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Alemania,China,Rusia.Nueva ruta de la seda.¿Troika del siglo XXI?

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Alemania y China edifican la nueva ruta de la seda a través de Rusia: ¿la troika del siglo XXI? – Por Alfredo Jalifeñ-Rahme.

A diferencia de Alemania y Rusia, la prensa china ha otorgado mucho vuelo a la “nueva ruta de la seda”: un proyecto geoeconómico de primer orden de Pekín que lo conecta geoeconómicamente con Berlín y Moscú, pero que, a mi juicio, tiene un transcendental trasfondo geopolítico ( emsnews, 30/3/14). Durante su visita al emblemático puerto alemán de Duisburgo –el mayor puerto interno del mundo en la región siderúrgica y comercial del Ruhr, además de ser la encrucijada de transporte y logística de Europa–, el mandarín chino Xi Jinping exhortó a construir el cinturón económico de la ruta de seda.

Mientras Estados Unidos (EU) realiza cuentas alegres con los dos brazos de sus ominosas tenazas geopolíticas/geoeconómicas –tanto de la Asociación Transpacífico (ATP) como de la Asociación Trasatlántica de Comercio e Inversión (TTIP, por sus siglas en inglés), los cuales supuestamente captarían las dos terceras partes del comercio global–, las tres grandes geoeconomías de la proyectada “nueva ruta de la seda” conectarían a la hoy segunda geoeconomía global, China –a punto de desbancar a EU–, Alemania (primera en Europa y la cuarta a escala global) y Rusia (octava economía global).

La osadía geoeconómica/geopolítica del mandarín chino puede acelerar los planes de guerra de EU y Gran Bretaña, ya que ha sido un axioma inmutable de la geopolítica anglosajona desde sir Halford Mackinder (creador conceptual de la OTAN), en el intermezzo de las dos guerras mundiales a inicios del siglo XX: impedir a cualquier precio una alianza entre Alemania y Rusia en Europa. Hoy China y Alemania están conectadas por la red ferroviaria internacional Chongqing/Xinjiang/Europa.

Según Xinhua (28 y 30/3/14), la red ferroviaria “Yu Nueva Europa”, bautizada como la “nueva ruta de la seda”, se ha convertido en la “más importante ruta de comercio del mundo (¡supersic!) al conectar la relevante metrópoli sur-occidental de Chongqing (China) con Duisburgo”, que entró en operación en 2011 y recorta cinco semanas de transporte marítimo a sólo dos –lo cual fue seguido en 2013 por la conexión ferroviaria de cargo de Chengdu (capital de Sechuan y santuario de los legendarios Pandas)/Lodz (Polonia)que atraviesa Kazajistán, Rusia y Bielorrusia: mercados emergentes donde pasa la ruta de carga, que toma 12 días de transportación (http://www.alfredojalife.com/?p=1075 ).

Se vaticina que China se convertiría en el mayor socio comercial de Alemania en los próximos cinco años, cuando los principales socios de Berlín, tanto Francia como EU, “carecen de un poderoso potencial de crecimiento”.

En medio de las sanciones de Oc­cidente a Rusia, la prensa iraní destaca el acercamiento de China con Alemania, publica una entrevista con el investigador estadunidense-alemán William Engdahl, muy versado en geopolítica de los energéticos, las finanzas y los alimentos, además de ser catedrático de universidades en China y Alemania (http://www.presstv.ir/detail/2014/04/06/ 357386/china-uses-economy-to-avert-cold-war/). A juicio del entrevistador iraní, el presidente chino, Xi Jingping, dio un golpe maestro de “diplomacia económica” para contrarrestar el “esfuerzo de la facción neoconservadora de Washington para propiciar una nueva confrontación entre la OTAN y Rusia”.

