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Los dos entierros del señor Balfour

El político británico Lord Arthur Balfour señala una característica de la Iglesia del Santo Sepulcro al gobernador Sir Ronald Storrs durante una visita a Jerusalén, abril de 1925 [Getty]

El cristiano sionista frente al judío antisionista

Hace cien años hubo un político británico racista, obsesivo e imbuido de una mística cristiana por la que se creía representante de designios divinos. Se llamaba Arthur James Balfour. Era el paradigma del hombre blanco británico colonial fabricado en la matriz evangélica e imperialista de la era Victoriana. Como primer ministro en 1905 promulgó una ley de extranjería prohibiendo la entrada en Gran Bretaña de los judíos que huían de pogromos (masacres) en la Rusia zarista. Años después, en 1917, como Ministro de Asuntos Exteriores, hizo que el gobierno británico prometiera entregar un trozo de tierra, Palestina, al minúsculo movimiento sionista internacional de entonces (Weizmann, Rothschild) sin preguntar su opinión a los nativos de esa tierra.

Es la Declaración Balfour que cumple este año su centenario, una inmoral e ilegítima decisión, desencadenante del genocidio y limpieza étnica del pueblo palestino a manos de extranjeros que invadieron su tierra empujados por el Imperio Británico. Cuatro millones de judíos habían abandonado Europa desde 1880 hasta Balfour, mayoritariamente al continente americano, y sólo 100.000 judíos europeos emigraron a Palestina siguiendo la llamada del sionismo. La idea mayoritaria era que, como judíos, nada se les había perdido en Palestina como para ir a vivir allí. Lo mismo que piensan los miles de millones de cristianos del mundo.

Así que se debía invertir esa tendencia, y como dijo el propio Balfour: “el sionismo, equivocado o acertado, bueno o malo, es más importante que los deseos o prejuicios de los 700.000 habitantes árabes que viven en esa tierra”. Nada diferente a la tradición colonial de Europa, que llevaba 500 años disponiendo de tierras y nativos a su criminal capricho. Lo único novedoso es que esta aberración ocurrió en ese siglo XX de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Las razones para apropiarse de Palestina eran imperialistas, económicas, racistas y simbólicas-bíblicas. Entre ellas, controlar el Canal de Suez y la ruta a la India, poseer una vía de salida al Mediterráneo para el petróleo descubierto en lo que hoy es Iraq, y que otros (los palestinos) pagasen la factura de la irresuelta intolerancia y xenofobia occidental contra nuestros compatriotas judíos europeos, mostrándoles la puerta de salida del continente en lugar de asumir valores inclusivos con este grupo social/religioso.

La mitología bíblica se encargará de encubrir todos esos factores con un “renacimiento de Israel”. Israel, el sujeto; los palestinos, los objetos.

Así pues, tenemos en Balfour al prototipo de hombre cristiano, racista, antijudío, pero sionista. Muy parecido a lo que son EEUU o la UE hoy en día con sus leyes rechazando a refugiados y a la vez actuando de metrópolis coloniales del enclave israelí.

Ser antisemita (utilizaré este término como símil equivocado de antijudío) y ser sionista (defensor de Israel como estado colonial de extranjeros que buscan reemplazar a la población nativa), son dos características casi siempre ligadas en estos cien años, tal como vaticinó en su diario el fundador del sionismo Theodor Herzl “los antisemitas serán nuestros amigos más confiables, y los países antisemitas nuestros aliados”.

Y frente a Balfour, sentado en el mismo Consejo de Ministros, otro miembro del gabinete se opuso enérgicamente a ese destino para Palestina. Era el único judío, era antisionista, y además Secretario de Estado para la India: Edwin Samuel Montagu. Era lo más parecido a un progresista actual, contrario a las matanzas británicas en la India y partidario de entenderse con Gandhi. A la postre estas posiciones le valieron su marginación de la política. Respecto a Palestina, firmó un Memorándum (del que también se cumplen cien años) denunciando el antisemitismo del gobierno británico y la tragedia que provocaría el plan sionista de ocupación colonial de Palestina.

