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Debes viajar a Túnez al menos una vez en la vida, aquí van 7 motivos

Gran mezquita de Monastir

África es un continente fascinante, con un vasto territorio de 30 millones de kilómetros cuadrados a lo largo del cual se descubren historias y culturas totalmente distintas. En el Magreb, al norte, se encuentra una tierra repleta de contrastes y colores, una tierra que huele a jazmín, a dátil y a té recién hecho, y en el que se pintan los colores: azules del mar Mediterráneo, los dorados en el desierto del Sáhara, los verdes de los oasis y los cobrizos de la cordillera del Atlas, hablamos de la República Tunecina o Túnez.

Esencialmente árabe, Túnez posee una sociedad abierta y moderna que, durante mucho tiempo, le ha permitido ser uno de los destinos turísticos más apreciados por los europeos; hospitalidad, historia, exotismo y paisajes increíbles son los atributos que han atraído a cientos de viajeros. Pero últimamente, el flujo de visitas ha disminuido a causa de la inseguridad, y ante el temor, muchos han preferido evitar el país para ir a otros lugares.



No faltan motivos para viajar hasta aquí: posee historia, paisajes, yacimientos arqueológicos y playas fantásticas, además, es barato y todavía hay más:

Por su rico patrimonio histórico

Vista de los baños de Antonino en las ruinas de Cartago

Su pasado es muy variado: fenicios, cartagineses, romanos, bizantinos y árabes han dejado su legado esparcidos por el territorio: la medina de Susa, el Anfiteatro de El Jem, la gran mezquita de Keruan, pero, a tan solo 20 km de la capital de Túnez, se encuentra un importante hallazgo, el parque arqueológico de Cartago. Una antigua ciudad fundada por los fenicios en el siglo IX a.C. Llegó a tener cerca de medio millón de habitantes y, hoy en día, sus restos romanos se pueden visitar, empezando por el tofet, un santuario dedicado a los dioses Tanit y Bâal Hammon, lugar de culto y de sacrificios.

Luego están las termas de Antonino, los baños más importantes de la época romana del que se conservan la capilla bizantina, la columna ‘frigidarium’ y los sótanos de las termas donde trabajaban los esclavos.

Muy próximo a la colina de Byrsa se encuentra el Museo Nacional de Cartago, uno de los más importantes del país, en la que se expone una valiosa colección de objetos púnicos y romanos: joyas, estatuas, amuletos, máscaras… Y al oeste, se encuentra el anfiteatro romano construido a finales del siglo I del que solo queda su arena y el muro del perímetro.

Por el desierto

Quads por el desierto tunecino del Sáhara

Las inmensas dunas marcan el horizonte del desierto más grande del planeta, el Sáhara, que se extiende por todo lo ancho del norte de África. La parte comprendida entre Túnez y Argelia se la conoce como el Gran Erg Oriental.

Tozeur es la antesala al desierto y la capital de la región de Jerid. Es el último oasis desde el que iniciar la aventura de explorar el desierto a pie, en quad, en camello, 4×4, o a bordo del Lagarto Rojo, un tren clásico, del 1900, que transita entre las montañas al norte de la ciudad. Los impresionantes alrededores han sido escenario de películas tan conocidas como, Star Wars, Indiana Jones o El Paciente Inglés.



Desde allí son accesibles algunos lugares de interés como Matmata, con su famosa arquitectura troglodita excavada en la tierra, Tataouine, un antiguo poblado bereber, o Douz al que se puede llegar atravesando el desierto y pasando por Chott el Jerid, el lago salado más grande de Túnez, un desierto de sal.

Por las playas

Vistas del mar en la localidad tunecina de Sidi Bou Said

Con 1.300 km de costa, 600 son de playa. Antiguos pueblos pesqueros se han convertido en destinos turísticos perfectos para relajarse y disfrutar de los deportes acuáticos. Entre las localidades más conocida se encuentra Sidi Bou Said, con su característico color blanco y azul; Hamamet una área turística de aguas color turquesa y arena blanca, ideal en cualquier época del año.

A pocos minutos de la localidad de Monastir se pueden encontrar increíbles playas rodeadas de espléndidos hoteles, siendo uno de los destinos de buceo con numerosos naufragios y arrecifes para practicar este deporte; la Isla de Yerba es una de las zonas más turísticas llenas de hoteles, restaurantes y cafeterías, con un microclima que permite visitarla fuera de temporada, además, se pueden realizar inmersiones para ver buques militares hundidos y un fondo marino impresionante.

Por los museos

En el museo del Bardo, en Túnez, hay una extensa muestra de mosaicos de los distintos periodos históricos, como las eras islámica, romana, cartaginesa y cristiana

Los yacimientos arqueológicos encontrados han posibilitado constituir galerías y museos en el que exponer su extenso patrimonio como: el Museo Nacional del Bardo, en la ciudad de Túnez, es un palacio museo en la que se expone una colección de mosaicos romanos impresionantes, entre otras joyas.



