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Hazawiyya: Dos amigos, dos jorobas

¡Que Dios te bendiga, oh, amado mensajero de Dios! ¡Fuera! ¡Fuera del camino! … ¡Dios nos proteja del diablo pecador! ¡Recemos por nuestro amado Muḥammad y su familia!

Esto eran dos que eran muy amigos [estos amigos eran del género humano, eran personas humanas], tanto que casi nunca se separaban. Cada vez que se encontraban se sentaban en una piedra, y se quedaban allí sentados hablando de esto, de aquello y de lo demás allá. “¿Qué tal estás, amigo mío? ¿Cómo te va? ¿Qué me cuentas? ¿Qué tal los niños?” Hablaban de todo un poco, de esto, de aquello “¿Qué has almorzado hoy?” y cosas así.

El uno tenía una joroba en la espalda y el otro también tenía otra joroba en la espalda. Los dos tenían una joroba en la espalda. Un día uno de ellos dijo:

– Amigo mío, ¿cuándo nos aliviará Dios de esta carga? ¡Cuánto me gustaría que esta joroba se hiciera más pequeña y se metiera dentro de mi cuerpo!

Y el otro le dijo:

– ¡Tu Señor es misericordioso, Dios es generoso! ¡Alabado sea Dios, el
Grandioso, Dios es generoso!

Y el primero contestó:

– ¡Así es!

Un día entre los días se separaron, vamos, que cada uno se fue por su lado. Uno por aquí y el otro por allá. Luego, uno de ellos volvió al mismo sitio, a la piedra donde habían estado sentados. Se sentó de nuevo allí y empezó a oír algo. Al lado había un pozo tapado, cerrado, un pozo en el suelo; era un pozo de agua. El hombre se acercó y destapó el pozo, y se dio cuenta de que dentro había ŷinn bailando y cantando. ¿Y qué era lo que decían los ŷinn? Decían: “El sábado sábado es y el domingo una araña es, el sábado sábado es y el domingo una araña es.” 1

Mientras los escuchaba, algo le empujó hacia abajo, el pie se le fue y, de repente, estaba entre ellos. Y se vio allí, en aquel pozo, sentado con los ŷinn mientras los escuchaba decir: “El sábado sábado es…”

Y él contestaba:

– Y el domingo una araña es.

Y seguía diciendo y cantando con ellos:

– Y el lunes y el martes y el miércoles y el jueves y el viernes el día de
nuestra fiesta es.

Y fue escuchar al hombre cantar, y los genios se callaron. Y en vez de seguir diciendo: “el sábado sábado es, el domingo una araña es”, los ŷinn se callaron y se quedaron en silencio mientras que el hombre cantó todo hasta el final:

– El sábado sábado es, el domingo una araña es, el lunes y el martes, el miércoles y el jueves, y el viernes el día de nuestra fiesta es.

– ¿Cómo es posible? – Se preguntaron los geniecillos – ¿Cómo puede ser que haya llegado a nuestra casa este ser humano?

Mientras tanto él repetía:

– El jueves y el viernes nuestra fiesta es…

– ¿Cuál es su historia? ¡Queremos conocerla! – Entonces los ŷinn se le acercaron y lo poseyeron mientras el hombre seguía cantando sin enterarse de nada. Así que se apoderaron de él mientras él seguía cantando sin enterarse de nada. El hombre los escuchaba mientras los ŷinn lo poseyeron sin que él se enterase de nada. Él estaba sentado y cantando con ellos. Ellos decían:

– El sábado sábado es, el domingo una araña es, el lunes y el martes…

Y él decía el resto de la canción:

– El miércoles y el jueves y el viernes nuestra fiesta es…

Entonces los ŷinn dijeron:

– “Por Dios que vamos a hacer algo bueno por él, ya que ha cantado con nosotros completando nuestra rima. Le quitaremos la joroba que tiene en la espalda”.

Así que le pasaron la mano por encima y le hicieron la operación a su manera. Y como eran ŷinn hicieron que él no se enterara de cómo le obraban para quitarle la joroba de la espalda. Se la quitaron a la primera y la dejaron allí en el suelo. Le curaron, le dieron las medicinas y los remedios que sólo ellos conocen y ¡zas! … ¡lo sacaron del pozo! Le ataron una cuerda, y lo subieron, y lo dejaron en la boca del pozo, donde estaba antes. Empezó a tocarse el costado y el hombro y ¡no se encontró la joroba! Y dijo:

– “¡Qué maravilla! ¡Alabado seas, Dios mío! ¡Gracias por estar a mi lado y protegerme!”

