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Los sicarios del Shabak israelí – Percy Francisco Alvarado Godoy – 2011-05-30


El Shabak, conocido también como Shin Ben o Servicio de Seguridad Interior (CGS), actúa tanto dentro de Israel como en los territorios ocupados, realizando tareas de contraespionaje y contraterrorismo que lo asemejan, en sus funciones, al Buró Federal de Investigaciones (FBI) norteamericano, en cuanto a que, dentro de sus atribuciones, están las de la protección de altas personalidades políticas (aunque esta función la realiza el Servicio Secreto en EE UU); la detección, monitoreo y neutralización de espías extranjeros y terroristas; la protección de edificios gubernamentales; ofrecer inteligencia sobre peligros y amenazas internas; infiltración de grupos hostiles dentro de los territorios internos; y otras otorgadas por el gobierno respectivo.
El SHABAK ha creado un estilo de sicariato para la neutralización de sus potenciales enemigos, para lo cual adiestra a sus elementos en las más increíbles técnicas de tortura que en nada envidiaría a la tenebrosa Inquisición; a la par también adiestra y entrena a numerosos agentes de penetración para infiltrarse en organizaciones como la OLP, Hamas, Hezbollá, la Jihad islámica y otras. Ya desde su interior planifican y organizan la desaparición de sus víctimas, como fueron los asesinatos selectivos, por citar algunos casos, del jeque Yassin o el de Abed Al-azziz Rantissi.
Los asesinatos cometidos por el Shabak se realizan sin escrúpulos y sin seguir reglas preconcebidas. Lo mismo se ejecuta en público, con total impunidad y atentando contra los testigos presenciales, como de manera solapada y sin testigos presenciales. En ocasiones el asesinato se disfraza como un accidente, suicidio o muerte natural.
Lo común de los exterminadores del Shabak es el trabajo en equipo, distribuyéndose entre ellos, en correspondencia de sus cualidades, las funciones de seguimiento, distracción y eliminación del objetivo.
Un poco de historia

