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Amores, geopolítica y negocios: los libros sobre Osama Ben Laden

En “Los Bin Laden. Una familia árabe en un mundo sin fronteras”, el periodista norteamericano Steve Coll hace foco en el imperio empresarial creado por Mohammed Ben Laden, un pobre inmigrante yemení¬ que hizo fortuna en la construcción con el patrocinio de la familia real de Arabia Saudita.

Luego la legó a sus más de 20 hijos, entre los que se cuenta a Osama Ben Laden, que mientras mantuvo su condición de criminal más buscado del planeta no opacó la prosperidad de la familia, cuyos negocios siguieron floreciendo impulsados por la suba del petróleo.

El periodista, ganador de un Premio Pulitzer, relata que Osama recibió en 1989 una herencia de 18 millones de dólares en participaciones empresariales y en metálico pero parte de esa fortuna le fue congelada por las autoridades sauditas en 1993, como resultado de sus actividades subversivas.

Otra parte se empleó en sus poco rentables inversiones en Sudán, de donde fue expulsado en 1996, y en subvenciones a diversos grupos yihadistas.

A partir de entonces, el líder de Al Qaeda fue repudiado por su familia y dejó de recibir ingresos provenientes de las empresas del grupo, aunque algunas de las víctimas del atentado a las Torres Gemelas creyeran lo contrario y presentaron una demanda.

Con estos elementos, Coll desmonta una versión difundida por la propia CIA según la cual a fines de los 90 financió con su patrimonio muchas de las operaciones terroristas que llevó adelante la agrupación que lideraba.

Desde un registro más banal, la poetisa Kola Boof, que fue amante de Ben Laden, relata en un texto titulado “Diary Of A Lost Girl: The Autobiography Of Kola Boof” -no editado en español- que el ex líder de Al-Qaeda estaba enamorado de Whitney Houston hasta el punto de tener preparada una estrategia para casarse con ella.

La mujer, que en 1996 compartió parte de su vida con el líder islamista, revela el amor de Osama por la cantante: su intención era gastarse una gran cantidad de dinero para viajar a Estados Unidos e intentar organizar una cita con ella, además de regalarle una mansión que poseía en los suburbios de Jartum.

Según Boof, el líder de Al-Qaeda creía que a la estrella del pop, su esposo Bobby Brown y la cultura norteamericana le habían hecho un lavado de cerebro y por eso planeaba asesinarlo. También detalla que los programas televisivos favoritos de Ben Laden eran “Los años maravillosos”, “División Miami” y “MacGyver”.

Una de las obras más recientes, sobre el ascenso y ocaso de la figura de Ben Laden, es “Fuera de control”, un libro donde el periodista y ex espía ruso Daniel Estulin analiza el accionar de Al-Qaeda y alerta sobre los equívocos y trampas en torno a la llamada “guerra contra el terrorismo”.

Estulin acusa al gobierno norteamericano y al inglés de financiar y apoyar a los grupos islamistas y sus atentados, incluyendo los del 13 de noviembre de 2015 en París, donde murieron 130 personas.

“La llamada guerra global contra el terrorismo se ha convertido en uno de los mayores engaños criminales de la historia moderna”, asegura el autor, para quien el Reino Unido no sólo es el epicentro y el hogar de decenas de las organizaciones islamistas internacionales más sangrientas, sino que “los terroristas afincados en Inglaterra operan amparados por el gobierno y la Corona británicos”.

“La guerra global contra el terrorismo es una invención basada en la mentira y la idea equivocada de que un hombre, Osama Ben Laden, fue más listo que los servicios de inteligencia estadounidenses, dotados de un presupuesto anual de 40.000 millones de dólares. La guerra contra el terrorismo es una guerra de conquista”, sostiene Estulin al comienzo de su voluminoso trabajo, que abarca más de 700 documentos analizados.