El Museo del Patrimonio Tradicional de Djerba, en el corazón del zoco de Houmt , recrea los usos y costumbres locales a través de varias salas; el Museo Arqueológico de Chemtou es el resultado de 25 años de excavaciones de la antigua ciudad númida de Simithus; el Museo Arqueológico de Susa, tras el del Bardo, reúne la colección más grande de mosaicos romanos; o el Museo de Mahdia en el que se explica la historia del país en sus distintos periodos a través de los objetos.

Por sus medinas

La medina de Susa en Túnez está llena de puestos de artesanía y cafés

Adentrarse en las estrechas y tortuosas callejuelas cargadas de olor a especias, arguile y té son el mejor modo de conocer la vida cotidiana de los tunecinos. Acceder al corazón de la ciudad, atravesando las tiendas que se agolpan consecutivamente para ofrecer todo tipo de productos, es el lugar perfecto para ver, perderse, y descubrir las interioridades de sus habitantes. No hay que dejar de sentarse en algún café y disfrutar del atardecer.

Por la tradición artesana

Orfebre tunecino decorando un plato

En los mercados se pueden adquirir productos artesanales tradicionales. Típica es la chechia, el sombrero rojo nacional, en el zoco Chawachine se puede adquirir esta pieza. Las joyas tunecinas con más tradición se pueden encontrar en el zoco El Brika.

Los latoneros que producen utensilios culinarios de cobre rojo se encuentran en el zoco Nahas, bellas piezas que se han vuelto a poner de moda, mientras que los herreros se instalaron en Bad Jedid que proporcionan cerraduras, ornamentaciones tachonadas, …En el zoco El Blat se pueden encontrar maravillosos productos de madera, mesas, estantes, cuadros de espejos, pero en cualquier zoco es posible encontrar preciosos productos hechos a mano para tener un recuerdo.

Por su gastronomía

Un plato típico tunecino de tajine con pollo

Túnez, como todos los país del Mediterráneo, utiliza el aceite de oliva, las especias y las verduras, pero también emplea ingredientes algo diferentes a los que conocemos.

Destacan las recetas elaboradas con cuscús, el plato estrella, realizado a base de sémola de trigo con cordero, con pollo o con pescado, y platos como la mechoui, una ensalada tunecina, el lablabi a base de garbanzos, los briks que son empanadas, lameloukhia, un plato hecho de carne de cordero estofada con una deliciosa salsa verde, y los tajines, una especie de quiche gratinada. Por último, los postres como el makhroud –pastelitos elaborados con dátiles– o el buze –crema de sémola cubierta de nueces–, entre muchos otros.

Seguridad

La mayor parte de Túnez es segura a excepción de las fronteras con Argelia y Libia. España ha decidido retirar las restricciones de viaje impuestas al país, pero en la página del Ministerio de Exteriores todavía aparecen ciertas recomendaciones.



Guía práctica

El idioma oficial es el árabe, aunque se habla francés fluido en todo el país.

Para entrar se necesita el pasaporte en vigor y que no caduque en los tres meses siguientes, además de poseer un billete de avión de ida y vuelta No es necesario ningún visado durante los tres primeros meses.

La conexión aérea es directa desde Madrid y Barcelona.

La moneda es el dinar tunecino –un euro equivale aproximadamente a 2,48 dinares tunecinos, y se aceptan las tarjetas de crédito internacionales Visa, American Express, Eurocard y Mastercard.

No se requiere ninguna vacuna para entrar en el país, pero se recomienda contratar un seguro médico.

Por Lidia Bernaus
Con información de La Vanguardia

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El Másbaha – Una historia de Fé en cada cuenta

Másbaha de coral negro

Tenía 11 años y fue amor a primera vista, lo cual es aún más sorprendente dado el hecho de que no tenía idea de lo que estaba viendo. Sin embargo, pronto aprendí que estos objetos fascinantes eran cuentas de oración”, dice Najib Takieddine, un graduado de la Universidad de Cornell, profesor y ávido coleccionista de másbahas.

Takieddine ha dedicado mucho tiempo al estudio de la evolución del másbaha. 

“El másbaha islámico original comprende una configuración de cuerda de 99 cuentas con un único casco alargado (imán), en el extremo y separadores (shawahed), que separa las cuentas en conjuntos de 33.

El número 99 es significativo ya que las cuentas ayudan a los musulmanes a contar y recitar los 99 atributos de Dios «, explica.

Con el tiempo, sin embargo, la duración del másbaha resultó poco práctica y el número de cuentas disminuyó. “Había dos versiones adicionales, a saber, 66 y 33; así que la persona que usó cualquiera de los dos para orar pudo usar la cuerda según fue necesario para llegar al número 99, que es una solución bastante elegante y adecuada».

Como el másbaha es un artículo personal, a menudo refleja el gusto y el carácter del individuo. “En general, las opciones más populares están hechas de coral negro ( yusr ), ámbar ( kawraba ) y koka (semilla de árbol Koka). Yusr existe en abundancia en el Mar Rojo. Es un material duro, negro, pero suave al tacto. Una forma de verificar su autenticidad es exponiéndola a una luz brillante y verificando si tiene un brillo parduzco”, dice Takieddine.