En ese momento llegó el amigo, lo miró, se sentó a su lado y le dijo:

– ¡Válgame Dios, válgame Dios, si no lo veo, no lo creo, pero si ya no
tienes joroba! Anda cuéntame cómo lo has hecho.

Y el amigo le contestó:

– ¡Por Dios, que yo no he hecho nada!

Y el otro le dijo:

– No seas así, cuéntame tu secreto. ¡Juro por Dios que ya no tienes
joroba!

Y el amigo le dijo:

– Di conmigo: ¡Qué sea lo que Dios quiera!

– ¡Que sea lo que Dios quiera!– Por Dios que ya no tienes joroba, que tienes la espalda plana como cualquier persona normal. Anda, por el amor de Dios que te ha creado, ¡dime lo que has hecho! – le dijo ya bastante enfadado.

Y el amigo contestó:

– ¡Alabado sea Dios, Señor del universo! Ya que tanto insistes te voy a contar lo que pasó: estaba yo sentado en la boca del pozo cuando oí que dentro había unos ŷinn que cantaban. De repente, algo me estiró del pie, me arrastró al fondo del pozo y me encontré sentado entre ellos. Los ŷinn me dieron el mejor de los recibimientos.

– ¡¿Pero qué me estás contando?!

– Sí, cuando llegué estaban cantando y yo me puse a cantar con ellos. Y mientras recordaba la historia, se le olvidó lo que estaba contando y lo que le quería contar a su amigo. Pero al rato siguió:

– Y yo escuché lo que cantaban y canté lo mismo que ellos.

– ¡Qué maravilla! Por Dios, que voy a hacer lo mismo que tú.

Así que se sentó tres días al lado del pozo esperando y esperando a que los ŷinn cantaran o le dijeran algo. Y estaba allí sentado esperando escuchar algo. “¿Cuándo cantarán?”, se preguntaba. ¡Pero nada! Y cuando pasaron los tres días se dijo: “Por Dios que me voy a sentar aquí sin moverme”. Y se quedó allí sentando todo el día al lado del pozo y entonces empezó a oír un murmullo: “tatatatatatatata”, así que prestó atención y entonces oyó que decían:

– El sábado sábado es, el domingo una araña es…

Y él se puso a cantar también completando la canción:

– El sábado sábado es, el domingo una araña es, el lunes y el martes y
el miércoles…

Pero los ŷinn se saltaban el miércoles y decían directamente:

– El jueves y el viernes nuestra fiesta es.

O sea, no mencionaban el miércoles como sí que hacían con el primer amigo, mientras bailaban felices y con los corazones alegres durante la semana completa.

No se sabe cómo, este otro amigo cayó también en el pozo y se encontró entre ellos. Llegó y se dio cuenta de que no decían el miércoles, así que él se puso a decir “el miércoles”. Sin embargo, esta vez los genios no querían que se mencionara el “miércoles”, pero como el hombre pensó que se lo saltaban porque se les había olvidado, no hacía más que repetir “el miércoles, el miércoles…”.

Y venga a decir:

– El miércoles, el miércoles…

Los ŷinn cantaban con alegría, pero como el hombre no hacía más que
repetir una y otra vez: “El miércoles, el miércoles…”, entonces dijeron:

– ¡Por Dios que no te irás de aquí sin que te pongamos la joroba de tu
compañero!

Y así lo hicieron, le pusieron en la espalda la joroba que le habían quitado al amigo. Luego lo sacaron del pozo, y el hombre salió de allí con dos jorobas en su espalda. La que le habían quitado al primero se la pusieron al segundo.

¡Recemos al amado de Dios!

Al rato volvieron a encontrarse los dos amigos en el mismo lugar y se
pusieron a hablar:

– Buenos días.
– Buenos días… ¡ay… ay…!
– ¿Qué pasa?
– ¡Ay, estoy enfermo, amigo mío!
– ¿Que has hecho?
– Me quedé sentado tres días esperando a los ŷinn… Tres días estuve
esperándolos.
– Sí.
– Cuando me hicieron bajar y estuve entre ellos me di cuenta de que cuando cantaban se saltaban siempre el miércoles, y decían: “El sábado sábado es, el domingo una araña es, y el lunes, el martes, el jueves y el viernes nuestra fiesta es”. Y como no nombraban nunca el miércoles, entonces yo empecé a decir: “el miércoles, el miércoles, el miércoles, el miércoles, el miércoles, el miércoles…” y me cosieron esta joroba nueva, y mira por dónde que he salido del pozo, no con una, sino con dos jorobas.
– ¡Ay, pobre infeliz, te han puesto mi joroba, la que me quitaron a mí!
– Me encomiendo a Dios y a ti. ¿Qué podemos hacer ahora?
– ¡Déjalo estar, hombre, y confórmate! ¡Ha sido voluntad de Dios que tú tengas dos jorobas y yo ninguna!

