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Árabes en Canadá: 130 años de historia

La historia de los arabos canadienses no es nueva como muchos lo creen,  más bien parece haber comenzado en 1882 con la llegada del primer inmigrante de origen árabe, Ibrahim Abu Nader, libanés de la ciudad de  Zahle quien, en 1882, formaba parte del Moutassarrifiyat del Monte Líbano, territorio autónomo en el seno del Imperio Otomano.

Sin embargo, después de más de 130 años de inmigración, la historia de los arabos canadienses sigue poco documentada.

Pero, de donde provienen los canadienses de origen árabe? Sus diferentes comunidades, su contribución al mosaico canadiense, dónde y cómo viven, cuáles son sus religiones, las personalidades que se destacan y las organizaciones y los medios de comunicación que los representan? También, cómo los arabo canadienses  reaccionan frente a eventos políticos, como el debate sobre la Carta de la laicidad, la primavera árabe o el terrorismo.

Un análisis del Instituto Canadiense Árabe  producido en 2014 sostiene que habría un poco más de 750 mil canadienses de origen árabe!

Estadísticas oficiales canadienses fijaron en 2011 este número en un poco más de 550.000.

Lo seguro, después de más de 130 años de inmigración árabe en Canadá,  es que el conocimiento sobre los canadienses árabes sigue siendo prácticamente desconocido.

Al inicio, la historia de los inmigrantes de origen árabe en Canadá se parecía de muchas maneras a la de los que inmigraban a Estados Unidos. Generalmente escapaban de la pobreza o huían de regímenes déspotas o corruptos.

Henri Habid, profesor emérito de ciencias políticas en la Universidad Concordia, de Montreal, destaca entre otros, que, aunque inicialmente la inmigración árabe fue masivamente cristiana,  los problemas políticos actuales en Siria y la caída de Irak en 2003 permitieron la llegada masiva de musulmanes. Y que “hoy existe una migración mixta musulmana-cristiana pero no podría decir cuál es la más grande”.

Por otro lado,  el profesor de sociología en la Universidad de Quebec en Montreal, Rachad Antonius, en su libro Las comunidades árabes en Canadá y Quebec distingue  cuatro olas de inmigración provenientes de los países árabes. La primera data de finales del siglo XIX e inicios del XX,  la segunda va desde los años 1950 hasta más o menos 1975, la tercera se extiende de 1975 a 1992, y la cuarta de 1992 hasta el momento actual.

Ellas se distinguen entre sí por los países de procedencia de la mayoría de estos inmigrantes así como por sus características sociodemográficas.  Estos períodos sirven como punto de  referencia, sobre todo para las dos últimas olas según Rachad Antonius.

Los primeros inmigrantes árabes – 1882

Los primeros inmigrantes originarios de los países árabes llegaron a Canadá, más concretamente a Montreal, en 1882. Eran de la Gran Siria, una región que correspondía a los territorios actuales de Siria, Líbano, Jordania y  Palestina.

Se estima que había unos 2.000 inmigrantes sirios en Canadá en 1901, y casi 7.000 en 1911. Pero esta inmigración árabe se detuvo en el medio de las dos guerras y solo el crecimiento natural fue responsable del aumento de la comunidad.

Compuesta  principalmente por cristianos, la primera generación de este grupo fue económicamente activa en la explotación de los pequeños comercios.

La segunda ola de árabes desde 1950

La segunda ola comenzó en las postrimerías de la Segunda Guerra Mundial y continuó hasta 1975.

Esta segunda oleada de inmigrantes árabes vino sobre todo de Egipto (37%) y Líbano (33,6%) pero también de Marruecos (14,9 %), de Siria (7,6 %) y de otros países árabes (6,6 %). Conjuntamente, estos grupos árabes suman, en 1971, 28 550 personas en total, según las cifras oficiales que se compilaron siguiendo el criterio de la lengua materna y no el del país de origen.

