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Afganistán, donde sólo hay guerra encontré paz

Hoy ha sido mi último día de guardia. Tres meses aquí y no lo creo, ha sido una experiencia única. Cuando llegué, el hospital era diferente y no es que en este tiempo haya cambiado, es solo que ahora lo siento parte de mí, le tomé cariño, igual que a la gente que trabaja en él.

A las señoras de limpieza que me saludan cada día con una sonrisa cuando llego al hospital, que me toman la mano, me abrazan y hacen que al entrar al hospital empiece el día con una sonrisa. A las comadronas que visten sus uniformes azules y sus velos. Algunas usan un piercing en la nariz. Aunque cubren su cabello dejan ver sus aretes y van siempre gritando de un lugar a otro, amables y alegres.

También me he encariñado con las pacientes y sus familiares. Ahora ya no me resulta tan extraño encontrar a las abuelas y suegras sentadas en el piso de la entrada de la sala de partos con los recién nacidos entre las piernas, envolviéndolos con mantas y amarrándolos con un lazo de colores que mágicamente hace que dejen de llorar. Es todo tan diferente a México, donde las madres no quieren ni que les de el aire a sus hijos.

Las pacientes con sus vestidos y velos. Casi todas con dibujos de jena en las manos y las plantas de los pies. Alguien me dijo que era una tradición para estar preparadas para la muerte pues nunca se sabe lo que puede pasar. Otros dicen que es solo por estética. Las pacientes casi nunca sonríen. Están serias, ocultan su dolor, algunas solo gritan cuando dan a luz, y otras permanecen calladas junto a sus acompañantes, generalmente las madres de sus esposos.

Cuando paso consulta y las reviso me gusta darles la mano, acariciarles la cara y, aunque no hablamos el mismo idioma, creo que nos comunicamos. Me sonríen y tratan de decirme cosas que casi nunca entiendo, solo puedo saber lo que dicen cuando alguna traductora o colega afgana hace de intérprete.

Muchas veces dicen que rezarán por mí, que soy buena doctora. En ese momento siento que todo vale la pena. Cuando estamos en la sala de parto me gusta tomarlas de la mano y acompañarlas mientras superviso el trabajo de las doctoras o comadronas. Cuando termina y tienen a su bebé, me abrazan, me acarician la cara y sonríen. Nunca pensé que en este país, donde todo el mundo piensa que solo hay guerra, podría encontrar tanta paz y satisfacción.

Al principio, las doctoras me trataban con cierta distancia. Ahora creo que confían en mí, siento que somos un equipo. Me preguntan cosas y discutimos sobre los casos y tratamientos. Creo que también he podido transmitir parte de mi experiencia sobre cómo tratar a las pacientes. No se trata solo del manejo clínico, sino también de reconfortarlas, de hacerlas sentir bien y en confianza; de acompañarlas en un proceso tan importante como el nacimiento de un hijo o una hija.

Tengo ganas de regresar, de volver a Afganistán y a Khost, un proyecto que ocupará un lugar importante en mi memoria porque esta ha sido mi primera misión con MSF y aquí  empecé a cumplir mis sueños. Espero que sea la primera de muchas más salidas a terreno. Me encanta mi trabajo, lo disfruto y me llena de satisfacción ahora más que nunca, porque siento que estoy aportando un granito de arena a este mundo que parece ir de cabeza.

Por Elia E. Martínez Mercado, ginecóloga del proyecto de maternidad de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Khost, Afganistán.
Con información de: El blog solidario

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Mejor es levantarse-Fayad Jamís

Si no puedes dormir levántate y navega.
Si aún no sabes morir sigue aprendiendo a amar.
La madrugada no cierra tu mundo: afuera hay estrellas,
hospitales, enormes maquinarias que no duermen.
Afuera están tu sopa, el almacén que nutre tus sentidos
el viento de tu ciudad. Levántate y enciende
las turbinas de tu alma, no te canses de caminar
por todas partes, anota las últimas inmundicias
que le quedaron a tu tierra, pues todo se transforma
y ya no tendrás ojos para el horror abolido.

Levántate y multiplica las ventanas, escupe en el rostro
de los incrédulos: para ellos todo verdor no es más que herrumbre.
Dispara tu lengua de vencedor, no sólo esperes la mesa tranquila
mientras en otros sitios del mundo chillan los asesinos.

Si no puede soñar golpea los baúles polvorientos.
Si aún no sabes vivir no enseñes a vivir en vano.
Tritura la realidad, rómpete los zapatos auscultando las calles,
no des limosnas. Levántate y ayuda al mundo a despertar.

Fayad Jamís

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Rezan los 33 credos en honor a Nuestro Padre Jesús

Nuestro Padre Jesús

Es en el barrio de Mexicapan, de la colonia Díaz Ordaz, donde se ubica la Parroquia de Jesús, uno de los templos más antiguos de Zacatecas, que data del siglo 18, rico en tradiciones populares, y uno de los más importantes en cuanto a sus festividades para Semana Santa.

Se trata de una iglesia bajo el estilo neogótico y árabe, en donde se encuentra la imagen de Nuestro Padre Jesús, figura que el pasado jueves fue bajada de su capelo para exponerse ante sus feligreses para su veneración; esto, como parte del acto litúrgico sobre el rezo de los 33 credos en honor a Jesús, y que rememoran los 33 años de vida de Jesucristo.

Luis Javier Arellano, parroquiano, informó que la imagen pisa tierra para el ritual que se denomina “El lavatorio”, y que consiste en la limpia de la figurilla con agua de flor de naranjo y algodón, se cambia de vestimenta y se pone a disposición del público para su veneración; los creyentes se acercan lo besan y lo tocan a modo de bendición.

Sobre los 33 credos, explicó Arellano, es una costumbre de gran arraigo que ha ido de generación en generación sobre todo por las familias vecinas de la demarcación, que incluye un largo rezo del credo pausadamente, en donde se piden tres favores a Jesús, -aunque no hay fecha exacta de cuando se inició con este culto, se conoce que es un acto milenario en la comunidad-.

Durante este proceso de fervor, se bendicen cuerdas de estambre de color morado que simbolizan la cuaresma y estampas de Jesús, pues según cuenta la historia, antes se usaban tiras de ixtle a manera de penitencia, lo que demuestra que la práctica se ha ido transformando.

Nuestro Padre Jesús, es una representación de talla completa del siglo XVII que nunca ha sufrido una restauración, y que permanece sentada y en exhibición para los católicos durante todo un día, sólo se extrae del nicho dos veces al año, para esta fecha y para la Semana Mayor, en donde se adapta en una cruz para el Viacrucis y para la Procesión del Silencio.

Son nueve días de celebración, este año comenzaron las actividades religiosas desde el pasado 23 de febrero hasta el tres de marzo, donde se programaron misas y peregrinaciones que partieron diariamente desde el puente de Zamora hacia la capilla, y que solemnizaron diversos centros pastorales.

Para enriquecer la actividad, no pudo faltar la danza a cargo del grupo de Matlachines “San Juditas Tadeo, quienes tocaron al pie del templo varios sones como “El remolino” y “Las Jaulas”, asimismo se montaron en la Plazuela de García varios juegos mecánicos y una kermés con antojitos mexicanos a modo de fiesta patronal para el disfrute de la ciudadanía.

Cabe señalar que el santuario también cuenta con el bulto de La Dolorosa y El Divino Preso, y es uno de los recintos más visitados no sólo por los de casa, sino también por turistas en época vacacional.

Por Alejandra De Ávila
Con información de El Sol de Zacatecas

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