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Museo de Praga participará en salvamento de patrimonio cultural sirio

Palmira – Siria

El Museo Nacional de Praga participará en el salvamento del patrimonio histórico-cultural de Siria, dañado seriamente en los enfrentamientos bélicos en el país. La institución ayudará en la restauración de objetos y monumentos, al tiempo que expertos checos enseñarán a sus socios sirios los procedimientos más modernos de conservación de artículos de gran antigüedad.

El Gobierno checo aprobó el año pasado un programa de ayuda a Siria, afectada por la guerra, que entre otras cosas abarca envío de material sanitario, proyectos de restablecimiento de las infraestructuras, así como el salvamento de monumentos incluidos en el Patrimonio Cultural de la Humanidad, de la UNESCO.

A este último proyecto se adhirió el Museo Nacional de Praga, que suscribió hace poco una declaración de cooperación en la protección de monumentos con la institución siria Museos y Antigüedades. El director del museo checo, Michal Lukeš, destacó que la recuperación de objetos e inmuebles de valor histórico-arquitectónico es tarea de todo el mundo civilizado.

”En Siria hay guerra, y muchísimas cosas, incluidos monumentos antiguos, fueron destruidas durante las operaciones bélicas. Algunos incluso intencionadamente, por motivos ideológicos. Tuve la posibilidad de visitar la ciudad de Homs que resultó muy devastada. Pero también en la ciudadela de Palmira fueron destruidas muchas antigüedades, o sea que la tragedia en lo cultural es inmensa. Por otro lado, los trabajadores de Museos y Antigüedades lograron trasladar algunos valiosos artefactos a Damasco y muchas cosas se lograron salvar. Ahora necesitan de nuestra ayuda para restaurar, conservar y poder volver a exponer esos objetos”.

Como explicara Michal Lukeš, director del Museo Nacional, la ayuda a Siria será promovida en cooperación con el Ministerio de Cultura y el Ministerio de Relaciones Exteriores checo, y abarcará varias disciplinas.

”En la primera fase averiguamos lo que nuestros socios sirios necesitarían en concreto para su trabajo, y acordamos cooperar en diversos sectores. Pronto se dirigirá a Siria el primer envío con sustancias para el tratamiento de objetos históricos y su restauración, así como máscaras respiratorias y otros artículos necesarios para la conservación, y que en Siria escasean actualmente. En la segunda mitad de este año queremos traer a Praga algunos objetos del país árabe para restaurarlos aquí, en nuestros talleres”.

La ayuda checa implica igualmente la capacitación de especialistas sirios en Chequia en las labores de restauración con utilización de técnicas modernas, así como en screening y digitalización en 3D del patrimonio cultural.

Muchos otros países del mundo ofrecieron asistencia a Siria en la recuperación de sus antigüedades, sin embargo, el apoyo checo es de los más preciados, como sostuvo durante su reciente visita a Praga Mamun Abdul Karim, director general de Museos y Antigüedades de la República Árabe de Siria.

“La República Checa fue el primer país en ofrecernos ayuda en este sector, y Michal Lukeš fue el primer director de un museo en visitar Damasco. Esto nos dio una agradable sensación y nos convenció de que a pesar de nuestro aislamiento y la guerra no estamos solos, y que tenemos una tarea y responsabilidad común de salvar este legado de la Humanidad”.

La cooperación checo-siria en el tema de las antigüedades abarca también la organización de conferencias sobre arqueología, museología y la conservación de monumentos, así como de exposiciones sobre el tema. La primera tendrá lugar en octubre en Praga, y sus visitantes se enterarán a través de fotografías de los monumentos histórico-culturales afectados o destruidos por la guerra en Siria.

Por Ivana Vonderková
Con información de Radio Praha

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Los tesoros que dejó atrás el «saqueador de tumbas» en Deir el Bahari

Veinte profesionales internacionales forman parte del equipo de Morales ©ABC

La expedición liderada por el español Antonio Morales trabaja, desde 2015, en una necrópolis de más de 4.000 años.

Entre los siglos XIX y XX, decenas de arqueólogos y aventureros envueltos en una pátina de romanticismo, desde Belzoni a Howard Carter, se acercaban como moscas a un Egipto que se dibujaba, en el imaginario colectivo europeo, preñado de tumbas, pirámides, momias y tesoros faraónicos, buscando el reconocimiento de un descubrimiento tras otro. Sin embargo, la egiptología como ciencia arqueológica, años después, es mucho más que llegar y besar el santo, como demuestra la expedición liderada por el español Antonio Morales, que desde 2015 investiga y cataloga los tesoros científicos menospreciados por los pioneros de la egiptología en dos tumbas de más de 4.000 años de antigüedad en la necrópolis de Deir el Bahari.