Así que, el amigo que tenía una joroba ahora tenía dos y, el otro, ninguna. Los dos eran muy pobres, muy pobres, tanto que no tenían qué comer ni qué beber. Sólo a veces conseguían beber en algún pozo o recoger frutas y verduras en los huertos o cualquier otra cosa en cualquier lugar. Y con muchos esfuerzos iban consiguiendo lo que necesitaban.

El hombre al que le habían quitado la joroba andaba siempre haciendo cosas de provecho, mientras que el de las dos jorobas se pasaba el día sentado en la boca del pozo.

Un día entre los días, el que siempre andaba de acá para allá, llegó con
unas manzanas, con dos manzanas en las manos, ni una más ni una menos. Una manzana para él y una manzana para su amigo.

Este cortó la manzana de su amigo en dos mitades diciendo: “¡Tú que a tu Señor imploras!” Y ¿qué creéis que se encontró escrito en la manzana? Pues en la manzana estaba escrito: “¡Tú que a tu Señor imploras, tu fortuna aquí dentro atesoras!” ¡Qué Maravilla!

[O sea, en la manzana estaba escrito: “¡Tú que a tu Señor imploras, tu fortuna aquí dentro atesoras!” Pero, ¿qué era eso de “¡Tú que a tu Señor
imploras, tu fortuna aquí dentro atesoras!”!?]

Entonces, el compañero jorobado le preguntó:

– ¿Qué has visto en la manzana? Yo no sé leer.

El de las jorobas ni siquiera sabía leer mientras que el otro sí y dijo:

– En la manzana está escrito: “¡Tú que a tu Señor imploras, tu fortuna aquí dentro atesoras!” ¡Amigo mío, esta fortuna es tuya, pero nadie sabe dónde se encuentra!
– ¡Y tanto que esa fortuna es mía! ¡Una fortuna tuerta y ciega que nadie ve! ¡Venga, hombre, déjate ya de cuentos, que ya me engañaste una vez cuando me mandaste con los ŷinn y me pusieron una joroba más! ¡¿Y ahora me cuentas que tengo una fortuna?! ¿Qué fortuna? ¿Qué fortuna es esa que ni siquiera sé cómo es?

O sea, que cualquier cosa que decía el hombre sin joroba, el otro
pensaba que era mentira.

– ¡Que Dios, el altísimo, me perdone! ¡Juro que iré a buscar otra manzana y a algún šeij que pueda leer lo que está escrito en ella!

Entonces se fue.

Se fue a un šeij y el šeij le dijo:

– ¡Honra a Dios, tu Señor! ¡Por el amor de Dios, véndeme una manzana!

Ese šeij era un šeij muy sabio, el šeij del pueblo, se sabía de memoria el
Corán y sabía cómo funcionaban las cosas y conocía todo lo que tiene valor en este mundo. Y le dijo: “¡Véndeme una manzana! Véndemela a mí, y en lugar de cortarla tú, la cortaré yo.”

De manera que se fue al zoco a comprar dos manzanas, una para él y otra para su amigo. La manzana que era para su compañero, la escondió, y la suya, se la llevó al šeij diciéndole:

– ¡Aquí la tienes!
– ¿Qué?
– Aquí tienes la manzana que querías cortar.
– Está bien, dame el cuchillo.

Entonces el hombre le dio su cuchillo y el šeij cortó la manzana. Y ¿qué
llevaba escrito la segunda manzana? Pues estaba escrito: “Al que venga a ti, dale una parte de tus bienes” y dijo:

– ¡Qué maravilla! … Y se sentó un rato aunque no tenía tiempo.

Entonces el šeij le dio parte de sus bienes, digamos que algo así como un cuenco lleno de oro. Pues el šeij tenía muchas riquezas, y con el cuenco lleno de oro que le dio, le hizo rico a él y a sus hijos y a los hijos de sus hijos. Y el hombre que había comprado la manzana, cogió el cuenco y se fue.

