Archivo de la categoría: Cristianismo

Al-Nāsir Ṣalāḥ ad-Dīn Yūsuf ibn Ayyūb sultán de Egipto y Siria

El hombre que se transformó en mito

El sultán Al-Nāsir Ṣalāḥ ad-Dīn Yūsuf ibn Ayyūb , conocido por los francos como Saladino, era un hombre único.

La generosidad de Saladino hacia los cristianos latinos de Jerusalén fue tanto una cuestión de cálculo como la expresión de una naturaleza magnánima. En un tratado militar, Discusión sobre Estratagema de Guerra, escrito por Al-Harawi por encargo del hijo de Saladino Al-Malik, o quizá del mismo Saladino, el autor sostiene que “la amabilidad para con los combatientes puede ser usada como una demostración de poder que puede ayudar a intimidar al enemigo”

Provocaba en sus súbditos la sensación de estar en presencia de un personaje que sobrepasaba las fronteras mismas de la vida, era como si una chispa de divinidad se hubiera desprendido de los cielos para encender en el corazón de los hombres un fuego inagotable. Saladino era algo más que un líder, era un catalizador. Al igual que Alejandro y César antes que él, Saladino venía a poner el mundo del revés utilizando como principal medio la fuerza de su voluntad.

Los años de guerra con los francos habían convertido a Saladino en un enigma andante.

Su cuerpo parecía rejuvenecer con el paso del tiempo mientras que sus ojos envejecían; era como si cada victoria frente a los cruzados revitalizara su exterior al tiempo que agotaba un poco más su alma.

Saladino era un ejemplo viviente del carácter justo y la rectitud moral de que habían dado muestras el propio Profeta Muhammad  y sus primeros compañeros. Los musulmanes siempre estaban hablando de la edad de oro del Islam, de los tiempos de los Califas Bien Guiados, como si se tratara de una era perteneciente a un pasado ya muy lejano, por más que fuera digna de todo elogio, pero en Saladino esa edad de oro volvía a estar viva y maravillosamente presente.

Las ropas de Saladino, en tonos ocres como la arena de su amado desierto describían suaves ondas provocadas por los gráciles movimientos del monarca: el sultán caminaba con la sinuosidad de un tigre, cada paso que daba parecía terriblemente fácil y al mismo tiempo rezumaba la tensa energía de los movimientos de un depredador.

Saladino el magnánimo

Se celebraba en una de las torres del  castillo de Kerak de Jerusalén, durante el sitio impuesto por Saladino, la boda de la princesa Isabela, hija del rey Amalrico I de trece años con Hunfredo de Toron de dieciocho. Saladino había  ordenado a sus catapultas no disparar contra la torre donde se llevaban a cabo los festejos, por lo cual fue recompensado por la madre de Hunfredo con platos servidos en el banquete, que le envió al jefe musulmán. El sitio había sido levantado por el rey Balduino IV en persona.

 Símbolo de cortesía y rectitud

En ocasión de la batalla de los cuernos de Hattin comandada por el rey Guy, caballero templario, su hermano Almarico, Reinaldo de Châtillon y el joven Hunfrendo de Toron, Saladino, con la exquisita cortesía que lo caracterizaba, le ofreció al sediento rey Guy una copa de agua de rosas, enfriada con hielo  de la cima del monte Hebrón. Después de beber la misma, el rey se la pasó a Reginaldo de Châtillon, pero antes de que Reginaldo pudiera aplacar su sed, le quitaron la copa. Según las reglas de la hospitalidad árabe, la vida de un prisionero al que se le da agua o comida, está asegurada. Saladino le reprochó entonces a Reginaldo todas sus inquietudes y, obedeciendo una vez más las enseñanzas del Profeta Muhammad  , le ofreció la opción de aceptar el Islam o morir. Reginaldo  rió en la cara diciendo que era más bien Saladino quien debía volverse al Cristianismo: “Si creyeseis en Él, podríais evitar el castigo de la condena eterna que sin dudas os aguarda”. Al escuchar esto, Saladino tomó su cimitarra y le cortó la cabeza.