El Shabak fue fundado con el nombre de Shin Bet, previsto como una rama de inteligencia interna de las Fuerzas de Defensa de Israel, aunque responde directamente al Primer Ministro como instrumento directo de la política de las altas esferas gubernamentales. Inicialmente, durante el transcurso de la Guerra Fría, el Shabak prestó especial atención a la penetración de espías de la URSS y monitoreó, como lo hace actualmente, la actividad de los partidos políticos de la oposición y a los movimientos progresistas. Una de esas intromisiones, a la que podría denominarse “el Mapangate”, tuvo lugar cuando dos agentes del Shabak fueron sorprendidos in fraganti mientras colocaban micrófonos en la oficina de Meir Yeari, dirigente del partido Mapam, cuestionado por sus posiciones socialistas.
Desde el punto de vista estructural y operacional, el Shabak cuenta con tres divisiones y cinco secciones de reserva: La División de Asuntos Árabes cuya misión es ejecutar operaciones antiterroristas y mantener actualizada la base datos de los enemigos de Israel. Otra es la Sección Militar del Shabak (HENZA).Estrechamente vinculada operacionalmente con el AMAN para llevar a cabo la represión en los territorios ocupados, así como monitorear al cuerpo diplomático acreditado en Tel Aviv. Se desempeña también evaluando a los inmigrantes de origen judío que arriban a Israel. Por último, la División de Seguridad, encargada de proteger las instalaciones gubernamentales, diplomáticas, instalaciones científicas, las industrias militares, y los vuelos de la compañía hebrea El-Al.
 Dentro de su actividad de contraespionaje, el Shabak se anotó un importante punto, colaborando con el AMAN, en la detención de Israel Bar, quien espiaba para la KGB soviética. Su otro logro fue la captura de un profesor de origen alemán nombrado Kurt Sita, quien fungía en esa misma época como agente de la inteligencia checa.
A partir de la guerra de los seis días, en 1997, el Shabak centró su principal atención en el enfrentamiento al movimiento palestino en las zonas de Cisjordania y la Franja de Gaza, estableciendo una estrecha colaboración con el Tzahal, la agencia antiterrorista YAMAM y el AMAN.
No todo ha sido pureza dentro del Shabak y esta organización ha padecido serias acusaciones sobre su desempeño, conjuntamente con la Dirección Militar de Inteligencia Militar (AMAN), al estar ambos involucrados en la ejecución extrajudicial de dos personas que secuestraron el autobús KAV 300 y por su participación en el asesinato de un miembro de Hamás nombrado Yahya Ayyash, en 1996, mediante la colocación de una mini bomba en su celular.
Durante el año 2002, momento culminante de despunte de la Intifada de Al-Aqsa, el jefe del Shabak en esos momentos, Avi Dichter, logró revivir las pasadas glorias del Shabak, fortaleciendo los lazos interagencias para enfrentar al movimiento palestino. Quedaba atrás el caso de Izat Nafsu en 1987, que levantó una polvareda de críticas contra la institución, y su cuestionado papel en evitar el asesinato de Isaac Rabin.
En esos momentos de recuperación de imagen se lograron neutralizar varios ataques inminentes, aumentar las detenciones y neutralizar algunas células de Hamás, Jihad islámica, las Brigadas de los Mártires Al-Aqsa, el Fatah y al-Qaeda, al contar con una efectiva red de agentura de penetración.
Sin embargo, el Shabak no es mirado con buenos ojos por sus técnicas extremas e inhumanas de efectuar los interrogatorios a los detenidos, algunas de las cuales fueron usadas posteriormente por Estados Unidos en la cárcel de Abu Grahib. A pesar de que Israel condena el uso de la tortura desde 1987, sus dirigentes se hacen de la vista gorda ante el suplicio físico y sicológico que padecen las víctimas del Shabak, autorizando de facto la tortura solo “en caso de necesidad urgente”, tal como lo validó el Tribunal Supremo de Israel.
Todo fue una mascarada, al extremo que organismos como B’Tselem, el grupo israelí de defensa de los derechos humanos, Public Committee against Torture, ha continuado con sus notorias prácticas durante la segunda Intifada y Amnistía Internacional mantienen sus denuncias contra los interrogatorios del Shabak.
El Shabak no puede sustraerse del rejuego de la política interna en Israel. Prueba de ello en que, en noviembre de 2003, cuatro ex jefes del Shabak (Avraham Shalom, Peri Yaakov, Carmi Gillon y Ami Ayalon) solicitaron al gobierno de Israel a alcanzar un acuerdo de paz con los palestinos, mientras que el entonces jefe del Shabak, Avi Dichter, apuntaba en otra dirección: la de construir el oprobioso muro de defensa en Cisjordania iniciado en el 2003.
Parte de la labor de marketing iniciada por el Shabak lo fue el reclutamiento de personal en septiembre de 2006, mediante su página Web, vendiendo bonanzas y beneficios a los futuros profesionales, sobre todo a los que integraran el personal de administración e informática. Ese mismo año fue creada la Universidad Hebrea de Jerusalén, con la finalidad de mantener un programa acelerado de licenciatura para los miembros del Shabak, diseñado por la propia institución y usando fondos del gobierno.
De esta manera, el Shabak capacitará a sus fuerzas en la esfera de trabajo operacional que realizan, lo que excluye a las técnicas de interrogatorio, procedimientos de contraespionaje, capacitación operativa, técnicas de seguimientos y otras. De esta manera, la Universidad Hebrea de Jerusalem se incorpora, junto al National Defence College y el Police Training College, así como al Departamento de Geografía de la Universidad de Haifa y al National Security Studies Center, a todo el andamiaje de preparación de las fuerzas represivas en Israel.
El Shabak padeció en mayo de 2007 un fuerte escándalo político cuando el propio jefe del mismo, Iuval Diskin, reconoció la existencia de escuchas telefónicas a ciudadanos Israel. Esta confesión, contenida en sendas cartas enviadas a dos organizaciones pro derechos humanos: Adalah y la Asociación para los Derechos Civiles en Israel (ACRI), en las que, entono justificativo, declaró: “El Shabak desempeña un papel esencial en la vida israelí y por ello se le han concedido amplios poderes y potestades”, (…)“Entre otros cometidos, la organización es responsable de preservar los valores fundamentales de Israel como Estado judío y democrático, por lo que debe proteger de amenazas subversivas al sistema democrático de gobierno y sus instituciones”.
La justificación del espionaje telefónico por parte del Shabak cayó como un balde de agua fría para los defensores de la democracia en la nación hebrea.
Los crímenes y la represión del Shabak

