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Al-Baghdadi no está muerto y se oculta, dicen tropas kurdas

La presunta muerte de Al Baghdadi como resultado de un ataque aéreo en Siria fue reportada inicialmente por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia y aparentemente fue confirmada en un reporte de Reuters.

Pero la duda se está extendiendo ahora en medio de informes de que Al-Baghdadi se ha ocultado.

Un ministro iraquí del Interior dijo a la prensa que el jefe del grupo terrorista “probablemente todavía está vivo y se esconde cerca de Raqqa”.

“Estoy 99% seguro de que Al-Baghdadi está vivo y localizado al sur de la ciudad siria de Raqqa, tras informes de que había sido asesinado”, dijo a Reuters Lahur Talabany.

“No olvide que sus raíces se remontan a los días de Al Qaeda en Irak. Estaba ocultándose de los servicios de seguridad. Él sabe lo que está haciendo”.

El Observatorio Sirio de Derechos Humanos dijo la semana pasada que había información no confirmada de que Baghdadi había sido asesinado en Siria, pero funcionarios occidentales e iraquíes no pudieron confirmar las afirmaciones.

Por su parte, Jim Mattis, secretario de Defensa de Estados Unidos, señaló: “Nuestro enfoque es suponer que está vivo hasta que se demuestre lo contrario, y en este momento no puedo demostrarlo de otra manera”.

Con información de:Al Mayadeen 

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Qatar, epicentro de dos guerras: petróleo vs. gas y renminbi vs. dólar


Kuwait ha presentado a Qatar una lista de demandas de cuatro naciones árabes con las que cortó lazos a principios de junio de 2017. En la imagen una mujer qatari camina por las calles de Doha Foto Ap
Se manejan muchas causales –unas rocambolescas, otras muy peregrinas– sobre la ruptura dramática de la coalición de varios países árabes poderosos –encabezados por Arabia Saudita (AS), la mayor potencia económica de la región, y Egipto, todavía la mayor fuerza militar del mundo árabe hoy dislocado– con Qatar, diminuto país (con una superficie de 11 mil 581 kilómetros cuadrados) con el segundo mayor PIB per cápita del mundo (129 mil 700 dólares, detrás del paraíso fiscal europeo Liechtenstein) gracias a ostentar la principal exportación de gas natural licuado (LNG, por sus siglas en inglés) del planeta y a su ínfimo número de habitantes autóctonos (¡11.6 por ciento de la población total de 2 millones 258 mil!), encapsulados por la aplastante mayoría de trabajadores residentes primordialmente provenientes del subcontinente indio.

The Hill asevera que detrás la crisis de Qatar se encuentra la telenovela del pago de un rescate por mil millones de dólares de 26 personajes, con varios miembros de la familia real, que andaban de caza en Irak, secuestrados por Al Qaeda y cuya mitad fue pagada al gobierno de Bagdad (https://goo.gl/jsgnVs).

Otros novelistas británicos con pretensiones geopolíticas, afirman que se trata de una venganza del otrora empresario Trump por el desprecio a sus inversiones inmobiliarias y de casinos mafiosos en Qatar.

Seré más estructural con la profundidad geopolítica de la crisis que ha fracturado al Golfo Pérsico –enfrentando a las cinco potencias regionales del Medio Oriente: por un lado, AS, Egipto (e Israel en forma subrepticia), y por otro, a Turquía e Irán que apoyan a Qatar– sin contar la división interna del Consejo de Cooperación del Golfo cuando Kuwait (con una notable población chiíta de 40 por ciento) y Omán se han inclinado por una plausible cuan elusiva salida diplomática– no se diga la neutralidad de Argelia y Marruecos en el mundo árabe y, sobre todo, en el mundo islámico no-árabe, la ecuanimidad, que no nimiedad, de Pakistán: único país musulmán dotado de 130 bombas nucleares que comparte una frontera de 959 kilómetros con Irán y cuenta con una pletórica población chiíta (20 por ciento) inmersa en sus 200 millones de habitantes de mayoría sunita.