Las vidas del rey Guy y sus barones seculares fueron perdonadas. “Un rey no mata a un rey-dijo Saladino-, pero la perfidia y la insolencia de ese hombre llegaron demasiado lejos”. El rey y los barones fueron enviados en cautiverio a Damasco, con instrucciones de que no se les hiciera daño.

Un ejemplo de piedad y respeto

Saladino organizó la toma de la ciudad de Jerusalén, donde la reina Sibila esperaba su avance con las tropas de defensa preparadas. Solo dos caballeros componían la guardia de defensa, por lo que tuvieron que nombrar caballeros a los campesinos que allí se refugiaban.

La ciudad estaba atestada de refugiados, la mayoría mujeres y niños y los latinos no podían contar con la lealtad de los cristianos sirios y ortodoxos. Una vez más, al comenzar el sitio y tras la amenaza de destruir la cúpula e incendiar la ciudad persuadieron a Saladino de negociar.

Saladino pidió 100.000 dinares como rescate por la población de la ciudad, pero no era posible reunir una suma tan grande. Se fijó una tasa de diez dinares por cada hombre, cinco  por cada mujer, y uno por cada niño. Los fondos públicos compraron la libertad de 7.000 de aquellos que no podían pagar, por la suma de 30.000 dinares. Permitió entonces  abandonar la ciudad de Jerusalén a  cada mujer, niño y anciano con la promesa de escoltarlos y así preservar sus vidas.

El 2 de octubre de 1187, el aniversario de la visita del Profeta al Cielo desde el Monte del Templo, Saladino entró triunfante en la ciudad.

Trato a los vencidos con gran magnanimidad; el mayor oprobio de los cronistas estuvo dirigido al patriarca Heraclio y las órdenes militares, en particular los templarios quienes rehusaron donar su propio tesoro y sólo con gran renuncia entregaron lo que quedaba de los fondos de Enrique II para salvar de la esclavitud a los cristianos pobres.

Tras la expulsión de los templarios, la mezquita de Al-Aqsa fue purificada con agua de rosas y se instaló un púlpito que Nur ed-Din había encargado previendo este triunfo.

Nuevamente en un gesto de grandeza, Saladino dejó la Iglesia del Santo Sepulcro en manos de los cristianos ortodoxos y jacobitas.

La historia deja registrada la epopeya de un hombre fiel al Islam, recto, de corazón noble. Con las virtudes intactas de un gran líder militar y los dones de un gran gobernante.

Sus restos descansan en  el costado noroeste de la Mezquita de los Omeyas (en árabe, الجامع الأموي , al-Djāmī banī Umaya)Gran Mezquita de Damasco, la mezquita más importante en Damasco, la capital de Siria, y una de las más antiguas y grandes del mundo construída tres años después de su muerte, en 1196.

Con información de  Los templarios (Piers Paul Read) y Shadow of the Swords Kamran Pasha, (2010).

©2017-paginasarabes®

Teodora de Bizancio, una vida de desventura y esplendor

Benjamin Constant- LImperatrice Theodora au Colisée

Una infancia llena de privaciones y una vida como emperatriz se conjugaron en su persona transformándola en la primera mujer de la historia en promulgar leyes en defensa de los derechos de las mujeres.

Sus días de pobreza y desgracia

Nacida en el año 501, no se sabe bien el lugar de su nacimiento, aunque parece que fue en la zona costera turca o en alguna de sus islas. Proviene de una familia pobre. Su padre Acacio, su madre y sus dos hermanas abandonaron su aldea natal para ir a Constantinopla, en busca de trabajo y de una vida mejor.

Acacio empezó a trabajar en el Hipódromo, lugar donde se realizaban las luchas de los gladiadores, las carreras de caballos y de cuadrigas, y se exhibían animales exóticos. Su padre, trabajaba de cuidador de osos para la facción de los Verdes, llegando a ser el domador oficial de estos animales.

Su padre murió y su madre fue al Hipódromo, con sus hijas, adornadas de guirnaldas y de flores para que las identificaran como suplicantes, pidiendo trabajo. La facción Verde (para quien trabajaba el padre) le negó el trabajo. Sin embargo, la otra facción, los Azules (facción que representaba los intereses del emperador, de la nobleza y del clero) les dio el trabajo, con la finalidad de poner en ridículo a los Verdes, convirtiéndose el padrastro de Teodora en domador de osos.

