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Cuatro causas de la muerte de Cristo

La muerte de Jesús: verdad contada por los historiadores no cristianos

Desde que tengo memoria me he hecho esta pregunta: ¿cómo habrían descrito los médicos forenses las causas de la muerte de Jesucristo si hubiesen tenido oportunidad de practicarle una autopsia? ¿De qué murió?.

En Semana Santa y sabemos cómo relata el Evangelio, con detalles minuciosos, todos los acontecimientos de aquel viernes, que todavía hoy causan una conmoción en el mundo. En cada misa el sacerdote lee a los concurrentes unos párrafos del relato magistral que dejaron escrito los seguidores del crucificado. La gente se sabe de memoria las siete frases que pronunció antes de fallecer.

Pero confieso que he dedicado media vida a investigar qué es lo que dicen sobre tales acontecimientos aquellos historiadores de la época que no tuvieron influencias religiosas ni fueron partidarios del crucificado. Me refiero a historiadores profesionales o testigos presenciales que no eran cristianos. A gente que, por no tener interés personal en el asunto, hiciera un relato objetivo y ponderado.

He buscado, además, las pocas pero extraordinarias investigaciones científicas sobre la muerte de Cristo que se han conocido en los veinte siglos largos transcurridos desde entonces. A renglón seguido les resumo ambos temas.

Sospecho que ustedes van a quedar tan asombrados como yo al descubrir que, desde un punto de vista netamente médico y académico, los doctores coinciden con la narración de los evangelistas.

No soy teólogo ni predicador sagrado, sino un humilde periodista que se limita a registrar los hechos tal como ocurrieron.

En carne viva

Haga de cuenta que ya son las 12 del día de aquel viernes trágico. El sol está alto en el cielo. Jesús acaba de llegar al monte Calvario, o monte de la Calavera, en las afueras de Jerusalén, un pequeño promontorio llamado así porque no tiene hierba y parece una cabeza pelada. Yo lo recorrí hace muchos años, haciendo periodismo. En idioma arameo, calavera se dice ‘gólgota’. Arameo era el idioma en que predicaba Jesús. En Siria quedan unas 25.000 personas que hablan arameo.

En el camino hacia la muerte, Jesús lleva a cuestas el madero horizontal de la cruz, llamado ‘patibullum’, el cual, según las informaciones más serias, pesa alrededor de sesenta kilos. El vertical se lo agregarán cuando ya esté en el monte, poco antes de crucificarlo, puesto de espaldas al suelo, de cara al sol del mediodía. Lo acompaña el populacho frenético, revueltos malhechores y niños con mujeres curiosas, que disfrutan morbosamente con el terrible espectáculo. Lo empujan hasta hacerlo rodar por el suelo de piedra, se ríen de él a carcajadas, los soldados romanos lo insultan.

Flavio Josefo, un respetado cronista del paganismo, relata que “se burlaban de él lanzándole escupitajos y gritándole: ‘Si tu Dios te quiere tanto, que venga a salvarte’. Parecían perros sedientos de sangre tras los despojos del pobre hombre”.

“Y, sin embargo”, agrega Plinio el Joven en sus anotaciones romanas, “aquel condenado adolorido y sangrante los miraba a todos con una mirada mansa y piadosa”.

Antes de iniciar su recorrido hacia el Calvario, a través de un laberinto de callecitas que hoy se conoce como “viacrucis”, Jesús fue castigado con 39 latigazos en la espalda desnuda. Treinta años después, el historiador romano Cayo Graciano, que también era pagano, y que pudo entrevistar a varios testigos presenciales, nos informa que tales látigos son tiras de cuero que llevan colgadas unas bolas metálicas.

Fueron esas bolas las que le provocaron los enormes moretones que se le veían en la espalda. Como si fuera poco, también lo azotaron con un monstruoso instrumento de tortura, unos largos pedazos de hueso afilado, que le cortaron la carne severamente.

‘¿Cómo pudo aguantar?’

Miren lo que describe textualmente Cayo Graciano: “Cuando llegó al monte, el Nazareno, que además era muy flaco, tenía la espalda tan desgarrada que quienes estaban más cerca de él dicen que pudieron verle algunos fragmentos de la columna vertebral, a pesar de los borbotones de sangre que le brotaban”.

