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Lokum (Raha), una delicia árabe

El lokum (bocado) es un postre exquisito y delicado al paladar de la repostería árabe.

La palabra lokum proviene del nombre árabe rahat al-hulqum que significa «comodidad de la garganta». Luego el nombre ha sido modificado para «rahat lokum», «latilokum» y finalmente a «lokum», que permanece como su nombre hasta hoy.

En Siria es conocido bajo el nombre de RAHA, cuya traducción sería “descanso al paladar”.

 Se introdujo en Europa  finales del siglo XVIII, donde  se convirtió en una delicadeza importante en Gran Bretaña, así como en toda Europa continental para la aristocracia. De hecho, se había convertido en práctica común entre las personas de clase alta, el intercambio de piezas lokum envueltas en pañuelos de seda.

Las características de su estructura, hicieron del lokum un dulce exótico de textura y sabor particular. Por otro lado, el desconocimiento de sus ingredientes y proceso de elaboración generaban en torno a él todo un misterio.

Si bien sus ingredientes y elaboración son sencillos, en Europa se desconocía  la utilización de su ingrediente principal, la fécula de trigo, como alimento. Precisamente ese ingrediente le da una textura masticable, tierna y transparente que lo caracteriza. Aunque la lista de ingredientes es  simple, la fabricación de lokum requiere experiencia, ya que el tiempo de cocción es el secreto principal en la elaboración de este dulce. El agua, el almidón y el azúcar se hierve durante aproximadamente 2 horas hasta que forma la consistencia deseada mientras se agita constantemente en la misma dirección. A continuación, se añade el aromatizante y se vierte esta mezcla en bandejas especiales de madera espolvoreadas con una mezcla de almidón y azúcar en polvo y luego se deja para reposar durante un día más o menos. La hoja seca de lokum se transfiere sobre una superficie de trabajo, se corta en pequeños cubos y se espolvorea más con una mezcla de almidón y azúcar en polvo, y se pone lista para el consumo.

Su conservación requiere un recipiente tapado, protegido del calor y la humedad.

Tradicionalmente las familias árabes tenían la costumbre de ofrecer a sus invitados un Lokum acompañado de una taza de café  y un vaso de agua como gesto de bienvenida.


Ingredientes

(Para 10 personas)

3 1/4 tazas de agua
4 1/2 tazas de azúcar
3/4 cucharadita de crémor  tártaro
3 cucharadas de cáscara de limón
2 cucharadas de jugo de limón
1 taza de almidón de maíz
3 cucharaditas de agua de rosas
2-3 gotas de colorante rosa si lo desea
1 taza de azúcar en polvo (para espolvorear)
1 taza de nueces picadas  o pistachos picados.

Preparación:

En una cacerola mediana, en calor medio, colocar el  azúcar, 2 tazas de la agua  y la cáscara de limón a hervir. Batir hasta que el azúcar se disuelva. Reducir el calor a un nivel medio bajo y mantener la mezcla a fuego lento. Revuelva cada pocos minutos con una cuchara de madera o silicona, mientras su jarabe de azúcar se está cocinando.

En otra cacerola batir el agua restante, almidón de trigo y cremor  tártaro a fuego medio. Batir la mezcla  hasta que llegue a hervir.

Cuando la preparación de azúcar agua y limón tome la consistencia de un “jarabe”, verter en la mezcla de fécula de trigo de a poco, revolviendo constantemente hasta que todos los ingredientes se integren.

Terminar la cocción a fuego muy bajo durante una hora revolviendo cada 2-3 minutos.

Después de una hora, retire del fuego. Agregue el agua de rosas con el colorante de alimento correcto si es necesario para aumentar el color. Este sería el momento de agregar las nueces, los pistachos o simplemente dejarlos sin ningún agregado.

Vierta esta mezcla en bandejas especiales de madera espolvoreadas con una mezcla de almidón y azúcar en polvo y luego se deja para reposar durante un día más o menos. El lokum se transfiere sobre una superficie de trabajo, se corta en pequeños cubos y se espolvorea con una mezcla de almidón y azúcar en polvo.


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Poema al laúd – Ibn Quzmān

Afinan un laúd y llenan vasos:
¡A ver cuántos, por Dios!

Escánciame ese vino, que me anime;
rebájalo con agua, si prefieres,
aunque a mí no me gusta nada a medias,
a ver si así me olvido de problemas.

¡Qué hermoso es el laúd, qué bella forma!
Cuando oigo su preludio, me conmuevo;
es hora de dejar otras tareas
y escuchar al laúd y a los que cantan.

