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Irán conserva una de la Biblias más antiguas del mundo

Una de las ediciones de las Biblias más antiguas del mundo. ©Iránfrontpage
Una de las ediciones de las Biblias más antiguas del mundo. ©Iránfrontpage

Los responsables de su custodia conservan el ejemplar como oro en paño. Y aunque aseguran que su valor espiritual supera cualquier cifra, nunca se sabe si algún día las autoridades persas aceptarán el cheque en blanco que cada tanto en tanto ofrece el Vaticano para adquirir el sagrado libro.

La Biblioteca Central de Tabriz, ciudad situada al noroeste de Irán, alberga una de las ediciones de la Biblia más antigua del mundo. Se trata de un manuscrito del quinto libro del Nuevo Testamento, los ‘Hechos de los Apóstoles’, que narra la historia del período apostólico del Santo Libro. La edición está escrita en siríaco, lengua procedente del arameo que en el siglo VIII fue remplazada por el árabe.

Según dió a conocer el rotativo persa Farhikhtegan, los expertos no han sido capaces de determinar la fecha exacta de la redacción del manuscrito, si bien aseguran que su última restauración se llevó a cabo hace 800 años en un pueblo del Azerbaiyán iraní.

El libro fue escrito sobre piel de pescado – no se especifica de qué variedad-, y pese al paso del tiempo, sus páginas conservan la tinta con la que fue estampado el texto en perfecto estado.

Al principio, los expertos que analizaron el volumen creyeron que se trataba de una Escritura con sendas ediciones de Zabur y Torah, libros sagrados anteriores al Corán, según el Islam. Pero estudiosos europeos de la lengua siria concluyeron que se trata de una edición original de parte del Nuevo Testamento. Una de las más antiguas del mundo.

Al parecer, el último propietario del ejemplar trató de venderlo al extranjero a principios del siglo pasado, pero la recién estrenada dinastía Pahlavi impidió su venta. Desde entonces, se encuentra custodiado en la Biblioteca de Tabriz. Su valor es tal que en tiempos muy antiguos el libro en cuestión sirvió como patrón para la moneda de Irán.

Según ha asegurado el director de la Organización de Bibliotecas Públicas de Azerbaiyán Oriental, Manuchehr Jafari, la Santa Sede ha intentado adquirir el ejemplar en varias ocasiones, ofreciendo un cheque en blanco a la República Islámica, que se niega a desprenderse de la antigua Biblia.

Una de las preocupaciones que existen en torno a esta edición es si su traducción será fiel al texto original, dado que solo unos pocos expertos en todo el mundo tienen un conocimiento exhaustivo de la lengua siríaca.

Por Zahida Membrado
Con información de El Mundo

©2016-paginasarabes®

¿Por qué Arabia e Irán han partido el Islam en dos? 

El jesuita egipcio Samir Khalil Samir analiza la rivalidad entre suníes -cada vez más radicales- y chiíes -con los que el diálogo es más factible
El jesuita egipcio Samir Khalil Samir analiza la rivalidad entre suníes -cada vez más radicales- y chiíes -con los que el diálogo es más factible

Análisis del reputado jesuita egipcio e islamólogo Samir Khalil Samir sobre la crisis que enfrenta a la Arabia suní (y sus aliados) con el Irán chií (y sus aliados).

El enfrentamiento que está delineándose entre Arabia Saudita e Irán tiene, por cierto, motivos políticos y económicos:

-la diferencia de posiciones sobre las cuestiones siria y yemenita;
-la competencia en la producción petrolífera;
-el dominio de la península arábiga y del Golfo.

Pero dicho enfrentamiento tiene también raíces religiosas, y se vincula con una lucha que ha de definir quién debe guiar la forma del islam destinada a la hegemonía.

Una crisis de décadas, la peor de siglos

El islam está atravesando una crisis desde hace algunos decenios: es la más grande de los últimos dos siglos. La misma asume formas variadas, de acuerdo a la política. Un punto sobre el cual es urgente y necesaria una superación es la estrecha relación entre política y religión.