En el 2008 la organización Médicos por los Derechos Humanos sacó a la luz pública la extorsión que sufren muchos palestinos que tratan de salir de Gaza para recibir tratamiento médico en Israel, Jordania, Jerusalén Este o Cisjordania, a los que el Shabak les pide a cambio del permiso de tránsito que informen sobre actividades de los grupos palestinos.
En un informe de 83 páginas escrito por Médicos por los Derechos Humanos se relatan chantajes y amenazas contra palestinos que padecen enfermedades crónicas y terminales a cambio de su cooperación. En una parte del informe se relata cómo se ha tratado de convertir en informantes y espías a estos pacientes, al extremo de que de un 10% de solicitudes para ser trasladados para recibir atención médica fuera de la franja, el rechazo se incrementó a un 44%, solo en el primer trimestre del 2007. Gracias a esta criminal política, según la Organización Mundial de la Salud, 44 palestinos en tan solo unos meses al negárseles el paso para recibir la atención requerida.
Por otra parte, los tribunales de Israel israelíes mantienen 645 denuncias por abusos, vejaciones y falta de humanidad en los principales centros de interrogatorios del país, casi todos ellos dirigidos contra funcionarios del Shabak. De acuerdo con dos ONGs, B´Tselem y Hamoked, existe un documento con evidencia de violaciones a 121 palestinos detenidos en Petah Tikva, sede del Shabak. La descripción de las torturas físicas y del daño sicológico son repudiables y constituyen una tácita violación de leyes internacionales como la Convención contra la Tortura de la ONU, la Declaración de Derechos Humanos, las Convenciones de Ginebra, e, incluso, las propias layes hebreas.Aunque el gobierno sionista lo niega, el Shabak ha mantenido al 68% de los prisioneros en total aislamiento, mientras que no pesaba acusación alguna en su contra; al igual, el 35% de ellos no fue avituallada con uniformes ni ropa de cama durante varias semanas; también padecieron largos interrogatorios durante varios días seguidos; mientras que el 56 % de ellos recibieron amenazas violentas y daños físicos.
Datos provenientes de fuentes confiables como la ONG Defensa de Niños y Niñas Internacional (DNI) destacan que existían en el 2009 alrededor de 375 niños prisioneros en cárceles israelíes, como parte de los 7000 detenidos palestinos detenidos en dichas prisiones, aunque otras fuentes señalan que esta cifra puede alcanzar las 12 000 personas hasta estos momentos actuales. Muchos de estos detenidos, en número de 200, se han auto inculpado a causa de amenazas de muerte contra sus familiares cercanos.
El 28 de diciembre de 2010 se hizo pública una denuncia del Comité Público contra la Tortura en Israel, en la que se acusa al Shabak de realizar torturas físicas a los detenidos y negarles el acceso a sus abogados a un 90 % de los mismos.
El Shabak como fuente de progreso político

Los Jefes de Shabak durante su larga historia han sido Isser Harel (1948–1952), Izi Dorot (1952–1953), Amos Manor (1953–1963), Yossef Harmelin (1964–1974), Avraam Ahitov (1974–1981), Avraam Shalom (1981–1986), Yossef Harmelin (1986–1988), Yaakov Peri (1988–1994), Carmi Gillon (1995–1996), Ami Ayalon (1996–2000), Avi Dichter (2000–2005), Yuval Diskin (2005–marzo de 2011) y el recientemente elegido Yoram Cohen.
Tal como ocurre con los oficiales del Mossad y el AMAN, muchos de los altos jefes de estas instituciones y del Shabak ven abiertas las puertas del escenario político israelí, accediendo a altos cargos gubernamentales, al Parlamento y al empresariado industrial de las industrias militares. Altos jefes del Shabak como Yaakov Peri fue electo presidente del Banco HaMizrahi en 2002, Carmi Gillon funge como alcalde de Mevasseret Zion, cercano a Jerusalén, mientras Avi Dichter y Ami Ayalon, fueron candidatos a ministros de defensa.Por su parte, Dichter fue Ministro de Seguridad Interna en la gubernatura de Ehud Ólmert. Muchos de los altos oficiales del Shabak, siguiendo los pasos de ex generales y ex coroneles del Mossad y el AMAN, se han dedicado a crear empresas de seguridad en varias naciones, sobre todo en Latinoamérica, las que se dedican a entrenar a los cuerpos policiales de esos países y dotarlos de avanzada tecnología y sofisticado armamento.
El represor del Estado hebreo

