Tras la ruta de Cervantes

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Los molinos de Juan Manuel Navia

José Manuel Navia considera que Miguel de Cervantes, el personaje real, con frecuencia está “oculto tras la proyección de la figura quijotesca protagonista de su gran creación literaria”. Por ello, tomó sus cámaras fotográficas y, durante 2014 y 2015, recorrió el mismo periplo que el autor de El Quijote de la Mancha, por España, Italia, la bahía de Lepanto en Grecia, Portugal, Orán, Túnez y Argel.

“Yo lo que quería era mirar a Cervantes como un colega, recorrer lo que él hizo pero desde la época actual, con una mirada desde el ahora, y lo visualicé como un trabajo gráfico que nos permitiera narrar su vida fascinante”, dice Navia (Madrid, 1957) a Proceso.

“He querido fotografiar en los mismos escenarios donde Miguel de Cervantes (muchas veces eclipsado por su propia creación, don Quijote) gastó sus días y donde soñó muchos de sus personajes; caminos y lugares que abarcan buena parte de la península ibérica y parte del mundo mediterráneo.”

Lo explica en entrevista luego de recorrer una sala de la sede del Instituto Cervantes, en la calle Alcalá de Madrid, donde cuelga una exposición –desde el 16 de diciembre y hasta el 1 de mayo próximo– con sus fotografías a color de este periplo, muestra que coincide con los actos organizados para el 400 aniversario del fallecimiento de Cervantes.

La exposición se llama Miguel de Cervantes o el deseo de vivir, que viene acompañada con la publicación del libro del mismo nombre con 66 fotografías de la experiencia, editado con la colaboración de Acción Cultural Española, el Instituto Cervantes y Ediciones Anómalas.

Además de licenciado en filosofía, Navia es un reportero abocado más al trabajo documental y con la obsesión del poder que tiene la fotografía y su relación con la palabra, en especial con la literatura.

Al hablar de este trabajo y de su enfoque, trae a la conversación al escritor Vicente Leñero, subdirector fundador de Proceso, a quien conoció y con quien trabajó para una serie de reportajes sobre América.

“Yo trabajo mucho bajo el concepto de territorios literarios, me gusta mucho mirar sobre lo que escribieron otros, me parece más motivador como fotógrafo. Y por eso es que conocí a Vicente.

“Por mi vinculación muy cercana con la revista Semanal del diario El País, donde fui editor gráfico, en 1994 les propuse una serie de reportajes que se llamaron ‘Viaje al Sur’. Entonces fue que trabajé con Vicente Leñero, con Augusto Roa Bastos y con el italiano Antonio Tabucchi, materiales que se publicaron durante ese verano.

“A partir de mi trabajo fotográfico, Leñero hizo un extraordinario texto, una maravilla, sobre México, D.F., otro de Paraguay que escribió Roa Bastos y uno sobre Azores que hizo Tabucchi. Yo a los tres ya los había leído, pero con ese trabajo me di cuenta de cómo los dos territorios, el de la escritura y la fotografía, se complementan a la perfección. Para mí tuvo sentido porque me interesa el lenguaje por venir de la filosofía, pero me gusta la fotografía… la palabra y la imagen son hermanas.”

Bajo esta mística de trabajo, Navia inició en 2003 un encargo editorial para fotografiar el entorno en que vivió y se aventuró El Quijote, en España, cuando se cumplían 400 años de la publicación de la primera parte de la obra de Cervantes. El resultado fue el libro Territorios del Quijote, con 200 fotografías, que documentaron la interpretación de Navia en ese sentido.

“Fue un libro que me permitió viajar durante año y medio por España, por La Mancha, siguiendo la ruta de don Quijote, pero yo siempre miraba más que a La Mancha a Castilla la Vieja, la Castilla del Norte, como la conocemos aquí, porque como no conocemos exactamente el territorio escrito por Cervantes –imaginación pura–. Mi interpretación se correspondía más con Castilla la Vieja.”

Navia se implicó tanto en esta forma de trabajo y en interpretar desde la actualidad la obra de Cervantes, que en 2009 se fue con su familia a vivir a un pueblo manchego, y apoyado por las instituciones con las que ya había trabajado, buscó continuar su andadura.

No sólo hizo una segunda parte del primer libro, sino que empezó a pergeñar lo que sería la más reciente de sus obras documentales, que es cazar en imágenes el periplo del escritor Miguel de Cervantes.

