Jesús, el hijo del hombre 2

 Leví,discípulo

 

levi

 

 

Los tentadores y los hipócritas

 

Una tarde pasó Jesús por mi casa, despertando mi alma de su adormecimiento. Me dijo:

-Ven, Leví, sígueme.

Y lo seguí aquel día. En la tarde del siguiente le pedí que honrara mi casa con su visita. Pasó por mi puerta con sus amigos y bendijo a mi mujer, a mis hijos y a mí. En casa había otros huéspedes; eran escribas y sabios, discretos adversarios suyos. Cuando estábamos sentados a la mesa, le preguntó un escriba:

-¿Es verdad que tú con tus apóstoles violan la ley, haciendo fuego el sábado?

Jesús replicó.

-Es verdad que en día sábado hacemos fuego, porque en ese día queremos alumbrar y quemar con nuestras antorchas todas las pajas secas que se acumulen en los demás días.

Otro escriba le objetó:

-Hemos sabido que bebes vino con los impuros.

A lo que respondió Jesús:

-Sí, también gozamos del vino. Hemos venido a compartir el pan y la copa de los no coronados que hay entre vosotros. Pocos son, muy pocos, los que no tienen plumas; pero se animan a desafiar al viento y muchos son los alados y los plumíferos que aún no se atreven a abandonar sus nidos. Nosotros damos alimento con nuestro pico, lo mismo a los perezosos que a los decididos, en partes iguales.

Un tercer escriba le advirtió:

-¿Crees, por ventura, que desconozco que tú defiendes a las rameras de Jerusalén?

Entonces vi con mis propios ojos que las alturas rocosas del Líbano se habían reflejado en su rostro, cuando respondió:

-Todo lo que habéis oído es cierto. Las mujeres se presentarán, el día del juicio final, delante del trono de mi Padre y Señor, y se petrificarán con sus lágrimas, pero a vosotros se os juzgará y. se os condenará a las cadenas de vuestros propios juicios. Babel no ha sido destruida por el pecado de sus mujeres. Babel se redujo a cenizas para que los ojos de los hipócritas no vieran más en ella la luz del día.

Otros escribas deseaban hacerle preguntas, pero un ademán mío los hizo callar; porque yo sabía que Él los vencería, y como eran mis huéspedes no quise que pasaran vergüenza en mi casa. A media noche se fueron los escribas con espíritu preocupado. Entonces cerré mis ojos y me sentí como si estuviera bajo el poder de un éxtasis; y vi: eran siete doncellas con trajes blancos rodeando a Jesús; estaban de pie, con los brazos cruzados sobre el pecho y el rostro inclinado con humildad y veneración; cuando hube mirado detenidamente en la niebla de mi visión, divisé el rostro de una de ellas que resplandecía luminoso: aquel rostro era el de la pecadora que vivió en Jerusalén. Abrí mis ojos y miré a Jesús; vi que sonreía; los cerré por segunda vez y en la esfera de luz de mi revelación aparecieron siete hombres con vestiduras blancas, en derredor del Maestro; cuando los hube mirado fijamente, reconocí en uno de ellos al ladrón que fue crucificado a la derecha de Jesús.

Pasada la medianoche se retiró Jesús de mi hogar acompañado de sus amigos.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

portal de cultura arabe

This site is protected by wp-copyrightpro.com

A %d blogueros les gusta esto: