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Marruecos y Argelia chocan por un grupo de refugiados sirios

Unos refugiados sirios en un país norteafricano

Marruecos y Argelia mantienen relaciones diplomáticas muy tensas desde hace décadas. La hegemonía en el Magreb y el conflicto del Sáhara Occidental son las dos principales causas de las tensiones entre Rabat y Argel. Pero no son los únicos problemas. Desde el pasado domingo, los dos países se acusan mutuamente de la responsabilidad de la expulsión de unos cincuenta refugiados sirios, que huyeron de su país en guerra para encontrar una vida mejor y en paz. Marruecos protestó y culpó a Argelia del problema. Por su parte, las autoridades argelinas convocaron el lunes de esta semana al embajador de Marruecos en Argel, Hasan Abdelkhalek, para expresarle su descontento por la evolución de los acontecimientos. Marruecos hizo lo mismo anteriormente con el embajador argelino en Rabat. Los refugiados sirios se encuentran en una situación delicada, en una suerte de ‘no man´s land (tierra de nadie) entre Argelia y Marruecos. Según la agencia argelina APS, Argel acusó a Rabat de verter “graves acusaciones” contra las autoridades de su país.

Malviven en el desierto

En cambio, Rabat aseguró que en Argel está “la responsabilidad de una pretendida tentativa de ciudadanos sirios que intentaron entrar en territorio marroquí desde Argelia”. Según Marruecos, la actitud de Argelia es “inmoral”, porque manipula la destreza moral y física de los demandantes de asilo y “siembra disturbios” en la frontera entre ambos Estados. En fin, que entre unos y otros, la casa sin barrer… Los que salen perdiendo en este conflicto son los refugiados sirios. Son un grupo de 54 refugiados sirios que malviven en una zona desértica. Según la versión marroquí de la crisis, fueron expulsados por las fuerzas de seguridad argelinas en un territorio cercano a la ciudad fronteriza de Figuig. “Siguen estando en el mismo lugar, están divididos en dos grupos, uno de 14 personas, que se encuentra en una zona denominada Zelfana, y otro de 41 personas, en la zona de El Meliaf”, informó a la revista ‘Jeune Afrique’ un activista social. En el grupo hay 22 niños y 17 mujeres, dos de las cuales están embarazadas. No tienen ni agua ni alimentos para sobrevivir en condiciones aceptables.

Expulsiones ilegales

Diversos testimonios y fotografías demuestran que los refugiados atravesaron territorio argelino para llegar a Marruecos. Es la tesis que sostiene Rabat. Argel lo niega tajantemente, y un responsable argelino afirmó que las autoridades marroquíes expulsaron a un grupo de 13 refugiados sirios, entre los que se encontraban varios niños y mujeres, el pasado 19 de abril en Beni Ounif, en la cercanía de la ciudad de Bechar. Fue “una tentativa de expulsión” y ocurrió casi a las cuatro de la madrugada, según la APS. Después, siempre según la versión argelina, Marruecos intentó expulsar “ilegalmente” de su territorio a otros 39 refugiados. En opinión de Hicham Rachidi, activista marroquí en cuestiones de inmigración, el culpable de este conflicto es Argelia. En 2014, Marruecos regularizó a 28.000 inmigrantes. 5.000 eran sirios. La mayoría de los inmigrantes que viven en Marruecos son africanos subsaharianos que en muchos casos viven en condiciones infrahumanas en el país magrebí y se enfrentan a la discriminación y el racismo. La situación de los subsaharianos en Argelia también es muy dura.

Por Paco Soto
Con información de:Atalayar

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El Burka como excusa. Terrorismo intelectual, religioso y moral

Entrevista a Wassyla Tamzaly escritora y feminista argelina. La revolución no puede ser solo feminista, debe ser de todos los sectores.

La escritora argelina sostiene que en el imaginario occidental la mujer árabe ha pasado de ser “combativa y con el cabello suelto a esa imagen de mujer velada”. Reconoce que su posición es “incómoda” porque la derecha xenófoba se ha apropiado del discurso contra el velo.

“El burka como excusa. Terrorismo intelectual, religioso y moral contra la libertad de las mujeres”. El título de uno de los libros más famosos de Wassyla Tamzali, feminista argelina militante, deja poco lugar a la imaginación. Tamzali lleva décadas alzando la voz por la igualdad y libertad de la mujer árabe.

