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Proverbio Árabe – El beneficio

Los notables planean, los grandes lideran, los héroes conquistan… y los cobardes se benefician.



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El Masbaha de mi abuelo

De pequeño solía verlo sentado frente al gran granado del patio en la vieja casona de Damasco. Con la mirada perdida como queriendo adentrarse a un inmenso mundo interior.

Entre sus manos que delataban casi un siglo de trabajo duro, un masbaha con cuentas de madera y marfil parecía explicar cada día de su vida en esta tierra.

Recitando oraciones secretas en cada esfera, un eterno suspiro en cada cuenta, una plegaria y una respuesta a la pregunta que solo él podía conocer.



El masbaha de mi abuelo era el camino a la sabiduría, el perdón, la paciencia, la contemplación y la paz.

El atardecer no se hacía esperar y después de darle muchas vueltas levantaba su mirada en torno a mí, esbozaba una leve sonrisa y con sus ojos de muchos amaneceres y desiertos eternos, alineados a los míos decía con voz suave cual canción de cuna: Bismilahi Rahmani Rahim.

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El Calendario Musulmán – Único calendario lunar

El calendario musulmán comienza en el 622 de la era cristiana, con la huida de Muhammad de La Meca; es el único calendario lunar que se usa en la actualidad, no sigue las estaciones y tiene un anticipo de entre 10 y 12 días por año con respecto al calendario gregoriano.

El calendario musulmán, es el único calendario lunar (354 o 355 días; con meses de 29 y 30 días), utilizado en la actualidad. El año 2019 de la era cristiana se corresponde con el año 1440 de la era musulmana, año que comenzó el día 12 de octubre del pasado año 2018.

La Hégira

Los musulmanes toman desde el año 622 d. C. el primer día del año lunar en el que se produjo  -16 de julio de 622- como referencia para su calendario.

Este hecho llamado “la Hégira”, tuvo lugar cuando los seguidores del Profeta se hicieron numerosos en la Meca y las autoridades, empezaron a verle como una amenaza contra el orden establecido, pues proponían la eliminación de todos los dioses y su sustitución por el dios único Allâh, por lo que se le acusó  de impostor y comenzaron las persecuciones.

En el 637, fue el califa Omar quien hizo oficial la costumbre de fechar los acontecimientos a partir de la hégira.

Las amenazas a la seguridad de Muhammad llegaron a tal extremo que, después de la muerte de su esposa Jadiya, decidió huir a la ciudad de Medina considerándose el momento de esa huida o migración, como la fecha fundacional del Islam que marca así su año primero.

Una vez en Medina, Muhammad se convirtió no solo en un caudillo religioso, sino también político y militar.

Los enfrentamientos entre las ciudades de Medina y La Meca culminaron con la conquista de esta última por los seguidores del Profeta en el 630, fruto tanto de la presión militar como de la negociación política y los convenientes enlaces matrimoniales.

Un Muhammad triunfante, eliminó del santuario de la Kaaba – piedra negra procedente de un meteorito que se veneraba en La Meca – los ídolos que lo ocupaban, siendo inmediatamente consagrado a Allâh.

Poco antes de morir, el profeta realizó una peregrinación de Medina a La Meca, que ha servido de modelo para efectuar este rito, que todo musulmán debe realizar al menos una vez en su vida.

Su muerte el 8 de junio del 632 sin heredero varón, produjo una serie de luchas por la sucesión, recayendo el cargo en el suegro del profeta Abu Bakr, convertido así en su sucesor y el primer califa de los denominados “ortodoxos”.



El año lunar musulmán

El hecho de que se rija por ciclos lunares, hace que tanto los 12 meses del año como las fiestas sean móviles. Para alguien ajeno a ello, resulta extraño que no exista un sistema para mantener los meses fijos en la misma estación con respecto al sol. De este modo, retroceden todas las estaciones en ciclos de 32 años y medio. En estos ciclos, los años bisiestos son 13 y se corresponden con el 2º, 5º, 7º 10º, 13º, 16º, 18º, 21º, 24º, 26º y 29º de cada ciclo. El día extra se añade al último mes del año.

Las semanas son también de siete días. Festivo es el viernes, día en que se acude al rezo comunitario en las mezquitas. De ahí su nombre de día de “la asamblea”. El sábado seria día “del reposo”, en referencia al sabat judío. Por tanto, el primer día de la semana es el domingo.

