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La Guerra de los Seis Días-Hechos que necesitas saber

Los palestinos de todo el mundo recuerdan la fecha del 5 de junio como “Al Naksa”(Contratiempo o revés, en español) y se refiere al suceso acontecido en 1967, cuando las fuerzas armadas coloniales sionistas lanzaron su tercera guerra de agresión contra los países árabes. Este hecho histórico se conoció mundialmente como la Guerra de los Seis Días.

Cabe destacar que la primera guerra árabe /sionista tuvo lugar en 1948, cuando las tropas judías ocuparon casi el 78% de la Palestina histórica, y la segunda guerra tuvo lugar en octubre de 1956, cuando el recién formado Israel, se unió a Francia y Gran Bretaña para realizar una agresión tripartita contra Egipto, después de que su presidente Gamal Abdel Nasser nacionalizara el Canal de Suez. La Guerra de los seis días dio lugar a la ocupación israelí en el resto de Palestina: tomando el control de la Franja de Gaza, hasta entonces controlada por Egipto y la península del Sinaí.

Los israelíes afirman que la Guerra de los Seis Días fue una guerra defensiva contra, lo que ellos reclaman,era una acumulación de “fuerzas de agresión árabes” que se estaban preparando para asaltar a Israel. La realidad es que esta guerra era tan sólo una fase más del proyecto colonial sionista expansionista que buscaba establecer un gran Israel en el Medio Oriente.

Lo cierto, es que los israelíes se habían preparado para esta tercera guerra desde el final de la segunda. Sin embargo, se encontraban reticentes debido a la falta de información existente respecto a los nuevos aviones rusos MIG-21, que había sido recientemente adquiridos por los países árabes. En 1966, la Mossad fue finalmente capaz de sobornar a un piloto de combate de Irak, Munir Redfa, con un millón de dólares.

Luego de analizar la tecnología rusa y los métodos de elaboración del contraataque, los israelíes se sentían seguros de su victoria. Todo lo que necesitaban en 1967 era una excusa aparentemente legítima para lanzar su ataque. En ese momento, Levi Eshkol, estaba ocupando las posiciones de Primer Ministro y ministro de Defensa, por tanto, los jefes de seguridad lo presionaron para formar parte de un nuevo Gobierno de unidad nacional con Menahem Begin y a conceder al General Moshe Dayan el cargo de ministro de Defensa.

Una vez en sus posiciones respectivas, Moshe Dayan, Yitzhak Rabin, Menahem Begin, y muchos otros generales de la época, estaban dispuestos a seguir adelante con el proyecto colonial sionista. Según el libro de Livia Rokach “Sagrado Terrorismo de Israel”, el primer ministro israelí, Moshe Sharett, señaló este afán en sus diarios personales escritos en mayo de 1955, a través de una cita dicha por Moshe Dayan y oída por Sharett:

“Israel debe ver la espada como el principal, si no el único instrumento para mantener su moral alta, y del mismo modo, para mantener su tensión moral. Con este fin, debe inventar peligros y para ello debe adoptar el método de la provocación y la venganza. Esperemos que prontamente haya una nueva guerra con los países árabes, para que podamos finalmente deshacernos de nuestros problemas y adquirir nuestro espacio “.

Moshe Dayan comenzó su método de la provocación y la venganza en contra de Siria en la frontera norte mediante el envío de un equipo militar a la zona desmilitarizada. El 11 de mayo de 1977, Dayan se jactó de esta provocación en el “The New York Times”, diciendo:

“Enviamos un tractor para arar en un área donde no era posible hacer nada, porque era una zona desmilitarizada, y sabíamos de antemano que los sirios comenzarían a disparar. Si ellos no disparaban, dejarían que nuestro tractor siguiera avanzando. Por todo eso es que al final los sirios se molestaron y dispararon, entonces, de ese modo, nosotros usamos artillería y más tarde nuestra fuerza aérea también”.

Estas provocaciones se intensificaron y, el 11 de abril de 1967, los cazas Mirage israelíes derribaron seis MiG-21 sirios planos, dos de ellos se encontraban justo en la capital, Damasco. Las continuas provocaciones israelíes y las batallas aéreas le dieron a los árabes la impresión de que los israelíes iban a atacar Siria en cualquier momento. Inmediatamente, en noviembre de 1966, Egipto y Siria firmaron un Acuerdo de Defensa en un intento de disuadir la agresión israelí.