Su historia, narra en su libro, es “la conquista de la calle, que desde la infancia hemos podido recorrer, con los cabellos al viento, bajo la mirada cómplice de nuestras abuelas, vestidas de blanco. Nuestra historia es la del desvelamiento (…). Yo, que nunca he estado velada, llevo la historia del velo escrita en mi piel”. Abogada en Argelia antes de dirigir el programa de Igualdad de la UNESCO durante 20 años, Tamzali ha continuado su labor por los derechos de la mujer a través de artículos, libros y charlas, en los que se rebela contra la ideología del velo y un tipo de izquierda “condescendiente” a la que tacha de “adepta del relativismo cultural”.

Aunque Wassyla entiende que la suya es una “posición incómoda”, ya que la derecha xenófoba se ha apropiado del discurso contra el velo (por motivos diametralmente diferentes), recuerda que “lo que está en juego aquí no son trozos de trapos, de colores, de formas y de longitudes diversas, sino visiones del mundo, proyectos de vida diametralmente opuestos”. De un lado, los derechos humanos y de otro, un islamismo que ha convertido la dominación de la mujer “en el corazón de esta religión que vive un período de oscurantismo y de absolutismo sin precedentes en la historia del islam”.


En un encuentro en la Fundación Tres Culturas de Sevilla, la escritora septuagenaria habla sobre feminismo, velos y racismo.

¿Qué significa para usted el feminismo islámico?

Es un oxímoron, una contradicción absoluta. Se puede ser musulmana feminista, hasta se puede luchar por la igualdad en el interior del Islam, pero no es suficiente para que eso sea ser feminista. El feminismo es la deconstrucción del patriarcado, algo que no hacen ellas. Me parece que estas mujeres tienen derecho de existir, pero lo que me molesta no es lo que digan o hagan, sino que su discurso se haya construido para deslegitimar el discurso feminista. Eso sí que me molesta.

¿Es peligroso en el imaginario occidental que la mujer musulmana vaya con velo?

Yo abogo por los imaginarios libres. Occidente no tiene suficiente cultura para saber lo que es el mundo árabe. Es lo que ocurre con los orientalistas. Con la globalización, cualquiera puede saber perfectamente lo que ocurre en Argelia, pero hay periodistas que no hacen ningún tipo de esfuerzo por informarse y al final nos quedamos con imágenes orientalistas que nada tienen que ver con el verdadero mundo árabe.

¿Por qué en el debate sobre el velo no aparecen más mujeres como usted?

El problema es que en el imaginario del que usted habla yo no ocupo lugar, porque la gente no conoce nuestra historia. En mi libro ‘Mi Tierra Argelina’ se ve cómo hemos pasado de una imagen de la mujer árabe combativa, con el cabello suelto y que trabajaba en el campo a esa imagen de la mujer velada. Lo que usted dice es muy importante, porque yo siempre digo que cuando se debate, la gente no me ve. Si a mi lado hay una mujer velada, se la va a escuchar y ver a ella, no me van a escuchar a mí.

¿Cuál es la raíz del problema?

La relación con Occidente está contaminada por el colonialismo y por su complejo de superioridad hacia otros pueblos. Occidente tiene dificultad para escapar de esta idea de dominio. Ve el mundo exterior a través de un prisma donde prima lo pintoresco, la diferencia con el otro, cuando la diferencia no es lo primero que se debería evocar cuando se dialoga con el otro.

¿Por qué la izquierda europea parece tener problemas para criticar el burka, como usted critica?

Porque ya no hay izquierda europea. Ya no hay personas de pensamiento progresista y lo han convertido en post-solidaridad. Han dejado de luchar.

¿Entra en juego el tabú del racismo?

Sí, no quieren que nadie los tache de racistas. Son decadentes, viven de ideas decadentes. La libertad se vive como un producto de consumo, como vestir o hacer lo que a uno le dé la gana. Sin embargo, no reflexionan sobre lo que es la libertad y terminan dándosela a personas que no la respetan. Ese no es el sentido de la libertad, no se le puede dar carta libre a los islamistas, para que hagan con ella lo que quieran.

¿Ha empeorado la situación de la mujer tras la Primavera Árabe?

La situación de la mujer está ligada a las mejoras del resto de la sociedad. Las sociedades musulmanas y árabes necesitan hacer su revolución. Sin embargo, cuando esto ocurre, también hay una contrarrevolución. Eso es lo que nos ha enseñado la historia. Las ideas que nacen de una revolución resurgen una y otra vez, mientras que las contrarrevoluciones se pierden. En la plaza de Tahrir (El Cairo), las mujeres y los homosexuales salieron a luchar por la libertad, mientras que los islamistas y los militares salieron para detenerlos. Han detenido a unos y otros, pero esas ideas no se han muerto, sino que resurgirán. Cuando una sociedad comprende el sentido de la libertad en sus entrañas, su mente y su corazón, ya no hay nadie que se la pueda arrebatar.