La persecución contra miembros y simpatizantes del movimiento palestino y de las fuerzas progresistas en el Oriente Medio es una tarea permanente del Shabak. El pasado 15 de marzo de 2010 fue detenido por este órgano el fundador del ala militar de Hamás en Ramala, Maher Ouda, quien ha sufrido fuertes presiones físicas y sicológicas en sus interrogatorios.
Por otra parte, el Shabak trata de implicar a Irán con el abastecimiento de armas a Hamás, tal como lo dio a conocer el pasado diciembre, en que atribuye al gobierno iraní el abastecimiento de cientos de cohetes de corto alcance, unos mil proyectiles de mortero y varias docenas de misiles antitanque, según lo destacó el diario The Jerusalem Post. De acuerdo con el reporte, varios países como Irán, Sudán, Líbano y Siria, están implicados en el trasiego de armas y el entrenamiento a militantes de Hamás.
Según el informe, publicado este jueves y recogido por el diario, Irán transportó las armas a través de Sudán y la península del Sinaí y también tuvo un importante papel en la financiación del entrenamiento de milicianos de Hamás en Líbano y Siria. En otras declaraciones expresadas el 19 de enero de 2011, el entonces jefe del Shabak, Yuval Diskin, acusó a Al Qaeda de estar involucrado en el repunte de la violencia en la Franja de Gaza.
Siguiendo esa dirección operacional y mediática, el Shabak  inculpó a cinco palestinos residentes en el barrio de Sur Baher, en Jerusalén Este, acusados de pertenecer a Hamás, de planear ataques contra objetivos israelíes en el pasado mes de abril de 2011. Según la acusación, los implicados, Ahmed Dawiyat, su hermano Mahmet Dawiyat, Munir Marwat Atun, Jihad Atun y Ahmed Namir, participaron en la detonación de una bomba en una zona entre Jerusalén y Belén.
Tanto al referirse a este caso, como a la detención de varios palestinos supuestamente implicados en el asesinato de una familia judía, el premier Binyamin Netanyahu elogió el 17 de abril de 2011 la labor del Shabak, al declarar eufórico: “El gran trabajo hecho aquí muestra el compromiso de Israel con la justicia.”
Dos días después, el 19 de abril de 2011, fue detenido por el Shabak un ciudadano australiano, de origen saudí, Iaad Rashid Abu Arja, acusado por el Tribunal del Distrito Centro de pertenecer Hamás y de planear un ataque contra Israel. No se hizo esperar la implicación de Abu Arja con el movimiento Hamás y el gobierno sirio, caldeando de esta forma la actual situación bilateral entre las dos naciones.
Para acrecentar las tensiones con el nuevo gobierno egipcio, el Shabak acusó el 13 de mayo de 2011 a miembros del mismo y al movimiento Hamás por el contrabando de armas en la región de Sinaí.
Detrás de estos hechos está la apetencia de Israel de ampliar su influencia en la región, tal como lo describió el recién sustituido jefe del Shabak, Yuval Diskin, el pasado abril: “En Egipto es muy difícil saber qué pasará en las elecciones de este verano. No es una buena idea descansar en nuestros laureles”.
Por último, para quienes ven al Shabak como un simple aparato de represión, capaz de colaborar aisladamente con otras ramas de la inteligencia israelí como el Mossad y el AMAN, vale la pena destacar que el mismo accede a valiosa información que comparte con sus congéneres de oficio.La duda sobre la implicación del Mossad en los atentados del 11 de septiembre de 2001 contra el World Trade Center se acrecientan cuando se maneja una información filtrada por el periódico israelí ‘Yadiot Ahranot’, en la que se expresa que el Shabak orientó al recién elegido premier israelí Ariel Sharon, a que suspendiera su primera visita a los Estados Unidos, apenas dos días antes del ataque contra las Torres Gemelas en Nueva York.
Ante estos hechos es obligado hacerse unas preguntas:
¿Sabía el Shabak que el Mossad estaba tras los atentados al WTC?
¿Conoció el Shabak a través de algunos de sus detenidos sobre este macabro plan y prefirió callar?
 Algún día saldrán las respuestas a estas preguntas y la verdad se abrirá paso con toda su plenitud

Documentos Relacionados:

El espionaje israelí “reverdece” sus oscuros laureles – Alvarado Godoy Percy Francisco [2011-05-22]


Libros: Las chicas con hiyab hablan

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Les filles voilées parlent, Cuarenta y cinco textos y entrevistas recogidos por Ismahane Chouder, Malika Latrèche y Pierre Tevanian. Editions La Fabrique, París, 2008. Por primera vez un libro aborda la cuestión del pañuelo dando a las mujeres que lo llevan el estatuto de sujetos y no de objetos. Les filles voilées parlent ofrece un espacio para la palabra consecuente (más de 330 páginas) a cuarenta y cuatro mujeres musulmanas con hiyab que viven en Francia, de todas las edades y perfiles, y las deja hablar de lo que ellas quieren, como ellas quieren y en el registro que ellas quieren.El resultado es impresionante, tanto por la manera como se desbaratan las ideas recibidas sobre “la” mujer con hiyab, como por el cuadro sombrío que presenta de la estigmatización, las discriminaciones y las violencias que se hacen en Francia a las mujeres que discrepan de la norma vestimentaria dominante.
En el texto que sigue, quienes han coordinado el libro nos presentan más en detalle el proceso que han llevado adelante y las enseñanzas que sacan de él. Sería vano proponer un análisis o una síntesis de la palabra que se expresa en este libro, porque es muy rica, compleja y diversa. Donde el rodillo compresor mediático y la demagogia política amalgaman, generalizan y homogeneizan todas las situaciones tras un tipo ideal de “la” mujer que lleva hiyab, o “del” hiyab como “símbolo de opresión”, nosotros/as hemos encontrado, por el contrario, mujeres y adolescentes -cuarenta y cuatro en total- todas diferentes unas de las otras: unas, alumnas “brillantes”, otras no tanto; algunas extrovertidas, otras más reservadas; temperamentos “rebeldes” y otros más “reposados”; mujeres comprometidas en la vida asociativa, social o política, otras por el contrario atraídas por el repliegue hacia la familia, el entorno próximo o la comunidad: optimistas y pesimistas -y muchos otros matices todavía…
A la demonización que demasiado a menudo utilizan los demagogos que nos gobiernan y nos informan en Francia, este libro no opone la idealización, sino la humanización: dando la palabra a las mujeres que llevan hiyab, se les deja su humanidad, o se les da la ocasión de manifestarla claramente.Cada mujer o adolescente manifiesta esta humanidad por medio de lo que es justamente lo característico de la especie humana: su propia palabra. Una palabra en primera persona, que nos aleja de generalizaciones sobre “el velo” y “su significado“, para permitirnos entrever, tanto por su contenido como por su tono o estilo, personalidades singulares e interesantes.