Con las acciones agresivas israelíes en la frontera con Siria, Egipto tuvo que acudir en ayuda de aquél país. El presidente egipcio, Nasser, tenía que hacer algo para ayudar a Siria pero, a la vez, evitar mayores escaladas que podrían conducir a una guerra a toda regla. Por lo mismo, es que decidió enviar un mensaje a Israel demostrando el apoyo existente desde Egipto hacia Siria. Con la esperanza de haber logrado intimidar a Israel, Nasser instruyó a las fuerzas de paz de la ONU, estacionadas en el Sinaí desde finales del 1956, para evacuar la zona. También cerró los Estrechos de Tirán, y envió dos divisiones militares en el Sinaí hasta la frontera de Israel.

Aunque esperaba un movimiento más agresivo por parte de Egipto, los generales israelíes decidieron aprovecharse de este movimiento para lanzar su guerra planeada alegando defensa propia. En su libro “El fatídico triángulo” Noam Chomsky citó a Menahem Begin: “En junio de 1967, nuevamente tuvimos una elección. Las concentraciones del ejército egipcio en el Sinaí no probaban que Nasser estaba realmente a punto de atacarnos. Debemos ser honestos con nosotros mismos. Decidimos atacarlo”.

El Jefe del Comando Logístico durante la guerra, el general Matetiyahu Peled, declaró lo siguiente en un club literario político acontecido en Tel Aviv durante el año 1972: “La tesis según la cual el peligro de genocidio se cernía sobre nosotros en junio de 1967, y la moción de que Israel estaba luchando por su supervivencia económica y social, no era más que un farol, que nació y se crió después de la guerra”.

También declaró en un debate de radio: “Israel nunca estuvo en peligro real, y no había pruebas de que Egipto tuviera ninguna intención de atacar a Israel. La inteligencia israelí sabía que Egipto no estaba preparado para la guerra”.

El prestigioso medio Le Monde (28 de febrero de 1968) citó al Jefe del Estado Mayor de Israel, Yitzhak Rabin “No creo que Nasser quisiera la guerra. Las dos divisiones que envió al Sinaí no habrían sido suficientes para lanzar una guerra ofensiva. Él lo sabía y nosotros lo sabíamos”.

El día 14 de abril de 1971, el periódico israelí Al-Hamishmar , emitió una declaración hecha por Mordechai Bentov, un miembro del nuevo Gobierno de Unidad Nacional de 1967: “Toda la historia del peligro de exterminio fue inventado en cada detalle y exagerado para justificar la anexión de nuevos territorios árabes “.

La anexión de nuevos territorios árabes era, de hecho, el verdadero objetivo de las autoridades israelíes. Levi Eshkol envió a su ministro de Relaciones Exteriores, Aba Eban, a consultar con el presidente de Estados Unidos, Lyndon Johnson, que aparentemente dio luz verde a la propuesta israelí. En la mañana del 5 de junio, Israel lanzó una guerra de agresión contra los países árabes que, evidentemente, no estaban preparados. De hecho, la fuerza aérea israelí ganó, de inmediato, la superioridad aérea que resultó ser devastadora para los ejércitos. Lo logró después de destruir los aviones de combate egipcios cuando aún estaban en el suelo esperando su despegue. El ejército israelí luchó su camino hacia el sur hasta la orilla oriental del Canal de Suez. En dos días, ocuparon toda la Ribera Occidental del río Jordán. Luego dirigieron su agresión hacia Siria ocupando los Altos del Golán.

Como testigo, yo mismo vi una batalla por el control de la carretera que va desde el sur de Jerusalén hasta Belén y luego a Hebrón. Mi ciudad, Beit Jala, está situada en una colina con vistas a Jerusalén. La batalla se prolongó en una colina de enfrente y pude ver con claridad las explosiones y el humo, y en ocasiones algunos de los soldados. Los proyectiles de artillería jordanas silbaban por encima y explotaban en la colina, pero con poco daño y un montón de humo. Los aviones israelíes bajaron y dejaron caer sus bombas de napalm, que quemó toda la parte superior de la colina.

Un campamento militar jordano estaba situado en una ubicación estratégica en la cima de la colina, no muy lejos de mi casa, y con vistas a un área muy grande. Durante el primer día de la guerra, fuimos testigos de cómo los soldados jordanos eran transportados fuera del campamento, aparentemente en dirección al campo de batalla. Nos alegramos. Más tarde, descubrimos que la pequeña caravana de estos soldados se dirigió lejos del campo de batalla al sur hacia Hebrón, y desde allí, a través de la carretera del desierto, fueron conducidos hasta el final a Jordania. Nos enteramos de que había habido órdenes para retirar a todos los soldados jordanos de nuevo a la ribera occidental del Jordán. Sólo unos pocos soldados palestinos dedicados decidieron quedarse para defender sus hogares y familias locales. Una vez que su munición se gastó, fueron asesinados, hechos prisioneros, o simplemente huyeron. Todo esto, mientras el rey jordano Hussein estaba hablando por la radio e instando a los residentes locales a luchar… Él sabía muy bien que la gente del lugar no estaba armada en absoluto.