Tuvo una infancia muy mala, viviendo en condiciones infrahumanas y conoció en el Hipódromo las más bajas pasiones humanas. Las niñas pobres, no tenían otra opción, que el teatro o la prostitución, ambas actividades estaban totalmente ligadas en Constantinopla.

Cuando su hermana Comito llegó a la pubertad, su madre la metió en el mundo del teatro. Teodora ponía en el escenario el taburete donde se sentaba su hermana a trabajar. Sin llegar a la pubertad, empezó a trabajar en el teatro, con diez años. No presentaba grandes virtudes, pues no tocaba ningún instrumento musical, leía mal los textos y su figura era muy delgada. A pesar de esto, alcanzó cada vez más éxito, pues gustaba a los hombres. Parece ser, que Teodora perdió su virginidad a manos de un comediante llamado Filipo.

Se presentaba con muy poca ropa. Se movía sensualmente y contaba chistes . Siempre llegaba un poco más lejos en sus actuaciones, para tener excitados a los hombres y ser cada día más demandada.

Teodora alcanzó gran fama en toda la ciudad y fue como invitada de honor a las fiestas comunitarias, que organizaban los nobles y los ricos. Tenía fama de ser una gran meretriz, y en alguna ocasión se habla de una treintena de hombres en una noche. Con dieciséis años, era ya la prostituta más solicitada y mejor pagada de Constantinopla.

Abrió con su amiga Antonina su propia casa de meretrices, que era de las más acreditadas de Constantinopla. Cansada de esta vida, Teodora se fue con Ecebolo, recientemente nombrado gobernador de la africana provincia de Pentápolis, en calidad de amante oficial. Fruto de esta relación tuvo una hija. Sin embargo, su relación con el gobernador fue muy tormentosa, por lo que la rompió. Esto se produjo porque Ecebolo tenía dudas de la paternidad de su hija. En su regreso hacia Constantinopla hizo un alto en Alejandría.

Su acercamiento a la Fe

En Alejandría conoció a Severo, que era un hombre santo de la Iglesia y ex patriarca de Antioquía, que había sido expulsado por la Iglesia de Roma por defender la herejía monofisita (sostenía la existencia de una sola naturaleza, la divina, en Cristo).

Severo era un hombre de gran cultura y sabiduría, mostrando gran dominio de la Patrística y experto en las Sagradas Escrituras. Teodora aprovechó este encuentro, para ampliar sus conocimientos. Tuvo largas conversaciones con Severo, las cuales le impactaron, porque a partir de ese momento fue siempre seguidora de estas tendencias monofisitas.

Teodora la Emperatriz

Tres años estuvo fuera de Constantinopla. A su regreso a la ciudad, vuelve a juntarse con su amiga Antonina, que sigue rigiendo el burdel. Antonina era ya entonces la amante del joven general Belisario, íntimo amigo del sobrino del emperador Justino. De esta forma, pudo conocer a Justiniano.

Justiniano era un hombre de cultura y de mucha ambición. Se estaba preparando para ocupar el trono, cuando el emperador Justino, que ya tenía sesenta años, falleciera. Era un hombre profundamente religioso.

La vida de Teodora a su llegada a Constantinopla, cambió de modo radical, pues aunque vivía con su amiga Antonina en el burdel, ya no participa en las fiestas, ni aceptaba compañía de hombres. Se dedicaba a la lectura, a la reflexión y al hilado de la rueca.

Sin embargo, cuando Justiniano fue al burdel, Teodora aceptó la invitación de su amiga Antonina para conocerlo. Cuando estuvieron juntos, surgió inmediatamente el amor mutuo y así Justiniano hizo amante a Teodora. En dos meses la instaló en su residencia oficial.

Posteriormente fue elevada a la alta dignidad de patricia. Esto implicaba el poder usar el palco reservado a las mujeres nobles en el Hipódromo.

Teodora a pesar de estos logros, quería ser la esposa de Justiniano. Esto era imposible, porque la ley bizantina era clara al respecto en estos temas, pues prohibía que prostitutas y artistas del teatro, pudieran casarse con nobles.