“Le propuse este trabajo a las mismas instituciones y les pareció muy bien recorrer la vida de Cervantes pero desde la época actual, y como mi trabajo se circunscribe más en la fotografía de autor, eso me permitió convertirla en una narración en tiempo actual de una vida fascinante y basada en la mejor obra, que es la propia vida de Cervantes, el Cervantes de las llanuras, el de Italia, el de Lepanto, el Cervantes y los moriscos…”

Navia dice: “El reto era enfrentarme sin reservas, una vez más, a la difícil y apasionante relación que se establece entre imagen y palabra, por eso es un trabajo documental subjetivo, no es un trabajo documental al uso mostrando monumentos del siglo XVI o todas esas casas museo donde vivió o por donde pasó Cervantes”.

El tránsito de Navia por Alcalá de Henares, donde nace Cervantes, está registrado con una imagen de la obsesión por los títeres o en Córdova con una fachada salpicada por unas sombras representando la primera migración a esta ciudad andaluza, a donde su padre, cirujano, marcha. Registra la cotidianidad de las calles de Madrid, donde un joven Cervantes, aspirante a escritor, acude a los estudios del maestro Juan López de Hoyos, en la calle de la Villa, o retrata el bar La imaginación de Cervantes en la calle Leganitos, donde vivió la familia del escritor.

Una imagen cotidiana de la gente caminando por Nápoles es el pretexto de Navia para documentar que en 1569 Cervantes, ya al servicio del cardenal Acquaviva, “comprueba en sus carnes lo que luego pondrá en boca de Tomás Rodaja: yo no soy bueno para palacio, porque tengo vergüenza y no sé lisonjear”. Un año después, se haría soldado.

El autor capta una imagen de las oscuras aguas de la bahía de Lepanto donde en 1571 el arcabucero Cervantes arriba en uno de los navíos de la Santa Liga para enfrentarse a la flota turca, batalla en la que es alcanzado por un proyectil que le deja inutilizada la mano, de donde surge el sobrenombre de Manco de Lepanto.

“La batalla fue en este punto tan sangrienta y horrible que se hubiera dicho que el mar y el fuego no eran sino uno”, rescata Navia en su libro.

Una sobrecogedora imagen humana con máscara en un antiguo callejón de Sicilia le permite recordar que el narrador, dramaturgo y poeta universal no pudo celebrar la victoria en la batalla de Lepanto, porque es conducido a esa ciudad del sur italiano donde tardó seis meses en recuperarse de la lesión. Tras ese tiempo, Cervantes se reincorpora e interviene en episodios bélicos para “recuperar el fuerte de La Goleta, en Túnez, donde por primera vez entra en contacto con el Magreb, el mundo morisco que siempre tendrá presente”.

Al repasar la fotografía en las calles de Argel de dos mujeres musulmanas vestidas con nigab negro y el contraste de una niña menor de edad con vestimenta occidental, Navia recuerda que el tema morisco no sólo estuvo siempre presente en la vida de Cervantes, sino que es un tema actual.

Es en esta ciudad donde Cervantes permaneció cinco años en cautiverio al ser hecho prisionero por unos piratas cuando viajaba en un galeón rumbo a las costas de Cataluña.

–¿Qué pasaba por su mente cuando recorrió estos territorios, sabiendo que Cervantes los recorrió?

–pregunta el reportero a Navia.

–Te pone los pelos de punta saber que ese recorrido fue parte del bagaje que le permitió crear ese mundo literario, pero también dije: Esto es una barbaridad… recordemos que es una época en la que se viaja en galeones a tres nudos, y en mula recorrías cuarenta o cincuenta kilómetros al día, era mucho. Y él va a Roma, cuando sale huyendo muy joven de España, ahí se alista como soldado, se va a Nápoles, y con menos de un año viaja a Lepanto, atraviesa todo el Mediterráneo, primero rodea el sur de Italia, sube a la isla de Corfú, pasan frente a Ítaca y de ahí al Golfo de Corinto, para llegar a Lepanto, donde es herido. Se recupera en Sicilia, participa en batallas en Túnez, es la primera ocasión que toma contacto con África, sin saber qué era lo que le esperaba.

“Luego vuelve a Grecia donde escenifica otra de sus hazañas no lejos de Lepanto, en Navarino, entonces tú imagínate, en eso pensaba. A sus treinta y siete años deja el ejército, cobra su paga y por su valentía en la batalla recibe unas cartas de recomendación para un puesto en la administración, pero antes de llegar a Cataluña, frente a las costas de Gerona, una galera de piratas berberiscos lo captura y lo hace prisionero en Argel, donde pasa cinco años en la cárcel, y gracias a la intervención de los religiosos trinitarios que se dedicaban al rescate de cautivos, es liberado.