Y llegó cargado con un pañuelo al hombro. Y ¿qué llevaba en ese pañuelo? Pues llevaba el cuenco de oro, mientras que la manzana de su amigo se la había echado en el bolsillo. Entonces el amigo le preguntó:

– ¿Cómo es que hoy no te has comprado una manzana?

– ¿¡Cómo qué no!? ¡Claro que la he comprado!
– ¿Y dónde la tienes?
– La traigo cargada en la espalda.
– Anda ven y cuéntame tu historia – dijo el jorobado.
– Soy rico y a partir de ahora me haré más rico todavía… ¡Lo tendré todo!
– ¿Sí?
– Escucha, escucha…
– ¡Cuéntame…! Ya te pregunté, en el nombre de Dios, y todavía no me
has contado tu historia.
– ¿Te acuerdas de que hace unos días cortamos una manzana en dos mitades y encontramos escrito “¡Tú que cortas la manzana, tu fortuna está aquí dentro!?”
– Sí, claro que me acuerdo.
– Pues hoy he comprado otra manzana y se la he llevado al šeij y me ha dicho: “No cortes tú la manzana, deja que la corte yo”. Y en cuanto la cortó, me contó lo que estaba escrito: “A todo aquél que a ti se allegue, una parte darás de tus bienes”. Y entonces cogió este cuenco de oro y me lo dio.
– Por lo menos, dame una manzana parecida.
– Creo que haré algo mejor por ti, ya verás cómo. Hay gente en otro pueblo que hace operaciones de jorobas, operaciones de quistes de grasa, no importa dónde se encuentren, en las manos, en la espalda… La gente les da algo de dinero y ellos le quitan el apéndice y otros bultos y cosas parecidas.

Y siguió diciéndole a su amigo:

– Te daré una parte del oro de este cuenco que me dieron y tú irás a hacerte la operación para quitarte las dos jorobas que te pusieron los ŷinn.
– Está bien – contestó el jorobado.
Y ¿qué es lo que hizo y cómo lo hizo? Pues le regaló a su amigo una parte de su oro y con el que le quedó, no lo dejó estar, sino que lo invirtió en un negocio. Lo invirtió en construir casas y cabañas. Y pasó el tiempo y siguió construyendo más casas y más cabañas. Luego las alquilaba y las vendía hasta que se hizo rico, muy rico.

El otro, el de las jorobas en la espalda, se fue al pueblo que le había dicho su amigo. Cuando llegó, pagó una suma de dinero, poco o mucho no importa, ya que aquellas gentes se conformaban con la voluntad, y le quitaron las jorobas. Y así fue como estos dos amigos se hicieron mucho más amigos y nunca jamás se separaron.

Por Antonia Angela Piccolo  en La hazawiyya, cuento de la tradición oral yemení.


Contado por Ṣabāḥ, una mujer de 50 años, ama de casa, de la ciudad antigua de Saná, el 29 de noviembre 2010


Notas:

  1. Se trata de una rima infantil tradicional que versa sobre los días de la semana; es muy común entre los yemeníes. Muy parecida se encuentra recogida también en el texto de E. Rossi: “Sābt as–subūt, wal–ʾaḥad ʿankabūt, wal–iṯnäyn jālnā, waṯ–ṯalūṯ sīdanā, war–rabūʿ ŷaddanā, wal–jamīs wagfätnā, wal–ŷumʿah ʿîdanā” [Sábado, sábado es, y el domingo una araña es, y el lunes nuestro tío (materno) es, y el martes nuestro abuelo es, y el miércoles nuestro bisabuelo es, y el jueves nuestra víspera es, y el viernes nuestra fiesta es.] Rossi, E., op.cit., pág. 122.

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Milenarias momias amenazadas por la guerra en Yemen

La guerra en Yemen ha dejado miles de muertos y una destrucción a gran escala. Ahora, el conflicto amenaza también una excepcional colección de momias que los arqueólogos tratan desesperadamente de preservar.

El museo de la Universidad de Saná, la capital yemenita, alberga esta pequeña colección que data de 400 a. C. y da fe de una civilización poco conocida de la “Arabia feliz”, la antigua apelación de Yemen.

Desde hace décadas, el museo recibe a visitantes deseosos de ver los restos embalsamados de hombres y mujeres de hace más de dos milenios, algunos con dientes y mechones de pelo todavía intactos.

Pero con los cortes de electricidad y el bloqueo casi total de los puertos bajo el control de los rebeldes hutíes, el futuro de estas momias está en manos de los beligerantes.

Un puñado de arqueólogos se esfuerza por conservar las 12 momias, descubiertas accidentalmente durante unas excavaciones en los años 1980 y 1990.

