Archivo de la categoría: Siria

Gregorio, el experto en dolor; Doctor de la Iglesia Católica

Gregorio “el Narek”

Todos los pueblos de la tierra han padecido a lo largo de su historia etapas de indecible sufrimiento. Pero algunos han capitalizado el dolor de un modo especialmente agudo. Es el caso de Armenia, desde su primer bautismo –bautismo de sangre-, en torno al año 300, pasando por las sucesivas invasiones selyúcidas y mongoles, hasta el trágico genocidio de 1915 en que fueron exterminados un millón y medio de cristianos (Declaración común de Juan Pablo II y Karekin II, 27 de septiembre de 2001). Y para las sucesivas generaciones armenias que han arrostrado con increíble valentía el inmenso dolor soportado durante los últimos mil años, dos libros han sido los únicos instrumentos de consuelo y esperanza: la Biblia, y el Libro de las Lamentaciones de Gregorio de Narek.

Gregorio nació hacia 950 en Antsévatsik, actualmente en territorio turco. Huérfano de madre desde muy niño, fue confiado por su padre al superior del monasterio de Narek. Allí recibió una completísima formación que abarcaba todas las ramas de la cultura de la época; desde la literatura hasta la matemática, desde la teología hasta la astronomía. Dentro de su saber enciclopédico, no desconocía desde luego la doctrina de los Padres (Basilio, Gregorio de Nisa, Cirilo, Efrén…), y muy pronto comenzó él mismo a escribir diversas obras: poesía religiosa (Himnos y Odas), panegíricos (sobre la Cruz, sobre la Virgen y sobre los apóstoles), las oraciones conocidas como “el tesoro” (sobre el Espíritu Santo, la Iglesia y la Cruz)… y, muy especialmente, el Libro de las Lamentaciones.

Este Libro, escrito hacia 1002, poco antes de su fallecimiento, “da voz al grito, que se convierte en oración de una humanidad que sufre y es pecadora, oprimida por la angustia de la propia impotencia pero iluminada por el esplendor del amor de Dios y abierta a la esperanza de su intervención salvífica, capaz de transformar todo” (Mensaje del Santo Padre Francisco a los Armenios, 12 de abril de 2015).

Conocido también como “el Narek”, habitualmente es situado en la cabecera de la cama de los enfermos y moribundos, y en general constituye el consuelo de todos aquellos armenios a quienes asola el dolor físico o espiritual. Consta de 95 oraciones, escritas como un coloquio con Dios, en las que se muestra Su misericordia como refugio y remedio para todo pesar.

Realmente este libro ha supuesto un extraordinario bálsamo para un pueblo tan atormentado como el armenio, cuya espiritualidad “está impregnada de un sano orgullo por el signo supremo del don de la vida en el martirio” (Carta Apostólica del Santo Padre Juan Pablo II en el XVII Centenario del Bautismo del Pueblo Armenio, 2 de febrero de 2001, n. 4). Este “sano orgullo” se puso ya de manifiesto en la batalla de Avarayr (451) contra el rey sasánida Yazdegerd (que significa “hecho por Dios”) II, el cual intentó imponer a sangre y fuego la religión mazdeísta a los cristianos armenios. Éstos resistieron heroicamente la opresión porque “quienes creían que el cristianismo era para nosotros como un vestido, ahora sabrán que no podrán arrebatárnoslo, como no nos pueden quitar el color de la piel” (Eliseo, Historia de la guerra de Vartán y de los armenios).

Posteriormente llegarían las crueles invasiones mongoles, y la dominación otomana. Durante ésta, los cristianos armenios fueron siempre ciudadanos de segunda. Se distinguió entre los Turcos y los “Raya” (literalmente, ganado). Y además del “conjunto de incapacidades legales que les denegaban protección y reparación institucionales en el caso de ser víctimas de una agresión, también estaban sometidos a imposiciones arbitrarias, de las que la peor era el tributo de los niños (Devshirme). Los temidos jenízaros (soldados de élite) se llevaban a los niños cristianos, arrancándolos de sus padres. Una de las penosas tareas de los obispos armenios era la de reunir o seleccionar este tributo humano en el seno de los hogares armenios. Un caso bien conocido es cuando, en el siglo XVIII, se ordenó al obispo armenio de Sivas que enviara 5.000 niños armenios al Sultán. Berberian, el cronista armenio contemporáneo, describe gráficamente cómo, conducidos a pie, en pleno invierno, la mitad de los pequeños jamás llegó a su destino.” (George Hintlian, El Genocidio armenio, en: Historia y Política: ideas, procesos y movimientos sociales, nº 10, 2003, pp. 66-67).