En 1971, Canadá tenía entre 50 000 a 60 000 personas de origen árabe, y de 70 000 a 80 000 en 1975.

Si bien los inmigrantes de origen egipcio conforman el mayor contingente de esta ola, y que muchos se han asentado en Montreal, cabe señalar que una mayoría de esos egipcios eran cristianos de origen sirio-libanés, proveniente de un grupo que inmigró a Egipto a finales del siglo XIX.

Varios otros grupos originarios de Egipto constituyen esta segunda ola de migración: los coptos (cristianos nativos egipcios) y los musulmanes.

En cuanto a los inmigrantes en esta segunda ola provenientes de Líbano, en su mayoría  eran cristianos, pero también figuraban muchos sunitas, drusos y chiíes.

La tercera ola desde 1975

A partir de 1975 el perfil sociodemográfico de los recién llegados se diversificó en varios aspectos. Ellos no tuvieron el conocimiento de las lenguas inglesa ni francesa contrariamente a los grupos egipcios y libaneses llegados en las décadas de 1960 y 1970.

Éstos solían ser trilingües (árabe-francés-inglés) o, por lo menos, bilingües (árabe y francés o árabe e inglés). Muchos libaneses que deseaban huir de la guerra de las milicias de Líbano, que duró unos quince años, pudieron instalarse en Canadá gracias a la flexibilización de los procedimientos de inmigración, especialmente del llamado Programa Libanés.

También empezaron a emigrar a Quebec personas y grupos procedentes del sur de Líbano, mayoritariamente musulmanes o chiíes. Pero los países de origen ya no son sólo Egipto y Líbano, sino que a partir de este momento se añaden otros países del Levante como Iraq, Jordania, Siria, Palestina, así como países petroleros de la Península Arábiga, como Kuwait y Emiratos Árabes Unidos. También aumenta el porcentaje de inmigrantes procedentes de Túnez y de Marruecos.

La mayoría de estos inmigrantes son musulmanes, francófonos o más bien  bilingües (árabe / francés), en contraposición a la anterior oleada de inmigrantes con una alta proporción de habla de lengua inglesa.

Estos nuevos inmigrantes árabes, incluyendo a los argelinos huyen de la violencia y ponen la religión en el centro de su identidad colectiva.

La cuarta ola

Entre 1997 y 2006, más de 53.000 argelinos y marroquíes llegaron a Canadá.

Con el 24% del total de la inmigración árabe en Canadá entre 1960 y 2011, Líbano es de lejos el mayor contribuyente de inmigrantes árabes, seguido de Egipto (lejos detrás) en 14%, Marruecos 13%, Argelia  11%, e Irak con un 11%. Entre ellos, estos países representan casi tres cuartas partes de la inmigración árabe a Canadá en este período que se extiende aproximadamente en unos 52 años.

Los canadienses árabes, minoría visible

Baha Abu-Laban y Sharon Mcirvin Abu-Laban,  profesores eméritos de sociología en la Universidad de Alberta, dicen en sus escritos, que las categorías raciales son construcciones sociales cambiantes, tal y como prueba la experiencia de las personas de ascendencia árabe en Norteamérica. Y destacan que los primeros inmigrantes árabes, tanto en Estados Unidos como en Canadá, combatieron las leyes de inmigración racistas reivindicando su «blancura» racial.

A diferencia de lo que sucedía en EE.UU, los primeros inmigrantes árabes de Canadá lucharon por la aceptación arguyendo que la legislación existente contra la inmigración iba dirigida a las personas procedentes del Este asiático y que ellos eran caucásicos. Después de la Conferencia de San Remo de 1920, llegaron a sostener que eran europeos, ya que sus países natales estaban en ese momento bajo protectorado francés o británico. Los inmigrantes árabes acabaron consiguiendo convencer a los legisladores de ambos países de su etnicidad «blanca», pero, en la actualidad, la clasificación de los arabos estadounidenses como blancos es puramente oficial.