Muchos factores han acercado a la potencia sunnita no-árabe de Turquía con la potencia chiíta persa de Irán cuando destacan su mutuo apoyo a Qatar y su común aversión a la creación de un estado independiente kurdo.

Todavía no redacto las causales estructurales, a mi juicio, cuando ya brilla en todo su resplandor la hipercomplejidad de la grave crisis que enfrentan AS y Qatar que ha puesto de cabeza tanto al mundo árabe como al mundo islámico para el schadenfreude –placer que provoca el mal ajeno– de Israel, cuyo anhelo es balcanizarlos con el fin de prevalecer sola con su máximo de 400 bombas nucleares clandestinas.

El gobierno alemán –usualmente parco y prudente en sus apreciaciones globales– teme la detonación de una guerra regional en el Golfo Pérsico.

No es un asunto menor, que tiene como epicentro a Qatar y coloca en relieve dos simultáneas guerras estructurales: 1. La del petróleo (encabezado por AS) contra el gas (el componente LNG de Qatar) y, 2. La del dólar de EU con el renminbi chino.

Entre las 13 exigencias perentorias, transmitidas por la loable intermediación de Kuwait, que han exigido cuatro países árabes –AS, Egipto, Emiratos Árabes Unidos y Bahréin– para que cumpla Qatar en un plazo de 10 días, destaca el alineamiento (sic) militar, político, social y económico (¡supersic!) con los otros países del Golfo y el mundo árabe, en línea (sic) con el acuerdo logrado con AS en 2014.

Más que alineamiento parece más bien la alienación y la capitulación de Qatar.

Pese a la asfixia en sus únicos 87 kilómetros de frontera terrestre con AS que encabeza un boicot por cielo, mar y tierra –sin contar la pérdida de 13 mil millones de dólares en sus activos bursátiles y la obligada importación de alimentos de Turquía, Irán y Omán–, Qatar cuenta con cartas nada desdeñables: desde sus prósperos Fondos Soberanos de Riqueza (https://goo.gl/Txfs57) –que le han permitido invertir en grandes empresas de Gran Bretaña y Alemania–, pasando por la principal base militar de EU en la zona, hasta la nueva base militar de Turquía.

Alá ha deseado que Qatar comparta geográficamente con Irán su mayor fuente de ingreso de su pletórico yacimiento gasero en el Golfo Pérsico (los contiguos Campo Norte de Doha y el Campo Pars Sur de Teherán) y cuyas transacciones son retribuidas con la divisa china renminbi debido a las sanciones cada vez más asfixiantes de Trump contra la antigua Persia al haber adoptado sin rubor la irredentista política exterior del primer israelí Netanyahu acoplado con el ultraortodoxo judío Jared Kushner, yerno del polémico empresario-presidente.

Tal como pintan las cosas al corte de caja de hoy, se ha gestado la competencia de dos estratégicos oleogasoductos para desembocar en el mar Mediterráneo con mira en el relevante mercado europeo: 1:El de AS-Jordania-Israel, y 2-El de Qatar-Irán-Siria-Turquía.

Ya habrá tiempo para detallar la guerra del petróleo de AS y del LNG de Qatar para centrarme en forma sucinta en el primer centro regional del renminbi en Doha.

Desde hace dos años opera en Qatar un Centro de Compensaciones & Liquidaciones con la divisa china renminbi, según Economist Intelligence Unit, propalado por HSBC (https://goo.gl/xq7jmR), lo cual, a mi juicio, no podía quedar sin respuesta disuasiva por EU que lleva en su conciencia a dos cadáveres conspicuos que intentaron fugarse de los grilletes globales del dólar-centrismo petrolero –el ahorcado iraquí Saddam Hussein, quien se atrevió a formular la permutación de petrodólares por petroeuros,y el libio sodomizado (literal) Muamar Kahadfi quien pretendió lanzar el dinar-oro en lugar de la chatarra del billete verde–, sin contar el extraño accidente aéreo en Rusia de Christophe de Margerie, jerarca de la petrolera gala Total, quien pensaba realizar sus transacciones en petro-rublos en lugar de dólares (https://goo.gl/ZLNH36).