Escucha a quien te dice la verdad
y responde con magia, si preguntas:
él recomienda amar, aunque no ame
y recuerda nostalgias sin sufrirlas.

Tiene joyas que no forjan plateros,
fino su cuello es y el vientre hueco,
no tiene voz de adulto, es como un niño
que agrada a todo el mundo en lo que hace.

Ya pasaron mis días juveniles
y mis últimos años han llegado:
qué lástima, pardiez, de lo pasado
de juventud, inacabable pena.

Ibn Quzmān
(Poeta andalusí nacido en Córdoba 1078 – 1160)

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Mushabbak

Mushabbak

El Mushabbak,  es un postre frito, rico y bañado en jarabe de azúcar (almíbar) en forma de espiral.  Su origen es ancestral, ya que la utilización de sus ingredientes data de comienzos de las civilizaciones (harina, agua, aceite, sal y posteriormente la levadura). Se encontraron frescos representando elaboración  de un producto en forma de espiral cocido en una especie de sartén, en la tumba de  Ramses III (1184 – 1153 a.C).


El proceso para realizarlo no ha cambiado desde aquellos tiempos. La mezcla es liberada en movimientos y arrojada en espiral, frita.

El significado de Mushabbak sería “de forma enrejada”. El científico Andaluz Ibn al Baytar 1 considera al Zalabya,(Mushabbak), ligero y más rápido de digerir que Qata´ if 4  y Lawzinaj 3.

Con respecto a su forma, Ibn al-Rumi los compara con procesos de alquimia, una masa placentera que se trasforma en  ventanas de oro enrejadas. Mushabbak, se encuentra entre los dulces que lleva el mandadero enloquecido por amor, mientras padece detrás de su interés amoroso en la historia “El mandadero y las tres doncellas” (cuento de las mil y una noches). También son descriptos ser presentados a Ali ibn Bakr ibn Muhammad 2 en el siglo XIV en una bandeja en la cual se encuentran dulces  qata´if (dulces rellenos).

El Mushabbak aún es popular en Medio Oriente y norte de África, la receta básica se ha mantenido a través de los siglos.

En América

Este dulce centenario también tiene una historia en Estado Unidos. En la feria Mundial de  St. Louis en 1904, un inmigrante Sirio sin saberlo introduce en los Estados Unidos el concepto de un “cono”   como sostén de helado usando Mushabbak.


Receta

1 Taza de harina  
¾ de taza de semolín extrafino 
1 cda de levadura en polvo 
1/2 de taza de azúcar 
1 ½ taza de agua tibia 
1 cta de agua de rosas 
1 cta de cardamomo en polvo 
1 pizca de sal. 
Aceite vegetal para freír. 

Preparación

Colocar el agua tibia en un recipiente, agregar la levadura en polvo. Mezclar los ingredientes secos. Tamizar la harina con la sémola y la pizca de sal. Agregar al agua con la levadura revolviendo constantemente hasta lograr una masa suave un tanto líquida. Preparar el almíbar con el azúcar. Agregar el agua de rosas y el cardamomo. Reservar. Freír la preparación en aceite caliente formando espirales con la masa. Retirar y sumergir los Musabbak en el almíbar. 


Notas:

  1. Ibn al-Baitar :   fue un médico y botánico andalusí, nacido hacia 11901​ ó 1197 en la Provincia de Málaga (se especula con que nació en el municipio de Benalmádena) y muerto en 1248 en Damasco.
  2. Muhammad ibn Abi Bakr: (en Árabe: محمد بن أبي بكر) (n. 631 – m. 658) fue el hijo de Abu Bakr as-Siddiq, un compañero y suegro de Muhammad y primer califa del Islam. Se convirtió en el hijo adoptivo del primer Imam y cuarto califa, Ali Ibn Abi Talib, y fue un fiel seguidor de éste.
  3. LAWZINAJ: ( Lawzinaj, lawzinaq, luzina ) es una pastelería y confección cuyo principal ingrediente son las almendras (en árabe, lauz ).
  4. Qata´ if : Postres  de la pastelería de medio oriente rellenos de frutos secos.

