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Shebakia Marroquí

La shebbakiyya (en árabe, شباكية, nombre también transcrito como Shebakia o Chebakia)

Marruecos es un país en el que sus especias y sus platos clásicos te acompañan, tanto si los haces en sus tierras como si los preparas en tu propia casa, haciéndote entender su cultura a través de sus sabores. La cocina marroquí es una fusión de la comida del Norte de África, Árabe y Mediterránea, sabores combinados de buen gusto que es muy diferente a otros alimentos. No hay mejor lugar para encontrar esos sabores que la Medina laberíntica que tiene cientos de puestos montados en grupos.

Mientras pasea,  se encontrarán a los vendedores de pan apiñados en pequeños puestos.

De acuerdo con la investigación popular, las tres ciudades que dan la mejor experiencia de comida en la calle en todo Marruecos son Fez, Marrakech y Essaouira. Estas son las ciudades que nunca faltan en el mapa de visitas obligadas de los amantes de los descubrimientos culinarios de las distintas culturas.

Durante el mes de Ramadán las calles de Marruecos se llenan de aromas de las recetas que se preparan para la noche. Desde la tradicional sopa de Harira hasta la deliciosa Shebakia

En forma de flor, son unas galletas de sésamo fritas. Las Shebakia son el plato favorito del desierto marroquí. Postre favorito durante el Ramadán, cuando los musulmanes ayunan desde el amanecer hasta la puesta de sol, las Shebakia son uno de los platos a degustar necesarios para entender la cocina marroquí.


INGREDIENTES

500 gr de harina
1 sobre de levadura en polvo
30 gr de almendras molidas
100 gr de semillas de sésamo
80 gr de mantequilla
1/2 cucharadita de vinagre
1 cucharadita de agua de azahar
1 pizca de sal
1 cucharadita de canela
Anís
450 ml de miel
Hebras de azafrán
250ml de aceite de girasol

PREPARACIÓN

Tamizar la harina con la levadura. Reservar. En otro recipiente mezclar las almendras molidas, la sal, mantequilla Y el vinagre. Mezclar y añadir el agua de azahar, la canela y el azafrán.

Añadir estos ingredientes a la mezcla de harina tamizada junto con 80 ml de agua, amasar hasta lograr una masa elástica  dejando en reposo por espacio de 15 minutos  el refrigerador.

Pasado el tiempo de reposo, estirar con palote.

Cortar rectángulos de 5 cm y enrollar dando la forma característica de “flor”.

Freír en el aceite caliente hasta dorar. Pasar las shebakia  por miel y espolvorear con semillas de sésamo y servir.


Con información de AbsolutViajesok diario

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El Ramadán en la ciudad de la Mezquita

Rezo musulmán en la mezquita situada en los jardines de Colón de la capital cordobesa ©Rafa Alcaide – efe

Unos 4.000 musulmanes viven en Córdoba en la actualidad.

En la ciudad de la mezquita más importante de todo el periodo islámico del Al-Ándalus, actualmente no hay suficientes templos para que los 4.000 musulmanes que viven en Córdoba puedan reunirse cómodamente y muchos han tenido que rezar durante el mes de Ramadán fuera del único morabito.

Una vez roto el ayuno propio del mes sagrado, más de un centenar de musulmanes se acercan al pequeño morabito o mezquita situada en los céntricos jardines de Colón de la capital cordobesa en el que es un momento especial para realizar los “rakaat” o rezos del “Tarawih” o ruptura el ayuno y compartir en comunidad el final del día durante los treinta que dura el Ramadán.

Sin embargo, en la mezquita, construida durante la Guerra Civil española para que las tropas franquistas marroquíes pudieran rezar, apenas hay sitio para las mujeres y para una veintena de hombres.

El resto reza sobre alfombras colocadas en la puerta y, aunque hay otro local más grande en el barrio del Sector Sur, “una ciudad como Córdoba merece tener una mezquita como la de Granada o Madrid”, ha comentado el presidente de la Asociación de Musulmanes de Córdoba, Kamel Mekhelef.

“UN REFERENTE HISTÓRICO”

“Para los musulmanes, Córdoba es un referente histórico y cultural igual que lo ha sido Constantinopla”, ha afirmado Mekhelef, quien ha resaltado que durante la época de Al-Ándalus, “Córdoba era el centro científico de todo Occidente”, pasado que ahora podría reflejarse en la existencia de un “centro islámico cultural” donde se puedan dar conferencias, reunirse o aprender árabe.

Desde las instituciones de la ciudad el apoyo a la comunidad islámica se ha visibilizado durante el último mes con una treintena de actividades culturales enmarcadas en “Las Noches del Ramadán”, organizadas por el Ayuntamiento, la Casa Árabe y la Junta Islámica, una entidad que trata de integrar el Islam en la sociedad, difundiendo su cultura y valores, como abstenerse de ingerir alimentos poniéndose en la piel de quien no los tiene o realizando obras caritativas.

Su presidenta, Isabel Romero, que también dirige el instituto Halal, organismo dedicado a regular, controlar y certificar los alimentos y servicios destinados al consumo por parte de musulmanes en España, ha destacado que la iniciativa, con talleres de recetas árabes o películas que ilustran el día a día de familias musulmanas, entre otras opciones, permite “la visión normalizada de un acontecimiento que celebran 1.600 millones de personas en el mundo”.