Estos restos humanos sufren por el calor, la humedad y la escasez de productos de conservación, según los especialistas.

“Estas momias son un testigo tangible de la historia de una nación y están afectadas por la guerra”, lamenta Abdel Rahman Jarala, responsable del departamento de Arqueología de la Universidad de Saná.

“Necesitan un entorno controlado y cuidados regulares, incluida una desinfección cada seis meses. Algunas han empezado a desintegrarse porque no podemos asegurar (el suministro de) electricidad y productos químicos de preservación, y luchamos contra el mal olor”, dijo a la agencia AFP.

“Estamos preocupados tanto por la conservación de las momias como por la salud de quienes las manipulan”, agrega.

Patrimonio en peligro

De la ciudad antigua de Palmira en Siria al casco histórico de Saná, numerosos tesoros arqueológicos y museos en Oriente Medio están amenazados por conflictos que no parecen estar en vías de solución.

El centro histórico de Saná, inscrito desde 1986 en la lista de Patrimonio de la Humanidad de la Unesco, está ahora considerado en peligro debido al conflicto, que comenzó en el 2015.

Este conflicto opone los rebeldes hutíes proiraníes -venidos del norte y que se apoderaron de Saná en el 2014- al gobierno del presidente Abd Rabbo Mansur Hadi, respaldado por una coalición árabe, liderada por Arabia Saudí.

Ubicada en un monte rocoso a 2.200 metros de altitud, Saná está habitada desde hace 2.500 años y tiene una importancia particular para el patrimonio islámico, con más de 100 antiguas mezquitas y unas 600 casas de antes del siglo XI.

La ciudad antigua es conocida por sus casas de varias plantas construidas con ladrillo y piedras basálticas y con ventanas ricamente decoradas.

Uno de los barrios del casco viejo fue destruido en el 2015, en lo que fue descrito como un ataque aéreo de la coalición árabe. Cinco personas murieron y varias casas medievales de adobe y un fuerte otomano fueron destruidos.

Las destrucciones van generalmente acompañadas de saqueos. Las autoridades suizas incautaron el año pasado piezas arqueológicas procedentes de Yemen, así como de Siria y de Libia, otros dos países en conflicto.

Los arqueólogos yemenitas hicieron un llamamiento a los partidos políticos y a las organizaciones internacionales para que ayuden a la conservación de las momias, que podrían sufrir todavía más con la llegada del verano.

Fahmi al Ariqi, un especialista en restauración en la Universidad de Saná, está preocupado. “Necesitamos expertos para salvar las 12 momias que están aquí y las otras 12 que están en el Museo Nacional de Saná”, declaró.

Y aunque sus llamamientos todavía no han surtido efecto, los arqueólogos yemenitas mantienen la confianza.

“Nuestra cultura y nuestra historia nunca desaparecerán”, asegura Jarala. “Yemen desborda de sitios arqueológicos y todavía quedan muchas momias por descubrir”.

Con información de Canal44

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La mujer yemení: un poder oculto

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Foto de Hani Mohammed (AP Photo)

Bilqis, la mítica reina de Saba, fue recibida por el rey Salomón en el siglo X antes de nuestra era. “Ella dio a luz al Yemen…”, afirma Zeynab. En el siglo XII se alzó Arwa, la musulmana que asombró a su mundo como soberana de los fieles. Casada con Mukkarram, heredero del fundador de los sulayhides, logró el poder en 1067 por orden de su esposo, afectado de paraplejia 1 . Las tribus más belicosas no tardaron en atacar la capital, Sana’a. “Arwa y sus hombres se refugiaron en las fortalezas de Haraz y unificaron el país”, concluye Zeynab, una estudiante de 23 años que parece una auténtica descendiente de esa estirpe de mujeres legendarias. La piel de ébano, los inmensos ojos negros, la finura física, Zeynab posee la gracia de Bilqis y la ambición de Arwa. Ella lucha por mejorar la condición de la mujer yemení. Su sueño es ver surgir otras Bilqis y Arwa.

Nos encontramos ante el imponente arco de Bab al Yaman, en el centro de Sana’a. La multitud tizna de negro la plaza central del casco antiguo. Las mujeres, sombrías e inquietantes, visten de negro de los pies a la cabeza. Tan solo sus ojos son visibles a través de una estrecha abertura en el velo. Este desfile de fantasmas lo es todo menos alegres, y hace presagiar lo peor respecto a la situación de la mujer. Zeynab, que lleva el pelo cubierto pero no el rostro, sonríe de oreja a oreja: “No te fíes de la apariencia de la clase acomodada y urbana, son los únicas que llevan esos sharshaf o abâya . ¡Fueron las mujeres turcas las que introdujeron el velo en el país!”

