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Laarbi Maateis conoce el Islam y cree que el que va a la yihad en Siria se convierte en un criminal

Laarbi Maateis
Laarbi Maateis

 

Tras muchos meses en silencio, el presidente de la Unión de Comunidades Islámicas de Ceuta (UCIDCE), Laarbi Maateis, el máximo responsable de la entidad que aglutina a 45 de las 49 asociaciones musulmanas legalmente constituidas como tales habla, por fin, sobre cómo han podido ser captados al menos 4 jóvenes ceutíes para inmolarse, un verbo que se niega a utilizar, en Siria.

–¿Se da por aludido cuando el delegado del Gobierno dice que se ha pecado de “buenismo” en la lucha contra el radicalismo islámico?

–No me une mucha amistad con Francisco Antonio González. Me he reunido un par de veces con él en la Delegación y nos hemos visto en otros eventos organizados por el PP. Me pareció una gran persona con una gran trayectoria política que ronda los 30 años. Sin embargo, me parece que no está muy enterado de lo que hay en esta ciudad. Está muy acostumbrado al Congreso y no debe responder a los ceutíes como a los diputados. Me siento aludido y, la comunidad musulmana de Ceuta, indignada porque no habla claro. ¿Dónde queda la democracia, la libertad religiosa, el derecho de libre funcionamiento de las entidades inscritas ante el Ministerio y la Constitución? Se olvida de todo y habla hasta de madrasas donde se prepara a los jóvenes… Es un insulto a los musulmanes de Ceuta. Ninguna comunidad musulmana de la ciudad ejerce como escuela de cultura árabe y estudios coránicos con la madera en la mano, a la antigua. Debería rectificar. Si tenemos autorización del Ministerio de Justicia para ejercer, ¿qué autoridad nos puede prohibir desarrollar nuestras actividades culto-religiosas libremente? Ninguna. Ha fallado y se ha saltado a la torera las leyes.

– Dice que hay “tener conocimiento” de ciertas reuniones

– Si desarrollamos nuestras actividades, reuniones y conferencias en privado, dentro de las sedes, se interpreta mal y se dice que nadie sabe lo que se cuece. Si lo hacemos en público, que no se debería haber permitido. Que nos digan qué mal hemos hecho, en qué hemos fallado, porque también podemos asumir errores y rectificar. El mensaje del Islam que hemos difundido en Ceuta ha sido siempre por la paz, la convivencia y no perder la identidad del musulmán ceutí.

– ¿Está seguro de que en de las citas organizadas por la UCIDCE y sus comunidades no se han lanzado mensajes radicales?

– En ninguna de las 8 conferencias y 3 congresos que, con presencia de autoridades y periodistas, grabados y refundidos por las televisiones locales, se han celebrado en Ceuta se han lanzado mensajes radicales o fanáticos. Algún conferenciante ha podido repetir demasiadas veces “idólatras”. Una vez, por responsabilidad ante Dios para difundir el mensaje verdadero, es aceptable, pero no insistir para no herir la sensibilidad de los demás. La religión islámica es, desde siempre, el respeto a las demás: no quemar iglesias, respetar a los sacerdotes y a sus lugares de culto y a toda su comunidad. ¿Cómo vamos a difundir nosotros, que vivimos entre cuatro culturas, mensajes hirientes? No me gustan las insinuaciones. Que nos pongan la cinta y nos indiquen el error, pero que se diga que no se deberían haber permitido reuniones es gravísimo mientras la Iglesia puede desarrollar sus actividades con absoluta libertad sin que nos moleste para nada… Los partidos, los colegios que separan por sexos a los niños, los Legionarios de Cristo… Todos reciben subvenciones y no se utiliza el mismo tono. ¿Cuándo van a confiar en los musulmanes? Parece que jamás. La UCIDCE lleva mucho tiempo tendiendo la mano a las autoridades para, colaborando, crear un colegio concertado bilingüe para reconocer la lengua y la cultura árabo-musulmana. No ha habido respuesta.

