Archivo de la etiqueta: Siria

Un paisaje de Siria

 

Un racimo de niños.

Una parvada viene en el tren.

Traen sobre la piel los tonos aceituna de su tierra.

Mientras sus ojos vuelan con sus caras pegadas a la ventana, devorando el paisaje que nos pasa.

Yo los miro en su viaje que no termina cobijados por la atención constante de su madre.

Puedo ver los escombros de sus hogares, la huella de sus lágrimas haciendo surcos a través del  polvo impregnado a sus mejillas.

Se voltean a mirar mi bicicleta y exploran en mis ojos tratando de leer, de adivinar.

Revolotean entre ellos por fin sin miedo, aliviados de la tristeza por el consuelo de saberse arropados y queridos.

Mientras ellos me miran yo leo en sus ojos los paisajes de Siria.

Ellos vienen del mar y yo también.

Cada camino, el que los trajo a ellos como a mí, aquí nos juntan.

No importa como rezan ni a los ojos de Dios, mis oraciones son distintas en algo de las suyas.

Es Dios el que nos trajo sobre estas vías, es el amor lo mismo que nos une.

Al verlos, veo a mis hijos y agradezco saber que están a salvo.

Que son buenos como estos pajaritos que vienen aprendiendo como esponjas, solamente sorpresas y prodigios.

Agradezco saber que para ellos ahora todo es nuevo como su vida.

Agradezco saber que los sabores que trajeron con ellos vivirán en la mesa de su vejez.

Agradezco saber que los viajeros, los migrantes forzados, los que buscan refugio o aventura por fuerza en algún punto del camino a la sombra de un árbol, entendemos de pronto que atrás nada ha quedado.

El amor no se deja ni se olvida, viene en el equipaje de polizón.

Cualquier olor tal vez alguno sonido sin que tenga que ser una canción, nos devuelve la vida que creíamos haber dejado atrás.

Agradezco que al ver a estos pequeños estoy viendo a mis hijos y aunque no los abrazo los abrazan mis ojos y lo agradezco, una vez que han leído o adivinado.

Estos niños venidos de tan lejos ya que han visto tal vez en mí  su abuelo (su abuelo en bicicleta), me han regalado finalmente por un instante el tesoro precioso de una sonrisa y con ella la luz en la mirada de mis hijos.

 Un racimo de niños.

Una parvada viene en el tren.

Con su piel de aceituna y los ojos abiertos al paisaje que pasa frente a ellos.

Sin temor, sin tristeza.

Revolotean a la vista de su madre que los mira serena sin olvidar tras su mirada, los paisajes de Siria de donde vienen ellos.

Verlos así, veros aquí, tranquilos acogidos y a salvo.

Reconforta mirarlos.

Julio Chavezmontes

©2017-paginasarabes®

El mate en los países árabes: Una tradición que se exporta

Desde fines del siglo XIX, Argentina, referente internacional en materia de producción de Yerba Mate, comenzó a exportar este noble producto natural. La introducción en esta lejana región se inició con la gran inmigración siria  producida en el año 1850/60. Quienes arribaron a nuestro país, adquirieron el hábito de tomar mate y cuando muchos de ellos regresaron a su tierra, llevaron consigo esta costumbre.

A más de 12 mil kilómetros de distancia, el mate se consume cotidianamente entre jóvenes y adultos como una bebida energizante y económica que no hace diferencias entre clases sociales. El parecido con Argentina es asombroso, pero se trata de Siria, en Oriente Medio. En el lejano país, la costumbre del mate se arraigó, haciéndose indivisible con la identidad del pueblo. Cuentan que su consumo nació en las primeras décadas del siglo pasado como una curiosidad llevada por emigrantes sirios cuando volvieron a su país.

Atentos a este fenómeno, varias firmas de Siria  comenzaron a invertir y a hacer negocios con las distintas productoras de Yerba Mate y, poco a poco, ese país se transformó en el mayor mercado exterior de la yerba mate argentina.

Así, la extraña infusión amarga (lejanamente dulce al final) gustó y ya más del 75% de la población lo toma.

A diferencia de la costumbre local, en Siria  cada “tomador” tiene su equipo matero de uso exclusivo: mate, bombilla y un paquete de yerba, sólo se comparte el agua caliente.