Durante estos siglos de oscura opresión, “los cristianos armenios, guiados por la certeza de la ayuda divina, supieron repetir constantemente la oración de san Gregorio de Narek: “Si mis ojos contemplan el espectáculo del doble riesgo en el día de la miseria, ¡que vea tu salvación, oh próvida Esperanza! Si dirijo mi mirada a las alturas, hacia el sendero terrible que lo abarca todo, ¡que me salga al encuentro con dulzura tu ángel de paz!” (Carta apostólica… n. 4)

Pero indudablemente el momento más crítico de la historia de Armenia, donde estuvo amenazada su propia supervivencia como pueblo, fue el “Gran Crimen” (Medz Yeghern), calificado como genocidio por la sistemática brutalidad con la que un número indeterminado de civiles, no inferior al millón y medio de personas, fue exterminado en los albores del siglo XX. Esta masacre, que se había anticipado con episodios de violencia extrema ya desde finales del siglo XIX, tuvo su culmen con la llegada al poder de los Jóvenes Turcos y la aprobación en 1915 de la Ley de Deportación Temporal. “La población armenia formada por mujeres, niños y ancianos, recibió la orden de trasladarse hacia destinos no especificados y con un escaso margen de tiempo. Entre abril y septiembre, en un tiempo relativamente corto, un millón de armenios fue sistemáticamente asesinado en esas marchas de la muerte. Parece que el último destino era el desierto sirio, específicamente Alepo. Cuando las autoridades turcas vieron que quedaban cerca de medio millón de supervivientes los reenviaron hacia el desierto. Allí, bandas de delincuentes, preparadas por las autoridades otomanas y formadas en su mayor parte por chechenos y circasianos, asesinaron a cerca de 300.000 armenios. Los desiertos de Deir el Zor se convirtieron en los mayores cementerios de los deportados armenios.” (George Hintlian, pp. 81-82).

En aquel desierto, Eitan Belkind, un soldado judío del ejército otomano vio cómo “un soldado circasiano ordenó a los armenios que juntaran cardos y espinos y que los apilaran en una gran pirámide. Después ataron por las manos a todos los armenios que estaban allí, casi 5000 almas, cercándolos como un anillo en torno a la pila de cardos y espinos y prendiéndoles fuego en una llamarada que subió hasta los cielos junto con los gritos de los desdichados que fueron quemados hasta la muerte. Huí del lugar porque no podía soportar semejante visión. Azoté al caballo para que galopara con todas sus fuerzas y después de una loca carrera de dos horas todavía podía seguir escuchando sus lastimosos gritos, hasta que volví al lugar y vi los cuerpos abrasados de miles de seres humanos” (Yair Auron, The Banality of lndifference, 2000, p. 183).

“Un millón y medio de seres humanos asesinados: caravanas interminables de personas hambrientas, sedientas y en harapos, madres ultrajadas que, a su vez, presenciaban cómo violaban, robaban o vendían a sus hijos e hijas, personas mutiladas, torturadas o asesinadas delante de sus familiares, gendarmes que arrojaban los bebés al cielo y los esperaban con sus bayonetas caladas, vejámenes de todo tipo a mujeres embarazadas… El horror se podría resumir sencillamente: “Uno de los trofeos más preciados que podía tener un turco era un collar hecho con pezones de mujeres armenias” (Andrés Vartabedian, Centenario del Genocidio Armenio 1915 – 2015)

Han pasado ya más de 100 años desde aquellos horribles sucesos. Pero como dice el papa Francisco, recordar lo sucedido es un deber no sólo para el pueblo armenio y para la Iglesia universal, sino para toda la familia humana, para que el llamamiento que surge de esa tragedia nos libre de volver a caer en semejantes horrores, que ofenden a Dios y la dignidad humana.

“San Gregorio de Narek, formidable intérprete del espíritu humano, parece pronunciar palabras proféticas para nosotros: «Yo cargué voluntariamente todas las culpas, desde las del primer padre hasta las del último de sus descendientes, y de ello me consideré responsable» (Libro de las Lamentaciones, LXXII). Cuánto nos impacta ese sentimiento suyo de solidaridad universal. Qué pequeños nos sentimos ante la grandeza de sus invocaciones: «Acuérdate, [Señor,]… de quienes en la estirpe humana son nuestros enemigos, pero para su bien: concede a ellos perdón y misericordia (…) No extermines a quienes me muerden: ¡conviértelos! Extirpa la viciosa conducta terrena y arraiga la buena conducta en mí y en ellos» (ibid., LXXXIII)”. (Mensaje…)

El papa Francisco, tan sensible como sus predecesores a los sufrimientos del admirable pueblo armenio, declaró a Gregorio de Narek Doctor de la Iglesia el 21 de febrero de 2015.

