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La tentación judía de la inocencia – Iosu Perales

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La tentación judía de la inocencia

Quienes hemos visitado Cisjordania desde el inicio de la segunda Intifada –septiembre de 2000- hemos podido comprobar los métodos del Estado de Israel para someter al pueblo palestino. Su represión es mucho más que física; tiene un fuerte contenido de humillación, de venganza dirigida a golpear la dignidad, las emociones y el mundo espiritual palestino. Hemos visto en Hebrón como los soldados saqueaban tiendas, arrojaban las mercaderías al centro de la calle y le daban fuego.

Hemos visto amontonamientos de piedras junto a las carreteras que se dirigen al desierto de Judea, allí donde hacía sólo días había aldeas y pueblos hasta que llegaron los bulldozers de los ocupantes. Hemos visto como los soldados israelíes arrancan los nombres de los pueblos palestinos, como para borrarlos del mapa y decir “ya no existen”, siguiendo la conducta practicada en las poblaciones arrasadas tras la creación del Estado de Israel para intentar borrar de la memoria cualquier vestigio de presencia palestina.

Hemos visto en Jerusalén como se impide a los palestinos y árabes acceder a zonas que siempre fueron suyas y que en junio de 1967 fueron apropiadas por el Estado sionista. Hemos visto en pleno corazón de la ciudad vieja de Jerusalén la casa –desafiante- que Ariel Sharon tomó como suya para afirmar arbitrariamente la judaización sobre la ciudad que fue siempre multicultural y multireligiosa. Los musulmanes que entran por la Puerta de Damasco y se dirigen a la Mezquita por la vía principal de Tarik el Wadi tienen que pasar por debajo de la casa de Sharon, para más humillación. Hemos visto y padecido los innumerables controles militares que te interrogan, te registran, te atemorizan, siempre con las armas apuntándote.

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Hemos visto ciudades palestinas cercadas por tanques en primera fila y por los asentamientos de colonos judíos que dominan las alturas circundantes. Jericó rodeada por ocho asentamientos que vigilan a una población cautiva en pleno desierto. Gaza, franja cercada por alambradas eléctricas y altos muros, donde 6.000 colonos y 12.000 soldados dominan el 40% de su territorio, mientras millón y medio de palestinos viven hacinados en el otro 60%.

Hemos visto lo suficiente como para afirmar que el Estado de Israel utiliza métodos que los nazis desplegaron contra los judíos. Pero durante mucho tiempo callamos para no herir susceptibilidades, para no parecer exagerados. Pero los hechos son los hechos. Las marcas que los soldados israelíes pintan en los brazos de los palestinos y en las puertas de sus viviendas en los días de razzias han conmocionado al mundo. Pero sin marcas, ya los métodos de represión eran y son claramente filonazis. ¿Cómo si no calificar las redadas indiscriminadas en campos de refugiados, en las calles, para una vez detenidos durante horas, días, semanas o meses, nunca se sabe, sin asistencia judicial decidir quiénes son culpables y quienes poner en libertad? ¿Cómo calificar las destrucciones de casas, dejando a familias sin hogar, bajo la acusación o sospecha de que algún miembro forma parte de un grupo de resistencia? Este último método, terrible, es una copia calcada del utilizado por el Imperio británico durante su mandato.

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Aspirando al estatuto de víctima eterna el sionismo culpa al contrario incluso de sus propios estragos. La invocación de los males sufridos por el pueblo judío constituye la base de un discurso que pretende un pasaporte de inmunidad perpetua con el fin de ejercer una violencia despiadada, llamada defensiva, sobre sus enemigos palestinos a quienes considera “simplemente árabes que tienen su lugar natural en Jordania”. En Consejo de Ministros del gobierno israelí se vota a mano alzada la comisión de asesinatos contra dirigentes palestinos, como si de un acto juramentado se tratara, elevando la decisión a categoría de legítima venganza, ojo por ojo.