“¿Cómo pudo resistir ese hombre semejante dolor durante tanto tiempo?”, se preguntó un día el fisiólogo Zacarías Frank, uno de los investigadores médicos más respetados del siglo XX, austríaco de nacimiento, y que tampoco era cristiano, sino judío practicante.

Sobre ese aspecto específico hay un hecho elocuente que poca gente conoce. El dolor de Jesús era tan agobiante que en esa época no existía una palabra para describirlo, ni siquiera en la ciencia médica. Tuvieron que pasar diecinueve siglos antes de que inventaran el término apropiado para referirse a un dolor que no se puede soportar: los doctores lo llaman, precisamente, ‘dolor excruciante’, que, traducido al lenguaje corriente, significa ‘dolor que se siente en la cruz’. La Academia Inglesa de Medicina lo describe así: “Dolor atroz, insoportable y agonizante”.

Los clavos

Volvemos al monte Calvario. Ya lo están clavando en la cruz, que será levantada en medio de la colina. Ahora hemos venido a saber, gracias a las investigaciones científicas más respetables, que, contra lo que suele creer la tradición popular, y contra lo que se representa en cuadros y dibujos de la imaginería artística, los clavos no le fueron puestos en las palmas de las manos. Se ha aclarado ya que en aquella época, en el idioma latino que también se hablaba en la colonia romana de Palestina, la palabra manos se escribía ‘manibus’, pero no solo se refería a las manos propiamente dichas, sino al antebrazo en general.

Nicu Haas, profesor de la Universidad Hebrea de Jerusalén, dirigió una cuidadosa investigación con la que demostró que si a Jesús lo hubieran clavado en la palma de las manos, el peso del cuerpo, por ley de gravedad, lo habría empujado hacia adelante y, con toda seguridad, se habría desclavado, cayendo al suelo.

En 1968, unos arqueólogos hallaron al norte de Jerusalén varios de los clavos que se usaban para las crucifixiones en tiempos de Cristo. Su tamaño, más largos que lo normal, parece demostrar que fueron usados para atravesar las muñecas y no las palmas.

Las sombras

Todos los testimonios coinciden en que Jesús murió a la hora religiosa de nona, la hora de la oración, que equivale a las 3 de la tarde de nuestra época. Flavio Josefo, el gran historiador romano, dejó registrado ese momento en la formidable crónica que escribió en su libro ‘Antigüedades judías’:

“Cuando el condenado expiró, el gigantesco velo que cubría lo más sagrado del templo de los judíos se rasgó en dos, de arriba hacia abajo, como si un rayo invisible lo hubiese destruido, y la tierra tembló con un grande estremecimiento, las piedras del monte se partieron sin que nadie las hubiera tocado, se abrieron las tumbas del cementerio del valle de Josafat, que queda frente al Calvario, y muchos cadáveres se pusieron de pie para ir en busca de sus familiares. Y a pesar de que solo era media tarde, el sol se ocultó, y el mundo quedó sumido en las sombras”.

A su turno, Plinio escribió que, “al ver lo que estaba pasando, uno de los soldados romanos se volvió a sus compañeros y exclamó: ‘Verdaderamente, este era el hijo de Dios’. Luego empezó a gritar, arrojó su lanza y se fue corriendo, colina abajo. Nunca más se volvió a saber de él”.

Entre tanto, Jesucristo se desangró en la cruz. La hemorragia era incontenible. “Sudaba sangre”, escribe Graciano. “Y jadeaba con desesperación. Se estaba ahogando”.

4 causas de la muerte

¿De qué murió Jesús, científicamente hablando? Josefo dice lo siguiente: “La crucifixión era una condena tan terrible que a Jesús le desmembró los órganos corporales. De lejos se le podían contar los huesos y las costillas”.

El médico Edward Albury, decano universitario en Oxford, y sobrino del legendario historiador inglés Arnold Toynbee, dice que Jesús sufrió una hemorragia terrible, que le causó a su organismo cuatro efectos principales:

1. Desmayos y colapsos fugaces, pero constantes, a causa de la baja presión sanguínea, que le sobrevino desde que lo estaban azotando en el palacio de Pilato, llamado pretorio. Esos desmayos fueron los que lo hicieron caer al suelo varias veces, cuando iba camino del Calvario.

