Archivo de la etiqueta: Magreb

El canto de los Camelleros

Las más antiguas manifestaciones del genio árabe son, literariamente hablando, los cantos de los camelleros. Mientras realizaban sus largos y monótonos viajes a través de los desiertos, componían estrofas al compás del paso de sus cabalgaduras.

Entonaban sus cantos a las princesas de oscuros ojos y al transparente arroyuelo del ansiado oasis; componían vigorosas rimas guerreras que hacían alusión a la dramática lucha por la posesión de los escasos y codiciados pozos de agua. La medida de los versos se ajustaba al paso de los camellos, y éstos parecían marchar mejor al compás de la voz de sus guías. Animados por las canciones, los camellos erguían la cabeza, alargaban el paso y aceleraban la marcha. Y así fue como la literatura árabe nació en el desierto, al crujido de la abrasadora arena y bajo el cálido cielo, creada por hombres mecidos por el vaivén de la marcha de esos animales.

Un camellero solitario, alguien que vendría quien sabe de dónde con un par de camellos tras él. Una cuerda estrecha era su única separación. Y él raras veces miraba atrás. Tan sólo avanzaba… Su túnica color azul destacaba en la grandiosidad anaranjada de un desierto al que le golpeaban severamente los rayos del sol.

Aunque en la actualidad el camello ha perdido gran parte de la importancia que tuvo en épocas pasadas, su área de dispersión coincide, aproximadamente, con la del mundo árabe, así que seguramente se seguirá utilizando.

Volviendo al valor del camello en las amplias zonas desérticas, debemos recordar que su adaptación a este medio se debe, principalmente, a que puede vivir cierto tiempo sin beber, y a que sus pies se hallan provistos de unas amplias carnosidades blandas, las cuales se ensanchan cada vez que echa el paso, haciendo de este modo que pise con firmeza en la arena.

Con información de Escolar

©2018-paginasarabes®

Tuareg, El hombre azul – Sabiduría de los desiertos

El tiempo es como un río, no se puede tocar dos veces el mismo agua, porque el agua ya pasó y no pasará más…

(Proverbio Tuareg)

No conozco mi edad.

Nací en el desierto del Sahara, sin papeles.

Nací en un campamento de nómadas tuaregs, entre Tomboncton y Gdo. Al norte de Mali.

Fui pastor de camellos, cabras, corderos y vacas de mi padre.

Hoy estudio Gestión en la Universidad de Montpellier, Francia.

Soy soltero, defiendo a los pastores tuaregs. Soy musulmán, sin fanatismos.

-¡Qué lindo turbante tiene!

Está hecho de finas telas de algodón. Esto,  permite cubrir el rostro en el desierto, sin obstruir la vista y la respiración.

Los hombres azules

Nosotros, los tuaregs, somos llamados “los hombres Azules” por eso. El tejido se destiñe un poco y nuestra piel toma este color azulado.

A través de una planta llamada índigo mezclada con otros pigmentos naturales se obtiene el color azul.  Para los tuaregs, el azul es el color del mundo,es el color dominante: es el color del cielo…. Y de nuestras carpas….

Ser Tuareg

Tuareg significa “abandonado”, porque somos un pueblo nómada, muy antiguo, del desierto. Somos solitarios y orgullosos. Nos llaman también: “los señores del desierto”. Nuestra etnia es Amazigh, (bereber ó bárbaros), y nuestro alfabeto es tifinagh.

Hay alrededor de 3 millones, la mayoría permanece nómade. Pero la población disminuye. ¿Sería necesario que un pueblo desaparezca, para que se sepa que ha existido?…decía un sabio…

Nos ocupamos de los rebaños: dromedarios y cabras, en un reino inmenso y silencioso, es nuestra forma de vivir.

En el silencio del desierto

Cuando uno está solo en este silencio, uno puede escuchar el latido del propio corazón. No existe mejor lugar para estar solo.

El despertar con el sol, y lejos, las cabras de mi padre….ellas nos dan la leche y la carne.  Nosotros las llevamos a dónde hay hierbas y agua. Es así, como hacían los antiguos, y es así, como nosotros lo seguimos haciendo.  Para mí no había otra cosa, y yo estaba feliz así.

A los 7 años me dejaban alejarme del campamento para que aprenda cosas importantes: olfatear el aire, …. algo más que escuchar: desarrollar la agudeza del oído, aprender a orientarse con las estrellas, y dejarse guiar por el camello. Porque,  si uno se pierde, él te lleva siempre donde hay agua.

Ahí, todo es simple y profundo. Hay pocas cosas, y cada una, tiene un inmenso valor.