El Centro Renminbi de Qatar es operado por el banco chino ICBC, el mayor del planeta que ayudará en teoría a facilitar los flujos comerciales de China con Qatar y la región.

Hoy las petroleras estatales chinas CNOOC y PetroChina son recipiendarias de las cada vez más crecientes importaciones de LNG qatarí (con la estatal QatarGas,la mayor del mundo), detrás de Japón, Surcorea e India.

La Autoridad de Inversiones de Qatar diversifica sus Fondos Soberanos de Riqueza y ya empezó a invertir en empresas chinas: ICBC, Banco Agrícola de China, Citic Capital (22 por ciento) y Lifestyle International (20 por ciento), mientras la constructora China Harbour Engineering Company y Sinohydro participan en la infraestructura de Qatar que apoyó en forma entusiasta la creación del legendario banco AIIB de patrocinio chino (https://goo.gl/ASe5ho).

El Centro Renminbi de Qatar epitomiza el desplazamiento del dólar en su otrora feudo inexpugnable del Golfo Pérsico, hoy fracturado, cuando se vislumbra la muy riesgosa fase del advenimiento del petroyuan.

¿Dejarán celebrar la Copa Mundial de Futbol en 2022 en Qatar?

Don Alfredo Jalife-Rahme

Por Alfredo Jalife-Rahme
Con información de:La Jornada

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Los dos entierros del señor Balfour

El político británico Lord Arthur Balfour señala una característica de la Iglesia del Santo Sepulcro al gobernador Sir Ronald Storrs durante una visita a Jerusalén, abril de 1925 [Getty]

El cristiano sionista frente al judío antisionista

Hace cien años hubo un político británico racista, obsesivo e imbuido de una mística cristiana por la que se creía representante de designios divinos. Se llamaba Arthur James Balfour. Era el paradigma del hombre blanco británico colonial fabricado en la matriz evangélica e imperialista de la era Victoriana. Como primer ministro en 1905 promulgó una ley de extranjería prohibiendo la entrada en Gran Bretaña de los judíos que huían de pogromos (masacres) en la Rusia zarista. Años después, en 1917, como Ministro de Asuntos Exteriores, hizo que el gobierno británico prometiera entregar un trozo de tierra, Palestina, al minúsculo movimiento sionista internacional de entonces (Weizmann, Rothschild) sin preguntar su opinión a los nativos de esa tierra.

Es la Declaración Balfour que cumple este año su centenario, una inmoral e ilegítima decisión, desencadenante del genocidio y limpieza étnica del pueblo palestino a manos de extranjeros que invadieron su tierra empujados por el Imperio Británico. Cuatro millones de judíos habían abandonado Europa desde 1880 hasta Balfour, mayoritariamente al continente americano, y sólo 100.000 judíos europeos emigraron a Palestina siguiendo la llamada del sionismo. La idea mayoritaria era que, como judíos, nada se les había perdido en Palestina como para ir a vivir allí. Lo mismo que piensan los miles de millones de cristianos del mundo.

Así que se debía invertir esa tendencia, y como dijo el propio Balfour: “el sionismo, equivocado o acertado, bueno o malo, es más importante que los deseos o prejuicios de los 700.000 habitantes árabes que viven en esa tierra”. Nada diferente a la tradición colonial de Europa, que llevaba 500 años disponiendo de tierras y nativos a su criminal capricho. Lo único novedoso es que esta aberración ocurrió en ese siglo XX de la Declaración Universal de Derechos Humanos.