Unas mujeres envueltas en magníficos vestidos de algodón azul con motivos de rojo ladrillo pasan frente a nosotros. Esos cuadros de tela, llamados sitâra, se fabrican especialmente para las yemeníes en la India. “Es el velo de las mujeres con menos recursos; la ropa vistosa y con detalles elaborados, que es la tradicional yemení, se ve menos por la calle”, explica Zeynab.

Desde 1991, la Constitución es laica, ambos sexos son iguales ante la ley y las mujeres tienen derecho a votar. Por lo tanto, las presiones de grupos conservadores no reciben muchos apoyos. Sin embargo, el hombre puede divorciarse y repudiar a la mujer con facilidad, y la poligamia, que está permitida, es una práctica extendida. Las leyes tribales priman a menudo sobre la legislación de la república, pero, cosa extraña, en algunas tribus las mujeres gozan de la mayor autonomía y prestigio del país. Por ejemplo, en la región de Jabal Sabir, cercana a Taizz, la pseudoindependencia financiera de la mujer le otorga un estado de bienestar. Asimismo, la vida social exige la separación de sexos, pero la mezcla es más real de lo que uno pueda suponer.

Otra sorpresa: en el seno de una sociedad muy estratificada por el sistema de castas, por extraño que parezca, las mujeres más pobres son a menudo las más autónomas. Más del 70% de las mayores de diez años participan activamente en la economía nacional, pero menos de un 5% poseen un trabajo remunerado como profesoras, empleadas de banca o de la Administración. A pesar de que hoy en día casi todas las profesiones (menos la magistratura) están abiertas a las mujeres, tan solo unas pocas ocupan cargos políticos de primera línea.

Porteadoras de agua

Tras los pasos de la reina Arwa, Zeynab nos conduce a Hajarah. La ciudadela, tallada en la roca a 2.800 metros de altitud, seHajarah despierta lentamente. Las siluetas coloreadas por el sirwâl tradicional (pantalón bombacho ceñido por los tobillos) y adornadas por collares lazim(hileras de cadenas que forman un peto) se dirigen a los aljibes cavados en el despeñadero. Esas porteadoras de agua son las esposas de los barberos, y las únicas que ejercen una actividad profesional reconocida en el campo. Los bidones de agua contienen a veces más de veinte litros, que cargan durante varios kilómetros… “Esta clase baja, llamada bâya, está formada por los artesanos y los comerciantes. Ganan prestigio a medida que ganan dinero, como vuestra burguesía del siglo XVIII”, comenta Zeynab. Las bellas siluetas de color descienden las monumentales escaleras y desaparecen tras la puerta fortificada del burgo, que permanece cerrada durante la noche. Intramuros, los aljibes y los graneros subterráneos, indispensables para resistir los largos asedios, están casi intactos. A nuestros pies, los bancales cultivados dan fe del trabajo milenario de los campesinos.

Zeynab prosigue: “en los años ochenta, más del 86% de la población era campesina. Desde el éxodo masivo de los hombres hacia los centros urbanos y los países del Golfo Pérsico, la explotación de los campos y los trabajos más duros incumben a las mujeres, además de las tareas domésticas. Pero la proliferación de las escuelas para niñas en zonas rurales es un signo de esperanza para las generaciones futuras.”

Las mujeres en el zoco

Gracias al esfuerzo del gobierno, que está desarrollando rápidamente la red de carreteras que comunicará las regiones montañosas entre ellas y con la capital, el aislamiento se verá menguado, sobre todo el de la mujer. “¡Las primeras rutas que enlazaron algunos de estos pueblos con la capital fueron obra de la reina Arwa!”, afirma Zeynab con rotundidad antes de llevarnos a Manakha, la capital de los montes Haraz. El barrio antiguo se extiende por la gran plaza del mercado, en la falda del monte Shibam. Las estrechas callejuelas, repletas de tenderetes y talleres de artesanos, desembocan en el antiguo zoco, reservado sólo a los hombres. En este mercado dominical no cabe ni un alma. “Las mujeres de ciertas religiones tienen libertad para venir aquí a vender sus productos”, dice Zeynab a medida que nos aproximamos a un cerco de comercios de cestas y bordados. Y añade: “Las viudas y las esposas repudiadas también pueden frecuentar los mercados y vender alimentos o joyas para sufragar sus necesidades”.