En su brillante y lúcido texto que, cien años después, sigue hoy atronando, advirtió de que “no existe un pueblo judío; nada tienen que ver un judío francés o un judío moro, salvo la religión, como tampoco son de la misma nación un cristiano francés y un cristiano británico (…) quizá se busca que la ciudadanía se obtenga ahora por medio de un intolerante test religioso”, “Palestina ha tenido un papel importante en la historia judía, pero aún mayor en la cristiana y musulmana. A partir de ahora todos los países expulsarán a sus ciudadanos judíos, y al apropiarse de Palestina, ellos expulsarán a sus habitantes actuales palestinos”.

Sostener el artefacto israelí profundiza el fracaso democrático europeo

Puede parecer extraño que Montagu, judío, tuviera que ser el que denunciara la “dañina ideología sionista”, pero tal como llevan repitiendo muchos intelectuales judíos o rabinos antisionistas, “la mayoría de los sionistas del mundo no son judíos, sino cristianos evangélicos”. Un ejemplo reciente es el de la primera ministra británica Theresa May, que se confiesa cristiana anglicana, y sionista, y hace unas semanas declaraba que en este año del centenario “los británicos deben enorgullecerse de Balfour y su legado”.

Por el contrario, otras británicas combaten y combatieron el sionismo, como la misionera cristiana Frances Emily Newton, que se enfrentó a Balfour cuando éste visitó Palestina en 1925, donde ella vivió 50 años. Acusó al gobierno británico, a la Sociedad de Naciones y al Gobernador británico de Palestina de privilegiar injustamente a la minoría judía recién llegada frente a los palestinos, y denunció la represión brutal inglesa a las protestas. Cuando murió, desde Londres quisieron despreciarla diciendo que “en apariencia era una mujer británica pero con mentalidad palestina”.

Theresa May elige la huida hacia adelante saltando por encima de los cadáveres y refugiados palestinos. Aún peor, los humilla. Hace unos meses, una ONG Palestina realizó una petición oficial al Gobierno Británico para que Londres pidiera disculpas por Balfour y sus efectos catastróficos. La respuesta de Theresa May fue humillante, arrogante y respaldando incondicionalmente a Israel en sus acciones fuera de la ley. Añadió su profundo orgullo en crear un estado basado en la religión y un “hogar seguro” para los judíos por las persecuciones que sufrieron en Europa. En su respuesta va implícito el fracaso de las supuestas ideas democráticas europeas inclusivas y el fracaso de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. ¿Habría que crear un estado cristiano para que los miles de millones de cristianos del planeta huyan a vivir a Belén o Nazaret como predican opinólogos indocumentados europeos en los medios?

En este año del centenario de la Declaración Balfour y sus criminales consecuencias, no hay ningún recuerdo para Montagu o Emily Newton. Y menos aún, ningún recuerdo ni petición de perdón a los palestinos. Cualquier reflexión autocrítica sobre Balfour resquebrajaría la legitimidad del Estado de Israel. Los imperios coloniales, incluida España, han preferido justificar sus crímenes mediante su superioridad moral frente a los bárbaros, en lugar de reconocer y pedir disculpas por sus actos.

El primer entierro del señor Balfour y los aniversarios de su herencia: 100, 70, 50, 10

Balfour tuvo su primer entierro al morir en 1930 y no llegó a ver la totalidad de la catástrofe humana y geopolítica que impulsó. A pesar de su muerte, dejó un legado cómplice de aumentar la intolerancia europea y la dominación a pueblos del mundo a los que se negó la voz y la autodeterminación.

Esa herencia se expresó durante el represor mandato británico sobre Palestina con miles de encarcelamientos, muertos y ejecutados, para poder cumplir la voluntad de Balfour de entregar la tierra a los extranjeros. Su legado continuó en la ilegítima partición de Palestina en 1947 por la recién nacida ONU (50 países, muchos semicoloniales). De nuevo la ilegalidad de silenciar a los habitantes de la tierra e impedirles decidir su destino, entregando el 50% de la tierra a los recién llegados que sólo eran un 30% de la población en Palestina. De esa Resolución de la ONU también estamos en su 70 aniversario. Al año siguiente se aprobó la Declaración Universal de Derechos Humanos. Aprobar una cosa y la contraria en apenas doce meses. Por cierto, los españoles y portugueses sabemos mucho de utilizar a una autoridad mundial para repartirnos el mundo de forma aberrante sin preguntar a los nativos: el Papa Alejandro VI y el Tratado de Tordesillas.