El egiptólogo Herbert Winlock (1884-1950) pasó como un torbellino por las tumbas de la colina de Deir el Bahari en la orilla occidental de Luxor, junto a la antigua Tebas, dirigiendo una expedición del Metropolitan de Nueva York en los años 20. Casi un siglo después, el trabajo que queda en la necrópolis es ingente: «Winlock excavó muchas tumbas, pero publicaba muy pocos datos. Tenía muy buen estilo escribiendo. A lo mejor publicaba un artículo de seis páginas, y dos eran sobre detalles mundanos como la visita de la señora tal o cual, y sólo dos se dedicaban a la información arqueológica extraída de las tumbas. Se dedicaba a la épica más que al trabajo científico», explica a ABC el egiptólogo sevillano.

El equipo de Morales, con 20 profesionales internacionales de diferentes disciplinas (desde geólogos a expertos en momificación) sigue los pasos de Winlock en las tumbas de Ipi (TT 315) y Henenu (TT 313), visir y tesorero real del reinado del faraón Mentuhotep II y su sucesor Amenemhat I. «Aquí queda mucha arqueología por hacer», asevera.

Pese a lo poco publicado por Winlock sobre estas dos tumbas, que datan del periodo conocido como Reino Medio (hacia el 2000 a.C.), su arquitectura y organización se utilizan como referentes de estudio de sepulcros de periodos posteriores (el Reino Nuevo). Sin embargo, las investigaciones del equipo de Morales, auspiciadas este año por primera vez por la Universidad de Alcalá de Henares, están cambiando esos paradigmas a cada piedra que extraen. «Como apenas se sabía nada, todo lo que sacamos está cambiando lo que creíamos conocido. Por ejemplo, se pensaba que la estructura estándar es una zona pública con un patio muy extenso, de unos 100 metros, seguido de la zona privada. Sin embargo, en el sepulcro del visir Ipi hemos visto que los arquitectos cortaron la roca madre para hacer una rampa central en el patio», sostiene Morales mientras pelea con la burocracia egipcia por obtener los permisos para que visitantes puedan acceder al yacimiento.

Decenas de tumbas

El invierno apenas ha acabado, pero el sol cae a plomo sobre Deir el Bahari. Un empinado sendero serpentea por la ladera de la colina que, como un queso gruyer, fue perforada durante siglos para construir decenas de tumbas. En las TT 315 y TT 313, separadas unos 150 metros, nadie comienza a trabajar hasta que el «mudir» (jefe, en árabe) da la orden. Un puñado de trabajadores locales, ataviados con su galabeya tradicional, hacen cadena para descender a la zona inferior de la colina los cascotes y rocas que van extrayendo de las tumbas y que disponen sobre una malla verde.

El equipo se divide en dos: los primeros investigan la tumba de Ipi, cuyo amplio patio -una zona pública- precede a un pasillo y a una cámara de culto, de planta cuadrada. Como muchas otras tumbas, la TT 315 fue saqueada y reutilizada como cantera. El expolio de las paredes de la cámara y las losas de piedra que recubrían la estancia descubrió bajo la solería un pasillo oculto que llevaba a la cámara funeraria donde descansaba el cuerpo del visir. Dentro, al equipo de Morales le esperaba un magnífico sarcófago de caliza con un peso estimado de ocho toneladas, tallado en una sola pieza y ricamente decorado. «Se trata de un sarcófago muy especial, pues es el único que tiene escrituras en la base», explica el egiptólogo doctorado de la Universidad de Pensilvania.

El sepulcro de Henenu

Unos metros más allá, el resto del equipo se afana en el sepulcro de Henenu, un importante personaje cargado de títulos «muy rimbombantes». El encargado de «la pezuña, el cuerno, la balanza y la pluma», de «toda ave que flote, vuele o se pose» y el «supervisor de lo que es y no es» fue enterrado en una tumba más larga, de cuarenta metros de profundidad y diversas galerías que se pierden en el interior de la montaña. Sin apenas ventilación y casi en la oscuridad, una arqueóloga del equipo se adentra en uno de los nueve pozos encontrados en el complejo funerario, de más de más de 5,5 metros de profundidad.