En realidad, dicho problema fue afrontado desde la mitad del siglo XIX hasta la mitad del siglo XX: teníamos una tendencia liberal que buscaba crear Estados que fueran neutrales en términos religiosos; islámicos, porque la mayoría de la población era musulmana, pero quien no era musulmán tenía más o menos los mismos derechos. En síntesis, había una cierta neutralidad y laicidad.

Arabia exporta integrismo con dinero

Ahora, en cambio, al menos en los últimos 50 años se ve una tendencia contraria a ésta. En Egipto, por ejemplo, en Minia, en el ’73, como una especie de signo, en la apertura de las escuelas femeninas, todas las jóvenes asistieron cubiertas, con el chador, y las manos cubiertas con guantes.

La explicación: Arabia Saudita pagaba una “retribución mensual” a las familias egipcias que aceptasen cubrir a sus mujeres. Dicho pago era equivalente a un tercio del salario de un empleado. Y la gente aceptaba el dinero.

Este hábito se ha vuelto absolutamente normal. Actualmente, si una mujer no está cubierta con el velo es criticada y mirada mal. Incluso las mujeres cristianas se pasean cubiertas por el temor a ser insultadas u ofendidas.

Este deslizamiento hacia una cerrazón proviene del fundamentalismo sunnita y wahabita, de Arabia Saudita y de Qatar.

Y se explica también desde el punto de vista sociológico: Egipto tenía a más de un millón de sus trabajadores en el exterior, en Arabia Saudita, que, luego de pasar algunos años allí, al regresar a su patria, se ponían a practicar los usos sauditas. Esto es aplicable también para otros países de proveniencia de los inmigrantes .

La expresión corriente que podía escucharse era: “¡Dios bendiga a Arabia Saudita, maldita sea!”. Arabia era una fuente de ganancias, pero a la vez una fuente de integralismo y de cerrazón.

Cosas de este tipo suceden también en Italia, donde los maridos fundamentalistas obligan a sus mujeres a seguir las costumbres sauditas o fundamentalistas. Para ellos, esta vestimenta es una categoría religiosa.

Ha de decirse que otros países del Golfo tienen visiones más tolerantes, permitiendo la construcción de iglesias y llegando incluso a financiar la misma.

El integrismo chií de Jomeini ya pasó

Desde fines de los años ’70, con Ruhollah Jomeini, en Irán también se difundió un fundamentalismo chiita, pero los iraníes ya han tomado distancia del mismo.

Hace algunos años estuve en Qom [ciudad al sur de Teherán, una especie de “Vaticano” de los chiitas iraníes, por el gran número de escuelas teológicas allí presentes, y se veía a las mujeres en el chador, todas cubiertas de negro.

Pero en Shiraz, por ejemplo, las jóvenes llevaban velos de colores, que dejaban asomar algún que otro mechón impertinente de cabello rubio, o iban de la mano con su noviecito.

Un ayatoláh de Qom me explicó: “Usted debe entender que Qom no es Irán. Como ciudad santa hemos de tener cierto modo de vivir”.

El fundamentalismo iraní, mucho mas abierto

Existen, por lo tanto, dos fundamentalismos, pero el persa es mucho más abierto desde el punto de vista intelectual e incluso posee cierto espíritu crítico.

En Qom, por ejemplo, había 40 instituciones vinculadas a la mezquita, pero no eran organizaciones religiosas: tenían una asociación para ayudar a los sordos, otra para los ciegos, para los medicamentos, una TV para los niños, un observatorio astronómico en la montaña cercana; bibliotecas de historia, de filosofía…

Una vez incluso encontré un imán que me confesó que cada día leía alguna página de las Enéadas de Plotino en la versión árabe inédita, todavía manuscrita, llamada “Teología de Aristóteles”. Esto es impensable en el mundo sunnita. Además, en la tradición wahabita suní estos libros serían quemados.