El victimismo israelí sólo habla consigo mismo para decir: “Tenemos razón, porque estamos solos en una región enemiga”. “Puesto que padecemos tanto los embates del terrorismo palestino somos nosotros los únicos que podemos dictar lo que es justo; nada nos puede ser negado”. La previa deshumanización del enemigo permite programar cómo eliminarlo con toda la buena conciencia del mundo. Posición que alcanza la máxima degeneración del que se declara inocente: “Decido, porque me conviene, que siendo como somos los perseguidos de la historia tenemos derecho a matar desde la inocencia”. La inocencia se vuelve aquí un ejercicio cínico, violento, ilegítimo, oportunista.

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En el mes de octubre de 2002 visité el campo de refugiados de Jabalya en la franja de Gaza. Fue en este lugar donde comenzó la primera Intifada un 9 de diciembre de 1987, lo que es recordado por un monumento hecho con un bidón y unos cuantos palos. Aquella Intifada, en la que fueron asesinados 1206 palestinos -la mayoría de Gaza-, terminó en Jabalya el primero de junio de 1992, día en que los refugiados pudieron iniciar la recogida de montañas de basura que se habían acumulado durante seis años debido a la prohibición israelí de retirarla.

Jabalya, como la franja de Gaza, es el objetivo recurrente del gobierno sionista cuando se trata de tomar venganza. Las incursiones de tanques y de flotillas de helicópteros artillados con misiles, han causado en este campo de refugiados decenas de palestinos muertos, entre ellos un número significativo de jóvenes comprendidos entre los 12 y los 18 años. Los cien mil refugiados de Jabalya viven en un infierno. Sin posibilidades de autodefensa asisten perplejos y encerrados a su propia muerte.

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En Jabalya se vive en el límite de la angustia. Cada hora que pasa sin un ataque israelí es un tiempo que se le arranca a la vida. Cuando los militares judíos no tienen claro de dónde proviene el último suicida vuelven sus miradas hacia Jabalya. Así sucedió a finales del año 2002. Jabalaya fue nuevamente atacada como vendetta, en respuesta a un atentado cometido por un palestino en la ciudad norteña de Haifa. ¿Qué pueden hacer los ocupados? ¿Resignarse? ¿Aceptar que los niños y niñas asesinados por soldados medio-locos y palestinófobos eran terroristas? ¿Aceptar que mujeres, algunas embarazadas, y ancianos merecían morir bajo la coartada de la lucha contra el terrorismo? ¿Pueden aceptar los ocupados la constante demolición de sus viviendas?

Recuerdo a un enjambre de niños y niñas de tres o cuatro años deambulando entre los escombros de Jabalya. Condenados a sobrevivir entre la inmundicia, asistiendo a velatorios de otros niños, medio-muertos y medio-hambrientos, acumulan rabia frente al ocupante. Ese ejército ocupante formado de soldados sin escrúpulos que con alguna frecuencia, tiran al blanco por el placer de dar en el blanco sobre estos niñas y niñas. Me acongoja saber que los niños de Jabalya cuando cumplan unos años se prestarán como voluntarios para quién sabe qué atentado en Israel. No tienen nada que perder.

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Israel ostenta el record histórico de incumplimientos de resoluciones de Naciones Unidas, después que terminara el apartheid sudafricano. Son docenas las resoluciones incumplidas, siendo las más conocidas la 242 que exige la retirada de Israel a las fronteras de 1967 y la 194 sobre el derecho al retorno de los refugiados. Otras resoluciones exigen el desmantelamiento de asentamientos de colonos; las hay que exigen el fin de la expropiaciones de tierras a palestinos; algunas condenan la anexión unilateral de Jerusalén al estado de Israel. Ninguna de las resoluciones ha sido cumplida. ¿Qué pasa entonces con la autoridad de Naciones Unidas y del Consejo de Seguridad? ¿Dónde está el celo de Washington, Londres y Madrid, para imponer al sionismo el cumplimiento urgente de las resoluciones que le obligan a retirarse de los territorios ocupados? Y, ¿por qué hay tanto interés en ocultar hipócritamente que Israel posee armas nucleares en abundancia?

