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El zapatero que se convirtió en astrólogo – Cuento Árabe

Vivía en la ciudad de Isfahan un pobre zapatero llamado Ahmed, que tenía una esposa especialmente codiciosa y ambiciosa.

Ésta iba todos los días a los baños de Hammam y siempre encontraba a alguien allí que le producía celos. Un día espió a una señora que vestía un traje espléndido, joyas en todos los dedos de la mano y perlas en las orejas y a la que atendían muchas personas. Cuando preguntó quién podía ser aquella dama, la contestaron: ‘La mujer del jefe de los astrólogos’, ¡Ciertamente eso es lo que el desastre de mi Ahmed debe llegar a ser, un astrólogo!’, pensó la mujer del zapatero y corrió a su casa tan rápido como la llevaron sus pies.

El zapatero al verla en su casa preguntó: ¿Por Dios, qué te pasa querida?

¡No me hables ni te acerques a mí hasta que seas astrólogo de la corte!, le riñó ella, ‘¡Deja tu vulgar oficio de arreglar zapatos!

Nunca seré feliz hasta que seamos ricos.

¡Astrólogo, astrólogo!’, sollozó Ahmed, ¿qué conocimientos tengo yo para leer las estrellas?, ¡debes estar loca!

Ni sé, ni me importa cómo lo hagas, pero para mañana tienes que ser astrólogo, si no volveré a la casa de mi padre y pediré el divorcio, dijo ella.

El zapatero estaba loco de desesperación. ¿Cómo iba a convertirse en astrólogo?

Esta era su preocupación. No podía soportar la idea de perder a su esposa.

Así pues, salió y compró la tabla de los signos del zodiaco, un astrolabio y un almanaque de los astros. Para ello tuvo que vender sus herramientas de zapatero y así sintió que tendría éxito como astrólogo. Se fue al mercado y gritó: ‘¡Oh, señoras y señores! acudid a mí en busca de respuesta para cualquier cosa. Yo sé leer las estrellas, conozco al sol, a la luna y a los doce signos del zodiaco ¡Puedo predecir lo que va a suceder!’.

Sucedió que el joyero del Rey pasaba por allí sumido en gran aflicción, pues había perdido una de las joyas de la corona que le habían sido confiadas para su pulido. Era un gran rubí. Lo había buscado por todas partes sin ningún resultado.

El joyero de la Corte sabía que si no lo encontraba le cortarían la cabeza. Se acercó a la multitud que rodeaba a Ahmed y preguntó qué sucedía.

’¡Oh, el astrólogo más reciente, Ahmed el Zapatero, promete decir todo lo que es posible saber!’, rió uno de los curiosos espectadores.

El joyero de la Corte se adelantó resuelto y susurró al oído de Ahmed:

’Si conoces tu arte, descúbreme donde está el rubí del Rey y te daré doscientas piezas de oro. Pero si no tienes éxito… ¡traeré la muerte sobre ti!

Ahmed quedó atónito. Se echó la mano a la frente y sacudiendo la cabeza al mismo tiempo que pensaba en su esposa, dijo: ¡Oh, mujer, mujer, eres más perniciosa para la felicidad del hombre que la peor de las serpientes!

La joya había sido escondida por la mujer del joyero quien, sintiéndose culpable del robo, había mandado a una esclava para que siguiese a su marido a todas partes. Esta esclava al oír al nuevo astrólogo gritar algo sobre una serpiente creyó que todo se había descubierto y volvió corriendo a la casa a contárselo a su señora: ¡Os han descubierto, querida señora,! le dijo jadeando, ¡Os ha descubierto un odioso astrólogo!.

Ve a él y suplícale que sea misericordioso con el desdichado pues si se lo cuenta a vuestro marido, estaréis perdida.

La mujer se puso rápidamente su velo y se fue donde estaba Ahmed y se arrojó a sus pies sollozando: ‘Salva mi honor y mi vida y lo confesaré todo.

