Archivo de la etiqueta: religión

Maronitas: Están entre nosotros, pero ¿les conocemos?

©Violaine Martin-UN Geneva-CC

¿Quiénes son y qué influencia tienen los católicos de este rito oriental en el continente americano?.

El mexicano Carlos Slim es un famoso empresario que desde hace años es considerado uno de los hombres más ricos del mundo. Hasta ahí una historia bastante difundida y conocida. Sin embargo, Slim presenta otra característica que por muchos ha pasado desapercibida y que es menos expandida, pues si bien nació en Ciudad de México es descendiente de libaneses y es cristiano maronita, o sea, que pertenece a la rama oriental de la Iglesia católica.

De los 13 millones de cristianos maronitas que hay dispersados en otras regiones del mundo, se estima que 8.9 millones están en América Latina. Una de las comunidades de maronitas más grandes del continente se ubica en Brasil con 5,8 millones de miembros.

América Latina se convirtió en una tierra de esperanza para estos inmigrantes de ascendencia árabe, pero de confesión cristiana, y hasta el día de hoy siguen marcando presencia.

Recientemente, el papa Francisco le encomendó a Fadi Bou Chebel, un sacerdote maronita de origen libanés, construir una diócesis en Bogotá (Colombia) dirigida a la comunidad siria-libanesa-palestina.

“Tengo que preocuparme por los descendientes de la colonia siria-libanesa-palestina para conservar nuestras raíces y nuestra, digamos, espiritualidad oriental, para eso tengo que fundar una diócesis maronita en esta tierra”, señaló a El Comercio de Quito en esa oportunidad.

En ocasión de una visita a Ecuador, este sacerdote maronita pidió rezar por las víctimas del terremoto que afectó el país el 16 de abril de 2016.

“Estoy muy emocionado. Doy gracias a Dios por que nuestra colectividad no quedó cerrada sino que se abrió al país que lo recibió, que esta comunidad ha hecho el bien para la sociedad ecuatoriana; eso es parte de nuestra misión”, agregó.

Bou Chebel se comprometió a seguir visitando el país con bastante frecuencia.

A nuestro lado, pero poco conocidos

¿Pero quiénes son los cristianos maronitas y qué influencia han tenido en el continente? La respuesta es amplia, pero aquí van algunas pistas.

San Marón es el nombre clave. Estos cristianos católicos le deben a él su denominación, pues fue un monje que vivió cerca de Antioquía en el siglo IV –se relacionó con figuras como San Basilio y San Crisóstomo– y es calificado por muchos como un hombre santo, firme y defensor de la fe católica en oriente.

Durante su tiempo había una polémica que dividía a la Iglesia en torno a la figura de naturaleza de Cristo y para mantenerse al margen, Marón se retiró a una zona aislada montañosa y formó una comunidad de fieles, precisamente llamados maronitas.

Luego de la muerte de San Marón (año 410) sus discípulos crecieron en número y formaron el “Convento de San Marón”.

Hacia el año 510, varios miembros de la comunidad sufrieron persecución por temas doctrinales y de parte de quienes no aceptaron la fe católica definida en el Concilio de Calcedonia, llegando incluso hasta a haber mártires.

Con el transcurso de los años, integrantes del pueblo del patriarcado de Antioquía tuvieron que huir a los valles del Líbano donde formaron la Iglesia maronita y san Juan Marón estuvo al frente, siendo el primer patriarca maronita y de todo oriente.

Fue recién en el siglo XVI cuando los maronitas se integraron a la Iglesia católica.

Hoy en día los maronitas están en comunión con Roma, siempre fue fiel y unida al Papa, e incluso actualmente el patriarca maronita se llama Nasrala Butros Sfeir, siendo al mismo tiempo cardenal y por ende “papable”.

Los cristianos maronitas practican el rito oriental, por lo que la liturgia está vinculada a la tradición oriental y emplea el árabe y el arameo (además del español en países de habla hispana), especialmente en la consagración, idioma que hablaba Jesús.