Para Engdahl, la proclama de Xi en Duisburgo comporta “implicaciones asombrosas de crecimiento económico en Eurasia”. Resulta y resalta que Alemania y China representan “dos locomotoras económicas” a cada lado de la ruta de la seda y rememora que el término de “ruta de la seda” describe “la antigua ruta comercial y cultural entre China, Asia Central y el Sur de Asia, Europa y Medio Oriente, que fue creada durante la dinastía Han, 200 años aC”.

Tanto la “ruta de la seda económica” como la “ruta de la separada seda marítima (sic)” fueron mencionadas por Xi durante la tercera sesión plenaria del Partido Comunista chino. Para Xi la ruta euroasiática representa una “prioridad estratégica”, ya que “China necesita encontrar nuevos mercados de exportación y preservar los existentes, así como disminuir las brechas de desarrollo entre las áreas costeras bien desarrolladas como Shanghai y la parte menos desarrollada al interior del país”, lo cual servirá para “preservar la estabilidad al interior de China y en su vecindad”.

La provincia efervescente de Xinjiang (China) se encuentra a lo largo de la ruta de la seda, donde prevalecen los islámicos uigures: centroasiáticos de origen mongol.

Engdahl destaca que “el camino del corredor de la nueva infraestructura pasa por Rusia (¡supersic!)”, por lo que “no existe alternativa económica” y hace inevitable la profundización de la cooperación entre Alemania y Rusia y, por ende, de China con los dos. A Engdahl no se le pasa por alto que una semana antes de su periplo por varios países de Europa, Xi recibió en Pekín al príncipe heredero de Arabia Saudita, Bin Abdulaziz Al Saud, a quien invitó unirse en la construcción del cinturón económico tanto de la ruta eurosiática de la seda y como de la “ruta marítima de la seda” del siglo XXI que promuevan la “conectividad del transporte y la cultural”.

Llama la atención que Xi siempre acompañe la cuestión cultural en sus intercambios comerciales, como dejó entrever en su histórica visita a Yucatán: el “espíritu de Chichen Itzá”. El mandarín chino no deja nada al azar y, al unísono de su primer ministro, ha realizado visitas a varios países centroasiáticos a lo largo de la ruta de la seda: Turkmenistán, Kazajistán, Uzbekistán y Kirguizistán.

La elusiva estabilidad en Asia Central será fundamental para el éxito de la nueva ruta de la seda que comporta una propuesta visionaria y muy ambiciosa de cinco puntos del Xi: 1) la cooperación económica conjunta (¡supersic!); 2) el fortalecimiento de las conexiones de ruta para construir un gran corredor de transporte del Pacífico al mar Báltico y de Asia central al océano Índico (¡supersic!); 3) la facilitación comercial mediante la eliminación de barreras comerciales; 4) el fortalecimiento de la cooperación monetaria (¡supersic!), lo cual, a mi juicio, desplazaría gradualmente al dólar e impulsaría al renminbi chino, la rupia de India y al euro “alemán”, y 5) el estrechamiento de las relaciones de sus poblaciones: 30 mil (¡supersic!) miembros del Consejo de Cooperación de Shanghai estudiarán en las universidades chinas en los próximos 10 años.

Detrás de la decisión de China de enfocarse en dirección de su “occidente”, se encuentra un componente mayúsculo de seguridad, a juicio de Engdahl, cuando China es “muy vulnerable a la interrupción del estrecho de Malaca, donde pasa 85 por ciento de sus importaciones que incluyen 80 por ciento de sus necesidades energéticas”.

Con la mirífica “nueva ruta de la seda”, en sus componentes terrestre y marítimo, China intenta dar la vuelta al virtual bloqueo del estrecho de Malaca.

¿Dejará la dupla anglosajona, muy versada en balcanizaciones y desestabilizaciones, prosperar el eje euroasiático tripartita Berlín-Moscú-Pekín, que puede definir el nuevo orden multipolar?