En este sistema, las referencias más seguras del tiempo las ofrecen las festividades religiosas. Éstas quedan establecidas de modo fijo en un día del mes. Los nombres de los meses provienen de la arabia preislámica. De esta época, también el Islam preservó el carácter sagrado de 4 meses, que se correspondían con la paz obligatoria entre las tribus. Fechas propicias para realizar peregrinaciones o ayunos voluntarios (Qur. 9, 36). Los meses 2º (Safar), 4º (Rabi’ al-Thani), 5º (Yumada al-Wula) y 6º (Yumada al-Thaniya), no tendrían ninguna fecha festiva.

El calendario musulmán

Muharram (mes 1º). Día 1: primer día del año. Dia 10, día de difuntos.

Rabi’ al-Awwal (mes 3º). Día 12: nacimiento del Profeta.

Rayab (mes 7º). Día 27: viaje nocturno de Muhammad.

Sha’abán (mes 8º). Día 15: noche en que se perdonan los pecados.

Ramadán (mes 9º). Mes del ayuno. Día 27: noche en que el Corán descendió a la tierra.

Shawwal (mes 10º). Día 1 al 3: ruptura del mes de ayuno.

Du al-Hiyya (mes 12º). Días 8 al 10: peregrinación a la Meca. Día 10: fiesta del Sacrificio. Los shiíes incluirían en este mes el día 18, en el que Muhammad designó a ‘Ali como su sucesor.

La descompensación que produce este cómputo del tiempo, causa grandes complicaciones a la hora de establecer compatibilidades con el año solar. Tradicionalmente, se han elaborado tablas de concordancias. Hoy día, los programas informáticos facilitan esta labor.

Por José María Hidalgo López

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El camino de Damasco

Jinete árabe en un paisaje – Adolf Schreyer

Lejos brilla el Jordán de azules ondas
que esmalta el Sol de lentejuelas de oro,
atravesando las tupidas frondas,
pabellón verde del bronceado toro.

Del majestuoso Líbano en la cumbre
erige su ramaje el cedro altivo,
y del día estival bajo la lumbre
desmaya en los senderos el olivo.

Piafar se escuchan árabes caballos
que, a través de la cálida arboleda,
van levantando con su férreos callos,
en la ancha ruta, opaca polvareda.

Desde el confín de las lejanas costas,
sombreadas por los ásperos nopales,
enjambres purpurinos de langostas
vuelan a los ardientes arenales.

Ábrense en las llanuras las cavernas
pobladas de escorpiones encarnados,
y al borde de las límpidas cisternas
embalsaman el aire los granados.

En fogoso corcel de crines blancas,
lomo robusto, refulgente casco,
belfo espumante y sudorosas ancas,
marcha por el camino de Damasco.

Saulo, eleva su bruñida lanza
que, a los destellos de la luz febea,
mientras el bruto relinchando avanza,
entre nubes de polvo centellea.

Tras las hojas de oscuros olivares
mira de la ciudad los minaretes,
y encima de los negros almenares
ondear los azulados gallardetes.

Súbito, desde lóbrego celaje
que desgarró la luz de hórrido rayo,
oye la voz de célico mensaje,
cae transido de mortal desmayo,

bajo el corcel ensangrentado rueda,
su lanza estalla con vibrar sonoro
y, a los reflejos de la luz, remeda
sierpe de fuego con escamas de oro.

Julián del Casal, Cuba 1863-1893



Abandonó sus estudios de leyes para dedicarse a la literatura. Viajó a Europa (Madrid), y volvió a Cuba.Trabajó como escribiente en la Intendencia de Hacienda y de corrector y periodista luego. En la obra de Casal se ven todos los elementos que constituyeron la temática y el carácter del modernismo. Fue amigo de Rubén Darío.

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La paloma y el cálamo – Cuento sufí

Erase una vez en Damasco, en aquellos días lejanos cuando reinaba la paz. Se cuenta, que el hijo del jardinero del palacio Azem encontró una paloma enferma, casi inmóvil en un parterre del jardín.
Agachándose, la acaricia y pregunta:
“¿Qué te ocurre?”

“Estoy enferma – responde la paloma – de miedo por el futuro que he visto, enferma de muerte por el sufrimiento y dolor que se cernirán sobre esta tierra”.