La herencia de Balfour prosiguió entre 1947 y 1949 con la limpieza étnica por los israelíes expulsando a 800.000 palestinos de su tierra y asesinando a miles, continuó con la expulsión de 1 millón de judíos de países árabes y musulmanes como presagió Montagu, y continúa hasta hoy con más apropiación de tierra por Israel, más desposesión, más expulsiones y más masacres de palestinos. 50 años de la ocupación del resto de territorios palestinos y los Altos del Golán. Hoy en los territorios ocupados, los palestinos viven en guetos urbanos y rurales desconectados por centenares de checkpoints, y en Gaza en el mayor campo de concentración del mundo del que se cumplen también 10 años de su bloqueo inhumano. Fuera y dentro de Palestina, sobre un total de 12 millones, 8 millones de palestinos viven como refugiados o desplazados internos (350.000 israelíes-palestinos dentro de Israel) a escasos kilómetros de la que era su casa, con o sin estatus y atención legal.

Todos estos aniversarios de la genética colonizadora del artefacto Israelí: 100, 70, 50, 10, han sido encubiertos por la eterna y falsa charlatanería de mesas de negociación, “procesos de paz” y “solución de dos estados”. Tras el telón de esta farsa de escenario se esconde la mayor cantidad de legislación internacional incumplida impunemente por ningún otro estado en el planeta. Cada aniversario ha ido profundizando el cambio de terminología para abordar la situación de Palestina en los medios occidentales: “guerra de Gaza” en lugar de masacre a población civil encerrada, “terrorista” para negar el legítimo derecho a la resistencia frente a un invasor.

El propio concepto indebido de “antisemita” también ha sido manipulado: hace 80 años era muy “antisemita” decirle a la alemana Ana Frank que no debía vivir en Frankfurt y tenía que ser expatriada a Jerusalén. Hoy, por el contrario, los sionistas y los grandes medios de comunicación nos llaman “antisemitas” a quienes rechazamos que deba existir un estado para y por las personas de religión judía, construido sobre la colonización de la población nativa y la impunidad de incumplir toda la legalidad internacional.

El segundo entierro del señor Balfour, en el horizonte aunque sin fecha

Y sin embargo, el señor Balfour tendrá un segundo entierro. Será enterrada su ideología y será enterrada la construcción estatal sionista. El experimento de ingeniería social que representó el nacimiento de Israel, y el laboratorio de represión y control social en que se ha convertido, tendrán un final.

Por supuesto, como dice el periodista y ex-preso político palestino Mussaab Bashir, “no se trata de solucionar la catástrofe palestina creando un desastre para los judíos. Significa que tenemos que pensar en un futuro común, en un nuevo pacto social sobre esta tierra, en un país que tenga una nueva Constitución, una nueva bandera y dos idiomas oficiales, el árabe y el hebreo”. Se trata de construir un estado democrático para todos los habitantes desde el río Jordán hasta el Mediterráneo.

Y ese horizonte llegará. Aún no tenemos fecha para él y el camino seguirá anegado de sangre palestina. Pero en términos históricos ningún estado colonial ha podido perpetuarse. No hace falta remontarse a los estados cruzados medievales, tenemos Sudáfrica muy próxima. En términos demográficos tampoco tiene futuro ese modelo de estado. Un 22% de la población actual de Israel es palestina (casi dos millones), israelís-palestinos de aquellos 100.000 nativos que consiguieron resistir a la expulsión de 1948. Las previsiones son que en unas décadas llegarán a ser el 30%-40% de la población de Israel y eso aterroriza a Tel-Aviv, que ya está ideando cómo profundizar su Apartheid interno (también hay judíos de segunda y tercera clase en Israel), advirtiendo de que los israelopalestinos “deberán irse, quedarse como extranjeros o enfrentarse al ejército israelí”.