De la misma manera, en el wahabismo se persigue toda la corriente mística del Islam: recordemos lo ocurrido con Al Hallaj en el siglo IX, que fue crucificado por sus ideas y sus escritos, en los que describía su unión espiritual con Dios.

“Los sunnitas no entienden de filosofía ni ciencia”

Hace algunos años, en el 2008, en el Vaticano tuvimos el primer Foro islamo-católico. Encontré a un imán que se definió a sí mismo como “un docente de filosofía”. Con él hablamos sobre un hecho que había sucedido algunos días antes: en el sitio islam.org, una joven universitaria de París solicitó ayuda para preparar una tesis sobre Avicena (filósofo y médico persa musulmán que vivió entre 980-1037). La respuesta fue: ¡No estudie estas cosas de infieles, sino concéntrese en el estudio del Corán!

El imán frente a mí, que era chiita, concluyó: “Quien dio esa respuesta era, ciertamente, un imán sunnita. Ellos no entienden nada de filosofía o de ciencia”.

La formación de un imán chiita incluye muchas materias que no son estrictamente religiosas , sino culturales. En cambio, los imanes sunnitas se limitan a estudiar el islam. Por eso, el diálogo con los chiitas es más fácil y amplio; el que se da con los sunnitas tiene una base mucho más restringida. La educación de los imanes sunnitas se desarrolla fundamentalmente aprendiendo de memoria los versículos del Corán, sin comprenderlo ni interpretarlo, y tampoco poniéndolo en una contexto histórico.

La supremacía en el mundo islámico

Sunnitas y chiitas no tienen la misma visión de la vida y de la religión, y por esto chocan entre sí. Este enfrentamiento existe desde el comienzo, pero en otro tiempo las diversidades erán más aceptadas.

Con el wahabismo, el dogma sunnita se está imponiendo donde sea. En Pakistán, por ejemplo, las leyes sobre blasfemia, que han llevado a la condena a muerte de Asia Bibi y al asesinato de tantas personas, son de inspiración típicamente saudita. En todas las regiones sunnitas -menos en algunos países, como Egipto- se está difundiendo este fundamentalismo que rechaza el uso de la razón en la lectura del Corán.

Sunnitas y chiitas se combaten para ganar la supremacia de influencia en el mundo islámico, y para definir quién debe dialogar con Occidente. El acuerdo nuclear iraní, al que arribaron las grandes potencias con Teherán, deja el campo libre a Irán; y Arabia Saudita -que se ha opuesto al acuerdo hasta el final- todavía hoy se opone al mismo de manera vehemente. Lo mismo hace Israel, aunque por motivos distintos.

ISIS nació como una milicia anti-chií

Hay que decir que, en su origen, la guerra de ISIS era una guerra anti-chiita. No es casual que en Siria y en Irak gobiernan grupos que se remiten al chiismo: la minoría alauita en Damasco y los chiitas (que son la mayoría de la población) en Bagdad.

Tensiones y enfrentamientos entre las dos comunidades ya se han difundido en Líbano, en la India, en Pakistán… donde sea que haya comunidades chiitas.

Los chiitas son como mucho el 15% de los musulmanes, y, por ende, no podrán pretender ser hegemónicos en el mundo islámico. Los sunnitas, que son la gran mayoría, tienden a afirmarse de manera totalizante. A menudo, en debates televisivos en Egipto, me ha pasado escuchar a un imán sunnita que dice a sus colegas chiitas: “¡Vosotros no tenéis derecho a estar aquí! ¡Esta es una tierra sunnita!”. ¡Y esos chiitas son tan egipcios como él!

Sin autocrítica alguna

Además de la tentación totalizante, el mundo sunita tiene la tentación de absolverse siempre: no ejercita función de autocrítica alguna.