¿Hay esperanza de una revolución feminista en el mundo árabe?

No, la revolución debe ser global. Si los obreros lo hacen por su cuenta es una revuelta de obreros. Si los estudiantes lo hacen por su lado, es una revuelta estudiantil. Si, en cambio, se unen los estudiantes, los obreros y las mujeres, entonces habrá revolución.

Por Alejandro Ávila Villares
Con información de La Haine

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Yasmina Khadra: “Un militar también puede tener talento”

Yasmina Khadra

Yasmina Khadra, seudónimo femenino literario del ex coronel argelino Mohamed Moussehoul, ha dicho en Barcelona que “un militar también puede tener talento” al reivindicar su faceta como escritor en la presentación de sus novelas La última noche del Rais y “Què esperen els micos…”.

Khadra, que se mantuvo en la clandestinidad durante 11 años, ha conseguido ser “el escritor en lengua francesa más traducido” y ha publicado más de 20 libros, que escribía durante su época como militar: “Aunque ya hace 16 años que estoy fuera del ejército, creo que hoy en día soy un orgullo para todos los militares del mundo”.

“Precisamente la fabulación en torno al seudónimo es lo que me salvó”, ha recordado el autor, pues “nadie creía que alguien que estaba luchando en la guerra pudiese publicar un libro cada año y cuando se supo que era yo, la jerarquía militar me llegó a cambiar de destino y unidad unas 11 veces en 10 años para acabar con mi vocación”.

El periodista Bouziane Ahmed, conocedor de la obra de Khadra, ha señalado que el autor “ha estado siempre presente donde había sufrimiento”, además de tratar la situación de los países árabes y el mundo islámico, como en el caso de “La última noche del Rais” (Alianza).

En este libro, Khadra ha narrado los últimos momentos del líder libio Muamar el Gadafi, que gobernó su país durante 42 años, para explicar los entresijos de su controvertida figura, tan temida y a la vez tan adorada por el pueblo de Libia, además de adentrarse en “el humano detrás del monstruo”. (sic)

En primera persona, Khadra ha imaginado los pensamientos de Gadafi cuando está “solo con sus fantasmas”, como si de un monólogo se tratase, para elaborar un retrato “más allá de los medios de comunicación” y acercarse a la intimidad de su figura, con alusiones al  iraquí Sadam Hussein o al pintor Van Gogh.

En “Què esperen els micos…” (“Qué esperan los monos”), su primer libro traducido al catalán, publicado también por Alianza, Khadra ha retomado sus orígenes en una novela negra ambientada en su país natal y ha adoptado la visión del espectador para sacar a relucir la “realidad cruel” de Argelia a través de un asesinato en la capital, un crimen envuelto en la corrupción.

Khadra ha augurado un “futuro brillante” para Argelia a pesar de que la corrupción “es algo que lo contamina todo y todos los pueblos sufren de ella”, y ha explicado que será el mismo pueblo quien acabará exigiendo la recuperación de la “elite argelina” que fue expulsada: “No hay ninguna desgracia que sea eterna”, sentencia.

Junto a las circunstancias del país, la peculiaridad del libro ha residido en la homosexualidad de su personaje principal, la comisaria encargada del caso del asesinato, Nora Bilal, con la que Khadra ha intentado “romper el tabú en las sociedades árabes” y dar visibilidad a la mujer, tal y como ya realizó con su seudónimo.

El autor ha explicado que el nombre de Yasmina Khadra es “un homenaje a mi mujer, que ha asumido los mismos riesgos que yo, pero también se ha convertido en una especie de revolución y una manera de militar a favor de la mujer”, especialmente dentro del mundo árabe, donde la revelación del seudónimo fue “todo un escándalo”.

“El régimen de Argelia teme a una persona que se vuelva una especie de consciencia para el país, pero los argelinos no son tontos”, ha añadido el escritor, que ha aprovechado para lamentar y criticar que en su país no se promueva la lectura.

Khadra ha expresado que actualmente está preparando un nuevo libro, bajo el título de “Un escritor en París”, en el que tratará sus roces personales con “un pequeño sector de la elite parisina”, aunque ha destacado los 4 millones de lectores que leen su obra: “París no es Francia”, ha aclarado el escritor.

Con información de El Diario

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