El 3 de febrero del año 2000 el diputado israelí Issam Makhoul hizo historia en el Knesset (Parlamento). Makhoul afirmó que Israel es el sexto país del mundo en lo que concierne a la cantidad de plutonio de alta calidad en su poder. Añadió: “El mundo sabe que Israel es un gran depósito de armas nucleares, biológicas y químicas” Makhoul reconoció que Israel tiene más de 200 bombas atómicas almacenadas en el desierto de Negev. ¿Se ha dirigido el Consejo de Seguridad a Israel para que destruya sus armas de destrucción masiva? No. Y si lo hiciera Estados Unidos vetaría automáticamente dicha resolución, ya que el asunto que está en juego no es el desarme de Oriente Medio, sino el desarme de Irak como pretexto para cambiar el régimen de ese país, poniendo en su lugar un gobierno vasallo de Estados Unidos que aspira al control del petróleo en el siglo XXI.

Ciertamente, en el fondo el desarme de Irak era irrelevante. No hay pruebas fehacientes de que Sadam Husein tuviera armas de destrucción masiva y, además, casi todos los países que pueden tenerlas las tienen. Fue cinismo puro montar una guerra preventiva por el peligro potencial de Sadam cuando Sharon lo es ya de hecho, ocupando contra las resoluciones de la ONU el territorio palestino a sangre y fuego. Son dos varas de medir que van en descrédito del sistema de Naciones Unidas cuya crisis exige una refundación urgente, so pena de hundirse irremediablemente para gozo del imperio y del imperialismo que habita en los herederos de Morgenthau.

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La vida en un checkpoint

Los 150 controles militares israelíes forman una malla que cierra Cisjordania y hacen de la región un inmenso campo de concentración. Actualmente Cisjordania está dividida en 64 enclaves separados, siendo necesarios permisos militares para ir de un sitio a otro. Los checkpoints no conocen la compasión. En ellos mueren niños en brazos de sus madres porque los soldados impiden el paso de ambulancias. En ellos mueren mujeres, desangrándose; ancianos que no pueden llegar a una clínica; jóvenes heridos de bala. Estos controles de la muerte acumulan un record en la violación de los derechos humanos. Soldados entrenados para no hablar, para no oír, para no sentir, sólo conocen el lenguaje de las balas y de las órdenes que dan: ¡un paso más y disparo!

En estos puntos el sionismo muestra un rostro de venganza. Es el deseo de castigar, no el de la seguridad, el que inmoviliza a cientos de miles de palestinos encerrados en sus villas y ciudades. No pueden acudir a sus campos de labranza. No pueden trasladarse a las universidades, a sus centros de trabajo. No pueden visitar a sus familiares. No pueden, no pueden.

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Los checkpoints son bloques enormes de cemento que impiden el paso de vehículos y de personas. Son torretas en cuya cima asoman los cañones de las ametralladoras. Son alambradas y sacos terrero. Son soldados cuyos valores humanos han sido neutralizados por una política etnicista, racista y violenta: todo palestino es un árabe enemigo. Matar palestinos en estos controles está permitido. El gobierno dirá que los vigilantes respondieron a una agresión, que temieron por sus vidas, que observaron movimientos muy sospechosos, que los muertos no atendieron a la orden de alto, que lo soldados dispararon al aire con la mala suerte de que aquellos palestinos volaban. Un checkpoint es un chollo para un soldado que busca en la meritocracia hacerse con un lugar en una sociedad a la que acaba de llegar hace unos pocos meses con una mano delante y la otra detrás. Ves a un soldado empujando a una anciana de ochenta años y te entra rabia, vergüenza, ¿qué tendrá en su cerebro este tipo? te preguntas perplejo.

