Palestina y la ceguera selectiva del sionismo – Por Ernesto Rosenberg

Palestina y la ceguera selectiva del sionismo
Palestina y la ceguera selectiva del sionismo

Nota de la Bitácora: Este tríptico nació de la reacción de Ernesto Rosenberg ante un anuncio que rezaba lo siguiente:


EDITORIAL FILIUM
LOS LIBROS DE JUAN PUNDIK
LIBRERIAS DE ESPAÑA
Editorial FILIUM

1 ¡NO QUIERO ESTUDIAR!
2 ¡NO QUIERO PENSAR!
3 ¡NO QUIERO COMER!
4 ¿QUE ES EL PSICOANÁLISIS?
5 LAS FUENTES JUDAICAS DEL PSICOANÁLISIS
6 EL NIÑO HIPERACTIVO
7 PROZAC ¿SI o NO?
8 LA VIDA MEDICADA
9 MEMORIAS DE UN NIÑO JUDÍO

LIBRERÍAS DE ARGENTINA



Nota de la Bitácora
:ante esta lectura, Ernesto reaccionó con la siguiente alegata, con el consiguiente humor sarcástico que todo nacido en suelo argentino debe poseer. Lo transcribimos a continuación:


Gracias por la oferta, don Juan. Veo que sigue preocupado con la vida de los niños. Y de los judíos. Lo suyo me dispara una pregunta :

¿ y pa´cuando las memorias de un niño palestino ?

Títulos posibles : «Recuerdos del fósforo blanco en Gaza/ o del check-point y los guetos/ o Memorias de la Cárcel» . Porque usted no ignorará la info sobre los miles de niños enjuiciados/detenidos/maltratados de los Territorios Ocupados (y en trance de ser robados) de Palestina ¿verdad?.

Avíseme si saca algo sobre el tema de los niños palestinos. Los que hoy sufren un destino tan judío de guetos,muros, castigos y exterminio a manos de sus verdugos NaZionistas equipados moralmente con currículum de ex-víctimas europeas del Nazismo. Apreciaré una oferta temática así, que hable de los niños que padecen.

Y de como nos cambia la vida (seguro que también conoce aquellos tangos argentinos que bien lo proclaman).Tal que hoy, para ser fiel a la historia judía, hay que ser palestino o estar por los palestinos.

Como dijo el judío Espinoza : Ni reír ni llorar , comprender.

Como dice el judío Rosenberg : pa´ curarse de la ceguera selectiva, hay que dar vuelta el embudo y volver mirar.Desde lo finito para lo ancho. Desde el yo-aquí, el mundo entero

(Es decir tangueando de nuevo, sin olvidos de esos ¿otros? niños, para que no haya más penas).

Y entonces tratar de contestar la pregunta de Divididos :

 » dime que ves
/ que ves cuando me ves
/ cuando la mentira es la verdad…»

Espero que disculpe mis citas musicales, es que las siento sonar mejor que mil razonamientos.

Cordialmente

ERNESTO ROSENBERG
(tucumano – madrileño – judío residente en Neuquén del Grupo de Amistad Argentina Palestina de Neuquén GRAMARPAL NEUQUÉN ).

PD: como reafirmación del testimonio adjunto la opinión de otros 2 judíos


 

Nota de la bitácora: La respuesta de  Juan Pundik, como era de esperar,(pobre y carente de argumentos),cae en los lugares comunes y fórmulas de rigor utilizadas en estos casos … todo debidamente condimentado con el texto entero en mayúsculas,que como todos bien sabemos,en el lenguaje de la web expresa gritos,y por que no decirlo,impotencia:


Juan Pundik: CUANTO ODIO ANTISEMITA QUE REZUMAS POR TODOS LOS POROS.TEN CUIDADO CON MORDERTE PORQUE SEGURO QUE TE ENVENENAS.