Ahí, un poquito…casi nada, puede darte mucha felicidad.  Cada cosa es valorada. Sentimos mucha alegría al estar juntos.  Nadie sueña ser… porque ¡YA LO SOMOS!

Desembarco en Europa

Ver las personas correr en el aeropuerto.  En el desierto, cuando uno corre, es porque ya viene una tormenta de arena….¡tuve miedo!…

También vi afiches de mujeres desnudas. Me pregunté: ¿por qué esa falta de respeto hacia las mujeres?.  Después en el hotel, vi la primera canilla de agua: ¡el agua corre fácilmente!…y,….tuve ganas de llorar….

Todos los días de mi vida, mi principal preocupación fue encontrar agua.  Cuando veo el número de fuentes que adornan la ciudad, siento un intenso dolor.

A comienzos del 90, tenía 12 años. Hubo una gran sequía. Los animales morían, nosotros nos enfermamos…. Mi madre murió…. Ella, era TODO para mí. Me contaba historias, me enseñaba cómo contarlas…. Me enseñó a SER YO MISMO.

Una obra de mi Madre

Convencí a mi padre que me permita ir a la escuela todos los días. Para ello, caminaba 15 kms todos los días. Hasta, que un profesor encontró un lugar para mí, donde pude dormir, y una mujer que me brindó un plato de comida.  Comprendí, con el tiempo, y cada vez que pasaba delante de ella, que –esta ayuda recibida- era obra de mi madre…..

Dos años antes de que, el Rallye París-Dakar haya pasado por nuestro campamento, una periodista dejó caer un libro.  Yo lo recogí y se lo dí… Ella me lo ofreció. Era un ejemplar de “El Principito”…Entonces, yo me PROMETÍ poder llegar a leerlo, algún día. Obtuve una beca para venir a estudiar a Francia.

Lo que más extraño acá, es la leche de camello, el calor abrasador, la caminata descalzo en una arena ardiente… Allá, miramos las estrellas todas las noches… Y, cada una, es diferente de la otra.

Las cabras, tampoco son idénticas: son parecidas. Aquí, cada uno mira la televisión.

Ustedes, tienen todo… pero nunca es suficiente; se quejan siempre. En Francia, la gente reclama permanentemente. Atan su vida a deudas bancarias, al deseo de poseerlo todo… luego, y a pesar de ello,  termina resultando: insuficiente. En el desierto, no hay embotellamiento ¿saben por qué? Porque ninguna persona está interesada en adelantarse a otra.

La felicidad de volver a casa todos los días

Todos los días, un poco antes de la puesta del sol, la temperatura baja, pero no es todavía muy fría… Los hombres y los animales lentamente, vuelven al campamento.  Sus siluetas, se entrecortan en un cielo rosado, azul, amarillo, rojo, anaranjado.

Es un momento ¡mágico! Volvemos a la carpa y hervimos agua para el té.  Nos sentamos en silencio y escuchamos el agua hervir. Nos invade la paz…. y nuestros corazones laten al mismo ritmo del agua en ebullición…¡Qué tranquilidad!

Acá, ustedes disponen de relojes, allá disponemos del tiempo….

En la vida de un tuareg, el tiempo no se circunscribe a la referencia señalada por un reloj. Cuántas veces, Ud. Dice: ¡no tengo tiempo!

El tiempo es como un río, no se puede tocar dos veces, el mismo agua, porque el agua ya pasó y no pasará más…

Aproveche cada momento de ésta vida, encontrando el tiempo para vivir…

Ustedes viven diciendo que están ocupados. Entonces, nunca serán libres….

Si dice todo el tiempo: “no tengo tiempo”…. ¡no lo tendrá jamás!

Dejar para mañana, la posibilidad de vivir en espíritu y en verdad, en este río de la vida,  puede convertirse en un paso en falso…

Con información de revista Allah Mahabba 

©2018-paginasarabes®

La boda de los hijos del viento – Rituales Beduinos

Al día siguiente comenzó el ritual previo al matrimonio a la usanza beduina.

El primer paso consistía que el padre del novio o alguien relacionado con el mismo fuera a solicitarle al padre de la novia la mano de ésta para su hijo. Como era necesario que se tratase de una persona mayor el padre de Faisal, el novio, un joven militar beduino, accedió a interpretar ese rol. Acompañado por el mismo Faisal se presentaron en la tienda de Abdullah , el jeque árabe, jefe de la tribu, padre de la novia, quien los esperaba con el tradicional café preparado. Tal como era la norma Karim, el padre de Faisal, se abstuvo de beber la infusión hasta el instante en que el jeque accedió a conceder la mano de su hija. En ese momento se unieron las mujeres de la familia con cantos y risas para festejar la decisión de llevar a cabo el matrimonio. A continuación se pasó a discutir la dote que el padre del novio y su familia debían entregar a Abdullah para formar la base de la fortuna personal de Farrah, la hermosa novia beduina, y ponerla a cubierto de los vaivenes de la vida.

