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Cronología del Invasor – En busca del Oro Negro

La intervención de los Estados Unidos en Medio Oriente

El Medio Oriente, un conjunto de países de fronteras impuestas después de la Primera Guerra Mundial, devenidas de  la desintegración del Imperio Otomano. Un escenario explosivo para los intereses de Estados Unidos, donde ha defendido su dominio sobre las reservas petroleras y combatido  batallas de la Guerra Fría contra el comunismo.

Sus principales aliados fueron al principio Irán e Israel.

Los  Estados Unidos se interesaron por el petróleo del Medio Oriente en los años 1920, y dos compañías,  Standard Oil of California y Texaco, ganaron la primera concesión para explorar en busca de petróleo en Arabia Saudita en los años 30.

Allí descubrieron petróleo en 1938 cuando Standard Oil of California lo encontró en Bahrain. En ese mismo año  Gulf Oil junto a su socio Anglo-Persian Oil encontraron petróleo en Kuwait.

Así  las compañías estadounidenses sustituyeron a los británicos como la mayor influencia occidental en la región.

Durante la Segunda Guerra Mundial, el gobierno estadounidense comenzó a buscar fuentes alternativas al petróleo estadounidense, temiendo que las reservas se agotaran, y estableciendo una zona controlada políticamente.

Los EEUU a través de Irán y luego Israel aumentaron su influencia política en la zona, compitiendo con Rusia y Gran Bretaña. A través de su alianza con el Shah de Irán Reza Pahlavi los estadounidenses mantuvieron su poder en el país.

Intervención en Irán (año 1953)

La primera intervención  estadounidense en el Medio Oriente ocurrió en Irán. Allí, los nacionalistas  agrupados en el Frente Nacional y liderados por Mohammed Mossadegh se oponían a la élite petrolera que tenía fuertes lazos con Gran Bretaña.

Los nacionalistas, a través del parlamento, de un modo democrático nacionalizaron el petróleo. Mossadegh se convirtió en primer ministro, a pesar de  la renuencia del Shah, y se opuso a cualquier influencia extranjera, incluyendo la de EEUU.

Sin embargo, la influencia de la Unión Soviética se comenzaba a sentir en manifestaciones y protestas y los comunistas iraníes tomaban auge.

El gobierno estadounidense  temía perder sus fuentes de petróleo, que además estaban comprometidas con la reconstrucción de Europa. La economía de Irán comenzó a deteriorarse y las relaciones con EEUU también. El presidente  Harry Truman apoyó a Gran Bretaña en un boicot al petróleo iraní.

Mossadegh trató de imponer medidas autoritarias, y al tratar de controlar a las Fuerzas Armadas tuvo que renunciar, aunque volvió al poder en breve con sus métodos autoritarios.

El 10 de agosto de 1953, el shah se fue del país “para unas largas vacaciones en el mar Caspio”, mientras una operación militar estadounidense ya se preparaba para intervenir.

Con la ayuda de EEUU, Mossadegh fue depuesto mediante un golpe de estado y el shah  retornó al poder hasta la Revolución islámica de 1979, liderada por el Ayatollah Khomeini.

En represalia, los iraníes toman como rehenes a diplomáticos estadounidenses durante la llamada “Crisis de los Rehenes”.

Panarabismo (1960-1970)

Bajo el liderazgo del presidente egipcio Abdel Nasser se lanza la iniciativa de una unión árabe, con Egipto y Siria unidos. La línea de Nasser, independiente y pro soviética alarma a los estados occidentales.  Con la Guerra de los 6 días, (1967), apoyada por EEUU, Israel invade militarmente a sus vecinos árabes destruyendo sus fuerzas aéreas.

En 1980 EEUU, humillado durante la Crisis de los rehenes,  apoya a Irak en una guerra contra Irán que duró casi una década.

1985-1986 – (El escándalo en torno a R. Reagan)

Pone en jaque la presidencia de Ronald Reagan cuando se descubre que EEUU está vendiendo armas a Irán a cambio de ayuda para la liberación de rehenes en Líbano. El dinero se usa para financiar a la Contra nicaragüense.