Nota de la Bitácora:la respuesta de Ernesto no se hizo esperar y a continuación la exponemos como coda de la nota:


Esa simplificación – el supuesto auto-odio a lo Atzmón – ¿te alcanza para descartar y desconsiderar los hechos? Por ejemplo, los casi mil niños palestinos encarcelados por la represión israelí durante 2012.

En psicoanálisis esas cegueras selectivas tienen nombre, y hasta planos de fábrica y manuales de producción.

Además,intelectualmente es desleal descalificar/matar al mensajero y no darse por enterado del mensaje .

Honestamente comparto la intención suya de proteger y cuidar los niños contra la violencia doméstica y ambiental, y me parece meritorio. No entiendo cómo hace para segregar a ESTOS niños palestinos tan violentados y maltratados,tan arrinconados en situaciones de gueto.

¿ Usted los excluye porque «sobran» en sus representaciones y explicaciones ,le embrollan el esquema y lo vuelven incoherente ?

Sea por lo que fuere, ya sabe que borrar abstractamente a grupos humanos al nombrar o pensar lo humano termina gasificándolos materialmente . Después de Auschwitz no hay inocencias ni descuidos que alegar .

Eso quería significarle con lo de «dar vuelta el embudo y volver a mirar el mundo entero», sin exclusiones odiosas.

Es lo menos que puede reclamar un judío.
O un niño violentado.

Por  Ernesto Rosenberg,(tucumano – madrileño – judío residente en Neuquén del Grupo de Amistad Argentina Palestina de Neuquén GRAMARPAL NEUQUÉN ).

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Antisionismo no es antisemitismo

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El judaísmo es una religión, una serie de creencias monoteístas, y se practica por todo el mundo por gente de todas las lenguas, países y culturas. Es la más antigua de las tres religiones monoteístas más difundidas (junto con el cristianismo y el Islam), y la menor de ellas en número de fieles. Del judaísmo se desglosaron, históricamente, las otras dos religiones. Sin embargo, a su vez, históricamente, el pueblo judío ha sido perseguido y discriminado; muchas veces teniendo el rol de chivo expiatorio en tiempos de crisis, por ser una minoría y, por tanto, una diana fácil. En la historia moderna, esta discriminación se ha manifestado, primero, en la Rusia del Zar en el siglo XIX, con los pogromos de los judíos y el antisemitismo de la sociedad rusa.




Hubo varias respuestas a este antisemitismo. Por una parte, muchas personas judías emigraron a otros países de Europa y a EEUU en búsqueda de una vida más segura y tranquila. Otras, que no tenían los recursos o las ganas de irse, se quedaban a luchar dentro de los movimientos obreros para conseguir alcanzar otro tipo de sociedad sin racismo y antisemitismo. Pero una minoría de personas judías, básicamente de clase media, pensaba que el antisemitismo era algo inherente al ser humano y no se podía luchar en su contra. Su única solución era fundar un estado exclusivamente judío, separado de otras creencias; un lugar seguro donde las personas judías de todo el mundo pudieran vivir.  Fue de ahí de donde surgieron las ideas del sionismo político. Una idea simple, pero poco práctica. El sionismo, en su primera época, no tenía claro dónde establecer este estado judío. Siria, Argentina o Tanzania fueron algunas de las opciones, pero al final optaron por Palestina. ¿Por qué? La intención era convencer a más personas judías a unirse a su proyecto por las conexiones emocionales y religiosas que tenía “la tierra prometida”. Movimiento que, por cierto, fue minoritario hasta el propio Holocausto.

