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El Templo de la Iniciación de las Escuelas Esotéricas de Amón

Se estudiaban los libros de la Madre Eterna en este Templo, y fue en él donde con las Escuelas Esotéricas de Amón llegó al máximo esplendor el poder y la sabiduría de los Sacerdotes de Amón, con quienes alcanzó el politeísmo su mayor fulgor.




El Templo de Amón que se rememorará -la influencia de cuyos sacerdotes se hacía sentir en todo el mundo a pesar de que, físicamente, no lo abandonaban jamás-, podría ubicarse a unos cien kilómetros de Tebas, próximo al Nilo. Era de gran extensión, cuadrado, de mármol blanco.

Sus moradores, hombres y mujeres, vivían en recintos completamente separados por altos y anchos muros. Y -tanto hombres como mujeres-, estaban completamente apartados del mundo. Realmente muertos para el mundo exterior. Durante muchos años vivían en recintos, los cuales no tenían ventanas que dieran al exterior.

Para ingresar al Templo era menester, más que la vocación del candidato, ser elegido. Algunos eran atraídos hasta psíquicamente. Se ingresaba a los doce años. Tan solemne era el paso -pues verdaderamente se moría para la vida ordinaria-, que los parientes del candidato lo acompañaban como en procesión fúnebre, y lo llevaban a un recinto externo del Templo en el que no había más que un ataúd vacío en el que era depositado.

A menudo estos candidatos eran de sangre real. Esto era importante ya que los faraones, en época de esplendor, eran iniciados por los sacerdotes y éstos eran también “reales”, por su saber, su poder y su sangre.

Había siete recintos.

El ataúd, con el candidato depositado en él, era transportado al primero.

El postulante, de coronar su carrera, debía pasar por siete grados, variando la duración de cada uno, y sólo la minoría llegaba a la cima. Las enseñanzas versaban tanto sobre el aspecto físico como el intelectual; nunca a uno de ellos.

Cada grado se cumplía, sucesivamente, en uno de los amurallados recintos ya citados.

El primer grado, -que podría llamarse de “renovación física y olvido”- estaba a cargo de sacerdotes muy experimentados. En él se despojaba al neófito de todo lo que traía del mundo. Desde luego sus ropas y todo objeto personal. Se le sometía a pruebas de la vista y de escritura; se le arrancaban las uñas para librarlo de instintos animales.

Como en el caso de los novicios de las órdenes cristianas, no estudiaban. Por el contrario; se procuraba que olvidaran todo lo que sabían, lo que se conseguía mediante brebajes especiales que no sólo provocaban la eliminación de las impurezas del cuerpo, sino que también hacían olvidar todo lo aprendido.

Estos brebajes provocaban altas fiebres y se descendía mucho de peso. Dependía pues de la constitución de cada uno la duración de este grado, que variaba entre una semana o varios años.

Cuando el candidato estaba purificado y había olvidado todo lo que sabía: leer, escribir, etc., y hasta su nombre, su familia y todos los hechos acaecidos en su vida hasta ese momento, se le dormía una vez más y se le trasladaba al segundo recinto.

El segundo grado podría describirse como de “desarrollo de la inteligencia”. Téngase presente que aquí entraba el adolescente elegido, purificado y sin noción alguna de su vida anterior.

Se trataba de un lugar tan hermoso como imaginar se pueda. Todo lo que podía aportar la ciencia y el poderío de un rico imperio se reunía allí: palacios construidos con los incomparables mármoles blancos, azules y verdes del antiguo Egipto; tan maravillosos eran que servían para estudiar a los sacerdotes, los reflejos de la luz solar. En estos palacios se resumían las más hermosas pinturas, esculturas y obras de arte. Los jardines eran indescriptibles y tan cuidadas sus plantas que había casos en que una sola de éstas contaba con su cuidador exclusivo. Para los cultivos se aprovechaban las crecientes de primavera del Nilo. En este grado se estudiaban ciencia y artes. Religión, no. Se desarrollaba la inteligencia; la flexibilidad mental.




Se previene contra la posible confusión entre inteligencia y espiritualidad: un ser espiritual bien puede carecer de flexibilidad mental y, a la inversa, un intelectual carecer de espiritualidad.

En este grado se enseñaba a discernir. Después de un tiempo, naturalmente variable, poseían los estudiantes un juicio muy seguro tanto en el orden científico como en el estético.