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La amistad – Gibrán Khalil Gibrán

Y un adolescente, dijo: Háblanos de la amistad. Y él respondió, diciendo: Vuestro amigo es a la medida de vuestras necesidades. Él es el campo que sembráis con cariño y cosecháis con agradecimiento. Es vuestra mesa y el fuego de vuestro hogar. Pues vais a él con vuestro hambre y lo buscáis en procura de paz. Cuando vuestro amigo manifiesta su pensamiento, no teméis el «no» de vuestra propia opinión, ni ocultáis el «sí». Y cuando él se calla, vuestro corazón continúa escuchando a su corazón. Porque en la amistad, todos los deseos, ideas y esperanzas, nacen y son compartidas sin palabras, en una alegría silenciosa. Cuando os separéis de vuestro amigo, no os aflijáis. Pues lo que amáis en él, puede tornarse más claro en su ausencia, como para el alpinista aparece la montaña más clara, vista desde la planicie. Y que no haya otra finalidad en la amistad que no sea la maduración del espíritu. Pues el amor que procura otra cosa que no sea la revelación de su propio misterio no es amor, sino una red tendida, y sólo lo inútil será en ella atrapado. Y que lo mejor de vosotros mismos sea para vuestro amigo. Si él debe conocer el flujo de vuestra marea, que conozca también su reflujo. Pues, ¿qué será de vuestro amigo si sólo le buscáis para matar el tiempo? Buscadle siempre para las horas vivas. Pues el papel del amigo es el de henchir vuestras necesidades, y no vuestro vacío. Y en la dulzura de la amistad, que haya risa y compartir de placeres. Pues en el rocío de las pequeñas cosas, el corazón encuentra su amanecer y halla su frescor.

Gibrán Khalil Gibrán
«El profeta»

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Melquitas: Iglesia Católica de Oriente

Iglesia Católica Greco Melkita – (Catedral San Jorge – Córdoba – Argentina)

La Iglesia melquita es consciente de ser la más antigua en el mundo sucesor, directa e inmediata de los Apóstoles. Nuestro Patriarca Gregorio III, quien lleva el título de «Patriarca de Antioquía y todo el Oriente, Alejandría y Jerusalén.» 

Jerusalén es la ciudad santa por excelencia, donde Pedro, cabeza de los Apóstoles, dio sus primeros discursos, realizó sus primeros milagros, presidió el primer Consejo de la primavera de la Iglesia. Y es a Jerusalén, donde  Pablo se dirigió más de una vez, especialmente para encontrar a Pedro y participar en el Consejo de los Apóstoles.

Antioquía es la «Ciudad de Dios».

Es en Antioquía que se llamó primero «cristianos» (Hechos 11:26)Pedro en Antioquía estableció su primera sede, antes de establecerse en Roma. En Antioquía Pablo estableció sus funciones fundamentales en Asia Menor, Chipre, Grecia y Roma.

Alejandría fue evangelizada por Marcos, un discípulo de Pedro. La ciudad del helenismo sirvió en gran medida la difusión del Evangelio en todo el mundo grecorromano, y de allí a la totalidad de Occidente. Los Melquitas hoy son los descendientes de estos centros del cristianismo primitivo. Desde hace veinte siglos, los melquitas eran testigos fieles, es decir, los mártires, testigos de la  fe de Pedro, Pablo y los apóstoles.

Melquitas son el pueblo de Siria, Palestina y Egipto, que se mantuvo fiel al Concilio de Calcedonia (451) cuando la mayor parte se volvió monofisita. El significado original del nombre por lo tanto es una oposición al Monofisismo (1).

Los nestorianos y sus comunidades residian en el este de Siria hasta que el emperador Zenón (474-491) cerró su escuela en Edesa en el 489, y les obligaron a retirarse hacia la frontera de Persia. En la región al oeste de Siria, Palestina y Egipto eran melquitas que aceptaron Calcedonia, o monofisitas (también llamados jacobitas en Siria y Palestina, los coptos en Egipto), hasta que la herejía Monoteísta en el siglo VII complica aún más la situación. Pero  se mantuvo el nombre Melquitas de aquellos que fueron fieles a la gran Iglesia, católica y ortodoxa, hasta el Cisma de Focio (867) y Cerulario (1054) de nuevo dividido.

Desde ese momento ha habido dos tipos de melquitas en estos países, los melquitas católicos que mantienen la comunión de Roma, y ​​cismáticos melquitas (Ortodoxo) que siguieron a Constantinopla y la gran masa de los cristianos orientales en el cisma. Aunque el nombre ha sido y aún se utiliza ocasionalmente para estos dos grupos, ahora se aplica únicamente a los católicos de rito oriental.

