Flor de alcachofa en escabeche

Se pueden comer tanto  frías como calientes
Se pueden comer tanto frías como calientes

Ingredientes (4 personas):

 

  • 1 kg. de alcachofa

  • 50 g. de harina

  • 1 l. de aceite de oliva virgen

  • ¼ l de vinagre de sidra

  • 1 cabeza de ajos

  • 2 hojas de laurel,

  • una ramita de tomillo y/o romero frescas

  • ½ cucharadita de Pimentón dulce

  • Sal

Elaboración:

Pelamos las alcachofas quitándoles las hojas más externas y cortando las puntas de la flor, las salamos y espolvoreamos con harina sin que queden muy impregnadas.

Se hacen en una sartén a fuego vivo con un poco de aceite, dorándolas por fuera y dejándolas poco hechas por dentro. Las sacamos y dejamos escurir sobre un papel.

En una cacerola, pondremos el aceite, el vinagre, los dientes de ajo, las hojas de laurel, la rmita de tomillo y/o romero y el pimentón, llevándolo todo a ebullición.

Se mezcla y se vierte el líquido caliente sobre las alcachofas; se tapa con un film y se mantiene en el frigorífico durante un mínimo de tres horas antes de comer.

Como se gasta mucho aceite en el escabeche, una vez utilizado, se colará y tendremos un aceite delicioso para hacer vinagretas, freír carne o confitar bacalao.

Por RD
Con información de www.elperiodicomediterraneo.com

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La historia de la hermosa sirvienta – Cuento Sufí

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Erase una vez un sultán, dueño de la fe y del mundo. Habiendo salido de caza, se alejó de su palacio y, en su camino, se cruzó con una joven esclava. En un instante él mismo se convirtió en esclavo. Compró a aquella sirvienta y la condujo a su palacio para decorar su dormitorio con aquella belleza. Pero, enseguida, la sirvienta cayó enferma.

¡Siempre pasa lo mismo! Se encuentra la cántara, pero no hay agua. Y cuando se encuentra agua, ¡la cántara está rota! Cuando se encuentra un asno, es imposible encontrar una silla. Cuando por fin se encuentra la silla, el asno ha sido devorado por el lobo.

El sultán reunió a todos sus médicos y les dijo:

«Estoy triste, sólo ella podrá poner remedio a mi pena. Aquel de vosotros que logre curar al alma de mi alma, podrá participar de mis tesoros.»

Los médicos le respondieron:

«Te prometemos hacer lo necesario. Cada uno de nosotros es como el mesías de este mundo. Conocemos el bálsamo que conviene a las heridas del corazón.»

Al decir esto, los médicos habían menospreciado la voluntad divina. Pues olvidar decir «¡Inshâ Allâh!» hace al hombre impotente. Los médicos ensayaron numerosas terapias, pero ninguna fue eficaz. La hermosa sirvienta se desmejoraba cada día un poco más y las lágrimas del sultán se transformaban en arroyo.

Todos los remedios ensayados daban el resultado inverso del efecto previsto. El sultán, al comprobar la impotencia de sus médicos, se trasladó a la mezquita. Se prosternó ante el Mihrab e inundó el suelo con sus lágrimas. Dio gracias a Dios y le dijo:

«Tú has atendido siempre a mis necesidades y yo he cometido el error de dirigirme a alguien distinto a ti. ¡Perdóname!»

Esta sincera plegaria hizo desbordarse el océano de los favores divinos, y el sultán, con los ojos llenos de lágrimas, cayó en un profundo sueño. En su sueño, vio a un anciano que le decía:

«¡Oh, sultán! ¡Tus ruegos han sido escuchados! Mañana recibirás la visita de un extranjero. Es un hombre justo y digno de confianza. Es también un buen médico. Hay sabiduría en sus remedios y su sabiduría procede del poder de Dios.»

Al despertar, el sultán se sintió colmado de alegría y se instaló en su ventana para esperar el momento en el que se realizaría su sueño. Pronto vio llegar a un hombre deslumbrante como el sol en la sombra.

Era, desde luego, el rostro con el que había soñado. Acogió al extranjero como a un visir y dos océanos de amor se reunieron. El anfitrión y su huésped se hicieron amigos y el sultán dijo:

«Mi verdadera amada eras tú y no esta sirvienta. En este bajo mundo, hay que acometer una empresa para que se realice otra. ¡Soy tu servidor!»

Se abrazaron y el sultán añadió:

«¡La belleza de tu rostro es una respuesta a cualquier pregunta!»

