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El arte del teñido en Al-Ándalus: Un mundo de colores

1)  Introducción:

Bastantes son las fuentes literarias y excepcionalmente iconográficas que nos  dan una idea de cómo y cuales pudieron ser los colores usados en Al-Andalus a la hora de vestirse  y reconstruirlos  históricamente.

Estos tejidos procedían de hilos que eran teñidos por profesionales llamados tintoreros (As-Sabbágín)  con fábricas (Masáni’) y talleres  instalados a las afueras de las ciudades por cuestiones higiénicas y de salubridad social.   Eran estas fábricas las que suministraron madejas enteras de hilos teñidos a los talleres textiles estatales (Dar al Tiráz),  a  otros particulares, a menudo gremiales y en poblaciones más pequeñas talleres familiares, donde maestros (ustad) y aprendices  hacían estos tejidos con la ayuda de vecinos y en los más pequeños, de otros parientes.  Había talleres donde trabajaban en telares principalmente mujeres (especialmente habilidosas para el bordado) y niños, cuyas pequeñas  manos podían tejer telas con muchos hilos y entramados y más finas.

Hubo prendas hechas en telas de color monocolor pero  muchas de ellas, en un gran porcentaje,  tenían diseños y esquemas de clara procedencia oriental, llegadas  por influencia sasánida, hindú, sogdiana,  copta y bizantina primero al Medio Oriente islámico y reelaboradas desde allí  al resto del “Dar-al-Islam” (o tierras conquistadas por el Islam).

A Al-Andalus estos tejidos con dibujos llegaron a la Península bien  por transmisión directa, como tejidos  importados desde Oriente y Asia Central  o bien como el bagaje cultural de los propios  árabes que llegan a España (recordemos los árabes sirios llegados con Abd  Ar-Rahmán I en el 740  que radican en  Jaén, Valle del Guadalquivir y Vega de Granada y en algún caso procedentes de  Asia Central,  la zona de Balkh, y que  pudieron traer consigo estas tradiciones culturales y de diseño textil  centroasiáticos y mediorientales y transmitirlos en Al-Andalus.  Esta filiación de estos sirios con Balkh nos  lleva a teorizar con la posible difusión directa de motivos del Asia Central y  Oriente Medio.).

Sin embargo, es  interesante reseñar que ya había una cierta estética orientalizante en el  arte visigodo penínsular de influencia bizantino-sasánida con la presencia de  diseños similares a las figuras animalescas o las orlas perladas (rotata).  Estos motivos artísticos orientales los veremos con  los frescos de Sta. Eulalia de  Bóveda,  el paño conservado en S. Isidoro de León y vulgarmente conocido como de  “Al-mu’tamid de Sevilla” y continúa en el  bestiario artístico visigodo enriquecido con los grifos o los leones  afrontados de Chelas, los pájaros afrontados de S. Pedro de la Nave junto a los motivos vegetales conocidos como follaje alejandrino los bípedos o  cuadrúpedos  reales y fantásticos de  Quintanilla de las Viñas, que representan un muestrario de  aves de acusado estilo sasánida en similitud con la hallada en las excavaciones  de Ctesifonte (actual Irán).

De este arte orientalizante llegado por una o varias de estas vías se nutren  los diseños que veremos en las telas califales las más anteriores que nos han  llegado hasta ahora de lo que fue Al-Andalus. En esta etapa aún tenemos las  orlas con bolitas, nacidas de los famosos “collares de perlas” sogdianos y de las orlas sasánidas y bizantinas (“rotata”)   hasta figuras enfrentadas dentro o fuera de orlas, motivos heráldicos y  mitológicos orientales (leones, águilas, grifos, el simurg persa….), figuras  enfrentadas en espejo, inscripciones  coránicas o benefactoras para el portador de la vestimenta, motivos geométricos  de cenefas,  vegetales (piñas, el Árbol  de la Vida, etc…)  y hasta motivos figurativos: Hombres y mujeres,  jinetes,   etc…

Posteriormente estos diseños se reelaboran y acaban por crear un estilo  andalusí propio de tejido que poco a poco de desliga de Oriente y se personaliza hasta culminar en el reino nazarí, con motivos  occidentalizantes.  Otro caso son los  tejidos mudéjares que recogen este bagaje cultural (turáth) y lo reelaboran siglos después al gusto de sus clientes  cristianos ibéricos

Tenemos la suerte de contar con una gran colección de tejidos  hispanomusulmanes de todas las épocas que han llegado hasta nuestros días que   destacan por su variedad cromática, textil y de diseño y que han sido  recientemente investigados por medio de avanzados equipos de análisis.