Karim, que era uno de miembros más influyentes del clan, accedió a entregar un número de cabras y joyas que le había dado su mujer. Alain,un expedicionario francés, huésped del clan, entregó en el mismo acto un par de escopetas de caza de su propiedad, ya que poca cosa más llevaba consigo. Por otro lado, Nadiyah, la esposa de Karim y madre de Faisal regaló a Farrah un vestido de novia que ella misma no había utilizado en su propia boda por haber usado otro. La hermana de Faisal acompañó ese regalo con unos perfumes de su propiedad. De esta forma quedaron cumplidos los pasos previos para el casamiento con la dignidad que la hija de un jeque requería. Abdullah, una de cuyas funciones era perpetuar las tradiciones, se declaró satisfecho con el desarrollo del ritual y autorizó seguir adelante. Bajo la presión de los acontecimientos externos que en breves días ocuparían toda su atención, la boda fue fijada para dos días después, aunque no habría luna llena, considerada augurio de buena suerte.

El día de la boda todo el campamento estaba alineado en la explanada usada para todos los fines festivos. Mujeres y hombres lucían sus túnicas, turbantes y chadors predominantemente blancos, recién lavados y planchados. Cantaban y batían palmas a la espera de que apareciera la novia, mientras el novio esperaba de pie vestido con una túnica prestada, acompañado de Karim que oficiaría de padrino de bodas.

Luego de hacerse esperar apareció Farrah acompañada de Fadilah, Leilah y otras mujeres de su séquito. Como prescribía el ritual, la joven venía montada en un camello llevado por una de sus acompañantes. Farrah lucía resplandeciente con su hermoso vestido de seda blanca y azul, con sus manos, muñecas, tobillos y pies pintados con henna, un pigmento natural rojizo acompañado de otros tintes azules, con los cuales una artesana había pintado sobre la piel delicados arabescos abstractos, como si se tratara de un tatuaje pero superficial. Sus ojos, de por sí grandes, se hallaban aumentados por un resaltador de origen vegetal. Faisal la ayudó a bajar de su montura mientras las mujeres del clan emitían el clásico zaghareet, un sonido gutural hecho con sus lenguas para festejar los hechos auspiciosos.

Cuando la novia llegó a la tienda que iba a ser su hogar de casada y que Abdullah había provisto, los festejos comenzaron.

Las comidas consistieron en distintos tipos de carnes, arroz con una salsa especial y diversidad de frutos.

Los comensales comieron y festejaron durante toda la noche deseándole dicha y prosperidad a la nueva pareja.

La larga caravana se puso en movimiento. Abboud Al-Kader, uno de los jefes más importantes del clan, encabezaba el contingente inicial con sus jinetes, todos con vestimentas negras y montados en caballos del mismo color. Los lugartenientes enarbolaban estandartes también negros con inscripciones en árabe de color blanco. A continuación marchaban a caballo o en camello, beduinos de diversas procedencias, entre los que había Tuaregs con sus velos azules. Una interminable fila de nativos africanos a pie cerraba la marcha. Abboud estaba exultante. Ninguno de los jeques a quienes había citado había faltado, a pesar de las largas marchas desde puntos muy distantes. En el caso de los Tuaregs habían viajado por semanas, lo que mostraba la organización que Abboud había montado con gran anticipación.

El jeque sonrió satisfecho, su proyecto comenzaba con buen augurio, lo que era esencial para su espíritu supersticioso, una característica que no lograba superar a pesar de su gran lucidez mental. Sabía que lo que guiaba a los jefes convocados no era solo el respeto que sentían por él sino también la perspectiva de participar en el saqueo, de una magnitud que no se veía en generaciones.

No tenía prisa en llegar al lugar de destino y a la lucha que sobrevendría, quería gozar de este prolongado desfile por la dilatada sabana. Lástima que era  sólo presenciado por un puñado de pastores nativos miserables pero ya vendrían días de gloria frente a multitudes en las ciudades de la costa. El aduar, (campamento beduino), de Abbdullah Al-Shamoun era solo el paso inicial de la larga travesía. Abboud soñaba con implantar un califato en el sud de África.

Por Oscar Ruiz Rigiroli – (“La esposa Beduina”)

©2018-paginasarabes®