Cuando llegaba el momento para el paso al tercer grado, -que podría calificarse de “recuerdo y elección”-, se hipnotizaba al estudiante y pasaba al siguiente recinto.

No todos, lógicamente, lograban dar este paso pues a muchos les resultaba excesivamente difícil. Dado que, una vez entrado el neófito al Templo no salía jamás, estos seres quedaban en lo que podría designarse “sacerdotes sirvientes”, entre los cuales se hallaban los embalsamadores. Los que no trascendían el primer grado se ocupaban de la proveeduría y demás aspectos de la administración material del Templo.

En el tercer grado ya leen los Libros de la Madre Divina. Estudian lo que podría denominarse “psicología”. Vuelven a recordar su vida anterior. Pero en este recinto fracasaba el setenta por ciento. El estudio de las Enseñanzas llevaba a muchos al conocimiento de que si lo único real es el Uno, de nada servía lo “demás”; ¿para que comer, o dormir o cualquier cosa que no sea Aquello? La mayoría se dejaba morir.

A partir del cuarto grado eran muy pocos los que fracasaban. Se dedicaban al estudio de la magia. Para que pudieran ofrecer a otros la oportunidad de adelantar, adquirían poderes psíquicos: clarividencia, viajes astrales, etc.

Recién en el quinto grado dedicábanse a la Contemplación.

En el sexto grado se estudiaba la Teología. Reconocían que cualquier unión lograda es momentánea; tan ligada está la personalidad a aquello que la rodea.

Cuando los sacerdotes imponían un castigo, por severo que fuera, procedían sin temor alguno pues sostenían que si el castigado era culpable, necesariamente expiaría por Karma su culpa, de tal modo que el castigo no hacía sino anticiparlo.

El Templo se encuentra ahora escondido, sepultado bajo las arenas. Los Islámicos se han encargado de hacerlo inaccesible.

Uno de los poderes que poseían los sacerdotes de Amón, era el morir por éxtasis. Habían adquirido tales conocimientos del más allá que nada temían; esto suscitó abusos que hizo necesaria una severa reglamentación.

Para ello se exigía que se juramentaran siete sacerdotes, acordando entre sí que todos ellos se provocarían la muerte llegado a determinado extremo; si uno sólo se decidía, los seis restantes debían también morir. Este pacto podía concertarse de por vida o por un término determinado.

Llegado el extremo los siete juramentados se retiraban a un lugar apartado. Ayunaban, por lo general cuarenta días; habiendo casos en que lo hacían por veintisiete o dieciocho días. El objeto de tal práctica era el de debilitar el cuerpo físico para disponer con mayor facilidad de él. Mientras tanto vivían concentrados sobre la entidad más alta concebible.




Recién pasado este ayuno se concentraban sobre sus centros, comenzando por los inferiores. Lo hacían sobre cada parte de un centro, considerando su inutilidad. Estos, vaciados de su razón de ser, cesaban de actuar.

Procedían así, sucesivamente, con todos los centros. Cuando llegaban al superior resultaba que, a pesar de todo, estaban fuertemente atados a la vida. Procedían entonces al examen retrospectivo, después del cual podían ya dar el gran paso.

Por el Maestro S. Bovisio

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Microbiólogos muertos para proteger el programa de gérmenes mortales

2003: Científicos de todo el mundo asesinados para proteger el programa de gérmenes mortales apoyado por el gobierno de Estados Unidos.




Cuando el cuerpo golpeado de Ian Langford fue encontrado en su casa de Norwich, Inglaterra, el 11 de febrero de 2003, su caso se sumó a un creciente número de microbiólogos que habían perdido la vida en circunstancias poco claras. Esta notable serie de muertes misteriosas puede incluir hasta catorce de los principales expertos en gérmenes del mundo. La primera muerte que concitó la atención de la prensa mundial ante este fenómeno fue la del científico e investigador

Benito Que, de cincuenta y dos años, quien falleció en el hospital el 6 de diciembre de 2002. Menos de cuatro semanas antes, su cuerpo inconsciente había sido hallado en una calle próxima a la Facultad de Medicina de la Universidad de Miami, donde Que trabajaba. Cuatro días más tarde, el 10 de diciembre, Robert Schwartz, de cincuenta y siete años, fue asesinado a puñaladas en su casa de Leesberg, Virginia.