Desde la Argentina, el periodista Víctor Ego Ducrot también se dedicó a la figura del creador de Al-Qaeda: en su libro “Bush and ben Laden S.A.” despliega de hecho una audaz hipótesis sobre los presuntos móviles que ocultaba por entonces la guerra que Estados Unidos libraba en territorio afgano, a la que definía como el primer conflicto bélico global entre grandes corporaciones financieras.

El autor de “El color del dinero” rastrea cómo las grandes corporaciones financieras utilizan a las naciones como brazos armados al servicio de sus intereses y analiza una serie de fenómenos ligados a los atentados del 11 se septiembre de 2001 en Estados Unidos, como llamativos movimientos bursátiles vinculados a las compañías aseguradoras, enormes ganancias especulativas, una gigantesca operación de lavado y el fortalecimiento de la industria armamentista.

“Lo que está en juego es el tráfico de heroína, el petróleo del Mar Caspio y las rutas de gas barato para la Unión Europea, factores cuyo epicentro es Afganistán. Por otra parte, hay escenarios y personajes similares en materia de intereses económicos tanto en la guerra del Golfo como en los ataques de 1998 de Estados Unidos sobre Irak“, sostiene Ego Ducrot en su texto.

Por su parte, en su obra “Qué es Al Qaeda”, el periodista y analista internacional Pedro Brieger afirma que ni George W, Bush ni  Barack Obama, pudieron cambiar la sensación que tienen la mayoría de los árabes y musulmanes de que “hay una guerra contra el islam”.

El libro, publicado por Capital Intelectual, está dividido en cinco capítulos que van desde la importancia de la revolución iraní, en 1979, a Afganistán: un territorio muy codiciado, invadido por los ingleses, los rusos y luego por Estados Unidos, tras los atentados del 11-S.

La saga literaria y documental en torno a la figura de Ben Laden se cierra con “Un día difícil”, que ofrece en primera persona la narración de un miembro de las fuerzas especiales que mataron al líder islamista en un registro cuya mayor aporte es que da cuenta de la cosmovisión de la sociedad norteamericana en torno a la figura que desató una de las peores tragedias de su historia.

Bajo el seudónimo de Mark Owen, este integrante de los SEAL (fuerzas especiales de la Armada estadounidense) publica una narración pormenorizada sobre la trastienda de la muerte de Ben Laden, aunque no aporta ninguna evidencia nueva ni arriesga una hipótesis distinta a las circularon por los medios en los meses posteriores a la operación.

El ex soldado relata que subía unas escaleras hacia el tercer piso de la residencia de Ben Laden, detrás del primer SEAL en la línea, cuando escuchó dos detonaciones amortiguadas por silenciador. Cuando los miembros del equipo llegaron a la habitación, hallaron al jefe de Al Qaeda en el suelo “con sangre y los sesos fuera del cráneo” y a dos mujeres que gritaban aterrorizadas.

El libro llevaba vendidos más de 2 millones de ejemplares cuando desató múltiples controversias durante su publicación, entre ellas una acusación del Pentágono al ex militar por incumplir el compromiso de confidencialidad que había firmado con el organismo

Por Julieta Grosso
Con información de Telam

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Palestina y aquel nefasto 11 de septiembre de 1921…

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11 de septiembre de 1921

El primer moshav sionista en Palestina, Nahalal,fue fundado por la Organización Sionista Mundial el 11 de septiembre de 1921 en el valle de Izreel, el día en el que se cumplían treinta años de la constitución en Londres, el 11 de septiembre de 1891, de la Asociación Colonial Judía. En Nahalal está enterrado el general Moshe Dayan.

Ochenta años después del 11 de septiembre de 1921

Osama ben Laden, adalid de la organización Al Qaeda, en la declaración grabada en el vídeo difundido por la televisión Al Jazzera el 7 de octubre de 2001, sólo una hora después del primer ataque de los Estados Unidos de Norteamérica y sus aliados contra Afganistán, menciona dos veces el periodo de tiempo de ochenta años: «Nuestra nación islámica ha estado sufriendo lo mismo durante más de ochenta años» y «pero cuando la espada ha asestado su golpe sobre los Estados Unidos de Norteamérica, después de ochenta años, la hipocresía [los musulmanes colaboradores de los infieles] sí que ha levantado su cabeza».