2. Los riñones dejaron de funcionarle, lo cual le impidió conservar el poco líquido que le quedaba en el cuerpo.

3. Tuvo que haber sufrido una terrible arritmia cardíaca, con el corazón desbocado, tratando de bombear afanosamente una sangre que ya no tenía.

4.Cuando exclamó “tengo sed”, era porque el cuerpo estaba ansiando líquidos para reponer la sangre perdida.

Epílogo

A su turno, el fisiólogo alemán Walter Hernuth, que se describía a sí mismo como “ateo racionalista”, publicó en 1954 las conclusiones de su propia investigación. “Yo no creo que este hombre fuera hijo de Dios”, dice, con energía, “pero podría haberlo sido para resistir semejante tormento durante tres horas. No sé cómo lo hizo. No conozco a nadie que aguante eso”.

Ya son más de las 3 de la tarde. Al pie de la cruz, María, la madre, espera con una sábana en las manos que le entreguen el cadáver de su hijo. La acompaña Juan el Evangelista, que tiene apenas 24 años y parece un niño, el discípulo más joven de todos, el único entre los doce apóstoles que tuvo el coraje de acompañarlo hasta la muerte, desafiando la furia de la muchedumbre.

Cincuenta años después, a mediados del siglo I, el gran filósofo Séneca, que era profesor del emperador Nerón, escribió esta frase:

“No soy cristiano, pero me estremezco al pensar que Jesús murió lentamente, gota a gota, como su propia sangre”.

Por Juan  Gossaín
Con información de:El Tiempo

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Maronitas: Están entre nosotros, pero ¿les conocemos?

©Violaine Martin-UN Geneva-CC

¿Quiénes son y qué influencia tienen los católicos de este rito oriental en el continente americano?.

El mexicano Carlos Slim es un famoso empresario que desde hace años es considerado uno de los hombres más ricos del mundo. Hasta ahí una historia bastante difundida y conocida. Sin embargo, Slim presenta otra característica que por muchos ha pasado desapercibida y que es menos expandida, pues si bien nació en Ciudad de México es descendiente de libaneses y es cristiano maronita, o sea, que pertenece a la rama oriental de la Iglesia católica.

De los 13 millones de cristianos maronitas que hay dispersados en otras regiones del mundo, se estima que 8.9 millones están en América Latina. Una de las comunidades de maronitas más grandes del continente se ubica en Brasil con 5,8 millones de miembros.

América Latina se convirtió en una tierra de esperanza para estos inmigrantes de ascendencia árabe, pero de confesión cristiana, y hasta el día de hoy siguen marcando presencia.

Recientemente, el papa Francisco le encomendó a Fadi Bou Chebel, un sacerdote maronita de origen libanés, construir una diócesis en Bogotá (Colombia) dirigida a la comunidad siria-libanesa-palestina.

“Tengo que preocuparme por los descendientes de la colonia siria-libanesa-palestina para conservar nuestras raíces y nuestra, digamos, espiritualidad oriental, para eso tengo que fundar una diócesis maronita en esta tierra”, señaló a El Comercio de Quito en esa oportunidad.

En ocasión de una visita a Ecuador, este sacerdote maronita pidió rezar por las víctimas del terremoto que afectó el país el 16 de abril de 2016.

“Estoy muy emocionado. Doy gracias a Dios por que nuestra colectividad no quedó cerrada sino que se abrió al país que lo recibió, que esta comunidad ha hecho el bien para la sociedad ecuatoriana; eso es parte de nuestra misión”, agregó.

Bou Chebel se comprometió a seguir visitando el país con bastante frecuencia.

A nuestro lado, pero poco conocidos

¿Pero quiénes son los cristianos maronitas y qué influencia han tenido en el continente? La respuesta es amplia, pero aquí van algunas pistas.

San Marón es el nombre clave. Estos cristianos católicos le deben a él su denominación, pues fue un monje que vivió cerca de Antioquía en el siglo IV –se relacionó con figuras como San Basilio y San Crisóstomo– y es calificado por muchos como un hombre santo, firme y defensor de la fe católica en oriente.

Durante su tiempo había una polémica que dividía a la Iglesia en torno a la figura de naturaleza de Cristo y para mantenerse al margen, Marón se retiró a una zona aislada montañosa y formó una comunidad de fieles, precisamente llamados maronitas.