“El rito de la Iglesia maronita tiene una riqueza muy amplia y tradición de la espiritualidad de los primeros padres de la Iglesia, la espiritualidad del ascetismo, del sacrificio para que el cuerpo del ser humano sea purificado por la penitencia, la oración y el silencio”, explica el sitio web de la Iglesia Nuestra Señora del Líbano en México.

Justamente, si bien las principales comunidades están en Siria y Líbano, hay un gran número de emigrantes alrededor del mundo y América Latina es uno de los lugares de mayor refugio para sus creencias y tradiciones.

Fuerte presencia en Argentina, Brasil y México.

No solo Slim es un personaje conocido (hijo de cristianos maronitas) y de origen libanés o ascendencia árabe. En América Latina hay muchos y provenientes de diferentes ámbitos que van desde la cultura hasta la política.

Dentro de este último espectro uno de los más conocidos es el expresidente de Argentina, Carlos Saúl Menem (1989-1999), hijo de sirios (su madre era cristiana maronita). En Brasil, hasta el propio presidente interino Michel Temer es descendiente de libaneses; en este caso, al igual que Slim, también hijo de cristianos maronitas.

¿Sabías que Shakira, la famosa cantante colombiana, también tiene ascendientes libaneses?  ¿Y Ricardo Darín, el reconocido actor argentino ganador de varios premios internacionales? También.

Los ejemplos son muchos y la lista podría continuar.  Pero en cuanto a los cristianos maronitas, en Brasil se encuentra la mayor comunidad.

La eparquía (circunscripción territorial bajo la autoridad de un obispo, sinónimo de diócesis para la Iglesia católica occidental) en ese país data del año 1962.

El primer obispo (o eparca) en Brasil fue Francis Zayek y su particularidad radica en que fue el primero de esta jerarquía nombrado para la diáspora, o sea, fuera del patriarcado maronita en Oriente Medio.

Tomó posesión de la sede de San Pablo, uno de los lugares más influidos por los maronitas en ese país.  Por ejemplo, en esta ciudad la influencia llegó hasta la ciencia y la medicina. Uno de los mejores hospitales del país es el “Sirio- Libanés”.

En Argentina, un claro ejemplo de la presencia maronita es la majestuosidad de la catedral de San Marón en Buenos Aires, lugar muy concurrido por ellos. Fue erigida a principios de siglo con piedras traídas desde  Líbano.

Si bien hace más de 100 años que están presentes en ese país, recién hace poco la comunidad pudo desarrollar esta magnífica obra arquitectónica.  Su obispo emérito es Charbel Merhi, que vive como eremita en  Líbano.

Por otra parte, en Argentina hay un famoso caso, el de Nínawa Daher,  una periodista y abogada católica fallecida en el año 2011 cuya causa se estudia como posible camino para beatificación. Su madre fundó la  Fundación Nínawa Daher -Por una vida digna.

Además, en este país, los miembros de esta comunidad no son ajenos a lo que está sucediendo actualmente en Oriente Medio con los campos de refugiados.

Recientemente lanzaron, en conjunto con la comunidad libanesa en el país, una campaña de apoyo a los refugiados que viven en los campamentos en esa parte del mundo.

“Nos parece que el modo más conveniente para ayudar de forma responsable no es traerlos a un país tan lejano como Argentina, sino brindarles toda la asistencia humanitaria posible en los países donde están refugiados para que puedan vivir de un modo más digno”, expresó Juan Habib Chamieh OMM, administrador apostólico de la eparquía (diócesis) San Charbel en Buenos Aires de los maronitas en la Argentina.

Los maronitas también tienen presencia en México y otros países del continente, un poco menor como Estados Unidos, Canadá, Uruguay e incluso Colombia con el impulso que le quiere dar Francisco.

¿Y en cuanto a la influencia de los maronitas?