¿Confesar qué?, preguntó Ahmed.

¡Oh, nada que no sepas ya!’, sollozó, sabes muy bien que yo robé el rubí. Lo hice para castigar a mi marido, ¡él me trata con tanta crueldad!. Pero tú, el mejor de los hombres, para quien no existe ningún secreto, ordéname y haré lo que me pidas con tal que este secreto nunca salga a la luz.

Ahmed pensó deprisa, luego dijo: ‘Sé todo lo que has hecho y para salvarte te pido que hagas esto: coloca el rubí en seguida bajo la almohada de tu marido y olvídate de todo.

La mujer del joyero volvió a casa e hizo lo que le habían ordenado.

Al cabo de una hora Ahmed la siguió y le dijo al joyero que ya había hecho sus cálculos y que por mediación del sol, la luna y las estrellas, el rubí estaba en ese momento bajo su almohada.

El joyero salió corriendo de la habitación como un ciervo perseguido y volvió a los pocos minutos sintiéndose el más feliz de los hombres.

Abrazó a Ahmed como a un hermano y puso ante sus pies una bolsa con doscientas piezas de oro.

Con las alabanzas del joyero resonando en sus oídos, Ahmed volvió a su casa agradecido por poder satisfacer la codicia de su esposa. Creyó que no tendría que trabajar más, pero sus ilusiones se vinieron abajo al oír a su mujer: ‘Esta es solamente tu primera aventura en el nuevo camino de tu vida. Una vez que se conozca tu nombre, ¡serás llamado a la Corte!

Ahmed protestó. No deseaba continuar su carrera de adivinador del futuro, era un trabajo arriesgado. Cómo podía esperar volver a tener otra vez la misma suerte, preguntó. Pero su mujer rompió a llorar y de nuevo lo amenazó con el divorcio. Ahmed accedió a salir al día siguiente al lugar del mercado para anunciarse una vez más.

Como la vez anterior gritaba en voz alta: ¡Soy astrólogo. Puedo ver lo que sucederá por el poder que me ha sido conferido por el sol, la luna y las estrellas!

La multitud se reunió de nuevo a su alrededor. Una dama cubierta con un velo pasaba mientras Ahmed estaba hablando. Se detuvo con su sirvienta y oyó hablar del éxito que había tenido el día anterior al encontrar el rubí del Rey y otras mil historias que nunca habían sucedido.

La dama, que era alta e iba vestida con finas sedas, se abrió camino y dijo: Pongo ante ti este enigma: ¿dónde están el collar y los pendientes que perdí ayer?. No me atrevo a decírselo a mi marido que es un hombre muy celoso y puede pensar que se los he dado a algún amante.

¡Dime astrólogo, dónde están o me veré deshonrada! Si me das la respuesta correcta, que no debe de ser difícil para ti, te daré en seguida cincuenta piezas de oro.

El infeliz zapatero quedó sin habla durante un momento al ver a una dama tan importante ante él, tirando de su brazo y se cubrió los ojos con la mano. Volvió a mirarla preguntándose qué diría. Entonces se dio cuenta de que se la veía parte del rostro, lo cual era de lo más inadecuado para una dama de su posición y que el velo estaba rasgado. Seguramente había ocurrido cuando avanzó por entre la gente.

Él se inclinó hacia delante y dijo en voz baja: ‘Señora, mirad la abertura, mirad la abertura’. El hombre se refería a la rasgadura de su velo, pero a ella sus palabras le trajeron inmediatamente algo a la memoria.

’Permaneced aquí, ¡oh, el más grande de los astrólogos!’, y volvió a su casa que no estaba muy lejos. Allí en una abertura que había en el cuarto de baño descubrió su collar y sus pendientes en el mismo lugar en el que ella misma los había escondido a los ojos de los codiciosos.

En seguida volvió llevando otro velo y una bolsa con cincuenta piezas de oro para Ahmed. La multitud se apretujó alrededor de él, maravillada de este nuevo ejemplo de la lucidez del zapatero astrólogo.