–No pocas veces se señala a la UCIDCE, a usted, como, de una u otra forma, radicales

–Antes de la creación de la UCIDCE, en 2007, la inmensa mayoría de las comunidades islámicas y las mezquitas funcionaban de forma paralela a la Administración. El primer objetivo primordial fue regularizar esta situación, dotar a cada mezquita de una Junta Directiva, que en cada templo haya gente responsable para conducir la comunidad, para afiliar  a sus socios, para dar la cara y representar a cada mezquita como entidad legalmente reconocida ante cualquier organismo público. Era un objetivo primordial para evitar malinterpretaciones, para evitar que se hable de mezquitas-garaje o ilegales. Mantenemos dos o tres reuniones al año para reiterar que son responsables de sus templos y de los mensajes  con el fin de que, si hay equívocos, se nos informe para tirarles de las orejas y, si no hacen caso,  cesarlos de inmediato.

– ¿Ha sucedido alguna vez?

–Los mensajes son pacíficos. Ningún imam está dando en Ceuta discursos radicales. Hemos allanado mucho el terreno a las Fuerzas de Seguridad. Muchas comunidades ya no quieren pedir subvenciones y yo no estoy de acuerdo. ¿Para qué sirven los fondos públicos si no es también para fomentar la convivencia? Si los ceutíes no musulmanes no quieren reconocer que existe una comunidad islámica con todos sus derechos vamos a tener un problema muy grave. Hemos ganado mucho terreno para que nuestros hijos vivan en armonía, pero si no nos reconocemos apaga y vámonos.

–En este contexto que dibuja, ¿le sorprenden las noticias sobre la captación de jóvenes para combatir en países como Siria?

–Sí. Mucho. Yo no voy a hablar de inmolados sino de fallecidos. Para mí han sido mártires si no conocían el contexto de la jurisprudencia islámica.

–¿Les conocía?

–No éramos amigos, aunque de muchos de mis compañeros sí. Conozco a sus familias, no a ellos personalmente, y no lo digo para alejarme de ellos. Me sorprendió la noticia y creo que ellos no conocían las fatwas de los sabios islámicos. Si no los conocían son mártires y que Dios los tenga en su paraíso. Si los conocían han cometido una gravísima falta. Yo quiero pensar que no era así, que eran ajenos a lo que estipula la Sharia sobre la palabra yihad, para que Alá los tenga en su paraíso.

–¿Qué dice esa jurisprudencia?

–Yo quiero dejarles claro a los jóvenes que tengan intención de hacer la yihad que esta palabra tiene varias interpretaciones en el Islam. Que significa esfuerzo, sacrificio. La yihad primordial es la que hay que hacer con nuestro propio cuerpo y entorno para alejarse del mal, para ser ejemplares y justos con nosotros mismos y nuestra familia, porque si no es así no vale ninguna causa que defender. Yihad también es sacrificio ante el Satán para no dejar que nos saque del camino de Dios. Y esforzarse para recuperar a todo musulmán que está siendo descarrilado, para que recupere su fe. La yihad como guerra, como guerra santa, tal y como se interpreta desde los sesenta, cuando los países árabes dependen de sus gobernantes tras la ocupación extranjera… Yihad es guerra en el último escalón para luchar en contra de un enemigo invasor permitida únicamente a los autóctonos. La yihad en pro de la causa de Alá sólo se entiende cuando existe un único gobernante islámico que haga un llamamiento en ese sentido si el Islam está invadido por el enemigo. En el mapa mundial de nuestros días todas las yihad están defendiendo la soberanía de un país contra invasores y solamente se permite a los autóctonos, no a nacionales de España o Marruecos para ir a Afganistán, Irak, Chechenia o Palestina. Se trata de yihad nulas de acuerdo con las fatwas unánimes de los sabios de la última época y de las cuatro escuelas antiguas porque no reúne los requisitos esenciales para que el musulmán combata al enemigo. No hay causa para que un musulmán se desplace a ningún lugar del mundo a combatir. El que lo haga debe saber que hay fatwas en Arabia Saudí, del Consejo Superior de Ulemas de Marruecos, de Túnez, de la Universidad de El Cairo, que indican que ese tipo de yihad no lo es. Se trata de una gravísima equivocación ir a combatir a un país que no es el suyo porque son causas regionales, no religiosas.

–¿Cómo convencer a quien siente esa pulsión?