Las razones para apropiarse de Palestina eran imperialistas, económicas, racistas y simbólicas-bíblicas. Entre ellas, controlar el Canal de Suez y la ruta a la India, poseer una vía de salida al Mediterráneo para el petróleo descubierto en lo que hoy es Iraq, y que otros (los palestinos) pagasen la factura de la irresuelta intolerancia y xenofobia occidental contra nuestros compatriotas judíos europeos, mostrándoles la puerta de salida del continente en lugar de asumir valores inclusivos con este grupo social/religioso.

La mitología bíblica se encargará de encubrir todos esos factores con un “renacimiento de Israel”. Israel, el sujeto; los palestinos, los objetos.

Así pues, tenemos en Balfour al prototipo de hombre cristiano, racista, antijudío, pero sionista. Muy parecido a lo que son EEUU o la UE hoy en día con sus leyes rechazando a refugiados y a la vez actuando de metrópolis coloniales del enclave israelí.

Ser antisemita (utilizaré este término como símil equivocado de antijudío) y ser sionista (defensor de Israel como estado colonial de extranjeros que buscan reemplazar a la población nativa), son dos características casi siempre ligadas en estos cien años, tal como vaticinó en su diario el fundador del sionismo Theodor Herzl “los antisemitas serán nuestros amigos más confiables, y los países antisemitas nuestros aliados”.

Y frente a Balfour, sentado en el mismo Consejo de Ministros, otro miembro del gabinete se opuso enérgicamente a ese destino para Palestina. Era el único judío, era antisionista, y además Secretario de Estado para la India: Edwin Samuel Montagu. Era lo más parecido a un progresista actual, contrario a las matanzas británicas en la India y partidario de entenderse con Gandhi. A la postre estas posiciones le valieron su marginación de la política. Respecto a Palestina, firmó un Memorándum (del que también se cumplen cien años) denunciando el antisemitismo del gobierno británico y la tragedia que provocaría el plan sionista de ocupación colonial de Palestina.

En su brillante y lúcido texto que, cien años después, sigue hoy atronando, advirtió de que “no existe un pueblo judío; nada tienen que ver un judío francés o un judío moro, salvo la religión, como tampoco son de la misma nación un cristiano francés y un cristiano británico (…) quizá se busca que la ciudadanía se obtenga ahora por medio de un intolerante test religioso”, “Palestina ha tenido un papel importante en la historia judía, pero aún mayor en la cristiana y musulmana. A partir de ahora todos los países expulsarán a sus ciudadanos judíos, y al apropiarse de Palestina, ellos expulsarán a sus habitantes actuales palestinos”.

Sostener el artefacto israelí profundiza el fracaso democrático europeo

Puede parecer extraño que Montagu, judío, tuviera que ser el que denunciara la “dañina ideología sionista”, pero tal como llevan repitiendo muchos intelectuales judíos o rabinos antisionistas, “la mayoría de los sionistas del mundo no son judíos, sino cristianos evangélicos”. Un ejemplo reciente es el de la primera ministra británica Theresa May, que se confiesa cristiana anglicana, y sionista, y hace unas semanas declaraba que en este año del centenario “los británicos deben enorgullecerse de Balfour y su legado”.

Por el contrario, otras británicas combaten y combatieron el sionismo, como la misionera cristiana Frances Emily Newton, que se enfrentó a Balfour cuando éste visitó Palestina en 1925, donde ella vivió 50 años. Acusó al gobierno británico, a la Sociedad de Naciones y al Gobernador británico de Palestina de privilegiar injustamente a la minoría judía recién llegada frente a los palestinos, y denunció la represión brutal inglesa a las protestas. Cuando murió, desde Londres quisieron despreciarla diciendo que “en apariencia era una mujer británica pero con mentalidad palestina”.