Los comentaristas se han apresurado a buscar explicaciones al significado de esos ochenta años. Unos han recordado la Declaración Balfour (de 2 de noviembre de 1917), una carta del Ministro de Asuntos Exteriores británico dirigida a Lord Rothschild, en la que se informa al representante judío que el gobierno de Su Graciosa Majestad contempla favorablemente el establecimiento de un «hogar nacional para el pueblo judío». Otros se han acercado más, a la Conferencia de San Remo, de 18 de abril de 1920, por cuyo Tratado acordaba Francia su tutela sobre Siria y Líbano, reservándose Gran Bretaña el control de Jordania, Irak y Palestina, para dirigir ese asentamiento judío.

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11 de septiembre de 2001

La organización Al Qaeda inició su ataque al corazón del Imperio ochenta años después. Osama ben Laden, adalid de Al Qaeda, en un video difundido el 7 de octubre de 2001, firmó su vínculo con el ataque: «Pero cuando la espada ha asestado su golpe sobre los Estados Unidos de Norteamérica, después de ochenta años…»

Pero no he oído ni leído todavía que nadie recuerde lo que sucedía precisamente en Nueva York en 1921, ochenta años antes de la destrucción de las Torres Gemelas. En 1921 la Organización Sionista Mundial celebró una gran convención sionista precisamente en Nueva York, que señaló la consolidación como dirigente de Jaim Weizmann (el que sería, en 1948, el primer presidente del Estado de Israel). Fue precisamente en esa multitudinaria reunión, ante cien mil judíos enfervorecidos, donde Alberto Einstein, sionista militante, que ese mismo año era galardonado con el Premio Nobel, pronunció su famosa frase: «Mein Führer ist Jaim Weizmann. Folgt ihm. Ich habe gesprochen», «Mi Caudillo es Jaim Weizmann. Síganlo. He dicho.»

Y mucho menos he oído ni leído todavía, de la boca o de la pluma de los cientos de periodistas, analistas y comentaristas que estos días tienen que referirse continuamente a unos sucesos cuya gravedad muchas personas no acaban de tomarse en serio, mención alguna al simbolismo que pudiera encerrar la fecha trágica del 11 de septiembre. Osama ben Laden se ha visto obligado a darnos a los estúpidos cafres (que es la forma española de llamarnos los infieles) otra pista, para ver si de una vez nos enteramos de la conmemoración que aprovecharon como inicio de una guerra santa tan paciente y meticulosamente preparada.

¿Pero es que ocurrió entonces algún acontecimiento significativo el 11 de septiembre, suficiente como para que Al Qaeda decidiera conmemorarlo trágicamente, y convertirlo en nueva fecha simbólica imborrable?

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Osama ben Laden, durante la alocución que ofreció por televisión tras el ataque de EEUU sobre Afganistán en 2011. En esa intervención se refirió, por dos veces, a ochenta años de agravios sufridos por los musulmanes.