“Pero yo pensaba durante el viaje que Cervantes debió ser un gran seductor, porque cómo logra que no lo maten cuando intentó escapar cinco veces de su cautiverio. Es una personalidad muy compleja, incluso hay estudiosos que han llegado a afirmar que era homosexual, nada es descabellado. De hecho no tuvo hijos dentro del matrimonio, de su hija se piensa que es de una relación que tuvo fuera de él o bien que era hija de su hermana, pues como antiguamente era común que si la hermana tenía un hijo, lo reconocía el hermano, para que el niño tuviera apellidos.

“Pero regresando a tu pregunta, está claro que yo no traté de hacer un trabajo científico, sino que esa personalidad de él me permitió incursionar más en un trabajo creativo, que me daba mi libertad.”

–Como un personaje eclipsado por su propia obra, como lo refiere, hay pasajes desconocidos de su vida, eso lo hace un personaje más atractivo, ¿no cree?

–Claro, por supuesto, hay muchos pasajes de su vida que son desconocidos. Pero, por otro lado, es un personaje coherente y juega con ese desconocimiento. Para mí, lo define el inicio del Quijote, cuando dice: En un lugar de la Mancha de cuyo nombre no quiero acordarme. Lo que provoca con esa frase, porque todos los pueblos de La Mancha y todos los investigadores han estudiado eso por años, y él mismo da la clave al final, cuando dice “yo no he querido decir cuál es”, como hizo Homero, que nunca dijo donde nació, para que las siete ciudades de Grecia pudieran atribuirse la paternidad, pues aquí igual, cualquier pueblo de la Mancha puede atribuirse la paternidad. Él mismo está jugando con eso. O el hecho de inventarse como narrador homodiegético, al referir que él sólo escribe lo que escribió un autor árabe Cide Hamete Benengeli, que además es moro… eso es un recurso extraordinariamente bien logrado.

“Eso además, con la actual presencia cíclica del tema del islam, me hizo pensar en cómo Cervantes vive la expulsión de los moros de España, en 1610. A él le tocaron esos episodios y por eso está tan presente todo ello en su obra.”

Navia recordaba que Cervantes vio frustradas sus intenciones de “hacer las Américas”, el nuevo mundo al que siempre quiso viajar.

–¿Qué hubiera sido del Quijote si Cervantes logra viajar a América? –se le pregunta.

–Es una idea mía, y de muchos, que hubiera sido diferente. Cuando Cervantes va a Portugal, antes de ir nuevamente a Argelia, va a pedir que lo manden a América. En esa época ir a América era como ir a la tierra prometida y además él estaba en un punto en que quería romper con una vida, con 40 años que no había logrado encarrilar; en ese entonces la perspectiva de vida era muy corta. Pero no lo logró. Al final de su vida, volvió a pedir ser mandado a América, también sin éxito.

“Cervantes no fue un escritor en sus años de juventud, sino ya de avanzada edad. Sus primeras obras no son buenas, y logra llegar a la escritura en la madurez, no como Lope de Vega que con 20 años tenía una brillantez en el lenguaje, en el caso de Cervantes no es así, por eso escribió que no tengo de poeta lo que no quiso darme el cielo. Es claro y es consciente.

“Es un hombre tan normal, pero también con mucho genio, por eso pienso que si hubiera viajado a América, sin duda, El Quijote sería otro tipo de libro, El Quijote tendría otra perspectiva, bien se hubiera inspirado sobre la conquista o, como yo lo ubico, más cercano a fray Bartolomé de las Casas, hubiera tenido una visión realista y crítica. Él era un hombre de fe, lo que pasa es que dentro de la religión era un estoico cristiano con un gran respeto por el alma humana, y bueno, habría leído a fray Bartolomé de las Casas, sin duda, que era anterior a Cervantes.

“Se hubiera pegado unos viajes geniales. No es que sea un hombre de la gran cultura, por eso su visión era como un hombre de la calle, a él le gustaban las ventas, los caminos, era un jugador empedernido, como una persona cualquiera.”

Es por ello que Navia bromea cuando habla de la reciente búsqueda de los restos de Cervantes en el Convento de las Trinitarias, donde murió en abril de 1516, sólo cuatro meses después de publicarse la segunda parte del Quijote (diciembre de 1515).

