Los sufís de Al-Andalus – Por Ibn Arabi

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CÂLIH AL-‘ADAWÎ

Este hombre era un cognoscente por Allah (‘ârif bi llâh), dedicándole a El todo lo que hacía, y recitando el Corán en todos los momentos del día y de la noche. Nunca tuvo casa propia y no se preocupaba en absoluto de su salud; era de esos que pretenden alcanzar la estación de los setenta mil que entrarán en el Paraíso sin sufrir la Rendición de Cuentas (al-hisâb).

No hablaba con nadie y no asistía a ninguna reunión. A veces venían a decirle que el sol se ocultaba en el cielo, mientras él estaba todavía en la primera rakat del salat de la mañana. Cuando se preparaba para el salat los días de frío intenso, se quitaba la ropa, conservando solamente una camisa y los pantalones; y, a pesar de ello, sudaba como si se encontrara en las termas. Al hacer sus ibadas (practica), lanzaba gemidos y mascullaba de tal forma que nadie podía comprender lo que decía.

Nunca dejaba nada para el día siguiente y no aceptaba nada que excediera lo justo y necesario, tanto si era para él como para los demás. Pasaba la noche en la mezquita de Abú ‘Amir ar-Rutundalî, el recitador del Corán. Fui discípulo suyo durante varios años, en ellos me dirigió tan pocas veces la palabra que casi podría contar sus palabras. Un año, desapareció de Sevilla con motivo de la Fiesta del Sacrificio Cierto jurista, hombre digno de fe, me indicó después que el shaykh había estado presente en la concentración de ‘Arafât y que lo había sabido por alguien que lo había visto allí.

Mantenía una relación especial con nosotros y con frecuencia nos dirigía sus meditaciones, de lo cual obtuvimos un gran beneficio espiritual. Por lo que a mí respecta, me anunció muchas cosas que, más tarde, resultaron totalmente justas.

Fue Abû ‘Alî ash-Shakkâz quien le cuidó durante su enfermedad. Posteriormente vivió cuarenta años en Sevilla, donde murió. Nosotros mismos lavamos su cuerpo durante la noche y lo llevamos a hombros hasta su tumba, donde le dejamos para que la gente rogara por él y lo enterrara. Nunca jamás encontré a alguien parecido.

Su condición (hâlah) era semejante a la de Uways al Qaranî.

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