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Ataque cristianofóbico de la embajada israelí en Irlanda – Por Suhail Hani Daher Akel

Imagen de Jesús y María con la tediosa leyenda.
Imagen de Jesús y María con la tediosa leyenda.

 

Jesús fue palestino, nació en la ciudad palestina de Belén, bajo ocupación romana-hebrea y su madre la Virgen María, aramea, tribu fusionada a los cananeos-filisteos (palestinos). La lengua de esa época de Palestina y Jesús era el arameo. Fue el rey hebreo de la ocupación a Jerusalén, Herodes, que envío a matar al recién nacido Jesús, obligando a sus padres huir de Belén y fueron los clérigos hebreos bajo el paraguas de la ocupación romana que pidieron al gobernador del Cesar, Poncio Pilatos, que crucificaran al palestino Jesús.

Pilatos salió con Jesús con su corona de espina de tortura y les dijo “Aquí lo tenéis juzgadle vosotros porque no hallo en él crimen alguno y los clérigos hebreos le respondieron, crucificadle, crucificadle, crucificadle”.En la falsificación sionista de nuestra historia, así como los colonos israelíes atacaron el pasado 11 de diciembre el Monasterio de la Cruz en Jerusalén ocupada, pintando grafitis con la dolorosa leyenda “Jesús es un Hijo de P…”, la embajada israelí en Irlanda, en un mensaje navideño en su Facebook, junto a la imagen de Jesús y la Virgen María, agregaron la tediosa leyenda: “Un pensamiento de Navidad… Si Jesús y la Virgen María viviesen hoy, ellos, como judíos sin seguridad, terminarían linchados en Belén por palestinos hostiles”. Esto despertó una rápida reacción de indignación que la delegación poco diplomática israelí se vio obligada a eliminar el cristianofóbico mensaje. Según el diario estadounidense de Washington Post, un portavoz de la legación, expresó “La imagen y el pie fueron colgados sin nuestro consentimiento y fueron eliminados”.

Es una muestra más de la capacidad cristianofóbico e islamofóbico de la potencia ocupante israelí al igual que su antisemitismo contra el semita pueblo palestino bajo la ocupación.

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Por: Embajador Suhail Hani Daher Akel (*)

(*) Fue el primer Embajador del Estado de Palestina en la Argentina
Fue el primer Representante de la OLP en la Argentina
Es Analista Internacional sobre la situación de Palestina

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Ataque cristianofóbico de la embajada israelí en Irlanda por Suhail Hani Daher Akel se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Atribución-NoComercial-SinDerivadas 3.0 Unported.
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Santa Cecilia – Patrona de los músicos

Santa Cecilia - Patrona de los músicos
Santa Cecilia – Patrona de los músicos

“La música es el arte más directo, entra por el oído y va al corazón”

Fiesta: 22 de noviembre.

Virgen y mártir, muerta hacia el 230.

Patrona de compositores, músicos, poetas, cantantes y fabricantes de instrumentos musicales.

Durante más de mil años, Santa Cecilia ha sido una de las mártires más venerada por los cristianos de la primitiva Iglesia . Su nombre figura en el canon de la misa. Las “actas” de la santa afirman que pertenecía a una familia patricia de Roma y que fue educada en el cristianismo. Solía llevar un vestido de tela muy áspera bajo la túnica propia de su dignidad, ayunaba varios días por semana y había consagrado a Dios su virginidad. Pero su padre, que veía las cosas de un modo diferente, la casó con un joven patricio llamado Valeriano. El día de la celebración del matrimonio, en tanto que los músicos tocaban y los invitados se divertían, Cecilia se sentó en un rincón a cantar a Dios en su corazón y a pedirle que la ayudase. Cuando los jóvenes esposos se retiraron a sus habitaciones, Cecilia, armada de todo su valor, dijo dulcemente a su esposo: “Tengo que comunicarte un secreto. Has de saber que un ángel del Señor vela por mí. Si me tocas como si fuera yo tu esposa, el ángel se enfurecerá y tú sufrirás las consecuencias; en cambio si me respetas, el ángel te amará como me ama a mí.” Valeriano replicó: “Muéstramelo. Si es realmente un ángel de Dios, haré lo que me pides.” Cecilia le dijo: “Si crees en el Dios vivo y verdadero y recibes el agua del bautismo verás al ángel.” Valeriano accedió y fue a buscar al obispo Urbano, quien se hallaba entre los pobres, cerca de la tercera mojonera de la Vía Apia. Urbano le acogió con gran gozo. Entonces se acercó un anciano que llevaba un documento en el que estaban escritas las siguientes palabras: “Un solo Señor, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está por encima de todo y en nuestros corazones.” Urbano preguntó a Valeriano: “¿Crees esto?” Valeriano respondió que sí y Urbano le confirió el bautismo. Cuando Valeriano regresó a donde estaba Cecilia, vio a un ángel de pie junto a ella. El ángel colocó sobre la cabeza de ambos una guirnalda de rosas y lirios. Poco después llegó Tiburcio, el hermano de Valeriano y los jóvenes esposos le ofrecieron una corona inmortal si renunciaba a los falsos dioses. Tiburcio se mostró incrédulo al principio y preguntó: ” ¿Quién ha vuelto de más allá de la tumba a hablarnos de esa otra vida?” Cecilia le habló largamente de Jesús. Tiburcio recibió el bautismo, y al punto vio muchas maravillas.