Con información de Diario Armenia

©2017-paginasarabes®

Renovar el islam

El poeta sirio Adonis en su casa de París durante la entrevista ©Mousse

Adonis y cómo podemos comprender qué sucede con el Islam sin caer en la islamofobia.

Imposible no interesarse hoy en un libro que hable del islam político: la información es abundante en medio de la confusión, la manipulación y la visión maniquea, buenos y malos, civilizados y bárbaros. Es en medio de esta crisis y esta guerra horrible en Oriente Próximo cuando el poeta sirio Adonis decide debatir con la psicoanalista Houria Abdelouahed sobre el islam. Hablar de la razón de su radicalización frente a lo que sería una “impotencia histórica”, como la llamaba Michel de Certeau, citado a lo largo de esta entrevista.

Uno de los aspectos más interesantes del debate es el cómo podemos comprender qué sucede con el islam sin caer en la islamofobia. La idea del poeta es disociar a la cultura árabe de la religión, recordarnos que el islam es la religión monoteísta más reciente (siglo VII) y que su fusión con el Estado es su punto más débil.

El monoteísmo, como lo analiza Adonis, es el resultado de una economía, pero es también una necesidad de poder, y poder patriarcal cuya figura totalizante es Dios, y todo el que no acepte este precepto divino es un renegado o un enemigo. ¿Se puede matar al padre en esas condiciones? Una religión que, según Adonis, está dominada por la ley y la jurisprudencia asfixia toda pluralidad y libertad individual, cero creatividad entonces. Los tópicos son conocidos, leyenda versus historia, pensamiento mágico versus pensamiento racional.

Y es ahí donde quizás surja la punta de lanza, la dificultad de los pueblos considerados “inferiores” por poseer un pensamiento pre-lógico, animista o mágico para pasar a otro más racional. Esto nos plantea el dilema de los universales y de sus nuevas matrices: ¿cómo llegar a un acuerdo, de dónde se generan los discursos y quiénes los manejan? Según el filósofo Paul Ricœur, estaríamos rozando un tiempo en que las micro-cosmogonías se enfrentarán unas con las otras, en que nadie aceptará ser dominado de manera simbólica. Y aquí hay que hablar del problema de las mujeres en el islam, entre la sunna (la tradición) y la umma (comunidad de creyentes), es la que sufre el peso opresor de la ley tradicional, considerada inferior al hombre y sometida a él. Si Daesh seduce a una juventud desarraigada y deseosa de un orden supraterrenal donde el placer de la dominación masculina sería ilimitado (las vírgenes que esperan a los suicidas) es porque, en medio del desarraigo, la oferta de este reino es una propaganda eficaz del ISIS, quien no desea ninguna modernidad, nuevo califato (sic). Y el texto sagrado que es la palabra de Allâh encarnada. Tal vez de ahí nazca la fascinación por las redes sociales, a lo mejor podría ser una pista del nihilismo que los monitorea, de un “islamismo globalizado” como explica el especialista Olivier Roy, que es también fruto de un mundo enloquecido por los juegos virtuales, el poder (viril) y el dinero (las tratas de mujeres, la venta de petróleo, etcétera). Para Adonis, este islam violento no puede convertirse en la identidad del pueblo árabe porque no es esa, están los poetas y escritores que pueden crear ese nuevo espacio semántico donde el islam podría renovarse, aunque sea un sacrilegio para muchos.

Por  Patricia de Souza
Violencia e Islam. Adonis. Traducción de Carmen Castells. Ariel

Con información de El País

©2017-paginasarabes®

Académicos alemanes desenmascaran mentiras sobre Siria

A diferencia de EEUU, que tiene la “intención de destruir Siria y otros países de Oriente Medio”, Rusia e Irán están desempeñando un papel constructivo a la hora de prevenir el derrocamiento de Bashar al-Assad y la formación de un Gobierno fundamentalista suní en el país, reza la carta abierta suscrita por un grupo de académicos alemanes.

Estos profesores universitarios alemanes, miembros de la organización ‘Attac Deutschland’, redactaron una declaración conjunta en la que critican la interpretación que hacen muchos medios sobre el papel de Rusia e Irán en el arreglo del conflicto sirio.

Según la denominada ‘Declaración sobre la guerra en Siria’, Rusia e Irán “primero agotaron todas las posibilidades de una solución diplomática y pacífica del conflicto” y al ver que no funcionaban, recurrieron a la acción militar.