Para conocer en qué eran empleados estos tejidos, una posible y fiable  fuente es la iconografía de la época.  Aunque  tenemos poca iconografía andalusí para el periodo califal, sin embargo, las  obras coetáneas mozárabes conocidas como los Beatos  nos muestran una riqueza en el color de las vestimentas usadas por personajes supuestamente musulmanes y su combinación.  Posteriormente,  otras producciones como la andalusí Riyad wa Bayad (mediados siglo XIII), las Cantigas o el Libro de los Juegos (finales del siglo XIII) y las  pinturas de la Sala de los Reyes de la Alhambra (siglo XIV) nos muestran la  riqueza y colorido en el vestir musulmán y permiten reconstruir un tipo de  vestuario y los colores en ellos usados para hombres y mujeres.

Desde los primeros tiempos de los tejidos eran una muestra del escalafón  social al que pertenecía el portador de la vestimenta:  Cuanto más rica y   compleja era la vestimenta, mayor poder adquisitivo tenía quien la  vestía.  Asi tenemos los tejidos monocolor o diseños muy simples que eran llevados por las clases populares frente al empleo de telas ricas llegadas  desde Oriente o producidas en la propia Al-Andalus con colores más ricos en  brillo, matices, composición y diseño.

Los colores resultantes  se combinaban entre sí,  y por ejemplo  sabemos que en algún caso ciertas combinaciones de colores debían omitirse o  eran armónicas, tal como lo cuenta Ibn Quzmán en  este ejemplo en su Diwan:

“Quien lleve traje celeste de telares de Almería,/ no puede llevar capote  que no sea verde pistacho”

Sobre la producción de tejidos y su teñido en Al-Ándalus, Ibn Hawqal  comentaba en su “Kitab surat al-Ard”:

 “… se fabrican diversos tejidos de lana; entre otros, el más bello  terciopelo armenio que se pueda imaginar, que se vende muy caro, sin contar los  tapices  de hermosa calidad. En los tejidos de lana tintada y en otros tejidos, a los   cuales se aplica el tinte, hay maravillas  obtenidas con hierbas especiales de Al-Andalus.

Se tintan fieltros del Magreb, excelentes y costosos, y seda, con los  diferentes  colores que se prefieren para  el adúcar y seda cruda. También se exporta brocado.  Ningún especialista de ningún otro país  iguala a los de Al-Andalus en la confección   de los fieltros… Los productos de calidad media son accesibles a todo el mundo, sin  tener que pagarlos muy  caros…”.

2)  Los tintoreros (As-Sabbagín)

Siendo un trabajo artesanal, la práctica y los  conocimientos técnicos eran  impartidos y  enseñados en el propio taller por jefes o capataces a los aprendices.  Los tintoreros tenían dentro de los zocos y  alcaicerías sus propios barrios y corporaciones gremiales (alamín).  Este conocimiento era un secreto profesional  y  quedaba restringido a los miembros del  gremio y sus personas de confianza (familiares especialmente).

Tenían sus tenerías, cubetas e industrias fuera de las  ciudades debido a los olores que despedían y   a que el teñido, al usar agua, era contaminante, ya que expulsaba el  agua coloreada resultante, llena de sustancias químicas y restos, a los ríos.

Durante la Edad  Media la mayoría de los tintoreros fueron   judíos, y era algo frecuente en todas las provincias del islam. Posteriormente, los propios musulmanes y después, los  moriscos, monopolizaron los trabajos relacionados con el tinte de las madejas, siendo significativo que se conservase la nomenclatura islámica de alamín   dada a la corporación  de los tintoreros. Sólo la expulsión y dispersión de los moriscos tintoreros  tras la Guerra de las Alpujarras pondría fin a esta tradición de teñir excepción hecha con ciertas familias moriscas   de la ciudad de Granada a las que le fue permitido quedarse tras las sublevaciones de 1570.

