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La misión imposible del nuevo Papa

El banquete de Belshazzar' Rembrandt

El pontífice que será elegido en el cónclave, recibirá una iglesia en crisis y tendrá, entre otras, la inmensa tarea de recuperar la confianza de millones de personas y erradicar una burocracia manchada por la corrupción y el abuso.

En su momento, Joseph Ratzinger admitió que el papado es demasiado grande para un hombre.

Varios días después de haber sido electo en el 2005, el Papa Benedicto XVI -como escogió llamarse- habló como si estuviera en shock. En su primera misa pública, preguntó: “Debo asumir esta enorme tarea, que realmente excede la capacidad humana. ¿Cómo puedo hacerlo?”.

En un encuentro con compatriotas alemanes al día siguiente, Benedicto XVI sorprendió a sus feligreses al comparar la experiencia de ser elegido en la Capilla Sixtina con sentirse mareado al observar la hoja de una guillotina cayendo sobre él.

Ahora ha optado por romper seis siglos de tradición y renunció. Y la Iglesia Católica se pregunta si en una era de democracia, televisión ininterrumpida y Twitter, el actual papado -modelado en la monarquía de la era del Renacimiento- sufrirá la misma suerte.

Hubo escándalos de abuso sexual, disputas con musulmanes y judíos, sospechas de lavado de dinero en el Banco Vaticano y meteduras de pata comunicacionales. Los achivos privados robados por el propio mayordomo de Benedicto XVI han documentado la corrupción y las peleas internas entre funcionarios de alto rango del Vaticano.

Benedicto XVI entrega una institución de 2 mil años con una reputación mancillada. Sus enseñanzas son desafiadas por un mundo cada vez más secular y los sacerdotes deben esforzarse por servir a su creciente población.

El hombre que lidere la mayor Iglesia del mundo debe ser un guía espiritual para millones de personas, una inspiración para los oprimidos y el administrador de una burocracia vaticana disfuncional y envuelta en riñas internas.

“Ningún hombre en su sano juicio busca el peso del papado”, comentó George Weigel, un prominente teólogo católico en Washington D.C. “Es por definición imposible, porque pide a un hombre asumir una carga de liderazgo que ningún ser humano puede absorber por sus propios medios”, agregó.

El desafío de los cardenales que entrarán al cónclave el martes es aprovechar la oportunidad para enfrentar los problemas e identificar reformas que ayuden al próximo Papa a lidiar con ellas. El trabajo de liderar a los cerca de mil 200 millones de católicos en el mundo debe ser hecho por un hombre.

Thomas Reese, un erudito jesuita y autor de Inside the Vatican, lo define en forma simple: “Lo que están buscando es a Jesucristo con una maestría en administración de negocios”.

¿Qué salió mal?

Para llegar a la raíz de los problemas de la Iglesia, algunos miran más allá del papado de Benedicto XVI hasta llegar a 1978, cuando tras un período turbulento el Papa Juan Pablo II ocupó el trono de San Pedro para reafirmar la doctrina católica ortodoxa y la autoridad vaticana.

El entonces cardenal Ratzinger era el vigilante doctrinal de un papado vigoroso que ahogó la discusión sobre temas como el rol de la mujer en la Iglesia o asuntos sobre la sexualidad humana.

Ese problema quedará expuesto por la ausencia de un hombre en el cónclave. El mes pasado, el cardenal de Escocia Keith O’Brien se unió a las filas de hombres de fe denunciados por abusos sexuales.

Sacerdotes más jóvenes se quejaron de que O’Brien se había comportado inadecuadamente con ellos en la década de 1980. Desde entonces, se ha disculpado por una conducta sexual “por debajo de los estándares esperados de mí”.

El Papa Benedicto XVI lidió con casos de abuso sexual en los últimos años del papado de Juan Pablo II, y cuando se convirtió en Papa, comenzó en forma audaz.