Mientras le contaba su historia, acompañó al sabio anciano junto a la sirvienta enferma. El anciano observó su tez, le tomó el pulso y descubrió todos los síntomas de la enfermedad. Después, dijo:

«Los médicos que te han cuidado no han hecho sino agravar tu estado, pues no han estudiado tu corazón.»

No tardó en descubrir la causa de la enfermedad, pero no dijo una palabra de ella. Los males del corazón son tan evidentes como los de la vesícula. Cuando la leña arde, se percibe. Y nuestro médico comprendió rápidamente que no era el cuerpo de la sirvienta el afectado, sino su corazón.

Pero, cualquiera que sea el medio por el cual se intenta describir el estado de un enamorado, se encuentra uno tan desprovisto de palabras como si fuera mudo. ¡Sí! Nuestra lengua es muy hábil en hacer comentarios, pero el amor sin comentarios es aún más hermoso. En su ambición por describir el amor la razón se encuentra como un asno tendido cuan largo es sobre el lodo. Pues el testigo del sol es el mismo sol.

El sabio anciano pidió al sultán que hiciera salir a todos los ocupantes del palacio, extraños o amigos.

«Quiero, dijo, que nadie pueda escuchar a las puertas, pues tengo unas preguntas que hacer a la enferma.»

La sirvienta y el anciano se quedaron, pues, solos en el palacio del sultán. El anciano empezó entonces a interrogarla con mucha dulzura:

«¿De dónde vienes? Tú no debes ignorar que cada región tiene métodos curativos propios. ¿Te quedan parientes en tu país? ¿Vecinos? ¿Gente a la que amas?»

Y, mientras le hacía preguntas sobre su pasado, seguía tomándole el pulso.

Si alguien se ha clavado una espina en el pie lo apoya en su rodilla e intenta sacársela por todos los medios. Si una espina en el pie causa tanto sufrimiento, ¡qué decir de una espina en el corazón! Si llega a clavarse una espina bajo la cola de un asno, éste se pone a rebuznar creyendo que sus voces van a quitarle la espina, cuando lo que hace falta es un hombre inteligente que lo alivie.

Así nuestro competente médico prestaba gran atención al pulso de la enferma en cada una de las preguntas que le hacía. Le preguntó cuáles eran las ciudades en las que había estado al dejar su país, cuáles eran las personas con quienes vivía y comía. El pulso permaneció invariable hasta el momento en que mencionó la ciudad de Samarkanda. Comprobó una repentina aceleración. Las mejillas de la enferma, que hasta entonces eran muy pálidas, empezaron a ruborizarse. La sirvienta le reveló entonces que la causa de sus tormentos era un joyero de Samarkanda que vivía en su barrio cuando ella había estado en aquella ciudad.

El médico le dijo entonces:

«No te inquietes más, he comprendido la razón de tu enfermedad y tengo lo que necesitas para curarte. ¡Que tu corazón enfermo recobre la alegría! Pero no reveles a nadie tu secreto, ni siquiera al sultán.»

Después fue a reunirse con el sultán, le expuso la situación y le dijo:

«Es preciso que hagamos venir a esa persona, que la invites personalmente. No hay duda de que estará encantado con tal invitación, sobre todo si le envías como regalo unos vestidos adornados con oro y plata.»

El sultán se apresuró a enviar a algunos de sus servidores como mensajeros ante el joyero de Samarkanda. Cuando llegaron a su destino, fueron a ver al joyero y le dijeron:

«¡Oh, hombre de talento! ¡Tu nombre es célebre en todas partes! Y nuestro sultán desea confiarte el puesto de joyero de su palacio. Te envía unos vestidos, oro y plata. Si vienes, serás su protegido.»

A la vista de los presentes que se le hacían, el joyero, sin sombra de duda, tomó el camino del palacio con el corazón henchido de gozo. Dejó su país, abandonando a sus hijos, y a su familia, soñando con riquezas. Pero el ángel de la muerte le decía al oído:

«¡Vaya! ¿Crees acaso poder llevarte al más allá aquello con lo que sueñas?»

A su llegada, el joyero fue presentado al sultán. Este lo honró mucho y le confió la custodia de todos sus tesoros. El anciano médico pidió entonces al sultán que uniera al joyero con la hermosa sirvienta para que el fuego de su nostalgia se apagase por el agua de la unión.

Durante seis meses, el joyero y la hermosa sirvienta vivieron en el placer y en el gozo. La enferma sanaba y se volvía cada vez más hermosa.