Sin lugar a dudas los católicos maronitas que desembarcaron en América Latina dejaron su huella y eso se trasluce en simples ejemplos de personas con descendientes de esa comunidad influyentes tanto en el ámbito político como cultural.

Pero también dejaron su marca  en otros niveles, como en Brasil en cuanto a la medicina, y confirmaron que América Latina fue un lugar seguro para seguir difundiendo sus costumbres y creencias a pesar de las barreras de índole idiomática.

Brasil fue la principal puerta de entrada de los árabes cristianos en el continente durante una fuerte ola de inmigración que hubo a finales del siglo XIX y comienzo del siglo XX escapando de serios problemas, como la persecución religiosa de las  minorías católicas maronitas a manos del Imperio Otomano.

En el continente no encontraron mayores trabas para su desarrollo personal e incluso laboral. Muchos se dedicaron a lo que más sabían: el comercio y por ahí una de las pistas de su huella.

En tanto, el hecho de que muchos de estos inmigrantes fueran precisamente católicos maronitas a nivel de creencias tampoco les ocasionó mayores inconvenientes, pues la mayoritaria en América Latina también es la católica.

Así pues, los cristianos maronitas pisan fuerte en el continente. Y la historia de acogida parece que continuará, pues América Latina sigue siendo de puertas abiertas y sin mayores trabas legales para muchos que tienen esperanzas en un futuro mejor, máxime con la actual crisis de refugiados que se vive ahora en aquella región tan castigada del mundo.

Por Pablo Cesio
Con información de Aleteia

©2017-paginasarabes®

Caña al moro

Aquel crisol de culturas fruto del mestizaje de los distintos pueblos que ahora quieren que aborrezcamos es negar la evidencia de aquella expulsión de los moriscos de 1603.

La barbarie y tragedia que Europa realiza en sus fronteras no debe llevarnos por el odio al extranjero hambriento, persiguiéndolos, tal como pregonan y actúan los que dicen representarnos en Europa y en nuestra Patria, mientras esa tragedia continúa nuestros, digamos líderes patrios, hacen campaña en Venezuela sin ver la cotidianidad de las colas por alimentos también en España, y si añadimos el no recordar que no hace tanto tiempo fuimos igualmente refugiados, años más tarde y hoy mismo, debido al paro y los más de tres millones de personas en la pobreza e indigencia, emigrantes forzados, en realidad expulsados por nuestros diferentes gobiernos solo preocupados del beneficio propio, pero si añadimos a la desidia nuestro olvido al origen y nuestra mezcla, no comprendo cómo se dejan arrastrar en ese odio exacerbado el repudiar a millones de personas por la doble condición de ser mayoría de origen árabe sin ver que huyen de los desastres provocados por guerras de intereses. Odio exacerbado por un lado y creciente auge del filo-judaísmo de nuestros dirigentes, esos mismos que antes pregonaban lo contrario, sin haber condenado nunca la ideología de donde provienen, nuestra reciente dictadura que tanto odiaba a los judíos.

