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Caña al moro

Aquel crisol de culturas fruto del mestizaje de los distintos pueblos que ahora quieren que aborrezcamos es negar la evidencia de aquella expulsión de los moriscos de 1603.

La barbarie y tragedia que Europa realiza en sus fronteras no debe llevarnos por el odio al extranjero hambriento, persiguiéndolos, tal como pregonan y actúan los que dicen representarnos en Europa y en nuestra Patria, mientras esa tragedia continúa nuestros, digamos líderes patrios, hacen campaña en Venezuela sin ver la cotidianidad de las colas por alimentos también en España, y si añadimos el no recordar que no hace tanto tiempo fuimos igualmente refugiados, años más tarde y hoy mismo, debido al paro y los más de tres millones de personas en la pobreza e indigencia, emigrantes forzados, en realidad expulsados por nuestros diferentes gobiernos solo preocupados del beneficio propio, pero si añadimos a la desidia nuestro olvido al origen y nuestra mezcla, no comprendo cómo se dejan arrastrar en ese odio exacerbado el repudiar a millones de personas por la doble condición de ser mayoría de origen árabe sin ver que huyen de los desastres provocados por guerras de intereses. Odio exacerbado por un lado y creciente auge del filo-judaísmo de nuestros dirigentes, esos mismos que antes pregonaban lo contrario, sin haber condenado nunca la ideología de donde provienen, nuestra reciente dictadura que tanto odiaba a los judíos.

Pretenden hacernos olvidar nuestro origen como habitantes de la Península Ibérica, somos los más mezclados de todas las naciones, por ser lugar donde se establecieron fenicios, griegos, celtas; invadidos por cartagineses, romanos, tribus de suevos, vándalos, alanos, visigodos, vikingos y moros. Con todos ellos vinieron judíos, etnia silenciosa y no invasora afortunadamente, se dedicaron al comercio y recaudación de impuestos. Pero quiero destacar de todas las tribus o naciones invasoras a los árabes, los que invadieron sin invadir al ser llamados por una de las facciones en las luchas internas entre dos grandes clanes político-familiares godos en la Hispania de entonces, el clan Wamba – Égica – Witiza y el de Chindasvinto – Recesvinto – Rodrigo. Witiza pidió ayuda a los bereberes del norte de África en el 711, y siguiendo en apoyo en las disputas de los clanes llegaron en 15 años hasta la Galia, contando con parte de la población judía, en su mayoría conversos forzados y reiteradamente hostigados por la legislación visigoda, apoyo importante como gestores al estar presentes en todos los centros urbanos al ser recaudadores y prestamistas con contactos en toda la cuenca mediterránea. Para aquellos árabes que durante los 781 años de dominación en Al-Ándalus (península ibérica para ellos), la tolerancia religiosa fue un ejemplo a destacar, a excepción del periodo almorávide durante la segunda mitad del s. XI y primera del s. XII, coincidiendo con las invasiones de la 1ª Cruzada para conquistar los Santos Lugares y la toma de Jerusalén en 1099; según crónicas de la época “en las calles y plazas no se veían más que montones de cabezas, manos y pies. Se derramó tanta sangre en la mezquita edificada sobre el templo de Salomón, que los cadáveres flotaban en ella y en muchos lugares la sangre llegaba hasta la rodilla. Cerca de 40.000 personas fueron brutalmente asesinadas de mil formas diferentes, una auténtica orgía de sangre y destrucción. Todo en nombre de un Dios y una fe. Cuando no hubo más musulmanes que matar, los jefes del ejército se dirigieron en procesión a la Iglesia del Santo Sepulcro para la ceremonia de acción de gracias”.

La actuación de los cruzados dejó conmocionado al mundo musulmán, nunca antes se había visto ese nivel de barbarie, salvajismo y destrucción (se repite en la actualidad). Los cruzados masacraron a miles de personas, hombres, mujeres y niños solo por el hecho de ser de otra religión. Nos guste o no la Iglesia Católica es la responsable indirectamente de todas las matanzas y odio entre religiones, haciendo que el fanatismo y las ansias de poder cegaran a toda la cristiandad. Casi mil años después el paralelismo de aquella barbarie es patente con la aparición de Isis, Daesh o el Estado Islámico, radicales que actúan contra los de su mismo credo y exportan al exterior también contra la población civil, un odio a consecuencia de las fechorías de los poderes petrolíferos que invadieron Oriente Próximo, poderes que a su vez los financia en armas y logística, manejándolos, al tergiversar y difundir ese fanatismo haciendo hincapié en lo retrasado de toda esa etnia religiosa en continuo conflictos entre ellos, pero sin analizar que el periodo de oscuridad en el mundo musulmán se debe a sus dirigentes al erigirse en guías religiosos, escondiendo su único interés, el vil metal, igual a los nuestros que lograron controlar a sus pueblos a través de la religión, tal como ocurrió en Europa desde el siglo IV.