El motor para aproximar ese horizonte histórico y demográfico serán las estrategias y decisiones políticas.

En occidente no tenemos ni idea de lo difícil que es para un pueblo establecer unas estrategias de resistencia a más de un siglo de perspectiva, y sus fluctuaciones entre éxitos-fracasos. Desde los tiempos de la lucha armada abierta, a las terribles concesiones palestinas de los Acuerdos de Oslo, pasando por la actual huelga de hambre de 1.600 presos y presas políticas palestinas silenciada en Europa, y en los últimos años la creciente llamada de Boicot a Israel, que por supuesto no es antijudía como tampoco era “anti-hombre blanco” el Boicot a Sudáfrica del Apartheid. Igual que la demografía aterroriza, también las estrategias políticas exitosas palestinas llevan a Israel a la histeria. Y esto es así con el incremento del boicot internacional, al que intentan combatir destinando todo un Ministerio y multiplicando por veinte los recursos, esfuerzos, y su represión, pero de forma fallida como Tel Aviv reconoce en informes internos.

Así que el horizonte del segundo entierro de Balfour se aproxima aunque nos pueda parecer lo contrario. Hay momentos históricos en los que se acerca más rápido y otros más despacio, según la gasolina de las circunstancias y estrategias políticas, pero el motor del avance palestino a la paz con justicia es la resistencia. Existir es resistir, y la resistencia proporciona un avance unidireccional hacia ese día en que el sionismo saldará su deuda a Montagu, a Emily Newton y, sobre todo, al pueblo palestino, porque como dicen en Palestina, y aunque hayan pasado cien años, una deuda no prescribe si alguien con legitimidad la sigue reclamando.

Por Daniel Lobato
Activista en solidaridad con Palestina, Kurdistán y Oriente Medio.
Con información de: Infolibre

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Al gobierno israelí le interesa que los palestinos estén divididos

®Pablo Ibáñez  (AraInfo)

Aprovechamos su visita a Zaragoza para conversar con ella y que nos cuente de primera mano en esta entrevista cómo se encuentra la situación actual en la Franja de Gaza, cómo afecta el bloqueo a la población gazatí, y la influencia de la guerra de Siria en el conflicto entre Israel y Palestina, entre otros muchos asuntos.

Natural de Exeya d’os Caballers, Isabel Pérez reside en Gaza desde 2013. Es corresponsal del canal Hispan TV y colabora en numerosos medios de comunicación. Licenciada en Periodismo por la Universidad Complutense de Madrid, se especializó en Árabe Moderno por la Universidad de Alejandría (Egipto) y en Lengua Persa por la Universidad de Teherán (Irán).

Además, ha participado en el proyecto de Agencia de Naciones Unidas para Ayuda al Refugiado de Palestina en Oriente Medio (UNRWA) ‘Genealogía feminista palestina’. Así que nadie mejor que ella para conocer de cerca, tanto la situación que vive la población palestina en la Franja de Gaza como el papel que juega la mujer en el día a día.

Aprovechamos su visita a Zaragoza para conversar con ella y que nos cuente de primera mano en esta entrevista cómo se encuentra la situación actual en la Franja de Gaza, cómo afecta el bloqueo a la población gazatí, y la influencia de la guerra de Siria en el conflicto entre Israel y Palestina, entre otros muchos asuntos.

¿Cuál es la situación que se vive actualmente en la Franja de Gaza?

Actualmente se están dando una serie de movimientos que pueden llegar a un cambio positivo o negativo. Creo que esto es una buena ocasión para que sea hacia mejor para la población palestina en general. Y es que Hamás está intentando consensuar de una manera indirecta unos nuevos principios como movimiento. Al mismo tiempo, el presidente palestino ha decidido bajar los salarios a los funcionarios de la Franja de Gaza un 30% y esto ha provocado manifestaciones. Además no es que sea gente que está en contra de la Autoridad Palestina, de hecho cuando ellos están convocando estas manifestaciones dicen que su presidente es el de la legitimidad palestina, pero le piden que por favor reconsidere esto porque va a provocar un caos humanitario.