La mujer de Ahmed, sin embargo, no podía aún rivalizar con la esposa del astrólogo de la Corte y continuó exigiendo a su marido que siguiese buscando fama y fortuna.

Con información de Cuentos Árabes de A.J

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Amapola – La flor mística de Medio Oriente

En Persia esta flor era el símbolo del amor y la felicidad, también de la sexualidad y de deseos de pasión.

Los egipcios percibían la flor de la amapola como un símbolo de la hermosura y la juventud de la mujer. La capital del Alto Egipto – Fiva- los campos estaban densamente sembrados con flores de amapola. Esta flor también se utilizaba en medicina: los jarabes de esta flor se la daban a los enfermos para combatir las infecciones y a los niños para que dejaran de llorar.

En las tumbas de los faraones ponían grandes ramos de flores de amapola – lo egipcios creían que en el otro mundo los faraones con la ayuda de la amapola conseguirían la eterna juventud y hermosura.

El origen de la Amapola

Evidencia arqueológica de semillas fosilizadas de amapola asociadas al hombre neandertal sugieren que pudo haber conocido y utilizado la amapola hace más de 30,000 años. Se han hallado restos fosilizados de bizcochos de semillas de amapola en habitáculos neolíticos suecos de más de 4,000 años. La amapola fue cultivada en las antiguas civilizaciones de Persia, Egipto y Mesopotamia.

En aquella remota antigüedad se comían partes de la flor y el fruto, o se preparaban líquidos para beber.

La primera referencia escrita de la planta de amapola aparece en un texto sumerio de 4,000 aC. La flor se conocía como “hul-gil” o planta de la felicidad. Los sumerios les dan a conocer la planta a los asirios, quienes a su vez se la presentan a los babilonios, de quienes los egipcios aprenden sus propiedades.

El opio es el jugo cuajado de la amapola, (Papaver somniferum). Se extrae de la planta mediante cortes en la superficie de la cápsula,(fruto), recogiendo el jugo una vez cuajado.

En próximo oriente a pesar de la antigua polémica existente sobre el significado concreto de determinados signos cuneiformes y el conocimiento de la amapola en estas tierras, los resultados paleobotánicos de las excavaciones arqueológicas y las representaciones en figurillas votivas, en cilindros sellos o en los conocidos bajorrelieves asirios indican que la amapola fue perfectamente conocida en la antigua Mesopotamia. También está documentada su presencia en la costa sur del Mar Negro, en la actual Turquía, entre las ruinas del palacio de Beycesultan destruido en torno al 1900 a.C. Recientes excavaciones en la ciudad de Troya y cerca del yacimiento de Kumtepe, revelaron rastros de su presencia. En Egipto según los hallazgos arqueológicos y las representaciones pictóricas de numerosas tumbas, especialmente del área de Tebana, la amapola cumplía una función importante en la religión así como en la medicina antigua.

Tanto en Creta como en Chipre se la asociaba con la divinidad. La conocida Diosa de Gazi, una estatuilla que data del 1450-1100 a.C., se encuentra coronada por una diadema con tres cabezuelas de amapola.

Homero en La Ilíada hace varias veces referencia a esta flor empleándola como recurso literario para señalar la muerte de Gorgitión y como metáfora para reflejar la suerte de Ilioneo.

Un fragmento de Parmenón de Bizancio, (siglo III a.C.), relaciona la bebida desenfrenada del vino con los efectos que produce la ingestión del jugo de la amapola.

Los sacerdotes egipcios recurrían el uso de remedios derivados de la amapola. Se referían a ellos con el nombre de tebacium, ya que las plantas colectadas para esa medicina provenían de las inmediaciones de Tebas. El comercio de esta planta florece en los reinados de Tutmose IV, Akenatón y Tutankamen. Los fenicios movían el producto a través del Mediterráneo hasta Cartago, Grecia y los asentamientos griegos en toda la región. Los faraones egipcios eran sepultados con envases llenos de un producto elaborado con amapolas a su lado. Imágenes de la planta aparecen en la pictografía egipcia.