En Canadá, las personas de origen árabe son consideradas «minorías visibles», es decir, pertenecen a un grupo clasificado como no caucásico y/o «de color no blanco» dentro de la Ley de Igualdad en el Empleo de 1986, que fomenta las prácticas de empleo propositivas para atenuar la gravedad de la exclusión histórica en el mercado de trabajo. La construcción «minoría visible» constituye un término creado por el gobierno canadiense, utilizado de manera habitual por los medios de comunicación y que engloba a todo un abanico de personas que incluye chinos, sud asiáticos, negros y latinoamericanos, entre otros.

Los canadienses de origen árabe definen ellos mismos su pertenencia o no a una minoría visible en los formularios de los censos.

En 2006, uno de cada seis canadienses entraba en la clasificación de minoría visible.

Con información de Radio Canada International

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Eremìtica: Un modo de vida nacido  en Oriente

Juan El Bautista
El primer gran eremita de la era cristiana.

Soy la voz que clama en el desierto (Mateo 3:3).

La vida de Juan El Bautista se encuentra llena de mística y misterio. Una vida consagrada a la preparación del camino hacia Cristo.

Gran parte de su existencia permaneció él en el desierto, alejado de todo. En un modo de vida donde la introspección y el acercamiento espiritual son fundamentales para la subsistencia.

Juan era un profeta, y más que profeta. Era el profeta más grande del Antiguo Testamento, el hombre escogido por Dios para señalar al Mesías y preparar al pueblo por él según la fe cristiana. Este fue el tipo de hombre que Dios escogió para preparar el camino del Señor —un asceta— de vida Eremítica. Era un hombre de Dios, una persona completamente dedicada a Dios (Lucas 7, 26-28).

“Todos tenían a Juan como un verdadero profeta” (Marcos 11, 32). Antes de Cristo “entre los que nacen de mujer no se ha levantado otro mayor que Juan el Bautista” (Mat. 11, 11).

¿Pero qué llevo a Juan a elegir este modo de vida? ¿Cuán importante es alejarse de todo para encontrarse con uno mismo y trascender en el mundo de la espiritualidad?

“Todos necesitamos internarnos en nuestro propio desierto para conocernos como en verdad somos”.

¿QUÉ ES LA VIDA EREMÍTICA O DE DESIERTO?

Un ermitaño o eremita es una persona que elige profesar una vida solitaria y ascética, sin contacto permanente con la sociedad. El vocablo ermita procede del latín eremīta, que a su vez deriva del griego ἐρημίτης o de ἔρημος, que significa «del desierto». En sentido laxo, el término se extendió para significar a todo aquél que vive en soledad, apartado de los vínculos sociales.

En el cristianismo, la vida eremítica tiene por finalidad alcanzar una relación con Dios que se considera más perfecta. La vida del ermitaño está por lo general caracterizada por valores que incluyen el ascetismo, la penitencia, el alejamiento del mundo urbano y la ruptura con las preferencias de éste, el silencio, la oración, el trabajo y, en ocasiones, la itinerancia. Se considera que el eremitismo en el cristianismo nació a fines del siglo III y principios del siglo IV particularmente tras la paz constantiniana, cuando los llamados «Padres del Desierto» abandonaron las ciudades del Imperio romano y zonas aledañas para ir a vivir en las soledades de los desiertos de Siria y Egipto, sobresaliendo el desierto de la Tebaida.

La práctica del eremitismo también se encuentra presente en la historia del hinduismo, el budismo, el sufismo y el taoísmo.

En el mundo moderno suele verificarse una variante que, si bien no puede catalogarse como eremitismo propiamente dicho, mantiene algunas de sus características. En este caso, no se verifica una «fuga geográfica» del mundo, sino un aislamiento respecto del estilo o de la forma de vida que el mundo presenta. Se trata de un «eremitismo en medio del mundo», impregnado por rasgos de soledad, oración y trabajo, que huye de cualquier tipo de publicidad.

