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Arrecifes de coral del Mar Rojo – Parai­so bajo el desierto – (Video)

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El Mar Rojo es uno de los destinos más frecuentado por buceadores de todo el mundo. Y es que posee una extraordinaria diversidad biológica, debido a sus condiciones óptimas de temperatura y a la abundancia de nutrientes por la existencia de corrientes marinas suaves.

Pero además hay una característica que le hace especial, ya que el Mar Rojo alberga uno de los ecosistemas coralinos mejor conservado, sólo comparable con las grandes formaciones coralinas de la Gran Barrera de Arrecife de Australia.

Los corales son los grandes desconocidos de los mares ya que no se trata de una estructura calcárea sin vida como pueda parecer a primera vista, sino que están compuestos por organismos primitivos vivos que se encuentran confinados a la capa más externa del arrecife, donde depositan carbonato cálcico sobre los esqueletos de sus predecesores. Estos organismos se denominan Pólipos, con apariencia de anémonas con tentáculos pero de pocos milímetros de diámetro, que se disponen alrededor de un disco oral. Por las noches emergen del exoesqueleto calcáreo para alimentarse de plancton y de organismos de mayor tamaño empleando un sistema urticante como el de las medusas.

Entre los corales viven algas simbiontes fotosintéticas, las Zooxantelas, que reciben cobijo y nutrientes de éstos, mientras que los pólipos se benefician de los productos resultantes de la fotosíntesis de las algas, aumentando su velocidad de depósito de carbonato cálcico.

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Se estima que el 90% de las especies que habitan los arrecifes de coral del Mar Rojo son endémicas, de ahí que se le considere el Acuario de la Humanidad¸ Este mar baña las costas de Arabia Saudita, Jordania, Palestina, Yemen, Eritrea y Sudán, sin embargo son las costas de Egipto las que albergan los corales más espectaculares.

Además de corales negros y gorgonias, en el ecosistema coralino del Mar Rojo abundan especies de lo más llamativas tales como barracudas, peces mariposa, peces león, peces cirujano, rayas de arrecife, peces ángeles, peces napoleón, peces aguja, morenas, atunes, tridacnas, pulpos y tortugas, entre otros.

Por Anna Ortega

©2011-paginasarabes® 

Mada’in Saleh (مدائن صالح) – Una maravilla desconocida – (+ Video)

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Después de Petra, Manda’in Saleh es el segundo testimonio más importante dejado por la civilización nabatea

Petra en Jordania es, sin duda, el testimonio más importante dejado por los nabateos. Sin embargo, unos kilómetros más al sur, en Arabia Saudí, se esconde un lugar igual de mágico, con restos arquitectónicos de la época pre-islámica. Este lugar se llama Mada’in Saleh (ciudad de Saleh en árabe).

Mada’in Saleh, también conocida como la ciudad de Hagra o Al Hijr en árabe (lugar de la Roca) se encuentra a unos 800 kilómetros al norte de Jeddah en la Provincia de Al Madinah. Después de Petra, es el segundo testimonio más importante dejado por la civilización nabatea cuyo apogeo se sitúa entre los años 100 antes de Cristo y 150 después de Cristo.

Se exige más que buena voluntad para penetrar el secreto de Mada’in Saleh, sobre todo si no se reside en Arabia Saudí. El país no otorga visados turísticos por lo que no es fácil visitar lo que fue el primer yacimiento del reino incluido en el Patrimonio Mundial de la Humanidad de la UNESCO en el 2008.

Alcanzar Mada’in Saleh requiere cierta preparación. Por ejemplo, un no musulmán no puede pasar por las ciudades santas, en este caso Medina, y debe fijarse en los carteles para coger la carretera reservada a los no musulmanes. Eso significa hacer algunos kilómetros adicionales. También, para visitarla, se debe pedir un permiso a la Saudi Commission for Tourism and Antiquities (la Comisión Saudita para el Turismo y las Antigüedades).
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El paisaje que recibe al visitante no decepciona: unas rocas se levantan en medio de un desierto inmenso y en función de la hora del día, se reflejan unos colores que magnifican el escenario. Allí, los Nabateos construyeron una ciudad entera de piedra unos 500 años antes de Cristo. Petra, en Jordania, era la capital del reino Nabateo y Mada’in Saleh la segunda ciudad más importante. Querrían de esta manera, controlar las rutas mercantiles desde el Sur hacia el Norte de la Península Arábica. Tres civilizaciones vivieron en Al Hijr: los Thamudis, los Lihyanitas y los Nabateos. De hecho, según el Corán, el primer asentamiento en la ciudad de Al-Hijr data de alrededor del tercer milenio antes de Cristo durante el Reino de los Thamudis. Una leyenda cuenta que el Profeta Saleh fue enviado allí por Allah para que cambiaran de religión pero al fallar, Allah les castigó con un terremoto.