En los checkpoints se pasa miedo. Sobre todo si ha caído la noche. No vayas nunca deprisa. Te detienes a cien metros de distancia de las cabinas desde cuyo interior te apuntan los soldados, no a las ruedas del vehículo ¡te apuntan a ti! con sus fusiles telescópicos. Esperas su señal, puede ser con una luz de linterna, puede ser por megafonía, puede ser con un gesto del brazo que apenas logras ver. Avanzas muy lentamente. Cuando llegas a la altura de las cabinas te ves rodeado de pronto por soldados que te apuntan, por delante, por detrás, por los costados. Te hacen preguntas, de dónde vienes, adónde vas, por qué has ido a donde has ido. Si eres extranjero pasarás el control. Si eres palestino…quién sabe.

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La malla militar de los ocupantes tiene mucho que ver con el desempleo del 65% que ahora padecen los palestinos. También con la perdida del ingreso medio familiar de más del 50% Los checkpoints, junto con los toques de queda, constituyen el sistema de una padecimiento cotidiano que resulta invisible para la opinión pública mundial. En los noticieros de televisión y en las páginas de la prensa la dialéctica de la violencia está asociada a los hechos de armas. Siempre he pensado que la mayor violencia es la que no se ve. La que entierra sus muertos en el anonimato. La que destruye la economía familiar. La que impide vivir dignamente. Y son precisamente los cierres de los pueblos, rurales y urbanos, de las ciudades, los que fabrican la bomba más destructiva.

En los checkpoints, a veces la vida, a veces la muerte.

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Ramadán – Los actos específicos de cada noche

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La noche del diecinueve (o sea el dieciocho a la noche): En esta noche el Imam ‘Alî (P) fue golpeado con una espada envenenada, por ‘Abd Ar-Rahman Ibn Mulÿam (Dios lo maldiga).

En esta noche, además de realizar los actos comunes a las tres noches, es preferible hacer lo siguiente:

1) Decir cien veces:

اَسْتَغْفِرُ اللهَ واَتُوبُ اِلَيْهِ

Astagfirul·lâha ua atûbu ilaih

Pido perdón a Dios y a Él me vuelvo arrepentido

2) Decir cien veces:

اَللّـهُمَّ الْعَنْ قَتَلَةَ اَميرِ الْمُؤمِنينَ

Al·lahummal‘an qatalata amîr al-mu’minîn

¡Dios Nuestro! Maldice a los asesinos del Príncipe de los Creyentes (P).

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La noche del veintiuno (o sea el veinte por la noche): Esta noche es mucho más importante que la del diecinueve. En los dichos se ha puesto mayor énfasis en esta noche y en la noche veintitrés para la realización de los actos ya mencionados:

1) Hay algunos dichos en los que se les pregunta a los Imames Infalibles (P) cuál de estas noches es la Noche del Decreto, y ellos dijeron:

ما أيسَر ليلتين فيما تطلبُ

mâ aisara lailatain fîmâ tatlub

¡Que fácil es, realizar los actos en dos noches, considerando lo que procuras!

2) Comenzar desde esta Noche las súplicas específicas para cada uno de los diez últimos días del mes.

La noche veintitrés (o sea el veintidós por la noche): Se relata que el Imam Al-Bâqir (P) en las noches del 21 y 23 hacía súplica hasta la mitad de la noche y luego comenzaba a rezar.

También tuvo lugar en esta misma noche, del año cuarenta de la Hégira, el martirio del Imam ‘Alî (P). En este día se revive la tristeza y el dolor de la gente de la Casa Profética y de sus Seguidores.

También es preferible decir muchas veces salawât (al·lahumma sal·li ‘alâ muhammadin ua âli muhammad), y maldecir a los opresores y en especial al asesino del Imam (P).

Esta noche es aún más meritoria que las anteriores. Es muy probable, debido al énfasis en diversos y cuantiosos dichos, que ésta sería la Noche del Decreto.

Además de los actos comunes de cada noche del Qadr ya mencionados, se realiza lo siguiente:

1) Recitar las Suras “Al-Ankabût” (29) y “Ar-Rûm” (30). Según el Imam As-Sâdiq (P), el recitador de estas Suras en estas noches se contará entre los habitantes del Paraíso.