En aras de la claridad, es mejor mantener a este uso, el nombre Ortodoxa es suficiente para los demás, mientras que entre los muchos grupos de católicos, América y Oriente, de diversos ritos, se necesitó un nombre especial para este grupo. Sería, en efecto, aún más conveniente si se pudiera llamar a todos los católicos de rito bizantino «melquita». Pero este uso de la palabra nunca ha obtenido. No se podía llamar con cualquier nombre a los rutenos, los católicos orientales del sur de Italia o Rumanía.

Por lo tanto debe mantener el nombre de los de Siria, Palestina y Egipto, todos los cuales hablan el árabe. Se define un melquita entonces, como cualquier cristiano de estas tierras en comunión con Roma, Constantinopla, y la gran Iglesia del Imperio antes del cisma de Focio, o como un cristiano de rito bizantino en comunión con Roma desde entonces.

Como la palabra implica la oposición a los monofisitas originalmente, por lo que ahora marca la distinción entre estas personas y todos los cismáticos, por una parte, entre ellos y los latinos o los católicos de otros ritos (maronitas, armenios, sirios, etc) por el otro. El nombre se explica fácilmente filológicamente. Se trata de un semita (presumiblemente siríaco) de la raíz con un final griego, es decir, imperialista. Melk es siríaco para el rey (melek en hebreo, árabe. Malik). La palabra se utiliza en todas las lenguas semíticas por el emperador romano, como el «basileus» griego. Al añadir la terminación griega – itas tenemos la melquitas forma, igual a basilikos. Cabe señalar que el radical, tercera parte de la raíz semítica es caf: no hay guturales. Por lo tanto la forma correcta de la palabra es melkita, en lugar de la habitual forma melquita. La pura palabra siríaca es malkoyo (malakiyyu del árabe; vulgar, milkiyyu).

Para los musulmanes historiadores, hasta el siglo XV, «melquita» era sinónimo de «católica». El Patriarca de Roma, es decir, el Papa, fue nombrado jefe de la religión melquita. Después de la invasión de los tres patriarcados por el Islam, fueron los melquitas con los bizantinos, los únicos en el Este de estar en comunión con el Papa y la sede de Roma.  Durante los siglos VII y VIII buen número de papas  eran de origen melquita entre ellos,  Pedro III, Patriarca de Antioquía, opositor a los calcedonianos, después del Gran Cisma entre Roma y Constantinopla,. Con la caída de Constantinopla en 1453 en las manos de los otomanos y la posterior invasión de los tres Patriarcados melquitas, hasta el final de la primera Guerra Mundial  , las persecuciones fueron tantas y tan intensas que podemos considerar un milagro de supervivencia de las Iglesias orientales.

Gracias a los misioneros europeos (jesuitas, franciscanos, capuchinos y carmelitas), un movimiento de «despertar» cristiano se manifestó en el siglo XVII en el Este. Este movimiento ayudó a los cristianos a recuperar la confianza en su Iglesia, su historia y su tradición. Este «despertar» les permitió dirigir hacia Roma y el catolicismo por el cual estos misioneros trabajaron, a pesar de las dificultades creadas por los Patriarcas de Cosntantinopla, que fueron apoyados por los sultanes otomanos. Este apoyo dio a los patriarcas de Constantinopla un dominio a todos los cristianos del Imperio que gobernaba, independientemente de su individualidad o su identidad particular. Este mismo apoyo que animó a un gran número de melquitas a la liberación de la autoridad Constantinopla y declarar oficialmente la unión con la Sede Romana.

Con la muerte del Patriarca de Antioquía, Atanasio III Dabbas, en 1724, fue elegido a la Sede Cirilo Tanas (pro-romana). En oposición a este hecho el Patriarca de Constantinopla , Jeremías III, creyó que su autoridad había sido cuestionada.

Jeremías declaró que la elección de Cirilo era inválida, excomulgándolo y nombrando a Silvestre, un monje griego, para la sede patriarcal de Antioquía.


Notas:

  1. Monofisismo: se dice de quienes profesaban la doctrina teológica que sostiene que en Jesús sólo está presente la naturaleza divina, pero no la humana.

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El manuscrito mudéjar-morisco de Ocaña

Aljamiada como cultura de resistencia ©Mabel Villagra

En 1969, durante el arreglo de un muro que perteneció a la Casa de la Encomienda, situada en el casco histórico de Ocaña, se descubrió una alacena oculta que había resguardado de las inclemencias humanas y temporales un tesoro. Ante los ojos atónitos de los testigos presentes salieron a la luz nueve manuscritos árabes del medioevo, un pergamino en forma de damero, un palito con pintas en sus cuatro costados y una babucha. Conscientes del valor histórico del hallazgo y tras consultar a especialistas, los dueños de la Casa de la Encomienda decidieron llevar los documentos a la Escuela de Estudios Árabes en Granada para un exhaustivo estudio, pero un desgraciado accidente acaecido durante su traslado dio al traste con estos nobles propósitos. Aunque los documentos se habían podido rescatar de aquella noche aciaga y lluviosa, el trágico suceso afectó a los ánimos de proseguir con la investigación.