Ordenó que el reverendo Marcial Maciel, fundador de la estricta orden de los Legionarios de Cristo y uno de los favoritos de su predecesor, se retirara a un monasterio como penitencia por su vida secreta como el padre de varios hijos, abusador sexual de seminaristas y consumidor de drogas.

Además, se disculpó por los escándalos y sostuvo reuniones privadas con víctimas de abusos como parte regular de sus visitas al extranjero.

Encubrimientos

Pero la suciedad seguía apareciendo. Cuatro informes oficiales sobre abusos de religiosos contra niños en Irlanda durante cuatro años expusieron detalles sobre pecados de sacerdotes y cómo la jerarquía los encubrió.

Uno de ellos dijo claramente que el Vaticano era cómplice, lo que provocó una reprimenda alguna vez impensable por parte del primer ministro Enda Kenny. La embajada de Dublín en la Santa Sede fue cerrada a fines del 2011 y las relaciones continúan tensas.

Entre diciembre del 2009 y abril del 2010, tres obispos irlandeses renunciaron y se disculparon por su mal manejo de los casos de abuso en sus diócesis.

También en el 2010, un obispo alemán abandonó su cargo y se disculpó por abusar físicamente de niños. Un obispo belga dimitió tras admitir haber abusado de sus propios sobrinos menores de edad.

Un obispo chileno acusado de abusar de un acólito se retiró en el 2012, afirmando que había cometido “un acto imprudente”, pero que el muchacho no era menor de edad.

Tal nivel de “tolerancia cero” no siempre se aplicó a los obispos que protegían a los depredadores en sus diócesis. El cardenal Roger Mahony de Los Angeles se mantuvo en el cargo durante años pese a acusaciones -que posteriormente se probó que eran genuinas- de que protegió a sacerdotes abusadores.

Mahony ha admitido haber cometido “errores” y dijo que fue ingenuo sobre el impacto de los abusos.

El obispo Robert Finn aún dirige la diócesis de Kansas City tras ser condenado por no alertar a las autoridades sobre una gran cantidad de pornografía infantil encontrada en el computador de un sacerdote y se disculpó “por el daño que han causado estos eventos”.

En estos y otros casos, el patrón fue que la Iglesia sólo actuó bajo presión resistiéndose a los llamados a castigar a obispos que habían manejado mal los incidentes.

Los católicos que ven a los políticos avergonzados por escándalos sexuales y a los ejecutivos despedidos por mala administración se preguntan por qué los que toman las decisiones en la Iglesia no deberían ser responsabilizados.

“Deseamos que llegue el día en que los representantes de la Iglesia anuncien que este cardenal o este obispo va a ser degradado y por qué cosa (…) Funcionarios de la Iglesia quieren limpiar las cosas”, comentó David Clohessy, jefe de la Red de Sobrevivientes de Abusados por Sacerdotes.

No existen cifras centralizadas para medir el impacto de estos abusos en las finanzas de la Iglesia.

Pero en Estados Unidos un estudio realizado en el 2006 por el Centro de Investigación Aplicada en el Apostolado de la Universidad de Georgetown (CARA, por su sigla en inglés) en Washington, mostró que los católicos fueron menos generosos hacia sus diócesis tras el 2002, el año en que se desataron los escándalos.

Los católicos, en una señal de que desconfían de los obispos, siguieron contribuyendo en general, pero dieron más dinero a sus parroquias o caridades independientemente de sus diócesis, dijo Mary Gautier, asociada de investigación de CARA.

Desde el 2005 al 2011, la Iglesia ha pagado más de 2 mil 300 millones de dólares en acuerdos por resolver casos de abusos, afirma CARA.

En Alemania, alrededor de 180 mil personas abandonaron a la Iglesia Católica en el 2010, un aumento de un 40 por ciento respecto del año previo.

La tasa se redujo a 127 mil el siguiente año, cerca del nivel normal de desertores por motivos financieros u otros.