Entonces Hamás está un poco aprovechando esto. Le interesa que Mahmud Abbas sea visto como alguien negativo porque hay una enemistad entre Al Fatah y Hamás desde hace ya, desgraciadamente, diez años, y eso está afectando a la población negativamente. Pero ahora parece que debido a estas conversaciones se ha dado un paso a que Fatah ceda de nuevo a dar la oportunidad a una nueva reconciliación palestina, porque no es la primera vez, y una delegación de Fatah va a ir a la Franja de Gaza.

El primer ministro palestino, Hamdallah, dijo que Hamás debería entregar el gobierno al que ellos llaman legítimo. Se formó un gobierno de consenso nacional en 2014 antes de que estallara la guerra y aunque la mayoría parece que está articulado más por parte de Fatah, Hamás ahí debería reconsiderar también reformar ese gobierno con gente independiente…. Es toda una oportunidad lo que está ocurriendo y además sería la quinta vez que se da una reconciliación palestina. Pero bueno, es mejor eso que seguir estancado en una crisis interna. Y esto además debilitaría la táctica actual conocida de ‘divide y vencerás’. Porque al gobierno israelí le interesa que los palestinos estén divididos.

¿Qué dificultades encuentra la población palestina en la Franja de Gaza por culpa del bloqueo israelí?

Muchísimas, a nivel económico, social y psicológico. Es un trauma vivir en la anormalidad tantos años. Entonces, la resiliencia tiene un límite. Es verdad que son gente muy fuerte y que, yo viendo lo visto en cuatro años, me sorprende que no haya más cantidad de suicidios. Son personas que saben buscar caminos alternativos porque en realidad no les queda otra, pero está claro que hay una erosión en la resiliencia. Sobre todo porque al fin y al cabo intentan creer en algo o en alguien. Piensan que Naciones Unidas puede llevar la batuta del conflicto y al final ven que no. Y eso que dar esta oportunidad a Naciones Unidas ya es decir porque son realmente, según dice el pueblo palestino en todas las manifestaciones, los que les llevaron a esta tragedia.

Pero dan la oportunidad, no son gente con tanto rencor, ellos buscan esa esperanza. Al fin y al cabo ellos también lanzan declaraciones contra los crímenes de guerra israelíes. Lo que ocurre también es que ellos necesitan comer cada día y el 80% de la población vive de la ayuda humanitaria, más incluso que el número de refugiados (el 75% de la población de Gaza son personas refugiadas palestinas y no deberían estar allí).

Claro, Israel juega a darle la vuelta a la narrativa diciendo que son gente tan conservadora, tan retrasada y tan subdesarrollada que no hacen más que tener hijos, y lo que ocurre es que el 75% no deberían ni estar allí viviendo. La ocupación, la falta de libertad de movimiento, la falta de democracia, la falta de resolución política interna palestina… todo afecta de muchas formas, desde que te levantas por la mañana hasta que te acuestas por la noche. Te levantas e igual no tienes electricidad, no hay agua corriente en casa… Son muchos los problemas.

¿Qué política está aplicando actualmente el gobierno israelí? ¿Todavía continúan con los asentamientos?

Sí porque Netanyahu se está comiendo Palestina o lo que pudiera ser un futuro Estado palestino, basado en la solución de dos Estados, claro. Se basa en las colonias, por interés político, demográfico, militar… es lo que le motiva. Las colonias ilegales van a continuar construyéndose, sea con Netanyahu o sea con un gobierno de izquierdas.

¿Qué opinas del papel que está jugando, o no, la comunidad internacional dentro de este conflicto?

Me cuestiono una cosa. ¿Qué sucedería si Hamás no existiese? No es por cargarle a Hamás toda la culpa porque creo que aunque no existiese Hamás en la Franja de Gaza la represión contra la Franja continuaría, pero es que es la mejor excusa. Está omnipresente en todas las declaraciones de la comunidad internacional. Por ejemplo, he visto a representantes de Naciones Unidas denunciar la violencia contra israelíes y no denunciar el asesinato de pescadores palestinos en la Franja de Gaza. Tendría que haber más equilibrio en las declaraciones.