Un día, el médico preparó una cocción para que el joyero enfermase. Y, bajo el efecto de su enfermedad, este último perdió toda su belleza. Sus mejillas palidecieron y el corazón de la hermosa sirvienta se enfrió en su relación con él. Su amor por él disminuyó así hasta desaparecer completamente.

Cuando el amor depende de los colores o de los perfumes, no es amor es una vergüenza. Sus más hermosas plumas, para el pavo real, son enemigas. El zorro que va desprevenido pierde la vida a causa de su cola. El elefante pierde la suya por un poco de marfil.

El joyero decía:

«Un cazador ha hecho correr mi sangre, como si yo fuese una gacela y él quisiera apoderarse de mi almizcle. Que el que ha hecho eso no crea que no me vengaré.»

Rindió el alma y la sirvienta quedó libre de los tormentos del amor. Pero el amor a lo efímero no es amor.

Por Yalal Al-Din Rumi

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Conexión EE.UU.-Irak-Israel-Sionismo

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Los judíos de Norteamérica, Suramérica y Europa están de modo desproporcionado en los puestos mejor pagados y los grupos étnicos más influyentes, con mayor proporción en las exclusivas y prestigiosas universidades privadas, con influencia desproporcionada en las finanzas y los medios de comunicación, socios de los clubs de campo y exclusivos – está claro que el “antisemitismo” es un tema muy marginal. […]

A diferencia de la relación de Washington con la UE, Japón y Oceanía, es Israel quien presiona y consigue la transferencia enorme de recursos financieros (2,8 mil millones de dólares por año, 84 mil millones de dólares en 30 años). Israel consigue el armamento más moderno y transferencias de tecnología, la entrada irrestricta en los mercados estadounidenses, la entrada libre de inmigrantes, el compromiso incondicional del apoyo estadounidense en caso de guerra y represión del pueblo colonizado y los vetos estadounidenses garantizados contra cualquier resolución de las Naciones Unidas.

Desde el ángulo de las relaciones interestatales, es el más pequeño poder regional que extrae tributo del Imperio, un resultado de apariencia única o paradójica. La explicación de esta paradoja se encuentra en el poderoso e influyente papel de los judíos pro Israel en sectores estratégicos de la economía estadounidense, partidos políticos, Congreso y Poder Ejecutivo. […]

El poder de Israel se manifiesta en las numerosas peregrinaciones anuales que los políticos influyentes estadounidenses hacen a Israel para declarar su lealtad al estado israelí, incluso durante períodos intensivos de represión de la gente rebelde sometida. Por el contrario, los sátrapas estadounidenses del mini-imperio israelí aplaudieron la invasión de Líbano por el estado judío, su sangrienta represión de las Intifadas I y II y se opusieron a cualquier mediación internacional para impedir más masacres israelíes, sacrificando la credibilidad de las Naciones Unidas. […]

El poder de Israel está basado en la Diáspora, las muy estructuradas y políticamente y económicamente poderosas redes judías que tienen acceso directo e indirecto a los centros de poder y propaganda del país imperial más poderoso del mundo. El tributo es exigido por medio de la influencia de estos “colonialistas internos” que funcionan en el nivel de formadores de opinión de los medios de comunicación y a través del Congreso y la Presidencia. Cerca del 50 % de la financiación del Partido Demócrata proviene de judíos pro-israelíes. Por cada dólar gastado por las redes judías en influenciar los resultados del voto, el estado israelí recibe 50 dólares en ayuda para financiar la construcción y el armamento del asentamiento colonial en los Territorios Ocupados completo con piscinas, jardineros Rumanos y criadas Filipinas. […]

En Estados Unidos hay esencialmente cuatro fuentes básicas de apoyo financiero, ideológico y político a la economía rentista israelí:

1- Donantes judíos ricos y poderosas y disciplinadas organizaciones recaudadoras de fondos.

2.- El Gobierno estadounidense – tanto el Congreso como la Presidencia.

3.- Los medios de comunicación – en particular The New York Times, Hollywood y las principales cadenas televisivas.

4.- Los jefes de los sindicatos y los directores de los fondos de pensiones.