–El joven que quiera hacer la yihad debe saber que hay otras vías. La Cruz Roja Internacional, la Luna Roja, Muslim Relief… Esa es una buena forma de colaborar, no ignorar a la familia y no avisar a nadie porque la jurisprudencia islámica también se ve vulnerada actuando así. Si uno tiene esposa, hijos y padres y, sin autorización de ellos, se emprende ese camino, es doblemente ilegal e ilícito ante la norma islámica, que no lo admite ni aunque los allegados lo permitan. El profeta dejó claro que, si tienes padres, en ellos tienes una buena yihad, en portarte bien con ellos y darles la mejor vida posible. Es de aplicación 100% a estos casos. Para lo otro están los Estados, las normas internacionales… Yo soy tabligh desde 1984 y lo hacemos así. Ceuta es una ciudad muy sensible, ubicada en un lugar de tránsito permanente entre dos orillas y continentes. Que no nos extrañe que aquí se coma el coco: es mucho más fácil que en países árabes. Nuestros documentos oficiales permiten llegar a muchos lugares sin visado. Ceuta es una frontera por la que transitan 20.000 personas al día y no es extraño que alguno pueda caer.

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Oración a Cristo

El Cristo de Salvador Dalí

Estás aún, todos los días, entre nosotros. Y estarás con nosotros perpetuamente.

Vives entre nosotros, a nuestro lado, sobre la tierra que es tuya y nuestra, sobre esta tierra que, niño, te acogió entre los niños y, acusado, te crucificó entre ladrones; vives con los vivos, sobre la tierra de los vivientes, de la que te agradaste y a la que amas; vives con vida sobrehumana en la tierra de los hombres, invisible aún para los que te buscan, quizás debajo de las apariencias de un pobre que mendiga su pan y a quien nadie mira.

Pero ha llegado el tiempo en que es forzoso que te muestres de nuevo a todos nosotros y des una nueva señal perentoria e irrecusable a esta generación. Tú ves, Jesús, nuestra pobreza; tú ves cuán grande es nuestra pobreza; no puedes dejar de reconocer cuán improrrogable es nuestra angustia, nuestra indigencia, nuestra desesperanza; sabes cuánto necesitamos de una extraordinaria intervención tuya, cuán necesario nos es tu retorno.

Aunque sea un retorno breve, una llegada inesperada, seguida al punto de una desaparición súbita; una sola aparición, un llegar y un volver a partir, una palabra sola señal, un aviso único, un relámpago en el cielo, una luz en la noche, un abrirse del cielo, un resplandor en la noche, una sola hora de tu eternidad, una palabra sola por todo tu silencio.

Tenemos necesidad de ti, de ti solo y de nadie más. Solamente, Tú, que nos amas, puede sentir hacia todos nosotros, los que padecemos, la compasión que cada uno de nosotros siente de sí mismo. Tú solo puedes medir cuán grande, inconmensurablemente grande, es la necesidad que hay de ti en este mundo, en esta hora del mundo. Ningún otro, ninguno de tantos como viven, ninguno de los que duermen en el fango de la gloria, puede darnos, a los necesitados, a los que estamos sumidos en atroz penuria, en la miseria más tremenda de todas, en la del alma, el bien que salva. Todos tienen necesidad de ti, incluso los que no lo saben, y los que no lo saben, harto más que aquellos que lo saben. El hambriento se imagina que busca pan, y es que tiene hambre de ti; el sediento cree desear agua y tiene sed de ti; el enfermo se figura ansiar la salud y su mal está en no poseerte a ti. El que busca la belleza en el mundo, sin percatarse te busca a ti, que eres la belleza entera y perfecta; el que persigue con el pensamiento la verdad sin querer te desea a ti, que eres la única verdad digna de ser sabida; y quien tras de la paz se afana, a ti te busca, única paz en que pueden descansar los corazones, aún los más inquietos. Esos te llaman sin saber que te llaman, y su grito es inefablemente más doloroso que el nuestro.