Allí, se han encontrado nuevas salas, decoraciones e incluso restos de cuerpos humanos. Fuera de la tumba y al pie de la colina, donde los sacerdotes prefirieron construir una pequeña capilla de adobe para el culto diario, seguramente intentando evitar la perspectiva de subir diariamente hasta la puerta del sepulcro, Morales se muestra confiado: «Henenu nos va a dar más información original», asevera. Este año, dos profesores de la UAH parte del equipo multidisciplinar -financiado por las fundaciones Gaselec de Melilla y Palarq de Barcelona– comenzarán además con la digitalización 3D de las tumbas, lo que facilitará nuevos estudios de forma remota sobre la arquitectura y geografía de los sepulcros construidos para ambos personajes.

Ambos fueron funcionarios clave en uno de los periodos más interesantes del Antiguo Egipto, cuando tras una guerra civil que enfrentó al norte y al sur una familia de nobles en Tebas se embarca en la reconquista del país del Nilo y se nombraron faraones. «Mentuhotep II -a quien Henenu servía- fue el primer monarca de la reunificación. Fue un antes y un después en la historia de Egipto», relata Morales, quien destaca la oportunidad de estudiar las tumbas de dos funcionarios «con impacto directo en la política del momento».

El descubrimiento más sorprendente

Pero el descubrimiento más sorprendente, que según adelanta Morales (a la espera de que el Ministerio de Antigüedades de luz verde a la publicación de la información más detallada) lo han encontrado junto a la entrada a la tumba del visir Ipi. Un pozo de metro y medio de profundidad lleno de bolsas y ánforas con material de momificación que se descubrió en 2016 y que está ofreciendo mucho más de lo que esperaban. « Como no son ‘puros’, no pueden ir en la cámara del sarcófago, pero al haber sido utilizadas para la momificación de alguien que irá al más allá, tampoco se pueden tirar sin más», explica el egiptólogo español.

Decenas de paños, todos utilizados en la momificación de Ipi y llenos de restos de sangre y otros materiales biológicos, incluso un órgano pendiente de identificación, conforman el descubrimiento que Winlock dejó a un lado. «Sólo se llevó 4 jarras. Buscaba más bien el valor estético, no lo científico», explica Morales, que destaca que el descubrimiento «permitirá estudiar el proceso técnico de momificación de un visir». Ataviados con mascarillas y guantes, los egiptólogos de Morales extraen los paquetes de paños impregnados en natrón, un tipo de sal empleada para desecar el cadáver, y que, más de 4.000 años después, «pica en los ojos, en las manos. Es un peñazo».

Pese a los más de 800 kilómetros que los separan, las noticias del atentado contra dos iglesias en el norte de Egipto llegan rápido, aunque no los amilanan: ellos no son turistas, que huyen en desbandada del país de los faraones. Para los próximos años, Morales ha solicitado ya al Ministerio la concesión de otras tres tumbas, que prolongarán los trabajos de esta misión española.

Por Alicia Alamillos
Con información de ABC

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Seis años de guerra destrozan 50 siglos de historia en Siria

Apamea

A los 300.000 muertos y 10 millones de desplazados, el país suma la pérdida de una herencia patrimonial inigualable.

La vida necesitó 5.000 años para ir dejando en Siria, poco a poco, su herencia hecha piedra. A la muerte sólo le han hecho falta seis para destruir ese legado. El conflicto entre partidarios y detractores del régimen de Bachar el Asad no sólo acumula más de 300.000 muertos, dos millones de heridos y 10 millones de desplazados -según las cifras más conservadoras- sino que, además, arrastra el desgaste e incluso la desaparición de algunos de los principales símbolos del patrimonio nacional, víctimas del fuego cruzado.

La UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) denuncia reiteradamente que la inestabilidad del país es “letal” también en el plano histórico y artístico, que está recibiendo un “duro golpe”, y reclama a leales, rebeldes y yihadistas que cumplan con la Convención de La Haya, que exige la preservación de los bienes culturales en tiempo de guerra. Nadie atiende a razones por las piedras, si ni siquiera lo hacen por los civiles inocentes que caen a cientos cada día.