“Los ataques contra Rusia de los principales medios de comunicación son absurdos”, aseguran estos 14 profesores universitarios alemanes, argumentando sus posiciones al respecto.

La idea de derrocar a Assad ya apareció en 2001

En su declaración, los académicos recuerdan una entrevista de 2007 del exsecretario general de la OTAN Wesley Clark, que reveló que unas semanas después del 11 de septiembre de 2001, EEUU se propuso invadir no solo Irak, sino también otros cinco países de Oriente Próximo, incluida Siria.

Con este objetivo en mente, EEUU estuvo preparando las condiciones propicias para un cambio de régimen en Siria desde 2005, incluyendo una campaña de propaganda de los medios ‘mainstream’ contra el Gobierno de Assad.

La aparición de la ‘oposición moderada’

EEUU también cooperó con Arabia Saudí, Qatar e Israel para formar y financiar un ejército de yihadistas suníes con el fin de derrocar a los Gobiernos de Damasco y Teherán, informó el periodista Seymour Hersh en 2007.

Sin embargo, algunos medios occidentales bautizaron estas fuerzas de una manera mucho más suave: la ‘oposición moderada’, destacan los profesores alemanes.

“La fuerza militar más numerosa de la oposición estuvo compuesta por Al Qaeda y el grupo radical islamista Frente al Nusra [actualmente denominado Frente Fatah al Sham], clasificados por el propio EEUU como organizaciones terroristas”.

Rusia no intervino en el conflicto sirio, “mientras fue considerado exclusivamente interno”, pero actuó de forma decidida al lado del Gobierno sirio cuando la organización terrorista Daesh —también llamada Estado Islámico, proscrita en Rusia y otros países— “por medio de la acción terrorista y el apoyo militar y logístico de la inteligencia de EEUU, Arabia Saudí y Turquía logró tomar un extenso territorio en el norte de Irak, incluyendo su principal ciudad, Mosul”.

Bombas ‘buenas’ y ‘malas’

Además, los autores hacen hincapié en el tema de las bajas civiles. Desde su punto de vista, la cobertura de este tema en muchos de los medios de los países occidentales destaca por un “enfoque unilateral antirruso”, la “propaganda” y el silenciamiento de los crímenes cometidos por las fuerzas antigubernamentales contra la población civil.

“Desde agosto de 2014, en Irak, bajo las bombas de la coalición, encabezada por EEUU, murieron 40.000 civiles, una cifra al menos cuatro veces mayor que el número de muertos en Alepo. Solo en Mosul murieron 15.000 personas”, subraya la declaración.

Durante la evacuación de los combatientes opositores, permitida por los militares sirios, iraníes y rusos, los medios ‘mainstream’ siempre han mostrado a una única parte beligerante: Rusia junto a Irán frente a sus rivales, que se convertían en ‘víctimas’.

“Pero cuando los ‘rebeldes’ incendiaron ocho autobuses sirios que llegaron a la ciudad para evacuarlos a ellos mismos y sus familias de Alepo, los mismos medios, de repente, parecieron quedarse mudos”, afirman.

“Assad no puede irse”

Los académicos también critican a los países occidentales y a los opositores armados, porque estos se negaron a cualquier negociación con Assad

“Todo político razonable y con visión de futuro tendría absolutamente claro que Assad no podía renunciar, incluso si así lo quisiera”, opinan los autores.

“Assad representa a todos los grupos religiosos y las minorías de Siria, especialmente, a los alauitas, cristianos, yazidíes y otros, que apoyan a Assad debido a su naturaleza laica y esperan que no renuncie ni deje el camino libre a Daesh para que, seguramente, organice un exterminio masivo de las minorías religiosas y de los alauitas”, explican los profesores alemanes.

La política fatal de cambio de regímenes

Según los autores, lo que más sorprende es que los grandes medios no suelan ni mencionar “la política fatal de cambios de régimen practicada por EEUU en Oriente Próximo y Oriente Medio, ni hablar de la crítica a este enfoque”.

Los llamados “Estados fallidos”, que son un terreno fértil para la propagación del terrorismo y la principal causa del flujo interminable de refugiados, son un resultado evidente de esta política, señalan.

Por último, los autores expresaron su preocupación por la “nueva guerra fría entre las naciones occidentales y Rusia, que parece ir teniendo cada vez una mayor escala”, e instaron a “todos los grupos sociales a participar en el debate político y, junto con el movimiento por la paz, defender los métodos de prevención de conflictos y guerras”.

Con información de: Sputnik

©2017-paginasarabes®