Más tarde, en 1972, se publicaron los primeros datos acerca de los manuscritos, que se pueden datar entre el principio del s. XIV y el fin del s. XV, bajo el título «Libros árabes, aljamiados, mudéjares y bilingües descubiertos en Ocaña (Toledo)» en la Revista de Filología española, tras un examen previo llevado a cabo por el Dr Juan Martínez Ruiz y la Dra Joaquina Albarracín Navarro. En 1987 la Dra Joaquina Albarracín, junto con el Dr Juan Martínez Ruiz, publicó parte de uno de los manuscritos en una traducción titulada «Medicina, farmacopea y magia en el «Misceláneo de Salomón». En 1992 la Dra María Jesús Viguera Molins publicó en un breve y excelente artículo titulado Les mudéjars et leurs documents écrits en árabe el contenido de una carta fechada que estaba encuadernada junto con uno de los manuscritos, aunque el texto de la carta no tenía nada que ver con el texto del manuscrito en cuestión.

En 2001 se ha presentado la tesis doctoral dedicada a uno de los manuscritos bajo el título Historias religiosas musulmanas en el manuscrito mudéjar-morisco de Ocaña. Esta tesis constituye la primera traducción completa de uno de los nueve manuscritos hallados en Ocaña. Esperamos que en los próximos años se publicarán los textos y estudios de todos estos manuscritos, para que, tanto por su contenido como por su soporte material, puedan arrojar luz sobre el texto, la factura y la utilización de libros en el ámbito castellano de la España mudéjar-morisca y cuya presencia es, debido a su escasez, tan poco conocida. La presencia musulmana en la península ibérica.

La presencia musulmana en la península ibérica.

 En 711 llegan los primeros musulmanes a la península guiados por riq ibn Ziyd. Sin apenas encontrar resistencia por parte de la debilitada monarquía visigoda, conquistan Hispania y logran establecerse manu militari en el territorio, al que llamarán al-Andalus. En 755, la llegada de Abd al-Ra­mn ibn Mutwiya, el último omeya escapado de la matanza de la familia califal en Damasco a manos de los Abbasíes, significa para al-Andalus la fundación de una nueva dinastía y el inicio de un nuevo régimen político dirigido con mano firme por el joven Abd al-Ra­mn I como am¯r al-Andalus; al mismo tiempo, apoyada en una excelente administración de recursos humanos y materiales y una superioridad militar, se va perfilando una cultura única y espléndida en una Europa postrada en la miseria, a la que se transmitirán los saberes clásicos enriquecidos con las aportaciones originales y nuevas del Islam Oriental y Occidental.

El emirato omeya durará hasta 929.8 En esta fecha el emir Abd al-Ra­mn III, llegado al trono en 912, se declara califa, independiente del califa abbasí en Bagdad. Bajo su reinado, desde 912 hasta 961, se produce una eclosión cultural sin precedentes, de la que es testimonio la ciudad palaciega Madinat al-Zahr. El segundo califa, su hijo Al-pakam II (961-976), culto y prudente, reunirá una vasta y rica biblioteca que será pasto de las llamas por orden del usurpador Almanzor (m. 1002) para contentar a los rígidos alfaquíes malikíes de Córdoba. El califato omeya en al-Andalus durará hasta 1031 y, tras serias revueltas, da paso a los reinos de taifas. De esta manera, Sevilla, Badajoz, Córdoba, Málaga, Toledo, Denia, Murcia, Zaragoza y Granada serán regidos con mayor o menor suerte por los régulos locales. El declive político trajo consigo el declive militar y permitió a los cristianos del norte la conquista paulatina de las distintas comarcas.

La conquista de Toledo en 1085 por Alfonso VI significó una alteración grande para los musulmanes en Castilla. Después de ser mayoría  en territorio islámico, pasaron a ser una minoría en territorio cristiano, llamándose almudaŷŷanÔn ‘los domesticados’, mudéjares, como musulmanes que permanecen en el territorio conquistado y están sometidos a un régimen no-musulmán. En 1236, Córdoba y en 1248, Sevilla serán conquistados por Fernando el  Santo .