Y luego a nivel de actuación están muy presionados políticamente por Israel y Estados Unidos, sobre todo porque Estados Unidos es el donante principal de Naciones Unidas. Dime de dónde viene el dinero y te diré quién eres.

(Interrumpo) ¿Ya se nota la influencia de Donald Trump tras su acceso a la presidencia norteamericana?

Sí. Hay terror e histeria. Por ejemplo, en varias agencias de la comunidad internacional de la ONU se está presionando para que desaparezca la UNRWA, la agencia de Naciones Unidas para la Ayuda al Refugiado Palestino en Oriente Medio. Es la única agencia en la que entras en su página web y habla de la Resolución 194 del derecho al retorno de las familias refugiadas palestinas en 1948, y es la única gente que habla de esto.

También hay mucha presión contra UNESCO, porque publicó una declaración diciendo que la mezquita de Al-Aqsa tenía la identidad musulmana, no judía. Que es lo que siempre intentan hacer las autoridades israelíes, ‘judaizar’ los lugares sagrados. Hay muchos lugares en Tierra Santa, Jerusalén, Cisjordania y la Franja de Gaza que son cristianos musulmanes y judíos, los tres al mismo tiempo. En vez de imponer que solamente sea judío tendría que hacerlo de una manera mucho más inclusiva con las demás religiones para no provocar tanto ese odio.

®Pablo Ibáñez  (AraInfo)

¿Se podría calificar como genocidio lo que está haciendo Israel con Palestina?

No, podría ser una limpieza étnica que comenzó en 1948 y que hasta hoy sigue, pero genocidio no. Una limpieza étnica a cámara lenta, sin levantar sospechas… Lo que hace Israel es biopolítica. Controlan la demografía de la población, el nacimiento y la muerte de palestinos y palestinas.

¿Tiene la religión parte de culpa en este conflicto?

La religión influye pero no es el origen del conflicto. En el momento que el movimiento sionista dice que para ser judío o judía tienes que estar en Israel sí o sí, ya empieza a manchar la religión judía con ápices sionistas. Eso por parte del judaísmo. Y por parte del Islam también está influyendo porque se islamizó la causa palestina cuando en los años 80 surgieron las facciones islamistas.

¿Te has encontrado con muchas dificultades para desarrollar tu trabajo en la Franja de Gaza por el hecho de ser mujer?

Sí, no es fácil. El más inmediato con los propios compañeros periodistas palestinos que no están acostumbrados, desgraciadamente, a trabajar cerca de una mujer, y menos de una mujer extranjera que además habla cierto árabe. En ocasiones no se toman en serio las instrucciones que les doy a los compañeros que trabajan con las cámaras, ya que supuestamente soy la persona que los tiene que dirigir, y no reaccionan positivamente ante esto. A parte de eso, no es que haya tenido más problemas que mis compañeras periodistas palestinas, para ellas diría que es incluso peor.

Uno de los días me encontré siendo la única corresponsal en la Línea Verde de la Franja de Gaza, donde incluso estaban disparando con fuego real. Lo hice cuando miré hacia la derecha y vi cómo caía un bote de gas lacrimógeno a mi lado. Me fui hacia la izquierda y cayó otro. Me di cuenta cuando un compañero de una agencia de noticias francesa me pasó una foto donde todo el mundo me estaba mirando. Era como si me estuvieran rodeando, como si los israelíes se estuvieran divirtiendo al ser la única mujer que estaba allí. Entre el patriarcado y la ocupación nos encierran allí bajo esas limitaciones.

¿Cómo calificarías el papel de la mujer en Gaza?

No es nada positiva. Hay esperanza porque existen muchas organizaciones que luchan por los derechos de la mujer, y que no sólo se dedican a las mujeres, sino que también lo hacen a la infancia. Se piensa que es correcto empezar a educar a los niños en una cultura no machista y no sexista, ya que así se garantiza un mejor futuro para la mujer. Sin embargo, esto también es muy limitado porque en el momento de actuar, conforme a la situación que vive Cisjordania, es complicado, ya que a ese bloqueo contra la Franja de Gaza se une que las mujeres, al igual que aquí, parece que no ven oportuno levantar la voz.