Durante siglos, el mundo musulmán tuvo un carácter pluralista. Entre los siglos VIII y XIII, bajo los abasíes con capital en Bagdad, había sunnitas y chiitas, fundamentalistas y liberales. En el siglo IX había incluso mutazilitas, que afirmaban que “el Corán había sido creado”, mientras otros decían que era “increado”. Si el libro sagrado es “increado”, viene directamente de Dios, y no se lo puede tocar; si es “creado”, entonces es posible estudiarlo e interpretarlo. Esta posición mutazilita siguió desarrollándose por siglos, sobre todo con el califa Al-Ma’mūn (813 – 833). Su sucesor, al-Muʿtasim (833-842), partidario de la posición “increada”, expulsó a los mutazilitas.

Pero dicha corriente permaneció a lo largo de los siglos: el Corán debe ser interpretado con la razón, con aquello más agudo e inteligente que existe en la realidad. Aún en nuestros días, esta posición es vista como una amenaza, y quienes la expresan corren el riesgo de ser acusados de herejía.

La universidad de Al-Azhar sufre este problema: siendo particularmente sostenida por Arabia Saudita, no critica la posición “increada”, no obstante en el pasado ha sido esta corriente la que ha guiado con fuerza una reforma modernizante del islam.

¿El Corán según la recta razón?

Entre 1860 y 1950, durante casi un siglo, la tendencia era interpretar el Corán con libertad y sentido común. El gran rector de la Universidad de Al-Azhar, Muhammad Abduh (1849-1905), afirmaba que el Corán debe ser interpretado según la razón. Junto a él, estaban Jamal al-Din al-Afghani (1838-1897), iraní, Abd al-Rahman al-Kawakibi (1855-1902), sirio, y tantos otros que estuvieron entre los protagonistas de la Nahda, del Renacimiento árabe e islámico. Todos ellos terminaron luego exiliados por motivos políticos, pero en París continuaron publicando una revista mensual (“El vínculo indisoluble”) muy abierta, dispuesta incluso a recibir y debatir críticas al islam de personajes como Ernest Renan.

Este Renacimiento ha llevado a la construcción de Estados tolerantes con las distintas religiones. Nasser fundó la República egipcia, y su eslogan era: “La religión pertenece a Dios; la patria es de todos”. “La religión pertenece a Dios” significa que cada uno es libre de elegir y practicar la religión que quiera.

Sin embargo, en los años ’70 y bajo la influencia wahabita, todo esto comenzó a desaparecer.

Pero ya en Egipto se había pasado del pensamiento liberal de Muhammad Abduh al pensamiento mediano de Muhammad Rashīd Ridā, su discípulo, a la posición de Hassan al-Banna, el fundador de los Hermanos Musulmanes. Los wahabitas son incluso más extremistas que los Hermanos Musulmanes.

Dinero saudí para lograr sumisión religiosa

Aquí entra en danza otra cuestión: ¿cómo hace Arabia Saudita para difundir su verbo wahhabita? Egipto recibe al menos 3.000 millones de dólares al año de Riad; Sudán recibe algún que otro paquete de mil millones…

Para atraerlos hacia su visión, los sauditas están dispuestos a pagar, a apoyar a los gobiernos y a construir mezquitas. Más de 1000 mezquitas han sido construidas hasta ahora por Arabia Saudita en muchas partes del mundo (incluso en Italia y en Europa). Habitualmente estas mezquitas son majestuosas, enormes, y Riad paga también al imán y a los empleados. Ahora, quien paga, manda. Y, por eso, Arabia Saudita influencia el estilo de islam que se vive.

En Egipto, a causa de la influencia saudita, durante el Ramadán está prohibido vender comidas y bebidas a quien sea. Como compensación, los sauditas han comprado una zona cercana a las pirámides, que se ha convertido en un resort exclusivo, donde los ricos árabes gozan de libertades que en su país les serían prohibidas. En el mundo, la opinión es que los musulmanes tienen a los sauditas, y que ellos son “vacíos”, “infieles”, “corruptos”, pero se garantizan su poder, incluso religioso, a través del dinero y la riqueza.