Aquellos almorávides fueron los primeros radicales religiosos islámicos, actuaron hacia sus hermanos de fe al considerarlos relajados en ella, siendo el origen de la mayor desgracia para el islam al acabar con el desarrollo cultural árabe andalusí, luz y faro cultural del mundo conocido entonces a semejanza de la Europa con las invasiones bárbaras, época aprovechada por la iglesia católica para capitalizar el poder apoyándose en el Edicto de Milán del año 313, siendo emperador Constantino al proclamarla religión del Estado que sirvió a la Iglesia para cortar lazos con los cristianos ortodoxos de Bizancio, y cuya consecuencia fue el aislamiento comercial y cultural con el resto del mundo conocido, hasta el Renacimiento, más 1.200 años de retraso europeo. Afortunadamente las ciudades Estados italianas tomaron el testigo de la economía, cultura y libertades a través de los textos originales griegos y romanos conservados y traducidos por los sabios andalusíes, moros o judíos; y a su vez corrigiendo los manipulados que no fueron quemados o destruidos por la intransigencia religiosa católica.

Para España también supuso un atraso cultural inmenso el acabar la mal llamada reconquista, los árabes conversos siguieron hasta que Felipe III ordenó su expulsión, y alrededor de trescientos mil herederos de aquellos que llegaron 898 años antes al ser expulsados emigraron principalmente al norte de África, donde acabaron integrándose. Esta expulsión, en su mayoría agricultores y artesanos supuso para España una fractura extraordinaria a todos los niveles, siendo la evidencia de un fracaso debido al abandono y saqueo de las infraestructuras creadas por ellos que redundó aún más en el declive de español desde el siglo XVII, pues los monarcas una vez saqueada y repartida la Península entre sus supuestos “nobles” la abandonaron a su suerte para centrase en el siguiente saqueo, América.

Y aquel crisol de culturas fruto del mestizaje de los distintos pueblos que ahora quieren que aborrezcamos es negar la evidencia de aquella expulsión de los moriscos de 1603, cuando fue la puntilla final del retroceso español hasta la actualidad, siendo desde entonces estigmatizados y fomentando el odio hacia ellos por el nuevo poder, acrecentado con la ayuda de los verdaderos dirigentes de Norteamérica y la sociedad anglófona en general, la secta judía de los sionistas, ocurre con los mensajes subliminales en series y películas norteamericanas donde para ellos la maldad a combatir la representa cualquier persona de un Estado islámico sea o no árabe, sustituyendo a los hasta hace bien poco, negros o hispanos, pretenden y en algunos casos logran que el odio cale en buena parte del orbe, en España se refleja con la frase:

¡Caña al moro!

Por José Enrique Centén
Con información de Siglo XXI

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Seis años de guerra destrozan 50 siglos de historia en Siria

Apamea

A los 300.000 muertos y 10 millones de desplazados, el país suma la pérdida de una herencia patrimonial inigualable.

La vida necesitó 5.000 años para ir dejando en Siria, poco a poco, su herencia hecha piedra. A la muerte sólo le han hecho falta seis para destruir ese legado. El conflicto entre partidarios y detractores del régimen de Bachar el Asad no sólo acumula más de 300.000 muertos, dos millones de heridos y 10 millones de desplazados -según las cifras más conservadoras- sino que, además, arrastra el desgaste e incluso la desaparición de algunos de los principales símbolos del patrimonio nacional, víctimas del fuego cruzado.

La UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) denuncia reiteradamente que la inestabilidad del país es “letal” también en el plano histórico y artístico, que está recibiendo un “duro golpe”, y reclama a leales, rebeldes y yihadistas que cumplan con la Convención de La Haya, que exige la preservación de los bienes culturales en tiempo de guerra. Nadie atiende a razones por las piedras, si ni siquiera lo hacen por los civiles inocentes que caen a cientos cada día.

Nada Hassan, responsable de la UNESCO para países árabes, repite desde 2011 que los principales problemas que afrontan son la destrucción de sitios históricos, el saqueo o el pillaje y los robos en museos. Los seis espacios catalogados como Patrimonio de la Humanidad –las ciudades viejas de Alepo, Bosra y Damasco, más los “pueblos del norte”, las fortalezas del Crac de los Caballeros y Qusr Al Hayr y las ruinas de Palmira– están ahora en la lista de bienes en peligro y los 12 aspirantes a lograr, en los tiempos en los que Siria era un importante destino turístico de Oriente Medio, esta distinción han resultado todos dañados en este tiempo.