Pretenden hacernos olvidar nuestro origen como habitantes de la Península Ibérica, somos los más mezclados de todas las naciones, por ser lugar donde se establecieron fenicios, griegos, celtas; invadidos por cartagineses, romanos, tribus de suevos, vándalos, alanos, visigodos, vikingos y moros. Con todos ellos vinieron judíos, etnia silenciosa y no invasora afortunadamente, se dedicaron al comercio y recaudación de impuestos. Pero quiero destacar de todas las tribus o naciones invasoras a los árabes, los que invadieron sin invadir al ser llamados por una de las facciones en las luchas internas entre dos grandes clanes político-familiares godos en la Hispania de entonces, el clan Wamba – Égica – Witiza y el de Chindasvinto – Recesvinto – Rodrigo. Witiza pidió ayuda a los bereberes del norte de África en el 711, y siguiendo en apoyo en las disputas de los clanes llegaron en 15 años hasta la Galia, contando con parte de la población judía, en su mayoría conversos forzados y reiteradamente hostigados por la legislación visigoda, apoyo importante como gestores al estar presentes en todos los centros urbanos al ser recaudadores y prestamistas con contactos en toda la cuenca mediterránea. Para aquellos árabes que durante los 781 años de dominación en Al-Ándalus (península ibérica para ellos), la tolerancia religiosa fue un ejemplo a destacar, a excepción del periodo almorávide durante la segunda mitad del s. XI y primera del s. XII, coincidiendo con las invasiones de la 1ª Cruzada para conquistar los Santos Lugares y la toma de Jerusalén en 1099; según crónicas de la época “en las calles y plazas no se veían más que montones de cabezas, manos y pies. Se derramó tanta sangre en la mezquita edificada sobre el templo de Salomón, que los cadáveres flotaban en ella y en muchos lugares la sangre llegaba hasta la rodilla. Cerca de 40.000 personas fueron brutalmente asesinadas de mil formas diferentes, una auténtica orgía de sangre y destrucción. Todo en nombre de un Dios y una fe. Cuando no hubo más musulmanes que matar, los jefes del ejército se dirigieron en procesión a la Iglesia del Santo Sepulcro para la ceremonia de acción de gracias”.

La actuación de los cruzados dejó conmocionado al mundo musulmán, nunca antes se había visto ese nivel de barbarie, salvajismo y destrucción (se repite en la actualidad). Los cruzados masacraron a miles de personas, hombres, mujeres y niños solo por el hecho de ser de otra religión. Nos guste o no la Iglesia Católica es la responsable indirectamente de todas las matanzas y odio entre religiones, haciendo que el fanatismo y las ansias de poder cegaran a toda la cristiandad. Casi mil años después el paralelismo de aquella barbarie es patente con la aparición de Isis, Daesh o el Estado Islámico, radicales que actúan contra los de su mismo credo y exportan al exterior también contra la población civil, un odio a consecuencia de las fechorías de los poderes petrolíferos que invadieron Oriente Próximo, poderes que a su vez los financia en armas y logística, manejándolos, al tergiversar y difundir ese fanatismo haciendo hincapié en lo retrasado de toda esa etnia religiosa en continuo conflictos entre ellos, pero sin analizar que el periodo de oscuridad en el mundo musulmán se debe a sus dirigentes al erigirse en guías religiosos, escondiendo su único interés, el vil metal, igual a los nuestros que lograron controlar a sus pueblos a través de la religión, tal como ocurrió en Europa desde el siglo IV.

Aquellos almorávides fueron los primeros radicales religiosos islámicos, actuaron hacia sus hermanos de fe al considerarlos relajados en ella, siendo el origen de la mayor desgracia para el islam al acabar con el desarrollo cultural árabe andalusí, luz y faro cultural del mundo conocido entonces a semejanza de la Europa con las invasiones bárbaras, época aprovechada por la iglesia católica para capitalizar el poder apoyándose en el Edicto de Milán del año 313, siendo emperador Constantino al proclamarla religión del Estado que sirvió a la Iglesia para cortar lazos con los cristianos ortodoxos de Bizancio, y cuya consecuencia fue el aislamiento comercial y cultural con el resto del mundo conocido, hasta el Renacimiento, más 1.200 años de retraso europeo. Afortunadamente las ciudades Estados italianas tomaron el testigo de la economía, cultura y libertades a través de los textos originales griegos y romanos conservados y traducidos por los sabios andalusíes, moros o judíos; y a su vez corrigiendo los manipulados que no fueron quemados o destruidos por la intransigencia religiosa católica.

Para España también supuso un atraso cultural inmenso el acabar la mal llamada reconquista, los árabes conversos siguieron hasta que Felipe III ordenó su expulsión, y alrededor de trescientos mil herederos de aquellos que llegaron 898 años antes al ser expulsados emigraron principalmente al norte de África, donde acabaron integrándose. Esta expulsión, en su mayoría agricultores y artesanos supuso para España una fractura extraordinaria a todos los niveles, siendo la evidencia de un fracaso debido al abandono y saqueo de las infraestructuras creadas por ellos que redundó aún más en el declive de español desde el siglo XVII, pues los monarcas una vez saqueada y repartida la Península entre sus supuestos “nobles” la abandonaron a su suerte para centrase en el siguiente saqueo, América.