Don Alfredo Jalife-Rahme
Don Alfredo Jalife-Rahme

Con información de : La Jornada

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Repliegue estratégico y expansión cibertecnológica/mercantil de EU

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Dr. Alfredo Jalife-Rahme

Ahora que Barack Obama anda de gira por Asia para promover su polémica política del “pivote” contra China (Bajo la Lupa, 19/5/13), El Diario del Pueblo (9 y 10/4/14), portavoz del Partido Comunista de China, percibe un “repliegue estratégico” de Estados Unidos e investiga lo que “se encuentra bajo su superficie” con la opinión plural de seis expertos: dos de Estados Unidos –Joseph Nye, politólogo de la Universidad Harvard y anterior asistente del Pentágono, quien acuñó el término de “poder blando”; y Douglas Paal, vicepresidente de estudios del Carnegie Endowment for International Peace–, dos de China –Ding Gang, prominente reportero del Diario del Pueblo, y Yuan Peng, vicepresidente del Instituto de Relaciones Internacionales Contemporáneas de China–, y dos de Singapur –Bo Zhiyue, investigador becario del Instituto del Este de Asia de la Universidad Nacional de Singapur, y Chen Gang, investigador becario del Instituto del Este de Asia.

El rotativo expone el punto de vista superoptimista de Joseph Nye, quien cita un sondeo del Pew Research Center y del Consejo de Relaciones Exteriores (CFR, por sus siglas en inglés), donde 52 por ciento de estadunidenses piensan que Estados Unidos “debe consagrarse a sus asuntos y dejar que otros países resuelvan los suyos”. El mismo porcentaje considera que el país es “menos importante y poderoso” debido al error de las guerras en Irak y Afganistán, por lo que deberá ser “más selectivo en sus compromisos sin sucumbir al aislacionismo, cuando mantiene una presencia considerable en el mundo”.

Joseph Nye juzga que Clinton se ajustó a una situación global en la que “Estados Unidos no tenía un enemigo claro”, pero después del 11-S se enfocó al “adversario terrorista” y a las guerras de Afganistán e Irak, cuando se “sobremilitarizó”.

Nye considera que la presente política exterior de Estados Unidos es la de un “compromiso selectivo”: permanecerá como “el principal poder en el mundo durante décadas que no puede escapar de sus responsabilidad global”, pero también debe percatarse de que cesó de ser una potencia hegemónica, por lo que “deberá seleccionar con cuidado las áreas donde se compromete o se retira”.

Douglas Paal arguye que “Estados Unidos experimenta la fatiga de combate, que no significa lo mismo que una retirada”, cuando su “poder duro” (militar) no se encuentra en declive, sino que está en reposo cuando su “economía está en el estadio primario de recuperación, de acuerdo con su desempeño bursátil del año pasado”. Aduce que los intereses de Estados Unidos son todavía “vastos y muy defendibles”, pero que los militares “necesitan recuperarse de conflictos mal concebidos y mal conducidos”.

Ding Gang razona que el “ajuste estratégico” de Estados Unidos conlleva al outsourcing, lo cual implica un mayor énfasis en la cooperación, y al “reposicionamiento de sus recursos”, mientras “gana fortaleza en otras áreas”. Para 2020, de acuerdo con su plan naval, 60 por ciento de la fuerza militar de Estados Unidos será desplegada en la región del Pacífico, donde su número de barcos se incrementará de 50 a 65, al unísono de la implementación de su estrategia conjunta de batalla “aire/mar” en cooperación con sus aliados asiáticos, particularmente Japón.

En el contexto global, según Ding Gang, “Estados Unidos es el más capaz en términos de transformar sus propios objetivos estratégicos en otros que comparta con distintos países” y lo que parece su “repliegue estratégico” significa más bien “mirar hacia adelante, mientras retrocede un paso”: un “cambio de forma, o de tácticas, pero los objetivos estratégicos siguen intactos”, cuando la intervención de Obama “entremezcla los impulsos morales (¡supersic!) y políticos de Estados Unidos con los tiempos económicos restringidos actuales”, por lo que ajustará su política exterior, mientras su “cartera está agotada”. De allí que busque “maximizar su influencia diplomática con la menor cantidad de dinero posible, ondeando la bandera moral (¡supersic!)”.