Curiosamente, elementos como la plata a menudo se usan para agregar un toque extra a las cuentas, lo que los convierte en un accesorio de moda. «Es una de las razones por las que muchas personas en todo el mundo comenzaron a recolectar másbahas, elevando su estado a un objeto de arte».

Másbaha de ámbar

La segunda opción más popular es el ámbar, cuyo precio depende de su edad, oxidación y peso. De hecho, un solo gramo puede costar hasta 150 USD. “Esta sustancia se encuentra principalmente alrededor del mar Báltico. La resina, que luego se transforma en ámbar, proviene de los diferentes pinos que solían crecer allí”.



La edad del ámbar en un másbaha de este tipo es generalmente de 15-20 millones de años. El otro elemento importante que se tiene en cuenta al estimar el valor materialista de una pieza es cuánto se han oxidado las cuentas, lo que ocurre cuando los aceites corporales naturales de la mano interactúan con el ámbar.

Además, este proceso altera las cuentas de ámbar de translúcidas a opacas. En base a éso, el másbaha, que tiene en sus cuentas ámbar que data de hace 15 millones de años, podría tener 15 años según el momento en que se diseñó. Por un lado, cuanto mayor es la oxidación, más valor adquiere y más frágil se vuelve.

Es por eso que cuando se trata de coleccionistas, se establece una especie de fecha de vencimiento en el másbaha, después de lo cual se guarda de forma segura o se exhibe. Esto es necesario porque, en caso de que caiga, algunas de las cuentas, que pueden ser insustituibles, se fracturarán, haciendo que el másbaha sea inútil.

“En general, cuanto más transparente es el ámbar, menos costoso es. La mejor manera de averiguar si un pedazo de ámbar es genuino es sumergirlo en agua salada, lo que haría que flotara”, explica Takieddine.

Másbaha de coral rojo

El tercer tipo de másbaha popular en Líbano está hecho de coral rojo ( merjan ), y su precio principal depende de cuán claro u oscuro sea su color, siendo este último más caro. Viene en numerosas variedades, la principal llamada sangre de buey. Takieddine comenta: “Debido a que el material es bastante pesado, frágil y bastante caro, se ha convertido en un accesorio más adecuado para las mujeres. El tipo de coral utilizado, que se encuentra predominantemente en el sur de Italia y Túnez, es cada vez más escaso; Es por eso que en algunos países ahora está prohibido venderlo o importarlo».



Takieddine advierte que la tecnología actual puede emular con bastante precisión casi cualquier tipo de material y que los compradores no tienen acceso a ningún laboratorio que pueda verificar que el másbaha sea auténtico. “Esa es una de las lecciones que aprendí por las malas, pero tuve la suerte de haber conocido a dos de los comerciantes más respetables de Líbano en quienes confío y los recomiendo. Walid Nader opera en Hamra y Toufic Abdul Wahad tiene una tienda en Achrafieh. Si no encuentra lo que está buscando, estoy bastante seguro de que pueden adquirirlo por usted”, dice Takieddine.

Con información de Lebanon Traveler

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Arte Damasquino o Damasquinado – Joyas del Mundo Árabe

Es una técnica consistente en formar temas decorativos haciendo incrustaciones de oro y plata en una superficie metálica. En algunas tumbas egipcias se han descubierto muestras que datan del siglo XVI antes de nuestra era.

El damasquinado se puede definir como el arte de la incrustación de láminas de oro e hilo de oro de 24 kilates, (oro amarillo de 4mm de espesor), de oro de 22 kilates, (oro verde de 4mm de espesor), y plata, (9,25mm de espesor), sobre una base de hierro blando, material que con anterioridad el artesano trata químicamente, con ácido nítrico, para crear una cierta porosidad en el hierro y así poder incrustar la lámina y el hilo de oro. La incrustación se vale de cincel y martillo para fusionar el hilo o la lámina con el hierro poroso, quedando hecho un único cuerpo el oro y el hierro.

Tras unir hierro y oro, el artesano lleva a cabo el llamado pavonado, introducir el objeto en una solución  caústica y nitrato potásico a una temperatura de 800º C para que el hierro tome el color negro y el oro brille aún más, tratándose de una oxidación que se le hace al hierro y que limpia de impurezas. A continuación se realizan las decoraciones con cincel, con el llamado repasado de la pieza, donde la obra cobra vida y el damasquinador impregna su propia identidad.

Aunque es probable que el arte se haya originado en Egipto, el término damasquinado se deriva del nombre de la antigua Damasco, capital de Siria. Sus hábiles artesanos crearon objetos de tal belleza, que el nombre de la ciudad llegó a ser sinónimo de la técnica. Damasco era, además, un centro comercial importante gracias a su ubicación en un cruce de caminos que conectaban el Mediterráneo oriental con los países de Mesopotamia y el Oriente. Tal prominencia le permitió llevar sus artesanías tradicionales, (como los damasquinados), más allá de las fronteras nacionales.