Y aquel crisol de culturas fruto del mestizaje de los distintos pueblos que ahora quieren que aborrezcamos es negar la evidencia de aquella expulsión de los moriscos de 1603, cuando fue la puntilla final del retroceso español hasta la actualidad, siendo desde entonces estigmatizados y fomentando el odio hacia ellos por el nuevo poder, acrecentado con la ayuda de los verdaderos dirigentes de Norteamérica y la sociedad anglófona en general, la secta judía de los sionistas, ocurre con los mensajes subliminales en series y películas norteamericanas donde para ellos la maldad a combatir la representa cualquier persona de un Estado islámico sea o no árabe, sustituyendo a los hasta hace bien poco, negros o hispanos, pretenden y en algunos casos logran que el odio cale en buena parte del orbe, en España se refleja con la frase:

¡Caña al moro!

Por José Enrique Centén
Con información de Siglo XXI

©2017-paginasarabes®

José y María llevan a Jesús a Egipto, huellas que dejaron a su paso

“José se levantó, tomó al niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes” (Evangelio según San Mateo)

Las autoridades de El Cairo quieren promocionar el itinerario de la Sagrada Familia perseguida por Herodes. Una ocasión para recordar los profundos lazos entre el judeo-cristianismo y aquel país.

El episodio bíblico a que hace referencia este itinerario está relatado en el capítulo 2 del Evangelio de Mateo. Los reyes magos, luego de encontrar a Jesús, se retiraron de Belén por otro camino, para no tener que informar a Herodes de su paradero. Entonces, cuenta Mateo, “el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: ‘Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle'”. José “se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes”.

La Biblia no dice nada más sobre este azaroso viaje, pero sí la tradición copta, es decir los católicos egipcios, y algunos evangelios apócrifos.

Después de la exitosa gira del papa Francisco por ese país, el gobierno egipcio decidió crear un comité para analizar qué lugares son los más adecuados e interesantes para ofrecer a los viajeros. La idea es promover para el turismo religioso la ruta que se cree que la Sagrada Familia recorrió en el país árabe al huir de Palestina. Con este propósito, el ministro de Turismo, Yehia Rashed, viajó a Roma para reunirse con representantes del sector del turismo en la Ciudad del Vaticano.

Pero este paso de la Sagrada Familia por Egipto es un episodio de significado más teológico que histórico, es un desvío necesario para que se cumpliera la profecía. “De Egipto llamé a mi hijo” (Mateo 2:15).

En la Biblia, ningún otro pueblo está tan estrechamente ligado a la epopeya judía como el egipcio. Fue en Egipto donde Moisés supo quién era y fue en el Sinaí donde recibió la revelación que lo hizo monoteísta.

Aunque no existen rastros arqueológicos de este viaje, desde el fondo de los tiempos, muchos estudiosos del cristianismo han especulado sobre cómo pudo haber sido.

Del exilio egipcio de José, María y Jesús surge además una comunidad cristiana de raíces muy hondas en la historia: los coptos. En cuya tradición está muy arraigada la llamada ruta de la Sagrada Familia, que dejó en su paso muchos sitios santos, venerados hasta la actualidad.

La Iglesia San Sergio en El Cairo, uno de los sitios por los que pasó Jesús en su exilio egipcio

En esta nota se reconstruye ese itinerario y sus razones, con el auxilio habitual del profesor Sergio Prudencstein, especialista en Medio Oriente, docente en la Universidad de Belgrano, y autor, entre otros, de Los escribas de Dios (2015), Moisés, la verdadera historia (2016) e Islam, para saber de qué hablamos (2016), todos de Ediciones Fortnel.