La Guerra del Golfo

El 2 de agosto de 1990, Saddam Hussein invadió Kuwait.  Acto seguido el presidente George W. Bush lanzó la operación militar “Tormenta del desierto”, para evitar la expansión de quien había sido  su aliado y quien de ganar el territorio kuwaití controlaría el 40 por ciento del petróleo de la región, alejado de las manos de EEUU.

Bush ofreció varias razones ante las Naciones Unidas: detener un ataque de Saddam a Arabia Saudita, el irrespeto a un gobierno legítimo, (prácticamente una monarquía feudal), comparó a Hussein con Hitler y también expuso el peligro de perder las fuentes de petróleo.

Guerra de Irak

Siguiendo a los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001 en Nueva York, Bush lanza una ofensiva contra Irak, con una invasión en marzo de 2003, acompañado por fuerzas de Gran Bretaña, con el pretexto de que existían armas de destrucción masiva, algo que no se verificó. Alegaron además que Irak tenía vínculos con Al-Qaeda, la organización que había perpetrado los atentados del 11 de septiembre.

Para 2006 se hablaba de una guerra civil donde las organizaciones terroristas lejos de ser eliminadas habían crecido y ramificado.

Consecuencias de la Guerra de Irak para el Medio Oriente

Occidente recupera el petróleo: Antes de la invasión dos cosas impedían el acceso de las compañías petroleras extranjeras en Irak: el gobierno de Hussein y el sistema legal del país. La coalición respaldada por EEUU que gobernó a Irak entre abril de 2003 y junio de 2004 cambió las leyes para la explotación del petróleo, que en un 80 por ciento se exporta.

Guerra entre minorías: Los funcionarios del gobierno de Hussein eran de la etnia  árabe suní, minoritaria en el país, pero dominante desde la antigüedad. Con la invasión de EEUU la mayoría shiita,  sin experiencia política, accedió al poder por primera vez en los tiempos modernos. Grupos suníes en Irak se rebelaron contra el nuevo gobierno,  y se crearon sectarismos en otros países con la misma mezcla de ambas etnias como Arabia Saudita, Bahrein y otros países árabes.

Al Qaeda en Irak: Al liberarse del poder de la policía de Sadam Husein, que los aplastaba,  extremistas religiosos de varios credos comenzaron a desarrollarse en los caóticos años siguientes a la caída del gobierno. Al Qaeda, esgrimiendo el odio hacia los estadounidenses y protegiendo a la minoría suní creó alianzas con otros grupos religiosos y no religiosos, y comenzaron a ocupar territorios en el noroeste de Irak, poblado por tribus suníes. Algunos suníes se desligaron de Al Qaeda al ver sus métodos sangrientos de dominación, pero una rama se radicalizó aún más y se convirtió en el llamado Estado Islámico.

Irán, líder de la región: Al quedarse sin su archienemigo, Irán se convierte en el superpoder de la región, y el nuevo gobierno shiita de Irak crea lazos con el régimen shiita de Irán. Un nuevo desafío entre el gobierno suní de Arabia Saudita e Irán se desarrolla.

Fuentes: “Ancient History”: U.S. Conduct in the Middle East Since World War II and the Folly of Intervention. Sheldon L. Richman. Cato Institute Policy Analysis No. 159. August 16, 1991

Por Adriana Collado

Con información de About espanol

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La última de las ciudades sagradas – Kamal Sabti

La última de las ciudades sagradas
(Fragmento)

 

Entonces, es Asbah
Aquello es un perro; y eso, cuatro puertas y cien torres.
¿Cómo acudiste a nosotros? Felices, escondidos detrás de las colinas. Una mujer desflorada excavó su pozo. Un fuego se enciende al principio de la noche… jóvenes inmortales… Una flauta por un dolor oculto detrás de las comarcas. Un recelo: descienden unos extraños de un collado para preguntar a un anciano acerca del que trae el año. Se vuelve hacia las manos de un agricultor a quien interrogan sobre una casa detrás de sus ojos. Señala con sus manos a un erudito que había emigrado en tiempo de lluvia. Un recelo… y varios países. En la nube norteña hay leña del sur. Dice quien estaba en el ejército del faraón: ha sido olvidada una palabra. Sale otro de un montón de madera para pronunciarla. No articulaban. Era un tiempo que daba licencia a la locura de las colinas, y quien no conocía la palabra la balbuceó sobre una roca. Otro despertó con ella a un vagabundo.