Sólo el reino nazarí de Granada quedará como último baluarte ante el oleaje bélico cristiano y resistirá hasta 1492. La entrada de los Reyes Católicos en Granada anuncia el fin de ochocientos años de esplendor político y cultural islámico. Sus súbditos musulmanes perderán año tras año consideración y serán perseguidos por su condición de moriscos, llamados así por ser musulmanes viviendo en territorio cristiano después de 1492. A pesar de las conversiones forzadas, los últimos moriscos son obligados a partir en 1611, pasando así la última página del libro de la historia de al-Andalus.

 Breve descripción de Ocaña

 Habitado el lugar desde muy antiguo, y situada la villa en la calzada romana que unía Mérida con Zaragoza, Ocaña, según las palabras de Basilio Pavón Maldonado, siguió un proceso en su formación urbanística que arranca en la época islámica y crece a expensas del prestigio que le dieron las órdenes militares de Calatrava y Santiago. La célula primaria era la ciudadela islámica. En este recinto hubo mezquita sustituida en el s. xiv por la iglesia de Santa María.» Más tarde, Alfonso VII la concede «Carta Puebla».

En el s. XIV y XV las poblaciones mudéjar y judía se radicaban en aljamas en el cuadrante NO de la villa, cerca de la iglesia de Santa María. En la villa se celebraron Cortes en 1422 bajo el reinado de Juan II y en 1468, convocadas por Enrique IV. En los edificios, palacios, torres y conventos, casi todos edificados en los siglos XV y XVI, quedan reflejados vestigios de la presencia mudéjar, así como en los restos de cerámica hallados en sus predios. Sin embargo, la colección de manuscritos hallados en 1969 forma, entre estos vestigios, un conjunto excepcional de materia escrita y cuyo significado urge conocer para contribuir a una correcta interpretación de la historia de Ocaña dentro del marco de la civilización islámica de la comarca toledana.

Por Iris Hofman Vannus


Referencias:
  • Los datos fueron publicados en la Revista de Filología española, LV, 1972 (1973), p. 63-63.
  • KONINGSVELD, P. Sj. van, Andalusian-Arabic Manuscripts from Christian Spain: A Comparative Intercultural approach, en Israel Oriental Studies, XII, p. 75-110. Leiden, Brill, 1992. Se hace mención a la colección en la pág. 98 de la citada revista, bajo el epígrafe «Toledo – Private collection of Don Rafael del Aguila Goicoechea and his wife Doña Luisa Tejerina»
  • VALLVÉ BERMEJO, Joaquín, La emigración andalusí al Magreb en el siglo XIII (Despoblación y repoblación en al-Andalus), en Al-Andalus: sociedad e instituciones. Madrid, Real Academia de Historia, 1999, p. 253-295. 10 PAVÓN MALDONADO, Basilio, Ocaña: Una villa medieval, Madrid, Asoc. Española de Orientalistas,
  • Anaquel de Estudios Árabes 2003, 14 119-127

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Casablanca, Marrakech y Agadir: travesía ida y vuelta a Marruecos

Cada tarde, la plaza Jemma Al Fna vive su mágico y mítico atardecer con el encendido de las luces de todos sus chiringuitos entre los últimos rayos de sol

A solo cien kilómetros al oeste de Canarias, Marruecos nos abre las puertas de tres de sus ciudades más emblemáticas a través de la aerolínea Binter, que vuela regularmente a Casablanca, Marrakech y Agadir. Con este plan de vuelos, con billetes desde solo 90,33 euros por trayecto (comprando ida y vuelta), podemos convertir nuestro viaje en una excursión a tres bandas y disfrutar asimismo de los campos, ríos, llanuras y pueblos, y de esa gran cordillera del Atlas, con picos nevados la mayor parte del año, durante una gran parte del camino.

Supongamos que entramos por el norte, por Casablanca, y seguimos nuestro recorrido en tren o automóvil hacia Marrakech. Allí nos detendremos para adentrarnos en la ciudad imperial por excelencia del Reino y, cargados de regalos, proseguiremos nuestra ruta hacia uno de los territorios más espectaculares del país, la región de Sus Masa y su capital, Agadir.

Casablanca

La capital económica y financiera de Marruecos y su ciudad más poblada, Casablanca, nos ofrece al salir del aeropuerto internacional Mohamed V una curiosa mezcla de la cultura milenaria local y las influencias de la Europa mediterránea. Sus calles y amplias avenidas recuerdan a cualquier metrópoli occidental, surcada por un moderno tranvía morado que va y viene transportando un crisol de personajes, desde el joven ejecutivo de chaqueta y corbata al abuelo en chilaba y babuchas, desde la mujer vestida a la moda parisina a la que conserva el gusto por las sedas y ricas túnicas árabes; contrastes que se repiten cada día a lo largo de los bulevares y cafeterías de terrazas al estilo francés.