Pues sí que ocurrió algo el 11 de septiembre, el 11 de septiembre de 1921, justo ochenta años antes del ataque al corazón del imperio. Un acontecimiento absolutamente pertinente a la dialéctica entre musulmanes y judíos, una dialéctica que cruza necesariamente las relaciones entre moros y cristianos. El Islam ortodoxo representado por Al Qaeda quiso celebrar aquel 11 de septiembre, a su manera, lo mismo que recuerdan ese día todas las efemérides judías modernas. El 11 de septiembre de 1921 se estableció el primer poblado judío en Palestina. El 11 de septiembre de 1921 la Organización Sionista Mundial celebró el establecimiento de Nahalal, la primera «moshav», aldea colectiva, en el «emek», en el valle de Izreel. Los musulmanes ya habían protestado violentamente en mayo de 1921 contra el desplazamiento de judíos a Palestina (Golda Meir, por ejemplo, llegó ese mismo 1921 a Palestina, precisamente desde Nueva York). Incluso los británicos tuvieron que formar la Comisión Investigadora Haycraft para intentar aplacar los ánimos, y tratar de lograr una armonía que era ya imposible una vez iniciado el proceso. ¿Es creíble que ni siquiera los analistas judíos hayan sido capaces de asociar la fecha del 11 de septiembre con los 80 años del mensaje de Osama? ¿Somos en realidad tan torpes los infieles, o es que no se quiere que recordemos determinadas cosas?

El viernes 12 de octubre de 2001 conmemoramos el descubrimiento de América por los españoles, el mismo año en el que ya habían sido expulsados de España tanto los musulmanes como los judíos fanáticos, los que no quisieron abandonar sus creencias religiosas. Buen día para comenzar a tomarse en serio la advertencia que Solimán Abu Gehiz, portavoz de Al Qaeda, incluyó en el mismo vídeo difundido ese domingo: «El mundo tiene que saber que no vamos a permitir que se vuelva a repetir con Palestina la tragedia de Al Andalus.»

Por Gustavo Bueno Sánchez(Profesor titular de Filosofía de la Universidad de Oviedo). Con información de La Nueva España y Filosofía.

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11-S: El apocalipsis según Pynchon

A los 77 años, el último gran mito de la narrativa americana publica Al límite, su octava novela. Una historia sobre el antes y después del 11-S, con hackers, espías y magnates de la tecnología.

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11-S: El apocalipsis según Pynchon

Nueva York, días antes del 11-S. La detective de fraudes Maxine Tarnow y su ex marido suben a un taxi. Por la radio suena una conversación en árabe. Ella cree que es un programa de llamadas de auditores, pero de pronto el conductor se une a la charla. Las voces hablan fuerte, atropellándose entre sí, como si discutieran o se lamentaran. Maxine alcanza a leer la identificación del conductor: Mohammed algo. No entiende nada de lo que hablan, sólo una palabra se repite: Inshallah. “Lo que sea” en árabe, le dice su ex marido. Pero el conductor lo corrige: “Si Dios quiere”, dice “medio volviéndose en su asiento, de manera que Maxine de repente puede mirarle directamente a la cara. Lo que ve en ella hará que le cueste conciliar el sueño. O al menos así lo recordará”.

Maxine Tarnow es la nueva heroína de Thomas Pynchon, la protagonista de su octava novela, Al límite (2013). En ella, el novelista del caos y la paranoia aborda el antes y el después del 11-S, la tragedia más cruzada de conspiraciones y rumores: la más próxima a una ficción de Pynchon.

Compañero de generación de Philip Roth y Cormac McCarthy, Pynchon (1937) es el último gran mito de la narrativa americana: un escritor que no da entrevistas ni se muestra en público. Las fotos que se conocen de él son de su época de estudiante en la Universidad de Cornell. Su única aparición en televisión fue en un episodio de Los Simpson, donde se veía con una bolsa de papel en la cabeza.

A diferencia de JD Salinger, el modelo del escritor recluido, que se refugió en los bosques y se alejó de la literatura, Pynchon es uno de los 8 millones de ciudadanos de Nueva York y a los 77 años sigue publicando. Es más: en las próximas semanas llegará a Chile la primera adaptación al cine de una de sus novelas, Vicio propio, dirigida por Paul Thomas Anderson.