¿Cómo se teñían estos tejidos? Producidos y tejidos ya  estos hilos se organizaban en madejas de un peso fijo, luego se introducían en  grandes tinas o cubetas donde se disolvía la  sustancia colorante junto a otra fijadora llamada mordiente  que era como una sustancia fijadora que  ayudaba a que se adhirieran mejor los tintes.   El mordiente estaría  hecho según  en qué casos, de alumbre (o jeve,del árabe, shabb o shabúb), crémor tártaro, sulfato de cobre (zách, en español azeche o caparrosa), almazarrón o tierras  ocres o cenizas.

Los colores que más habitualmente se produjeron fueron  los primarios: el azul, el rojo y el amarillo, ya que tenía las sustancias para  teñir más accesibles y fácilmente extraíbles y   producidas en nuestro país.

A veces las fibras textiles no se teñían y se usaban en  su color natural, pero lo normal es  que  estuviesen teñidas, no sólo para dar belleza al los tejidos sino para darles  una protección extra.

3)  Colores y origen:

AZULES:

Fue un color muy usado en  toda la historia de Al-Andalus desde el emirato al reino nazarí e incluso en  las etapas más austeras en el vestir como la almorávide y almohade.  El azul   (al-sibag al-samawí), se  conseguía a través de varias sustancias: Una, de producción nacional, accesible a  todas las capas sociales y otra más cara, importada, que convertía el tejido en  un artículo de lujo y exótico solo accesible a la realeza y a los estratos más altos de la sociedad andalusí.

-La más barata y asequible se fabricaba a partir de la  Isatis Tinctoria, glasto o hierba pastel.  Ibn al-Awwam la llamó  nil al-bustani, el índigo de los jardines y más  modernamente se la conoció como “Áspide de Jerusalén”. El nombre de pastel  viene de la pasta que  se hace con las hojas  de la Isatis para obtener el  colorante. Se cultivaba en varias zonas, y  especialmente en Toledo y Granada y se cosechaba en mayo o junio  el producto   para el tinte, y parte del este  producto, ya elaborado en forma de panes otortas se requisaba  para el  tirâz en agosto.

-El  otro tinte de azul era el índigo o “indikon” en griego. Era un ingrediente ya  conocido en época romana y  procedía  quizás de la India tal como lo indica su étimo.   Este índigo oriental podía ser obtenido a partir de sustancias animales  como la del caracol Hexaplex Trunculus, minerales como la del lapislázuli (tal  como viene explicado en una receta de teñido mesopotámica) y de plantas autóctonas  indias de la familia de las  Indogiferas.  A Al-Ándalus llegó como género importado a  través de comerciantes judíos, y daba como resultado un precioso y exótico azul  muy estimado en la producción de tejidos de lujo en Al-Andalus (época califal,   taifa y reino nazarí) que contrastaba con el azul de la hierba pastel.

ROJOS: 

El  rojo era un color vinculado a la nobleza y realeza andalusíes y desde el  nacimiento del Reino Nazarí de Granada, pasó a ser el color heráldico por  excelencia de los Nazaríes hasta la caída de su reino en 1492.  En las Cantigas aparece un estandarte farpado  nazarí, mientras que una de las prendas andalusíes más antiguas, la marlota de  Boabdil, también tiene este color.

Sin embargo,  los más rigoristas recomendaban que este color fuera vestido sólo por mujeres ya que era considerado un color propio de infieles (kuffâr) y porque no era un color decente para un hombre de pro.

Esta prohibición se aplicaba sólo a las prendas 100% teñidas de rojo,  pero si llevaban otro color o combinaciones geométricas como rayas etc… estaba permitida vestirla también por los hombres. En este grupo estaban las telas de rayas rojas y negras conocidas como hullah y procedentes del Yemen.