Justiniano a pesar de la ley también quería casarse con Teodora. Incluso el emperador Justino, hubiera accedido a esta petición, pero la esposa del emperador, Eufemia, no dio su consentimiento. Hasta en tres ocasiones se lo denegaron, por lo que esta boda no se pudo realizar. Poco tiempo después, Eufemia murió de muerte natural. Justino no deroga la ley, pero busca el truco jurídico de suspender dicha ley, dando el tiempo suficiente a Justiniano y Teodora para que se casaran, para después volver a implantar la ley.

Tres años después de estar casados, el emperador Justino, que ya era anciano, decide compartir el gobierno con Justiniano, asociándole al trono y coronándole Emperador. Cuatro meses después de compartir el poder con Justino éste fallece.

Justiniano asume el poder como “Basileus” a sus 45 años. Teodora se convierte emperatriz consorte con 27 años. Esta, no entiende el papel de emperatriz como una mera representación, sino que piensa en gobernar.

Justiniano se rodeó de asesores de origen humilde y de probada integridad. Teodora también tenía enemigos, como Procopio líder de la oposición, que odiaba a Teodora a la que acusaba de manejar a Justiniano.

Una revolucionaria en defender los derechos de la mujer

Teodora siempre protegió a los miembros de la secta monofisita, llegando a nombrar como patriarca de Constantinopla a un prelado de dicha corriente.

El reinado de Justiniano y Teodora fue muy fructífero. Se embarcan en un conjunto de obras faraónicas, con la finalidad de embellecer Constantinopla. Entre ellas se construyó Santa Sofía que era el templo más bello de toda la cristiandad. Mandó construir puentes y acueductos, además de veinticinco iglesias. Esta cantidad de obras provocó un fuerte aumento de impuestos al pueblo, lo que generó un gran malestar social.

Debido a este malestar y a los excesos cometidos desde la parte dirigente del Imperio, provocaron que el pueblo se sublevara. Así, en el año 552, se produjo la sublevación “NIKA” (victoria), donde se hicieron con el control de Constantinopla. El emperador estuvo a punto de renunciar al poder, hasta que intervino Teodora, irrumpiendo en la sala donde se estaba decidiendo como abandonar el poder, yendo contra la costumbre de que la emperatriz interrumpiera una sesión del Consejo. Teodora con toda su energía y mirando a la cara de Justiniano dijo:

“Sobre si está bien visto o no que una mujer se presente ante hombres o se atreva a mostrarse cuando otros vacilan, no creo que sea éste el momento más apropiado, ante la presente crisis, para discutir un punto de vista u otro. Pero cuando una causa corre el máximo peligro hay un solo y verdadero camino a seguir: aprovechar lo máximo posible la situación actual. Creo que en estos momentos la huida es inapropiada, incluso si lleva consigo la salvación. Una vez que un hombre ha nacido a la luz es inevitable que tendrá que enfrentarse con la muerte, pero un emperador no puede soportar el verse convertido en fugitivo. Emperador, si quieres huir en busca de la salvación, te resultará fácil; tenemos dinero en abundancia, a la vista está el mar, aquí están los barcos. Sin embargo, en lo que a mí respecta, aún creo en el viejo proverbio de que la realeza es una excelente mortaja”.

El general Belisario dijo estar de acuerdo con Teodora y el Consejo decidió enfrentarse a la revuelta. Siendo vencida ésta, pero con un coste de 20.000 / 30.000 muertos. De esta forma se salvó el reinado de Justiniano.

El gobierno de Justiniano destaca por su “Corpus Juris Civiles”, que es la compilación jurídica más amplia, que hasta ese momento se había dado y en este Corpus se percibe claramente la mano de Teodora.

Éste deroga la ley por la que se prohibía la unión entre prostitutas y artistas de teatro con los nobles, permitiendo el matrimonio, siempre que fuese libremente elegido.

La defensa de la mujer está en todo el Corpus y podemos decir, que era una adelantada a su tiempo e incluso podemos afirmar que en los tiempos actuales, Teodora sería una revolucionaria en muchos países del mundo contemporáneo.