Yuan Peng sostiene que Obama exhibe un estilo diplomático más precavido que su antecesor Baby Bush, mediante el que intentará “mantenerse fuera de las guerras en la medida de lo posible” cuando “Estados Unidos pasa por un periodo de contracción (sic) estratégica”: dos guerras y una crisis financiera que “lo han dejado lisiado”, por lo que, pese a las reformas que “han generado algunos resultados, aún se encuentra muy lejos de la plena recuperación” y debe emprender un “cálculo cuidadoso de los riesgos implicados antes de sumergirse a cualquier cosa que implique problemas”.

Hoy, según Yuan Peng, las “amenazas y desafíos” son “multifacéticos” en esta nueva era, cuando suceden dos situaciones: un “repliegue estratégico”, en el sentido tradicional, al mismo tiempo de “una expansión estratégica” en nuevas áreas como Internet, el espacio, las nuevas tecnologías, la nueva energía y el establecimiento de nuevas alianzas y reglas mercantiles. Desde el punto de vista geopolítico, juzga Yuan Peng, “Estados Unidos sigue expandiendo su influencia en la región Asia-Pacífico”, y sentencia que cuando se sienta más poderoso, “está destinado a realizar un regreso una vez que sus heridas hayan sanado”.

El académico chino Yuan Peng avanza que la recuperación económica y la estabilidad social siguen siendo las principales prioridades, con el lacerante problema del desempleo, que aún no encuentra solución, mientras que en el frente internacional, con el ascenso colectivo (¡supersic!) de nuevos poderes, “Estados Unidos está rediseñando su mapa estratégico con nuevas reglas internacionales y nuevas ventajas competitivas”, cuando “todavía prevalece el sentimiento antiguerra en la sociedad”.

Yuan Peng juzga que es “absolutamente imposible para Estados Unidos caer en el aislacionismo”, ya que “posee intereses nacionales en todo el mundo”, por lo que “adopta una intervención delegada (¡supersic!), condicional y selectiva”: empuja a Japón y a Filipinas en las disputas de los mares del Sur y el Este de China, mientras se mantiene “en la parte trasera” dentro de su estrategia de “poder inteligente” ( smart power).

Bo Zhiyue alega que “la proeza económica de Estados Unidos ha disminuido, pero militarmente es todavía lo suficientemente poderoso para intervenir en temas globales”, cuando Obama, en contraste con Baby Bush, enfatiza más los “temas domésticos como el empleo, la salud y el control de armas y tiende a interferir menos en los asuntos internacionales”.

A juicio de Bo Zhiyue, Obama deja atrás el unilateralismo y el “poder duro”, mientras abraza el multilateralismo y el “poder blando”, ya que las intervenciones directas de Estados Unidos son siempre “fáciles de empezar, pero muy difíciles de concluir”. Vaticina que en cuanto mejore significativamente la economía de Estados Unidos, existe la posibilidad de que se vuelva más intervencionista.

Chen Gang arguye que “el ascenso de China e India cambió la estructura de poder global, y después de la crisis financiera de 2008, el “modelo estadunidense es menos atractivo”.

A mi juicio, la mayoría de los expertos consultados no da por muerto a Estados Unidos, que mantiene ventaja en las nuevas tecnologías pese a su franca decadencia, cuando no existen poderes hegemónicos que le hagan frente a escala global, pero sí a nivel regional.

Es probable que el “mundo post Crimea” y el epílogo de las disputas en los mares del Sur y Este de China definan el destino de Estados Unidos y el de sus rivales: Rusia y China.

Don Alfredo Jalife-Rahme
Don Alfredo Jalife-Rahme

Con información de : La Jornada

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Ucrania: la nueva geopolítica/geoeconomía del mar Negro

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Dr. Alfredo Jalife-Rahme

Se concreta el acuerdo histórico entre Rusia/EU/Unión Europea (UE)/Ucrania que previó Bajo la Lupa hace mes y medio (http://www.jornada.unam.mx/2014/03/05/opinion/018o1pol ), donde Moscú avanza su predominio en el mar Negro.

A cada superpotencia su mare nostrum. Estados Unidos ha delimitado el suyo en el “mar Mediterráneo de EU” (http://www.alfredojalife.com/?p=1086 ) –la suma del Golfo de México (sic) y el mar Caribe–, según los preceptos del geopolitólogo Spykman.

China intenta crear su mare nostrum en el mar del Sur de China como medida preventiva a la asfixia marítima de Estados Unidos y Japón. Y ahora Rusia recupera en forma gradual el dominio que tenía la URSS del mar Negro en codominio con Turquía/Estados Unidos/OTAN.

El mar Negro mide más de 400 mil kilómetros cuadrados (mayor al territorio alemán reunificado) y se conecta al mar Egeo/mar Mediterráneo a través de los estrechos Bósforo/Los Dardanelos.

La revista The Diplomat (16/4/14), consagrada a la región Asia-Pacífico, publica un llamativo ensayo de James Holmes –profesor en el US Naval War College, especialista en estrategias marítimas de Estados Unidos, China e India y en historia diplomática y militar de Estados Unidos– sobre “La geopolítica del mar Negro”.

Más allá de su proclividad nativa y laboral, James Holmes divulga que el acuerdo Incidentes en el mar (Incsea, por sus siglas en inglés), concretado por Washington y Moscú hace 42 años, antes de la desaparición de la URSS, sigue vigente, a pesar del reacomodo entre las flotas de ambas superpotencias en el mar Negro durante la crisis ucraniana.

A su juicio, hoy “Estados Unidos posee (¡supersic!) el mar Caribe y el Golfo de México”, mientras que “China detenta tanto el mar del Sur de China como el mar del Este de China”, y “parece que Rusia tiene el mar Negro y codicia una supremacía en el océano Ártico descongelado” (nota: por el cambio climático).

Varios estrategas manejan que la tercera guerra mundial, en caso de escenificarse, se librará en los mares, a lo que se preparan ya Estados Unidos y China.

James Holmes juzga que “existen dos paradigmas (¡supersic!), los de Estados Unidos y China”, y rememora que en la era de la doctrina Monroe –que, por cierto, el secretario de Estado, John Kerry, considera caduca– “Estados Unidos se consideró el justo (sic) guardián de los mares en el continente americano, lo cual impidió nuevas adquisiciones europeas de bases navales en el Caribe”, pese a su “intromisión y hasta abuso hacia las repúblicas de Latinoamérica”; aunque Washington “nunca proclamó los términos de la navegación de transporte foráneo en los mares del hemisferio occidental (sic)”.

No había necesidad de proclama alguna cuando la confiscación de Estados Unidos vía el axioma del geoestratega Spykman era más que suficiente.

Hasta aquí el “paradigma de Estados Unidos en los mares”. Quizá a James Holmes le faltó agregar la conducta más pirata que marítima de Gran Bretaña, en particular, su polémica presencia militar en las Malvinas, desde donde irradia su cobertura irredentista hasta la superestratégica Antártida.

En cuanto al “paradigma chino”, James Holmes aduce el “acordonamiento” de la mayor parte del mar del Sur de China, declarada zona de “soberanía indisputable”, lo cual la incorpora como mar interno, sujeto a su ley doméstica.

¿Existe un “paradigma ruso” de sus mares aledaños? La geografía del mar Negro difiere de los mares Mediterráneo, Caribe y los de China, debido a que Turquía “se encuentra sentada a horcajadas en su único paso”, que lo conecta al mar Mediterráneo.

James Holmes arguye que “el prospecto de aislar a Rusia del mar Mediterráneo” –por tanto, del mar Rojo y el océano Atlántico– podría modificar la forma en que Moscú aborda esta preservación (sic) marítima”.