Desde entonces, los dos hermanos se consagraron a la práctica de las buenas obras. Ambos fueron arrestados por haber sepultado los cuerpos de los mártires. Almaquio, el prefecto ante el cual comparecieron, empezó a interrogarlos. Las respuestas de Tiburcio le parecieron, desvaríos de loco. Entonces, volviéndose hacia Valeriano, le dijo que esperaba que le respondería en forma más sensata. Valeriano replicó que tanto él como su hermano estaban bajo cuidado del mismo médico, Jesucristo, el Hijo de Dios, quien les dictaba sus respuesta. En seguida comparó, con cierto detenimiento, los gozos del cielo con los de la tierra; pero Almaquio le ordenó que cesase de disparatar y dijese a la corte si estaba dispuesto a sacrificar a los dioses para obtener la libertad. Tiburcio y Valeriano replicaron juntos: “No, no sacrificaremos a los dioses sino al único Dios, al que diariamente ofrecemos sacrificio.” El prefecto les preguntó si su Dios se llamaba Júpiter. Valeriano respondió: “Ciertamente no. Júpiter era un libertino infame, un criminal y un asesino, según lo confiesan vuestros propios escritores.”

Valeriano se regocijó al ver que el prefecto los mandaba azotar y hablaron en voz alta a los cristianos presentes: “¡Cristianos romanos, no permitáis que mis sufrimientos os aparten de la verdad! ¡Permaneced fieles al Dios único, y pisotead los ídolos de madera y de piedra que Almaquio adora!” A pesar de aquella perorata, el prefecto tenía aún la intención de concederles un respiro para que reflexionasen; pero uno de sus consejeros le dijo que emplearían el tiempo en distribuir sus posesiones entre los pobres, con lo cual impedirían que el Estado las confiscase. Así pues, fueron condenados a muerte. La ejecución se llevó a cabo en un sitio llamado Pagus Triopius, a seis kilómetros de Roma. Con ellos murió un cortesano llamado Máximo, el cual, viendo la fortaleza de los mártires, se declaró cristiano.

Cecilia sepultó los tres cadáveres. Después fue llamada para que abjurase de la fe. En vez de abjurar, convirtió a los que la inducían a ofrecer sacrificios. El Papa Urbano fue a visitarla en su casa y bautizó ahí a 400 personas, entre las cuales se contaba a Gordiano, un patricio, quien estableció en casa de Cecilia una iglesia que Urbano consagró más tarde a la santa. Durante el juicio, el prefecto Almaquio discutió detenidamente con Cecilia. La actitud de la santa le enfureció, pues ésta se reía de él en su cara y le atrapó con sus propios argumentos. Finalmente, Almaquio la condenó a morir sofocada en el baño de su casa. Pero, por más que los guardias pusieron en el horno una cantidad mayor de leña, Cecilia pasó en el baño un día y una noche sin recibir daño alguno. Entonces, el prefecto envió a un soldado a decapitarla. El verdugo descargó tres veces la espada sobre su cuello y la dejó tirada en el suelo. Cecilia pasó tres días entre la vida y la muerte. En ese tiempo los cristianos acudieron a visitarla en gran número. La santa legó su casa a Urbano y le confió el cuidado de sus servidores. Fue sepultada junto a la cripta pontificia, en la catacumba de San Calixto.

Esta historia tan conocida que los cristianos la han repetido con cariño durante muchos siglos, data aproximadamente de fines del siglo V, pero desgraciadamente no podemos considerarla como verídica ni fundada en documentos auténticos. Tenemos que reconocer que lo único que sabemos con certeza sobre San Valeriano y San Tiburcio es que fueron realmente martirizados, que fueron sepultados en el cementerio de Pretextato y que su fiesta se celebraba el 14 de abril. La razón original del culto de Santa Cecilia fue que estaba sepultada en un sitio de honor por haber fundado una iglesia, el “titulus Caeciliae”. Por lo demás, no sabemos exactamente cuándo vivió, ya que los especialistas sitúan su martirio entre el año 177 (de Rossi) y la mitad del siglo IV (Kellner).