“¿No puedo curarte?”
“Nada ni nadie puede curar el horror de la visión, nada más puedo decirte.
– El futuro a los humanos se les revela sólo a su tiempo.
– No obstante déjame cumplir con mi misión ya que me queda poco tiempo”.
“Escucha”:
“Arranca y toma para ti una pluma,
de mi pecho, junto al corazón,
la pluma tornasolada, verde. azulada.
Y mis ojos, serán tus ojos,
mis alas, tu dirección,
mi pluma, tu cálamo
mi vuelo, tu inspiración”
“Se me ha encargado revelarte – continuó la paloma – que tu misión en la vida será la búsqueda y la lucha por la paz”.

“Pero… ¿Qué puedo hacer yo? Desde mi nacimiento vivo entre estos altos muros mi señor, el gobernador, me cuida y sustenta, raras veces salgo salvo para ir a encargos al zoco. Apenas tengo contacto con el mundo exterior no hablo más que con el granado, los geranios, las adelfas y ahora contigo. Y hasta dudo por ello de mi cordura. Sólo Salomón tenía esa cualidad y yo soy solo un labrador”.

“Sigue estas simples instrucciones –le indicó la paloma -: Escribe con mi pluma y siempre con tinta verde, deja fluir tu pensamiento y libre el movimiento de tu mano”.

El muchacho acarició a la paloma mientras expiraba, la enterró cuidadosamente al pie de un olivo joven y se despidió de ella de la siguiente forma:
«¡Que la paz sea siempre contigo!
Que tu viaje sea como el del Profeta y que te dirija a los jardines prometidos
y que en ellos encuentres todo lo que te faltó en tu existencia terrenal.
Allí, si Dios lo quiere, nos reuniremos».



Después de lo acaecido, el muchacho siguió con su tarea meditando todo ello y decidió comprobar si todo había sido un sueño.
Al final del día fue al bazar, compró papel y tinta y en la soledad de su habitación tomó una hoja y en ella escribió cuatro preguntas:
¿Quién soy?
¿De Dónde vengo?
¿Cuál es mi fortuna?
¿A quién me dirijo?

Al cabo de un momento su mano, tenuemente iluminada por la vela, como dirigida empezó a moverse y pausadamente a escribir:

Yo soy
El hijo de la palmera
del olivo y de la higuera.
de la parra y del jazmín
de la caña y la yuca
de la chumbera y la vid.
Yo soy
Del naranjo y el limonero,
del pino y el ciprés
Del tomillo y el romero,
hijo de jardinero.
Yo soy
de piedra y de hiedra.
del huerto y del jardín,
mi aliento es albahaca y yerbabuena.
La acequia, el manantial y la fuente,
son la sangre que corre por mis venas.
Mi piel las tierras y las arenas.
Mis ojos son agua del mar,
del color de los azules y las nubes,
del cielo.
Mi voz es la brisa del Mediterráneo.
Yo soy
hijo de Oriente,
del desierto y del oasis,
y del viento de Poniente,
del minarete,
y del sol naciente.
Yo soy
de la duna y de la luna.
Esta es toda mi fortuna.
Y esta es Padre, mi oración:
A Ti me dirijo:
Trátame con compasión.
Que vengo desde Ur, de Caldea.
De largo viaje, ya cansado.

Cuidadosamente apartó y limpió el cálamo y comprobó que nada era imaginario.

Meditó sobre el escrito, el extraño suceso de la paloma, y comprendió no solo de donde venía, sino a donde se dirigía, de quien finalmente era hijo, y, que la misión de la paloma era muy simple: que continuara la labor que ella agotada, derrotada y desesperada no pudo acabar. Y a ello y con todas sus fuerzas dedicó el muchacho todos los días hasta el fin de su vida.

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El Hakawati – Una forma muy antigua de narración de Oriente Medio

Con una espada en una mano y un libro de cuentos en la otra, Ahmad al Lahham cautiva a los espectadores que intentan evadirse en una cafetería de Damasco, escuchando historias de reinos lejanos y conquistadores valientes.

Tradición oral

Todas las noches, este sirio se pone un fez rojo (gorro de la época otomana), y se transforma en «hakawati», el tradicional narrador de cuentos árabes en la cafetería Nawfara del casco antiguo de la capital de este país devastado desde hace años por la guerra. «El oficio está en vías de extinción. Soy el único hakawati del casco viejo. Si paro, dejará de haber narradores», lamenta Abu Sami (su nombre artístico).