El título del ensayo de James Holmes es muy rimbombante –”La geopolítica del mar Negro”–, y se queda corto en enunciar los alcances geoestratégicos de Rusia, que se iniciaron, a mi juicio, en su guerra con Georgia en 2008 –lo cual desembocó en la separación de Abjasia en la costa oriental del mar Negro– y se consolidaron seis años más tarde durante la crisis en Ucrania (cuya única salida marítima es el mar Negro) con la reincorporación de la “República Autónoma de Crimea” a la “madre Rusia”.

El dominio parcial, hasta ahora, de Rusia de su único mare nostrum, sin contar el océano Ártico, no se confina exclusivamente a la “geopolítica del mar Negro”, sino que, a mi juicio, trasciende mediante un aspecto geoeconómico con derivaciones turísticas, como la inversión de más de 50 mil millones de dólares en Sochi, en la parte oriental del mar Negro –en las laderas del incandescente Cáucaso–, donde se celebraron los Juegos Olímpicos de Invierno.

Desde 2008, el zar Vlady Putin ha recuperado parte de las posesiones de la antigua URSS en el mar Negro –sea por intención preprogramada, sea por los graves errores geoestratégicos de Estados Unidos/UE/OTAN, tanto en el Cáucaso como en Ucrania.

Desde 2008 se han concatenado sucesos estrujantes en el litoral del mar Negro: separación de Abjasia (Sujimi: capital costera en el mar Negro); la celebración de los Juegos Olímpicos de Invierno en Sochi; la anexión de Crimea (donde se ubica la principal flota rusa en el puerto de Sebastopol) y su reposicionamiento en el litoral de Ucrania oriental en las provincias rusófonas/rusófilas a veleidades secesionistas.

Sin contar la solicitud de un referéndum separatista en Odesa (http://www.alfredojalife.com/?p=1089 ), principal puerto comercial cosmopolita (todavía de Ucrania) en el mar Negro, queda pendiente la compleja separación de la rusófila Transnistria de Moldavia (http://www.alfredojalife.com/?p=1092 ) y que ostenta una presencia de mil 200 soldados rusos.

En medio del gran brillo mediático de Vlady Putin, que reconoce hasta el Financial Times (17/4/14), el eclipsado premier Dimitry Medvediev ha tenido el tiempo de reaparecer y anunciar la creación de una “zona libre económica en Crimea”, la cual, a mi juicio, pudiera conectar gran parte de la costa norte del mar Negro: desde el circuito Transnistria/Odesa pasando por Crimea hasta Sochi/Abjasia (http://www.alfredojalife.com/creacion-de-una-zona-economica-especial-en-crimea/ ).

Poco se ha manejado el dramático giro geopolítico del proceso en Egipto con su acercamiento a Rusia (http://voiceofrussia.com/radio_broadcast/no_program/271262591/ ) cuando el candidato presidencial, el general Sisi, es apuntalado por Arabia Saudita, que fue tratada con guantes de seda durante la conferencia por televisión de Vlady Putin.

Lo real es que Arabia Saudita cada día se aleja más de Estados Unidos, en la medida en que se acerca a Rusia y a China.

La geopolítica/geoeconomía del mar Negro no es tan lineal y trasluce hipercomplejidades de varios niveles, y tampoco se puede soslayar el papel preponderante de Turquía –donde ha sido relegido el primer ministro Erdogan–, que es muy dependiente tanto del gas ruso como del iraní.

Y aquí entra en juego la trascendente conectividad de las interacciones geoeconómicas mediante la llave de Turquía –paradójicamente miembro extraño de la OTAN simultáneamente rechazado por la UE–, para la salida de Rusia del mar Negro al mar Mediterráneo, lo cual, en la era del fin del petróleo barato, puede ser paliado por las exportaciones del gas ruso.

El mar Negro sufre hoy su enésima transformación histórica.

Don Alfredo Jalife-Rahme
Don Alfredo Jalife-Rahme

 

Con información de :La Jornada

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