-Otra manera de teñir rojo procedía  de varias fuentes, por un lado, de la planta conocida  como rubia (Al-fuwa en árabe) o granza, Rubia tintorum, que daba un color  rojo anaranjado.  Se cultivaba en Medina Sidonia (cerca de  Sevilla)

-Para  dar un rojo muy vivo  tenían el quermes,  kirmiz  o carmesí, que se  obtenía de un insecto hembra de la familia de las cochinillas llamado Coccus Iilicis  y era parasitario de las encinas y robles, especialmente de la conocida como amûra en  romance y coscoja hoy, fue llamada popularmente la  “grana de los tinteros”.  Este insecto tiene forma de  grano (y de granum procede la palabra “grana”).

Fue muy famoso el rojo “granada” o grana de la zona de  Sevilla. Según Ibn al-Baitar, el famoso  recopilador de farmacopea andalusí, el kermez procedía de Asia, pero rápidamente se hizo muy habitual en  España, aunque  por otro lado, tenemos constancia de su uso en la Antigüedad, por lo menos  desde la época romana, aprovechándose para producir la llamada “púrpura bistincta”  que llevaban los senadores romanos en sus togas.

– Otro  elemento para teñir rojo era la madera Brasil, muy usada en el periodo nazarí.  Tenía su origen en Sri Lanka (antigua Ceilán)  y llegaba a Al-Andalus a través de los puertos árabes y desde ahí a Egipto y el   resto del Mediterráneo.

-Las  flores del cártamo o alazor, al-usfur en árabe o Carthamus Tinctorius en latín , también  llamado azafrán bastardo, daban un rojo anaranjado. Era famoso el de Niebla y  el de Sevilla, que  se recogían en junio  para el tiraz cordobés, en época califal.  El tinte resultante se llama mafdam y era recomendado por los tradicionalistas para las mujeres, pero no para los hombres, se basaban para ello en un hadíz transmitido por At-Tabarí que en el que el Profeta Muhammad al presentarle un tejido teñido con alazor dijo: “Dejen esa flor (hablando del alazor o cártamo, nota nuestra) para las mujeres”.

– La   henna (al-hinna) o alheña, se usaba no sólo como  sustancia cosmética sino como ingrediente de   teñido machacando las hojas, lo que daba un rojo anaranjado  El uso de este  tipo de tinte en lugar de la granza se consideraba un fraude, porque el color resultante se alteraba con el sol. Se   cultivó en Córdoba, Sevilla y la Alpujarra, donde los moriscos  continuaron sus plantaciones hasta el siglo  XVI.  La época de recolección nos la  determina un anónimo calendario popular nazarí del   siglo XV a finales de agosto.

AMARILLOS Y ANARANJADOS:

Las  tres sustancias utilizadas para la obtención de las tonalidades de amarillos  fueron la gualda (Reseda luteola) conocida desde la Antigüedad en Europa,  el azafrán. (Crocus sativus) y en  menor medida las bayas persas  (Rhamnus  Tinctorius).

-El  azafrán se introdujo en la Península en época musulmana; ya en el  siglo IX se convirtió en  uno de los  principales productos de exportación y al-Andalus en uno de los países  productores y exportadores más importantes .  Si se utiliza solo, se caracteriza por  su  tono dorado; con mordientes de aluminio y estaño, los tonos son anaranjado y  amarillo respectivamente.  El azafrán se extraía  de los estambres de la flor homoníma (za’faran)  o Crocus sativu.

El de la  mejor calidad, procedía de  Toledo y  Baza. Según el calendario antes citado del siglo XV la recogida del azafrán en  el reino de  Granada se daba en el mes de  noviembre.

-Otra manera de obtener amarillos se dio  a partir de Rhamnus tinctorius  o baya persa  que era cultivado en la franja del Pirineo apareciendo  como sustancia  en el almaizar de Hixam II conservado hasta nuestros días.

-La gualda o Reseda Luteola,  se usó desde la Antigüedad y era ya conocida en España antes de la llegada de los musulmanes.  Con ella se obtenía un amarillo más pálido, menos   vivo, y su teñido era costoso con lo que el teñido y la ropa final  producidas se encarecían.

NEGRO Y MARRONES:

En la tradición islámica el negro era un color vestido por hombres y mujeres.  Los hadices hablan de que el Profeta Muhammad vestía una burda (capa o manto) negro y un turbante del mismo color.  El negro sólo se usaba para uso cotidiano pero no para el luto.  Como curiosidad decir que en algunos países se usa el negro como color de luto, pero los juristas islámicos lo consideran una bi’dah o innovación de influencia cristiana que no hay que seguir.