Si la cuarentena de mujeres que se expresan en este libro es representativa de algo, es precisamente y ante todo de la infinita diversidad de situaciones, de trayectorias y de temperamentos que abarca el conjunto de las mujeres que llevan hiyab. El libro no pretende por lo tanto dar una visión exhaustiva, sencillamente porque ningún libro podría hacerlo. Este libro es “realista” porque deja ver la diversidad infinita de lo real, pero es un libro abierto, que quiere ser también un acicate para nuevas tomas de palabra.

Sin embargo, de esta diversidad emergen por supuesto ciertos rasgos comunes significativos. Por ejemplo, aunque su itinerario hacia el hiyab sigue caminos diversos (desde la reproducción temprana de una tradición familiar hasta una evolución más tardía y más solitaria, asumida al margen o incluso en contra del entorno familiar, con todos los matices intermedios posibles), todas a su manera han elegido su hiyab.

Lo han hecho por supuesto a partir de una herencia y de un entorno dados, pero ha sido en todo caso su elección. La mayoría se refiere al hiyab impuesto como una situación posible pero muy minoritaria, y todas la condenan. Y esto también lo confirman todas los sondeos sociológicos: el hiyab forzado es extremadamente minoritario, y efectivamente rechazado por la inmensa mayoría de las mujeres musulmanas, lleven ellas hiyab o no.

En resumen, estamos muy lejos de la tipología maniquea que nos imponen los defensores de la ley de 2004 en Francia, que divide a las mujeres “veladas” en dos grupos: una mayoría silenciosa de “víctimas”, “forzadas” a llevar el “velo”, y una minoría activa de infatigables “militantes” y temibles “soldadas del fascismo verde”. Más allá de sus diferencias, las mujeres y las adolescentes que hemos entrevistado tienen en común que son un desmentido viviente de estos estereotipos.

Todas han elegido llevar su hiyab, y esta elección no les impide para nada considerarse partidarias de la laicidad tal como funcionaba hasta 2004: neutralidad religiosa del Estado, de las instituciones y de los agentes del servicio público, pero no de los usuarios del servicio público; libertad de conciencia y de expresión para todas las personas, sean cuales sean sus creencias o descreencias.

Algunas de ellas tienen un verdadero conocimiento sobre el asunto y citan la ley de 1905, las leyes Ferry-Goblet sobre la laicidad de la escuela o incluso la recomendación del Consejo de Estado de 1989, mientras que otras formulan su “concepto de laicidad” de manera más intuitiva, pero conforme al espíritu de estas leyes. Todas demuestran que, contrariamente a lo que se ha venido diciendo sobre ellas, saben sentir, observar, entender, razonar, argumentar, en definitiva: pensar.

Esto es evidente, se dirá -desgraciadamente no lo es para todo el mundo.En los textos recogidos llama también la atención que pocas de las entrevistadas se extiendan sobre el hiyab mismo y sobre el significado que ellas le dan, aunque esta pregunta formaba parte de los temas que les propusimos. Sin duda esto es así para muchas porque su preocupación principal estaba en otro lado: en testimoniar su situación de mujeres estigmatizadas y excluidas, en expresar sus inquietudes y llamar a la tolerancia y al diálogo, o incluso “hablar un poco de otra cosa” tras la “sobredosis” mediática, por retomar las palabras de una de ellas.

Pero otra razón se desprende de numerosos textos. Algunas de ellas expresan con fuerza el enfado y la irritación que les produce esta cuestión, que afecta a la intimidad y a lo inexpresable, o a lo difícilmente expresable, y más aún: la forma y las condiciones bajo las que se les plantea a menudo esta cuestión.La lección de este libro, de este punto de vista, no es ciertamente que “el hiyab significa esto y lo otro, y se lleva por esta y esta razones” -estas respuestas no pueden ser sino singulares. La lección es más bien una doble invitación, a la prudencia intelectual y al tacto. Prudencia intelectual porque, y así lo subrayan varias autoras, no es posible asignar un significado simple y único a una elección tan personal. Tacto porque tal y como explícitamente lo expresan algunas: hay cuestiones íntimas y complejas que no se preguntan a bocajarro a las mujeres nada más encontrarse con ellas, y más en un clima social en el que “todo lo que digan puede ser utilizado en su contra”.

El punto común más impresionante está en otro lado. Es la experiencia íntima de la estigmatización. Las formas y el nivel de violencia son variables: algunas han podido evitar que las excluyeran de los centros escolares o de que les quitaran a la fuerza el hiyab, otras no; pero todas se refieren a las miradas agresivas o a los comentarios insultantes. Y todas han escuchado claramente los mismos comentarios, que pueden resumirse en dos exhortaciones: “Vuelve a tu país” y “Vete a la cocina”. Es decir: el racismo y el sexismo.