El eremitismo en el cristianismo temprano

El eremitismo es un modo de vida nacido en Oriente, particularmente en Egipto y Siria, hacia el siglo III, pero con algunos precedentes precristianos, como el de la comunidad judía de los Terapeutas, curadores de almas, con asiento en Alejandría, que propugnaba la soledad y el aislamiento como camino para alcanzar la perfección espiritual.

Ermitaño fue el nombre dado desde el siglo III al V al cristiano que, para entregarse con toda libertad a la vida contemplativa y penitente en busca de Dios, se apartaba de los vínculos sociales usuales, para habitar en los desiertos de la Tebaida (a unos mil kilómetros del delta del Nilo) y en las comarcas vecinas. La norma de vida de aquellos eremitas era de un ascetismo llevado a sus límites: vivían en el desierto, se alojaban en albergues precarios o en cuevas, y subsistían gracias al trabajo manual. Sus ayunos eran muy prolongados y mantenían una vida espiritual durísima.

El modelo inicial de eremitismo, propio de los anacoretas orientales del siglo III, tendría más tarde imitadores -aunque con reservas- en la vida monástica occidental. Sucesivamente y por extensión, se asignó el mismo nombre a todos los que se retiraron a lugares solitarios para vivir una vida libre de las ataduras de la sociedad. Algunos fijaban su misión en el cuidado y protección de una ermita dedicada a algún santo, por lo general, en algún territorio despoblado y poco visitado. El retiro del ermitaño se consideraba parte de su vida espiritual y de su entrega cristiana.

En su evolución posterior, la Iglesia generó una tendencia hacia la transformación de aquellas primeras comunidades eremíticas en órdenes religiosas estables, que permitieran una vida ascética pero evitando prácticas extravagantes o exageradas, reglando las horas de oración, de trabajo y de estudio. Se mantenía la pobreza, pero con vestimenta y comida adecuadas. Así, se dio el nombre de ermitaños a ciertas órdenes religiosas como las de San Pablo, San Jerónimo o San Agustín.

Jesùs y sus días en el desierto.

Entra en el desierto, humilde y sosegado. Al Dios que te espera, la única cosa de valor que le has de presentar es tu entera disponibilidad. Cuanto más ligero sea tu equipaje humano, cuanto más pobre seas de lo que estima el mundo, mayor será tu oportunidad de éxito, ya que Dios gozará de mayor libertad para manejarte. Te llama a vivir a solas con El, a nada más (Dom Esteben Chevevière).

Entonces Jesús fue llevado por el Espíritu al desierto, para ser tentado por el diablo. (Mateo 4:1)

Un claro ejemplo del “desierto” de Jesús en sus 40 días de vida eremita. Textos bíblicos manifiestan ese período de tentación y fortaleza espiritual a la que se sometió Jesús en un claro alejamiento de la vida terrenal para experimentar una vida espiritual despojada de todo aquello vano y perenne.

El desierto es implacable: expele infaliblemente a todo el que se busca a sí mismo.

Podríamos decir que aquellos grandes guías espirituales del Cristianismo fueron los precursores de la vida eremítica. No es un dato menor asociar este tipo de vida al acercamiento y conocimiento de uno mismo, como así también del acercamiento espiritual a las creencias propias.

Ejemplos de eremitismo temprano

Se dice que el primer ermitaño en el cristianismo temprano  fue Pablo, el egipcio que vivió noventa años en el desierto (desde 250 a 340 d.C.).

Entre los ejemplos más notables de eremistisno de los siglos III a VI se cuentan:

Antonio Abad, también llamado Antonio de Egipto, siglo IV, uno de los Padres del Desierto, considerado el fundador de la vida monástica.

Jerónimo de Estridón, siglo IV, Doctor de la Iglesia, considerado el padre espiritual de la orden eremítica de los Hieronimitas.

San Palemón y su discípulo San Pacomio, siglo IV, fundadores del monasterio de Tabennisi.