Es cierto que los árabes siempre tuvieron predilección por el té y las infusiones de menta, anís, limón y especias. La Yerba Mate no fue la excepción, muy por el contrario, pasó a formar parte fundamental en la vida cotidiana de los sirios  que hoy tienen al mate tan arraigado a su cultura como nosotros.

Y lejos de reducirse, se proyecta que los consumidores árabes se podrían incrementar aceleradamente, por la incursión del hábito en otros países de la región árabica. Así lo consideran desde el Grupo Kabour, una empresa de capitales sirios, que desde hace siete años está instalada con un gran centro de acopio y exportación en Comandante Andresito. Desde allí proyectan ofrecer la yerba mate también a consumidores de Egipto, donde si llegara a gustar, provocaría un nuevo gran salto en la demanda externa de la yerba mate.

Un producto noble

En Siria, la yerba mate es considerada un producto noble, y desde su exportadora en la provincia se cuida que la calidad de envío sea la mejor posible. Se esmeran por ello en la recepción de hojas limpias, con muy poco palo, de buen tamaño, sin malezas, asegurando luego un secado limpio y el estacionado natural de un año para luego estacionarse otro año en Siria. Allá finalmente la yerba mate será envasada para su venta en paquetes de 250 gramos.

El precio estable (sin inflación, a diferencia de Argentina) es de 75 centavos de dólar. Se toma con mate de vidrio y se prefiere el uso de pavas (en imagen superior) a los termos usados en esta región.

De Andresito a Siria

Una vez procesada, acopiada y estacionada, la yerba mate se despacha en bolsas de doble arpillera sintética de 50 kilos. En su exterior pueden verse descripciones en español y árabe, informando los datos de la empresa exportadora y comercializadora. Para su envío a Siria se cargan en camiones con contenedores donde pueden entrar 22 mil kilos (440 bolsas). El envasado en arpillera le asegura a la yerba poder respirar y a la vez no tomar contacto con la humedad que pueda filtrarse al container por los fuertes cambios de temperatura durante el viaje en barco.

“El tiempo de viaje del barco desde que sale del puerto de Buenos Aires hasta llegar a Siria es de un mes. Pero para llegar al puerto desde Andresito el camión puede demorar unos 6 días hasta entregar la carga. Una vez que el envío sale, tiene una fecha de embarque que tiene que respetar. Si no llega a tiempo por cuestiones climáticas u otros inconvenientes, se pueden perder más días”, explicó Omar Kassab, apoderado del Grupo Kabour SRL en la provincia.

“Estamos tratando de alcanzar una medida standard de containers durante todo el año. Ahora recién estamos alcanzando un circuito estable de corrido. Lamentablemente, por el tema de la guerra en Siria, hace poco tuvimos que parar con los envíos; durante dos meses no hicimos carga porque se había anunciado un ataque a Siria y tuvimos que frenar los containers. Ahora, gracias a Dios, se resolvió un poco el panorama y se abrió el puerto de Siria, por lo que empezamos a exportar nuevamente”, agregó Kassab.

Futuro esperanzador

A futuro, desde la empresa se apunta a abastecer el consumo en países vecinos a Siria, como Líbano y Egipto, donde el mate tiene potencial de venta porque hubo emigrantes sirios que lo hicieron conocer.

Así lo explicó Kassab: “La yerba se termina envasando en Siria y desde allí se reparte a otros países, como pueden ser Emiratos Árabes, Libia, Arabia Saudita y Líbano. La idea en el futuro es alimentar el consumo en esos países directamente desde acá.  Y realmente estamos con la idea de abrir el mercado de Egipto. Si eso se logra, vamos a empezar a enviar más yerba desde aquí”.

Yabrud

Yabrud (en árabe, يبرود) es una ciudad de Siria que pertenece a la gobernación de Rif Dimashq, a unos 80 km de la capital Damasco.

El origen del nombre Yabrud es probable que sea una palabra aramea que significa «frío»: la ciudad está situada en la falda de las montañas Qalamoun (Cordillera del Antilíbano) a una altura de 1.550m.

Ciudad donde se encuentra este curioso monumento.

Con información de El Territorio

©2017-paginasarabes®

El dulce manjar Sirio que la guerra no logro derretir

Heladería Damasco – Siria

Se llama “buza“. Y está hecho de crema y pistachos. Es un tradicional postre árabe. Una heladería en Damasco lo fabrica desde 1914.