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El pueblo Nabateo fue el que dejó esos vestigios arquitectónicos, los cuales demuestran su ingeniosidad e inteligencia. Según las fundaciones encontradas, las construcciones se dividían en tres partes: la vivienda, el templo y la habitación funeraria. Excavaron tumbas dentro de inmensos bloques de piedra en los cuales aún se puede ver la fachada con figuras talladas en la piedra y la cámara mortuoria en la parte trasera donde inhumaban a los muertos. Se han contabilizado unas 131 tumbas. Se encontraron también inscripciones, probablemente thamudis que remontan al segundo milenio antes de Cristo. Están mejor conservadas que las de Petra, siendo la ciudad de Mada’in Saleh menos expuesta al viento y a la erosión. También se encuentran restos de murallas, cisternas y torres repartidos sobre 13,4 kilómetros cuadrados.

Según las investigaciones arqueológicas, Al Hijr fue abandonada cuando los romanos desplazaron la ruta mercantil hacia el Mar Rojo. No hay evidencia de población hasta el siglo 16, cuando los otomanos construyeron allí un fuerte. Cabe destacar que éstos se quedaron hasta principios del siglo XX y aún se puede visitar lo que queda de la estación de tren Al Hijaz Railway, conocida por haber visto pasar a Lawrence de Arabia. Mada’in Saleh es un verdadero tesoro para todos los arqueólogos del mundo. Hasta hoy, un grupo de arqueólogos franceses dirigen las excavaciones.

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Casualmente, Arabia Saudí es noticia este verano . Por primera vez en la historia, el país desvela una muestra de su legado histórico en una exposición titulada “Rutas de Arabia” en Le Louvre (París). Muchos museos europeos quieren acogerla y el siguiente en la lista podría ser español. No es a menudo que Arabia Saudí interesa por otra cosa que el petróleo o sus peculiaridades. Sin duda alguna, quiere mejorar su imagen internacional y con esta exposición consigue al menos atraer a mucha gente deseosa de descubrir un país misterioso.

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Brigitte Musafira

 

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La hipercomplejidad geopolítica de Siria: EU contra Irán. Por Alfredo Jalife-Rahme, analista político y colaborador del periódico La Jornada de México.


Penetramos en la máxima hipercomplejidad del mundo árabe: Siria y la región del Creciente Fértil.

Una cosa es la espontaneidad de “la revolución del jazmín” del paradigma tunecino que impregnó a los 22 países que integran la Liga Árabe y otra es el intento hipócrita de su secuestro obsceno por la disfuncional OTAN encabezada por Estados Unidos que, conforme a sus triviales intereses geopolíticos, pretende redireccionar las veleidades libertarias de más de 360 millones de habitantes.

Creer ingenuamente que Estados Unidos y la Unión Europea (condensada específicamente por Gran Bretaña y Francia) se encuentran a favor de la “democracia” y los “derechos humanos” en Siria, después de un estruendoso silencio de dos generaciones, constituye un “agujero negro” de la memoria histórica cuando Washington, Londres y París apoyaron durante un promedio de tres décadas a las autocracias de Túnez, Egipto y Yemen, dejando de lado las acrobacias metalingüísticas “occidentales” en Bahrein y Libia, donde la propaganda transatlántica colisiona con la triste realidad de los hechos y sus desechos bélicos.

Si se aplica rigurosamente la misma medida inalienable de la “democracia” y los “derechos humanos” a Bahrein y Siria, sus consecuencias geopolíticas son diametralmente opuestas: en el primer caso los intereses de Estados Unidos (por extensión, de la OTAN) se verían severamente afectados y beneficiarían a la teocracia chiíta de Irán; en el segundo caso sucede lo contrario.

De allí la fuerte presión de Estados Unidos (y sus aliados) contra el régimen sirio con el fin de dañar a Irán (de paso a Rusia), a diferencia de su postura concerniente a Bahrein, donde Washington ostenta una base naval, sin contar que la isla es miembro del Consejo de Cooperación de Países Árabes del Golfo de seis petromonarquías, quienes, además, buscan la membresía de Jordania y Marruecos.

Llama, entonces, poderosamente la atención que Estados Unidos (y sus aliados) apoyen a las ocho monarquías todavía intocables del mundo árabe, quienes, guste o disguste, buscan el statu quo en su esfera de influencia y adonde se han refugiado dos de los tres sátrapas defenestrados. No profiero perentorias sentencias moralizantes, sino exhibo la realidad geopolítica.

Como la herramienta de la “democracia” y los “derechos humanos” –lamentablemente degradada por la propaganda “occidental”– es inservible para el estricto análisis axiológico, entonces cabe mejor recurrir a los instrumentos de vuelo de la geopolítica, que aportan mayor diafanidad a los sucesos de Bahrein y Siria, dos casos extremos del mismo espectro.