Retroceso de la fe

Los abusos no son la única razón que llevó a los católicos a dar la espalda a la Iglesia. Una retirada general de eventos religiosos organizados deja perplejos a muchos líderes que crecieron en sociedades donde la Iglesia tenía una enorme influencia.

El cambio es más evidente en Europa, el corazón tradicional del catolicismo. Ocho años después de que el cardenal Ratzinger escogiera el nombre papal de Benedicto en honor al santo patrono de la región, los bautismos, apostolados y matrimonios todavía siguen cayendo.

La tendencia tiene consecuencias políticas. Gobiernos y tribunales alrededor del mundo han ignorado las objeciones de la Iglesia y han legalizado las uniones o matrimonios entre personas del mismo sexo y han insistido en que las agencias de adopción católicas deben ayudar a parejas homosexuales a encontrar un hijo.

Incluso en la sumamente católica Polonia, los políticos están proponiendo una separación clara entre el Estado y la Iglesia.

El alcalde de la ciudad sureña de Czestochowa, cuyo monasterio y la famosa pintura de la Virgen Negra atraen a millones de peregrinos cada año, desea ofrecer a las parejas la opción de un tratamiento de fertilización en vitro, rechazado con firmeza por el Vaticano.

Los obispos en Europa y América del Norte han comenzado a defender con mayor energía las enseñanzas de la Iglesia debido a las presiones políticas. En Filipinas, el único país de Asia con una mayoría católica, las tendencias laicas han llegado al punto en el que Manila aprobó una ley de planificación familiar pese a la fuerte oposición de la Iglesia.

El rol de las mujeres

En el suburbio de Evaston en Chicago, la abogada Lynne Mapes-Riordan ya se está preparando para un cambio y sigue estudiando para asumir un rol de liderazgo que la Iglesia no permite por el momento.

“Espero que abran esto a las mujeres alguna vez”, dijo la mujer de 50 años y madre de dos niños. “No tengo ningún indicio particular sobre cuándo podría ocurrir”, sostuvo.

Las restricciones para las mujeres son una medida cada vez más desactualizada en un mundo donde ahora asumen una infinidad de tareas que van desde soldados a presidentas ejecutivas.

La canciller alemana, Angela Merkel, es la política más poderosa de Europa y hasta países musulmanes han tenido mujeres desempeñándose como primeras ministras.

Muchos dicen que la Iglesia no puede operar sin las mujeres porque ellas traspasan la fe como madres y educadoras religiosas. De todas formas, en la atmósfera tradicionalista alentada por Benedicto XVI, pequeños avances como la posibilidad de que niñas suban a los altares como monaguillas han sido eliminados.

Incluso las mujeres que no están a favor del sacerdocio femenino -algo que el Vaticano descarta por completo- cuestionan el rol que la Iglesia Católica les ha otorgado a ellas y a sus hijas.

Sondeos realizados en Estados Unidos muestran que las mujeres católicas menores de 30 años son menos religiosas que sus pares masculinos de la misma edad: un 45 por ciento asiste a misa una vez al año o menos, en comparación con el 39 por ciento de hombres.

Cuando en un estudio de la Universidad de Indiana se les preguntó si tenían total confianza en las organizaciones religiosas, el 16 por ciento de los hombres dijo que sí. Pero ninguna de las mujeres respondió afirmativamente.

La hermana Patricia Wittberg, una socióloga que hizo el estudio usando datos del 2002 al 2008, dijo que se trata de la primera generación de católicas estadounidenses que es menos religiosa que los hombres.

“Eso, en mi opinión, es extremadamente negativo (…) ¿Quién va a bautizar a esos niños?”, inquirió.

África conservadora

El nuevo Papa estará bajo presión para dirigir a la Iglesia en momentos de un profundo y masivo cambio en la procedencia de la mayoría de los fieles.