Hay una solapación importante entre estas cuatro configuraciones institucionales. Por ejemplo, los partidarios judíos en el lobby israelí trabajan en estrecha colaboración con líderes del Congreso para conseguir ayuda militar y económica estadounidense a largo plazo y a gran escala para Israel. La mayor parte de los medios de comunicación y algunos sindicatos están bajo la influencia de partidarios incondicionales de la maquinaria bélica israelí y su economía rentista. Judíos pro israelíes están representados de modo desproporcionado entre los financieros, políticos, profesionales, académicos, inmobiliarias, seguros y medios de comunicación. Aunque los judíos son una minoría en todas y cada una de estas categorías, su desproporcionado poder e influencia proviene del hecho de que están organizados, son activos y se concentran en una sola cuestión – la política estadounidense en Oriente Medio, y expresamente en conseguir apoyo militar, político y financiero masivo, incondicional, y continuado de Washington a Israel. Operando desde sus puestos estratégicos en la estructura de poder, son capaces de influir en la política y censurar cualquier voz disidente que circule libremente por los sistemas de comunicaciones y político. […]

C. Wright Mills escribió una vez que la “élite del poder” estadounidense gobernaba negando tener poder; la élite sionista sigue esta fórmula, pero la defiende acusando a sus adversarios de ser “antisemitas” y adoptando medidas retributivas que satisfarían al antiguo senador Joseph McCarthy. La configuración del poder sionista (ZPC) no se puede entender simplemente como el “lobby judío” o incluso el AIPAC, tan formidable como es, con 150 funcionarios a tiempo completo. La ZPC puede entenderse mejor como una red compleja de agrupaciones formales e informales relacionadas entre sí, funcionando en los ámbitos nacionales, regionales y locales y directamente y sistemáticamente subordinadas al estado de Israel, los que allí ostentan el poder y toman las decisiones clave. La influencia es manejada por medio de influencia directa por los representantes sionistas en el gobierno (más notablemente en el Pentágono con el régimen de Bush) tanto en la rama ejecutiva, como en el Congreso; indirectamente por medio del uso de los fondos de campaña para influenciar la selección de candidatos dentro de los dos partidos políticos principales y para derrotar a los críticos de Israel y recompensar a los políticos electos que seguirán la línea de Israel. Los parámetros del debate político en cuestiones relacionadas con Israel – que se han ampliado a lo largo del tiempo – son conformados por organizaciones sionistas de gran influencia en los medios de comunicación, censurando y atacando virulentamente a los críticos y auspiciando “noticias” y comentarios favorables a Israel. El cuarto círculo de influencia es a través de organizaciones locales y sectoriales (cuerpos profesionales, sindicatos, fondos de pensiones etc.), tanto afiliados al aparato nacional como encajados en la “sociedad civil local”. Esta es probablemente la amenaza más seria pues inhibe a los ciudadanos medios de EE.UU. para que expresen sus dudas y críticas sobre la política israelí. Por todo EE.UU., editores locales, intelectuales y activistas críticos e incluso médicos han sido tildados de “neo-Nazis” y han recibido llamadas telefónicas y visitas amenazadoras de los fanáticos locales pro-Israel – incluidos miembros ‘respetables’ de la comunidad judía. Las consecuencias generalmente paran la discusión e intimidan a ciudadanos locales que abogan por una política extranjera independiente y democrática. El poder sionista es acumulativo pues cada sector complementa a los otros dando a la minoría gran influencia general. […]

Mientras que EE.UU. prosigue la guerra en Irak, el gobierno israelí ha sido igualmente brutal: dedicándose al asesinato premeditado de líderes Palestinos, destruyendo sistemáticamente millares de hogares, granjas, huertos, almacenes, escuelas, mezquitas y fábricas, y matando y mutilando a millares de activistas Palestinos, de civiles mujeres y niños. Recurren de modo rutinario a encapuchar, esposar y torturar a los detenidos. Todos los principales grupos judíos pro-Israel en EE.UU., por activa y por pasiva han defendido todos estos crímenes contra la humanidad, presionando con éxito a los dos partidos importantes, al Congreso y al Presidente para que no digan nada: ninguna protesta, ninguna investigación, ningún castigo.

Extractos de un artículo titulado «Conexión EE.UU.-Irak-Israel-Sionismo». Por James Petras ,25 Junio 2004

– JAMES PETRAS. 1937. Doctor en Filosofía, escritor y estudioso critico de la «Globalización». Durante la década de 60, fue militante de los derechos humanos y líder estudiantil en la Universidad de Berkeley, EE.UU. Se doctoró en Filosofía en la Universidad de California. Desde 1960 a 1973 enseñó y dirigió investigaciones en algunos países latinoamericanos. Entre 1982 y 1984 fue director del Instituto de Estudios Mediterráneos de Atenas. Petras también enseñó en la Universidad de Pennsylvania. Actualmente es profesor en la Universidad del Estado de Nueva York en Binghamton.

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