Se obtenían tonalidades de negro de la mezcla de tatinos con sustancias vegetales.  Los taninos son sustancias  procedentes  de distintas especies del reino vegetal y presentes sobre todo en  sus cortezas y agallas que podían tener un  36-58% de taninos. Los descubiertos en los tejidos andalusíes son el  zumaque  (Rhus coriaria), las  agallas de nuez y  roble (Cypis gallae tinctorae y  Quercus infectoria),   el té negro (Camellia sinensis), la  cascara de nuez (Junglans nigra) y las   raíces de Acoro falso, en latín, Iris psuracorus.

Las tonalidades se obtenían usando una goma  junto con los taninos de estas plantas  no sólo como sustancias teñidoras sino como  fijadores o mordientes. Y decir que este negro resultante no lo era del todo, sino que era un gris muy oscuro.

BEIGES:

-Los beiges se conseguían a base de taninos y el   resto de los colores mezclando los tintes anteriores.

VERDES:

Era un color afamado en al-Andalus junto con los tejidos rojos, simbólicamente era y es el color del Islam.  Por ejemplo,  los descendientes del Profeta, sus familiares  y amigos (los “xorfas” o shurafâ’ en árabe), llevaban turbantes y túnicas de  este color. Se conseguía combinando colores primarios como el azul índigo y el  amarillo (del azafrán):

-Según el Calendario de Córdoba  se  obtendría del cardenillo (zinyar) o del albayalde. Seguía una tradición  anterior de origen visigodo.

-Ibn ‘Abdún de Sevilla (siglo XII) denunciaba actividades fraudulentas de  los tintoreros y drogueros de la ciudad para conseguir unos verdes a partir del  tinte de henna o alheña:  “Algunos drogueros emplean las hojas de la  pequeña cambronera (en árabe jullab) para verdear la alheña, porque en efecto,  esta hierba da a la alheña brillo y un verdor muy brillante; pero es un fraude”

-Sin  embargo, las investigaciones realizadas sobre los tejidos hispano-musulmanas confirman también que se  obtenían gamasde verdes mezclando el azul del índigo hindú o el glasto (hierba pastel) y el  amarillo del azafrán, aunque este fue un  color más común en los tejidos mudéjares que en los propiamente nazaríes.

VIOLETAS, PÚRPURAS:

Los púrpuras fabricados a  la manera clásica con la concha y sustancias de los caracoles de la familia  Murex se perdieron tras la caída de Roma.

Hasta entonces se producían unos púrpuras que iban desde el azul  violáceo al rojo violeta y al violeta en sí.   Sin embargo, los árabes encontraron formas de imitarlo mezclando colores  ya conocidos o productos que imitaban los antiguos tintes de la Antigüedad.  Incluso había teñidos púrpuras que al reaccionar con la luz del sol daba  ciertos reflejos dorados.

-Por un lado, por combinación de un tinte azul  con uno rojo (por ejemplo, hierba pastel para  el azul y la granza o rubia para el rojo).   Esta sería la versión más cara   aunque la más común en las tenerías andalusíes.

-También se usaron con colorantes naturales  derivados otras plantas, hongos y líquenes. Entre estos últimos, en Marruecos  eran conocidos los líquenes llamados llamados orcela u orchilla de  Mogador,   de los que se hacía una pasta  tintórea y  que podía ser mezclada con  diversas sustancias  e ingredientes para  obtener distintas tonalidades de púrpura.

-De  las bayas del aligustre se extraía un tinte morado.