Nada Hassan, responsable de la UNESCO para países árabes, repite desde 2011 que los principales problemas que afrontan son la destrucción de sitios históricos, el saqueo o el pillaje y los robos en museos. Los seis espacios catalogados como Patrimonio de la Humanidad –las ciudades viejas de Alepo, Bosra y Damasco, más los “pueblos del norte”, las fortalezas del Crac de los Caballeros y Qusr Al Hayr y las ruinas de Palmira– están ahora en la lista de bienes en peligro y los 12 aspirantes a lograr, en los tiempos en los que Siria era un importante destino turístico de Oriente Medio, esta distinción han resultado todos dañados en este tiempo.

Sednaya

Los fondos de los 34 museos nacionales han sido trasladados a refugios seguros, según ha confirmado el Gobierno sirio, pero algunos ya habían sido atacados y aún se desconoce qué se ha perdido en este intervalo. Nadie de Naciones Unidas ha podido entrar en el país y verificar esta protección, lo que añade aún más incertidumbre sobre la realidad en el terreno. Las imágenes de satélite y los testimonios de fuentes y refugiados son los que permiten aproximar el diagnóstico.

El Fondo de Patrimonio Mundial (Global Heritage Fund) ha emitido sucesivos informes en estos seis años de batalla en los que habla, directamente, del “daño al alma” de Siria que se está generando con su pérdida de riqueza cultural. Un país que ha sido hogar deseado desde la edad del bronce por pueblos como los babilonios, los asirios, los hititas, los griegos, los sasánidas, los persas, los romanos, los árabes, los cruzados, los otomanos… y de cuyo paso cada vez queda menos recuerdo palpable.

Todos los vestigios de Siria están en peligro, indica la UNESCO. Muchos de estos espacios han estado en primera línea de batalla, escenario del choque entre las tropas de Asad, los disidentes armados y los islamistas. Los castillos, mezquitas o villas reciben en estos choques impactos directos o son usados como refugio, zona de acampada y almacén de municiones. No es que estén en medio del fuego, es que por este uso indebido son una diana más.

En marzo de 2011, cuando comenzaron los primeros levantamientos populares contra el régimen de Damasco, trabajaban en el país 78 equipos de arqueólogos, con amplia presencia europea, indica la UNESCO. Ninguno queda ya sobre el terreno. Su labor profesional y cuidada ha sido sustituida por al menos 400 excavaciones ilegales corroboradas por el Observatorio Sirio por los Derechos Humanos, un grupo opositor instalado en Londres que cuenta con informadores en el país.

Estos son algunos de los tesoros perdidos en esta guerra que ya enfila, sin compasión, su séptimo año.

Palmira

PALMIRA

Es conocida como la Perla del desierto o la Novia del desierto, una ciudad que ha sido durante siglos uno de los centros culturales más importantes del mundo antiguo, el reino de Zenobia. Palmira fue punto de encuentro de las caravanas en la Ruta de la Seda pero en los últimos años lo que se ha visto por allá ha sido a miembros del Estado Islámico y del Ejército sirio, peleando por el control de sus calles modernas y de sus impresionantes restos.

La ciudad aramea, de una avanzada arquitectura, se remonta al segundo milenio antes de Cristo y, más tarde, evolucionó a través del período grecorromano y el persa, dejando sedimentos de ambas culturas, algo que sucede en muy pocos lugares del planeta. La destrucción del Arco de Triunfo de Palmira por parte del ISIS, en octubre de 2005, ha sido una de las grandes catástrofes desde el punto de vista cultural, toda vez que sus orígenes se remontan a más de 2.000 años atrás. El Daesh también había hecho explotar tres torres funerarias del siglo I después de Cristo y el templo de Bel.

El Crac de los Caballeros

CRAC DE LOS CABALLEROS

Esta fortaleza del este de Siria, declarada la década pasada Patrimonio de la Humanidad, es uno de los mejores ejemplos arquitectónicos de la época de las Cruzadas. Construida durante el siglo XII, había logrado superar innumerables ataques enemigos, hasta que en 2012 y 2013, los combates aéreos y de artillería lograron destrozar buena parte de sus murallas.

Aunque las primeras imágenes de televisión mostraron la estructura casi completa, luego se localizaron impactos de mortero en la base del edificio y también en una de sus torres, “seriamente dañada”, indican los disidentes Comités Locales de Coordinación. Sostienen que en los alrededores hay “cuantiosos escombros”, retirados del interior.

