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La democracia, en riesgo por la islamofobia

Hay que implementar políticas para prevenir la radicalización religiosa, con un enfoque que no sea sólo de seguridad, y el sistema escolar tiene un papel importante que desempeñar.

El reciente ataque terrorista en la Mezquita de Finsbury Park en Londres, así como los que han ocurrido en las últimas semanas en Londres, Manchester y de nuevo en Bruselas, ponen de relieve que las tensiones interreligiosas están emergiendo como un claro intento de incrementar la tensión, de favorecer a los partidos políticos populistas con el fin de transformar las democracias europeas en regímenes más autocráticos. Muchos expertos en políticas de integración del Islam y Oriente Medio ya han dado su clave de interpretación. Uno de ellos, el profesor francés Gilles Kepel, comparó en la revista ‘Le Nouvelle Observateur’ (L’OBS) las políticas de integración francesas y británicas, destacando cómo el «tolerante» sistema del Reino Unido, que permitió la creación de los Consejos Shari’ah dentro de diferentes barrios de Birmingham, ha sido incapaz de mantener a salvo a Gran Bretaña de ataques islamistas internos.

Después de los atentados del 11 de septiembre, el mundo occidental cobró más consciencia del terrorismo islámico y tras las explosiones en Londres en 2005 los europeos asumieron la posibilidad de que ciudadanos musulmanes del continente podían perpetrar ataques terroristas en su propio país. La siguiente reacción, en un primer momento, puso el énfasis en una clara incomprensión arraigada en el sentimiento eurocéntrico de superioridad: ¿Cómo es posible que ciudadanos británicos, presentes en el Reino Unido desde hace generaciones y procedentes de países pobres no estén agradecidos infinitamente al Estado anfitrión y, por el contrario, promuevan ataques terroristas?

Las políticas de integración de la Unión Europea difieren claramente según los países, así como la relación histórica de las distintas naciones continentales con el Islam y el mundo árabe. Por el contrario, el enfoque islamófobo en Europa surgió como un fenómeno más homogéneo, particularmente relevante en países como Francia, en los que se han producido importantes atentados terroristas en los últimos años, pero también en Italia, donde, por el contrario, no ha sucedido nada recientemente. Inglaterra y Francia tienen claras responsabilidades históricas en la fragmentación de la geografía árabe-islámica, integrada en el pasado dentro de imperios multiétnicos y multirreligiosos (como el Otomano).

Al mismo tiempo, en la última década, incluso cuando los medios de comunicación nunca habían centrado la atención en estos acontecimientos, algunos ataques islamófobos contra ciudadanos europeos musulmanes han provocado una cifra creciente de asesinatos claramente motivados por razones religiosas: cinco muertos en Reino Unido desde 2005, uno en Suiza en 2016, cuatro en Suecia desde 2009, once en Alemania desde 2005, uno en Francia en 2015 y uno en Dinamarca en 2008.

¿El terrorismo islámico europeo está cambiando nuestros hábitos de vida? ¿Cuál es el objetivo real de estos ataques? ¿Han fallado las políticas de integración de la Unión Europea?

En primer lugar, todo el mundo, en su mayoría musulmanes que escapan de las guerras civiles en Siria e Irak -en las que la Unión Europea y EE UU tienen claras responsabilidades-, está tratando de llegar a Europa. ¿Por qué? Porque nuestro continente atrae a personas que creen que es posible vivir en un lugar mejor y desean hacerlo. No quieren ir a Arabia Saudí ni a los Emiratos, aunque se trate de países musulmanes como los suyos. De este modo, hay una parte del mundo árabe que reconoce la necesidad de paz para mejorar el estilo de vida: integrar la pluralidad.

Este es el objetivo real de los últimos ataques terroristas: una sociedad plural, la comprensión recíproca entre religiones, una nueva Babilonia de las naciones. Los autores europeos de estos ataques son un fracaso de la política unificadora en parte por razones personales y por incapacidad y, en parte, porque las políticas de integración y actitudes eurocéntricas aún se resisten a perder peso.

Los suburbios construidos en los extrarradios para los últimos en llegar aún continúan siendo guetos geográficos; los programas escolares no tienen nada que hacer frente al trasfondo cultural-histórico-religioso de la mitad de los alumnos de la clase; y, en tercer lugar, no existen oportunidades reales de obtener un trabajo como factor de integración. Estos son solo algunos aspectos de las responsabilidades de la Unión Europea.