2) Recitar la Sura Ad-Dujjân (44).

3) Recitar la Sura Al Qadr (97) mil veces y hacer la súplica para el Imam Al-Mahdî (P), que dice:

َللّـهُمَّ كُنْ لِوَلِيِّكَ الْحُجَّةِ بْنِ الْحَسَنِ صَلَواتُكَ عَلَيْهِ وَعَلى آبائِه في هذِهِ السَّاعَةِ وَفي كُلِّ ساعَة وَلِيّاً وَحافِظاً وَقائِداً وَناصِراً وَدَليلاً وَعَيْنا حَتّى تُسْكِنَهُ اَرْضَكَ طَوْعاً وَتُمَتِّعَهُ فيها طَويلاً

al·lahumma kun li walîikal huÿÿat ibnil hasan, salawâtuka ‘alaihi wa ‘alâ abâ’ih, fi hâdhihis sâ’ati wa fi kul·li sâ’ah, walîian wa hâfidzan wa qâ’idan wa nâsiran wa dalîlan wa ‘ainan, hattâ tuskinahu ardaka taw‘an wa tumatti‘ahu fîha tawîla

¡Dios mío! Se para tu walî, Al Huyyat Ibn Al-Hasan, que Tus bendiciones con él y sus padres, en esta hora y en toda hora, Protector, Defensor, Guía, Auxiliador, Orientador, y Guardia, hasta que le hagas habitar en Tu tierra siendo obedecido y le hagas disfrutar en ella largamente

4) Pronunciar la siguiente súplica:

اَللّـهُمَّ امْدُدْ لي في عُمْري، وَاَوْسِعْ لي في رِزْقي، وَاَصِحَّ لي جِسْمي، وَبَلِّغْني اَمَلي، وَاِنْ كُنْتُ مِنَ الاَْشْقِياءِ فَاْمحُني مِنَ الاَْشْقِياءِ، وَاْكتُبْني مِنَ السُّعَداءِ، فَاِنَّكَ قُلْتَ في كِتابِكَ الْمُنْزَلِ عَلى نَبِيِّكَ الْمُرْسَلِ صَلَوتُكَ عَلَيْهِ وَآلِهِ:(يَمْحُو اللهُ ما يَشاءُ وَيُثْبِتُ وَعِنْدَهُ اُمُّ الْكِتابِ).

Al·lahumma-mdud lî fî ‘umrî ua ausi’ lî fî rizqî ua asihha lî ÿismî ua bal·lignî amalî ua in kuntu minal ashqiâ’i famhunî minal ashqiâ’i uaktubnî mina-s su’adâ fa innaka qulta fî kitâbikal munzal ‘alâ nabîikal mursali salauâtuka ‘alaihi ua âlih iamhûl·lâhu mâ iashâ’ ua iuzbitu ua ‘indahu ummul kitâb

¡Dios Nuestro! Prolonga mi vida y acrecienta mi sustento, dispón salud en mi cuerpo, hazme alcanzar mis esperanzas y si me cuento entre los desgraciados, bórrame de entre ellos y regístrame entre los que gozan de felicidad. Ciertamente que Tú has dicho en Tu Libro revelado a Tu Profeta y Enviado (BP) -Tus bendiciones sean sobre él y su descendencia-: «Borra Dios lo que quiere y ratifica lo que quiere y Él tiene en Su Poder el Libro Original (Libro de la Creación)».

Se relata que el Enviado de Dios (BP), en los últimos diez días del Mes de Ramadán, hacía a un lado su lecho para dedicarse completamente a Dios.

En la noche 23, despertaba a su familia y a aquéllos que les costaba levantarse les mojaba con agua sus rostros. Asimismo, Fátima (P) no permitía que algún miembro de su familia durmiese en esta noche. Trataba de alejarles el sueño con el poco y sencillo alimento que les ofrecía por la noche. Desde el día 22 ya los preparaba para que se quedasen despiertos durante la noche y les pedía que durante el día descansaran para poder permanecer despierto y solía decir: “Frustrado estará quien no reciba la bendición de esta noche”. También, según dichos confiables, los días de Qadr tienen el mismo mérito que las noches del Qadr, por lo tanto hay que tener en cuenta ello.