No son momentos para solipsismos. Algún día expondré mi confrontación con el régimen de los Assad durante cuatro décadas (que valió mi extendido exilio político, que no suelo publicitar por no ser proclive a la victimización ni al martirio), que no viene al caso citar para no obnubilar el análisis geopolítico en el que no existen “buenos” ni “malos”, sino “crudos” (en el doble sentido del término) intereses de las potencias globales y regionales que se enfrentan pornográficamente en Siria (y, por extensión, en Líbano): básicamente Estados Unidos (y su pléyade de aliados regionales y locales) contra Irán.

Emerge así un exquisito axioma aplicable en cualquier punto y momento, lo que le confiere su carácter científico: dependiendo de los intereses geopolíticos, las posturas de los actores globales, regionales y locales se pronunciarán ya sea a favor de la “democracia”, los “derechos humanos” y hasta el “cambio de régimen”, o bien optarán por la política del avestruz del statu quo.

La lectura de los periódicos regionales basta y sobra para determinar las lealtades y anhelos en el radar geopolítico.

El portal de Al-Arabiya (21/6/11), perteneciente a Arabia Saudita, arremete sin piedad contra el tercer discurso del presidente sirio Bashar Assad, a quien acusan no solamente de represor sino, peor aún, de padecer la sicopatía de la “negación”.

La prensa israelí amarra navajas entre Siria y Turquía. Ehud Barak, ministro de Defensa del gobierno de la dupla Netanyahu-Lieberman, en una entrevista al periódico francés Le Figaro concede seis meses de vida política a Bashar, y el portal Debka, un monumento a la desinformación, vaticina una inminente intervención del ejército turco, con instalación de una “zona de amortiguamiento” en la transfrontera del lado sirio (cerca de 900 kilómetros), que cuenta con la bendición hollywoodense de Angelina Jolie (esta vez sin el actor Brad Pitt), la bella “embajadora” de la ONU para los cerca de 10 mil refugiados de la región de Jisr-Al-Shogour (un bastión de 50 mil habitantes de los Hermanos Musulmanes). Cuando los “embajadores especiales” de la ONU intervienen en los campos de refugiados suelen ocurrir balcanizaciones ulteriores.

La prensa iraní se ha confinado a señalar la infracción de un helicóptero turco en territorio sirio y repite la severa condena de Bashar en su tercer discurso contra los “vándalos” y los “saboteadores”, quienes ejecutan una conspiración geopolítica contra su régimen (léase: para expulsar a Irán y Rusia de Siria, y estrangular a Hezbolá en Líbano).

La prensa de Estados Unidos (y por extensión, de la OTAN, donde Gran Bretaña adopta una feroz posición maximalista) critica al presidente sirio por no haber aportado un cronograma ni claridad a sus elusivas promesas de reformas: desde el diálogo nacional, pasando por elecciones en agosto (por cierto, muy precipitadas y difíciles de realizar por ser este año el mes del ayuno islámico, Ramadán) hasta cambios sustanciales a la Constitución para abolir el monopartidismo del Baaz (un partido teóricamente laico y socialista) que desemboque en el pluralismo y la libertad de expresión.

Lo interesante es que nadie hasta ahora del lado “occidental” ha exigido el “cambio de régimen” y su dureza retórica se limita a invitar a Bashar a encabezar las “reformas” (léase: hacer las paces con Israel, expulsar a Irán y a Rusia, someter a Hezbolá y, sobre todo, a mi muy humilde entender, el golpe de gracia: privatizar la banca estatal y todo aquello que sea privatizable).

El atribulado Bashar admitió que “no existe marcha atrás” y que las reformas son imprescindibles. El problema radica en su profundidad, su cronograma y, sobre todo, su control.

Si tales reformas son forzadas por Estados Unidos (y sus aliados), el desenlace será la instalación de un gobierno de los Hermanos Musulmanes sunitas, quienes probablemente iniciarán la venganza colectiva contra la minoría hoy gobernante de los “alawitas” (secta esotérica del Islam desprendida del chiísmo), de los cristianos, probablemente de los drusos (otra secta neoplatónica y esotérica del Islam, de carácter monogámico) y seguramente de los kurdos (por motivos que iremos desglosando).

Tampoco hay que desdeñar la participación geopolítica de Rusia, que posee una base naval en el puerto sirio de Tartús.

De todo lo que he escuchado y leído durante mi estancia en Líbano, lo que más me ha intrigado ha sido la supuesta voltereta de Turquía, quien como único miembro islámico de la OTAN ejerce abiertamente las presiones exógenas para la transformación del régimen sirio, lo cual merece un seguimiento puntual en mi próximo artículo.

Bajo la lupa.