Hacía falta que se dijera todo esto. Hacía falta que un libro ofreciera a estas mujeres un espacio donde esto se pudiera decir. Porque sobre este particular los medios de comunicación permanecen casi mudos. Es increíble el contraste entre el alboroto mediático y los comentarios interminables producidos en torno al “hiyab en la escuela” y el silencio de muerte que se ha abatido sobre las “mujeres con hiyab excluidas de la escuela”. En cuanto a los políticos, basta con recordar el idílico balance oficial que ha presentado Hanifa Cherifi en septiembre de 2005 a propósito de la ley del 15 de marzo de 2004.

Este informe es un modelo de inhumanidad tecnocrática, profusamente lleno de cifras y curvas sobre el número de “casos” o de “signos” registrados en las escuelas en diferentes fechas. La autora del informe se alegra de ver la curva declinar y alcanzar progresivamente el nivel “cero”, y la conclusión se impone por sí misma: ¡el balance de la ley es positivo!

De tal manera que cuando se cierra este impresentable folleto de 50 páginas uno no sabe nada -pues no se le dedica ni una frase- del estado psicológico en el que se encuentran las adolescentes a las que se les ha impedido llevar el hiyab, de la forma en que se desarrollan sus cursos escolares, de qué pasó con las 50 expulsadas y las 60 que dimitieron, sin hablar de las desescolarizaciones no contabilizadas (las de las chicas que han renunciado a la escuela sin siquiera volver a clases en septiembre).

Tampoco sabemos nada del recrudecimiento de las agresiones y de las discriminaciones contra las “mamás con hiyab”, a menudo delante de sus propios hijos, con todas las consecuencias psicológicas que esto puede suponer, o más ampliamente contra las mujeres que llevan hiyab fuera del medio escolar.

Son estas preguntas ocultas las que hemos querido responder, y no podíamos hacerlo sino dando la palabra a las interesadas, ofreciéndoles un espacio hasta ahora inexistente para que contaran lo que viven, lo que experimentan, y cómo lo analizan, cómo lo aguantan, cómo resisten. Nuestro libro es desde este punto de vista como un “libro negro” de la ley anti-hiyab, y en un sentido más amplio de la “hiyabofobia” contemporánea.

Pero no es solamente esto. Porque las mujeres que hemos entrevistado no son solamente víctimas. Ellas mismas rechazan precisamente definirse como tales. Y leyéndolas comprendemos por qué. No es que ellas no sean las víctimas -que lo son es más que evidente. Es que una víctima nunca es sólo una víctima: toda persona que sufre una discriminación se apoya en los recursos de que dispone para resistir y afirmar su dignidad. Adaptación, enfrentamiento, esquivamiento, humor, esperanza: las estrategias son diversas y también pueden ser combinadas.

Llama la atención en los diferentes relatos la casi ausencia de la Justicia, de la Escuela francesa y de las organizaciones progresistas tradicionales. El cuerpo de enseñantes salvo excepciones brilla por su ausencia, los servicios sociales no son siempre tan compasivos, por no hablar de los cargos locales, de los “grandes intelectuales”, de los partidos de izquierdas o de las asociaciones antirracistas y de defensa de los derechos humanos, ausentes de la mayoría de los relatos. Hay excepciones, por supuesto: un/a profesor/a, un/a vecino/a, un/a compañero/a de trabajo, un/a sindicalista o un/a militante de algún movimiento asociativo que supo dar pruebas de empatía y de solidaridad con hechos concretos. Pero estamos lejos por ejemplo del gran -y más que necesario- movimiento de solidaridad que ya está construyéndose desde hace unos años en torno a los alumnos sin papeles.

La última constatación tiene valor de interpelación, y hace de este libro una especie de carta abierta. Las mujeres que se expresan en sus páginas no hacen nada más que dar testimonio, nada más que informarnos y conmovernos: ellas acusan, analizan, interpelan. Acusan no a la sociedad francesa en su conjunto, sino a sus dirigentes y a su cuerpo de enseñantes, subrayando la brecha que se abre entre los proclamados ideales de libertad, igualdad y fraternidad y su propia realidad vivida. Analizan los desfallecimientos de esta República, sus causas y sus reprobables consecuencias.

Finalmente ellas nos interpelan, a todos y a todas, poniéndonos frente a nuestras contradicciones, nuestra ceguera, o nuestra pasividad cara a la exclusión. Aunque algunas, las más jóvenes y las más duramente reprimidas (especialmente las que han sufrido la exclusión o les han quitado el hiyab a la fuerza en la escuela), expresen cólera, en términos a menudo duros, todas manifiestan un arraigo profundo en la sociedad francesa, y una voluntad de ser ciudadanas como las otras, tratadas como tales. Todas expresan el deseo de participar plena y positivamente en la vida del país, como estudiantes, como trabajadoras, como madres de alumnos/as, como ciudadanas. Pero todas dicen también chocarse con una desconfianza o un recelo agotadores y desanimantes.