El damasquinado pisó con fuerza a partir del S.XVI y fue el lujo desplegado en las armaduras de toda Europa el motivo por el que un arte ancestral fue recuperado, destacando en España los suntuosos arneses de Carlos I o Felipe II. En Toledo la Real Fábrica de Armas contribuyó de forma decisiva en el S.XIX a continuar y potenciar más la tradición, de la producción únicamente artesanal de hace siglos a la cada vez en ocasiones más industrial de nuestros días, si bien en la ciudad de Toledo sigue habiendo grandes maestros artesanos que ofrecen sus trabajos a lugareños y turistas en un sector que aglutina más de cien expositores solo en Toledo.

Este arte se arraigó en Europa en el transcurso de unos cuantos cientos de años, y ya para el siglo XVI la ciudad de Toledo, (España), dominaba como su centro representativo. Espadas, armaduras y escudos toledanos, así como otros objetos más delicados, adquirían la elegancia y distinción del hermoso toque damasquino.

El damasquinado toledano realza el brillo del oro y de la plata contra un fondo de acero de un negro intenso. En sus diseños combina caracteres cúficos, (de la antigua escritura arábiga), con figuras geométricas o florales típicas de las culturas árabe y mudéjar. Acompáñenos a una visita breve a Toledo y verá cómo sigue viva esta artesanía.

Las características únicas de los damasquinados constituyen un tributo a los numerosos artesanos que, a lo largo de los siglos, han mantenido viva tan antigua profesión. Gracias a ellos podemos admirar con deleite primorosas figuras de oro y plata sobre acero.

Con información de Toledo guía turística y cultural


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Artesanías de Hebrón – Arte milenario Palestino

Antigua tradición familiar

Una tradición antigua, que tiene sus orígenes en el pasado. Hebrón, uno de los principales centros económicos de Palestina, con más de 6.000 años de historia, transmite de padres a hijos el oficio de artesanía en diversos ámbitos: Vidrio, bordado, cerámica o alfarería.

Tradición que perdura en el tiempo, las cerámicas artesanales datan de la época otomana, explicaron los residentes de la ciudad. En aquel entonces, dijeron los residentes, las cerámicas eran elaboradas a mano en los hogares de las familias de la Ciudad Vieja hasta que la cerámica se convirtió en una fuente principal de ingresos. Residentes de la ciudad afirman que la industria del vidrio se inició en Hebrón cuando un grupo de viajeros comenzó un incendio  de gran alcance en las arenas en la zona sur de Hebrón y encontraron formas de vidrio en el lugar al día siguiente. Según los residentes, así es como la industria del vidrio fue descubierta en Hebrón y luego viajó al resto del mundo.

Hamdi Natsheh (Director Fábrica de Vidrio y Cerámica de Hebrón)

«Exportamos estos productos a todo el mundo con una etiqueta que dice ‘Hecho en Hebrón’. Cada artículo cuenta una historia que data de cientos de años».

Con estas palabras, Al-Hajj Abdul Jawad Abdul-Hamid al-Natsheh, de 86 años, describió los productos elaborados por artesanos en su fábrica, que se estableció en Hebrón, hace más de 150 hace años.

“La tradición de trabajar el vidrio se remonta a tiempos antiguos. Esta industria comenzó en la ciudad vieja de Hebrón en un barrio llamado “Harat al-Qazazin” (barrio de los profesionales del vidrio) donde nacieron diferentes fábricas que alcanzaron con el tiempo catorce títulos.”



Muchas de estas se vieron obligadas a cerrar, en el transcurso de los años. Entre ellas, ha resistido la Fábrica del Vidrio y la Cerámica, fundada hace más de 150 años y con una fuerte capacidad de exportar sus productos en todo el mundo.

«Según la historia familiar, este arte tiene relación con la presencia de la familia Natsheh en Hebrón. Entre el 122 AC-330 DC, dice el artista y co-propietario Hamzeh Natsheh. Fundada en 1890 y ubicada en la ciudad de Hebrón en Palestina, Vidrio de Hebrón emplea a aproximadamente 60 artesanos que trabajan en uno de los tres talleres de la ciudad o desde sus hogares. «

«Todos los cristales que hacemos encarnan viejas historias reales de palestinos, formas y patrones únicos. Cada hogar utilizó, y todavía utiliza, el vidrio que hacemos en Hebrón como una tradición palestina. Mis hermanos y yo aprendimos de mi padre Tawfiq. Mi padre aprendió de mi abuelo Abed Alhamid Khalil Natsheh. Nuestro arte se ha heredado con orgullo, de generación en generación y, cada miembro de la familia necesita por lo menos cinco años para aprender el oficio,» dice Natsheh.

Vidrios de Hebrón tiene como objetivo el trabajo mancomunado con asociaciones de comercio justo y utilizar botellas recicladas de los hogares y negocios locales como materia prima básica en muchos de sus productos. El combustible para los hornos y calderas es el aceite de motor reutilizado de los garajes locales. Natsheh dice que el conflicto palestino-israelí y las restricciones a la libertad de movimiento en Palestina han afectado a la industria, pero al reciclar estos materiales todos los días, Vidrios de Hebrón es capaz de mantener el arte vivo y sustentable. También se afanan en proporcionar un ambiente de trabajo seguro y lucrativo para sus artesanos. Vidrios de  Hebrón fabrica un amplio surtido de platos para colgar, platos, cuencos, copas, jarras y jarrones. Todos los artículos de sobremesa son fabricados sin plomo, por lo que son completamente seguros de usar.