El Papa San Pascual I (817-824) trasladó las presuntas reliquias de Santa Cecilia, junto con las de los santos Tiburcio, Valeriano y Máximo, a la iglesia de Santa Cecilia en Transtévere. (Las reliquias de la santa habían sido descubiertas, gracias a un sueño, no en el cementerio de Calixto, sino en el cementerio de Pretextato). En 1599, el cardenal Sfondrati restauró la iglesia en honor a la Santa en Transtévere y volvió a enterrar las reliquias de los cuatro mártires. Según se dice, el cuerpo de Santa Cecilia estaba incorrupto y entero, por más que el Papa Pascual había separado la cabeza del cuerpo, ya que, entre los años 847 y 855, la cabeza de Santa Cecilia formaba parte de las reliquias de los Cuatro Santos Coronados. Se cuenta que, en 1599, se permitió ver el cuerpo de Santa Cecilia al escultor Stefano Maderno, quien esculpió una estatua de tamaño natural, muy real y conmovedora. “No estaba de espaldas como un cadáver en la tumba,” dijo más tarde el artista, sino recostada del lado derecho, como si estuviese en la cama, con las piernas un poco encogidas, en la actitud de una persona que duerme.” La estatua se halla actualmente en la iglesia de Santa Cecilia, bajo el altar próximo al sitio en el que se había sepultado nuevamente el cuerpo en un féretro de plata. Sobre el pedestal de la estatua puso el escultor la siguiente inscripción: “He aquí a Cecilia, virgen, a quien yo vi incorrupta en el sepulcro. Esculpí para vosotros, en mármol, esta imagen de la santa en la postura en que la vi.” De Rossi determinó el sitio en que la santa había estado originalmente sepultada en el cementerio de Calixto, y se colocó en el nicho una réplica de la estatua de Maderno.

Sin embargo, el P. Delehaye y otros autores opinan que no existen pruebas suficientes de que, en 1599, se haya encontrado entero el cuerpo de la santa, en la forma en que lo esculpió Maderno. En efecto, Delehaye y Dom Quentin subrayan las contradicciones que hay en los relatos del descubrimiento, que nos dejaron Baronio y Bosio, contemporáneos de los hechos. Por otra parte, en el período inmediatamente posterior a las persecuciones no se hace mención de ninguna mártir romana llamada, Cecilia. Su nombre no figura en los poemas de Dámaso y Prudencio, ni en los textos de Jerónimo y Ambrosio, ni en la “Depositio Martyrum” (siglo IV). Finalmente, la iglesia que se llamó más tarde “titulus Sanctae Caeciliae” se llamaba originalmente “títulus Caecilia”, es decir, fundada por una dama llamada Cecilia.

Santa Cecilia es célebre en la actualidad por ser la patrona de los músicos , el 22 de noviembre es una fecha reconocida por la Unesco y en este día se realizan una serie de actividades alrededor del mundo. Sus “actas” cuentan que, al día de su matrimonio, en tanto que los músicos tocaban, Cecilia cantaba a Dios en su corazón…

Para Yamil 

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Qué es la hispanidad? Razones filosóficas e históricas para no celebrar el 12-O – Por Eduardo Subirats

Boceto de Velázquez sobre la expulsión de los moriscos de España en 1609 / Imagen (CC) curiososincompletos.wordpress.com

 El filósofo Eduardo Subirats define en 7 tesis contra el hispanismo la perversa raíz del hispanismo o el proyecto imperial que desde el siglo XVI destruyó España y esclavizó Las Américas. Un resumen, brillante y preciso, del mayor enemigo de los pueblos de habla española. Conoce la hispanidad. Tal como es

¿Hispanidad o destrucción de España?

Hubo un tiempo en que la palabra Hispania agrupaba la pluralidad de culturas y lenguas sujetas a la influencia lingüística y civilizadora de la Roma imperial. Pero desde el siglo XVI, esa ancha Hispania ha sido particularizada en lo español a lo largo de una historia oscura de cruzadas y limpiezas étnicas dirigidas contra las comunidades y culturas islámicas y judías de la península Ibérica en primer lugar, y al lo largo también de la subsiguiente expansión colonial de una monarquía cristiana erigida precisamente sobre aquella herida histórica. Por lo demás, la cristalización de lo hispánico en lo español, espina dorsal del discurso de la Hispanidad, se ha acompañado de una serie violenta de expulsiones y exclusiones lingüísticas y políticas, religiosas, intelectuales y étnicas, con efectos todavía vigentes hasta el día de hoy.