Algunas eligen ser “conciliadoras”, redoblan sus esfuerzos y su paciencia para resultar útiles y agradables, otras eligen “exigir el respeto” por una actitud más combativa e intransigente en la defensa de sus derechos; otras salen por el humor, o se dicen tentadas a renunciar, a volver al hogar, a replegarse hacia la comunidad o la expatriación. Pero lo que es llamativo es que no hay dicotomía real: las mujeres que se repliegan no querían hacerlo inicialmente, y las que luchan contra este repliegue nos dicen comprenderlo a pesar de todo, e incluso pensar en él a veces para ellas mismas. Estas últimas nos dicen también que en su alrededor muchas de sus amigas comienzan a resignarse.

Nada está pues fijado, y el futuro depende por lo tanto de todos/as nosotros/as. Esta es precisamente la interpelación que nos dirigen las autoras de este libro: hay una elección de sociedad que tomar y que asumir. Somos nosotros/as los que tenemos que decir si queremos vivir separados/as. Somos nosotros/as los que tenemos que decir si aceptamos que “en nombre del pueblo francés”, es decir en nuestro nombre, una ley excluya a escolares de los colegios. Somos nosotros/as los que tenemos que decir si aceptamos que en nombre del feminismo se insulte, humille o discrimine a mujeres.

Somos nosotros/as los que tenemos que decir si aceptamos que en nombre de la laicidad o del “vivir juntos” una parte de la población sea sometida al ostracismo y se la vincule sin cesar con una “diferencia” supuestamente “inasimilable”. Somos nosotros/as los que tenemos que decir si aceptamos estas lógicas de la exclusión o si preferimos aceptar la invitación que implica este libro: “dejad de juzgar, apagad el televisor y abramos el diálogo”.

Fuente: Les Mots Sont Importants
Traducción Observatorio de la Islamofobia

De la página web de la editorial:

Mona: “Al argumento del hiyab “símbolo de opresión de las mujeres” yo planteo la pregunta: ¿opresión para quién? No para mi. Yo soy libre en mis elecciones, y yo he elegido llevar el pañuelo, es una expresión de mi libertad…”

Nayer: “En cuanto llegué, cuando ellos me vieron con mi hiyab, me dijeron que la plaza estaba cubierta…”

Malika: “Ella dijo: «¿Acaso esperas encontrar un empleo con eso que llevas en la cabeza?». Me levanté, y le recordé las leyes de la República…”

Jadiya: “Nuestra exclusión estaba a la orden del día, y me encontraba con militantes de los Verdes, o de las JCR, o incluso feministas, ¡que me psicoanalizaban, o que me hacían exégesis del Corán!…”

Ismahane: “Estábamos muchas de Feministas por la Igualdad en la manifestación, y Malika y yo llevábamos el hiyab, y un tío furibundo se puso a gritarnos «¡Ni Dios ni amo!». Yo le contesté: «¡OK, entonces tú no eres mi amo!» (risas).”

Pierre Tevanian enseña filosofía en Drancy. Es coanimador del colectivo “Les mots sont importants” [Las palabras son importantes] y ha publicado varios libros, entre ellos el Dictionnaire de la lepénisation des esprits(Diccionario de la lepenización de los espíritus. Ed. L’Esprit frappeur, 2002), Le Ministère de la peur (El Ministerio del miedo. Ed. L’Esprit frappeur, 2004), Le Voile médiatique (El velo mediático. Ed. Raisons d’agir, 2005) y La République du mépris (La República del desprecio. Ed. La Découverte, 2007).

Ismahane Chouder es miembro del colectivo “Una Escuela para Todos/as” y antigua vicepresidenta del colectivo “Feministas por la Igualdad”. Ha contribuido a la obra colectiva Le Livre noir de la condition des femmes (El libro negro de la condición de las mujeres. XO Editions, 2006).

Malika Latrèche trabaja en “Una escuela para todos/as” y defiende a las madres que han sido excluidas de las salidas de los colegios. Desde octubre de 2006 copreside el colectivo “Feministas por la Igualdad”.

Tema: Islamofobia y discursos sobre la mujer musulmana

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Así actúa el Mossad …


La organización del Mossad, no sólo ha colaborado con la CIA, sino que incluso lo ha hecho con la KGB, e incluso cuenta con el apoyo de las numerosas entidades judías que, más o menos abiertamente, existen en todo el mundo. Una de ellas es B´Nai B´rith.

El B´Nai B´rith, que significa Hijos de la Alianza, y que ha sido el verdadero motor de presión en la destrucción de la Librería Europa, fue fundada el uno de Octubre de 1843 en Nueva York, por once hebreos emigrados desde Alemania: Era, por su estructura y funcionamiento, una secta masónica reservada exclusivamente reservada a personas de etnia judía. Sólo se admite la afiliación de individuos de sexo masculino y elevada posición económica y social. Ocho años después de su fundación ya disponían de suficiente poder como para hacer al gobierno de EEUU que anulara un tratado comercial con Suiza por que algunos cantones suizos no daban la ciudadanía a los judíos el siglo pasado.

El B ’ Nai B ’ rith tras abrir logias en las principales ciudades de EEUU se extiende por Europa, y en la actualidad es, oficialmente, miembro consultor del Consejo de Europa, de la ONU, de la UNESCO y de la Organización de Estados Americanos. En 1913, el B’ Nai B’ rith funda la famosa Liga Antidifamatoria que ejerce un riguroso control de cualquier actividad, colectivo que los hebreos consideran contrarios a sus intereses.