Luego de la muerte de San Marón (año 410) sus discípulos crecieron en número y formaron el “Convento de San Marón”.

Hacia el año 510, varios miembros de la comunidad sufrieron persecución por temas doctrinales y de parte de quienes no aceptaron la fe católica definida en el Concilio de Calcedonia, llegando incluso hasta a haber mártires.

Con el transcurso de los años, integrantes del pueblo del patriarcado de Antioquía tuvieron que huir a los valles del Líbano donde formaron la Iglesia maronita y san Juan Marón estuvo al frente, siendo el primer patriarca maronita y de todo oriente.

Fue recién en el siglo XVI cuando los maronitas se integraron a la Iglesia católica.

Hoy en día los maronitas están en comunión con Roma, siempre fue fiel y unida al Papa, e incluso actualmente el patriarca maronita se llama Nasrala Butros Sfeir, siendo al mismo tiempo cardenal y por ende “papable”.

Los cristianos maronitas practican el rito oriental, por lo que la liturgia está vinculada a la tradición oriental y emplea el árabe y el arameo (además del español en países de habla hispana), especialmente en la consagración, idioma que hablaba Jesús.

“El rito de la Iglesia maronita tiene una riqueza muy amplia y tradición de la espiritualidad de los primeros padres de la Iglesia, la espiritualidad del ascetismo, del sacrificio para que el cuerpo del ser humano sea purificado por la penitencia, la oración y el silencio”, explica el sitio web de la Iglesia Nuestra Señora del Líbano en México.

Justamente, si bien las principales comunidades están en Siria y Líbano, hay un gran número de emigrantes alrededor del mundo y América Latina es uno de los lugares de mayor refugio para sus creencias y tradiciones.

Fuerte presencia en Argentina, Brasil y México.

No solo Slim es un personaje conocido (hijo de cristianos maronitas) y de origen libanés o ascendencia árabe. En América Latina hay muchos y provenientes de diferentes ámbitos que van desde la cultura hasta la política.

Dentro de este último espectro uno de los más conocidos es el expresidente de Argentina, Carlos Saúl Menem (1989-1999), hijo de sirios (su madre era cristiana maronita). En Brasil, hasta el propio presidente interino Michel Temer es descendiente de libaneses; en este caso, al igual que Slim, también hijo de cristianos maronitas.

¿Sabías que Shakira, la famosa cantante colombiana, también tiene ascendientes libaneses?  ¿Y Ricardo Darín, el reconocido actor argentino ganador de varios premios internacionales? También.

Los ejemplos son muchos y la lista podría continuar.  Pero en cuanto a los cristianos maronitas, en Brasil se encuentra la mayor comunidad.

La eparquía (circunscripción territorial bajo la autoridad de un obispo, sinónimo de diócesis para la Iglesia católica occidental) en ese país data del año 1962.

El primer obispo (o eparca) en Brasil fue Francis Zayek y su particularidad radica en que fue el primero de esta jerarquía nombrado para la diáspora, o sea, fuera del patriarcado maronita en Oriente Medio.

Tomó posesión de la sede de San Pablo, uno de los lugares más influidos por los maronitas en ese país.  Por ejemplo, en esta ciudad la influencia llegó hasta la ciencia y la medicina. Uno de los mejores hospitales del país es el “Sirio- Libanés”.

En Argentina, un claro ejemplo de la presencia maronita es la majestuosidad de la catedral de San Marón en Buenos Aires, lugar muy concurrido por ellos. Fue erigida a principios de siglo con piedras traídas desde  Líbano.

Si bien hace más de 100 años que están presentes en ese país, recién hace poco la comunidad pudo desarrollar esta magnífica obra arquitectónica.  Su obispo emérito es Charbel Merhi, que vive como eremita en  Líbano.

Por otra parte, en Argentina hay un famoso caso, el de Nínawa Daher,  una periodista y abogada católica fallecida en el año 2011 cuya causa se estudia como posible camino para beatificación. Su madre fundó la  Fundación Nínawa Daher -Por una vida digna.

Además, en este país, los miembros de esta comunidad no son ajenos a lo que está sucediendo actualmente en Oriente Medio con los campos de refugiados.

Recientemente lanzaron, en conjunto con la comunidad libanesa en el país, una campaña de apoyo a los refugiados que viven en los campamentos en esa parte del mundo.