La noche veintisiete: En esta noche es preferible hacer el Gusl (Baño Completo).

Se relata de que el Imam Zain Al-‘Âbidîn (P), repetía la siguiente súplica durante toda la noche:

اَللّـهُمَّ ارْزُقْني التَّجافِيَ عَنْ دارِ الغُرُورِ، وَالاِنابَةَ اِلى دارِ الْخُلُودِ، وَالاسْتِعْدادَ لِلْمَوْتِ قَبْلَ حُلُولِ الْفَوْتِ

Al·lahumma-r zuqni-t taÿâfia ‘an dâr-il gurûr ual inâbata ilâ dâr-il julûd ual isti’dâda lil mauti qabla hulûlil faut

¡Dios Nuestro! Concédeme el alejamiento de la casa del engaño (el mundo) y el retorno hacia la casa eterna (el otro mundo) y prepárame para la muerte antes de que llegue el momento en que mi vida sea tomada.

La última noche del mes: Es una noche muy bendita, en la que es aconsejable realizar los siguientes actos:

1) Gusl (Baño Completo).

2) Saludar al Imam Husein (P).

3) Recitar las Suras “Al-An’âm” (6), “Al-Kahf” (18), “Iâ-Sîn” (36) y luego decir cien veces

اَسْتَغْفِرُ اللهَ واَتُوبُ اِلَيْهِ

Astagfir-ul·lâha ua atûbu ilaih

Pido perdón a Dios y a Él me vuelvo arrepentido

4) Despedir el Mes de Ramadán a través de súplicas especiales, entre ellas la siguiente súplica relatada por el Imam As-Sâdiq (P):

اَللّـهُمَّ لا تَجْعَلْهُ آخرَ الْعَهْدِ مِنْ صِيامي لِشَهْرِ رَمَضانَ وَاَعُوذُ بِكَ اَنْ يَطْلُعَ فَجرُ هذِهِ اللَّيْلَةِ إلاّ وَقَد غَفَرْتَ لي

Al·lahumma lâ taÿ‘alhu âjiral ‘ahdi min siâmi li shahri ramadân ua a’ûdhu bika an iatlu’a faÿru hâdhihil lailati il·la ua qad gafarta lî

¡Dios Nuestro! No permitas que éste sea mi último ayuno del Mes de Ramadán. Me refugio en Ti de que llegue el alba en esta noche sin que me hayas perdonado.

A quien lo hiciere Dios le perdonará antes del alba y le facilitará el arrepentimiento.

También es preferible prosternarse en esta noche y decir:

يا حِيُّ يا قَيُّومُ، يا ذَا الْجَلالِ وَالاِكْرام، يا رحْمنَ الدُّنْيا وَالاخِرَةِ وَرَحيمَهُما، يا اَرْحَمَ الرّاحِمينَ، يا اِلـهَ الاَوَّلينَ وَالاخِرينَ، اِغْفِرْ لَنا ذُنُوبَنا، وَتَقَبَّلْ مِنّا صَلاتَنا وَصِيامَنا وَقِيامَنا

iâ haiiu iâ qaiiûm iâ dhal ÿalâli ual ikrâm iâ rahman-ad duniâ ual âjirati ua rahîmahumâ iâ arham-ar râhimîn iâ ilâhal auualîna ual âjirin igfir lanâ dhunûbanâ ua taqabbal minnâ salâtanâ ua siâmanâ ua qiâmanâ

¡Oh Vivo, Oh Subsistente, Oh Dueño de Esplendor y Generosidad, Oh Compasivo en esta vida y en la otra y Misericordioso en ambas! ¡Oh el más Misericordioso de los Misericordiosos! ¡Oh Señor de los primeros y los últimos! ¡Perdona nuestros pecados y acepta nuestras oraciones, nuestro ayuno y nuestro qiâm (mantenerse en pie en adoración en las noches)!