“Son innecesarias esas búsquedas de huesos, dejemos los huesos para el cocido –dice sonriente– y busquemos más en su obra que es universal o en su vida, que igual es apasionante.”

Para robustecer su dicho, el autor de la exposición recuerda un texto que Cervantes escribió sólo tres días antes de morir, cuando ya estaba muy mal de salud, y eso lo publica su viuda ya como obra póstuma:

El tiempo es breve, las ansias crecen, las esperanzas menguan y con todo llevo la vida sobre el deseo eterno de vivir.

“Lo escribe a cuatro meses de que El Quijote hubiera caído en la playa de Cataluña. Y a punto de morir él mismo… es magnífico. Por eso creo que Cervantes cayó vencido por todo, pero acabó vencedor de sí mismo.”

Por Alejandro Gutiérrez
Con información de :Proceso

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Afganistán: ganar la guerra y perder la paz

Único superviviente del atentado contra el líder anti-talibán Masud, preludio del 11-S, Masud Jalili acaba de publicar ‘Los susurros de la guerra’.

Masud Jalili, embajador de Afganistán en España ©Jaime Villanueva
Masud Jalili, embajador de Afganistán en España ©Jaime Villanueva

Decir que Masud Jalili (Jabal Sarat, Afganistán, 1950) es un testigo de la Historia no es una exageración. Poeta e hijo de uno de los poetas afganos más famosos, Ustad Jalilulá Jalili, filólogo, diplomático y guerrillero, estaba sentado junto a Ahmed Sah Masud cuando fue asesinado por dos falsos periodistas tunecinos, con explosivos adosados a una cámara y a sus propios cuerpos, enviados por Osama Bin Laden al norte de Afganistán, dos días antes de aquella mañana de septiembre en la que el atentado contra las Torres Gemelas puso fin al siglo XX. Único superviviente del ataque, 15 años después, aún se le ilumina la cara cuando habla del León del Panshir o “el comandante” de la Alianza del Norte, como se refiere a él. Actual embajador de Afganistán en España, Jalili acaba de publicar en español y en primicia mundial Los susurros de la guerra (Alianza Editorial), un diario epistolar a su mujer, escrito durante un viaje en burro por el Afganistán que pudo haber sido y no fue, en la década de los 80, en plena invasión soviética.


Pregunta. ¿Podría repetir ese viaje ahora?

Respuesta. Desde luego que no. Debería llevar muchos guardaespaldas. Primero, porque mi mujer no me dejaría. Segundo, porque, desgraciadamente, hay partes de mi país que ahora son distintas porque lo que ahora tenemos ya no es una guerra tradicional, es una guerra terrorista, no sabes cuando le das la mano a alguien quién es. El terrorismo está provocando un efecto muy malo: está haciendo que se pierda la confianza en la gente, no confías ya ni en tu secretario, a lo mejor alguien le ha lavado el cerebro. Así que sería difícil, excepto que lo hiciese en helicóptero.

P. En el libro, hay ecos de un Afganistán que pudo ser y no fue…

R. Sí, pero la guerra de los 80 hirió de muerte la cultura de mi país. Teníamos una cultura muy fuerte, éramos todos buenos musulmanes, pero no islamistas. Esa es la diferencia. Durante mis viajes, la gente era muy amable, muy generosa, mayores y jóvenes me conocían, recitaban los poemas de mi padre. La guerra hirió la cultura, pero las nuevas generaciones van volviendo poco a poco a esa cultura… Cuando los jóvenes van a Kabul a oírme hablar sobre la guerra, les digo: ‘Dios mío, seguís teniendo humanidad’. Y veo lágrimas en sus ojos.

P. ¿Cómo recuerda el asesinato de Masud?

R. Yo era entonces embajador en India. Él me llamó para que fuera y fui. Me encontré en una pequeña habitación, asediados por los talibanes, con una pequeña vela. Hablamos sobre política y a las tres de la mañana le leí una poesía maravillosa. En Afganistán tenemos una tradición, cuando abrimos cierto libro de poesía muy importante, lo leemos al azar y lo que sale es nuestro futuro. Abrí el libro y el último verso del poema era: “Porque no os vais a volver a ver nunca más”. Al día siguiente, murió. En la mañana de ese día, me comentó que dos árabes iban a hacerle una entrevista y me pidió que estuviera con él, que yo era su amigo, un muyaidín. Nos sentamos hombro con hombro, uno de los terroristas llevaba una cámara y otro, no. En la explosión, murió. Yo perdí un ojo, capacidad auditiva en un oído y la metralla me inundó un pulmón.