“Nos parece que el modo más conveniente para ayudar de forma responsable no es traerlos a un país tan lejano como Argentina, sino brindarles toda la asistencia humanitaria posible en los países donde están refugiados para que puedan vivir de un modo más digno”, expresó Juan Habib Chamieh OMM, administrador apostólico de la eparquía (diócesis) San Charbel en Buenos Aires de los maronitas en la Argentina.

Los maronitas también tienen presencia en México y otros países del continente, un poco menor como Estados Unidos, Canadá, Uruguay e incluso Colombia con el impulso que le quiere dar Francisco.

¿Y en cuanto a la influencia de los maronitas?

Sin lugar a dudas los católicos maronitas que desembarcaron en América Latina dejaron su huella y eso se trasluce en simples ejemplos de personas con descendientes de esa comunidad influyentes tanto en el ámbito político como cultural.

Pero también dejaron su marca  en otros niveles, como en Brasil en cuanto a la medicina, y confirmaron que América Latina fue un lugar seguro para seguir difundiendo sus costumbres y creencias a pesar de las barreras de índole idiomática.

Brasil fue la principal puerta de entrada de los árabes cristianos en el continente durante una fuerte ola de inmigración que hubo a finales del siglo XIX y comienzo del siglo XX escapando de serios problemas, como la persecución religiosa de las  minorías católicas maronitas a manos del Imperio Otomano.

En el continente no encontraron mayores trabas para su desarrollo personal e incluso laboral. Muchos se dedicaron a lo que más sabían: el comercio y por ahí una de las pistas de su huella.

En tanto, el hecho de que muchos de estos inmigrantes fueran precisamente católicos maronitas a nivel de creencias tampoco les ocasionó mayores inconvenientes, pues la mayoritaria en América Latina también es la católica.

Así pues, los cristianos maronitas pisan fuerte en el continente. Y la historia de acogida parece que continuará, pues América Latina sigue siendo de puertas abiertas y sin mayores trabas legales para muchos que tienen esperanzas en un futuro mejor, máxime con la actual crisis de refugiados que se vive ahora en aquella región tan castigada del mundo.

Por Pablo Cesio
Con información de Aleteia

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José y María llevan a Jesús a Egipto, huellas que dejaron a su paso

“José se levantó, tomó al niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes” (Evangelio según San Mateo)

Las autoridades de El Cairo quieren promocionar el itinerario de la Sagrada Familia perseguida por Herodes. Una ocasión para recordar los profundos lazos entre el judeo-cristianismo y aquel país.

El episodio bíblico a que hace referencia este itinerario está relatado en el capítulo 2 del Evangelio de Mateo. Los reyes magos, luego de encontrar a Jesús, se retiraron de Belén por otro camino, para no tener que informar a Herodes de su paradero. Entonces, cuenta Mateo, “el Ángel del Señor se apareció en sueños a José y le dijo: ‘Levántate, toma contigo al niño y a su madre y huye a Egipto; y estate allí hasta que yo te diga. Porque Herodes va a buscar al niño para matarle'”. José “se levantó, tomó de noche al niño y a su madre, y se retiró a Egipto; y estuvo allí hasta la muerte de Herodes”.

La Biblia no dice nada más sobre este azaroso viaje, pero sí la tradición copta, es decir los católicos egipcios, y algunos evangelios apócrifos.

Después de la exitosa gira del papa Francisco por ese país, el gobierno egipcio decidió crear un comité para analizar qué lugares son los más adecuados e interesantes para ofrecer a los viajeros. La idea es promover para el turismo religioso la ruta que se cree que la Sagrada Familia recorrió en el país árabe al huir de Palestina. Con este propósito, el ministro de Turismo, Yehia Rashed, viajó a Roma para reunirse con representantes del sector del turismo en la Ciudad del Vaticano.

Pero este paso de la Sagrada Familia por Egipto es un episodio de significado más teológico que histórico, es un desvío necesario para que se cumpliera la profecía. “De Egipto llamé a mi hijo” (Mateo 2:15).

En la Biblia, ningún otro pueblo está tan estrechamente ligado a la epopeya judía como el egipcio. Fue en Egipto donde Moisés supo quién era y fue en el Sinaí donde recibió la revelación que lo hizo monoteísta.