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El día treinta: En el último día del mes es preferible realizar la siguiente súplica específica para pronunciar una vez terminada la recitación del Corán, ya que en este día los musulmanes concluyen la recitación completa del mismo.

La súplica fue pronunciada por el Imam ‘Alî (P):

اَللّـهُمَّ اشْرَحْ بِالْقُرْآنِ صَدْري وَاسْتَعْمِلْ بِالْقُرآنِ بَدَني، وَنَوِّرْ بِالْقُرآنِ بَصَري، وَاَطْلِقْ بِالْقُرآنِ لِساني، وَاَعِنّي عَلَيْهِ ما اَبْقَيْتَني، فَاِنَّهُ لا حَوْلَ وَلا قُوَّةَ إلاّ بِكَ

Al·lâhumma-shrah bil qur’âni sadrî uasta‘mil bil qur’âni badanî ua nawuir bil qur’âni basarî ua atliq bil qur’âni lisânî ua a‘innî ‘alaihi mâ abqaitanî fa innahu lâ haula ua lâ quwata il·la bik

Dios Nuestro, dilata mi pecho (para el Islam) con el Corán, y pon mi cuerpo al servicio del Corán, e ilumina mis ojos con el Corán, y abre mi lengua a través del Corán y haz que el Corán sea mi compañía mientras viva. Ciertamente, que no hay Fuerza ni Poder sino en Ti.

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Llagas del subconsciente que la conciencia no cierra – Vals con Bashir por Jaime Natche – (+ Video)

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La historia

«¿Hay en el mundo suficiente olvido para poder olvidar?», se preguntaba el poeta palestino Mahmud Darwich en su libro Memoria para el olvido [1]. En esta obra, excepcionalmente escrita en prosa, Darwich narra sus últimos años de exilio en Beirut, donde permaneció una década hasta que en 1982 la ciudad sufrió la agresión del ejército israelí, tras la operación militar conocida como Paz para Galilea —ejecutada, como la sangrienta embestida a Gaza de los últimos meses, con la excusa de prevenir a la población hebrea de eventuales ataques palestinos. Cuando, a pesar de la feroz resistencia de los árabes, Israel consiguió arrasar el sur del Líbano y controlar su capital, las fuerzas enfrentadas decidieron llegar a un acuerdo y permitir la salida por mar hacia Túnez y Argelia del aparato político—militar palestino presente en el país.

Unos días más tarde, una bomba acababa con la vida del líder falangista Bachir Gemayel, aliado de Israel y recién elegido presidente libanés. El atentado no fue reivindicado —aunque las hipótesis más plausibles apunten a los servicios secretos sirios o, más probablemente, a los israelíes—, pero provocó entre las milicias cristianas una sed de venganza hacia el adversario palestino que Israel ayudó a saciar. El ejército sionista —que, como ministro de Defensa, dirigía el futuro primer ministro Ariel Sharon— vulneró el armisticio y, cercando los populosos campos de refugiados palestinos de Sabra y Chatila, inmovilizó a su población indefensa —recordemos, tras el exilio de sus combatientes.

Justo entonces se consintió la entrada de las milicias falangistas que, entre los días 16 y 18 de septiembre —con sus noches iluminadas por bengalas que el ejército israelí disparaba al cielo—, desplegaron casa por casa un cruel plan de ensañamiento sin que, aún hoy, se sepa con seguridad el número de víctimas de aquella masacre ni haya sido inculpado responsable alguno.

La memoria

Aunque el preámbulo histórico puede parecer excesivo para hablar de una película, no lo es en el caso de un film como el que nos ocupa, pues Vals con Bashir es una producción israelí que se presenta como un ejercicio de memoria sobre unos hechos vergonzosos en la historia del Tsahal (o fuerzas militares de Israel). Desde su participación en la sección competitiva del Festival de Cannes en 2008, la película de Ari Folman ha despertado una gran expectación debido al potencial de autoanálisis y denuncia que prometía proporcionar acerca de aquella guerra, especialmente viniendo de un país tan poco dado a ello como es Israel.