Encaramado a una silla de madera esculpida, este hombre de 58 años está sentado frente a un grupo de jóvenes que beben té o fuman arguile (pipa popular en Oriente). «Hemos vivido un periodo (de guerra), en el que no podíamos salir mucho, pero el propietario de la cafetería insistió en que los hakawatis sigan contando historias, aunque en realidad éramos sólo dos, él y yo», afirma. «Hoy la situación ha mejorado considerablemente y decenas de personas me esperan cada noche», afirma con orgullo Abu Sami.

Estas citas suelen tener lugar una vez por semana pero durante el mes sagrado musulmán del ramadán son diarias. Los espectadores acuden al local por la noche, después de la comida de ruptura del ayuno, y suelen quedarse hasta el alba.

Relatos atrapantes

Esta noche, los espectadores viajan al siglo XIII, con el relato heroico del sultán Baybars, y luego se dejan transportar por las aventuras del caballero pre-islámico Antar bin Shadad.

Estos mitos teñidos de bravura y acompañados de conquistas se hicieron populares después del estallido de la guerra en 2011, en detrimento de los relatos románticos y de los poemas tradicionales, según Abu Sami.

«Vivimos cada episodio del conflicto, allá donde vayamos. Todos los medios de comunicación hablan de tragedias. Venimos a la cafetería para olvidar, los cuentos del hakawati nos ayudan», afirma Mohamad Dyub, un asiduo cliente de la cafetería.

Este hombre de 49 años siempre se sienta en el mismo sitio, envuelto en el humo del arguile. A veces pide una historia en concreto. Le permite viajar «al pasado para escapar de la realidad». «El hakawati nos da un espacio para respirar», dice.



Mantener viva la tradición

Junto a él, Mohamad Jaafar, de 57 años, cierra los ojos para concentrarse en la voz de Abu Sami. «Desde el comienzo del ramadán, no me pierdo ningún relato del sultán Baybars. Estas historias nos llevan a nuestra historia gloriosa, en comparación con la situación actual».

Las paredes de la cafetería Nawfara están adornadas con mosaicos damascenos del siglo XVII, según su propietario. Los retratos de personajes históricos se codean con la fotografía de un anciano, con túnica blanca y fez rojo: «Abdelhamid al Hawari, el primer hakawati de Damasco nacido en 1885″, se lee en árabe.

El oficio es poco atractivo para los jóvenes, interesados en las profesiones bien remuneradas. Wasim Abdelhay, de 32 años, fue hakawati a tiempo completo pero su situación financiera le obligó a cambiar de empleo y ahora trabaja en una central eléctrica. Con motivo del ramadán, retoma su pasión. Con bombachos negros y cinta blanca alrededor de la cabeza, lee cuentos en un restaurante lujoso de Damasco.

«Antes de la crisis, éramos un grupo grande (de hakawatis), que íbamos a los países del Golfo. Pero a causa de la situación, no podemos viajar más, intentamos preservar la tradición aquí», recalca. «Los que quedan en el país se cuentan con los dedos de una mano».

Con información de  llibres

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Cocina árabe – Sopa de lentejas amarillas

La sopa de lentejas al estilo sirio es muy conocida en Oriente Medio y es un plato fundamental en la mesa durante la época más fría. Se sirve como entrada o plato único dependiendo si es al mediodía o por la noche.


Ingredientes

        • Una taza de lentejas amarillas
        • Una cebolla mediana
        • Una taza de calabacines cortados en cubos .
        • Una zanahoria cortada en cubos
        • Una taza de tomates sin piel ni semillas
        • Una taza de papas cortadas en cubos
        • Sal y pimienta de cayena
        • Comino
        • Cilantro
        • 2 litros de agua aproximadamente



Preparación

Lavar las lentejas para quitar impurezas. Lavar bien las verduras. Cortar las verduras en trozos. Colocar las lentejas y las verduras en una cacerola de tamaño mediano.

Llenar la cacerola con agua hasta que las verduras y las lentejas estén cubiertas. Llevar a fuego hasta que hierva  y todos los ingredientes estén tiernos.

Dejar enfriar. Poner la mezcla en la licuadora.

Luego,  colocar la mezcla en la cacerola y llevar sobre el fuego.

Agregar sal, pimienta y comino  a gusto. Cocinar durante cinco minutos revolviendo continuamente. servir con una cucharada de cilantro fresco.


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