Aunque no existen rastros arqueológicos de este viaje, desde el fondo de los tiempos, muchos estudiosos del cristianismo han especulado sobre cómo pudo haber sido.

Del exilio egipcio de José, María y Jesús surge además una comunidad cristiana de raíces muy hondas en la historia: los coptos. En cuya tradición está muy arraigada la llamada ruta de la Sagrada Familia, que dejó en su paso muchos sitios santos, venerados hasta la actualidad.

La Iglesia San Sergio en El Cairo, uno de los sitios por los que pasó Jesús en su exilio egipcio

En esta nota se reconstruye ese itinerario y sus razones, con el auxilio habitual del profesor Sergio Prudencstein, especialista en Medio Oriente, docente en la Universidad de Belgrano, y autor, entre otros, de Los escribas de Dios (2015), Moisés, la verdadera historia (2016) e Islam, para saber de qué hablamos (2016), todos de Ediciones Fortnel.

¿Por qué van José y María a Egipto? Existen tanto razones geográficas, como teológicas y culturales para que éste haya sido el sitio elegido.

Era imposible huir hacia el Norte -tierras y pueblos inhóspitos- y hacia el Este -desierto interminable-, por lo que el refugio de todo el que quisiera escapar a la jurisdicción de Herodes era Egipto.

“Por eso, aún sin mandato del ángel, ellos habrían escogido ese destino”, escribió Frank Duff, irlandés, siervo de Dios, fundador de la Legión de María y uno de los que más ha escrito sobre este tema.

En cuanto a lo teológico, son varios los puntos que conectan a Egipto con la Biblia.

El Nuevo Testamento hace un paralelo entre la vida de Jesús y la de Moisés, nacido en Egipto, y gran profeta hasta la llegada del que los cristianos consideran el Mesías.

El propio Moisés les había anunciado la llegada de ese otro profeta: “Profeta de en medio de ti, de tus hermanos, como yo, te levantará Jehová tu Dios; a él oiréis” (Deuteronomio 18:15).

La niñez de Jesús es equiparable a la de Moisés. Es buscado por el rey Herodes para matarlo. Herodes toma las mismas medidas persecutorias que el faraón. No es casual que el niño y su familia huyan del rey hacia Egipto, al lugar donde nació Moisés, para que se cumpla la profecía, como lo recuerda Mateo (cap. 2, versículo 15), “…y estuvo allá hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor habló por medio del profeta, diciendo: De Egipto llamé a mi Hijo”). Está haciendo referencia al profeta Oseas, del siglo VIII antes de Cristo: “Cuando Israel era niño yo lo amé y de Egipto llamé a mi hijo” (Oseas 11:1)

El Nuevo Testamento hace una relectura del Antiguo y especialmente del Exodo. Jesús viene a dar una nueva ley. No es casual que la Pascua sea la culminación, tanto del éxodo como de la vida de Jesús.

El exilio de la Sagrada Familia puede además ser visto como una vuelta a una antigua tierra en la cual sus antepasados, antes de la esclavitud, fueron prósperos. Mil años antes, Abraham, José, Jacob fueron prósperos en Egipto. El recorrido que hacían María y José había sido atravesado por todo su linaje. Era un lugar donde se podía esperar encontrar descanso y alimento. Un lugar que pese a la opresión está asociado a la prosperidad; . Egipto es sinónimo de esclavitud pero también de prosperidad y sabiduría. Por otra parte existía, en ese tiempo, una colectividad judía importante en Egipto.

Finalmente, pero no menos importante, está el aspecto cultural: Egipto era el paso obligado de todos los sabios del mundo antiguo.

La más antigua tradición de la Iglesia basada en una una visión del Papa Teófilo (s.IV), dice que José llegó con su familia hasta Heliópolis -hoy, suburbios de El Cairo-. De la Palestina romana hasta el Delta del Nilo y de ahí hasta Heliópolis. ¿Por qué es importante Heliópolis?

Los magos de la corte del Faraón en tiempos de Moisés eran los únicos, según la Biblia, que imitaban los milagros de Dios. Eran originarios de Heliópolis, donde va la Sagrada Familia. Hay una sabiduría que los antiguos reconocían en Egipto. En aquella época, magia y sabiduría estaban mezcladas. La separación entre lo mágico y lo científico es muy posterior. En la Antigüedad todos los sabios debían pasar por Egipto para ser legitimados: Tales de Mileto, Pitágoras, el propio dios Hermes personificado. Según Herodoto, hasta los dioses griegos se refugiaron en Egipto.