Alrededor del 68 por ciento de la población católica del mundo se encuentra ahora en Latinoamérica, África y Asia, pero eso no se refleja en el Vaticano. Europa todavía cuenta con 61 cardenales entre los 115 electores que ingresarán al cónclave, mientras que el mundo en desarrollo tendrá apenas 39, cerca del 34 por ciento del total.

Estos católicos del sur del mundo están lejos del bloque central de liderazgo. Cada área tiene su propio foco y el manejo de las diversas prioridades regionales requiere las habilidades de un diplomático experimentado.

La África subsahariana ha sido la región de más rápido crecimiento de la fe en el mundo en el último siglo, al llegar al 16 por ciento de la población católica del globo en el 2010 desde apenas un 1 por ciento en 1910. Y los católicos africanos son mucho más conservadores que los del Hemisferio Norte.

“África está fuertemente a favor de mantener las creencias católicas”, dijo el reverendo Isaac Achi, cuya iglesia situada cerca de la capital nigeriana de Abuya perdió 44 fieles cuando un atacante del grupo Boko Haram condujo un auto lleno de explosivos hacia el edificio en la Navidad del 2011.

“Luchamos contra el aborto, los homosexuales, las lesbianas y los métodos anticonceptivos”, sostuvo.

Miles de kilómetros al oriente, en Luwero, Uganda, el mecánico Kizito Emmanuel de 38 años está de acuerdo. “No queremos ningún cambio”, declaró. “La planificación familiar no necesita de estas píldoras. No estoy de acuerdo con que los sacerdotes se casen”.

Protestantes más prácticos

La pobreza acosa también a muchas congregaciones latinoamericanas, pero los principales desafíos de la iglesia están en las incursiones hechas por las iglesias evangélicas y pentecostales en lo que alguna vez fue un bastión católico.

Esas iglesias protestantes ofrecen servicios más ágiles, ayuda práctica para los pobres y un mensaje alentador más alineado con las economías en crecimiento del continente, que con el sacrificio que a los católicos les enseñan que deben padecer.

La cantidad de personas que abandonan la Iglesia Católica es dramática. En Brasil, el país católico más grande del mundo, hoy un 65 por ciento de la población es católica, una profunda caída desde el 92 por ciento que se registraba en 1970.

Miriam Vargas Nunes, una mujer de 35 años con dos hijos de Niteroi, cerca de Río de Janeiro, dejó la Iglesia Católica hace una década después de visitar una iglesia bautista con amigos. “Me sentí mucho mejor recibida que en una misa católica”, dijo.

En Argentina, Claudia Valenzuela, de 26 años, se unió a un grupo evangelista de estudio de la Biblia hace dos meses después de perder su empleo y no encontrar a nadie en la Iglesia Católica que la consolara.

Gran parte de este cambio se ha producido con la migración de trabajadores rurales a las grandes ciudades. Y el éxodo se ve también entre las comunidades latinas en Estados Unidos.

Un sondeo de Gallup el año pasado estimó que había un 54 por ciento de católicos y el número estaba cayendo, y un 28 por ciento de protestantes. La cantidad de latinos sin ninguna religión aumentó al 15 por ciento desde el 11 por ciento en el 2008.

Un abismo clerical

También crece la falta de sacerdotes, particularmente en países occidentales. Hay tantos cerca o más allá de la edad de retiro que la iglesia enfrenta un “abismo clerical”.

El catolicismo está centrado en sacramentos, especialmente la eucaristía en la misa, que sólo hombres ordenados en la iglesia pueden dar. Sin curas, las iglesias o parroquias locales no pueden operar.

Los rangos del clero en Europa y América del Norte comenzaron a debilitarse a fines de la década de 1960, a medida que los sacerdotes descontentos se fueron y pocos hombres ingresaron. Aquellos que permanecieron se están muriendo y los nuevos no son suficiente s para reemplazarlos. En Estados Unidos, por ejemplo, había 58 mil 632 sacerdotes en 1965 y sólo 38 mil 964 el año pasado.