Mansour Natsheh (Trabajador Fábrica de Vidrio y Cerámica de Hebrón)

“Este es un trabajo que se hereda, por ello nadie puede hacerlo si no es por pasión… Naturalmente con el tiempo las fases de la industrialización han cambiado: En el pasado, producíamos vidrio a partir de arena, óxido, soja y cosas así. Ahora utilizamos botellas de refrescos y zumos de fruta, reciclando las materias primas.”

Las cerámicas artesanales, que se remontan, según los habitantes del lugar, al periodo otomano, han pasado de ser una actividad llevada a cabo en familia, a ser uno de los principales recursos de la ciudad. Un arte que trata de viajar por todo el mundo. Para explicar otra Hebrón y mostrar un rostro a menudo desconocido…



La cristalería fenicia y la cerámica van de la mano en la familia de los propietarios de Vidrios de Hebrón y son parte integrante del patrimonio local. «Usábamos nuestra cerámica y vidrio en el pasado (y aún hoy) para decorar casas y lugares en los eventos especiales. A los Palestinos les gusta usar el vidrio y la cerámica tradicional para presentar la comida y el orgullo de la herencia Palestina», dice Natsheh. Durante la década de 1940, el negocio se desaceleró a medida que los materiales se volvieron demasiado caros, pero la tradición ha sido revivida y es de nuevo popular.

El proceso, Un secreto familiar

Si bien, el meticuloso proceso es un secreto familiar y comercial, las técnicas que los artesanos de Vidrios de Hebrón utilizan para fabricar sus piezas de vidrio soplado y cerámica hechas a mano se han venido empleando durante cientos de años. «El vidrio depende de las grandes habilidades del artista que hace frente a las altas temperaturas del fuego abrasador», explica Natsheh.

«El vidrio se funde aproximadamente bajo 1000 grados Celsius, hasta que se convierte en líquido y está en condiciones para soplar. Utilizamos una kammasha (herramienta de tubo de acero), que tiene de 1 a 1,5 metros de largo. Dejamos la pieza, tan pronto como está terminada, en una habitación cercana al horno para que se enfríe lentamente. Reciclamos y utilizamos las botellas de vidrio de Coca Cola como principales materias primas, y utilizamos materiales caros para colorear, mezclándolo con vidrio liso, durante las etapas de soplado. A las piezas de cerámica se les da forma en el torno manual, se dejan secar durante dos días y luego se cuecen en el horno a 1000 grados Celsius, después las adornamos con negro y otros seis colores diferentes, se les da  esmalte y se vuelven a hornear a 1000 grados Celsius.»



La fábrica de Natsheh exporta la mayoría de sus productos a países extranjeros, principalmente a Europa. El mercado local solo obtiene el 20% de la producción de la fábrica debido al alto costo del trabajo manual de los artesanos que heredaron la industria de sus padres.

Con información de Al-Monitor

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Marfil Califal, Legado de Al-Ándalus (الأندلس)

Las grandes obras maestras de marfil en las edades islámicas, son las realizadas por los creadores y artistas de Andalucía, y que datan del siglo IV. Por lo tanto el aumento de la importancia de los objetos que la mayoría de los historiadores y los escritores menciona, al nombre personal, orgullo de los artesanos de Andalucía, su arte y su autoestima.

Latas y cajas pequeñas de marfil, que se utiliza para guardar los ornamentos y joyas, es el mejor testimonio de los logros del fabricante andaluz, realizados en el arte de la industria del marfil.

En la Edad Media, la admiración de la rica Europa, adquiría estas obras para guardar los  objetos de valor. Era muy común entregarlos  como regalos en las bodas.

Después de la caída de las ciudades de Andalucía, se trasladó algunas de estas latas a  Museos de diferentes lugares del  mundo o iglesias y monasterios.

Dentro del arte hispano musulmán, se desarrollaron en Córdoba y Cuenca durante la presencia de la cultura musulmana en España, dos importantes talleres de marfil, cuyo periodo de mayor esplendor fueron el siglo X y primer cuarto del siglo XI. La producción se concentraba en objetos suntuarios con detalles ornamentales engastados en materiales nobles (oro y plata), sobre maderas trabajadas, o piezas puras de marfil, unidas y labradas. Los objetos son elaborados con fines singulares y específicos, casi siempre para regalo, dentro de los cortesanos de los reinos o familias de más elevada posición económica. Era la mujer la principal destinataria de los objetos.

