Jesús, el hijo del hombre 3

Efraím de Jericó

 

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El banquete de la segunda boda

 

Cuando llegó por segunda vez a Jericó, fui a saludarlo y decirle:

-Maestro, mi hijo tomará esposa mañana; te pido nos honres con tu presencia en el banquete, como la vez que honraste la boda de Caná de Galilea.

Y me respondió:

-Es verdad que estuve presente una vez en una boda, mas no asistiré a otra, y menos hoy que mi alma está de novia.

Insistí:

-Te ruego, Maestro, que asistas a la boda de mi hijo. Sonrió, como si en su sonrisa hubiera un reproche e inquirió

-¿Por qué me suplicas? ¿No tendrás suficiente vino?

-Los cántaros y los jarrones están llenos, Maestro, mas, deseo que asistas a la boda de mi hijo.

-Quién sabe… Tal vez vaya… Sí, asistiré si tu corazón fuera un altar en su templo.

Al día siguiente se casó mi hijo; Jesús no acudió al banquete de la boda; y a pesar de haber venido mucha gente, me pareció como si no hubiese habido nadie. En realidad yo mismo, que recibía a los concurrentes, no me hallaba en la boda.

¡Quién sabe!… Tal vez mi corazón no era un altar cuando lo invité, y que sólo yo quería presenciar en mi casa un segundo milagro.

 

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