Atabales y ataúdes se precipitan hacia unos puertos pétreos. Construyen los enviados unas casas sobre un río, cuyos dedos se aferran a lo  alto del mar. El polvo borra las huellas de los emigrantes. Las mujeres desplegarán su peste en la encrucijada de dos caminos. Se ve a un hombre que reúne guijarros habitualmente al comienzo de la mañana. Se refugia a la sombra de un templo. Llámalo cuando los atabales enumeren los azotes de una espalda: mil y una columnas…

Varios ríos, cuatro mares y un collado…

Marineros, pescadores y monjes norteños…

Festejan las palabras su enigma; festejan los puertos el grito de unos hechiceros, un verano inerme y arañas. Festeja la palabra la salida de las colinas: los amuletos de los locos, historias de ahogados, poetas, un país…

Rescata una mano a un ahogado,

labios para un beso sobre la frente…

Aclaman los albañiles: nuestra herencia, salvación de las colinas. No permaneció quien no escuchó al collado. Caballos en forma de viento se recuestan en extraños mapas, Nawbahar. No cierres tus ojos todavía; no cuelga todavía un gato degollado del techo; no ha encontrado el joyero el anillo. Se decía que había una puerta de piedra que conducía al cementerio. A sus afueras se sentó un sabio para escuchar lo que parecía el canto. Pasó una noche y otra, y el sabio dio la espalda a una luna sumergida en un espejo y articuló una letra que parecía la dal, y desapareció la luna… Se quebró el espejo. Abrió la puerta una mujer y entró con el sabio en una caverna negra. Los guardianes de este cementerio preguntarán al sabio de la cueva: ¿qué país es un país? Dirá quien quebró el espejo: el país feliz, collados. Será sepultado en la caverna, y los guardianes colgarán otra luna sobre la puerta. Quizá pase otro tiempo semejante a la dal.

Sangre de la pata de un chacal junto al horno de un leñador que perdió una letra del nombre de un visitante invernal.

Un árbol sombrea un templo de monjes en Tikrit; después de una marcha de un día, en una hora hacia el oeste, llámalo cuando se oculte el dicho: Suaaba, o llámalo el Mausoleo de los Cuarenta. Esperamos a los mensajeros que nos traían lo que se nos ocultaba. Dijeron que se había desplomado la casa de un enviado rumí sobre el río. Decía todas las mañanas: esperad lo que va a venir de un país al que nunca oísteis mencionar. Moría solo. Clamaron los transeúntes: murió el extranjero, acarreamos su cadáver en la noche, arrojamos al río las velas de nuestro único loco y nos ausentamos en nuestras casas a la espera de que los mensajeros nos trajeran lo que se nos había ocultado cada vez.

Una nube viuda se desmiga sobre una ciudad egipcia; espera el griego la cosecha de algodón. Ése es un templo que espera ser adornado con un alminar. Llámalo cuando un transeúnte olvide saludar al río, la Mezquita de los Perfumistas. Las gradas de los sabios no daban cabida a todos… dijo el historiador. Unos transeúntes aclaman a unos mapas. Una mano rescata a un ahogado. Olvida el griego la cosecha de algodón, y su báculo señala la costumbre de los emigrantes de insultar a todas las ciudades. Se alejan los mapas, se aleja aquella nube con nosotros. Se apoya ese ciego en el tronco de un árbol para preguntarle a un leñador por un prolongado invierno. Espera el leñador a que duerma el ciego para ver las ruinas de una nube que cae como una ciudad. Dice el ciego: conozco esa ciudad. Braza. No me lavé en el antiguo zoco. Me delataron los cocineros ante el jefe del ejército. Me ocultaron los mozos de carga y los conductores de carro en tus barrios. Dijeron los mensajeros: perdimos un viaje en una hora hacia el oeste. Olvida el historiador la perplejidad del leñador; descuida una letra en el camino al invierno de unos enviados…