¿Por qué van José y María a Egipto? Existen tanto razones geográficas, como teológicas y culturales para que éste haya sido el sitio elegido.

Era imposible huir hacia el Norte -tierras y pueblos inhóspitos- y hacia el Este -desierto interminable-, por lo que el refugio de todo el que quisiera escapar a la jurisdicción de Herodes era Egipto.

“Por eso, aún sin mandato del ángel, ellos habrían escogido ese destino”, escribió Frank Duff, irlandés, siervo de Dios, fundador de la Legión de María y uno de los que más ha escrito sobre este tema.

En cuanto a lo teológico, son varios los puntos que conectan a Egipto con la Biblia.

El Nuevo Testamento hace un paralelo entre la vida de Jesús y la de Moisés, nacido en Egipto, y gran profeta hasta la llegada del que los cristianos consideran el Mesías.

El propio Moisés les había anunciado la llegada de ese otro profeta: “Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis” (Deuteronomio 18:15).

La niñez de Jesús es equiparable a la de Moisés. Es buscado por el rey Herodes para matarlo. Herodes toma las mismas medidas persecutorias que el faraón. No es casual que el niño y su familia huyan del rey hacia Egipto, al lugar donde nació Moisés, para que se cumpla la profecía, como lo recuerda Mateo (cap. 2, versículo 15), “…y estuvo allá hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor habló por medio del profeta, diciendo: De Egipto llamé a mi Hijo”). Está haciendo referencia al profeta Oseas, del siglo VIII antes de Cristo: “Cuando Israel era niño yo lo amé y de Egipto llamé a mi hijo” (Oseas 11:1)

El Nuevo Testamento hace una relectura del Antiguo y especialmente del Exodo. Jesús viene a dar una nueva ley. No es casual que la Pascua sea la culminación, tanto del éxodo como de la vida de Jesús.

El exilio de la Sagrada Familia puede además ser visto como una vuelta a una antigua tierra en la cual sus antepasados, antes de la esclavitud, fueron prósperos. Mil años antes, Abraham, José, Jacob fueron prósperos en Egipto. El recorrido que hacían María y José había sido atravesado por todo su linaje. Era un lugar donde se podía esperar encontrar descanso y alimento. Un lugar que pese a la opresión está asociado a la prosperidad; . Egipto es sinónimo de esclavitud pero también de prosperidad y sabiduría. Por otra parte existía, en ese tiempo, una colectividad judía importante en Egipto.

Finalmente, pero no menos importante, está el aspecto cultural: Egipto era el paso obligado de todos los sabios del mundo antiguo.

La más antigua tradición de la Iglesia basada en una una visión del Papa Teófilo (s.IV), dice que José llegó con su familia hasta Heliópolis -hoy, suburbios de El Cairo-. De la Palestina romana hasta el Delta del Nilo y de ahí hasta Heliópolis. ¿Por qué es importante Heliópolis?

Los magos de la corte del Faraón en tiempos de Moisés eran los únicos, según la Biblia, que imitaban los milagros de Dios. Eran originarios de Heliópolis, donde va la Sagrada Familia. Hay una sabiduría que los antiguos reconocían en Egipto. En aquella época, magia y sabiduría estaban mezcladas. La separación entre lo mágico y lo científico es muy posterior. En la Antigüedad todos los sabios debían pasar por Egipto para ser legitimados: Tales de Mileto, Pitágoras, el propio dios Hermes personificado. Según Herodoto, hasta los dioses griegos se refugiaron en Egipto.

Jesús vuelve sabio de Egipto. En cierta forma, así lo presentan los Evangelios, como un sabio helénico. Es un Maestro, que se ha rodeado de discípulos. Su lenguaje es filosófico, sus frases, de significado universal.

Jesús es presentado como un sabio helénico, un Maestro rodeados de discípulos, que habla con un lenguaje filosófico

Este es un momento en que la cultura helénica era mucho más importante que la romana.