Alepo

ALEPO

Alepo es, sin duda, una de las ciudades más castigadas por los enfrentamientos de los últimos seis años. Era la urbe más grande y más poblada del país, más incluso que Damasco, la capital. Su historia se remonta al segundo milenio antes de Cristo, por lo que su Ciudad Vieja es Patrimonio de la Humanidad desde 1986, como crisol de todas esas culturas que han dejado su huella. Entre las mayores pérdidas de Alepo destaca la destrucción de la Gran Mezquita Omeya, una de las mayores del mundo. Su minarete, que data del siglo XI, fue totalmente eliminado en 2013 y otras partes de la construcción, como paredes y patios, has sufrido desperfectos de enorme consideración.

Según EFE, el 60% de su mercado medieval y sus mezquitas ha sido destrozado o quemado en la guerra. El llamado Zoco de Alepo, el mercado cubierto más grande del mundo, se extendía desde la Edad Media a lo largo de una docena de kilómetros. La catedral armenia de los Cuarenta Mártires, un emblemático templo del siglo XV, con una torre de campanario considerada como un ejemplo único de arquitectura barroca en la ciudad, también ha sufrido importantes daños. La ciudadela de Saladino, por su parte, ha sufrido finalmente menos daños de los esperados porque fue una especie de cuartel general de las tropas del régimen en este tiempo.

La jefatura del Departamento de Antigüedades de Siria sostiene que un 40% de la ciudad está en buenas condiciones, un 30% tiene daños restaurables y otro 30%, daños “catastróficos”. Muchos de estos últimos se han producido en edificios históricos, dada la lucha calle a calle, cuerpo a cuerpo, en la zona vieja. Los primeros 25 arquitectos entraron el mes pasado en la ciudad para revisar los daños y hacer balance.

Hama

HAMA Y SUS NORIAS

Las Norias de Hama, situadas en el río Orontes, son un ejemplo impresionante de la ingeniería hidráulica a lo largo de la historia, y hasta ahora, eran también uno de los principales reclamos turísticos de la ciudad, que lleva seis años en los titulares del mundo por las reiteradas matanzas del régimen. “Las más espléndidas norias jamás construidas”, se les llama. A pesar de que en su momento llegó a haber más de 30 de estas norias, hasta 2014 se conservaban 17, cuando según arqueólogos sirios, algunas de estas espectaculares construcciones de madera fueron quemadas. El Gobierno sirio no ha aclarado cuántas quedan en pie.

Bosra

BOSRA

Al sur de Siria se encuentra la ciudad de Bosra, que fue en su día la antigua capital del imperio árabe romano. Su importancia comercial fue enorme y llegó a contar 50.000 habitantes.

Entre sus joyas más preciadas figuran un espectacular teatro romano del siglo II, ordenado construir por el emperador Trajano, ruinas romanas y bizantinas y mezquitas. El teatro ha sido objeto de ataques de morteros y desde 2014 se usa para ocultar fosas comunes.

HOMS

Homs, una de las ciudades más castigadas desde el inicio de la contienda, ha visto convertir en escombros uno de sus edificios más emblemáticos: la Mezquita de Kalid ibn al-Walid. Construida en el siglo VII, se dice que en ella descansan los restos del caudillo musulmán que le da el nombre, muy venerado en la zona. Fue pasto de los bombardeos en 2013, porque se convirtió en un símbolo de los opositores, después de que se celebrasen en este edificio algunos entierros masivos que acabaron en cargas policiales y muertos. Hoy está parcialmente dañada y sin reconstruir.

DEIR EZZOR

Siria también ha perdido monumentos más recientes, pero que eran únicos. Deir Ezzor, por ejemplo, albergaba un puente colgante famoso en todo el país, construido a finales de los años 20 del siglo XX por ingenieros de Francia. Convertido en un paso peatonal sobre el río Éufrates, ha conectado durante décadas el Levante con la Alta Mesopotamia, pero quedó notablemente dañado en 2013.

El Fondo de Patrimonio Mundial añade más nombres al desastre: la ciudad de Apamea y sus murallas medievales, los monasterios de Seydnaya y Santiago El Mutilado, de la época de Justiniano… Ha habido saqueos en los museos de Homs, Gama, Deir Ezzor e Idlib (capiteles, ánforas), en Apamea (ha habido mosaicos arrancados con excavadoras) y Raqqa (donde faltan esculturas de hace 3.000 años y donde islamistas del ISIS, Estado Islámico de Irak y Levante, al mando en la zona, han destruido material que han considerado “ofensivo”).

Por Carmen Rengel
Con información de El Huffington Post

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