Hay que recordar que la israelí es una sociedad donde el ejército está omnipresente y el respeto hacia él es sagrado, por lo que cualquier actitud crítica a su funcionamiento es rápidamente anulada. Y acciones que serían moralmente reprobables en cualquier otro lugar se vuelven admisibles en virtud de su derecho a existir como Estado. Incapaz de crecer en concordia con sus vecinos árabes, Israel ha desarrollado desde su establecimiento una cultura del miedo hacia el otro —el árabe— que sólo puede administrarse mediante el costoso ejercicio de las armas. Hoy en día, el servicio militar es obligatorio para hombres y mujeres, y dura tres años en el caso de ellos, que además pasan a formar parte de la reserva del ejército hasta que cumplen los cincuenta años.

Precisamente, fue la voluntad de eximirse como reservista antes de tiempo, y los examenes psicológicos a los que se someten con esa finalidad, lo que obligó al cineasta Ari Folman a recordar su época de soldado en la guerra del Líbano y darse cuenta de que, desde entonces hasta hoy, no había reflexionado ni hablado con nadie sobre aquella experiencia —lo que demuestra la eficacia del lavado de cerebro que sufre una comunidad tan intensamente militarizada. Folman se propuso, desde ese momento, recuperar la memoria de los sucedido entrevistándose con antiguos compañeros que participaron con él en los combates para, posteriormente, documentar el proceso en un largometraje en el que el mismo realizador aparece como protagonista. «El cine también es una terapia», le dice un personaje a Ari al principio de su búsqueda.

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El trazo de lo real

Para la difícil tarea de expresar en imágenes cinematográficas la consistencia frágil y polimorfa del recuerdo, el dibujo animado resultaba ser una decisión apropiada; no en vano, el cine de animación era para Serguéi Eisenstein la forma más perfeccionada de imagen en movimiento. El trazo animado permite una libertad creativa única en el campo de las artes figurativas, al no estar condicionado por la reproducción fotográfica de lo visible, lo que favorece la creación de un mundo vivo controlable hasta el más mínimo detalle. Para la realización de Vals con Bashir se optó por un proceso intermedio, pues desde el principio no había una voluntad de apoyarse por entero en la capacidad inventiva del dibujo animado, sino de servirse del registro mecánico de una realidad —tanto visual como sonora— compuesta fundamentalmente por entrevistas. Este registro directo de las declaraciones que pudiesen rellenar los agujeros en la memoria del protagonista, sería calcado por ordenador —y transformado en un dibujo fácilmente maleable— por el procedimento denominado rotoscopia, que ya explorara el director estadounidense Richard Linklater para cuestionar un mundo de apariencias engañosas en sus films Waking Life (2001) y A Scanner Darkly (2006) [2].

Aunque el valor de lo testimonial subyace en cada línea, el mundo convertido en dibujos ya no está sometido a la limitación del mundo físico, con lo que su visualización puede expandirse ágilmente hacia la descripción de escenas oníricas o hacia la confusión de elementos reales y surreales dentro de un mismo encuadre. Mediante un instrumento especialmente apto para ello, el deslizamiento entre pasado y presente, entre lo imaginado y lo visto, se plasma materialmente en imágenes de evidente audacia plástica. La elasticidad del dibujo permite acercarnos al funcionamiento de una mente en dispersión y, al mismo tiempo, eludir la crudeza de las situaciones bélicas o de los bustos parlantes. Sin embargo, a pesar de que se ha hablado de este film como el primer documental de animación, el utilizar el dibujo animado como una herramienta del documental no es algo nuevo; sin ir más lejos, la mencionada Waking Life ya recurría en gran parte de su metraje a entrevistas o situaciones documentales, modulando la estilización del dibujo hacia sus dos extremos posibles: figuración y abstracción. También ha sido un procedimiento tradicionalmente empleado en los films divulgativos o de propaganda.

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