La Amapola en el antiguo Egipto

Los antiguos egipcios sabían cómo extraer la morfina de esta planta. En un pequeño recipiente de piedra, que se encontró en la tumba de Kha en Deir el Medina, había un poco de ungüento que contenía morfina. No había perdido su potencia en miles de años, indujo el sueño en una rana y un ratón, y cuando una mayor cantidad se inyectó bajo la piel de otra rana, la mató.

La amapola roja, Papaver rhoeas, empleada en medicina desde la IV dinastía, tiene propiedades ligeramente narcóticas.

El término egipcio Spn, que aparece en una receta para la cerveza y en los escritos médicos, correspondería a semillas de Papaver somniferum o Papaver rhoeas. El spn del Papiro de Ebers parece haber tenido un fuerte efecto calmante.

La amapola, llamada “planta de spn” por los antiguos egipcios, se utilizaba en conocimientos simples, como analgésico y tranquilizante. Cuenta el Papiro Ebers, que la sacerdotisa Tefnur curó las jaquecas del dios Ra, usando un té hecho con cabezas de adormidera. Imhotep, (“el que trae la paz”), el Esculapio Egipcio, llevaba en su mismísimo nombre la alusión a la calma de dolores de la adormidera.

Se recomendaba el jugo de la cápsula, (opio), en pomadas, por vía rectal y por vía oral. Se utilizaba para muchas cosas, incluso para dolores en los dientes de los niños y en general para que los niños no griten fuerte.

Una de las recetas del Papiro Ebers: “mézclese el jugo de la planta de spn con estiércol de moscas que hay en las paredes, hágase una masa, pásese por el tamiz y adminístrese durante cuatro días. Los gritos cesarán en seguida”.

Sus muy llamativas flores no aparecen en las decoraciones funerarias hasta los reinados de Tutmosis IV y Amenofis III, (1401-1353 aC), irrumpiendo en la iconografía profusamente.

Hay plantas de amapolas formando el collar de la estatuilla de madera del arquitecto Kha. En dicha tumba, en Deir el-Medina, se encontró una maceta que todavía preservaba restos. El residuo se analizó en Génova y se le inyectó a una rana y a un ratón, ambos cayeron en un sueño profundo. La sustancia seguía activa después de 3.000 años.

Hay flores de amapolas en los ramos dedicados a Osiris, pintados en los papiros mágico-religiosos conocidos con el nombre de Libro de los Muertos, igual que en el caso del papiro del arquitecto Kha. La escena también se repite en algunas estelas de tumbas contemporáneas.

La tumba de Ramsés presenta uno de los invitados al ágape con ramillete de cabezas de amapolas. Userhat también se asoció a las amapolas, ya que el sacerdote Sem del cortejo fúnebre de su tumba luce un gran ramo.

Nebamon e Ipuky quisieron inmortalizarlas en los ramos que adornan la escena mortuoria ofrecida por sus deudos. En uno, se mezclan las amapolas con papiros y lotos blancos; mientras que en el otro además se incluyen bayas de mandrágora; quizás manifestando así las preferencias individuales.

Bajo el reinado de Akhenaton, las amapolas fueron parte de las pinturas que decoraban el suelo del palacio real de Amarna.

Durante el reinado de Tutankhamon, la representación se incrementa hasta casi igualarse a la representación  de las bayas de mandrágora. Entre las joyas del faraón existen un par de pendientes rematados por cuatro cápsulas de amapolas intercaladas entre adornos al final de las hiladas de cuentas que cuelgan de unos pendientes.

Una cucharilla de cosméticos procedente de la necrópolis de Gurna y de la dinastía XVIII, muestra un adorno floral en el que tres cápsulas de amapolas se han incrustado en una flor de loto donde suele destacar la mandrágora.