Las piezas más llamativas y donde los maestros eran capaces de mostrar todo el esplendor de su arte eran las llamadas arquetas o arcas, que con motivo de festividades, conmemoraciones o actos de especial trascendencia social o familiar, se elaboraban en ambos talleres. En el de Córdoba los trabajos eran más refinados, con soltura para desarrollar las temáticas sobre la naturaleza en formas caprichosas y variadas que, observadas al detalle, presentaban un absoluto equilibrio y excelentes conocimientos de geometría por sus autores. En el de Cuenca, los trabajos eran más sencillos, quizá debido al tipo de pedidos y su ubicación fronteriza entre reinos cristianos y musulmanes, lo que dificultaba la continuidad de los trabajos y la enseñanza a los aprendices.



La técnica del ataurique, mediante la estilización de los motivos vegetales en la decoración, es profusamente usada. Las arquetas, botes, perfumadores y joyeros más sobresalientes que se conservan se encuentran en el Museo del Louvre (Píxide de Al-Mughira) Leyre (Arqueta del Monasterio de Leyre), Zamora (Bote de Zamora), San Millán de la Cogolla, Toledo, Fiteros (Arquetas de la iglesia de Fiteros) y Silos.

Es éste uno de los tesoros del  Museo Arqueológico de Madrid

Aunque se conozca como Bote de Zamora (pues se conservó como píxide en la catedral de Zamora), se trata de un marfil califal que, gracias a la inscripción, podemos datar perfectamente.

En ella se habla de un regalo del califa Al-Hakem II a su favorita, Sub (Aurora, pues se trataba de una antigua cristiana), madre de sus principales hijos.

Sabemos incluso que el regalo se hizo para agradecer  el parto de Hisham II en el 964 del calendario cristiano.

Su realización se debe a los talleres de eboraria califal situados en Medina Azahara que reutilizan las formas y motivos típicos de la decoración arquitectónica (atauriques, árbol de la vida, como ya vimos en El Salón Rico) añadiéndole figuras zoomorfas (cervatillos, palomas, pavos…) que se vincularían con el taller de bronces (también animalísticos) de los que proceden algunas piezas capitales, como el Cervatillo de Medina Azahara.

Estos objetos se encuentran relacionados con la cultura del regalo que se practicaba en las cortes medievales (la Bizantina como principal ejemplo), que refuerzan los lazos de las élites o sirven (al igual que los libros, la cerámica de lujo, las joyas…) como forma de protocolo en las relaciones internacionales.

Su utilidad, además de la del propio continente que ya generaría un status sumamente elevado, sería la de guardan grandes joyas y perfumes.


Notas:

  • Hassan Al – Basha Patrimonio del Arte Islámico – p.224 y 243
  • Zaki Mohamed Hassan Arte del Islam – página 493, 494 y 496
  • 197: Jerrilynn D. Dodds | Al-Andalus, El arte de la España islámica – P. 192
  • Qantara, Patrimonio del Mediterráneo | Pyxis de Al-Mughira

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El dulce manjar Sirio que la guerra no logro derretir

Heladería Damasco – Siria

Se llama «buza«. Y está hecho de crema y pistachos. Es un tradicional postre árabe. Una heladería en Damasco lo fabrica desde 1914.

La Heladería Damasco, donde fabrican desde 1914 el «buza«, el helado tradicional árabe de crema y pistachos, ha seguido manteniendo su tradición heladera, a pesar de los seis años de guerra, que llegaron a paralizar temporalmente su actividad.

Es mediodía, y en la calle principal del histórico y popular zoco de Al Hamidiye, un enjambre de gente se desplaza por la amplia arteria mercantil abovedada, repleta de tiendas y vigilada por decenas de militares que revisan minuciosamente a los transeúntes en los frecuentes puestos de control.

A pesar del frío de finales de invierno, la heladería regentada por Nader al Afgani, hijo de su fundador, Taisir al Afgani, rebosa de actividad y clientes, en especial de mujeres, omnipresentes en toda la capital, de la que han huido un gran número de varones de entre 20 y 40 años para evitar el servicio militar, que es sinónimo de guerra.

«Somos los fundadores del ‘buza’ tradicional, con pistacho y nata. Hemos mejorado el ‘buza’ y lo hemos hecho famoso en el mundo árabe, como en JordaniaLíbano, en Europa y también en ferias en Dubái, Abu Dabi y Kuwait«, cuenta con orgullo Al Afgani, cuya heladería, no obstante, no es tan antigua ni cuenta con el renombre de la cercana «Al Bakdash», fundada en 1895.

El veterano heladero, que no oculta su veneración por el presidente del país, Bashar al Assad, subraya que «todo el que viaja a Siria, sea del país que sea, tiene que visitar el zoco Al Hamidiye y probar el helado árabe damasceno original».

También muestra con satisfacción una fotografía en la que posa junto al actual presidente libanés, el general Michel Aoun, durante una visita a la heladería, aunque es de antes de que Aoun fuera designado presidente, confiesa Al Afgani.

El «buza«, la versión árabe del «dondurma» turco, está hecho a base de leche, crema y «sahleb» (una harina fina), además de otros ingredientes, y con el pistacho como principal invitado y toque final.

«Traemos leche por la mañana y se coloca en unos recipientes donde se introducen los ingredientes como ‘sahlab’ y azúcar, y cuando se termina este proceso se coloca en heladeras, y después en los congeladores donde se golpea con los mazos hasta convertirse en el ‘buza’ árabe», explica Al Afgani mientras no deja de atender a los golosos clientes.