Irlanda, alguna vez un gran exportador de curas, tuvo sólo seis ordenaciones en el 2010, año en el que 55 sacerdotes murieron. Polonia fue el único país europeo con números positivos, registrando 516 ordenaciones frente a 285 muertes.

Pero aún allí, las muertes se están acelerando mientras que las ordenaciones disminuyen.

Incluso en África, un lugar de auge de nuevos sacerdotes, no está al nivel del crecimiento de la población católica.

Esto significa una creciente carga de trabajo. Los sacerdotes usualmente deben trabajar en más de una parroquia para compensar la falta de colegas.

Las parroquias están siendo reagrupadas en unidades mayores para compartir personal. En América Latina, donde sólo hay un sacerdote para más de 7 mil católicos comparado con uno por cada mil 500 en Europa, la escasez es vista como una razón por la que muchos han encontrado mejores opciones en los movimientos evangélicos.

Curando la curia

Dentro del Vaticano, el nuevo Papa tendrá que enfrentar a la Curia, una burocracia de siglos de antigüedad dominada por clérigos italianos, que pueden hacer o destruir un papado porque pueden bloquear o demorar proyectos.

La mayoría de los cardenales ponen alto en sus listas de prioridades para el futuro la “gobernabilidad” o “reforma de la Curia”, diciendo que otros cambios pueden partir desde allí.

El escándalo de “Vatileaks” el año pasado mostró corrupción y luchas internas en altos niveles, y la Curia tampoco es conocida por la eficiencia en sus filas. En el Vaticano, que engendró el término “nepotismo” por los papas del Renacimiento que daban trabajo a sus sobrinos (“nipote” en italiano), las contrataciones no siempre son en base al mérito.

La influencia de la Curia dentro de la Iglesia es sorprendente porque tiene sólo dos mil integrantes, quienes usualmente dejan su trabajo temprano en la tarde.

No hay reuniones de gabinete y la coordinación interna entre los departamentos, que incluyen tareas como mantener la doctrina católica, nombrar nuevos santos o promover la unidad cristiana, es irregular. Allí prevalece una atmósfera serena de cortesía que remite a un mundo antiguo.

Weigel, el teólogo estadounidense, ha identificado una serie de reformas que un determinado Papa puede hacer, incluyendo introducir una semana de 40 horas laborales, cambiar un equipo de italianos a otro realmente internacional y crear un equipo ejecutivo para el pontificado.

Pero ninguna reforma estructural funcionará, dijo, si el personal tiene una mentalidad gerencial en vez de verse a sí mismo como misioneros que trabajan para el Papa.

“La Curia aún está profundamente influenciada por los hábitos de trabajo italianos y eso es problemático”, afirmó. “Si miras al resto de esta sociedad, verás que no está funcionando muy bien”, concluyó.

Fuente : La Jornada

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La mano de Fátima y sus muchos significados

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La obra abarca desde la sublevación de las Alpujarras (1568) hasta la expulsión de los moriscos de España (1609). Su protagonista, Hernando Ruiz, es un joven morisco –como se les llamaba a los musulmanes que habitaban en España, desde el siglo VIII al XV– de hermosos ojos azules, que se entera, a los 14 años, de que su nacimiento es el fruto de un estupro. Su madre, la morisca Aisha, fue violada en su juventud por un sacerdote católico. Más tarde, es entregada en matrimonio a un musulmán que no la ama (de hecho solo se casa con ella por la dote, que consistía en dos mulas) y mucho menos quiere al pequeño Hernando, a quien los musulmanes llaman “el Nazareno”, en alusión a su padre biológico.

Nótese que la situación de los musulmanes que habían quedado en la Granada de la época –protegidos por las condiciones de la capitulación y la política apaciguadora del confesor real y primer obispo de la ciudad, Fray Hernando de Talavera–, se vio alterada por la presión ejercida por el nuevo confesor, el cardenal Cisneros. Este “impuso la cristianización forzosa de los moriscos, así como la eliminación de su cultura, el establecimiento de nuevos y gravosos impuestos y la supresión de su autonomía administrativa”, como apunta el autor en su nota aclaratoria, a modo de epílogo.