Del wahabismo a ISIS

Lo que es triste es que Arabia Saudita se compra aliados “religiosos” a través de la riqueza. Es de remarcar que el estilo religioso, fundamentalista y practicante de la sharia, conduce directamente al tipo de gobierno de ISIS.

Cada semana, en las plazas sauditas, hay ejecuciones, decapitaciones, latigazos, lapidaciones, que son celebradas como un rito religioso, tal como vemos en los videos difundidos por ISIS.

Quisiera agregar una puntualización más: ¡Isis no es un movimiento que ha caído del cielo, Isis es la aplicación brutal de la enseñanza difundida no sólo por Arabia Saudita, sino también por muchas universidades islámicas, incluyendo ciertas enseñanzas de la Universidad de Al-Azhar, que forma a miles de imanes al año! Este fenómeno es esclarecido por estudiosos liberales en algunas emisiones televisivas actuales. ¡La fuente que inspira a los yihadistas tiene su origen en cierto tipo de enseñanza islámica tradicional, que aún sigue siendo difundido hoy en día!

El Occidente sometido

En su intento de dominar el mundo islámico, Arabia Saudita quiere decidir el futuro de Siria, de Líbano, de Irak, de Egipto, de numerosos países africanos y asiáticos. Tiene un rol nefasto, porque no posee una visión amplia y toleranta, e ignora totalmente el pensamiento moderno: tiene sólo la sharia, y está difundiendo este estilo fundamentalista en el mundo. Y es a través de ellos que el fundamentalismo ha llegado a Malasia, a Indonesia, a las Filipinas, etc.

Desde este punto de vista, Irán, con su islam más cultivado y abierto, podría actuar como un correctivo, pero, no obstante teniendo una población más numerosa que la de Arabia, no tiene la fuerza que posee ese país. Y los chiitas se han difundido, por desgracia, en la zona del Golfo.

El enfrentamiento entre Arabia Saudita e Irán es, por lo tanto, un enfrentamiento político, pero en su raíz hay una oposición religiosa, y la lucha es por la supremacía religiosa. Por último, en el mundo islámico, la religión y la política van de la mano.

Occidente parece razonar como los países musulmanes que son ayudados por los sauditas: parece interesarse sólo por el comercio. Los Estados Unidos jamás criticaron el comportamiento de Riad en relación a los derechos humanos, si bien en Arabia han sido decapitadas más personas que en en todos los países del mundo.

Se podría esperar que los musulmanes en Europa -son al menos 10 millones- presentasen un islam razonable y racional, abierto a todo las cosas positivas que existen en el mundo moderno. En Francia y en otras partes, hay imanes ilustrados, pero se trata de una minoría, y deben expresarse de manera discreta por cuestiones de seguridad. Por otro lado, ellos no tienen todo el poder financiero e ideológico de Arabia Saudita.

Si en Arabia hubiera una visión liberal similar a la tunecina, por ejemplo, hoy tendríamos una situación islámica muy diferente, más abierta, más tolerante. Y es esto lo que la mayoría de los musulmanes desea alcanzar, sin saber a ciencia cierta cómo hacer, o sin atraverse a hacer aquello que saben que es inevitable.

No se trata de imitar a Occidente en todo lo que hace -¡sería catastrófico!- ; sino que se trata de discernir en la modernidad aquello que es positivo y constructivo, para aplicarlo.

En esto, pienso que los cristianos de Oriente tienen una misión de discernimiento, para ayudar a sus hermanos musulmanes a integrar lo positivo de la modernidad, rechazando aquello que es negativo.