Theresa May elige la huida hacia adelante saltando por encima de los cadáveres y refugiados palestinos. Aún peor, los humilla. Hace unos meses, una ONG Palestina realizó una petición oficial al Gobierno Británico para que Londres pidiera disculpas por Balfour y sus efectos catastróficos. La respuesta de Theresa May fue humillante, arrogante y respaldando incondicionalmente a Israel en sus acciones fuera de la ley. Añadió su profundo orgullo en crear un estado basado en la religión y un “hogar seguro” para los judíos por las persecuciones que sufrieron en Europa. En su respuesta va implícito el fracaso de las supuestas ideas democráticas europeas inclusivas y el fracaso de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. ¿Habría que crear un estado cristiano para que los miles de millones de cristianos del planeta huyan a vivir a Belén o Nazaret como predican opinólogos indocumentados europeos en los medios?

En este año del centenario de la Declaración Balfour y sus criminales consecuencias, no hay ningún recuerdo para Montagu o Emily Newton. Y menos aún, ningún recuerdo ni petición de perdón a los palestinos. Cualquier reflexión autocrítica sobre Balfour resquebrajaría la legitimidad del Estado de Israel. Los imperios coloniales, incluida España, han preferido justificar sus crímenes mediante su superioridad moral frente a los bárbaros, en lugar de reconocer y pedir disculpas por sus actos.

El primer entierro del señor Balfour y los aniversarios de su herencia: 100, 70, 50, 10

Balfour tuvo su primer entierro al morir en 1930 y no llegó a ver la totalidad de la catástrofe humana y geopolítica que impulsó. A pesar de su muerte, dejó un legado cómplice de aumentar la intolerancia europea y la dominación a pueblos del mundo a los que se negó la voz y la autodeterminación.

Esa herencia se expresó durante el represor mandato británico sobre Palestina con miles de encarcelamientos, muertos y ejecutados, para poder cumplir la voluntad de Balfour de entregar la tierra a los extranjeros. Su legado continuó en la ilegítima partición de Palestina en 1947 por la recién nacida ONU (50 países, muchos semicoloniales). De nuevo la ilegalidad de silenciar a los habitantes de la tierra e impedirles decidir su destino, entregando el 50% de la tierra a los recién llegados que sólo eran un 30% de la población en Palestina. De esa Resolución de la ONU también estamos en su 70 aniversario. Al año siguiente se aprobó la Declaración Universal de Derechos Humanos. Aprobar una cosa y la contraria en apenas doce meses. Por cierto, los españoles y portugueses sabemos mucho de utilizar a una autoridad mundial para repartirnos el mundo de forma aberrante sin preguntar a los nativos: el Papa Alejandro VI y el Tratado de Tordesillas.

La herencia de Balfour prosiguió entre 1947 y 1949 con la limpieza étnica por los israelíes expulsando a 800.000 palestinos de su tierra y asesinando a miles, continuó con la expulsión de 1 millón de judíos de países árabes y musulmanes como presagió Montagu, y continúa hasta hoy con más apropiación de tierra por Israel, más desposesión, más expulsiones y más masacres de palestinos. 50 años de la ocupación del resto de territorios palestinos y los Altos del Golán. Hoy en los territorios ocupados, los palestinos viven en guetos urbanos y rurales desconectados por centenares de checkpoints, y en Gaza en el mayor campo de concentración del mundo del que se cumplen también 10 años de su bloqueo inhumano. Fuera y dentro de Palestina, sobre un total de 12 millones, 8 millones de palestinos viven como refugiados o desplazados internos (350.000 israelíes-palestinos dentro de Israel) a escasos kilómetros de la que era su casa, con o sin estatus y atención legal.

Todos estos aniversarios de la genética colonizadora del artefacto Israelí: 100, 70, 50, 10, han sido encubiertos por la eterna y falsa charlatanería de mesas de negociación, “procesos de paz” y “solución de dos estados”. Tras el telón de esta farsa de escenario se esconde la mayor cantidad de legislación internacional incumplida impunemente por ningún otro estado en el planeta. Cada aniversario ha ido profundizando el cambio de terminología para abordar la situación de Palestina en los medios occidentales: “guerra de Gaza” en lugar de masacre a población civil encerrada, “terrorista” para negar el legítimo derecho a la resistencia frente a un invasor.