De manera que, dentro de estas condiciones tan adversas para los moriscos, Hernando se debate entre dos religiones: la cristiana –que aprende en la Iglesia Católica– y la musulmana –cuyas enseñanzas recibe, a escondidas, de Hamid, un anciano musulmán. “¿Qué era él? Andrés (el sacristán) se había volcado en su instrucción más que en los otros muchachos del pueblo. El sacristán lo había tratado mejor que su padrastro. ‘Sabe hablar árabe y castellano, leer, escribir y contar’, sostenían interesadamente por su parte los moriscos. Y, sin embargo, Hamid también le había tomado bajo su custodia, y ya fuera en los campos o en su choza le enseñaba con tesón las oraciones y la doctrina musulmana, la fe de su pueblo”. Esta disyuntiva se le presenta a Hernando en un momento en que su vida depende de su respuesta: la sublevación de las Alpujarras ya ha comenzado y su madre tendrá que salir en busca de Hamid para que este demuestre la “verdadera” fe de Hernando.

Al igual que en su novela anterior, La catedral del mar, el protagonista pugna por sobrevivir –y triunfar en todo lo que se propone: tanto en su vida personal, como en la profesional– en un medio muy desfavorable, dada su doble condición.

Un evidente propósito del autor es lograr un acercamiento entre ambas religiones, la cristiana y la musulmana, algo que intentaron en aquella época algunos musulmanes. Es bueno aclarar que la mano de Fátima (también conocida como al-hamsa) es “un amuleto en forma de mano con cinco dedos, que, al decir de algunas teorías, representan los cinco pilares de la fe: la declaración de fe ( shahada) ; la oración cinco veces al día ( salat); la limosna legal ( zakat); el ayuno (ramadán) y la peregrinación a la Meca al menos una vez en la vida ( hach)” . Debo anotar que este amuleto también aparece en la tradición judía. Coincide además con que es una de las joyas que les prohibieron labrar a los plateros moriscos. Fátima es quizás el único nombre común a las dos religiones: la Virgen de Fátima y Fátima como la hija de Muhammad (BDP).

Por Elena Martí
Fuente: El Nuevo Herald

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Myriam – La Virgen Madre

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En el planeta Tierra, existían cuatro agrupaciones de seres humanos, que veían en el cielo terso de sus místicas contemplaciones, el acercamiento del Gran Misionero: Los Esenios, congregados en número de setenta en las grandes grutas de las montañas de Moab, al oriente del Mar Muerto, otras porciones en la cordillera del Líbano, y los montes de Samaria y de Judea, mientras los que tenían familia y hogar, se hallaban diseminados en toda la Palestina, y éstos formaban como una segunda cadena espiritual dependiente de los que vivían solitarios y en celibato.

La segunda agrupación se hallaba en Arabia, en el Monte Horeb, donde un sabio, astrólogo de tez morena, había construido un templo-escuela a sus expensas, y con ochenta y cuatro compañeros de estudios y de meditación, buscaban de ponerse en la misma onda de vibración que las inteligencias invisibles, cortesanos del Divino Ungido, que entraba en el sueño preparatorio para, la unión, con la materia física.

Era Melchor el príncipe moreno, que habiendo tenido en su primera juventud un amor pasional profundo como un abismo, y fuerte como un huracán, le había llevado a la inconsciencia del delito; le había arrancado o un joven pastor, la tierna zagala que debía ser su compañera, con lo cual causó la desesperación y la muerte de ambos.

Melchor, buscando curar el dolor de su culpa, derramó la mitad de su cuantiosa fortuna a los pies de todas las zagalas de su tierra para cooperar a sus bodas y a la formación de sus hogares. Y con la otra mitad construyó un Templo Escuela, y llamó a los hombres desengañados por parecido dolor que el suyo, que quisieran buscar en la serenidad de lo Infinito, la esperanza, la paz y la sabiduría.