En época Ramésida se generalizan sus representaciones, y la amapola llega incluso a las tumbas de los obreros, como es el caso de Sennedjem.

También es destacable una escena de libaciones de la tumba de Sennedjem, el sacerdote funerario, con su distintivo de piel de pantera, vertiendo líquido sobre un ramo de amapolas.

La Amapola en la Grecia antigua

En la antigua Grecia y Roma existían muchos mitos sobre la flor roja de la amapola. El más romántico mito es sobre la diosa romana del Amor llamada Venera, al descubrir que su amado Adonis había muerto; lloró durante siete largos días. Cada lágrima que se caía al suelo, se convertía en una flor de amapola roja. Desde entonces las hojas de la flor caen igual que las lágrimas de mujeres.

Los griegos asociaban la flor de la amapola con el Dios del sueño llamado Gipnos. Lo imaginaban como un chico joven con una corona hecha de las flores de amapola que por todo el mundo se hacía con el extracto de sueño de la tierra. Los antiguos griegos, al contrario de los egipcios, ya sabían que las semillas de amapola tenían un efecto narcótico.

Propiedades medicinales

La amapola tiene un uso medicinal porque esta planta posee propiedades terapéuticas, que actúan además como analgésicos a nivel del sistema nervioso central, también posee características que sirven para mitigar la tos, actúa también como un antidiarreico y es un antiespasmódico, de esta planta se extrae la morfina y es conocido como un analgésico muy potente y de gran toxicidad cuando se usa para otros fines diferentes a los médicos, es por ello que su uso se encuentra muy restringido, su utilización es de reserva para pacientes con dolores muy severos a los que previamente se les han aplicado otros tratamientos alternativos sin ningún éxito, pero sin embargo el uso de la codeína que es un alcaloide extraída del opio y actúa en los seres humanos como un analgésico con una serie de acciones similares a la morfina se encuentra muy extendido y suele estar en fórmulas de muchos antigripales y es usado como un analgésico moderado, la heroína es un derivado de la morfina que resulta altamente toxica y su uso está totalmente prohibido, no cuenta con ninguna aprobación médica.

Se dice que las cabezas de amapola con las semillas , convertidas en un jarabe dulce, se utilizaban con frecuencia para reconciliar el sueño, en las personas enfermas y con síntomas de afecciones respiratorias y malestar en general, para detener los efectos de estas enfermedades o virus, además combaten la tuberculosis, también hervían las semillas negras en vino y posteriormente se bebía para tratar los problemas de flujo, también se comenta que con la amapola se puede prevenir la epilepsia además cuenta con propiedades anestésicas. La planta de la amapola, conocida como adormidera, siempre fue utilizada como alimento, forraje y aceite, pero hay registros históricos de que sus funciones psicotrópicas ya eran conocidas en 3.000 a.C. Del Oriente Medio, donde era muy empleado por la medicina, se extendió hacia India y, después, en el siglo IX, hasta China. En Europa occidental el opio adquirió importancia terapéutica en el siglo XVI.

La planta de la amapola posee varias propiedades medicinales, las cuales se concentran casi exclusivamente en los pétalos de sus flores. Los usos de la amapola son tanto internos como externos. Una de las propiedades medicinales más conocida e importante que tiene esta planta, es la de sedante. Ejerce un suave efecto sedante sobre el sistema nervioso. Calma manifestaciones. Reducir el nerviosismo y la ansiedad. Para tratar el insomnio, puede estar originado por problemas de ansiedad o nerviosismo. Mejora la función del aparato respiratorio, ejerciendo una acción antitusiva. Es expectorante, (calmante), indicada para enfermedades del sistema respiratorio, como la bronquitis, hacer salir mucosidades de los bronquios o la faringitis. Tratar casos de gripe. Emolientes, por lo cual sirve para disminuir la irritación de la garganta producto de la tos en exceso, bronquitis, asma, resfriados y anginas.