Macario el Viejo, siglo IV, fundador del monasterio de San Macario el Grande, presunto autor de las llamadas “Homilías espirituales”

San Onofre, ermitaño que vivió en el desierto egipcio en el siglo IV.

Sinclética de Alejandría, siglo IV, Egipto, una de las más tempranas Madres del desierto, sus máximas se suelen incluir entre los dichos de los Padres del Desierto

Gregorio I el Iluminador, siglo IV, evangelizador de Armenia y considerado su patrono

María de Egipto, siglos IV-V, Egipto y Transjordania, penitente

Simón el Estilita, siglos IV-V, Siria, “el ermitaño de la columna”

Sara del Desierto, siglo V, Egipto, una de las Madres del desierto, sus máximas se suelen incluir entre los dichos de los Padres del Desierto

Millán, también conocido como San Emiliano, siglos V-VI, actual patrono de Castilla

Benito de Nursia, siglo VI, Italia, autor de la llamada Regla de San Benito, considerado uno de los fundadores del monasticismo de occidente.

El eremitismo en los siglos XI y XII

En la Edad Media, el eremitismo consistió principalmente en la renuncia ascética a una patria, a lo que se unía la llamada peregrinatio pro Christo (la condición de itinerante por amor a Cristo).

El eremitismo, tal como se generalizó en Europa a partir de las severas reformas monásticas en los siglos XI y XII, se verificó como una alternativa a la regla vivida por los monjes en los grandes monasterios o abadías. Ya no tenía las características del practicado en la Alta Edad Media, sino que se generó en ciertas personas (aristócratas, clérigos o monjes insatisfechos) como reacción de carácter espiritual frente a la vida de opulencias. El «progreso» económico y la vida de opulencia se prodigaba particularmente en las nuevas ciudades y entre los propietarios de campos. El «eremitismo» suponía aquí un cambio o «conversión», que implicaba un salto desde la «opulencia» que se abandonaba a la «suma pobreza» que se asumía sin atenuantes, dejando las ciudades.

Es así como muchos monjes volvieron a la soledad del desierto, solos o en pequeños grupos. A los asentamientos eremíticos que se produjeron en el siglo XI corresponde la aparición de las órdenes de los cartujos y los camaldulenses, en tanto que el siglo XIII surgen los ermitaños agustinos, identificados con las órdenes mendicantes. Así se produce la unión del anacoretismo y el cenobitismo en una orden centralizada.

Además de las distintas formas de eremitismo organizado, existieron hombres y mujeres llamados «inclusos» o «reclusos» que, temporalmente o de por vida, se encerraban voluntariamente en una celda que hacían tapiar. Estas salas carentes de puertas poseían como único medio de acceso una ventana pequeña por la que entraba algo de luz. A través de esa apertura, la gente le hacía llegar alimento y bebida utilizando una polea. Solían gozar de gran prestigio por las virtudes heroicas que se les atribuía. Esta forma perdió prontamente importancia en el siglo XV hasta desaparecer por completo en el siglo XVII. Sin embargo, el eremitismo como tal continuó existiendo.

Ejemplos de eremitismo en los siglos XI y XII

Entre los ejemplos más conocidos de eremistisno de los siglos XI y XII se pueden mencionar:

San Romualdo, siglo X-XI, Italia, fundador de la Orden de la Camáldula, conocidos como camaldulenses.

Bruno de Colonia, siglo XI, Francia, fundador de la Orden de los Cartujos.

Pedro de Amiens el Ermitaño, siglo XI, Francia, uno de los conductores de la Cruzada de los Pobres.

En los siglos XIII al XV se presentaron casos paradigmáticos de eremitismo, entre los que sobresalen el de Celestino V quien, en una decisión espontánea, renunció al papado para retornar a su vida eremítica, y el de Juliana de Norwich, considerada una de las más grandes escritoras místicas de Inglaterra.

El eremitismo en tiempos contemporáneos.