El sionismo tiene dos fallos básicos. Primero, nunca consideró la existencia de la población que vivía en Palestina, los palestinos; lo que propició que desde su inicio haya sido una ideología racista, discriminatoria y exclusiva. Segundo, que para realizar su proyecto, siempre ha tenido que depender de una fuerza imperial para darle apoyo, empezando con el imperio otomano, pasando por Alemania, el imperio británico y, después de la Segunda Guerra Mundial, EEUU. A cambio se debía erigir como el guardián de los intereses geoestratégicos en la zona, lo que en tiempos modernos se ha traducido por el control sobre el petróleo. El antisemitismo no es más que otra forma de racismo: discriminar a un grupo de gente por sus creencias o su cultura. Por eso, las personas que se consideran socialistas y revolucionarias deben luchar contra el antisemitismo con la misma fuerza que luchan contra la islamofobia o cualquier otro tipo de racismo.




Pero debemos tener claro que ser antisionista no es lo mismo que ser antisemita. El antisionismo significa oponerse a un estado colonial y racista desde sus orígenes, y todo lo que ha conllevado durante 65 años de ocupación ilegal. Es luchar contra el opresor e identificarse con las personas oprimidas. Es luchar contra un nacionalismo de derechas nefasto y mezquino. Y es ser, por encima de todo, internacionalistas, creyendo, a diferencia de los primeros sionistas, que es posible luchar contra del racismo y por un mundo mejor para todas las personas.

Por Steve Cedar. Judío, antisionista, miembro de  Unitat Contra el Feixisme i el Racisme en Vic (Catalunya) Con información de La Ciudad Futura Colaboración de Ernesto Rosenberg.

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Plomo Fundido sobre la conciencia judía – León Rozitchner

Operación plomo fundido
Operación plomo fundido

«Plomo Fundido» sobre la conciencia judía

«Si nosotros nos revelamos incapaces de alcanzar una cohabitación y acuerdos con los árabes, entonces no habremos aprendido estrictamente nada durante nuestros dos mil años de sufrimientos y mereceremos todo lo que llegue a sucedernos.»

Albert Einstein, carta a Weizmann, 1929.

 

¿Recuerdan cuando hace dos mil años los judíos palestinos, nuestros antepasados en Massada sitiada, enfrentaron las legiones del Imperio romano y se suicidaron en masa para no rendirse? ¿Recuerdan la rebelión popular y nacional de nuestros macabeos contra la invasión romana, cuando murieron decenas de miles de judíos y se acabó la resistencia judía en Palestina y nos dispersamos otra vez por el mundo? ¿No piensan que esa misma dignidad extrema que nuestros antepasados tuvieron, de la que quizá ya no seamos dignos, es la que lleva a la resistencia de los palestinos que ocupan en el presente el lugar que antes, hace casi dos mil años, ocupamos nosotros como judíos? ¿No se inscribe en cambio esta masacre cometida por el Estado de Israel en la estela de la «solución final» occidental y cristiana de la cuestión judía? ¿Han perdido la memoria los judíos israelíes? No: sucede que se han convertido en neoliberales y se han cristianizado como sus perseguidores europeos, que, luego de exterminarlos, empujaron a los que quedaron vivos para que se fueran a vivir a Palestina con el terror del exterminio a cuestas.

El meollo de la actual tragedia está en la Shoá. Si la memoria de su pasado define el sentido histórico que marcó el «destino» del pueblo judío, donde se van hilando las cuentas de nuestro derrotero, y si el acto final en el que culmina ese destino convoca a los judíos israelíes a aniquilar la resistencia de otros pueblos inocentes, algo del sentido histórico ha desaparecido de la memoria de los israelíes. ¿Puede ser invocada la Shoá sin ser infieles a los desaparecidos, cuando al mismo tiempo el sentido completo de ese acontecimiento monstruoso ha quedado oscurecido? ¿Cómo podríamos «hacer memoria» si la construimos con los únicos recuerdos de nuestro pasado que los culpables europeos del genocidio nos autorizan? Es cierto: si los israelíes recuerdan todo, pierden a sus aliados. Porque la memoria de la Shoá que llevó al retorno a una tierra perdida hace mucho tiempo tendría que volver a ser pensada.