Por Samir Khalil Samir
Con información de Religión en Libertad

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Argentina:CIA-Mossad y el golpe blando

Estadounidenses e israelíes manipularon desde un inicio la investigación de un cruento atentado en Argentina en 1998. Por casi 2 décadas buscaron acusar a Irán, pero ni una sola prueba pudieron ofrecer. El último fiscal del caso reportaba secretamente a la inteligencia estadounidense los avances en la investigación y le consultaba el rumbo que tomarían las pesquisas. Con la muerte de este funcionario argentino, ahora Estados Unidos busca hacer una jugada de tres bandas: además de implicar al siempre incómodo Irán, ahora ha orquestado un “golpe blando” contra la presidenta Cristina Fernández. De prosperar esa maniobra, seguiría Venezuela, para debilitar el bloque de países suramericanos que han puesto dique a las ambiciones de Estados Unidos en la región.

Fiscal Alberto Nisman
Fiscal Alberto Nisman

El pasado 18 de enero de 2015, el fiscal Alberto Nisman, al frente de la Unidad Especial que investigaba la causa sobre el cruento atentado contra la Asociación Mutual Israelita Argentina (AMIA) el 18 de junio de 1994, fue encontrado muerto con un disparo en la cabeza, en el baño de su departamento y con todas las puertas de su casa cerradas por dentro. Cuatro días antes había presentado una denuncia, sin prueba alguna, mal redactada y con serias contradicciones, en la que acusaba a la presidenta de la nación, Cristina Fernández de Kirchner, al canciller Héctor Timerman, y a otras personas, de intentar encubrir a funcionarios iraníes acusados –sin pruebas– de ser culpables del atentado. En días se había puesto en marcha un golpe encubierto de origen externo.

El fiscal había sido colocado al frente de la investigación en 2004, después de 10 largos años, cuando se cerró el más escandaloso e irregular juicio de la historia sin lograr encontrar a los culpables del atentado que dejó 85 muertos y centenares de heridos. Este hecho aparece como un eslabón más de un golpe en desarrollo, en el que participan un sector del aparato judicial argentino, la oposición, los medios masivos de comunicación junto a la CIA (Agencia Central de Inteligencia, siglas en inglés) y el Mossad, de Estados Unidos e Israel, respectivamente.

Para entender esto hay que entender de qué se trata el caso AMIA y conocer las graves irregularidades cometidas con la entrega en la década de 1990 de la investigación a los servicios de inteligencia estadounidenses e israelíes, que operaron conjuntamente con el grupo de la Secretaría de Inteligencia de Estado (SIDE) de Argentina.

Investigación bajo control externo

El cruento atentado conmovió al país; el juez que quedó a cargo de la investigación en julio de ese año fue Juan José Galeano, quien comenzó su actuación bajo una presión muy evidente.

En sólo 24 horas, la inteligencia israelí –que envió sus hombres a colaborar desde las primeras horas del hecho– y la CIA acusaron a la República Islámica de Irán y al Hezbolá de Líbano, sin pruebas.

Sin haber iniciado la investigación, ofrecieron un testigo importante al juez argentino Galeano, quien viajó a Venezuela para entrevistarlo.

El hombre se llamaba Manouchehr Moatamer y se presentó como un ex funcionario iraní, que había huido de su país y que acusaba al gobierno de Irán de ser responsable del atentado, sin ninguna prueba. Sus declaraciones erráticas se derrumbaron en poco tiempo. Es decir, la CIA y el Mossad habían vendido a la justicia argentina un testigo falso.

Moatamer se había ido de Irán con su familia en 1993. Falta saber cómo llegó a Venezuela en 1994, y cómo terminó al final en Los Angeles, Estados Unidos, como «testigo protegido de la CIA».

La causa de Galeano siguió navegando en un mar de irregularidades. Pero aún en 1997, el juez fue nuevamente a ver a Moatamer, en Estados Unidos, quien nada agregó a su testimonio anterior. En 2008, Moatamer finalmente confesó que había mentido para obtener la visa estadounidense.

En 1998, nuevamente la CIA y el Mossad ofrecieron otro supuesto testigo, en este caso radicado en Alemania, Abolghasem Mesbahi, llamado el “testigo C”. Mesbahi había sido desplazado en 1989 de algunas tareas menores para la inteligencia iraní, sospechoso de ser agente doble. Se dedicó a la actividad privada y realizó una serie de estafas, tras lo cual se fue a Alemania donde se radicó desde 1996.

