV.AA., Orbis, 1988.

Fuente: mizar

©2011-paginasarabes®

ELLA ES LUNA, SOL, TALLO QUE NACE… – (Abbada Al-Qazzaz)

luna_mar

Ella es luna, sol, tallo que nace

y perfume de almizcle.

Perfecta, brillante, floreciente

y aroma enamorado.

Quién la mira se prenda de ella,

pero es coto cerrado.

ABBADA AL QAZZAZ, nació en Málaga. Vivió en la corte de Al Mutasim Ibn Sumadih, señor de Almería, en la época de los Reinos de Taifas. Se le considera uno de los mejores poetas de moaxajas.

©2011-paginasarabes®