El propio concepto indebido de “antisemita” también ha sido manipulado: hace 80 años era muy “antisemita” decirle a la alemana Ana Frank que no debía vivir en Frankfurt y tenía que ser expatriada a Jerusalén. Hoy, por el contrario, los sionistas y los grandes medios de comunicación nos llaman “antisemitas” a quienes rechazamos que deba existir un estado para y por las personas de religión judía, construido sobre la colonización de la población nativa y la impunidad de incumplir toda la legalidad internacional.

El segundo entierro del señor Balfour, en el horizonte aunque sin fecha

Y sin embargo, el señor Balfour tendrá un segundo entierro. Será enterrada su ideología y será enterrada la construcción estatal sionista. El experimento de ingeniería social que representó el nacimiento de Israel, y el laboratorio de represión y control social en que se ha convertido, tendrán un final.

Por supuesto, como dice el periodista y ex-preso político palestino Mussaab Bashir, “no se trata de solucionar la catástrofe palestina creando un desastre para los judíos. Significa que tenemos que pensar en un futuro común, en un nuevo pacto social sobre esta tierra, en un país que tenga una nueva Constitución, una nueva bandera y dos idiomas oficiales, el árabe y el hebreo”. Se trata de construir un estado democrático para todos los habitantes desde el río Jordán hasta el Mediterráneo.

Y ese horizonte llegará. Aún no tenemos fecha para él y el camino seguirá anegado de sangre palestina. Pero en términos históricos ningún estado colonial ha podido perpetuarse. No hace falta remontarse a los estados cruzados medievales, tenemos Sudáfrica muy próxima. En términos demográficos tampoco tiene futuro ese modelo de estado. Un 22% de la población actual de Israel es palestina (casi dos millones), israelís-palestinos de aquellos 100.000 nativos que consiguieron resistir a la expulsión de 1948. Las previsiones son que en unas décadas llegarán a ser el 30%-40% de la población de Israel y eso aterroriza a Tel-Aviv, que ya está ideando cómo profundizar su Apartheid interno (también hay judíos de segunda y tercera clase en Israel), advirtiendo de que los israelopalestinos “deberán irse, quedarse como extranjeros o enfrentarse al ejército israelí”.

El motor para aproximar ese horizonte histórico y demográfico serán las estrategias y decisiones políticas.

En occidente no tenemos ni idea de lo difícil que es para un pueblo establecer unas estrategias de resistencia a más de un siglo de perspectiva, y sus fluctuaciones entre éxitos-fracasos. Desde los tiempos de la lucha armada abierta, a las terribles concesiones palestinas de los Acuerdos de Oslo, pasando por la actual huelga de hambre de 1.600 presos y presas políticas palestinas silenciada en Europa, y en los últimos años la creciente llamada de Boicot a Israel, que por supuesto no es antijudía como tampoco era “anti-hombre blanco” el Boicot a Sudáfrica del Apartheid. Igual que la demografía aterroriza, también las estrategias políticas exitosas palestinas llevan a Israel a la histeria. Y esto es así con el incremento del boicot internacional, al que intentan combatir destinando todo un Ministerio y multiplicando por veinte los recursos, esfuerzos, y su represión, pero de forma fallida como Tel Aviv reconoce en informes internos.

Así que el horizonte del segundo entierro de Balfour se aproxima aunque nos pueda parecer lo contrario. Hay momentos históricos en los que se acerca más rápido y otros más despacio, según la gasolina de las circunstancias y estrategias políticas, pero el motor del avance palestino a la paz con justicia es la resistencia. Existir es resistir, y la resistencia proporciona un avance unidireccional hacia ese día en que el sionismo saldará su deuda a Montagu, a Emily Newton y, sobre todo, al pueblo palestino, porque como dicen en Palestina, y aunque hayan pasado cien años, una deuda no prescribe si alguien con legitimidad la sigue reclamando.

Por Daniel Lobato
Activista en solidaridad con Palestina, Kurdistán y Oriente Medio.
Con información de: Infolibre

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