El Corpus recoge que “la prostitución es una agravio a la dignidad de las mujeres”, por ello deroga las leyes vigentes de protección del proxenetismo. Otro principio, que causó gran impacto en la sociedad era, que todos los hijos tienen los mismos derechos, incluida la herencia, indistintamente si han nacidos como hijos legítimos o bastardos.

Fue una clara defensora de la mujer, trabajando mucho en la erradicación de la prostitución. Prohibió su ejercicio, y dio tres meses a las prostitutas, para que de forma voluntaria, abandonaran el oficio. Aquellas, que no lo hicieran, serían encerradas en una residencia para su reeducación. Las prostitutas que se casaban, recibían apoyo económico de la emperatriz.

Luchó contra el maltrato femenino por parte de los hombres y ante cualquier denuncia de una mujer, Teodora intervenía y hacia castigar a los maltratadores.

Promulgó leyes que permitían que las mujeres pudieran ser propietarias y heredar sumas de dinero o propiedades, cosa nunca realizada hasta ese momento. Además, mejoró el sistema de atención a la salud de la mujer.

Publicó leyes de igualdad de la mujer, el derecho al divorcio y la prohibición de castigos por adulterio. Se permitía el aborto, y se impusieron penas muy duras para los violadores, incluso aplicando la pena de muerte.

Teodora y Justiniano gobernaron juntos veinte años. Con 47 años (548) tuvo un cáncer de mama, que acabó con su vida. Su cuerpo fue enterrado en la iglesia del Santo Apóstol, que fue uno de los templos más espléndidos, que había mandado construir.

Su influencia en Justiniano fue tan fuerte que incluso después de su muerte él trabajó para llevar la armonía entre los monofisitas y los ortodoxos en el Imperio, y cumplió su promesa de proteger su pequeña comunidad de refugiados monofisitas en el palacio Hormisdas. Teodora igualmente dio soporte político al ministerio de Jacob Baradeus, y aparentemente amistad personal también. Diehl atribuye la existencia moderna de la cristiandad jacobita a ambos.

Justiniano siguió gobernando ocho años más, pero en este periodo no destacó ninguna realización sobresaliente. Justiniano ha pasado a la historia como uno de los mejores emperadores. Pero el mérito deberíamos dárselo, al menos, a mitades entre los dos.

Teodora es considerada como una gran figura femenina del Imperio Bizantino, y una pionera del feminismo, ya que las leyes que hizo fueron destinadas principalmente a aumentar los derechos de las mujeres. Como resultado de los esfuerzos de Teodora, el estado de la mujer en el Imperio Bizantino fue más elevado que el del resto de las mujeres en Europa.

Olbia, en la Cirenaica fue renombrada a Theodorias para honrarla, evento común entre las ciudades antiguas para honrar a un emperador o emperatriz. La ciudad, hoy llamada Qasr Libia, es conocida por sus espléndidos mosaicos del siglo sexto.

Santa Teodora

Santa Teodora

Fue declarada santa por su participación en la construcción de monasterios e iglesias, en la convocatoria de V concilio ecuménico por parte de su marido cuando Teodora ya había muerto.

Están inscritos como santas todas las emperatrices, esposas o madres de emperadores que convocaron algún concilio durante su reinado.

La Iglesia Ortodoxa Griega, venera a Santa Teodora el 14 de Noviembre.

Por Jean-Joseph Benjamin-Constant

Con información de Nueva Tribuna

©2017-paginasarabes®

El Pez, símbolo del cristianismo antiguo

El símbolo del pez puede que sea inspirado por la multiplicación milagrosa de panes y peces o por los peces que Jesús Resucitado compartió con sus discípulos (Jn. 21: 9).    Al llamar a los discípulos Jesucristo les dijo:

«Venid conmigo, y os haré pescadores de hombres.»  Y ellos al instante, dejando las redes, le siguieron. -Mateo 4,19-20; cf Marcos 1,17).

El Pez como ícono del cristianismo

La referencia escrita del símbolo cristiano del pez más antigua que se conoce es de Clemente de Alejandría, (nacido en 150), quien recomienda (Paedagogus, III, XI) tener como sello una paloma o un pez. San Clemente no da explicación de estos símbolos, por lo que se puede concluir que ya estos eran ampliamente conocidos.  El pez se encuentra ya en monumentos romanos de las primeras décadas del siglo II, como la Capella Greca y las Capillas del Sacramento de las catacumbas de San Calixto donde utilizaban la imagen del pez como símbolo cristiano.