Luego de la secularización que significó la ilustración alemana del siglo XVIII, surgió en la primera mitad del siglo XIX una nueva fraternidad eremítica en la diócesis de Ratisbona (en alemán, Regensburg), Alemania. Los miembros de la fraternidad vivían como terciarios de San Francisco de Asís, y se extendieron por zonas yermas de Alemania, Suiza y Austria.

En el siglo XX, el eremitismo tomó diferentes formas.

Algunos ermitaños famosos pertenecen a órdenes religiosas, aunque solicitan permiso para llevar una vida eremítica. Tales son los casos de María Boulding (monja benedictina, 1929-2009) o Thomas Merton (monje cisterciense, 1915-1968). Otros ermitaños son consagrados según el canon 603, como Scholastica Egan. Hay ermitaños que no pertenecen a ninguna orden religiosa, como la hermana Wendy Beckett (quien perteneció a las hermanas de Notre Dame de Namur), o Jan Tyranowski, figura central en la formación de Karol Wojtyla.

El beato Carlos de Foucauld (1858-1916) constituye un caso emblemático. Habiendo sido un militar de vida disipada y un explorador de Marruecos, se convirtió al catolicismo y vivió como monje trapense, primero en Francia y luego en Siria. Más tarde abandonó la Trapa para llevar una vida eremítica aún más exigente en el Sahara argelino, aunque su espiritualidad incluyó numerosos rasgos de servicio hacia los más abandonados. Su figura, simbolizada en la célebre «Oración de abandono» constituye una renovación del eremitismo y de la llamada «espiritualidad del desierto» en pleno siglo XX.

El eremitismo en otras religiones y culturas

La práctica del eremitismo está presente además en la historia del hinduismo, el budismo y el sufismo. El taoísmo también cuenta en su haber con figuras ascéticas y eremíticas, aunque raramente el eremitismo fue una forma de vida permanente para los taoístas practicantes. Desde un punto de vista religioso, la vida solitaria se torna así en una forma de ascetismo, en donde el ermitaño renuncia a las preocupaciones y placeres mundanos. En la vida eremítica asceta, el ermitaño busca la soledad para la meditación, la contemplación y la oración sin las distracciones de contacto con la sociedad humana, el sexo, o la necesidad de mantener otros estándares socialmente aceptables (por ejemplo, de alimentación o vestimenta).

En China, la vida ascético-eremítica típica de la espiritualidad del budismo y del cristianismo pre-protestante no formó parte de la cultura antes de la introducción del budismo, y hasta la actualidad se la ve con cierto recelo desde el punto de vista de los valores normativos de China. Por otro lado, existe un inusual eremitismo no ascético, que tiene en China una historia que precede al budismo. Para una élite, el equivalente de la vida eremítica en China en la actualidad consiste en negarse a ocupar cargos gubernamentales o en ser forzado a retirarse. Este fue un estilo de vida entendido como religioso —a menudo relacionado con la experiencia extática religiosa—, así como el mantenimiento de los más altos valores éticos. El ascetismo no estaba implicado sino que, de hecho, podría tratarse de un estilo de vida dedicado a búsquedas estéticas.

Es la tierra de la gran soledad, y el hombre, por instinto, teme el cara a cara consigo mismo. El Eremita es un separado efectivo. La esencia del desierto es la ausencia del hombre; el desierto puro no tolera ni la vida. El mar de arena, al igual que la cima helada de los montes, es la naturaleza virgen, tal como salió de las manos del Creador, sobre la cual parece posarse aún el Espíritu de Dios que se cernía sobre las aguas al comienzo del mundo (Génesis 1,2). Las almas ricas sienten el hechizo de esa virginidad del paisaje. El desierto es puro y purifica; donde no está el hombre, tampoco está el pecado ni el ruido de los negocios terrenales. La soledad te resultará buena, pero su austeridad te dará en rostro. Dios mismo define el desierto: “tierra de arenales y barrancos, tierra árida y tenebrosa, tierra por donde no transita nadie y donde nadie fija su morada” (Jeremías 2,6).