En ese tiempo, Mesbahi acusó a Irán de cada uno de los “atentados terroristas” que no se esclarecían en el mundo –lo que siempre sucede con los atentados de falsa bandera– como el de Lockerbie, Escocia, y otros.

El “testigo C”, que ganó fama por el misterio que rodeaba su nombre, vio una nueva oportunidad acusando a Irán, con la anuencia de los servicios alemanes, estadounidenses e israelíes de la voladura de la AMIA.

Sin pruebas, contó su versión en Alemania ante un juez nacional y el juez argentino Juan José Galeano, que viajó a ese país en 1998.

«Mesbahi declaró 5 veces bajo juramento en la causa, y en los puntos esenciales dio 5 versiones distintas y contradictorias de éstos, que no podrían servir nunca como prueba. Sólo dichos y palabras, y por supuesto, conjeturas y deducciones de inteligencia», resume el abogado Juan Gabriel Labaké en su libro AMIA-Embajada, ¿verdad o fraude?

El abogado Labaké, por cierto no oficialista, viajó a Teherán, Europa y Estados Unidos, reuniendo datos y entrevistándose con fuentes importantes, y finalmente llegó a la conclusión de que no existían pruebas contra Irán en el juicio de AMIA, ni bajo la dirección de Galeano, ni bajo la del fiscal Nisman, quien sólo recopiló y reescribió los expedientes de su predecesor, y les dio cierto orden pero siempre acusando a Irán, como ordenaron Washington y Tel Aviv.

El periodista Gerth Porter, de The Nation, escribió en una nota el 16 de mayo de 2010 que el embajador de Estados Unidos en Argentina en el momento del atentado a la AMIA, James Cheek, le dijo en una entrevista:

«Que yo sepa no hay ninguna evidencia real de la participación iraní. Nunca probaron nada.»

Lo extraño es que cuando Nisman acusa a Irán en 2006 ya se sabía que ambos testigos no eran creíbles y la justicia británica incluso había rechazado, por falta de pruebas, un pedido de extradición contra el ex embajador iraní en Argentina, Hadi Soleimanpour. El diplomático iraní estaba haciendo un curso en Londres cuando lo detuvieron en 2003 hasta que llegara el exhorto de extradición. Pero hubo que liberarlo en 2004 y pagarle una indemnización de 189 000 libras esterlinas.

También la Organización Internacional de Policía Criminal (Interpol) devolvió un primer pedido de alerta roja por falta de pruebas, y el segundo pedido en 2013, y que esta hasta estos días, por especial pedido del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner y el canciller Héctor Timerman, tampoco tiene aún el fundamento de las pruebas que el juez Rodolfo Canicoba Corral le pidió a Nisman que investigara. Ahora se sabe que Nisman no había cumplido con reunir pruebas, sino solamente simples deducciones de inteligencia que no sirven a la justicia ni a la verdad.

El primer juicio de la AMIA debió ser cerrado por escándalos e irregularidades graves, una de las cuales consistió en que el juez Galeano, con apoyo del entonces presidente de la Delegación de Asociaciones Israelitas-Argentinas (DAIA), Rubén Beraja, pagó 400 mil dólares a un reducidor de autos robados, Carlos Telledín, para que acusara a diplomáticos iraníes y a policías de la provincia de Buenos Aires.

Estos últimos estuvieron 5 años detenidos y debieron ser liberados por absoluta falta de pruebas, sin vinculaciones con la causa. Así escandalosamente terminó ese juicio.

La enmarañada red de falsedades y mentiras, presiones e intereses que eran los expedientes de la causa del cruento atentado contra la mutual judía AMIA obligó a terminar con el juicio en 2004, y el entonces presidente Néstor Kirchner (2003-2007) exhortó a la justicia a avanzar, profundizando en la causa hacia la verdad.