¿Hispanidad o limpieza étnica?

El primero de esos traumas fue la eliminación de «moros y judíos». Se destruyeron mezquitas y sinagogas, se quemaron bibliotecas, se prohibieron sus lenguas, se persiguieron y exterminaron sus pueblos. A continuación se instauró gramatical, teológica y militarmente la unidad nacional de la España cristiana, monárquica e imperial.

¿Hispanidad o colonización de América?

El segundo trauma histórico de la «Hispanidad» es una extensión del primero. Aquella universal «destrucción de mezquitas» que definió la unidad nacional católica fue lo que llevó a hombres como Hernán Cortés y Francisco Pizarro, y a sus herederos modernizadores, a descubrir, conquistar y a «hacer» las Américas.

¿Hispanidad o modernidad interrumpida?

El tercer trauma puede definirse como una modernidad rota o decapitada, y también como una colonizada modernidad y posmodernidad. El mismo poder político y eclesiástico que erigió a la monarquía hispánica, liquidó de raíz, tanto en la Península como en el continente, todas aquellas reformas teológicas, epistemológicas y políticas sin las que no era posible constituir el significado filosófico y político de la «modernidad» en un sentido histórico del concepto (por oposición a la banalización académica y mediática de esta palabra).

¿Hispanidad o supresión de la diversidad?

Este proceso de supresión de las diversidades culturales y de la subsiguiente constitución de la unidad homogénea de la España nacionalcatólica comprende la eliminación del Humanismo y la Reforma en los siglos XVI y XVII ; la decapitación de la Ilustración en sus aspectos tanto científicos, como éticos, estéticos y políticos en el siglo XVIII ; la liquidación del liberalismo español y latinoamericano en el siglo siguiente; y no en último lugar, la combinación de crueldad autoritaria y mesianismo cristiano que se ha extendido a lo largo de una inacabada y colorida sucesión de fascismos ibéricos y latinoamericanos en el siglo XX..

¿Hispanidad o decadencia?

El exiliado humanista hispano Luis Vives ya escribió, en el contexto político de la expansión colonial cristiana del siglo XVI , que la construcción de grandes imperios no significaba otra cosa que la erección de grandes ruinas. Desde la poesía árabe y sefardí, que llora el paraíso perdido de su esplendor cultural en la Península, hasta los testimonios de Garcilaso sobre una América no descubierta sino destruida, mucho antes de ser conocida, sin olvidarlas continuas expresiones de pesimismo que atraviesan las consciencias más lúcidas de la historia cultural hispana, de Luis de León a Francisco de Goya, esta visión de violencia, esperanzas quebradas y un interminable desierto de ruinas, es decir, la verdadera decadencia hispánica, ha sido una constante intelectual. Casi es un signo de identidad. Lo era bajo las dimensiones apocalípticas del misticismo judío adoptado el día después de la catástrofe de la expulsión. Lo es también en la literatura oral de los pueblos históricos de América, supervivientes a las estrategias coloniales, poscoloniales y posindustriales de genocidios ecológicos y financieros. Esta visión negativa de la historia hispánica es precisamente un momento central en las historias canónicas de la literatura latinoamericana en la era global: Todas las sangres; Pedro Páramo; El señor presidente; Yo, el Supremo.

Esta reforma ausente o esta truncada reforma de las inteligencias y de las sociedades hispánicas no son una idiosincrasia casual. Son más bien la consecuencia necesaria de un trauma constituyente. Tras decapitar los centros espirituales de la Península y del continente, el cruzado vencedor, la monarquía absoluta y no en último lugar la Inquisición acabaron desollando sus corazones. Abravanel era un portugués huido, Vives y Sánchez fueron exiliados por la Inquisición. Garcilaso vivió un exilio interior celosamente observado por la Iglesia. Spinoza era un descendiente de las familias de Sefard. En el Siglo de las Luces, Castro Sarmiento fue quemado en efigie en Lisboa. Olavide fue liquidado intelectualmente por un auto de fe inquisitorial. Blanco White es un paradigma de la persecución eclesiástica del siglo XIX secundado por el ninguneo nacionalcatólico del siglo XX . Pero a través de muchos de estos filósofos, los que constituyeron el exilio intelectual de Amsterdam y Amberes en los siglos XVII y XVIII , por ejemplo, cristalizó precisamente la modernidad europea en un sentido epistemológico, ético y político. Sus voces fueron parte sustancial de una consciencia reflexiva europea. No de la «identidad hispánica».

Fuente : Pulso Ciudadano

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