La Heladería Damasco, donde fabrican desde 1914 el “buza“, el helado tradicional árabe de crema y pistachos, ha seguido manteniendo su tradición heladera, a pesar de los seis años de guerra, que llegaron a paralizar temporalmente su actividad.

Es mediodía, y en la calle principal del histórico y popular zoco de Al Hamidiye, un enjambre de gente se desplaza por la amplia arteria mercantil abovedada, repleta de tiendas y vigilada por decenas de militares que revisan minuciosamente a los transeúntes en los frecuentes puestos de control.

A pesar del frío de finales de invierno, la heladería regentada por Nader al Afgani, hijo de su fundador, Taisir al Afgani, rebosa de actividad y clientes, en especial de mujeres, omnipresentes en toda la capital, de la que han huido un gran número de varones de entre 20 y 40 años para evitar el servicio militar, que es sinónimo de guerra.

“Somos los fundadores del ‘buza’ tradicional, con pistacho y nata. Hemos mejorado el ‘buza’ y lo hemos hecho famoso en el mundo árabe, como en JordaniaLíbano, en Europa y también en ferias en Dubái, Abu Dabi y Kuwait, cuenta con orgullo Al Afgani, cuya heladería, no obstante, no es tan antigua ni cuenta con el renombre de la cercana “Al Bakdash”, fundada en 1895.

El veterano heladero, que no oculta su veneración por el presidente del país, Bashar al Assad, subraya que “todo el que viaja a Siria, sea del país que sea, tiene que visitar el zoco Al Hamidiye y probar el helado árabe damasceno original”.

También muestra con satisfacción una fotografía en la que posa junto al actual presidente libanés, el general Michel Aoun, durante una visita a la heladería, aunque es de antes de que Aoun fuera designado presidente, confiesa Al Afgani.

El “buza“, la versión árabe del “dondurma” turco, está hecho a base de leche, crema y “sahleb” (una harina fina), además de otros ingredientes, y con el pistacho como principal invitado y toque final.

“Traemos leche por la mañana y se coloca en unos recipientes donde se introducen los ingredientes como ‘sahlab’ y azúcar, y cuando se termina este proceso se coloca en heladeras, y después en los congeladores donde se golpea con los mazos hasta convertirse en el ‘buza’ árabe”, explica Al Afgani mientras no deja de atender a los golosos clientes.

Una de las más particulares características de este helado es la fase final de su producción, con contundentes golpes rítmicos propinados con un enorme mazo de madera, a fin de darle consistencia, crear una capa y que los pistachos se adhieran bien al cuerpo.

Por último, con la mano, el heladero enrolla las láminas que ha formado a base de golpes y el “buza” queda listo para ser cortado, servido y devorado por los visitantes.

“Por supuesto que me gusta el ‘buza’ sirio, desde que era pequeña. Siempre que vengo a Damasco me gusta comerlo porque estamos acostumbrados a comerlo. Soy de Damasco, pero vivo en Arabia Saudita y siempre que vengo de vacaciones vengo aquí”, dice Macun ali al Araeishi.

Lo mismo que opina Manar, quien asegura que cada vez que va al casco antiguo de Damasco se toma un helado y va a ver la mezquita Omeya.

Al Afgani desea que sus hijos continúen la tradición. Uno de ellos, que cursa cuarto de derecho, le ayuda atendiendo a los clientes. El otro, explica, está estudiando en Malasia, pero volverá para contribuir a la prosperidad del negocio, que cuenta con otra tienda en el barrio damasceno de Al Qusur.

“Durante los dos primeros años de la crisis estuvimos parados, pero las cosas han vuelto a su lugar y hemos vuelto a como estábamos. Siria está bien y ojalá regrese la seguridad al país pronto gracias al presidente Bashar Hafez al Asad”, dice Al Afgani.

Los clientes no dejan de entrar y salir entre los atareados camareros que llevan de un lado para otro las porciones de “buza” y de otros tipos de dulces y helados.

Entre el amargo sabor a guerra que se escucha y se siente en todos los rincones, llevarse un bocado dulce de “buza”, a la boca, cuesta apretujarse un poco en la caja gobernada por Al Afgani y 400 libras sirias, un poco menos de un dólar americano.

Con información de Clarín

©2017-paginasarabes®