Con todo, una parte mayoritaria de los ciudadanos de la Unión Europea no se dejó convencer en las elecciones de 2017 para votar a los partidos populistas-islamófobos en Holanda, Austria, Francia y Reino Unido, e incluso probablemente tampoco lo hará en las próximas elecciones alemanas. Los ataques terroristas han intentado en numerosas ocasiones cambiar los resultados electorales, pero ha sido en vano.

¿Pueden aún las actuales antiguas democracias de la Unión Europea preservar algunos de sus valores?

Las políticas de integración son el banco de pruebas. Es necesario implementar políticas para prevenir la radicalización religiosa, con un enfoque que no sea unívocamente de seguridad. Los sistemas escolares y universitarios aún deben desempeñar un papel importante.

Por Marco Demichelis (Investigador Marie Curie. Instituto Cultura y Sociedad – Universidad de Navarra). Con información de Las Provincias.

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Qatar, epicentro de dos guerras: petróleo vs. gas y renminbi vs. dólar


Kuwait ha presentado a Qatar una lista de demandas de cuatro naciones árabes con las que cortó lazos a principios de junio de 2017. En la imagen una mujer qatari camina por las calles de Doha Foto Ap
Se manejan muchas causales –unas rocambolescas, otras muy peregrinas– sobre la ruptura dramática de la coalición de varios países árabes poderosos –encabezados por Arabia Saudita (AS), la mayor potencia económica de la región, y Egipto, todavía la mayor fuerza militar del mundo árabe hoy dislocado– con Qatar, diminuto país (con una superficie de 11 mil 581 kilómetros cuadrados) con el segundo mayor PIB per cápita del mundo (129 mil 700 dólares, detrás del paraíso fiscal europeo Liechtenstein) gracias a ostentar la principal exportación de gas natural licuado (LNG, por sus siglas en inglés) del planeta y a su ínfimo número de habitantes autóctonos (¡11.6 por ciento de la población total de 2 millones 258 mil!), encapsulados por la aplastante mayoría de trabajadores residentes primordialmente provenientes del subcontinente indio.

The Hill asevera que detrás la crisis de Qatar se encuentra la telenovela del pago de un rescate por mil millones de dólares de 26 personajes, con varios miembros de la familia real, que andaban de caza en Irak, secuestrados por Al Qaeda y cuya mitad fue pagada al gobierno de Bagdad (https://goo.gl/jsgnVs).

Otros novelistas británicos con pretensiones geopolíticas, afirman que se trata de una venganza del otrora empresario Trump por el desprecio a sus inversiones inmobiliarias y de casinos mafiosos en Qatar.

Seré más estructural con la profundidad geopolítica de la crisis que ha fracturado al Golfo Pérsico –enfrentando a las cinco potencias regionales del Medio Oriente: por un lado, AS, Egipto (e Israel en forma subrepticia), y por otro, a Turquía e Irán que apoyan a Qatar– sin contar la división interna del Consejo de Cooperación del Golfo cuando Kuwait (con una notable población chiíta de 40 por ciento) y Omán se han inclinado por una plausible cuan elusiva salida diplomática– no se diga la neutralidad de Argelia y Marruecos en el mundo árabe y, sobre todo, en el mundo islámico no-árabe, la ecuanimidad, que no nimiedad, de Pakistán: único país musulmán dotado de 130 bombas nucleares que comparte una frontera de 959 kilómetros con Irán y cuenta con una pletórica población chiíta (20 por ciento) inmersa en sus 200 millones de habitantes de mayoría sunita.

Muchos factores han acercado a la potencia sunnita no-árabe de Turquía con la potencia chiíta persa de Irán cuando destacan su mutuo apoyo a Qatar y su común aversión a la creación de un estado independiente kurdo.

Todavía no redacto las causales estructurales, a mi juicio, cuando ya brilla en todo su resplandor la hipercomplejidad de la grave crisis que enfrentan AS y Qatar que ha puesto de cabeza tanto al mundo árabe como al mundo islámico para el schadenfreude –placer que provoca el mal ajeno– de Israel, cuyo anhelo es balcanizarlos con el fin de prevalecer sola con su máximo de 400 bombas nucleares clandestinas.

El gobierno alemán –usualmente parco y prudente en sus apreciaciones globales– teme la detonación de una guerra regional en el Golfo Pérsico.