Sednaya

Los fondos de los 34 museos nacionales han sido trasladados a refugios seguros, según ha confirmado el Gobierno sirio, pero algunos ya habían sido atacados y aún se desconoce qué se ha perdido en este intervalo. Nadie de Naciones Unidas ha podido entrar en el país y verificar esta protección, lo que añade aún más incertidumbre sobre la realidad en el terreno. Las imágenes de satélite y los testimonios de fuentes y refugiados son los que permiten aproximar el diagnóstico.

El Fondo de Patrimonio Mundial (Global Heritage Fund) ha emitido sucesivos informes en estos seis años de batalla en los que habla, directamente, del “daño al alma” de Siria que se está generando con su pérdida de riqueza cultural. Un país que ha sido hogar deseado desde la edad del bronce por pueblos como los babilonios, los asirios, los hititas, los griegos, los sasánidas, los persas, los romanos, los árabes, los cruzados, los otomanos… y de cuyo paso cada vez queda menos recuerdo palpable.

Todos los vestigios de Siria están en peligro, indica la UNESCO. Muchos de estos espacios han estado en primera línea de batalla, escenario del choque entre las tropas de Asad, los disidentes armados y los islamistas. Los castillos, mezquitas o villas reciben en estos choques impactos directos o son usados como refugio, zona de acampada y almacén de municiones. No es que estén en medio del fuego, es que por este uso indebido son una diana más.

En marzo de 2011, cuando comenzaron los primeros levantamientos populares contra el régimen de Damasco, trabajaban en el país 78 equipos de arqueólogos, con amplia presencia europea, indica la UNESCO. Ninguno queda ya sobre el terreno. Su labor profesional y cuidada ha sido sustituida por al menos 400 excavaciones ilegales corroboradas por el Observatorio Sirio por los Derechos Humanos, un grupo opositor instalado en Londres que cuenta con informadores en el país.

Estos son algunos de los tesoros perdidos en esta guerra que ya enfila, sin compasión, su séptimo año.

Palmira

PALMIRA

Es conocida como la Perla del desierto o la Novia del desierto, una ciudad que ha sido durante siglos uno de los centros culturales más importantes del mundo antiguo, el reino de Zenobia. Palmira fue punto de encuentro de las caravanas en la Ruta de la Seda pero en los últimos años lo que se ha visto por allá ha sido a miembros del Estado Islámico y del Ejército sirio, peleando por el control de sus calles modernas y de sus impresionantes restos.

La ciudad aramea, de una avanzada arquitectura, se remonta al segundo milenio antes de Cristo y, más tarde, evolucionó a través del período grecorromano y el persa, dejando sedimentos de ambas culturas, algo que sucede en muy pocos lugares del planeta. La destrucción del Arco de Triunfo de Palmira por parte del ISIS, en octubre de 2005, ha sido una de las grandes catástrofes desde el punto de vista cultural, toda vez que sus orígenes se remontan a más de 2.000 años atrás. El Daesh también había hecho explotar tres torres funerarias del siglo I después de Cristo y el templo de Bel.

El Crac de los Caballeros

CRAC DE LOS CABALLEROS

Esta fortaleza del este de Siria, declarada la década pasada Patrimonio de la Humanidad, es uno de los mejores ejemplos arquitectónicos de la época de las Cruzadas. Construida durante el siglo XII, había logrado superar innumerables ataques enemigos, hasta que en 2012 y 2013, los combates aéreos y de artillería lograron destrozar buena parte de sus murallas.

Aunque las primeras imágenes de televisión mostraron la estructura casi completa, luego se localizaron impactos de mortero en la base del edificio y también en una de sus torres, “seriamente dañada”, indican los disidentes Comités Locales de Coordinación. Sostienen que en los alrededores hay “cuantiosos escombros”, retirados del interior.

Alepo

ALEPO

Alepo es, sin duda, una de las ciudades más castigadas por los enfrentamientos de los últimos seis años. Era la urbe más grande y más poblada del país, más incluso que Damasco, la capital. Su historia se remonta al segundo milenio antes de Cristo, por lo que su Ciudad Vieja es Patrimonio de la Humanidad desde 1986, como crisol de todas esas culturas que han dejado su huella. Entre las mayores pérdidas de Alepo destaca la destrucción de la Gran Mezquita Omeya, una de las mayores del mundo. Su minarete, que data del siglo XI, fue totalmente eliminado en 2013 y otras partes de la construcción, como paredes y patios, has sufrido desperfectos de enorme consideración.