BLANCOS:

-Normalmente era el blanco crudo natural, casi  crema, del propio tejido (seda, oro, etc…) y era un tejido no tratado.   El blanco era considerado por tradición el  color de la pureza y  humildad espiritual  y así está recogido en un hadith de la Sunna del Profeta.   El blanco era considerado en el Derecho Islámico un color recomendado (mustahabb) para que lo usasen los vivos y para envolver a los muertos, tal como consta en el hadiz narrado por   Ibn ‘Abbás, quien dijo: “El Mensajero de Allah (SaS) dijo: ‘Usad ropa blanca, pues es    la mejor de todas, y amortajad a vuestros muertos con ella'”. (Reportado por Abu  Dawud y al-Tirmidhi; clasificado como sahih por al-Albáni en  su obra “Ahkám  al-Yanâ’iz”.   El blanco también es el color preferido en el Hachch, la Peregrinación a la Meca,  para el ihrám  de los hombres (ropa especial para el Háchch), que consiste de un izár  (prenda inferior) y una rida’ (prenda superior).  Estas prendas constituían a su regreso parte del sudario del difunto, al igual que en las mujeres un vestido blanco y varios velos eran la ropa reglamentaria en el sudario femenino.

 Fue un color llevado por ejemplo por sufíes y  hombres religiosos (alfaquíes, ulemas, cadíes…).  En Al-Ándalus y el Magreb fue el color  tradicional del luto en distintos periodos históricos de la España Musulmana.

4)  Conclusiones:

La calidad de los productos dependía en gran parte del  proceso de tintado de las  madejas, por lo que se promulgaron ordenanzas dirigidas a los tintoreros. En Al-Andalus se prohibió el   uso de ingredientes fraudulentos que aparentaban una calidad que no  alcanzaban y que  con el paso del tiempo  destruían el tejido o acababan desapareciendo como ya hemos visto en el caso  del uso de la alheña para conseguir tonalidades verdes que mencionara Ibn  ´Abdún de Sevilla.

También se reguló el  etiquetado y se creó una especie de “denominación de origen” ya que se dio una picaresca que vendía al doble o triple de su costo  imitaciones de tejidos orientales o  centroasiáticos que en realidad eran occidentales (andalusíes o incluso, mudéjares), aún así algunas de estas falsificaciones llegaban a tener escrito un “Hecho en Bagdad”  consiguiendo engañar a potenciales clientes,  especialmente si eran exportadas a la España o la Europa cristianas. También había una picaresca en el peso de los  rollos de telas y los precios de éstas.

Se encargaba de regular estas prácticas fraudulentas el “Sâhib as-Sûq” o  “Señor del Zoco” (en castellano antiguo, “zabazoque”) y cargos a él asociados como los almotacenes (al-Muhtasibún) y los “Sabios del Zoco” (Ahkâm as-Sûq).  Los subalternos eran los ´awn.

Por Mabel Villagra (Arabista)
Con información de:Historia y arabismo

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Carmel Hassan: me molestan el paternalismo y la condescendencia

Carmel Hassan, ingeniera informática ©Javier Flores

-ingeniera, mujer, joven y feminista. ¿Lo suyo es la provocación?

Feminista es una palabra casi tabú, pero es una necesidad. Mientras exista el machismo no se puede ser otra cosa.

-Como mujer, el camino de las ingenierías ha debido recorrerlo muy en solitario.

-Fue sorprenderme ver cómo cada vez había menos mujeres. En realidad uno normaliza mucho su situación, no piensa que sea un problema ser mujer hasta que entras en una clase, apenas hay chicas y empiezas a recibir un trato diferente.

-¿Cómo de diferente?

-Paternalista, condescendiente…

-¿Molesta?

-Al principio crees que es normal, pero luego te haces mayor y, sí, molesta. Te dices, pero si estoy igual de preparada, ¿por qué me tengo que sentir más insegura que un compañero?

-¿También en la empresa?

-También hay paternalismo y condescendencia, pero sobre todo son los comportamientos, los comentarios y las conversaciones. Al crearse más dominancia masculina las conversaciones se tornan en charlas de bar… Aunque también soy optimista y creo que las cosas están cambiando.

-Usted ha escrito: “No hay leyes que nos discriminen y mi generación contó afortunadamente con las mismas oportunidades de acceso a la educación sin distinción de género”. ¿Entonces?

-La cultura y la sociedad tienen que cambiar para que la igualdad sea real. Ninguna ley te dice que no puedes acceder a un trabajo o estudiar, pero luego no existen los mecanismos para que sea así de hecho y cuando no hay transparencia los prejuicios y los estereotipos dirigen las decisiones.

-¿Por qué creó Yes we tech?