No es un asunto menor, que tiene como epicentro a Qatar y coloca en relieve dos simultáneas guerras estructurales: 1. La del petróleo (encabezado por AS) contra el gas (el componente LNG de Qatar) y, 2. La del dólar de EU con el renminbi chino.

Entre las 13 exigencias perentorias, transmitidas por la loable intermediación de Kuwait, que han exigido cuatro países árabes –AS, Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin– para que cumpla Qatar en un plazo de 10 días, destaca el alineamiento (sic) militar, político, social y económico (¡supersic!) con los otros países del Golfo y el mundo árabe, en línea (sic) con el acuerdo logrado con AS en 2014.

Más que alineamiento parece más bien la alienación y la capitulación de Qatar.

Pese a la asfixia en sus únicos 87 kilómetros de frontera terrestre con AS que encabeza un boicot por cielo, mar y tierra –sin contar la pérdida de 13 mil millones de dólares en sus activos bursátiles y la obligada importación de alimentos de Turquía, Irán y Omán–, Qatar cuenta con cartas nada desdeñables: desde sus prósperos Fondos Soberanos de Riqueza (https://goo.gl/Txfs57) –que le han permitido invertir en grandes empresas de Gran Bretaña y Alemania–, pasando por la principal base militar de EU en la zona, hasta la nueva base militar de Turquía.

Alá ha deseado que Qatar comparta geográficamente con Irán su mayor fuente de ingreso de su pletórico yacimiento gasero en el Golfo Pérsico (los contiguos Campo Norte de Doha y el Campo Pars Sur de Teherán) y cuyas transacciones son retribuidas con la divisa china renminbi debido a las sanciones cada vez más asfixiantes de Trump contra la antigua Persia al haber adoptado sin rubor la irredentista política exterior del primer israelí Netanyahu acoplado con el ultraortodoxo judío Jared Kushner, yerno del polémico empresario-presidente.

Tal como pintan las cosas al corte de caja de hoy, se ha gestado la competencia de dos estratégicos oleogasoductos para desembocar en el mar Mediterráneo con mira en el relevante mercado europeo: 1:El de AS-Jordania-Israel, y 2-El de Qatar-Irán-Siria-Turquía.

Ya habrá tiempo para detallar la guerra del petróleo de AS y del LNG de Qatar para centrarme en forma sucinta en el primer centro regional del renminbi en Doha.

Desde hace dos años opera en Qatar un Centro de Compensaciones & Liquidaciones con la divisa china renminbi, según Economist Intelligence Unit, propalado por HSBC (https://goo.gl/xq7jmR), lo cual, a mi juicio, no podía quedar sin respuesta disuasiva por EU que lleva en su conciencia a dos cadáveres conspicuos que intentaron fugarse de los grilletes globales del dólar-centrismo petrolero –el ahorcado iraquí Saddam Hussein, quien se atrevió a formular la permutación de petrodólares por petroeuros,y el libio sodomizado (literal) Muamar Kahadfi quien pretendió lanzar el dinar-oro en lugar de la chatarra del billete verde–, sin contar el extraño accidente aéreo en Rusia de Christophe de Margerie, jerarca de la petrolera gala Total, quien pensaba realizar sus transacciones en petro-rublos en lugar de dólares (https://goo.gl/ZLNH36).

El Centro Renminbi de Qatar es operado por el banco chino ICBC, el mayor del planeta que ayudará en teoría a facilitar los flujos comerciales de China con Qatar y la región.

Hoy las petroleras estatales chinas CNOOC y PetroChina son recipiendarias de las cada vez más crecientes importaciones de LNG qatarí (con la estatal QatarGas,la mayor del mundo), detrás de Japón, Surcorea e India.

La Autoridad de Inversiones de Qatar diversifica sus Fondos Soberanos de Riqueza y ya empezó a invertir en empresas chinas: ICBC, Banco Agrícola de China, Citic Capital (22 por ciento) y Lifestyle International (20 por ciento), mientras la constructora China Harbour Engineering Company y Sinohydro participan en la infraestructura de Qatar que apoyó en forma entusiasta la creación del legendario banco AIIB de patrocinio chino (https://goo.gl/ASe5ho).

El Centro Renminbi de Qatar epitomiza el desplazamiento del dólar en su otrora feudo inexpugnable del Golfo Pérsico, hoy fracturado, cuando se vislumbra la muy riesgosa fase del advenimiento del petroyuan.