Lo primero a recordar: nuestros perseguidores históricos no fueron ni son los palestinos. Nuestros perseguidores estaban y siguen estando en las naciones de cultura europea que nos expulsaron y masacraron, y sin embargo son ellos los que siguen marcando el destino de todos nosotros, sobre todo de los judíos israelíes. ¿Será por eso que se busca olvidar a los verdaderos culpables de la Shoá?

Los israelíes ya no se preguntan por el pasado bimilenario judío. Nunca los judíos, salvo excepciones, acusan del exterminio judío a la religión cristiana y a la economía capitalista que produjeron necesariamente la Shoá, como la conclusión de un silogismo que se venía desarrollando en Europa cristiana desde su mismo origen, como si el nazismo hubiera sido sólo un accidente sin antecedente en la historia europea y todo comenzara con Hitler. ¿No será que luego de la Shoá ustedes, los descendientes de los judíos europeos asimilados, se aliaron luego con los exterminadores en un pacto oscuro que el terror dictaba, y volvieron ahora todos, de cierta manera, a ser judeocristianos? Porque seamos honestos: el Tercer Reich se ha prolongado en el 4º Reich del Imperio norteamericano.

Es claro: prefieren no saberlo porque el Estado de Israel está –nosotros los judíos latinoamericanos sí lo sabemos– al servicio del poder cristiano–imperial de los EE.UU. ¿O  van a creerse que los EE.UU. y Europa combatieron al nazismo para salvar a los judíos? ¿Por qué ahora habrían de seguir persiguiéndolos si mantienen lo que tienen de judíos  congelado sólo en lo arcaico religioso? Pero ¿no les dice nada pasar a ocupar ahora el lugar impiadoso, como brazo armado de los poderosos capitalistas cristianos, contra una población civil asediada y asesinada por osar defenderse contra la expropiación ilimitada de un territorio que debía ser compartido?

Recordemos. Karl Schmitt, filósofo católico del nazismo, había puesto de relieve lo que la hipocresía democrática ocultaba: las categorías políticas son todas ellas categorías teológicas. Es decir: la política occidental (democrática y capitalista) tiene su fundamento en la teología cristiana. Es notable: Schmitt coincide con lo que Marx joven decía en Sobre la cuestión judía: el fundamento cristiano del Estado germano se prolonga como premisa también en el Estado democrático. Y si la política occidental al desnudarse muestra su fundamento teológico oculto, sin el cual no hubiera habido capitalismo, entonces toda política de Estado capitalista era antijudía, porque ése era el escollo que el cristianismo había encontrado para consolidarse como religión universal. No contra los judíos cristianizados que, como ustedes en Israel, apoyan esa política, es cierto. Ustedes tienen de cristianos, sin saberlo, lo que ocultan en su propia memoria al ocultar que la Shoá como «solución final» fue un exterminio teológico (cristiano) político europeo. Schmitt la tenía clara. Lo que el sutil filósofo alemán católico necesitaba activar, en momentos de peligro extremo para el cristianismo y el capitalismo frente a la amenaza de la Revolución Rusa y las rebeliones socialistas, era el fundamento cristiano escondido en la política: el odio visceral y alucinado religioso antijudío para que en Europa reverdeciera con toda intensidad el fundamento grabado durante siglos en el imaginario popular cristiano. Y con ese vigor arcaico reverdecido pudieran enfrentar la amenaza revolucionaria del judeo–marxismo.