Cabe aclarar que no se trata ya del fenómeno sapiencial ateniense sino básicamente alejandrino, el que nace en Alejandría, es decir, una cultura sincrética. Esta ciudad, fundada en el 330 antes de Cristo por Alejandro Magno conecta, por su situación geográfica, a Oriente con el mundo griego.

Demetrio de Falero, dramaturgo, historiador, esteta -un sabio al estilo ateniense- llegó en el año 296 a.C. a la corte de los lágidas, es decir los Ptolomeos, tras ser echado de Atenas, y los convence de convertir a Alejandría en un centro cultural, convocando a intelectuales y artistas, formando una biblioteca y museo, siguiendo el modelo ateniense. En ese mismo Egipto ptolemaico es donde se traducen al griego los libros de la Torá y demás libros judíos y se los llama por primera vez “Biblia”. Es la llamada Septuaginta o Biblia de los 70, porque según la leyenda Ptolomeo llamó a 70 sabios del templo de Jerusalén, los encerró en el faro de Alejandría, a cada uno en un cuarto distinto, y todos debían traducir la Biblia a la vez y todas las traducciones resultaron idénticas lo que implica que estaban inspiradas por Dios.

Los Ptolomeos pensaban que si conocían el pensamiento de todos los pueblos, los podrían conquistar. Por eso hacían estas traducciones. Pero la Biblia les fue especialmente recomendada por ser considerada cercana a la filosofía griega, incluso con una analogía con Platón y Aristóteles, que eran unívocos en la idea de Dios.

Todo esto habla del lugar central que ocupaba Egipto en el mundo Antiguo tardío. El idioma franco del Mediterráneo era el griego y no el latín. Se puede fechar este dominio de cultura helénica -más transmisión cultural que imposición- de Alejandro Magno a Cleopatra, es decir, unos 300 años.

El cristianismo penetrará con bastante facilidad en Egipto porque estaban acostumbrados a conceptos como el del dios que muere y resucita (Osiris) o la Diosa Madre (Reina del cielo, Isis amamantando al niño), el paraíso como premio y la vida en el más allá.

Incluso el concepto de Trinidad. El Sol (Ra) era Horus por la mañana, Ra al mediodía, Osiris al anochecer. Tres distintos pero uno solo. Ra naciendo, Ra adulto, Ra muriendo.

Sólo hubo disenso en torno al concepto de si el cuerpo de jesús era o no humano. Es decir, niegan la doble naturaleza de Jesús, por ello serán llamados monofisitas. Esta diferencia se plasma en cisma en el Concilio de Calcedonia (451 d.C.) y desde entonces la Iglesia ortodoxa griega sigue un camino propio.

Más tarde la llegada del Islam a Egipto cambiará el escenario. Pero la religión copta sigue viva.

Cerca de las ruinas de Heliópolis, las ruinas de la Iglesia en San Sergio que contiene la cueva donde según la Biblia se refugió la familia de Jesús. Los detalles los dan los primeros apologistas del cristianismo. Toda la apologética es muy rica en exégesis.

Los 7 lugares más importantes del recorrido de la Sagrada Familia

El mapa muestra el itinerario de la Sagrada Familia en Egipto

El itinerario que se describe viene de la visión del papa Teófilo (s IV).

El libro de los coptos Registro de los hechos históricos y religiosos de Jesús, fue dictado por Teófilo, originario de Alejandría, que muere en el año 412.

El primer tramo es de Gaza a El Arich, un puerto de la península del Sinaí, sobre el Mediterráneo, que antiguamente se llamaba Rinocolura, que significa “Ciudad de los desnarigados”, ya que allí eran desterradas personas que sufrían ese horrible castigo.  Era además, el límite entre el Reino de Herodes y el Egipto Romano.

James Duff especula con que es muy posible que, para hacer el viaje, se hayan unido a una caravana. De día, habrán soportado un calor intenso y mucha sed. De noche, se verían obligados a dormir a la intemperie y soportar el intenso frío.

