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Elías – Cuento Sufí

Érase un hombre que comía todas las noches golosinas invocando el nombre de Dios.

Un día, Satanás le dijo: “¡Hombre sin dignidad, cállate! ¿Hasta cuándo repetirás el nombre de Dios? ¡Ya ves que no te responde”!

Al hombre se le partió el corazón ante estas palabras y se durmió en ese estado de espíritu. Tuvo entonces un sueño y vio a Elías que le decía: “¿Por qué has dejado de repetir el nombre de Dios?”. El hombre respondió: “¡Porque no he tenido ninguna respuesta y he temido que me haya echado de su puerta!”

Elías dijo entonces: Dios nos ha dicho: “Porque he aceptado tu plegaria es por lo que sigo manteniéndote en esta preocupación”. Tu temor y tu amor son pretextos para conservar tu intimidad con Dios.

El solo hecho de que sigues rezando te anuncia que son aceptadas tus oraciones.

Yalal Al-Din Rumi

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La historia del Sheikh que compró Halva

Sheikh Muzaffer Efendi (ra)

Bismillahir Rahmanir Rahim
En el Nombre de Dios Clemente Misericordioso

Una tarde, mientras todos se reunían para escuchar el Sohbet, Sheikh Nur presento a un nuevo estudiante a Sheikh Muzaffer Efendi (ra) y le dijo que esta persona tenía un deseo sincero. Efendi respondió: “Si algo esta destinado para ti, sin duda que te llegara”. Luego de un breve silencio, el explico: “Hay un Hadith que dice: “Cualquier cosa que te este destinada, ninguna fuerza puede impedir que te llegue. Y todo aquello que no te esta destinado, no existe fuerza que pueda hacer que te llegue”. De modo que si es tu kismet destino), te llegara; sino, no te llegara”.

Sheikh Nur preguntó: “Entonces, ¿Cuál es propósito de rezar por ello?”. Efendi estuvo de acuerdo que esta era una pregunta válida, pero agrego: “Si no esta en tu destino, entonces Allah hará que te olvides de rezar por ello. Y si es mi destino, Yo me recordaré y rezaré por ello”. Luego, para subrayar el punto, Efendi contó la siguiente historia:

Había un Sheikh que era una muy generosa persona, pero no tenia ningún ingreso y ninguno de sus derviches le habían donado dinero. Aun así, debido a su generosa naturaleza, había salido a mendigar o a pedir prestado dinero y lo distribuía entre los pobres. Naturalmente, de este modo había acumulado muchas deudas. Finalmente, cayó críticamente enfermo y todos sus acreedores se reunieron alrededor de su cama, deseando el cobrar aquello que el sheikh les debía antes de que parta al mas allá. El sheikh les dijo que no tenía dinero, y que todo lo que les había pedido lo había dado a los pobres en caridad, y que el único medio era esperar a que Allah le hiciera llegar algo de dinero con el cual poder pagarles. Los acreedores del Sheikh le preguntaron por que había pedido dinero sino podía devolverlo. El explico que no había gastado ni un solo centavo de lo que el había pedido en alimentarse, sino que lo había dado a aquellos que realmente lo necesitaba. Ante esto, sus acreedores se pusieron mas furiosos con el, reclamándole que encontrase la manera de pagarles. Entonces el dijo: “Bien. Siéntense alrededor de mi cama y esperaremos. Quizás Allah me envíe algo”.

Ante esto ellos se comenzaron a desesperar gritando que debían volver a atender sus negocios, y no sentarse a esperar sentados en un lugar donde no se les pagaba lo que se les debía ni ganaban más dinero. “Por favor cálmense y tengan un poco de paciencia”, les aconsejo el Sheikh. “Estoy seguro que Allah pronto proveerá algo con lo cual podré pagarles a ustedes”. En ese momento, abajo en la calle, escucharon el sonido de un joven chico que ofrecía halva para vender, un dulce postre turco. El Sheikh se levanto y asomándose por la ventana grito: “Hijo mío. ¿Cuánto pides por el halva?”. El chico respondió que salía un centavo por pieza. Había unos un grupo de niños pobres jugando en la calle – y el sheikh le pidió que distribuyera todo el halva entre ellos y que luego suba a verlo. Sus acreedores le hablaron, diciéndole: “Mira, tu obviamente tienes dinero para comprar todo el halva a este chico. ¿Por qué no nos pagas a nosotros?”. A lo que el sheikh respondió: “No tengo nada de dinero. Solamente estoy usando a este chico como un medio para obtener algo de dinero”.