El origen de su nombre, dicen, se debe a una pequeña casa blanca en una colina llamada Anfa que los marinos portugueses fijaron como referencia en sus travesías, pero realmente se hizo conocida cuando saltó a los titulares de todo el mundo por la histórica reunión de Churchill y Roosevelt para acordar el Día D, o por la película hollywoodense que protagonizaron Ingrid Bergman y Humphrey Bogart con Sam, el pianista que interpretaba la canción As time goes by.

Su núcleo urbano presenta una extensa planta arquitectónica contemporánea, conformada por sedes de grandes bancos, multinacionales e instituciones internacionales, muchas con fachadas acristaladas, junto a otros edificios clásicos y monumentos construidos en la segunda mitad del siglo pasado, con no pocas referencias de Art Decó, y hoteles de negocios de lujo, tiendas y restaurantes exclusivos en sus avenidas surcadas por los raíles del tranvía.

A medida que se sale del centro urbano, el wall street de la economía marroquí, comienza el sabor auténtico del país más desarrollado del Magreb. Se podría decir que Casablanca es el escaparate occidental de Marruecos, aunque trufado de todas las costumbres originales autóctonas que sus gentes llevan a las grandes plazas, parques y paseos, a sus abigarrados zocos, de múltiples artesanías, telas y joyas, o a sus vistosos mercados de frutas y verduras. Sus dos medinas, la antigua y la moderna, representan, junto a la Gran Mezquita de Hassan II, segundo edificio religioso más grande del mundo después de la Meca, el corazón musulmán de la ciudad.

Resulta casi obligatoria la recomendación de caminar al atardecer por el Paseo de la Corniche, al borde del mar, hasta el faro el Hank, porque representa la zona esencialmente turística de Casa, como la llaman muchos marroquíes. Se extiende a lo largo de un tramo de playas de unos ocho kilómetros, con restaurantes, hoteles, bares y discotecas.

Casablanca es posiblemente la mejor opción que un viajero puede elegir para adentrarse por primera vez en la mítica y eterna Marruecos, tierra de leyendas y amalgama de las tradiciones del lejano Oriente de Las mil y una noches.

Marrakech

La entrada a Marrakech por su aeropuerto, el modernísimo Menara, nos sumerge de lleno en la cultura árabe y en sus manifestaciones más antiguas, solo que acompañados de una multitud de turistas que transitan a todas horas por las calles de su Medina fortificada, escenario central del trasiego de vendedores y compradores. La más célebre ciudad imperial marroquí, la Ciudad Roja, como también se la conoce por el color de sus murallas, es un gran zoco que respira animación de día y de noche, y el primer destino turístico del país, con diferencia.

Todo Marrakech es un gran zoco en el que se puede encontrar magníficas artesanías de calidad y buen gusto

El viaje nos traslada de inmediato a su milenio cumplido y a su legado conformado por numerosos monumentos declarados Patrimonio de la Humanidad, que corona ese gran espacio inmaterial que es su no menos mítica plaza de Djema el Fna, activa las 24 horas del día, siempre intensa y a rebosar con todo tipo de actuaciones. Malabaristas, músicos, encantadores de serpientes, magos y un sinfín de personajes que parecen surgidos de un plató de cine nos salen al paso o nos invitan a sus puestos de frutas y jugos naturales, ordenadísimos y pulcros, o a sus chiringuitos de parrilladas de carne, pescado, caracoles y otros manjares propios de la tierra. Quien visita por primera vez Marrakech no debería perderse el crepúsculo y el encendido de las luces de los puestos desde una de las muchas terrazas que rodean la plaza-escenario, en medio de los ritmos entrecruzados de tambores, flautas y curiosos instrumentos de cuerda. Es precisamente cuando Djema el Fna se eleva definitivamente a su dimensión mágica, única en todo el planeta.

También el recorrido por las estrechas calles de la Medina nos llevará a múltiples sorpresas y recovecos, a veces a un ritmo trepidante, con oasis de hoteles y restaurantes en el interior de nobles edificios, los llamados riads, que ofrecen cuidadísimos jardines interiores, en ocasiones insólitos por su colorido y dimensiones, e ingeniosas fuentes, con creaciones de sonidos hechos con las cadencias del agua, para lograr esos rincones de paz, sosiego y buen gusto marca de la casa, todo ello ante una buena taza de té bien servida y la reconocida repostería local de frutos secos y almíbares.