La asociación del Ichthys con la Eucaristía es enfatizada en el epitafio de Abercius, obispo de Hierópolis del siglo II, y en el epitafio de Pectorius de Autun. Abercius nos dice que en su viaje a Roma, en todas partes recibió como alimento “el Pez del manantial, el grande, el puro”, como también “vino mezclado con agua junto con pan”. Pectorius también habla del Pez como un delicioso alimento espiritual que nos da el “Salvador de los Santos”.  La asociación con la Eucaristía también es evidente en los frescos de la catacumba de Santa Priscila.

Desde el siglo II, el delfín es, con frecuencia, el pez de preferencia para este símbolo por ser este considerado un amigo del hombre. Después del siglo IV, el simbolismo del pez gradualmente disminuyó. En la actualidad, en medio del mundo pagano y agresivo contra los verdaderos cristianos, los que se deciden a ser fieles al Señor una vez más están recobrando este símbolo para identificar su compromiso de fe hasta la muerte.

Es posible que este ícono tuviera otros significados secundarios: Cristo como el Maestro que enseña a los discípulos a ser pescadores de hombres (el mar tenía siempre una connotación negativa, por lo que ser pescador de hombres era lo mismo que decir el Salvador), o en relación al milagro de la multiplicación de los panes y los peces.

La cruz, símbolo de tortura y muerte

Los primeros cristianos  nunca utilizaron el signo de la cruz para representar a Jesús. Para ellos, ésta conservaba un significado siniestro y muy doloroso por el que no podía utilizarse para representar al Salvador del mundo. Sólo comenzó a usarse la cruz a partir del siglo IV cuando ya había perdido todo su significado como instrumento de tortura.

En la primera Iglesia se usaron otros símbolos para representar a Jesús. Se usó la imagen del Buen Pastor para representar al Mesías como un pastor con una oveja sobre sus hombros. Pero el símbolo que más perduró fue el del pez.

En las catacumbas de San Calixto en Roma (las más importantes de allí) puede apreciarse frescos en las paredes con el pez, símbolo inequívoco del cristianismo.

Símbolo de Jesucristo

En el siglo II la Iglesia tomó la palabra “Ichthys”, pez en griego, como símbolo de Cristo. A partir del siglo III la imagen del pez se utilizaba como símbolo cristiano.

Pero su principal significado lo recibe del acrónimo reseñado a continuación.

En esta simbología, las letras de la palabra “Ichthys” representan las iniciales de la frase:

Iesous Christos Theou Yios Soter

Ichthys:

I = Iesous (Jesús);

Ch = Christos (Cristo);

Th = Theou (Dios);

Y=Uios (Hijo);

S=Soter (Salvador)

 “Jesús, Cristo, Hijo de Dios, Salvador”

El símbolo del pez y el críptico “Ichthus” fueron adoptados por los cristianos de la Iglesia Primitiva para representar a Jesucristo y manifestar su adhesión a la fe. Tanto el pez como el críptico,  aparece numerosas veces en las catacumbas.

Una profesión de fe

Los cristianos, siendo minoría en un mundo pagano, tenían sus propios símbolos para identificarse y avivar su fe. En el pez (Ichthus), encontraban la profesión de fe, la razón por la que adoraban a Jesús y estaban dispuestos a morir.

Los creyentes son “pequeños peces”, según el conocido pasaje de Tertuliano (De baptismo, c. 1): “Nosotros, pequeños peces, tras la imagen de nuestro Ichthus, Jesús Cristo, nacemos en el agua”.  Una alusión al bautismo. El cristiano no solo murió y nació de nuevo en el bautismo sino que vive de las aguas del bautismo, es decir, en la gracia del Espíritu Santo.  El cristiano que se aparte de la vida de estas aguas muere.  Como un pez muere al salir del agua, el cristiano muere si se deja seducir por la mente del mundo.

Con información de  Primeros Cristianos

©2017-paginasarabes®