Las dos principales confederaciones tribales del norte son los hashidas y los bakils. Su organización social prácticamente no ha cambiado desde hace siglos. La mujer desempeña un papel predominante, aunque los portavoces de cara al exterior sean hombres. Ellas colaboran en la economía familiar, deciden la evolución del clan organizando los matrimonios y las relaciones interfamiliares. En un pequeño pueblo podemos asistir a la oración colectiva de las mujeres, seguida de una tafrita, la reunión femenina. Un momento de asueto en el que se degustan qat 2 , comparten impresiones, intercambian información, deciden las ayudas mutuas entre miembros de la comunidad, organizan los matrimonios y venden o compran objetos. El orden del día incluye perfilar la fiesta de un matrimonio.

La novia, Khadija, de dieciséis años, ha sido escogida por la mujer del novio, Alí. Ella ha tenido la oportunidad de ver a su futuro marido en los esponsales que tienen lugar un mes antes. La familia de Khadija pertenece a la clase superior de los Sâda, descendientes del Profeta. El padre de Alí es un qudât o fuqâha, representante de la ciencia religiosa. El baño público de la joven, el cepillado de sus manos y pies, la presentación de vestidos y joyas se celebran durante varios días. Después se oficia la gran reunión pública, Laylat Azzafa, que pone fin al ciclo la noche del viernes. Zeynab nos cuenta que “para la celebración, las mujeres llevan vestidos tradicionales como los qamis, ropa de muselina naranja, malva o amarillo chillón con grandes mangas. La novia será la que irá vestida de forma más distinguida, ataviada con un labba, adorno grande de plata decorado con colgantes que forman parte de su dote”.

Las joyas de Yemen son apreciadas en el mundo entero. Las más preciosas, de plata, son obras de artesanos orfebres judíos, conocidos en toda Arabia desde la lejana Antigüedad, en la época del Profeta. En Yemen la plata ha sido durante mucho tiempo más apreciada que el oro, que el Islam no veía con buenos ojos 3 . El florón de la joyería ética siempre es de plata, pero debido a la influencia de los países del Golfo Pérsico, las joyas de oro son cada vez más frecuentes.

El caso de las beduinas

A medida que uno se aleja de las montañas, las contradicciones que nos explicaba Zaynab resultan más evidentes. La fuerte personalidad de las beduinas de la región desértica de Wadi al Ajwf (al noroeste del país) es un ejemplo de las huellas de la antigua sociedad tribal, de marcada tendencia matriarcal 4 . Estas mujeres de losqabils –gente de tribu, de casta superior– conducen camiones y llevan armas, lo cual es un honor absoluto en Yemen. Sus leyes tribales se remontan a la Antigüedad. Aquí, la violación implica la muerte y la mujer, según cuentan, tiene derecho a poseer un amante cuando el marido se ausenta por una larga temporada… Nos han asegurado que esto aún se practica.

Mezquita Reina Arwa ¿Y que piensan de estas costumbres las autoridades religiosas locales? “Depende de quién, evidentemente”, afirma Zaynab. La joven nos reserva una última sorpresa en Sana’a, La Jama’a Kabir, la gran mezquita central, construida en la época del Profeta. La reina Arwa embelleció y agrandó este sacro lugar: reunió cientos de ejemplares del Corán, únicos en el mundo. La ascensión de Arwa se produjo en parte gracias al Islam ismaelí 5 , introducido en Yemen en el siglo XII. Esta mujer culta, exégeta reconocida del libro sagrado, se basaba en sus propias interpretaciones para ¡fomentar la igualdad entre sexos!

Franqueamos el umbral de la mezquita tras la oración. Un anciano de barba grisácea nos da la bienvenida. Con la mirada clavada sobre la bella caligrafía del libro santo abierto sobre las rodillas, nos deja oír su nítida voz: “Arwa fue una fiel creyente. Ella sirvió a Dios porque sirvió a su pueblo…” Le preguntamos por qué se aparta a la mujer musulmana de la vida pública, ocultándola como un objeto precioso pero inútil: “Porque el hombre rechaza la yihad, la gran guerra santa contra el ego. Es prisionero de sus pasiones. ¡El quiere dominar sin dominarse!” 6

Al salir de la mezquita, Zeynab comenta que “el viejo sabio es un bohra, seguidor de la doctrina más esotérica del ismaelismo, pero por desgracia no todos los religiosos son como él.” Arwa era adulada por los ismaelíes y los bohras de Yemen. Bajo su reinado, los ulemas situaron a un religioso independiente a la cabeza de la comunidad, que defendió los derechos de las mujeres. Hoy en día, las mujeres bohras aún gozan de notable independencia. Debido a la persecución de los ultraortodoxos, los bohras se han visto obligados durante varias épocas a huir hacia la India, Sri Lanka y Madagascar.

