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La Creación – Gibrán Khalil Gibrán

El hombre moribundo y el buitre – Gibrán Khalil Gibrán (1920)

La Creación

El Dios desprendió un hálito de Sí mismo y de él creó a la belleza. Derramó sobre ella su bendición y la dotó de gracia y bondad. Le dio la copa de la felicidad y le dijo:

-No bebas de esta copa hasta que hayas olvidado el pasado y el futuro, porque -la felicidad no es nada más que un momento pasajero.

Y Él también le dio la copa de la tristeza y le dijo:

-Bebe de esta copa y comprenderás el significado de los fugaces instantes de dicha en la vida, porque la tristeza está siempre presente.

Y el Dios la dotó de un amor que la abandonaría para siempre en el momento en que ella experimentara por primera vez la alegría terrena, y de una dulzura que se desvanecería cuando conociera por primera vez la adulación.


Y Él la colmó de sabiduría celestial para que la llevara por el recto sendero, y colocó en lo profundo de su corazón un ojo que distinguiera lo oculto, y la creó afectuosa y bondadosa para con todas las cosas. La atavió con vestiduras de esperanza bordadas por los ángeles del cielo can las hebras del arco iris. Y Él evitó que cayera en las sombras de la confusión, que es el alba de la vida y la luz.

Entonces el Dios tomó el fuego exiguo de la hoguera de la ira, y el viento arrasador de los desiertos de la ignorancia, y las filosas arenas de las playas del egoísmo, y la tosca tierra pisoteada por los siglos, y a todos los mezcló y modeló al Hombre. Dotó al Hombre del ciego poder que lo enfurece y lo enloquece, y esa locura sólo se extingue ante el acuciante deseo, y lo llenó de vida, fantasma de la muerte.

Y el Dios rió y lloró. Se sintió abrumado de amor y conmiseración por el Hombre, y lo privó de Su protección.

Gibrán Khalil Gibrán


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Iconografía Cristiana – La Visitación

Dice Cristo mismo:“La Iglesia es el Reino de Dios que no es de este mundo”.Por lo cual el Icono tiene su propia naturaleza, distinta al arte social y con otras verdades y propósitos.

Los iconos no son objetos decorativos

Icono’ es una palabra griega que significa ‘imagen, representación.’ En el icono la Iglesia no ve sólo un aspecto cualquiera de la enseñanza cristiana de la fe, sino la expresión del Cristianismo en su totalidad, la Ortodoxia como tal. Por ello, es imposible comprender o explicar el arte eclesiástico fuera de la Iglesia y Su vida. El icono, como imagen sagrada, es una de las manifestaciones de la Tradición de la Iglesia. La veneración de los iconos del Salvador, la Madre de Dios, los ángeles y los santos es un dogma de la fe cristiana que fue formulado por el VII Concilio Ecuménico – un dogma que emana de la confesión fundamental de la Iglesia: la encarnación del Hijo de Dios. El icono de nuestro Señor es el testimonio de Su encarnación verdadera, no ilusoria. El significado dogmático del icono fue claramente formulado durante el período iconoclasta.

Los iconos están pintados de acuerdo con las normas del pasado, heredando la tradición iconográfica de los santos, los mártires y de los apóstoles mismos –San Lucas-. Sus formas y colores no dependen simplemente de la imaginación y del gusto iconográfico, sino que han ido pasando de generación en generación en obediencia a una tradición venerable.


La primera ocupación del iconógrafo no es darse a conocer, sino proclamar el Reino de Dios a través de su arte. Los iconos están pintados para tener un lugar en la Divina Liturgia y, por tanto, de acuerdo con las necesidades de la Liturgia. Así como la Liturgia en sí, los iconos intentan ser un reflejo del cielo. La palabra es la traducción lógica de la Verdad; el icono es su símbolo plástico. La belleza no está en el icono como obra de arte, sino en su verdad, en lo que representa, en el misterio divino que oculta entre sus trazos.

El fundamento bíblico del icono se encuentra en la creación del hombre a imagen de Dios. Ciertamente, el mejor icono de Dios es el hombre; durante la liturgia, el celebrante inciensa a los fieles con el mismo título que a los iconos. La Iglesia saluda a la imagen de Dios en los hombres. Lo que el libro nos dice por la palabra, nos lo anuncia el icono por el color y nos lo hace presente.

La visitación, interpretación de un icono

María encuentra a Isabel y ambas se funden en un abrazo. Son muy conmovedores los gestos. Y son, fundamentalmente, las miradas las que más se unen.

María conserva las mismas características iconográficas. Su túnica azul purpura, que indica que ha sido tocada por la realeza divina. Recordemos que solo para los emperadores y sus familiares se utilizaba este color. Su manto rojo amarronado, Mezcla de Vida, Espíritu Santo, fuego y el tono amarronado de la humildad. En el manto destacan de nuevo los tres rosetones. Símbolo de la triple virginidad de María.

En su vientre el niño crece. Jesús levanta una mano con dos dedos extendidos en señal de bendición, y el Espíritu Santo se mueve desde Él hacia Juan, representado en esas tres líneas que salen desde su mano hacia el otro vientre. Algunos iconos no muestran al niño, solo puede verse a Isabel tocando el vientre de María. Y en otros casos se ven los niños pintados sobre las ropas, como si se dejaran traslucir.