Según EFE, el 60% de su mercado medieval y sus mezquitas ha sido destrozado o quemado en la guerra. El llamado Zoco de Alepo, el mercado cubierto más grande del mundo, se extendía desde la Edad Media a lo largo de una docena de kilómetros. La catedral armenia de los Cuarenta Mártires, un emblemático templo del siglo XV, con una torre de campanario considerada como un ejemplo único de arquitectura barroca en la ciudad, también ha sufrido importantes daños. La ciudadela de Saladino, por su parte, ha sufrido finalmente menos daños de los esperados porque fue una especie de cuartel general de las tropas del régimen en este tiempo.

La jefatura del Departamento de Antigüedades de Siria sostiene que un 40% de la ciudad está en buenas condiciones, un 30% tiene daños restaurables y otro 30%, daños “catastróficos”. Muchos de estos últimos se han producido en edificios históricos, dada la lucha calle a calle, cuerpo a cuerpo, en la zona vieja. Los primeros 25 arquitectos entraron el mes pasado en la ciudad para revisar los daños y hacer balance.

Hama

HAMA Y SUS NORIAS

Las Norias de Hama, situadas en el río Orontes, son un ejemplo impresionante de la ingeniería hidráulica a lo largo de la historia, y hasta ahora, eran también uno de los principales reclamos turísticos de la ciudad, que lleva seis años en los titulares del mundo por las reiteradas matanzas del régimen. “Las más espléndidas norias jamás construidas”, se les llama. A pesar de que en su momento llegó a haber más de 30 de estas norias, hasta 2014 se conservaban 17, cuando según arqueólogos sirios, algunas de estas espectaculares construcciones de madera fueron quemadas. El Gobierno sirio no ha aclarado cuántas quedan en pie.

Bosra

BOSRA

Al sur de Siria se encuentra la ciudad de Bosra, que fue en su día la antigua capital del imperio árabe romano. Su importancia comercial fue enorme y llegó a contar 50.000 habitantes.

Entre sus joyas más preciadas figuran un espectacular teatro romano del siglo II, ordenado construir por el emperador Trajano, ruinas romanas y bizantinas y mezquitas. El teatro ha sido objeto de ataques de morteros y desde 2014 se usa para ocultar fosas comunes.

HOMS

Homs, una de las ciudades más castigadas desde el inicio de la contienda, ha visto convertir en escombros uno de sus edificios más emblemáticos: la Mezquita de Kalid ibn al-Walid. Construida en el siglo VII, se dice que en ella descansan los restos del caudillo musulmán que le da el nombre, muy venerado en la zona. Fue pasto de los bombardeos en 2013, porque se convirtió en un símbolo de los opositores, después de que se celebrasen en este edificio algunos entierros masivos que acabaron en cargas policiales y muertos. Hoy está parcialmente dañada y sin reconstruir.

DEIR EZZOR

Siria también ha perdido monumentos más recientes, pero que eran únicos. Deir Ezzor, por ejemplo, albergaba un puente colgante famoso en todo el país, construido a finales de los años 20 del siglo XX por ingenieros de Francia. Convertido en un paso peatonal sobre el río Éufrates, ha conectado durante décadas el Levante con la Alta Mesopotamia, pero quedó notablemente dañado en 2013.

El Fondo de Patrimonio Mundial añade más nombres al desastre: la ciudad de Apamea y sus murallas medievales, los monasterios de Seydnaya y Santiago El Mutilado, de la época de Justiniano… Ha habido saqueos en los museos de Homs, Gama, Deir Ezzor e Idlib (capiteles, ánforas), en Apamea (ha habido mosaicos arrancados con excavadoras) y Raqqa (donde faltan esculturas de hace 3.000 años y donde islamistas del ISIS, Estado Islámico de Irak y Levante, al mando en la zona, han destruido material que han considerado “ofensivo”).

Por Carmen Rengel
Con información de El Huffington Post

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Los intentos por borrar la milenaria historia de Siria

Templo de Baalshamin en la ciudad de Palmira, Siria

Los afanes de quienes ejecutan y promueven la guerra impuesta a Siria intentan borrar el rostro y la identidad de una nación con el saqueo y la destrucción de una historia milenaria y que definió con altas y bajas el desarrollo de la civilización.

Hasta el 2011, cuando la barbarie del terrorismo irrumpió con intenciones económicas enmascaradas en conflictos civiles y religiosos, esta nación del Levante era considerada ‘el paraíso de la arqueología’.