Rescata una mano a un ahogado,

labios para un beso sobre la frente…

Una letra parecida a dal fue grabada en el tronco de un árbol. Dijo un kufí: lo veré, esto no es magia, y cerró la puerta. El aire es verde, el agua amarilla; y el tapiz es un vapor de un muro que se colorea cada poco tiempo con sangre de la pata de un chacal. Los extraños que a él acudieron durmieron cerca de su casa una única noche. Por la mañana, el kufí contó lo que había visto. Una mujer de entre ellos le regañó: eso no es propio de la sabiduría que conocemos. Sangre es esta nube, oh enviado rumí, sangre que dijiste de un país, sangre de este jueves y ejércitos de varias cabilas. El ciego oye un grito: esta negrura es el jardín de Quraysh. Atabales para los reyes de las comarcas. El viento acarrea nuestros funerales sin lluvia, y un invierno nos despide hacia los campamentos del desierto. El collado nos hace oír el llanto de un rebaño que ha perdido a todos los ríos. Nos rodearon unos negros que se asemejaban a nuestros aldeanos. Conocí al jefe del ejército y a los cocineros del rey. Dijo un predicador deletreando nuestras palabras: baalun baala … Se equivocaron, no era un nombre. Braza. No me lavé en un antiguo zoco. Los mensajeros llevaron el manto de una anciana al collado para que una mitad muerta clamara: ésta es la paz de Atenas.

Un castillo como dote para una reina que perdió a su sabio en una caverna y un viento que acarrea funerales. ¿Qué país es un país, sabio? Un leñador perdió una letra que fue grabada en el tronco de un árbol, perdió un cadáver tendido de un árbol. No lo llamó un predicador de un pueblo que se nos parecía. Dijo: baalun baala. No era un nombre. Giramos hacia un visitante invernal que escuchaba la llegada de un humo. No había llegado todavía a su tumba, y él aún estaba caído sobre el pavimento cercano al café. Tendió una mano a lo alto del balcón que se asomaba a los astrólogos del oro del regreso. Articuló una letra semejante a la dal. Lo oyó un viejo ciego que guiaba con su muleta a una anciana que había visto en su himno el recuerdo de un cadáver colgado de un árbol. Dirá el historiador después de nosotros: es una sabiduría que se le ocultó al pretendiente al poder. Diremos en el himno: es un país que no sale de noche ni de día.

Kamal Sabti
(Irak 1954-2006)

Traducido por Milagros Nuin.

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Iraquíes – Kadhim Jihad

Iraquíes

Tropezando con trampas de la oscuridad,
estábamos así, girando, por largo tiempo,
alrededor del mundo,
cerca de su margen, ceñida de actos.

Nuestra idea del pecado
era incompleta e imprecisa,
no requería explicaciones.

Cuando uno de nosotros da un paso,
pues, se asegura bien de que no pisotee
el sueño de su vecino.

En nuestra cotidiana algarabía,
la compresión no era necesaria,
debía formar, a cualquier precio,
ese silbido oleado,
con el que uno se acuerda de su existencia.

De repente, nos golpeamos contra la tierra,
eso fue como la caída en la permanencia,
un chapuzón en el tiempo,
y una somnolencia sin fin.

Por largo tiempo, guardaremos ese silbido elevado,
y tomaremos el tiempo blando con cucharas parpadeadas.

Por largo tiempo, guardaremos
el asombro de los transeúntes
cuando recuperamos el aire
con pinzas,
haciendo cosas raras que eran, simplemente,
nuestras maneras de no ser.

Kadhim Jihad
(Irak 1955)

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