Desde luego, la pólvora que encendió la mitología de Pynchon es su obra: abirragada, exagerada, satírica, cruzada de referencias cultas y pop, desde la ciencia a la música, la literatura, el cine y la TV. Pynchon, el piloto de la posmodernidad norteamericana. O el padre del “realismo histérico”, como lo llamó el crítico James Wood. Un autor al que le gustan los laberintos, las realidades paralelas y los personajes estrambóticos, para hablar de los temas que lo obsesionan: las redes ocultas, las conspiraciones, la unión de las grandes corporaciones y el poder político, los intentos de dominación a través de la tecnología: el capitalismo y sus mecanismos de control.

Todo ello es muy nítido en Al límite, una novela de hackers, mafiosos, estafadores de traje y espías: Pynchon en la era Snowden.

La zona oscura

Pynchon es autor de novelas alucinantes y portentosas como tornados (El arco iris de gravedad y Contraluz) y de divertidos relatos a menor escala, como La subasta del lote 49 y Vicio propio. Al límite tiene la ambición de las primeras, pero es mucho más cercana a las segundas: también se viste de novela negra.

La historia abre con Maxine Tarnow llevando a sus hijos a la escuela. Es el inicio de la primavera boreal de 2001, poco después de la catástrofe de las empresas punto.com. La historia transcurre entre el estallido de la buburja teconólogica y los meses que siguieron a la caída de las Torres Gemelas. Es el inicio del nuevo milenio.

Maxine es una detective especialista en fraudes tecnológicos, judía, separada y madre de dos hijos. Ella comienza a investigar a una empresa de seguridad digital que se libró milagrosamente del descalabro. Descubre grandes flujos de dinero no declarados, pero la información está encriptada. Detrás de ella está Gabriel Ice, un magnate que mantiene contactos con el gobierno y Medio Oriente. La investigación la lleva a otras punto.com de manejos turbios y la lleva también a asomarse un abismo inexplorado: la Internet profunda: una zona de la web sólo para geeks y hackers, que no aparece en la búsquedas superficiales. Gabriel Ice quiere controlar la red y, pese a la crisis, ofrece una millonada por un programa desconocido que crea una realidad virtual paralela.

En esos viajes físicos y virtuales, Maxine va topándose con una delirante fauna de personajes, piratas, matones gubernamentales y agentes del Mossad infiltrados. Y en ese trayecto, asoma la mirada de Pynchon sobre la Nueva York de la época: “Giuliani, sus amigos urbanistas y las fuerzas de la corrección pequeño burguesa han barrido la zona, disneyficándola y esterilizándola: los bares tristes, los dispensarios de grasa y colesterol y los locales y cines porno se han derribado o renovado; los sin techo, los sin voz y los sin gomina han sido expulsados (…) ese mundo ha desaparecido”. Y sobre ese escenario caerá la tragedia.

La novela llega a Chile precedida de elogios: “ Una conspiración deslumbrante y absurda”, la llamó Jonathan Lethem en The New York Times. “La mejor novela de Pynchon desde sus obras maestras”, anotó The Telegraph. En cambio, The Guardian la consideró caricaturesca e insípida.

No es raro: Pynchon divide opiniones. Lo hizo desde su novela más aclamada, El arco iris de gravedad, marginada del Pulitzer por “ilegible”, pero premiada con el National Book Award 1973. Pynchon, para acrecentar su leyenda, mandó a un humorista a recibir el premio.

Acá, el autor no intenta resolver misterios sino hacer explotar las posibilidades. “Si sólo lee el Diario de Referencia, puede llegar a creer que la ciudad de Nueva York, como la nación entera, unida en el dolor y la conmoción, se ha alzado frente al desafío del yihadismo global, implicándose en una cruzada de rectitud moral que la gente de Bush denomina ahora la Guerra contra el Terror. Si recurre a otras fuentes -internet, por ejemplo- puede que se haga una imagen distinta. Ahí fuera, en la inmensidad e indeterminación del anarquismo del ciberespacio, entre los miles de millones de ecos de fantasías reverberantes, empiezan a emerger oscuras posibilidades”.

Por Andrés Gómez Bravo
Con información de La Tercera

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