-Tenía interés en conocer la comunidad de mujeres en tecnología en Málaga y saber si podíamos unir fuerzas para ser más activas en la actividad tecnológica en la ciudad. La idea era crear una comunidad feminista, reivindicar que se eviten lenguajes y situaciones machistas en el sector de la tecnología, y trabajar en formación.

-¿Cuántas son?

-Tenemos un canal de Slack en el que estamos 39 y un meetup donde somos más de 300.

-¡Muchas!

-Sí.

-¿Poco visibles?

-Al menos no lo suficiente. Yes we tech quiere darles visibilidad y ver los roles profesionales que ejercemos.

-¿Qué teme?

-Mujeres programadoras hay pocas y son estos perfiles los que se valoran más. Las mujeres estamos mucho más en la parte visible del software, en tecnologías de la información, en diseño o en calidad. No es bueno ni malo, pero curiosamente se valoran más los puestos donde están los hombres.

-¿Por qué tan pocas mujeres estudian ingenierías?

-A medida que avanzas en los estudios hay menos mujeres. Cuando tienes que decidir con 16 años el tipo de bachillerato a estudiar hay tendencia a seguir a la masa, al grupo de amigos y amigas para no sentirte sola.

-¿Faltan modelos?

-También. La publicidad, el cine y la televisión han creado personajes relacionados con la tecnología con los que no se identifican las chicas, y en los libros de clase no aparece ninguna mujer destacada en ciencia o tecnología.

-¿Es difícil hacer carrera profesional?

-Hasta cierto punto no, pero sí a la hora de entrar en las redes de contactos que se crean a través de los eventos en los que se mueven las empresas tecnológicas.

-¿Por qué?

-Creo que es casi psicología grupal. Vas a un evento y a lo mejor te vuelves a encontrar sola. Interactuar con la gente es más complicado cuando los hombres se sienten más cómodos hablando entre ellos y parece que hablar con las dos únicas mujeres de la sala va a ser raro.

-¿Una ingeniera tiene que demostrar constantemente lo buena que es?

-No siempre pero sí a lo mejor a la hora de tomar decisiones, ver quién promociona o cómo se valora tu trabajo en público. Las cosas son muy sutiles, depende mucho de la cultura de los jefes y jefas, de la cultura de promoción y de la transparencia. Cuanta más transparencia mejor, se evitan sutilezas y endogamias. La falta de transparencia siempre perjudica a las mujeres porque es muy difícil demostrar que alguien no promociona porque es mujer.

-¿Cree en las cuotas?

-La discriminación positiva ayuda a resolver situaciones de desigualdad. En tecnología se parte de una cultura machista y puede ser una solución porque fuerza una situación de conciencia, de anormalidad y de necesidad de cambiar los métodos para buscar talento y garantizar la transparencia.

-¿Faltan emprendedoras en tecnología?

-He conocido pocas. Desde luego cualquier mujer necesita el apoyo de la familia para dar ese paso porque emprender significa invertir tiempo, corazón y seguramente dinero y no es una decisión de una persona sola, necesita que la pareja apoye esa iniciativa.


Hija de un refugiado

Carmel Hassan (Granada, 1987) confiesa que ha tenido mucha suerte. De pequeña tuvo a su alcance el ordenador de sus hermanos mayores, que despertó su curiosidad por una profesión que no conoce fronteras porque se aplica “de la medicina al arte”, es innovadora y circula a velocidades de vértigo. Hija de un refugiado palestino “del 48, enfatiza para subrayar aquella generación que tuvo que abandonar su tierra tras la guerra árabe-israelí, confiesa que sufre con proximidad e intensidad la “indignante y tristísima” situación de los refugiados. “Es revivir una y otra vez…”.


Por Encarna Maldonado
Con información del Diario de Sevilla

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Lejos del horizonte perfumado

En 1967 se produjeron los acontecimientos
que cambiaron el rumbo de mi vida.
Aquel año, en junio, el Estado de Israel
ocupó militarmente mi espacio vital…
Salah Jamal

A raíz de la ocupación-invasión israelí, iniciada en 1947, miles de palestinos han sido asesinados, despojados de sus tierras y obligados a desplazarse bajo el amparo y la complicidad de numerosos países de Occidente.