Una de las más particulares características de este helado es la fase final de su producción, con contundentes golpes rítmicos propinados con un enorme mazo de madera, a fin de darle consistencia, crear una capa y que los pistachos se adhieran bien al cuerpo.

Por último, con la mano, el heladero enrolla las láminas que ha formado a base de golpes y el «buza» queda listo para ser cortado, servido y devorado por los visitantes.

«Por supuesto que me gusta el ‘buza’ sirio, desde que era pequeña. Siempre que vengo a Damasco me gusta comerlo porque estamos acostumbrados a comerlo. Soy de Damasco, pero vivo en Arabia Saudita y siempre que vengo de vacaciones vengo aquí», dice Macun ali al Araeishi.

Lo mismo que opina Manar, quien asegura que cada vez que va al casco antiguo de Damasco se toma un helado y va a ver la mezquita Omeya.

Al Afgani desea que sus hijos continúen la tradición. Uno de ellos, que cursa cuarto de derecho, le ayuda atendiendo a los clientes. El otro, explica, está estudiando en Malasia, pero volverá para contribuir a la prosperidad del negocio, que cuenta con otra tienda en el barrio damasceno de Al Qusur.

«Durante los dos primeros años de la crisis estuvimos parados, pero las cosas han vuelto a su lugar y hemos vuelto a como estábamos. Siria está bien y ojalá regrese la seguridad al país pronto gracias al presidente Bashar Hafez al Asad», dice Al Afgani.

Los clientes no dejan de entrar y salir entre los atareados camareros que llevan de un lado para otro las porciones de «buza» y de otros tipos de dulces y helados.

Entre el amargo sabor a guerra que se escucha y se siente en todos los rincones, llevarse un bocado dulce de «buza», a la boca, cuesta apretujarse un poco en la caja gobernada por Al Afgani y 400 libras sirias, un poco menos de un dólar americano.

Con información de Clarín

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Los artistas de Palestina se mueven para salvar lo viejo a través de lo nuevo

Una vez que el centro de una pequeña y tranquila ciudad al sureste de Belén, las últimas décadas han visto a las generaciones más jóvenes salir gradualmente de la Ciudad Vieja de Beit Sahour para una vida más moderna, más espacio y mejores oportunidades en el extranjero, no encontrados en una economía sofocada por 50 años de ocupación israelí.

Como resultado, muchos edificios antiguos, con sus gruesos muros de piedra, sus interiores abovedados y sus ventanas arqueadas, han sido descuidados después de pasar de familia a familia y enfrentamientos duraderos de presencia militar israelí que también han sido inherentes a la ocupación de décadas.

Pero en los últimos años, jóvenes artesanos de toda la Cisjordania ocupada, atraídos por el ambiente sereno y cada vez más vanguardista de Beit Sahour, han inculcado una nueva vida en el centro histórico de la ciudad: renovar las casas abandonadas y los escaparates para crear arte comunitario Mientras que el modelado de una alternativa radical y el rechazo de los principales modos convencionales de la producción cultural.

Un colectivo de artistas palestinos llamado MishwArt – un juego de la palabra árabe mishwar (un paseo) – lanzó tours de arte guiado esta primavera, para ayudar a promover los talleres y salas de exposición que han aparecido en la Ciudad Vieja en los últimos años.

Los tours han conectado a artistas locales y han consolidado la creciente identidad progresista de la comunidad, que parece estar haciendo un esfuerzo concienzudo para recuperar el patrimonio cultural y político de Beit Sahour y vivir en armonía con los residentes de la Ciudad Vieja.

Kristel Elayyan, que forma parte de la iniciativa MishwArt, participó en la construcción de uno de los primeros negocios para renovar la zona, Singer Cafe. Reconoció que los residentes de la Ciudad Vieja han sido tímidos al interactuar con el paisaje cambiante del vecindario.

“Ellos nos ven caminando y quizá están un poco interesados”, le dijo a Ma’an, cuando un grupo de turistas se paseaba por la Ciudad Vieja una tarde caliente a finales de junio. “En general, son principalmente los extranjeros los que están interesados. Sería realmente agradable si jóvenes artistas palestinos u otros locales se unieran. Pero no es un hábito aquí todavía, esta escena de arte es muy nuevo para Beit Sahour “.

Coincidiendo con la gira del día MishwArt fue la apertura de una nueva galería de arte independiente en la Ciudad Vieja. Su fundador, Riham Isaac, transformó la casa de su abuela de un estado de deterioro en Salón de Arte, concebido como una plataforma abierta para la creación de arte y la promoción de la comunidad cultural de la zona.

-Esto es muy valioso -dijo Isaac, haciendo gestos hacia la exposición inaugural, resultado de un proyecto colaborativo en el que proporcionaba pintura y madera a quien quisiera unirse. “Este es un espacio independiente con nadie que nos apoya, por lo que comprar cualquier cosa será el apoyo!”