Isabel lleva un manto que cubre su cabeza. Señala que está casada. El brazo que abraza a María va por dentro. Es María quien abraza a Isabel, mientras ella recibe su amoroso consuelo. Los cabellos claros de Isabel denotan las canas de su vejez. La mirada de María, no solo más joven sino más vivaz, denota que es Ella quien porta la esperanza y el consuelo. El rostro de Isabel habla por sí solo. Se siente aliviada de ver a María.

En su vientre Juan el Bautista. Inclinado en señal de adoración a su Dios y Señor, se deja bendecir por Cristo.

A la izquierda de María, un árbol frondoso se enarbola más atrás. Este árbol aparece también en el icono de la Anunciación. Es el árbol de la Vida, y está del lado que corresponde a María porque es Ella la que porta la Vida, haciendo alusión a Cristo que viene para vencer a la muerte.

El velo rojo que cubre toda la escena. El velo de la formación del tejido del Salvador, anticipando en María la Redención.


La casa de Isabel tiene un trabajo más artesanal, con friso y escalinatas. La casa de la derecha, de confección más sencilla es para remarcar la importancia dada a la casa de Isabel. Su casa es importante, pues su esposo es sacerdote y esta importante categoría está puesta de relieve en el trabajo especial que se dedica a la vivienda de Isabel.

Con información de Misioneros y Peregrinos

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La llave del Santo Sepulcro

Cada día en la apertura y cierre de la basílica se repite una compleja “ceremonia”.

La Basílica del Santo Sepulcro fue construida originalmente por la madre del emperador Constantino en 330 d.C., la Iglesia del Santo Sepulcro conmemora la colina de la crucifixión y la tumba de Cristo. Situada en el Gólgota, el lugar donde según los Evangelios se produjo la Crucifixión, sepultura y resurrección de Jesús. Es uno de los más importantes centros del cristianismo. Está dentro de la Ciudad Vieja de Jerusalén, en un punto intermedio entre las zonas  árabe y judía, y su administración repartida entre diversas iglesias cristianas: católicos, armenios, ortodoxos, coptos.


Los custodios de la llave

La custodia de la puerta y de la llave del Santo Sepulcro está a cargo de dos familias musulmanas, (Nuseibeh y Judeh). En el año 1187, cuando Salahadin conquistó la ciudad a los cruzados, se añadió al acuerdo de custodia de las llaves a otra familia, los Joudeh Al-Goudia. Ambas lo han mantenido desde entonces hasta nuestros días.

Después de la invasión de los Corasmios (1244), el sultán Ajub escribió al Papa Inocencio IV pidiéndole perdón por los daños causados en la basílica y asegurándole que los habría reparado y que habría confiado las llaves a dos familias musulmanas para que abrieran la puerta a los peregrinos. Desde entonces, este derecho se ha transmitido de una familia a otra.

En el pasado, para hacer que se abriera la puerta y poder entrar en la basílica, era necesario pagar un impuesto personal. Fidenzio de Padua cuenta que la cifra era de unos 80 francos de oro. Este impuesto personal para la entrada se pagaba a los custodios musulmanes al lado de la puerta, donde había un banco de piedra. El impuesto personal para la entrada fue abolido por Ibrahim Pascià en 1831.

En la actualidad se abre todos los días, aunque hay que tener en cuenta que además de los derechos de estas dos familias musulmanas, existen también diversos derechos de las tres Comunidades que ofician en el Santo Sepulcro. Latinos (franciscanos), griegos y armenios. Es por esto que la apertura de la puerta del Santo Sepulcro presenta un complicado ceremonial que a muchos podría parecer extraño e inútil.


Existen dos tipos de “apertura”: la apertura sencilla y la solemne

La apertura sencilla se realiza cuando el sacristán de la comunidad que quiere abrir la puerta realiza él sólo todas las ceremonias y se abre solamente un batiente de la puerta.

La apertura solemne se realiza de la misma manera pero con la apertura de los dos batientes: el sacristán abre el de la izquierda y el portero musulmán el de la derecha.

Todos los días en los que no hay fiestas o circunstancias particulares, la apertura se realiza a las 4,00 de la mañana, y se cierra de acuerdo a un horario publicado. Para el cierre de la basílica las tres Comunidades han estipulado un acuerdo que tiene previsto el cierre a las 19,00 horas entre octubre y marzo, y a las 21,00 entre abril y septiembre.

Todas las tardes, en el momento del cierre, los tres sacristanes se encuentran presentes y se ponen de acuerdo sobre quién abrirá al día siguiente. En particular, la apertura se realiza cíclicamente por las tres Comunidades; al que le toca el derecho de apertura coge la escalera y la apoya en el centro de la puerta cerrada.

Hoy en día las llaves son custodiadas por un miembro de la familia Joudeh, mientras que un miembro de la familia Nuseibeh es el encargado de abrir y cerrar las puertas de la iglesia todos los días. La llave en cuestión es una enorme pieza de 30 centímetros de largo y un peso de 250 gramos que tiene unos 800 años y ha pasado de padres a hijos de generación en generación. También se conserva otra más antigua, hoy rota después de siglos de uso.

Todas las mañanas un Nuseibeh acude a la puerta de la iglesia donde un Joudeh le entrega la llave, luego sube a una pequeña escalerilla de madera para abrir la cerradura superior, se baja y abre la cerradura inferior. Cuando empuja las puertas abriéndolas, el recinto queda abierto a los visitantes hasta la noche. El mismo ritual viene repitiéndose exactamente igual desde hace casi mil años.

Con información de Santo Sepulcro


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