Por eso, frente a la apariencia liberal de la política democrática como una relación «amigo-amigo», el fundamento de la política nazi extremaba las categorías de «amigo–enemigo» que Schmitt vuelve a poner de relieve en el «estado de excepción» como la verdad oculta de la democracia: el único enemigo histórico cuando entra en crisis el fundamento social europeo son nuevamente los judíos. En 1933, frente a la amenaza del socialismo tildado quizá con cierta razón de judío, resurgía para muchos europeos todo su pasado y encontraban en los judíos el fundamento más profundo de lo más temido para su concepción cristiana: las premisas judías de un materialismo consagrado, no meramente físico cartesiano como la economía capitalista requería. Por eso Schmitt vuelve a desnudar las categorías fundantes adormecidas que la teología católica mantenía vivas: volvía al fundamento religioso de la política cristiana del Estado democrático para enfrentar el peligro del «comunismo ateo y judío». Sucede que en ese momento los judíos laicos formaban parte de la creatividad moderna que en Europa alimentó el pensamiento político y científico: eran rebeldes todavía, no como tantos de ahora, y por eso Marx de joven pensaba que los judíos, una vez superada su etapa religiosa y se hicieran laicos prolongando la esencia judía más allá de lo religioso, podrían pasar a formar parte activa de la liberación humana.

Y cuando al fin los europeos creían haber logrado en el siglo XIX la universalización del cristiano–capitalismo que se expandía colonizando a sangre y fuego el mundo, aparece otra vez el materialismo judaico como premisa del socialismo, que no es físicamente metafísico sino que parte de la Naturaleza como fundamento de la vida del espíritu humano. Tiemblan entonces en Europa los fundamentos cristianos de la política y de la economía : un nuevo fantasma la recorre y se manifiesta en una teoría judía revolucionaria. De lo cual resulta que en momentos de crisis Hitler sólo representó, en términos estrictamente religiosos, culturales y políticos, el temor de toda la cultura occidental ante los comunistas y los judíos como los máximos enemigos de ambos, ahora renovados: del capitalismo y del cristianismo. El racismo de los nazis –esa «teozoología política»– no es más que el espiritualismo cristiano secularizado que el Estado nazi consagró laicamente en las pulsiones de los cuerpos arios.

Una vez aniquilados los millones de judíos –como luego fueron arrasando y aniquilando con la misma consigna a millones de soviéticos «judeocomunistas»– el impacto aterrorizante de la «solución final» hizo que los judíos casi nunca, salvo muy pocos, se atrevieran a señalar a los verdaderos culpables del genocidio (como pasó entre nosotros con los genocidas). Con la derrota de los nazis como únicos culpables –según cuenta la historia de los vencedores– desapareció en Europa la historia de los pogromos y las persecuciones cristianas medievales y modernas que nos aterraron durante siglos: la de los franceses tanto como la de los italianos, los españoles, los polacos y los rusos mismos. Sólo los nazis alemanes fueron antijudíos.

Los judíos cristianizados por el terror del cristianocapitalismo en Europa luego de la Shoá buscaron su «hogar» fuera de Europa: se instalaron en Palestina, como si el reloj de la historia, ahora teológica, se hubiera detenido hacía dos mil años. No se dieron cuenta de que la mayoría de los judíos que volvían a Israel no eran como nuestros antepasados que se habían ido: los descendientes de los defensores de Massada o de los macabeos. Buber, Gershon Scholem y tantos otros sí lo recordaban. Nadie quería que nos volviera a pasar otra vez lo mismo, es cierto; pero en vez de enfrentar y denunciar a los verdaderos culpables del genocidio –que ahora nos apoyaban para que nos fuéramos para siempre de Europa y termináramos nosotros mismos la etapa final democrática de la «solución final» judía que ellos comenzaron– los israelíes terminaron sometiendo a los palestinos como los romanos, los europeos y los nazis lo hicieron antes con nosotros. Pero primero tuvieron que vencer la resistencia de nuestros pioneros socialistas.

Los israelíes, apoyados ahora por el Imperio cristiano–capitalista que los había perseguido, crearon también en Israel un Estado teológico, pero la «parte» secularizada dentro de ese Estado judío siguió siendo la del Estado cristiano. Volvieron como judíos para culminar en Israel la cristianización comenzada en Europa: mitad judíos eternos en lo religioso, mitad cristianos secularizados en lo político y en lo económico. Por eso ahora en Israel el Estado mantiene la economía neoliberal capitalista y cristiana sostenida por los religiosos judíos sedentarios, detenidos en el tiempo arcaico de su rumiar imaginario. Y por el otro lado los israelíes son neoliberales en la política y en la economía y en la ciencia «neutral», cuyas premisas iluministas son cristianas. Mitad judíos en el sentimiento, mitad cristianos en el pensamiento.