No clamamos a ti por la vanidad de poderte ver como te vieron Galileos y Judíos, ni por el placer de contemplar una vez tus ojos, ni por el loco orgullo de vencerte con nuestra súplica. No pedimos el gran descenso en la gloria de los cielos, ni el fulgor de la Transfiguración, ni los clarines de los ángeles y toda la sublime liturgia del último advenimiento. ¡Hay tanta humildad, tú lo sabes, en nuestra desbordada presunción! Te queremos a ti únicamente, tu persona, tu pobre túnica de obrero pobre; queremos ver esos ojos que pasan la pared del pecho y la carne del corazón, y curan cuando hieren con ira, y hacen sangre cuando miran con ternura. Y queremos oír tu voz, tan suave, que espanta a los demonios, y tan fuerte, que encanta a los niños.

Tú sabes cuán grande es, precisamente, en estos tiempos, la necesidad de tu mirada y de tu palabra. Tú sabes bien, que una mirada tuya puede conmover y cambiar nuestras almas; que tu voz puede sacarnos del estiércol de nuestra infinita miseria; tú sabes mejor que nosotros, mucho más profundamente que nosotros, que tu presencia es urgente e inaplazable en esta edad que no te conoce.

Viniste, la primera vez, para salvar: para salvar naciste; para salvar hablaste; para salvar quisiste ser crucificado: tu arte, tu obra, tu misión, tu vida es de salvación. Y nosotros tenemos hoy, en estos días grises y calamitosos, en estos años que son una condena, un acrecimiento insoportable de horror y de dolor; tenemos necesidad, sin tardanza, de ser salvados.

Si tú fueses un Dios celoso y agrio, un Dios que guarda rencor, un Dios vengativo, un Dios tan sólo justo, entonces no darías oídos a nuestra plegaría. Porque todo el mal que podían hacerte los hombres, aun después de tu muerte, y más después de la muerte que en vida, los hombres lo han hecho; todos nosotros, el mismo que está hablando con los demás, lo hemos hecho. Millones de Judas te han besado después de haberte vendido, y no por treinta dineros solamente ni una vez sola; legiones de Fariseos, enjambres de Caifases te han sentenciado como a malhechor digno de ser clavado de nuevo; y millones de veces, con el pensamiento y la voluntad, te han crucificado, y una eterna canalla de villanos pervertidos te ha llenado el rostro de salivazos y bofetadas; y los palafreneros, los lacayos, los porteros, la gente de armas de los injustos detentadores de dinero y de potestad te ha azotado las espaldas y ensangrentado la frente, y miles de Pilatos, vestidos de negro o rojo, recién salidos del baño, perfumados de ungüentos, bien peinados y rasurados, te han entregado miles de veces a los verdugos después de haber reconocido tu inocencia; e innumerables bocas flatulentas y vinosas han pedido innumerables veces la libertad de los ladrones sediciosos, de los criminales confesos, de los asesinos reconocidos, para que tú fueses innumerables veces arrastrado al Calvario y clavado al árbol con clavos de hierro forjados por el miedo y remachado por el odio.

Pero tú estás siempre dispuesto a perdonar. Tú sabes, tú que has estado entre nosotros, cuál es el fondo de nuestra naturaleza desventurada. No somos sino harapos y bastardía, hojas inestables y pasajeras, verdugos de nosotros mismos, abortos malogrados que se revuelcan en el mal a guisa de infantes envueltos en sus orines, del borracho tumbado sobre su vómito, del acuchillado tendido sobre su sangre, del ulceroso yacente en su podredumbre. Te hemos rechazado por demasiado puro para nosotros; te hemos condenado a muerte, porque eras la condenación de nuestra vida. Tú mismo lo dijiste en aquellos días: “Estuve en el mundo y en carne me revelé a ellos; y a todos los hallé ebrios y a ninguno en su sano juicio, y mi alma sufre por los hijos de los hombres, porque son ciegos en su corazón.” Todas las generaciones son semejantes a la que te crucificó, y en cualquier forma que vengas te rechaza la mayoría. “Semejantes — dijiste — a esos muchachos que andan por las plazas y gritan a sus compañeros: Hemos tocado la flauta y no habéis bailado: hemos entonado cantos fúnebres y no habéis llorado.” Así hemos hecho nosotros durante casi sesenta generaciones.