Jesús vuelve sabio de Egipto. En cierta forma, así lo presentan los Evangelios, como un sabio helénico. Es un Maestro, que se ha rodeado de discípulos. Su lenguaje es filosófico, sus frases, de significado universal.

Jesús es presentado como un sabio helénico, un Maestro rodeados de discípulos, que habla con un lenguaje filosófico

Este es un momento en que la cultura helénica era mucho más importante que la romana.

Cabe aclarar que no se trata ya del fenómeno sapiencial ateniense sino básicamente alejandrino, el que nace en Alejandría, es decir, una cultura sincrética. Esta ciudad, fundada en el 330 antes de Cristo por Alejandro Magno conecta, por su situación geográfica, a Oriente con el mundo griego.

Demetrio de Falero, dramaturgo, historiador, esteta -un sabio al estilo ateniense- llegó en el año 296 a.C. a la corte de los lágidas, es decir los Ptolomeos, tras ser echado de Atenas, y los convence de convertir a Alejandría en un centro cultural, convocando a intelectuales y artistas, formando una biblioteca y museo, siguiendo el modelo ateniense. En ese mismo Egipto ptolemaico es donde se traducen al griego los libros de la Torá y demás libros judíos y se los llama por primera vez “Biblia”. Es la llamada Septuaginta o Biblia de los 70, porque según la leyenda Ptolomeo llamó a 70 sabios del templo de Jerusalén, los encerró en el faro de Alejandría, a cada uno en un cuarto distinto, y todos debían traducir la Biblia a la vez y todas las traducciones resultaron idénticas lo que implica que estaban inspiradas por Dios.

Los Ptolomeos pensaban que si conocían el pensamiento de todos los pueblos, los podrían conquistar. Por eso hacían estas traducciones. Pero la Biblia les fue especialmente recomendada por ser considerada cercana a la filosofía griega, incluso con una analogía con Platón y Aristóteles, que eran unívocos en la idea de Dios.

Todo esto habla del lugar central que ocupaba Egipto en el mundo Antiguo tardío. El idioma franco del Mediterráneo era el griego y no el latín. Se puede fechar este dominio de cultura helénica -más transmisión cultural que imposición- de Alejandro Magno a Cleopatra, es decir, unos 300 años.

El cristianismo penetrará con bastante facilidad en Egipto porque estaban acostumbrados a conceptos como el del dios que muere y resucita (Osiris) o la Diosa Madre (Reina del cielo, Isis amamantando al niño), el paraíso como premio y la vida en el más allá.

Incluso el concepto de Trinidad. El Sol (Ra) era Horus por la mañana, Ra al mediodía, Osiris al anochecer. Tres distintos pero uno solo. Ra naciendo, Ra adulto, Ra muriendo.

Sólo hubo disenso en torno al concepto de si el cuerpo de jesús era o no humano. Es decir, niegan la doble naturaleza de Jesús, por ello serán llamados monofisitas. Esta diferencia se plasma en cisma en el Concilio de Calcedonia (451 d.C.) y desde entonces la Iglesia ortodoxa griega sigue un camino propio.

Más tarde la llegada del Islam a Egipto cambiará el escenario. Pero la religión copta sigue viva.

Cerca de las ruinas de Heliópolis, las ruinas de la Iglesia en San Sergio que contiene la cueva donde según la Biblia se refugió la familia de Jesús. Los detalles los dan los primeros apologistas del cristianismo. Toda la apologética es muy rica en exégesis.

Los 7 lugares más importantes del recorrido de la Sagrada Familia

El mapa muestra el itinerario de la Sagrada Familia en Egipto

El itinerario que se describe viene de la visión del papa Teófilo (s IV).

El libro de los coptos Registro de los hechos históricos y religiosos de Jesús, fue dictado por Teófilo, originario de Alejandría, que muere en el año 412.

El primer tramo es de Gaza a El Arich, un puerto de la península del Sinaí, sobre el Mediterráneo, que antiguamente se llamaba Rinocolura, que significa “Ciudad de los desnarigados”, ya que allí eran desterradas personas que sufrían ese horrible castigo.  Era además, el límite entre el Reino de Herodes y el Egipto Romano.

