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Recetas de Meir, botánico y perfumista de la antigua Palestina

El botánico confesó haber hecho buenos dineros con la cosmética y perfumería derivadas de la destilación de los pétalos. Una vez incinerados, la ceniza resultante era muy apreciada para embellecer las cejas.

-El propio Herodes el Grande -insinuó secretamente- tuvo a bien probar mi mercancía… ¡Ah, Jasón, qué sería del mundo sin perfumistas! Todo en la Naturaleza tiende al equilibrio. Nosotros -sentenció-, los perfumistas, somos el regalo de Dios, bendito sea su nombre. Los curtidores, en cambio, ensombrecen la Tierra.

Además del «agua de rosas», obtenida fundamentalmente por destilación, Meir confeccionaba y comercializaba otro producto -la «pomada de rosas»-, igualmente estimado por las mujeres y los hombres. Supongo que «animado» por el vino, terminó por confesarme el secreto de su fabricación:

«Cuatro medidas de cera blanca derretidas en una libra de aceite de rosas. A la mezcla se añade la correspondiente medida de agua y el resultado se calienta a fuego lento hasta que adquiera una naturaleza translúcida. Con ello, ayudado de medio log de agua y vinagre de rosas, se da fin al proceso, resultando un ungüento que rejuvenece el cutis.»

La pomada en cuestión, a manera de mascarilla, era consumida por hombres y mujeres de las clases media y adinerada, preferentemente antes de acostarse. También el jabón vegetal, de uso común y al que se le añadía ceniza de madera, presentaba una rica dosis de «agua de rosas», perfumándolo y haciéndolo más atractivo.

Al referirse al método de destilación -un procedimiento que se supone inventado en España hacia el siglo X le rogué que me ampliara detalles. Meir hizo algo mejor. Con paso tambaleante se aproximó a la mesa de mármol.

Le seguí intrigado. Allí me mostró una vasija de bronce. La llenó de agua hasta la mitad y, tras vaciar en ella una pequeña ánfora repleta de pétalos, llevó el recipiente al fogón, calentándolo a fuego lento. Lo cubrió con una tapadera a la que se había fijado un tubo en espiral, también de bronce, de unos treinta centímetros. Al rato, un vapor aceitoso comenzó a circular por el rudimentario alambique, siendo recogido, en forma de gotas, en un frasco que hacía las veces de «condensador».

Concluida la destilación, el anciano, orgulloso y agradecido por mi paciente escucha, puso la reducida dosis de «agua de rosas» en mis manos, exclamando:

-Es tuya… Tus mujeres bailarán mañana de alegría.

Y rebosante de felicidad -dudo que alguien le hubiera prestado jamás tanta atención-, inició un lento e instructivo paseo frente a las estanterías. A cada paso señalaba un frasco o una cántara, anunciando su contenido con solemnidad:

«…Hojas secas de rosa para aliviar la inflamación de ojos. »
«…Flores para adormecer y controlar la menstruación… Si se añade vinagre y agua, tanto mejor.»
«…Un ciato de licor de rosas, con tres de vino, para el dolor de estómago.»
«…Semilla de color azafrán. Aún no tiene el año. Ideal para las muelas. No conozco un diurético mejor. »
«…Inhalación para la nariz. Despeja la cabeza y las malas ideas. »
«…Coronas de rosas. Controla las diarreas.»
«…Rosas con pan. Santo remedio para la ardentía estomacal.»
«…Pétalos en polvo. Eliminan el sudor.»
«…Agallas de rosas mezcladas con manteca de oso. No conozco sarna que lo resista.»
«…Savia de rosas. Muy recomendada para el acné juvenil. »
«…Otra vez “agua de rosas”. Para heridas y contusiones.»
«…Esencia de rosas. El mejor tratamiento para la locura.»
«…Una rosa blanca, con todos sus pétalos de un solo lado. Proporciona un bálsamo que derrota la apoplejía.»
«…Rosas rojas. Colocadas debajo de la almohada adormecen a los niños inquietos. »
«…Aceite de rosas con polvo de acacia. Frotado en el cráneo termina con las cefaleas. »
«…Aceite de rosas con sangre de cocodrilo y miel. Ideal para el dolor de oídos.»
«…Contra las enfermedades pulmonares, la tos y el resfriado.»
«…Para el control de la sexualidad, los desórdenes del corazón y las borracheras.»
«…Miel, clara de huevo y agua de rosas. Llevo años utilizándolo para curar la ronquera y la falta de voz. »
«…Esta otra ayuda a conciliar el sueño. »
«…Pétalos secos. Si se mezclan con leche y pan alivian el mal de amores. »
«… Perfume de rosas. Para los desmemoriados.»

Soy incapaz de recordar la totalidad de los brebajes y pócimas enunciados por Meir. Muchos de ellos, natural mente, de dudosa utilidad.

Por J.J.Benítez

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