¿Dejarán celebrar la Copa Mundial de Futbol en 2022 en Qatar?

Don Alfredo Jalife-Rahme

Por Alfredo Jalife-Rahme
Con información de:La Jornada

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Temer, del comienzo al final


Ni el rescate de la confianza del gobierno, ni recuperación económica, ni fin de la corrupción. Temer termina como empezó: en la mediocridad y la intrascendencia.

Marx se preguntaba cómo un personaje tan insignificante como Luis Bonaparte pudo tener un rol importante en la historia de Francia. Eran necesarias circunstancias excepcionales para que ello ocurriera. ¿Qué condiciones fueron posibles para que un personaje tan mediocre como Michel Temer llegara a la presidencia de Brasil?

Temer emergió al protagonismo político cuando el PMDB se agotó como fuerza de redemocratización, con la muerte de Ulysses Guimaraes y el desgaste del partido durante la presidencia de José Sarney. A partir de ese momento la muerte ideológica y política del partido era inevitable.

La mediocridad de Temer lo hacía un cuadro adecuado para el nuevo periodo del PMDB, donde jugaría el rol de sostén, alternadamente, de gobiernos de derecha y de izquierda. Como no es nada en sí mismo, Temer pudo protagonizar distintos roles del partido, actuando como equilibrio entre los distintos liderazgos. Así, el PMDB estuvo con Cardoso en los años 1990 y con el PT de 2003 a 2014. Gobiernos frontalmente opuestos, pero que han dependido del apoyo parlamentario del PMDB para gobernar.

Temer no fue escogido por el PT para ser vicepresidente, sino que, en su calidad de presidente del PMDB, fue indicado por ese partido para la lista de Dilma Rousseff. El PMDB, sin tener programa propio, siempre apoyando a los de otros partidos, tampoco tuvo candidatos a la presidencia de Brasil. Siempre anunciaba que lo iba a tener, pero siempre se adhirió al PSDB o al PT.

En las campañas electorales de 2010 y de 2014, Temer defendió los gobiernos de Lula y Rousseff, sus programas, atacando la alternativa de la derecha, representada por los candidatos del PSDB.

La crisis del gobierno en el segundo mandato de Dilma Rousseff abrió las puertas para que la mediocridad de Temer fuera puesta al servicio de otro proyecto: el que había sido derrotado cuatro veces sucesivamente en las urnas, por listas de las cuales él había sido parte. Valiéndose de la disposición desestabilizadora de los medios y del gran empresariado, además del cambio interno del mismo PMDB hacia la derecha, bajo la conducción de Eduardo Cunha, se ha recogido la lista de las propuestas más retrógradas y más de derecha, para que Temer lo presentara como un programa mediante el cual él se proponía recuperar la confianza en el gobierno, en el crecimiento de la economía y terminar con la corrupción (sic). Fue así que Temer rompió la alianza con el PT y se volcó a la posición aventurera, que ahora termina.

El programa era una versión de lo que el PSDB había presentado a los largo de las cuatro anteriores elecciones presidenciales y sucesivamente derrotado, con el apoyo del PMDB a los candidatos del PT. Fue la oportunidad que Temer encontró para intentar salir de su mediocridad y desempeñar algún rol histórico. Para ello anunció que era necesario reunificar el país, reconquistar la confianza en el gobierno y retomar el crecimiento económico.

Nada de eso fue hecho un año después del golpe contra Dilma Rousseff, así que Temer ha vuelto a ser un personaje decorativo, porque ni siquiera el grueso del paquete regresivo que él pretendía hacer aprobar fue avalado. Los involucramientos con casos de corrupción que ahora se vuelven públicos hacen de Temer un personaje mediocremente inútil.

Él se va sin pena ni gloria y el país se queda entregado a una situación caótica desde el punto de vista político e institucional, con una inmensa crisis económica y social, en medio de grandes movilizaciones populares que demandan elecciones directas inmediatas para presidente de Brasil.

Se abre el periodo posTemer, que la derecha pretende que no sea el del posgolpe. La disputa sobre esas alternativas se vuelve abierta, y la izquierda, bajo el liderazgo de Lula, interviene firmemente por retomar la democracia, después del reino golpista de Temer el mediocre… el breve.

Por Emir Sader
Con información:La Jornada

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