James Duff especula con que es muy posible que, para hacer el viaje, se hayan unido a una caravana. De día, habrán soportado un calor intenso y mucha sed. De noche, se verían obligados a dormir a la intemperie y soportar el intenso frío.

El itinerario que siguieron José, María y Jesús fue establecido a partir de una visión del Papa Teófilo en el siglo IV

1a parada: Pelusio. El lugar nº 1 en importancia. Hoy El Farma. Ubicada entre Sinaí y el Delta. Los arqueólogos han encontrado allí una Iglesia muy antigua quizá la más antigua de Egipto. Un edificio del siglo I posiblemente usado como Iglesia desde el siglo III. Una antigüedad que demuestra que la práctica del cristianismo era anterior a Constantino, al cristianismo oficial.

2ª parada. Tell-Basta o Bubastis. 80 kilómetros al noroeste de El Cairo. Allí se atribuye a Jesús el haber hecho el milagro de crear un manantial. El agua era un factor crítico en esos lugares. Si bien la tradición dice que Jesús hizo varios milagros a lo largo del trayecto, también hubo incidentes. Aquí, fue perseguido por la gente porque a su paso caían estatuas de dioses y faraones. Esto también se corresponde con una profecía, en este caso de Jeremías: “Y pondrá fuego a los templos de los dioses de Egipto y los quemará, (…) Además quebrará las estatuas de Bet-semes, que está en tierra de Egipto, y los templos de los dioses de Egipto quemará a fuego” (Jeremías 43)

3a parada: Belbeis. A 55 km de El Cairo. Allí, la Virgen y el Niño debajo de una acacia que supuestamente aún existe. Son varias las ciudades que dicen tener un árbol sagrado.

Según la tradición, en varios sitios se conservan árboles a cuya sombra descansaron María y el niño Jesús

4º parada: Sakha. Cruzan el Nilo para ir a este lugar. Allí los coptos registran una reliquia. La huella de la pisada de Jesús niño sobre una roca. Hace unos 20 años se la destapó y el público la puede ver y tocar en la Iglesia de la Virgen María.

5º parada: El Uadi el Natrun, cerca de El Cairo, que era el sitio de donde extraían la sal para las momificaciones. En la zona hay toda una serie de monasterios (cabe recordar que el monaquismo es una creación copta). Monasterio de El-Serian y la Iglesia del Monasterio de Abu Maqar. Todo alrededor del valle de Natrón, que es un oasis.

6º parada: Heliópolis. Cruzando el Nilo hacia el este, van a Matiaré (un barrio aledaño). Era una aldea muy habitado por judíos. Allí José trabajó como carpintero. Se instala por bastante tiempo. Son protegidos por la colectividad judía del lugar. Allí había muchos sicomoros. Y dicen que aún está el sicomoro de María y el Niño. Dicen que aún está. Fue ahí donde Jesús creó una nueva fuente de agua. María lavó la ropa del niño y arrojó el agua al suelo y nació una planta de bálsamo. Muy visitada en la Edad Media por sus propiedades curativas. Iglesia de la Virgen, Convento de la Virgen. La mayor parte de los escritores antiguos han recalcado la caída al suelo de todos los ídolos de un templo vecino al paso de la Sagrada Familia por los arcos macizos de piedra de Heliópolis. Entonces, el gobernador del lugar quiso matar a Jesús. La Sagrada Familia se escondió entonces en una cueva durante unos quince días. Sobre ese sitio se levanta hoy la Iglesia de San Sergio. Es el monumento copto más importante.

La gruta en la cual se ocultó la Sagrada Familia durante quince días, en la Iglesia San Sergio

7a parada: Monasterio de Al Moharrak. Es el más importante, porque es el lugar del renacimiento, como si el Niño volviera a nacer en el momento en que Dios les dice que pueden volver. Una segunda Belén.

Este itinerario se vincula en cierta forma a la gran cantidad de Iglesias y monasterios que hay.

En la Edad Media se creía que si no había una reliquia, un objeto sagrado, en el lugar no se podía edificar una Iglesia. La Iglesia era antes que nada un relicario. ¿Y qué mejor reliquia que el paso de Jesús?

Por Claudia Peiró 
Con información de Infobae

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