En los algo más de 185 mil kilómetros cuadrados del territorio nacional confluían los vestigios de civilizaciones como la Fenicia, Greco-Romana, Palmireña, Bizantina, Arabe- Islámica y de las Cruzadas, una mezcla aún por estudiar y detallar en toda su vasta complejidad histórica.

Cuando las magnitudes del conflicto alcanzaron límites impredecibles dos años después, la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco) decidió definir en peligro a todos los sitios arqueológicos del país.

La muerte armada en manos de casi un centenar de grupos terroristas se expandió desde el fondo de las cavernas del inframundo por toda la nación, alentada por quienes desde los grandes centros de poder nunca han podido admitir un desarrollo alternativo civilizado y que con todos los posibles defectos en su evolución, definen la historia de la Humanidad.

Más de 900 sitios arqueológicos, yacimientos o simples vestigios geográficos, fueron objeto de un vandalismo que incluyó saqueos con fines lucrativos de valiosas piezas, o dinamitar símbolos y asesinar a especialistas. Todo con un afán diabólico de destrucción ilimitada.

La furia arrasadora se centró a partir de los seis sitios declarados desde 1979 como Patrimonio de la Humanidad: Ciudad Vieja de Damasco, Palmira, Casco Histórico de Bosra, centro antiguo de Alepo, el Crac de los Caballeros y las Aldeas del Norte del país.

Otros, propuestos con ese objetivo desde el año 1999 quedaron en suspenso y no dejaron, sin embargo, de recibir el embate aniquilador como las Norias de Hama, Ugarit, Ebla, Tell Hariri, Apamea, Malula o el Castillo de los Cruzados, en Tartus.

Un testimonio, el de Nima Mohrtain, especialista encargada de la conservación del Crac de los Caballeros, en la carretera que une a Homs con Tartus, habló con pasión de cómo rehabilitaron los lugares destruidos y de qué manera los cabecillas aprovechaban la ignorancia de los elementos terroristas para incendiar, borrar y destruir cualquier vestigio posible.

Justo lo que fuera capilla del oratorio del Crac muestra una expresión en latín tallada en la roca: ‘Si eres un hombre de mucho dinero, belleza y prepotencia, no tienes nada.’ No la borraron porque no pudieron entender lo que decía y al fin, les importó poco, afirmó la especialista.

El Crac, construido en 1034, y sucesivamente reparado a través de los años, llegó a ser visitado por más de seis mil persona en un solo día, relató.

Tal interés por el conocimiento fue apreciado también por los reporteros de Prensa Latina en varias visitas a Malula, Homs, el casco histórico de Damasco, Sednaya o Palmira, la histórica llamada Joya del Desierto, actualmente vuelta a ocupar por el Estado Islámico, Daesh, cuyos integrantes dinamitaron la mayor parte de los milenarios monumentos y construcciones de la ciudad.

A la fecha, un documentado mapa interactivo elaborado por las autoridades culturales y patrimoniales sirias muestra con bastante exactitud 758 sitios arqueológicos en toda Siria con destrucciones totales, parciales o de menor grado en las 13 provincias del país.

Pero a ese vandalismo se unen las excavaciones ilegales con afanes de lucro propiciadas por el Daesh en más de medio centenar de lugares de las zonas ocupadas y que, según datos, conforman un panorama total de pérdidas estimadas en cerca de 10 mil millones de euros (algo más de 11 mil millones de dólares).

Multitud de documentos publicados, no solamente por las autoridades sirias, señalan que la mayoría de lo saqueado se hace por encargo, con un intermediario que, por ejemplo, vende un mosaico bizantino por miles de dólares y que termina en manos de coleccionistas privados millonarios de Europa, Francia, Alemania, Estados Unidos o los países del Golfo.

Por lo regular, ese tráfico es sobre la base de piezas pequeñas saqueadas porque si pudieran, hubieran cargado otras monumentales, impotencia ‘comercial’ que les hace dinamitarlas como el Templo de Bel, en Palmira.

Esa red de contrabando de lo saqueado es ‘muy difícil de detectar’ para la Interpol, muy pocas veces eficiente en muchos otros detalles a pesar de fundarse en 1923 y estar, aparentemente integrada, por representantes de 190 naciones con sede en Lyon, Francia,

A pesar de todo este dramático ‘expediente’, la Dirección General de Antigüedades y Museo, por medio de su director, Maamouth Abdel Karim, asegura que un buen por ciento de las piezas más valiosas están en ‘lugares seguros’ gracias al esfuerzo conjunto de personal especializado, simples pobladores, autoridades provinciales y el de las unidades del Ejército sirio.

Por Pedro García Hernández
Con información de Prensa Latina

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