Tafrita de estudiantes

Para terminar nuestro recorrido sociocultural, Zeynab nos invita a una tafrita de la juventud estudiantil y leída. Nuestra última velada la pasaremos en compañía de sus amigos y amigas de la universidad. Vestidos al estilo occidental, estas jóvenes exigen abiertamente más autonomía. La reunión mixta lo demuestra. Ellas rechazan los matrimonios pactados, reivindican su libertad de viajar e incluso de vivir solas. No obstante, si las relaciones sexuales fuera del matrimonio son tabú, el preservativo (dentro del matrimonio) aún lo es más. Todas están de acuerdo en que la educación garantiza la independencia intelectual y económica y, por tanto, la libertad. Opinan que las mujeres yemeníes aumentarán su participación en la vida social, incluso en la vida política. Ahora son muchas las que estudian y algunas ya ocupan puestos de responsabilidad.

Es obvio que todavía es necesario crear más escuelas en los pueblos apartados, incrementar el número de profesoras en los colegios de niñas, y democratizar la educación para acercarla a lo más bajo de la escala social. Otra tarea pendiente es acabar con algunas costumbres tribales, derivadas de ciertas interpretaciones del Islam, que castigan severamente a la mujer.

El gobierno parece dispuesto a separar la política de la religión y a alfabetizar masivamente a la población. Pero lo más esperanzador es la convicción de la generación joven, que se inspira en un pasado glorioso pero confía en un futuro moderno dentro de un mundo plural. Quién sabe, ¿será Zeynab la nueva Bilqis o la nueva Arwa a la cabeza de un Yemen renovado?

Por Hèlene Kafi
Periodista y escritora. Iraní de nacimiento, vive en Francia desde hace más de treinta años. Ha escrito diversos artículos sobre la situación de la mujer en los países musulmanes de Oriente Medio.

Notas
1 La reina Arwa gobernó Yemen durante más de setenta años: desde su ascenso al poder en 1067, cuando contaba con diecinueve años, hasta su muerte en 1138, con noventa años. (Nota de la Redacción).
2 El qat es un estimulante vegetal que se masca, parecido al tabaco, usado tradicionalmente en Yemen y otros países vecinos. (Nota de la Redacción).
3 En el Islam, los hombres tienen prohibido llevar cualquier tipo de adorno fabricado en oro. No así las mujeres, que gozan de absoluta libertad para portar este tipo de adornos. De igual modo sucede con los vestidos de seda, prohibidos para los hombres y permitidos a las mujeres. (Nota de la Redacción).
4 Esta supuesta tendencia matriarcal es puesta en duda por algunos autores. Para más información, véase Barbara Freyer Stowasser, “The Status of Women in Early Islam”, en Muslim Women, pág 15., citado por Hamid R. Kusha, “ El papel de la mujer musulmana: un debate entre Islam tradicionalista e Islam moderno ”, en revista Alif Nûn nº 43, noviembre de 2006. (Nota de la Redacción).
5 El ismaelismo es una de las corrientes del Islam shi’í. Sus miembros son llamados también “septimanos”, por reconocer tan solo a siete de los doce imames de la escuela yafari, que es la mayoritaria dentro del Islam shi’í. Para más información sobre el ismaelismo, véase Yusuf Férnadez, “ El Islam y las escuelas jurídicas ”, en revista Alif Nûn nº 43, noviembre de 2006; Seyyed Husein Nasr, “ Ciencia y civilización en el Islam (II) ”, en revista Alif Nûn nº 63, septiembre de 2008; Yann Richard, El Islam shií , Editorial Bellaterra, Barcelona, 1996; Henry Corbin, Tiempo cíclico y gnosis ismailí , Biblioteca Nueva, Madrid, 2003; Xavier de Planhol, Minorías en el Islam , Editorial Bellaterra, Barcelona, 2002. (Nota de la Redacción).
6 Véase Seyyed Husein Nasr, “ El significado espiritual del yihad ”, en revista Alif Nûn nº 54, noviembre de 2007. (Nota de la Redacción)

Con información de: Web Islam

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