Fuentes: El Eremitorio Espiritualidad del desierto (Dom Esteben Chevevière).  www.ecured.cu. San Juan El Bautista y la vida eremítica (P. Steven Scherrer).

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Ahmed Bouzfour: el poeta de la revuelta del Rif

Ahmed Bouzfour

Toda revolución o revuelta popular tiene su poeta. En el caso de la región marroquí del Rif que el pasado 20 de julio vivió una jornada de protestas y manifestaciones reprimidas por el régimen, esa simbólica fecha es el título de un poema de Ahmed Bouzfour.

Bouzfour muestra su solidaridad con las protestas del Rif en el poema titulado ’20 de julio’, en el que elogia a la ciudad de Alhucemas y la rebelión pacífica que lleva a cabo. El texto defiende la libertad y la dignidad en una de las pocas voces comprometidas en Marruecos por la auténtica democracia.

Bouzfor, nacido en Taza en 1945, es pionero en el género del cuento marroquí y relatos cortos, expresándose en lengua árabe. En 1966 fue arrestado por sus actividades políticas.

En 1971 publicó su primer cuento, ‘Me preguntan por el asesinato’ (en árabe, ‘yasalounak a’n alkatel’), publicado en Al-Alam, diario en lengua árabe del Partido Istiqlal.

En 1989 se doctoró en Rabat tras licenciarse en 1972 de literatura árabe en la Universidad Al Qarayouine de Fez, ejerciendo la enseñanza, desde 1977, de literatura preislámica y marroquí en las universidades de Rabat y Casablanca.

Tuvo mucha repercusión mediática cuando en 2002 anunció la decisión de rechazar el premio del Libro de Marruecos, con un valor de 70 000 dirhams (6900 euros) para protestar por el deterioro de las condiciones políticas, económicas y culturales en el país, citando el analfabetismo existente y la presencia de niños en las calles sin escolarizar.

También firmó en 2011 un llamamiento de intelectuales árabes en solidaridad con el pueblo egipcio y resto de pueblos árabes en lucha por su libertad.

Ha publicado tres antologías de cuentos y relatos cortos, algunos de los cuales fueron editados en un solo volumen: Diwan de Sindibad, así como el libro de poesía Nafida ala Dakhil editado en 2013 y un libro de ensayos.

En España apenas tiene publicada su obra, tan solo dos trabajos recogidos en el tercer cuaderno de la colección Alfar-Ixbilia, El artista y La tabla guardada, editado en 2008. Ese mismo año participó en Jerez en una lectura poética en la fundación Caballero Bonald. En Chile le fueron publicados diez cuentos en una edición del centro Mohamed VI de Coquimbo en 2010.


Por Jesús Cabaleiro Larrán (Periodista. Licenciado en Ciencias de la Información por la Universidad Autónoma de Barcelona con estudios de doctorado, posee estudios sobre Marruecos contemporáneo y árabe dariya. Más de 30 años de periodismo, la mayoría en prensa escrita, ha trabajado a ambas orillas del Estrecho de Gibraltar, casi 13 años en el extinto diario El Faro Información, en Algeciras, donde empezó de redactor y del que fue su último director y en Tánger dos años en un diario digital, por lo que se considera un periodista del Estrecho. Además ha participado en la mayoría de los Congresos de Periodistas del Estrecho desde el inicial en 1993 hasta el último en 2016. Ha impartido cursos de periodismo en la Universidad Abdelmalek Essadi de Tetuán y talleres de periodismo en Tánger. Autor del guión del video ‘Cervantes cruzó el Estrecho’ sobre el teatro Cervantes de Tánger. Gran aficionado al ajedrez y todo lo que le rodea. Ha publicado un libro, ‘Artículos periodísticos. Apuntes para la historia de la prensa de Algeciras’.)
Con información de Periodistas

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