Para tratar estas afecciones se recomienda beber una infusión preparada con una cucharada y media de pétalos de amapola por cada litro de agua. Beber dos tazas diarias. Aliviar síntomas de garganta, o faringitis se pueden hacer gárgaras con una infusión de dos cucharadas de  pétalos secos de amapola por cada litro de agua. Antiespasmódica, debido a esto se utiliza para tratar cólicos estomacales y casos de diarrea. Antipiréticas, ayuda a bajar la fiebre. Recomendada para la conjuntivitis, aplicar la infusión tibia con gasas húmedas sobre la zona afectada. La conjuntivitis es una inflamación o infección de la fina membrana, (conjuntiva), que cubre el blanco de los ojos y el interior de los párpados. El ojo se torna rojo como consecuencia de una reacción natural de defensa que aumenta el flujo de sangre en la superficie del ojo para eliminar la infección. Recomendada para arrugas en el rostro, aplicar la infusión tibia con un paño limpio sobre la zona.

Otros usos de la amapola

La infusión de amapola, se realiza con los pétalos de las flores. La infusión se prepara con 2grs de pétalos de amapola por cada taza de agua que vayamos a preparar. Debemos calentar la mezcla cinco minutos y dejar reposar. La dosis recomendada de esta infusión puede llegar hasta 3 tazas diarias, y no recomienda extender la ingesta del té de amapola más de cuatro días consecutivos. Los pétalos de amapola los podemos adquirir en herboristerías, tiendas que comercialicen productos naturales, etc.

Papiro de Edwin Smith

El papiro de Edwin Smith, el texto médico más antiguo

El papiro de Edwin Smith es un texto médico egipcio antiguo sobre trauma quirúrgico. Data de las Dinastías 16-17 del Segundo Período Intermedio en el Antiguo Egipto, ca. 1600 aC. El papiro de Edwin Smith es único entre los papiros médicos que sobreviven hoy. Mientras que otros papiros, como el Papiro de Ebers y el Papiro médico de Londres, son textos médicos basados ​​en la magia, el Papiro de Edwin Smith presenta un enfoque racional y científico de la medicina en el Antiguo Egipto.

En él se encuentran datos del uso de la amapola para uso médico y terapéutico, basado en sus aceites esenciales y de sus propiedades calmantes y como opiácea.

El papiro de Edwin Smith mide 4.68 m de longitud, dividido en 17 páginas. El anverso, el anverso, tiene 377 líneas de longitud, mientras que el reverso, la parte posterior, tiene 92 líneas de longitud. Aparte de la primera hoja fragmentaria del papiro, el resto del papiro está bastante intacto.

Está escrito en hierático, la forma cursiva egipcia de jeroglíficos, en tinta negra y roja. La gran mayoría del papiro se refiere a trauma y cirugía. En el lado anverso, hay 48 casos de lesiones. Cada caso detalla el tipo de lesión, el examen del paciente, el diagnóstico y el pronóstico, y el tratamiento. El lado del verso consiste en ocho hechizos mágicos y cinco prescripciones. Los hechizos del lado del verso y dos incidentes en el Caso 8 y el Caso 9 son excepciones a la naturaleza práctica de este texto médico.

Con información de Medicina Natural / Cinabrio y Daniel Becerra Romero

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Pilaf -“Arroz Persa”

Las primeras apariciones de esta forma de cocinar arroz las podemos encontrar en las historias de Alejandro Magno. Es un plato que describe la hospitalidad de la provincia de Bactria,  antigua provincia al este del gran Irán, donde se dice que pudo nacer la mujer de Alejandro Magno, en el actual Afghanistan. La historia cuenta que este plato se le sirvió a Alejandro Magno en su conquista de la capital de Sogdian, y posteriormente su ejército lo trajo de vuelta a Macedonia donde se dispersó por Europa del este.

Se considera por muchos persas a Abu Ali Ibn Sina como el padre del pilaf moderno, ya que en varios de sus libros de ciencias médicas dedica varios capítulos a la preparación de este plato y sus bondades según que ingredientes incluye.