Hay ocasiones en las que cuando lo intentan no se les hace caso, y eso todavía frustra más. Creo que el papel que hacen muchas mujeres, que aprovechan ser personajes públicos en la vida palestina, es primordial, pero no hay que olvidar y dar voz a las mujeres desconocidas. El nivel de violencia que están intentando amortiguar estas mujeres es diverso, y además pueden ofrecer numerosas estrategias para evitar esa violencia.

¿Existen casos de violencia machista en la Franja de Gaza?

Por supuesto que existen. Por ejemplo, debido al bloqueo, una de las violencias que más afecta a las mujeres es la económica. Pero también la física y la psicológica por parte del marido, ya que éste no tiene un trabajo –la Franja de Gaza es el lugar del mundo con mayor índice de paro según el Banco Mundial-. Entonces llega a casa y exporta toda su rabia contra su mujer e hijos. Siempre digo que las mujeres palestinas son un muro de protección para la infancia, pero no son irrompibles.

Después de 2014 esta violencia se ha acentuado. Ese año supuso una de las operaciones más destructivas contra la Franja de Gaza. Acabaron con muchísimas infraestructuras de industria, la poca industria que había en la Franja de Gaza, que la había, por ejemplo de bebidas gaseosas, también ganadera, etcétera… se destruyó todo eso y miles de personas estuvieron en la calle sin trabajo, y hasta hoy en día siguen en la calle.

Y a esto se añaden los nuevos chavales y chavalas que salen de las universidades. La población palestina en la Franja de Gaza son gente que reciben educación universitaria, casi todo el mundo. Incluso aunque luego terminen trabajando en el campo o si trabajan en el campo al mismo tiempo. Están preparados, les faltaría quizá esa experiencia laboral que tenemos aquí nosotros con ‘bolsas de empleo’, de becas… ellos no pueden porque Gaza no es el lugar óptimo para esas oportunidades y no pueden porque está bloqueado. Siempre volvemos a lo mismo.

Lo que posiblemente ocurra en el futuro, y esperemos que no, es que haya otra operación militar contra la Franja de Gaza como modo de desviar la atención de un público de Israel con unos problemas internos sociales hacia la Franja de Gaza, exportando esas preocupaciones a un enemigo común que es Hamás. Y ahí por ejemplo, me di cuenta cómo juegan los políticos, en todo el mundo, con ese tipo de encuestas que valoran cuál es la mayor preocupación de la población: seguridad, terrorismo, economía… con eso juegan. Si tú les dices que ahora la mayor preocupación no es el terrorismo de Hamás sino que es la economía, van a intentar darle la vuelta a esas encuestas provocándolo.

¿Cuál es la situación actual en Oriente Medio tras más de seis años de guerra en Siria? ¿Influye de manera directa en la población palestina?

Está influyendo en varios niveles. A nivel de la sociedad sí, porque la sociedad se divide entre los que apoyan a Bashar al Assad y los que no. Y extrapolándolo a la política palestina también porque las facciones políticas también se posicionan. Más allá de esto, las relaciones internacionales también están influyendo, e incluso las donaciones, porque ahora mismo las crisis humanitarias no solamente están en Palestina sino también en Siria o en Líbano, donde hay miles de refugiados. Y claro, todo esto también influye negativamente en las agencias de ayuda humanitaria.

Lo que ocurra o no con Bashar al Assad en Siria puede cambiar un poco el mapa, porque si se habla de dividir Siria en términos sectaristas, religiosos o políticos, obviamente esto va a repercutir en cómo actúan los grandes ejes. En este caso, por resumir, tendríamos dos ejes: el eje Estados Unidos, Turquía (entre comillas occidental)… y el eje llamado de la resistencia: Irán, Hezbollah y en la Franja de Gaza la Yihad Islámica… claro, todo esto influye. Pero los palestinos a nivel político intentan no involucrarse.

¿Según tu opinión, por dónde pasa la solución al conflicto entre Israel y Palestina?