P. ¿Cómo no sospecharon?

R. Fue el primer atentado suicida. No sospechamos nada y menos de periodistas, siempre habían sido buenos amigos nuestros. Lo que siempre recordaré es que cuando uno de ellos estaba preparando la cámara, sabía que iban a morir, el otro también lo sabía, pero yo no lo sabía, ni el comandante. El de la cámara me miró y nunca, nunca olvidaré esa sonrisa venenosa en su cara. Cuando se acercaba el fuego de la bomba, digamos, era todo como azul, olía mal y noté la mano de mi amigo

P. ¿Quiénes son peores para usted: los soviéticos o los talibanes?

R. Son dos guerras diferentes. La guerra contra los soviéticos era una guerra en la que intentábamos conquistar la libertad de la tierra. En la de ahora, hay que conseguir, además, la libertad de la mente. Odio más la guerra de ahora. Antes conocíamos al enemigo, ahora no.

P. ¿Qué opina del incremento del yihadismo en el mundo, pese a la muerte de Bin Laden?

R. Ya que esta guerra es distinta, si no podemos detenerla, lo que no es fácil, seguirá creciendo. Al Qaeda, Daesh [acrónimo árabe del Estado Islámico], los talibanes, todos son musulmanes, pero no todos los musulmanes son talibanes. Por eso soy optimista, creo que el mundo será capaz de detenerlos, pero lo primero es que lleva tiempo. Lo segundo, mucho dinero. Tercero, inteligencia. Cuarto, combate.

P. Ganaron la guerra, pero perdieron la paz.

R. Tiene razón. Ganas la guerra y pierdes la paz, pierdes ambas cosas. Pero estamos mejor.

P. ¿Qué opina de la intervención militar occidental en Afganistán?

R. Nos dejaron solos en 1992. En cambio, después del 11-S, Estados Unidos se dio mucha prisa en llegar a Afganistán por su propio interés, 100% estadounidense, pero aún así había un 110% de interés por nuestra parte en que viniesen. Y vinieron, nos prestaron ayuda y cambiaron muchísimo el país: no teníamos soldados, ahora hay 300.000, de ellos 4.000 mujeres, 150.000 policías, 40 universidades donde solo había una, Constitución, Parlamento, 77 parlamentarias, escuelas, 50 canales de televisión y 180 de radio. En ningún país musulmán del mundo hay tanta libertad como en Afganistán. Incluso con el estómago vacío.

P. ¿A pesar de que hayan vuelto los talibanes a ciertas zonas y haya presencia del Daesh?

R. No podrán hacerse con el país.

P. ¿Hay esperanza para Afganistán?

R. El libro entero gira en torno a la esperanza. Ahora el miedo se ha hecho un hueco, pero creo que la vela de la esperanza no se apagará en mi país.

Por Cecilia Ballesteros
Con información de El País

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Palestina, genocidio silencioso

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Hace año y medio terminó la operación ‘Margen Protector’ del ejército israelí, cuyos bombardeos sobre la Franja de Gaza dejaron la zona sembrada de muerte, escombros y desolación y sumida en un colapso socioeconómico más terrible aún que el que viene ya sufriendo tras años de asedio y hostigamiento.

En octubre de 2014 se convocó una conferencia en Cairo en la que se llegó al compromiso de entregar 5.400 millones de dólares para la reconstrucción de Gaza. Según datos de la UMRWA, a día de hoy miles de familias siguen sin hogar, mientras que el bloqueo continúa paralizando la economía y agravando la situación humanitaria de casi dos millones de personas. Hay más de cinco millones de refugiados palestinos en Siria, padeciendo el hambre y el miedo de una guerra que no tiene visos de terminar, que se arriesgan a llegar a Europa en los “barcos de la muerte” o que sobreviven miserablemente en Jordania o Líbano en campamentos superpoblados.

En Cisjordania continúa la demolición de viviendas y se dan altos niveles de pobreza. El invierno es duro en Palestina y precisamente en los últimos tres meses Israel está limitando la entrada de gas butano a Gaza a 200 toneladas al día, apenas la mitad de lo que necesita la población. Le electricidad es también poca: el promedio del suministro diario ha bajado hasta las 4 horas en las últimas semanas. La mirada perdida de los niños palestinos lo dice todo: en ella no hay futuro.