De la Liga Antidifamatoria surgiría a su vez la LICRA, Liga Internacional Contra el Racismo y el Antisemitismo, más implantada en Europa, sobre todo en Francia.Todas esas organizaciones, de implantación mundial, cooperan con el Mossad al igual que lo hacen los innumerables lobbys que en los EEUU actúan ante los órganos degobierno de ese país. El más importante de todos es el AIPAC (Comité de Asuntos Públicos Americano – Israelíes) que mensualmente manda su revista a cada uno de sus miembros en el parlamento informándoles sobre las necesidades de los ciudadanos americanos de etnia judía, por otra parte el AIPAC representa oficialmente a todas las organizaciones judías de los EEUU ante el parlamento.

La revista norteamericana The Phoenix, especializada en paramilitares, terrorismo y espionaje, describe la actuación de los fontaneros del Mossad, los sicarios entrenados para el asesinato y el sabotaje, que forman parte del mundo oscuro y a la vez romántico y novelesco, de todos los servicios secretos.

Las escuadras de terroristas del Mossad operan del siguiente modo: cada equipo se divide en grupos cuyos códigos son Aleph, Beth, Heth, Ayin y Qoph. La ejecución es cometida por el grupo Aleph. Beth se compone de pistoleros que actúan como protectores y escoltas, abriendo acceso a Aleph y protegiendo su huida una vez el atentado ha sido realizado. Heth proporciona cobertura protectora, alquila coches,apartamentos, soborna a quien sea preciso y en general se dedica a preparar la estancia de los otros dos grupos en el lugar del atentado. Ayin estudia a la víctima o el lugar destinado a su destrucción semanas e incluso meses antes del acto. Qoph se ocupa de las comunicaciones y enlaces. Estos grupos están autorizados a emplear los servicios diplomáticos de Israel y la compañía pública El Al. Las ejecuciones las ordena la llamada COMISION, encabezada por el Primer Ministro, el jefe de las fuerzas armadas y el director general del Mossad (332).

Además el Instituto cuenta con la importante ayuda de los Sayanim (asistentes), los cuales deben ser racialmente judíos 100 %. Viven en el extranjero y aunque no sean ciudadanos israelíes, muchos son contactados a través de sus parientes en Israel. A un israelí con un pariente en Inglaterra, por ejemplo, el Mossad le puede pedir que escriba una carta diciendo que el portador de la misma representa a una organización benéfica consistente en ayudar a la comunidad hebrea para ocultar su condición de espía.

Hay miles de Sayanim en todo el mundo, 2000 están en activo y otros 5000 en reserva. Desempeñan funciones muy variadas, un Sayanim que, por ejemplo, dirige un negocio de alquiler de coches en Las Vegas (EEUU), puede ayudar al Mossad a alquilar un vehículo a altas horas de la noche sin tener que presentar la necesaria documentación, la casa de otro Sayanim en Berlín puede servir de alojamiento a un comando, un banquero Sayanim puede proporcionar dinero al Mossad si lo necesita en plena noche, un doctor Sayanim puede curar una herida de bala sin denunciar el hecho a la policía, y así podríamos poner mil ejemplos más. Los Sayanim son el mejor comodín para los fontaneros del Mossad (333).

Estos equipos de fontaneros, sólo actúan después de haber recibido detallada información por parte de la inteligencia judía. Al disponer el Mossad de fondos ilimitados además consigue sobornar a individuos muy próximos, incluso parientes de sus futuras víctimas. Así consiguió asesinar en Malta a fathi Shlaki, líder de la Jihad Islámica.

El Mossad no hace nada para negar sus responsabilidades, e incluso el resultado de sus acciones, cuando es positivo, llega a trascender a los medios de comunicación, ya que les sirve como advertencia ante sus enemigos, es parte del poder de disuasión y en todo caso la prensa mundial jamás los califica como asesinos, siempre como vengadores y defensores del pueblo que tanto ha sufrido.

Tras la muerte de 11 deportistas israelíes en la Olimpiada de Munich de 1972, por orden de la Primera Ministra Golda Meier, el Mossad mató en diez meses a 13 activistas de Septiembre negro. Entre los asesinados figura el camarero marroquí Ahmed Bashakia,residente en Lillehammer (Noruega) sin ninguna vinculación terrorista, pero al que los agentes judíos confundieron con Ali Hasan Salame, jefe de Septiembre Negro, el cuál resultaría muerto en un tiroteo en la Gran Vía de Madrid, acción en la que pereció también el agente israelí Baruch Cohen por disparos de la policía española.

La mayoría de los asesinatos suelen ser realizados por jóvenes agentes que llegan en motos llevando pistolas con silenciador, en alguna capital europea o Mediterránea neutral, ya que en un país árabe es más complicada la huida y se ejecutan de un modo más estudiado.

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