El itinerario que siguieron José, María y Jesús fue establecido a partir de una visión del Papa Teófilo en el siglo IV

1a parada: Pelusio. El lugar nº 1 en importancia. Hoy El Farma. Ubicada entre Sinaí y el Delta. Los arqueólogos han encontrado allí una Iglesia muy antigua quizá la más antigua de Egipto. Un edificio del siglo I posiblemente usado como Iglesia desde el siglo III. Una antigüedad que demuestra que la práctica del cristianismo era anterior a Constantino, al cristianismo oficial.

2ª parada. Tell-Basta o Bubastis. 80 kilómetros al noroeste de El Cairo. Allí se atribuye a Jesús el haber hecho el milagro de crear un manantial. El agua era un factor crítico en esos lugares. Si bien la tradición dice que Jesús hizo varios milagros a lo largo del trayecto, también hubo incidentes. Aquí, fue perseguido por la gente porque a su paso caían estatuas de dioses y faraones. Esto también se corresponde con una profecía, en este caso de Jeremías: “Y pondrá fuego a los templos de los dioses de Egipto y los quemará, (…) Además quebrará las estatuas de Bet-semes, que está en tierra de Egipto, y los templos de los dioses de Egipto quemará a fuego” (Jeremías 43)

3a parada: Belbeis. A 55 km de El Cairo. Allí, la Virgen y el Niño debajo de una acacia que supuestamente aún existe. Son varias las ciudades que dicen tener un árbol sagrado.

Según la tradición, en varios sitios se conservan árboles a cuya sombra descansaron María y el niño Jesús

4º parada: Sakha. Cruzan el Nilo para ir a este lugar. Allí los coptos registran una reliquia. La huella de la pisada de Jesús niño sobre una roca. Hace unos 20 años se la destapó y el público la puede ver y tocar en la Iglesia de la Virgen María.

5º parada: El Uadi el Natrun, cerca de El Cairo, que era el sitio de donde extraían la sal para las momificaciones. En la zona hay toda una serie de monasterios (cabe recordar que el monaquismo es una creación copta). Monasterio de El-Serian y la Iglesia del Monasterio de Abu Maqar. Todo alrededor del valle de Natrón, que es un oasis.

6º parada: Heliópolis. Cruzando el Nilo hacia el este, van a Matiaré (un barrio aledaño). Era una aldea muy habitado por judíos. Allí José trabajó como carpintero. Se instala por bastante tiempo. Son protegidos por la colectividad judía del lugar. Allí había muchos sicomoros. Y dicen que aún está el sicomoro de María y el Niño. Dicen que aún está. Fue ahí donde Jesús creó una nueva fuente de agua. María lavó la ropa del niño y arrojó el agua al suelo y nació una planta de bálsamo. Muy visitada en la Edad Media por sus propiedades curativas. Iglesia de la Virgen, Convento de la Virgen. La mayor parte de los escritores antiguos han recalcado la caída al suelo de todos los ídolos de un templo vecino al paso de la Sagrada Familia por los arcos macizos de piedra de Heliópolis. Entonces, el gobernador del lugar quiso matar a Jesús. La Sagrada Familia se escondió entonces en una cueva durante unos quince días. Sobre ese sitio se levanta hoy la Iglesia de San Sergio. Es el monumento copto más importante.

La gruta en la cual se ocultó la Sagrada Familia durante quince días, en la Iglesia San Sergio

7a parada: Monasterio de Al Moharrak. Es el más importante, porque es el lugar del renacimiento, como si el Niño volviera a nacer en el momento en que Dios les dice que pueden volver. Una segunda Belén.

Este itinerario se vincula en cierta forma a la gran cantidad de Iglesias y monasterios que hay.

En la Edad Media se creía que si no había una reliquia, un objeto sagrado, en el lugar no se podía edificar una Iglesia. La Iglesia era antes que nada un relicario. ¿Y qué mejor reliquia que el paso de Jesús?

Por Claudia Peiró 
Con información de Infobae

©2017-paginasarabes®