Y por eso quieren que todos, también aquí y ahora, seamos como ellos: judeocristianos como el rabino Bergman, avalado por el cardenal Bergoglio, o judíos laicos como Aguinis, neoliberal letrado avalado por el obispo Laguna. O como los directivos de la AMIA, que tienen la potestad de determinar si soy o no judío. Si soy judío «progresista» y no me secularicé como cristiano, entonces no soy judío, no podré aspirar a ser enterrado en un cementerio comunitario porque me faltaría la parte cristiana de mi ser judío. Pero judíos–judíos, esos que prolongan en lo que hacen o piensan los valores culturales judíos, quedan al parecer muy pocos, aunque sean muchos los que leen hebreo o reciten kaddish en la tumba de sus padres. Todos están aureolados con la coronita del cristianocapitalismo que al fin los ha vencido por el terror cristiano luego de dos mil años de resistencia empecinada: convertidos ahora al «judeocristianismo».

Por eso la creación del Hogar Judío en Palestina tiene un doble sentido: la «solución final» europea tuvo éxito, logró su objetivo, el cristianismo europeo se desembarazó  de los judíos y muchos de los que se salvaron se fueron de Europa casi agradecidos, sin querer recordar por qué se iban y quiénes los habían exterminado. La Europa cristiana y democrática se había sacado el milenario peso judío de encima. Pero mis padres, que llegaron a las colonias judías de Entre Ríos, sí lo sabían.

Todos los judíos estamos pagando esta inmerecida transacción, ese «olvido» del Estado de Israel, al que seguramente se habrían negado los defensores del Ghetto de Varsovia, que murieron, ellos sí, sabiendo quiénes eran los responsables políticos, económicos y religiosos –estaban a la vista–- como los millones de judíos europeos que murieron en los campos de exterminio.

Los judíos que vinieron luego, esos que estamos viendo, no quisieron ni pensar a fondo en los culpables: se unieron a los poderosos y saludaron alborozados que el socialismo estalinista antisemita se derrumbara arrastrando al olvido al mismo tiempo, como si fuera lo mismo, la memoria de los pioneros judíos revolucionarios asesinados por Stalin. Por eso sus sueños mesiánicos dependen ahora únicamente de los cristianos y del capitalismo para poder realizarse. Sólo tenían que hacer una cosa: permutar al enemigo verdadero por un enemigo falso. Estamos pagando muy cara esta conversión judía. Los israelíes, ya vencidos en lo más entrañable que tenían de judíos históricos, se han transformado en la punta de lanza del capitalismo cristiano que los armó hasta los dientes para enfrentar el mayor y nuevo peligro que tiene el cristianismo: los mil millones de musulmanes que pueblan el mundo. Pero ni los musulmanes ni los palestinos fueron los culpables de la Shoá: los culpables del genocidio son ahora sus amigos, que los mandan al frente.

Y aquí cierra la ecuación política amigo-enemigo de Karl Schmitt. Antes, hasta la Segunda Guerra Mundial, el fundamento teológico de la política era «amigo/cristiano–enemigo/judío». Ahora que los judíos vencidos se cristianizaron como Estado teológico neoliberal la ecuación es otra: «amigo/judeocristiano–enemigo/musulmán». ¿Este es el lamentable destino que Jehová nos reservaba a los judíos? Porque de lo que hacen ustedes en Israel depende también el destino de todos nosotros.

León Rozitchner, 1924 – 2011, in memoriam.

Con información de La Ciudad Futura

Colaboración de Ernesto Rosenberg

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