Se creó entonces la Unidad Especial de la Causa AMIA, que quedaría por decisión de la Procuraduría en manos del fiscal Alberto Nisman, lo que sorprendió, ya que el propio Nisman también había sido parte del fracaso del juicio iniciado en julio de 1994 y cerrado 10 años después, sin haber logrado nada.

El caso Nisman

Nisman había comenzado en 1997 su camino hacia la actual Fiscalía, en Morón, provincia de Buenos Aires. En su historia hay un caso que marcó su camino y fue la investigación sobre el destino de Iván Ruiz y José Díaz, dos de los participantes en el fracasado ataque al cuartel de la Tablada en enero de 1989, dirigido por el ex jefe guerrillero Enrique Gorriarán Melo, durante el gobierno democrático de Raúl Alfonsín. Ambos detenidos, después del cruento enfrentamiento que dejó varios muertos y heridos, fueron vistos por última vez brutalmente torturados y llevados por militares y policías en un automóvil Ford Falcon.

Hasta ahora están desaparecidos, pero Nisman y un juez que lo puso a cargo de la investigación apoyaron la versión oficial del Ejército de que «habían muerto en combate» a pesar de las evidencias de su desaparición forzada.

En julio de 1997, el entonces procurador general Nicolás Becerra lo convocó para sumarse a los fiscales que investigaban el atentado contra la mutual judía AMIA, José Barbaccia y Eamon Mullen, por pedido expreso de ambos.

De acuerdo con Infojus Noticias de Argentina «el equipo de Nisman, Barbaccia y Mullen trabajó hasta el juicio oral, pero no terminó bien». Durante ese juicio por la llamada «conexión local», muchos testigos dijeron que ellos y el juez Juan José Galeano habían cometido una serie de irregularidades que se comprobaron.

Al final del debate, el Tribunal Oral absolvió al delincuente Carlos Telleldín, a quien el propio juez entregó 400 000 dólares para que acusara a funcionarios iraníes y a policías, con el visto bueno de Rubén Beraja, entonces presidente de la poderosa Delegación de Asociaciones Israelitas Argentinas.

En los fundamentos del fallo se acusó a Galeano –quien terminó destituido y procesado–, a su equipo y a los fiscales Mullen y Barbaccia, también procesados.

«En el juicio oral quedó demostrado que no se investigó absolutamente nada» en la Causa AMIA , afirmó a Infojus Noticias el abogado Juan Carlos García Dietze, defensor de Ariel Nizcaner, quien fue absuelto de haber participado en la adulteración de la camioneta Traffic, que supuestamente fuera usada en el atentado.

«Siempre hubo un tema parádojico: Barbaccia y Mullen quedaron imputados, y Nisman siguió a cargo. Es extraño», reflexionó García Dietze.

En 2004 Nisman, ya a cargo de Unidad Especial para concentrar todas las investigaciones vinculadas al atentado, se acerca a un hombre clave de la entonces Secretaría de Inteligencia del Estado, la antigua SIDE, Antonio Stiusso, alias “Jaime”. Éste había sido desplazado de la Causa AMIA por ser parte de las irregularidades del juicio, pero con Nisman recuperó un lugar de importancia. Ambos trabajaban con la CIA y el Mossad.

La Unidad Especial recibía importantes sumas de dinero para investigar. Pero Nisman sólo se dedicó a clasificar los expedientes de Galeano y continuó responsabilizando a los iraníes, sin haber producido, en los últimos 10 años, ninguna prueba para confirmar la acusación. Su primer pedido de alerta roja contra 12 iraníes, diplomáticos y funcionarios acusados, fue devuelto por falta de pruebas. Como sucedió con el pedido de extradición enviado a Londres contra el ex embajador iraní en Argentina, Hadi Soleimanpour, cuando la justicia británica devolvió la solicitud por falta de pruebas, indemnizando al diplomático en 2004. Una vergüenza para la justicia argentina.

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