La oferta de ocio durante los días de Ramadán contribuye, según Romero, a que la sociedad conozca el valor para los musulmanes del mes en el que se conmemora la revelación del Corán al Profeta Muhammad, pero además, “se trata de un rito más en las sociedades diversas” donde se celebra la Navidad o la Semana Santa y, en el caso de Córdoba, unos 4.000 musulmanes han sorteado este mes las calurosas jornadas en ayuno.

TRABAJADORES AUTÓNOMOS

Los musulmanes que siguen el Ramadán en Córdoba, la mayoría trabajadores autónomos, hacen un contundente desayuno sobre las cinco de la mañana y ellos mismos regulan su jornada laboral en la que están en ayuno hasta la noche, cuando en el morabito se ofrece la sopa “harira”, tradicional marroquí, además de dátiles, yogures, fruta, zumo y agua.

Allí, un día antes del Eid al-Fitr, celebración final de Ramadán, Chaima, cordobesa, de padres árabes y estudiante de Ingeniería de Telecomunicaciones, preguntada por cómo es posible no beber en una ciudad donde ha llegado a alcanzar los 44 grados, ha contestado que “el primer y el segundo día cuesta, pero el tercero te acostumbras” porque “la voluntad es más fuerte”.

Por Estrella Serna
Con información de Diario Córdoba

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Palestina: un cristiano despierta a musulmanes en Ramadán

Michel Ayub
Michel Ayub

A las dos de la madrugada, Michel Ayub empieza a tamborilear por las calles empedradas de la ciudad palestina de Acre para despertar a los musulmanes que realizan el Ramadán.

Ayub es “messaharati”, la persona que se encarga de despertar a los musulmanes antes del alba para que coman, ya que no pueden alimentarse ni beber desde que sale el Sol hasta que se pone durante los 29 o 30 días que dura el Ramadán.

Pero no es un “messaharati” al uso; Ayub es católico.

Cada día, bastante antes del alba, este árabe israelí de 39 años, yesero de profesión, comienza su ronda por el casco antiguo de Acre.

Ayub rompe el silencio de la noche con su voz potente y su tambor por las callejuelas decoradas con las luces del Ramadán. A su paso la ciudad se despereza.

“Oh vosotros que dormís, existe un Dios eterno”, canta. Lleva una kufiyya o pañuelo palestino sobre los hombros, pantalones bombachos de color beige, un cinturón bordado, chaleco y turbante negro y blanco.

Los vecinos lo saludan medio dormidos y le hacen señas de que van a preparar el “sahur”, o comida de antes del alba.

La tradición del “messaharati” había desaparecido en Acre hasta que Ayub la recuperó hace 13 años para hacer revivir la herencia transmitida por su abuelo. .

Una misma familia

Él es católico practicante, pero de niño escuchaba “la lectura del Corán todos los viernes” a la hora de la oración musulmana. “Hemos crecido” en un ambiente de respeto hacia las otras religiones.

Acre lleva la impronta de siglos de historia. Ya existía en la época de los fenicios, en la Edad Media fue el principal puerto del reino cristiano de Jerusalén (conquistado tras la primera cruzada) y más tarde se convirtió en una ciudadela otomana.

El casco antiguo, con sus murallas y mezquitas, está inscrito en la lista del patrimonio mundial de la humanidad de la Unesco.

Cuenta con unos 50.000 habitantes, entre judíos, musulmanes, cristianos y bahaíes. Casi un tercio de ellos son árabes, en su mayoría musulmanes.

Michel Ayub resta importancia a su misión: “No hago más que cumplir con mi deber, ayudando a nuestros hermanos musulmanes”.

“Somos una misma familia. Hay un solo Dios y no hay diferencia entre cristianos y musulmanes”, afirma este descendiente de palestinos que se quedaron en sus tierras tras la creación del Estado de Israel. Estos cristianos y musulmanes son ciudadanos israelíes pero suelen considerarse palestinos. Son 1,4 millones, es decir el 17,5% de la población de la Palestina ocupada.

Sabra Aker “creció con el despertador de Michel Ayub durante el Ramadán”. “Si un día deja de venir, estamos perdidos”, afirma una joven de 19 años desde la ventana de su casa.

En medio de la noche, Safia Sawaid, de 36 años, sale con sus hijas para hacerse una fotografía con Michel Ayub. “Impresiona ver a alguien tan apegado a nuestra cultura y nuestras tradiciones, espero que siga viniendo todos los años”, declara.

Para seguir con la tradición, Ayub ha decidido formar a Ahmed al Rihaui, de 12 años, que lo acompaña en sus giras nocturnas. Viste pantalones bombachos y chaleco negro sobre camisa blanca y turbante del mismo color. El niño “promete, se le da muy bien”, asegura el católico.


Acre es una histórica ciudad situada en Palestina y conocida en tiempos de Las Cruzadas como San Juan de Acre. Pero su notoriedad se debe sobre todo a la importancia que la ciudad asumió, como puerto marítimo y sede del gobierno, durante el período cruzado que siguió a la caída de Jerusalén en manos del ejército árabe guiado por Saladino (1187 d.C.). Aquí, de hecho, trasladaron su sede el rey y el patriarca de Jerusalén.


Con información de Terra

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