Estaba como incrustado en el monte Horeb, entre los cerros fragorosos de la Arabia Pétrea, a pocas millas de Dizahabad, por lo cual los de esta ciudad portuaria les llamaban los ermitaños Horeanos, que fueron respetados y considerados como augures, como astrólogos y terapeutas.

La tercera agrupación se encontraba en Persia, entre las montañas de la cadena de los Montes Sagros, a pocas millas al sur de Persépolis, la fastuosa ciudad de Darío.

El templo se hallaba a la vera de un riachuelo que naciendo en las alturas de los Montes Sagros, desembocaba en el Golfo Pérsico. Comúnmente les llamaron en la región “Ruditas” debido a Rudián, célebre médico que vivió entre los solitarios, cuyos cultos eran como resonancia suave del Zend-Avesta, y origen a la vez, de los dulces y místicos Chutas, que repartían su tiempo entre la meditación, la música y él trabajo manual.

Era Baltasar, el Consejero en esta Escuela de meditación y de sabiduría, y a ella había consagrado la mayor parte de su vida que ya llegaba al ocaso.

Y por fin la cuarta agrupación, radicada en los Montes Suleiman, vecinos al gran río Indo, cuya torrentosa corriente era casi el único sonido que rompía la calma de aquella soledad. Y allí Gaspar, Señor de Sri naghar y Príncipe de Bombay, había huido con un sepulcro de amor en su corazón, para buscar en el estudio del mundo sideral y de los poderes internos concedidos por Dios a los hombres, la fuerza necesaria para ser útil a la humanidad, acallando sus propios dolores en el estudio y la contemplación de los misterios divinos.

He aquí las cuatro porciones de humanidad a las cuales fuera revelado desde el mundo espiritual, el secreto del descenso del Cristo en un cuerpo físico, formado en el seno de una doncella del país en que corre como en el fondo de un abismo, el río Jordán.

Y en la lucidez serena de sus largas contemplaciones, vislumbraron un hogar como un nido de tórtolas entre rosales y arrayanes, donde tres seres, tres esenios, cantaban salmos al amanecer y a la caída de la tarde, para alabar a Dios al son de la cítara, y entrar en la onda vibratoria de todos los justos que esperaban la llegada del Ungido anunciado por los Profetas. Eran Joachin, Ana, y la tierna azucena, brotada en la edad madura de los esposos que habían pedido con lágrimas al Altísimo, una prolongación de sus vidas que cerrara sus ojos a la hora de morir.

Y era Myriam, un rayo de luna sobre la serenidad de un lago dormido.

Y era Myriam, un celaje de aurora sobre un jardín de lirios en flor.

Y era Myriam, una mística alondra, cuando al son de su cítara cantaba a media voz salmos de alabanza a Alláh.

Y las manos de Myriam corriendo sobre el telar, eran como blancas tortolitas sacudiéndose entre arenillas doradas por el sol.

Y eran los ojos de Myriam…  ojos de Siria, que espera al amor… del color de las avellanas maduras mojadas por el rocío… y miraban con la mansedumbre de las gacelas, y sus párpados se cerraban con la suavidad de pétalos al anochecer. ..

Y el sol al levantarse como un fanal de oro en el horizonte, diseñaba en sombra en su silueta gentil y su paso ligero y breve, sobre las praderas en flor, cuando iba con el cántaro al hombro a buscar agua de la fuente inmediata.

Y la fuente gozosa, le devolvía su propia imagen … imagen de virgen núbil, con su frente tocada de blanco al uso de las mujeres de su país.

¡Qué bella era Myriam, en su casta virginidad!…

Tal fue el vaso elegido por la Suprema Ley de esa hora solemne, para depositar la materia que usaría el Verbo Divino en su gloriosa jornada Mesiánica.