Luego de que el joven hubo distribuido todo el halva, subió las escaleras hasta el departamento del sheikh y le pidió que le pagase. El sheikh le dijo: “Mira. No tengo nada de dinero”. El joven lo miró shockeado y le respondió: “¿Qué quieres decir, con que no tienes dinero? Tu me has hecho dar todo mi halva y ahora me estás diciendo que no tienes para pagármelo? ¿Qué es lo que se supone debo decirle a mi jefe si regreso sin el halva o sin el dinero? Estoy en un gran problema! Yo necesito ese dinero, así que págamelo ahora!”. El sheikh solo le respondió que no tenía dinero.

En ese momento, el joven comenzó a llorar, gimiendo y reclamando por su dinero, lamentándose. Ante esto, los acreedores se enfurecieron con el sheikh, diciendo: “¿No es acaso suficiente mal el que nos has hecho a nosotros? ¡Ahora has hecho lo mismo, engañando a este pobre chico enfrente de nosotros! ¡Eres una persona terrible!”. Y cuando estaban a punto de atacar al sheikh en su cama, alguien golpeó la puerta de su casa. Era un emisario del palacio del sultán, quien entró a su cuarto y le entregó al sheikh una bolsa llena de monedas de oro. El sheikh abrió la bolsa y le pago tanto a sus acreedores como al jovencito lo que les debía. Entonces en ese momento, el sheikh se dirigió a los comerciantes diciendo: “Como habrán visto, si el niño no hubiera llorado tanto, tan amargamente y con tanto anhelo, el dinero no nos hubiese llegado”.

Entonces Efendi concluyó: “Yo no sé si he podido transmitir ésto adecuadamente a vosotros. Si uno llora como un niño, perdiéndose a sí mismo totalmente, lamentándose y llorando por aquello que uno desea, entonces Allah ciertamente te recompensará con eso que deseas. Cualquier sea la razón, sea un tema de dinero o cualquier otra cosa, este jovencito en la historia se perdió a si mismo y – quizás por temor a su jefe – él se olvidó de todo el resto del mundo e incluso del otro mundo. Esta cosa se convirtió en su centro, y con este centro se lamentó y lloró. Si tú pudieras rezar de esa manera, no hay duda que tú recibirás aquello que deseas”.

Efendi agregó con mucho humor: “Para ser capaz de pagarte por tu deseo, yo tengo que llorar en la presencia de la tumba de Hazreti Pir (el santo Fundador de la Tariqa Yerrahi al Halveti) como ese pequeño niño”. Efendi concluyó con una broma, la cual compartió con los demás: “O yo lloro así o tú lo tendrás que hacer”.

Extraída del Libro “Lifting de Boundaries”,Sección II Pag.163-166
Traducción al castellano: Suleyman al Yerrahi

Con información de Sufismo

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El mercado – Yalal ad-Din Muhammad Rumi

EL MERCADO

Shamsuddin se convirtió a partir de entonces en un discípulo más devoto, y aceptó que era cierto lo que había dicho Maulana: que como el tenía la impulsividad propia del Buscador espiritual, buscaba constantemente la compañía de todos los maestros posibles; pero lo que le había dicho Maulana le había abierto los ojos a la realidad de un maestro verdadero. Aquel día, Maulana recitó unos versos y mandó a todos sus discípulos que se los aprendieran de memoria.
Decían así:

En este mercado
de los vendedores de medicinas de lo Oculto,
no corras de un lado a otro,
pasando por todas las tiendas.
¡Siéntate, más bien, en la tienda
del que te puede dar el verdadero remedio!

Yalal ad-Din Muhammad Rumi

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