La multitud de fumadores de cigarrillos que beben cerveza que se derrama en la calle desde el salón de arte, junto con los juerguistas de la novena anual y endearingly país faqqous festival (una especie de pepino borrosa indígena de la zona), hace una tarde particularmente festiva en subdued Beit Sahour.

En la vanguardia de los espacios de arte cooperativo en la zona fue Resign, una iniciativa totalmente desarrollada de upcycling y diseño ambiental lanzada en 2013 por Ala Hilu, nativa de Belén, con raíces en el taller de la Ciudad Vieja, pero con proyectos enriqueciendo comunidades en Cisjordania.

En los años desde que abrió su taller, Hilu ha tomado un papel activo en animar a otros a venir a Beit Sahour y contribuir a la escena artística.

Sin embargo, según él, siempre ha habido artistas en Beit Sahour – pintores, cineastas, cantantes – pero no siempre han estado involucrados en ningún tipo de comunidad unificada.

“En los años de la Segunda Intifada, muchas empresas aquí se vieron obligadas a cerrar, y la gente tenía que centrarse en recuperarse de eso y traer ingresos. Hacer este tipo de arte se convirtió en algo secundario “, explicó Hilu.

“MishwArt es reconectar a estas personas, lo cual es genial. Este tipo de arte existe ahora en Beit Sahour, no podemos negarlo. Pero necesitamos más tiempo para descubrir quién está haciendo arte aquí “.

El estudio de Hilu se divide en cuatro cámaras principales: una sala de formación donde celebra talleres; La sala de servicio pesado para maquinaria más grande; Una sala de almacenamiento apilada desde el piso hasta los techos con diferentes tipos de madera, neumáticos de goma, tubos, chatarra, botellas, muebles viejos rasgados para su reutilización; Y, finalmente, una sala de exposición adecuada, que todavía está recibiendo sus toques finales.

Él exhibió algunas de sus creaciones para el paseo de arte en la sala de entrenamiento – puños de muñeca y pendientes hechos de cubiertos plateados, una lámpara hecha de brochetas de barbacoa, otra de un filtro de máscara de gas.

“El upcycling se considera generalmente como arte terminante pero, pero para mí es diferente. Lo hago más para concienciar sobre la reducción del consumo y la dependencia del consumismo. No es sólo ambiental, se trata de una cuestión política, humana “, explicó Hilu

Al igual que Resign y Art Salon, la más reciente incorporación a la gira de MishwArt también está orientada a proporcionar un espacio de colaboración para artistas locales. La idea para Beit al-Musika, o casa de la música, nació cuando Tariq Abu Salameh y Nour al-Raai estaban estudiando funcionamiento de la música en la universidad de Dar al-Kalima en Bethlehem.

Los multi-instrumentistas realizan semanalmente en un bar cercano llamado al-Jisr, donde dan plataforma a una formación rotativa de músicos y cantantes locales, pero los dos también planean celebrar los eventos de la tarde “Música en la Casa” en su nuevo espacio En la Ciudad Vieja pronto. Ni un instituto ni una escuela de música, la Casa de la Música, supuestamente abierta las 24 horas del día, es un lugar para los músicos para compartir su experiencia creativa y sus instrumentos, Abu Salameh dijo a la sala llena de paseantes de arte, antes de él y al-Raai dio un Impromptu, un poco fuera de tune oud rendimiento, debido a un nuevo conjunto de cadenas.

Music House espera animar a los artistas a ser sus propios productores, en lugar de verse obligados a trabajar dentro de los confines de las etiquetas de música convencional y las instituciones, que a menudo promueven estereotipos sexistas o racistas, Abu Salameh dijo.

Según él, hay dos direcciones en el mundo de la música de Palestina: músicos “fusión” agujereados que siguen las tendencias globales sin hacer ninguna innovación atractiva; Y en el otro extremo, aquellos que realizan música árabe tradicional que se desaniman por sus compañeros y mentores de virar fuera de las formas establecidas, rígidas.

“Nuestro experimento es analizar la música y descubrir qué nuevas formas y nuevas estructuras podemos introducir en el mundo árabe”, dijo.

Una parada en el paseo de arte, que puede resultar ser su más duradera, es el taller escondido de Aref Sayed, que ha alcanzado humildemente un nivel de aclamación regional por su magistralmente restaurado, así como la costumbre a medida de cuerda Instrumentos, como el oud, el qanun, el buzuki y el violín.

Originario de la Ciudad Vieja de Jerusalén, Sayed regresó a Palestina después de estudiar su arte en Alemania, Turquía e Italia, y abrió su taller en Beit Sahour en 2015.

Cuando se le preguntó por qué eligió a Beit Sahour para establecer sus medios de subsistencia, Sayed descartó la posibilidad de lanzar tal empresa en su ciudad natal, Jerusalén Oriental ocupada, a pocos kilómetros de distancia, donde los empresarios palestinos enfrentan obstáculos burocráticos y políticas discriminatorias a manos de los Controlado por Israel.

“En Jerusalén, todo es diferente -política, económicamente- mientras que aquí la gente está más abierta”, dijo.

Por: Lily Leach
Fuente: Desinformémonos

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