Y cuando Myriam contaba sólo quince años, Joachin y Ana con sólo diferencia de meses, durmieron en el seno de Dios, ese sueño que no se despierta en la materia, y la dulce virgen núbil de los ojos de gacela, fue llevada por sus parientes a proteger su orfandad entre las vírgenes , bajo los claustros y pórticos dorados del Templo de Jerusalén, donde los sacerdotes Simeón y Eleazar, esenios y parientes cercanos de su padre, la acogieron con tierna solicitud.

Y la dulce Myriam de las manos de tórtolas, corriendo sobre el telar, tejía el blanco lino para las túnicas de las vírgenes, y los mantos sacerdotales; y corrían sobre las cuerdas de la cítara, acompañando el canto sereno de los salmos con que glorificaban las grandezas de Alláh.

Veintinueve meses más tarde, José de Nazaret, joven viudo de la misma parentela era recibido en el Pórtico de las mujeres por la anciana viuda Ana de Jericó, prima de Joachin, y escuchaban las santas viudas del Templo, la petición de la mano de Myriam para una segunda nupcias, de José, cuya joven esposa dejara por la muerte su lugar vacío en el hogar, donde cinco niños pequeños llamaban madre … madre! sin encontrarla sobre la tierra.

Y Myriam, la virgen núbil de cabello bronceado y ojos de avellanas mojadas de roció, vestida de alba túnica de lino y coronada de rosas blancas, enlazaba su diestra con la de José de Nazaret, ante el sacerdote Simeón de Bethel, rodeada por los coros de viudas y de vírgenes que cantaban versículos del Cantar de los Cantares, sublime poema de amor entre almas hermanas que se encuentran en el Infinito.

Y a todos esos versículos, Myriam respondía con su voz de alondra: “Bajad Señor a bendecir las nupcias de la virgen de Jerusalén”.

Terminado el solemne ritual, la dulce virgen recibió en su frente coronada de rosas, el beso de sus compañeras y de sus maestras, besó después el umbral de la Casa de Jehová que cobijó su orfandad, y siguió a José a su tranquila morada de Nazaret.

Los excelsos arcángeles de Dios, guardianes del dulce Jahsua que esperaba arrullado por una legión resplandeciente de Amadores, envolvieron a Myriam en los velos nupciales que tejen, en torno a las desposadas castas y puras, las Inteligencias Superiores denominadas Esposos Eternos o Creadores de las Formas, y mientras caminaba a lado de su esposo hacia Nazaret, iba levantándose este interrogatorio en lo más hondo de suyo íntimo: ¿Qué quieres de mí, Señor, que me mandas salir de tu Templo, para seguir a un siervo tuyo que me ofrece su amor, su techo y su pan?”

Y después de un breve silencio creía escuchar esta voz que no podía precisar si bajaba de lo alto, o era el rumor de las praderas, o la resonancia del viento entre las palmeras y los sicómoros;

“¡Myriam!… Porque has sido fiel en guardar tu castidad virginal en el hogar paterno y el Templo de Alláh; porgue tus manos no se movieron más que para tejer el lino y arrancar melodías de tu atara acompañando las alabanzas de Dios, veras surgir de ti misma la más excelsa Luz que puede bajar a la Tierra”.

Y con sus pasitos breves y ligeros, seguía a su esposo camino a Nazaret, absorta en sus pensamientos tan hondos, que la obligaban a un obstinado silencio. .

¿Qué piensas Myriam que no me hablas? —le preguntaba José mirándola tiernamente.

Pienso que me veo en seguimiento tuyo, sin saber porque te voy siguiendo le respondía ella haciendo un esfuerzo para modular palabras.

Porque los velos nupciales de los radiantes arcángeles Creadores de las Formas se envolvían más y más en torno de su ser físico, que iba quedando como un óvalo de luz en el centro de una esplendorosa nube de color rosado con reflejos de oro.

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