Pero ha llegado el tiempo en que los hombres están más ebrios que entonces, y también más sedientos. En ninguna edad como en ésta hemos sentido la sed abrasadora de una salvación sobrenatural. En ningún tiempo de cuantos recordamos, la abyección ha sido tan abyecta ni el ardor tan ardiente. La tierra es un infierno iluminado por la condescendencia del sol. Los hombres están sumergidos en una hez de estiércol disuelto en llanto, de la que a veces se levantan, frenéticos y desfigurados, para arrojarse al hervor bermejo de la sangre, con la esperanza de lavarse. Hace poco han salido de uno de esos feroces baños y han vuelto, después de la espantosa diezma, al común fango excrementicio. Las pestes han seguido a las guerras; los terremotos a las pestes; enormes rebaños de cadáveres putrefactos, bastantes antaño para llenar un reino, están extendidos bajo una leve capa de tierra agusanada, ocupando, si estuvieran juntos, el espacio de muchas provincias. Con todo, como si esos muertos no fueran más que el primer plazo de la universal destrucción, siguen matándose y matando. Las naciones opulentas condenan al hombre a las naciones pobres; los rebeldes asesinan a sus amos de ayer; los amos hacen matar a los rebeldes por sus mercenarios; nuevos tiranos, aprovechándose del derrumbamiento de todos los sistemas y todos los regímenes, conducen a naciones enteras a la carestía, al estrago y a la disolución.

El amor bestial de cada hombre a sí mismo, de cada casta a sí misma, de cada pueblo a sí solo, es todavía más ciego y monstruoso después de los años en que el odio llenó la tierra de fuego, de humo, de fosas y de osamentas. El amor de sí mismo, después de la derrota universal y común, ha centuplicado el odio: odio de los pequeños contra los grandes, de los descontentos contra los inquietos, de los siervos engreídos contra los amos esclavizados, de los grupos ambiciosos contra los grupos decadentes, de las razas hegemónicas contra las razas avasalladas, de los pueblos subyugados contra los pueblos subyugadores. La codicia de lo más ha engendrado la indigencia por lo necesario; el prurito de placeres, el roer de torturas; el frenesí de libertad, la agravación de los grilletes.

En los últimos años, el linaje humano, que ya se retorcía en el delirio de cien fiebres, ha enloquecido. En todo el mundo retumba el estruendo de escombros que se hunden; las columnas quedan enterradas en el barro; y las mismas montañas precipitan desde sus cimas avalanchas de pedrisco para que toda la tierra se convierta en desierta e igual llanura. Aun a los hombres que permanecían intactos en la paz de sus campos los han arrancado a la fuerza de su ambiente pastoril, para lanzarlos a la confusión rabiosa de las ciudades a contaminarse y padecer.

Por doquier, un caos en conmoción, una confusión sin norte, ni guía, un pantano que envenena el aire denso, una tranquilidad descontenta de todo y del propio descontento. Los hombres, en la borrachera siniestra de todos los venenos, se consumen por el afán de mortificar a sus hermanos de penas y, con tal de saciar esta pasión sin gloria, buscan, por todos los medios, la muerte. Las drogas adormecedoras y afrodisíacas, las voluptuosidades que destruyen y no sacian, el alcohol, los juegos, las armas, se llevan todos los días, de a millares, a los sobrevivientes de las diezmas obligadas.

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¿Fué en verdad culpa de Eva?

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Adán y Eva – Franz von Stuck (1863-1928)

 

Las tres religiones están de acuerdo en un hecho: Tanto los hombres como las mujeres han sido creados por Dios, el Creador de todo el Universo. Sin embargo, la discrepancia comienza poco después de la creación del primer hombre, Adam, y de la primera mujer, Eva. La concepción judeocristiana de la creación de Adam y Eva está narrada con detalle en el Libro del Génesis (2:4 y 3:24).

Dios les prohibe a ambos que coman los frutos del Árbol Vedado. La serpiente induce a Eva a comerlos, y Eva, seguidamente, induce a Adam a comer con ella.