Sobre el origen del Arroz, algunos historiadores afirman que este cereal es nativo del Sureste asiático y se cultiva desde hace más de 7000 años. Se tienen evidencias de su cultivo, interiores al año 5000 AdC en el oriente de China, y antes del año 6000 AdC en una caverna del norte de Tailandia.

La nacionalidad del arroz es tan controversial como su historia. Estudiosos del tema, consideran que el arroz es oriundo de Asia meridional, porque crece silvestre en la India, Indochina y China. Si bien es cierto que en estas zonas muchas variedades se desarrollan espontáneamente desde épocas muy antiguas, otros investigadores aseguran que el cereal se originó en África y luego se trasladó al Asia. Una tercera hipótesis afirma que surgió en ambos continentes a la vez. Lo indiscutible para todos, es que se trata de uno de los alimentos más antiguos de la humanidad.

Se puede decir que más de un tercio de la población mundial tiene al arroz como su alimento básico en su dieta diaria. Existen cerca de diez mil variedades de arroz.

Pilaf o pilaw es una forma de cocinar el arroz típico de la cocina de Medio Oriente, que produce un arroz con granos sueltos y con un sabor especiado.

El origen de esta forma de cocción es muy antiguo y se atribuye a los persas o turcos, por lo que se conoce también como Arroz a la persa.

La cocción comienza nacarando el grano con materia grasa, cebolla y especias para que la materia grasa absorba el sabor y luego se agrega caldo o agua para su cocción.

La cantidad de arroz se calcula 1 pocillo de café por persona, mientras que la cantidad de caldo es el doble de la cantidad de arroz más un pocillo para el proceso.

A veces se confunde este arroz con el risotto ya que el inicio de la receta es el mismo, se rehoga el grano de arroz junto con las verduras y luego se agrega el caldo, sin embargo la diferencia está en que en el risotto el caldo se agrega de a poco y se debe revolver constantemente para liberar el almidón del grano con lo que queda cremoso, en cambio en el arroz pilaf el caldo se agrega todo de una vez y no se revuelve, por lo que quedan los granos sueltos.

Para cocinar un arroz pilaf hay dos maneras:

Se puede primero rehogar el arroz en una olla sobre la hornalla y luego terminar la cocción en el horno. Se puede hacer todo el proceso sobre la hornalla en una olla con fondo grueso.


Ingredientes

Para 4 comensales

4 Tacitas tamaño de café, de arroz (Es importante usar arroz Basmati o en su defecto alguno de grano fino y largo).
1/2 cebolla picada
9 tacitas tamaño de café de caldo
50 gr de mantequilla
Especias y hierbas a gusto
1 pechuga de pollo
1 cdita de baharat
1 cdita de coriandro molido
1 cdita de cúrcuma
Sal y pimienta a gusto
Almendras peladas y tostadas c/n
Pasas de uva hidratadas en agua caliente c/n.

Preparación

Cocinar la pechuga de pollo en agua con sal a gusto o en caldo de verdura hasta que esté tierna, una vez cocida retirar la pechuga y reservar el caldo.

Rehogar la cebolla picada en la mantequilla, agregar el arroz hasta nacarar, agregar las especias, (1 cdita de baharat, 1 cdita de coriandro molido, 1 cdita de cúrcuma, pimienta a gusto), agregar el caldo todo de una sola vez. Bajar el fuego a mínimo y cocinar por 18-20 minutos, agregando pequeñas porciones de caldo si fuera necesario durante la cocción.

Después de la cocción el arroz quedará cocido pero con textura consistente. Deshebrar la pechuga de pollo y saltear en un poco de mantequilla con un chorrito de aceite, las hebras de pollo, las almendras peladas y tostadas y las pasas de uva hidratadas.  Servir el arroz y la guarnición calientes.


Con información de Chef. ABDALA. 2007. Pasión por la cocina árabe. Editorial Atlántida (Bs.As.) y Enciclopedia de Gastronomía.

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