En Marrakech es posible realizar las mejores compras de todo Marruecos, con precios de ganga si se está dispuesto a regatear, algo que no solo nos hará sentir satisfechos por la adquisición de esa pieza por unas pocas monedas, sino que nos permitirá comunicarnos a través de esa noble liturgia, también inmaterial, de los zocos árabes. Entre sus muchos artículos, son muy apreciadas sus ingrávidas lámparas preciosas, sus trabajos de cuero o hierro, las joyas, sus cajas y objetos de madera, sus telas, sus cuadros y un sinfín de productos artesanales, junto a ese sutil entramado de especias que inundará nuestros paseos con exóticos aromas.

Pero esta maravilla mundial, siempre con la cordillera del Atlas de fondo, guarda otras muchas sorpresas, tanto dentro de sus murallas como en las zonas modernas, con sus grandes centros comerciales, tiendas de ropa de franquicias de renombre, restaurantes y hoteles, junto a las más populares marcas de comida rápida o deportes.

Al anochecer, Marrakech se convierte en leyenda viva, con idas y venidas de vivencias que nos transportarán a aquellos relatos de Sherezade que consiguieron mantener despierto al sultán cada madrugada hasta el alba.

Agadir

La oferta turística del Marruecos costero, lo que llamamos de sol y playa, tiene un nombre: Agadir. A la capital de la rica región de Sus Masa se llega a través del aeropuerto Al Massira y su bella terminal de estética netamente árabe.

Agadir posee kilómetros de playas de arena blanca donde es posible realizar todo tipo de deportes

La apuesta de este enclave atlántico, con un clima y temperaturas muy parecidas a las de las Islas, pasa por aprovechar sus kilométricas bahías y su gran variedad de olas, de las que disfrutan cientos de surfistas procedentes de Europa, que se pasean a todas horas descalzos, embutidos en sus trajes de neopreno, y sus tablas bajo el brazo.

Los deportes náuticos son, además de sus campos de golf y clubes hípicos, el punto fuerte de este destino que se despereza en torno a su gran playa de seis kilómetros de arena blanca que remata su fachada marítima, con un amplio paseo, diseñado por un arquitecto canario, que recuerda al de Las Canteras. Su litoral está plagado de hoteles de cuatro y cinco estrellas, restaurantes y terrazas, muy frecuentados al caer la tarde por los turistas, que apuran sus aperitivos ante las siempre espectaculares puestas de sol, pero también por saltimbanquis, malabaristas y músicos que amenizan los últimos rayos del día.

Agadir es la capital de una de las regiones más sorprendentes de Marruecos. A los atractivos turísticos costeros se suma su carácter nacional profundo, con sus zocos tradicionales y aquellos que se levantan a lo largo de su geografía urbana y periurbana con las especialidades locales. Aquí es posible degustar las mejores frutas y verduras de todo el país, pues por algo es una de las principales huertas de África Occidental, un espectáculo en sí mismas, como las especias y todo tipo de cultivos, que harán las delicias no solo de los veganos, sino de cualquier comensal que aprecie el buen sabor de los productos de la tierra. Y para los amantes del pescado y los frutos del mar, solo basta decir que estamos en el puerto pesquero por excelencia de la costa atlántica de Marruecos. Una gran variedad de restaurantes y chiringuitos nos ofrecen justo al lado de las olas sus cartas de especialidades marinas, del mar a la mesa, con el valor añadido de su precio, realmente asequible.

La orografía de esta región sorprenderá a senderistas y excursionistas, puesto que está bifurcada por lechos de lo que fueron grandes ríos, con orillas fértiles cultivadas bajo palmerales de ensueño. Los itinerarios de montaña conectan directamente con la ruralidad, muy arraigada en estas coordenadas, donde podremos contemplar estampas que solo hemos visto en postales, con pastores y labradores que parecen haber salido de un portal de Belén.

La ubicación de Agadir ofrece asimismo otras alternativas atractivas, como la visita a lugares que figuran en los mapas turísticos por sus originales señas de identidad, como la vecina Esauira o “la abuela de Marrakech”, que es como se conoce a Tarudant, una ciudad que vive dentro de unas murallas rojizas y donde el tiempo parece haberse detenido en la Edad Media; con el añadido de que ambas travesías están cuajadas de poblaciones y paisajes que nos harán pararnos a cada rato para disfrutarlos.

Con información de El Diario

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