Yo siempre digo que el pueblo palestino y el pueblo judío son los que tienen que decidir hasta dónde quieren llegar. El problema es que, hoy por hoy, hay que tener en cuenta lo que quiere cada uno y eso es bastante complicado. A nivel de pueblo hay mucho rencor, unas veces creado o imaginado, que no está apoyado en hechos pero que al final lleva al odio. Conozco gente, israelíes y palestinos, que están a favor de un único Estado, en lo que es Israel y lo que son los territorios palestinos ocupados. Es decir, en lo que antes era la Palestina histórica. Crear un único Estado que por supuesto fuera democrático y laico, para dar cabida a todas las religiones o a ninguna. ¿Qué puede ser una utopía? Puede ser.

Hoy en día se intenta recuperar el discurso de un único Estado. Se intenta penetrar este discurso en los medios de comunicación porque la gente los mira como si fueran locos o locas. Pero realmente se puede. Una de las principales cuestiones es ayudar a la población en general a convivir mutuamente. Y la segunda cuestión, más importante todavía, es que retornen las familias refugiadas palestinas. Incluso la gente que está en la Diáspora, que también tengan ese derecho inalienable según Naciones Unidas para retornar. El cómo volver no es lanzar a los judíos al mar, como decía Nasser, sino convivir, buscar una solución. Otra cosa es lo que se puede hacer en las colonias que ya son ilegales según la ley internacional. Pero buscar una solución pacífica. Porque si se construye un Estado palestino -dividido geográficamente- al lado de un Estado israelí, las milicias palestinas van a seguir y el ejército israelí también va a continuar. Por lo tanto continuará la militarización. El tercer paso es desmilitarizar todo. O quizá es el primero.

Por Sergio Gracia Solanas
Con información de AraInfo

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Vivimos en casas de parientes

En agosto del 2013 las excavadoras del Ayuntamiento de Jerusalén demolieron el hogar de la familia Zir en el barrio de Silwan, al este de la ciudad, parte ocupada por Israel. La casa, de pladur y aluminio, estaba en una colina propiedad de los Zir, según detalla Jaled Zir, el cabeza de familia. Un año antes, habían pedido una licencia de obras al consistorio, que se la denegó, como suele hacer con los palestinos de Jerusalén que solicitan estos permisos.

Poco después recibieron una orden de demolición con el argumento de que el terreno donde se ubicaba la casa era zona verde no edificable. «Crecí viendo a mi abuelo y a mi padre trabajar esta tierra, teníamos pollos y cabras, pero a mí no me lo permiten», explica Jaled, que recurrió la orden de demolición, pero obtuvo por respuesta la llegada sin previo aviso de policías y excavadoras.

Los Zir, padre, madre y cinco hijos –el pequeño de cuatro meses–, se refugiaron en una cueva que usaban como establo. «Nos desalojaron también de la cueva y vivimos repartidos en dos casas de parientes», recuerda Jaled. En su terreno plantó 23 árboles e instaló un pequeño parque infantil que las autoridades requisaron.

Él trabaja en la construcción y en el Centro de Información Wadi Hilweh, una oenegé que lucha contra la creciente colonización del barrio palestino de Silwan por parte de israelís.

Silwan es «uno de los lugares de Jerusalén este que ha sufrido una mayor expulsión (de palestinos) en los últimos años», asegura la oenegé israelí B’Tselem.

En el vecindario de Batan al Hawa de Silwan, «la organización de colonos Ateret Cohanim desaloja a familias con el apoyo de ministerios y ayuntamiento, y los tribunales israelís lo aprueban, aunque los fines sean ilegales: el traslado forzoso de personas de sus casas en un territorio ocupado», señala B’Tselem.

Ateret Cohanim ha presentado demandas para desahuciar a 81 familias palestinas en Batan al Hawa. La expulsión es posible porque alegan que los terrenos eran propiedad de judíos antes de la creación del Estado de Israel, en 1948, y la guerra posterior con una coalición árabe.

Según la ley, solo los judíos pueden reclamar la Custodia de la Propiedad Ausente de sus posesiones anteriores al 1948. Los colonos suelen ofrecer dinero a las familias palestinas que viven en un lugar que les interesa para que se vayan. Si no aceptan, reclaman la propiedad por vía judicial y la familia se arriesga a perder la casa.

Con información de: El periódico

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