La situación extrema del pueblo palestino apenas ocupa titulares de prensa, e Israel se encarga de que esto sea así. Se maltrata y se reprime en particular a los periodistas o fotógrafos que intentan difundir la verdad, aunque las fuerzas de seguridad israelíes suelen impedir el acceso a los hospitales a las personas que resultan heridas a manos de los soldados, sean quienes sean, incluidos los niños.

Sin embargo, en los últimos meses algunas noticias se han filtrado a los medios de comunicación. Por ejemplo, el caso del ataque con cócteles molotov por colonos israelíes el pasado verano a una familia israelí en Kafr Duma, en la ciudad cisjordana de Nablús. Murió quemado vivo Alí, el bebé de 18 meses, murieron después a consecuencia de las gravísimas quemaduras sufridas sus padres y sólo sobrevivió malherido el hermano de 4 años. La policía israelí hirió a 25 jóvenes palestinos en la represión de las manifestaciones que se organizaron para protestar por estos crímenes, condenados por la UE. Quizás habría que hacer algo más que condenarlos.

Recientemente se ha difundido en las redes sociales un video que muestra una boda en que jóvenes radicales judíos celebran y se burlan de  la “hazaña” de Nablús, entre otras cosas con el acuchillamiento por parte de los asistentes de una foto del bebé asesinado, lo que ha provocado indignación incluso en Israel. El gobierno israelí ha abierto una investigación sobre los hechos, sobre cuyos resultados no sabemos nada, como tampoco sobre la relativa al ataque a la familia palestina, seis meses después de sucedido. Una ONG palestina afirma que la asociación judía “Hamino” recibe financiación del régimen israelí para apoyar a los colonos israelíes que atacan a palestinos; en concreto, 700.000 dólares en 2014; 90 millones de dólares se destinaron a los asentamientos ilegales israelíes en Cisjordania. Lo reconoce incluso la organización israelí Peace Now (“Paz Ahora”)

El 23 de Diciembre de 2015 aviones israelíes rociaron con productos químicos desconocidos los cultivos de la Franja de Gaza, viéndose afectadas más de 148 Has. de tierras, con el pretexto de que eran herbicidas para una mejor visualización del territorio por parte de los militares de Israel, y con el resultado de la ruina de muchos campos de los que dependen para subsistir la mayoría de los habitantes de la zona y sus familias. El avión, además, rompió a propósito el cable de electricidad. Es la tercera vez que aviones israelíes atacan granjas de Gaza (ya antes lo habían hecho en abril y mayo de 2015, y también habían destruido los pozos de agua). Por otro lado, los pescadores de Gaza no pueden ir más allá de las seis millas naúticas.

El 11 de enero, a las 2:50 de la madrugada, hubo un ataque a la principal Universidad palestina, Bir Zeit, cerca de Ramalah, con al menos 15 tanques. En este ataque, que no es el primero, se dañaron y destruyeron buena parte de las instalaciones y se confiscaron ordenadores: la versión del gobierno israelí, que ha confirmado la acción, es que había que incautar material de Hamas. Ya en Octubre de 2015 se había detenido a 80 estudiantes universitarios. Todo un ataque a la educación, la voluntad y la libertad de expresión de un pueblo.

Por cierto, en agosto de 2015 había unos 6500 palestinos detenidos en situación de arresto administrativo, sin cargos ni juicio -situación renovable por periodos de 6 meses-, muchos de ellos estudiantes o figuras destacadas como la abogada Shireen Issawi. En esa fecha había 120 presos en huelga de hambre en las cárceles israelíes en protesta por el trato inhumano que reciben en ellas. Entre ellos, el periodista Al-Qiq, de 33 años, en huelga de hambre desde el 25 de noviembre de 2005, que ha sido alimentado a la fuerza, práctica contraria al derecho internacional humanitario.

Podríamos continuar, pero nos parece suficiente. ¿Hasta cuándo la humillación y el exterminio del pueblo palestino y la violación de los derechos humanos más elementales por parte del gobierno de Israel? Lo importante es que no se sepa, que se hable de ello lo menos posible, que pase desapercibido mientras miramos para otro lado. Pero los gritos de la injusticia ya no pueden acallarse por más tiempo.

Por Leonor De Bock Cano, (activista del grupo local de Amnistía Internacional). Con información de La Voz del Sur

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