Cuando Dios inquiere a Adam por lo que ha hecho, éste echa toda la culpa a Eva:

“La mujer que pusiste a mi lado me ha dado la fruta del árbol y yo la he comido.”Por consiguiente, Dios dice a Eva:”Yo aumentaré tus sufrimientos durante el embarazo; parirás tus hijos con dolor. Tu deseo será el de tu marido y él tendrá autoridad sobre ti.”Él le dijo a Adam:”Puesto que obedeciste a tu mujer y comiste del Árbol… maldeciré a la tierra por tu causa; conseguirás el pan con gran esfuerzo todos los días de tu vida.

“La concepción islámica de la primera creación se encuentra en numerosos lugares del Corán. Por ejemplo:”‘¡Oh Adán! ¡Habita con tu esposa en el Jardín y comed de lo que queráis, pero no os acerquéis a este árbol! Si no, seréis de los impíos’. Pero Shaytán les insinuó el mal, mostrándoles su escondida desnudez, y dijo: ‘Vuestro Señor no os ha prohibido acercaros a ese árbol sino por temor de que os convirtiérais en ángeles u os hiciérais inmortales’. Y les juró: ‘¡De verdad que os aconsejo bien!’. Les hizo, pues, caer dolorosamente. Y cuando hubieron gustado ambos del árbol, se les reveló su desnudez y comenzaron a cubrirse con hojas del Jardín. Su Señor les llamó:‘¿No os había prohibido ese árbol y dicho que Shaytán era para vosotros un enemigo declarado?’. Dijeron: ‘¡Señor! Hemos sido injustos con nosotros mismos. Si no nos perdonas y Te apiadas de nosotros, seremos, ciertamente, de los que pierden’.”(Corán, 7-19,23)

Una mirada cuidadosa sobre los dos relatos de la historia de la Creación, revela algunas diferencias fundamentales. El Corán,contrariamente a la Biblia, atribuye la misma responsabilidad a ambos, Adán y Eva, por el error cometido.En ningún lugar del Corán podemos encontrar la más leve insinuación de que Eva tentó a Adán para que éste comiera del árbol o que ella hubiese comido antes que él. En el Corán, Eva no es tentadora, seductora o engañadora.

Además, Eva no es castigada con sufrimientos durante el embarazo. Dios, de acuerdo con el Corán, no castiga a uno por las faltas de otro. Ambos, Adán y Eva, cometieron un pecado y entonces pidieron perdón a Dios y Él los perdonó a los dos.

El legado de Eva

La imagen bíblica de la Eva tentadora ha tenido un impacto extremadamente negativo sobre las mujeres en la tradición judeocristiana. Todas las mujeres creían haber heredado de su madre, la bíblica Eva, su culpa y su mentira. Consecuentemente, todas eran infieles, moralmente inferiores y malvadas. La menstruación, la concepción y el embarazo fueron considerados como justo castigo por el ancestral delito cometido por el maldito sexo femenino. Para poder apreciar en toda su dimensión la negativa influencia de la Eva bíblica sobre todas sus descendientes femeninas hemos de acudir a los textos de algunos de los más importantes pensadores judíos y cristianos de todas las épocas.

Comencemos por el Antiguo Testamento y miremos en los textos de la llamada Literatura Sapiencial, en donde encontramos:

“Encontré más amarga que la muerte a la mujer enredadora, cuyo corazón es una trampa y cuyas manos son cadenas. El hombre que agrada a Dios debe escapar de ella, pero el pecador en ella habrá de enredarse…mientras yo, tranquilo, buscaba sin encontrar, encontré a un hombre justo entre mil, más no encontré una sola mujer justa entre todas”. (Ecclesiastes 7:26-28).

En otro lugar de la Literatura Hebrea, que se encuentra en la Biblia Católica podemos leer:

“No hay maldad comparable a la maldad de la mujer…El pecado llegó con una mujer y a ella se debe el hecho de que todos nosotros habremos de morir.” (Ecclesiasticus 25:19,24).

Los rabinos judíos registraron nueve maldiciones inflingidas a las mujeres como consecuencia de la Caída:

“Él [Dios] concedió a las mujeres nueve maldiciones y la muerte: soportar la sangre de la menstruación y la sangre de la virginidad, la carga del embarazo, la carga del parto y la de criar a los hijos; su cabeza está cubierta como quien está de luto; horada sus orejas como una esclava o joven esclava que sirve a su señor; ella no es tenida nunca por inteligente; y después de todo, muere”. 1

Hasta el día de hoy, los judíos ortodoxos, en sus oraciones diarias matinales recitan:

“Bendito seas Dios, Rey del Universo, porque Tú no me has hecho mujer”.