Al día siguiente, 11 de diciembre, el científico Set Van Nguyen, de cuarenta y cuatro años, murió asfixiado en,el interior de una cámara frigorífica en su laboratorio de Victoria State, Australia. El 20 de diciembre, el cuerpo sin vida de Don C. Wiley, de cincuenta y siete años, fue encontrado flotando en el río Mississippi. Wiley estaba desaparecido desde el 16 de noviembre, cuando encontraron su coche alquilado abandonado en un puente cerca de Memphis, Tennessee.

Al igual que Langford, los cuatro eran microbiólogos que trabajaban investigando las enfermedades mortales.

Sus muertes fueron relacionadas muy pronto a las de otros científicos que trabajaban en enfermedades transmitidas por gérmenes, como el desertor soviético y experto en armas biológicas, Vladimir Pasechnik, de sesenta y cuatro años, hallado muerto en las proximidades de su casa en Wiltshire, el 23 de noviembre de 2002, y hasta diez científicos israelíes muertos en diferentes circunstancias, incluyendo dos accidentes aéreos, entre el 4 de octubre y el 24 de noviembre de 2002.

En 2003 se produjeron más muertes misteriosas: Vladimir Korshunov, de cincuenta y seis años, el 8 de febrero, apaleado cerca de su casa en Moscú, y, finalmente, la del mencionado Ian Langford, que contaba cuarenta años.

Todos ellos poseían amplios conocimientos relacionados con la elaboración genética de enfermedades como el ántrax, la viruela y el virus del ébola, o su prevención. En todos los casos, las muertes fueron misteriosas y / o violentas.




La teoría de la conspiración

Estas muertes fueron rápidamente relacionadas con un programa de guerra bacteriológica que, supuestamente, se estaba desarrollando por encargo de las fuerzas armadas de Estados Unidos. Muchos de los microbiólogos muertos tenían experiencia en la secuenciación genética, la rama de la ciencia molecular que identifica el código genético de todos los organismos vivos, desde las bacterias hasta los seres humanos. Estos conocimientos pueden aplicarse para la producción de antibióticos y vacunas que protegen de enfermedades específicas, y también para crear drogas a la medida del perfil genético de un individuo.

Mediante la combinación de esta información sería posible clonar enfermedades que afectasen solamente —o dejar inmunes— a grupos raciales específicos. La teoría de la conspiración sostiene que los microbiólogos conocían el programa de guerra bacteriológica, o bien estaban trabajando en tratamientos que habrían anulado sus efectos. Varias empresas comerciales vinculadas a las fuerzas armadas estadounidenses y a las agencias de inteligencia están implicadas en estas muertes, incluyendo el Instituto Médico Howard Hughes, con sede en Maryland, que aporta fondos para varios programas de investigación públicos y, supuestamente, también secretos, y que empleaba a uno de los científicos muertos: el doctor Wiley. Otra de estas empresas es Hadron Advanced Biosystems, de Virginia, que lleva a cabo investigaciones en biodefensa médica para el ejército.

También estaría implicada Dyncorp, de Washington, una empresa que suministra una amplia gama de servicios relacionados con la defensa. El trabajo que realizaban los científicos muertos podría haber hecho peligrar el programa.

Las pruebas

Las pruebas son circunstanciales. Los críticos de la teoría dicen que se pueden relacionar muertes en cualquier esfera, si uno extiende la red con la amplitud suficiente. Mirando hacia lugares tan remotos y separados como Australia, Rusia, Gran Bretaña y Estados Unidos, se pueden inferir vínculos allí donde no existen. También se ha sugerido que el mundo de la microbiología es una ciencia tan especializada que todas sus figuras más prominentes pueden estar relacionadas.

La teoría está respaldada por la proximidad de las fechas, en su mayor parte en cuestión de meses, y en algunos casos separadas sólo por semanas o días. Otro argumento para sustentar esta teoría es la naturaleza violenta y /o misteriosa de las muertes.




El veredicto

Hasta que no se disponga de un vínculo con la guerra bacteriológica en forma de una prueba escrita o declaraciones de un testigo, esto seguirá siendo una teoría. Sin embargo, las muertes son indudablemente misteriosas y, cuando menos, muestran que las carreras en microbiología deberían recibir una advertencia de peligro equivalente a la de la tarea de desactivación de bombas.

Con información de Conspiracy Encyclopedia

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