Salah Jamal (Nablús, Palestina, 1951) se vio en la necesidad de exiliarse en Barcelona ante el terror impuesto por Israel entre sus coterráneos y la impunidad de la que aun hoy en día goza.

Derivado del abandono de su patria, Jamal escribió una novela titulada Lejos del horizonte perfumado (RBA, 2004). Escribir desde la distancia ofrece a los lectores la posibilidad de conocer las experiencias –siempre dolorosas– de cómo enfrentar el exilio, la soledad y enfrentarse a mundos nuevos, no por iniciativa propia, sino orillado a hacerlo por cuestiones políticas.

En Lejos del horizonte perfumado, el también médico, historiador y profesor cuenta la historia de un joven beduino llamado Mohammed Pirjawi Unnab Jalilidin Osrama Lumary, a quien las circunstancias de la vida convierten en Mohammed Pujol, dada la complejidad de pronunciar su nombre completo de corrido.

Ante el despojo israelí, el joven palestino abandona su tierra y el destino lo coloca en Ciudad Condal, Barcelona, donde su familia cuenta con una amiga que se dedica a la prostitución.

En un mundo completamente nuevo para sus ojos, el muchacho aprenderá a manejarse en los bajos fondos, entre prostitutas, ladrones y un sinfín de personajes que le permitirán acceder a un universo completamente ajeno al suyo.

Entre sus andanzas por Barcelona, Mohammed conoce a una mujer de la alta sociedad que le ofrece la posibilidad de lo sensual, el misterio de los cuerpos: accede a la educación sentimental.

Las estadías del joven en la casa de esta mujer permiten a Jamal ofrecer una muestra de la cocina árabe con recetas, rituales, aromas… De tal forma que el lector disfruta, entre párrafo y párrafo, sabores y aromas que envuelven a la lectura en un ambiente ameno, perfumado; cada platillo se enreda en la nariz y ello convierte a esas páginas de la novela en un platillo extra.

La obra en cuestión también aborda la pérdida, la soledad, la nostalgia, el amor y el deseo. Y Salah Jamal lo hace mediante formas sutiles y directas, con altas dosis de ternura y un amplio conocimiento cultural de las sociedades enfrentadas. Porque el texto ofrece la posibilidad de conocer y desvelar ambos mundos: el árabe, con sus creencias, sus rituales, y el occidental de los años setenta y principios de los ochenta, particularmente el catalán, con el avistamiento de los cambios radicales que suponían avances de la humanidad en materias diversas.

Pero no todo es nostalgia en la historia. Desde los primeros párrafos, el autor ofrece múltiples episodios divertidísimos que dan cuenta de que no se trata de una novela cubierta con el manto de la tristeza y la nostalgia. No. En la historia nos enfrentamos a anécdotas de desencuentros con la justicia («hice más visitas a las dependencias policiales que a la universidad»), el descubrimiento de un mundo que le permite descubrir una ciudad de la que, también tiempo después, sentirá nostalgia.

El humor de Jamal provoca carcajadas. La aparente ingenuidad de Mohammed se comienza a desmoronar desde las primeras lecciones de aprendizaje que conllevan su nueva vida; retrata asimismo ambas sociedades con los viajes del muchacho a su tierra natal y los retornos a Barcelona.

Entre las páginas desfilan diversos personajes divertidos, como el propio padre del protagonista; o El Gallina, un tipo al que conoce en Barcelona y que es líder de Los Pollitos, delincuentes de poca monta que se meten en líos que los colocan en situaciones sumamente divertidas.

Es decir, la novela abarca temas que lo mismo transitan por la denuncia –la ocupación y el despojo de Israel contra los habitantes de Palestina–, el aprendizaje –los encuentros de Mohammed con la mujer que lo acoge en sus brazos–, el humor –hay innumerables pasajes muy divertidos.

En fin, Lejos del horizonte perfumado es una lectura recomendada para quienes buscan conocer de primera mano otra cultura, para paladear entre las palabras, divertirse con anécdotas y episodios, degustar una obra que dejará un grato sabor al llegar su última página.

Por Jorge Arturo Hernández
Con información de: La Unión

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