Las mujeres, por otra parte, agradecen a Dios cada mañana “por hacerme de acuerdo a Tu Voluntad” 2

Otra plegaria aparece en muchos libros de oraciones judíos:

“Alabado sea Dios que no me ha creado gentil. Alabado sea Dios que no me ha creado mujer. Alabado sea Dios que no me ha hecho ignorante.” 3

Eva había pecado, induciendo después a Adán a seguir su conducta. Por consiguiente, Dios los expulsó a ambos del Cielo a la Tierra, que habría sido maldita por su causa. Ellos legaron su pecado, que no había sido perdonado por Dios, a todos sus descendientes y, por eso, todos los humanos nacen en pecado. Para purificar a los seres humanos de su ‘pecado original’, Dios tenía que sacrificar en la cruz a Jesús, que es considerado ‘el Hijo de Dios’.

Por consiguiente, Eva es responsable de su propio error, del pecado de su marido, del pecado original de toda la humanidad, y de la muerte del ‘Hijo de Dios’.

En otras palabras, una mujer actuando por su cuenta causó la caída de la humanidad. ¿Qué ocurrió con sus hijas? Ellas son tan pecadoras como ella y tienen que ser tratadas como tales.

Escuchemos el tono severo de San Pablo en el Nuevo Testamento:

“La mujer debe aprender a estar en calma y en plena sumisión. Yo no permito a una mujer enseñar o tener autoridad sobre un hombre; debe estar en silencio. Adán fue creado primero, luego Eva. Y Adán no fue el engañado; fue la mujer quien fue engañada y se volvió pecadora”. (I Timoteo 2:11-14).

San Tertuliano es aún más grosero que San Pablo cuando, hablando a sus ‘hermanas más queridas’ en la fe, dijo: 4

“¿No sabéis que cada una de vosotras es una Eva? La sentencia de Dios sobre vuestro sexo sigue vigente: la culpa debe existir también necesariamente. Vosotras sois la puerta del Diablo: sois las transgresoras del árbol prohibido: sois las primeras transgresoras de la ley divina: vosotras sois las que persuadísteis al hombre de que el diablo no era lo bastante valiente para atacarle.Vosotras destruísteis fácilmente la imagen que de Dios tenía el hombre. Incluso, por causa de vuestra deserción, habría de morir el Hijo de Dios.”

San Agustín, fiel al legado de sus predecesores, escribió a un amigo:

“Lo que la diferencia, ya sea esposa o madre, es que es aún Eva la tentadora, de la que nosotros debemos protegernos en cualquier mujer…… Yo no veo la utilidad que puede tener la mujer para el hombre, con excepción de la función de parir a los hijos.”

Siglos después, Santo Tomás de Aquino todavía consideraba a las mujeres como seres defectuosos:

“Respecto a la naturaleza individual, la mujer es incompleta y mal dispuesta; la fuerza activa contenida en la semilla masculina tiende a la producción de una semejanza perfecta en el sexo masculino; mientras la producción de la mujer proviene de un defecto en la fuerza activa o de alguna indisposición material, o incluso de una cierta influencia externa.”

Finalmente, el famoso reformador Martin Lutero no podía ver beneficio alguno en la mujer salvo en el hecho de traer al mundo tantos niños como le sea posible, sin tener en cuenta cualquier otro aspecto:

“Si se cansan o incluso se mueren, eso no tiene importancia. Dejémoslas morir en el parto, que es para lo que ellas están allí”.

Una y otra vez las mujeres son denigradas a causa de la imagen de la Eva tentadora, gracias al relato del Génesis.

Para resumir, la concepción judeocristiana de la mujer ha sido contaminada por la creencia en la naturaleza pecadora de Eva y de su descendencia femenina.

Si prestamos ahora atención a lo que el Corán nos dice sobre las mujeres, comprenderemos pronto que la concepción islámica de la mujer es bastante diferente de la Judeocristiana. Dejemos que el Corán hable por sí mismo:

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