Los alcaldes de los pueblos de Beit Jala, Belén y Beit Sahur, enviaron conductores a todos los pueblos para instar a los residentes a levantar la bandera blanca como una señal de rendición, con el fin de evitar cualquier fatalidad a los residentes. Los alcaldes, posteriormente, recibieron una orden militar para desalojar a los pueblos enteros. Los alcaldes se apresuraron en hablar con el comandante militar e intentar convencerlo de no forzar el desalojo. Las órdenes de desalojo fueron canceladas, al parecer, debido a la importancia de estas comunidades cristianas para el mundo exterior.

El desalojo, sin embargo, se impuso en otras comunidades, especialmente en los campos de refugiados palestinos. Por tanto, los refugiados palestinos de primera generación, que perdieron sus hogares en 1948, se encontraron nuevamente sin hogar. Aquellos que se quedaron en sus casas, se sometieron al plan de limpieza étnica que hasta el día de hoy sigue siendo llevado a cabo por parte de Israel y, cuya intensidad va en aumento con cada nuevo gobierno israelí electo, que parece ser más anti-palestino que el anterior.

Esta limpieza étnica israelí incluye el aumento de los robos de tierras palestinas para construir más colonias israelíes, la demolición de viviendas, la persecución, el encarcelamiento, la discriminación, el terror de los colonos, y la privación de los derechos humanos más básicos. Hay alrededor de 6,5 millones de palestinos que aún viven en Palestina bajo la ocupación opresiva de Israel. Ellos se limitan a sólo el 8,7% de la Palestina histórica sin soberanía real. Por otro lado, también hay unos 6,5 millones de Judíos israelíes que viven en Palestina. La gran mayoría de ellos son inmigrantes extranjeros procedentes de otros países. Ellos, tienen acceso al 91,3% de la tierra y a disfrutar de la soberanía total sobre él.

Hay otros 7,2 millones de palestinos forzados a vivir en la diáspora. La mayoría de ellos están viviendo en campos de refugiados en Jordania, Líbano, Siria e Irak. Casi 5 millones de ellos son personas registradas en 59 campos oficiales de refugiados. Muchos de estos campamentos están amenazados por el grupo terrorista ISIS y sus afiliados. De hecho, se cree que ISIS, está siendo financiada y armada, principalmente, por la administración americana y por Israel.

El proyecto sionista que está ahora en pleno apogeo, amenaza la seguridad de toda la región de Oriente Medio y por lo tanto,la seguridad de todo el resto del mundo. Ningún país se salvará si este proyecto no se enfrenta, y no se detiene.

Por Dr. Elias Akleh

Traducido en su totalidad por la Federación Palestina de Chile

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Nisrin Akoubeh, mujer, jordana y taxista en Ammán

Nisrin Akoubeh

Nisrin Akoubeh comprueba el aceite, el nivel de agua, cierra el capó y se lanza con su taxi a las calles de Ammán para buscar a su próxima clienta.

Esta pelirroja madre de tres hijos pasa 10 horas diarias conduciendo un taxi, una actividad muy poco habitual para una mujer en un país musulmán y conservador como Jordania.

“Quiero romper la cultura de la vergüenza y demostrar al mundo árabe que las mujeres son fuertes y capaces de trabajar en todos los sectores hasta ahora monopolizados por los hombres”, explica esta viuda de 31 años que antes trabajó como enfermera.

Igual que sus compañeras, quiere convertir la profesión de taxista en un oficio honorable también para las mujeres, desafiando las rígidas normas de la sociedad patriarcal jordana.

En su taxi exclusivo para mujeres suele llevar a enfermeras que vuelven a casa tras terminar el turno de noche, estudiantes o madres de familia que llevan a sus hijos a la escuela.

Vestida con una camisa rosa y una corbata azul oscuro, Nisrin Akoubeh encadena las carreras en medio del ruidoso tráfico.

A veces sus pasajeras son saudíes de paso, cuyos maridos se niegan a que viajen en un taxi conducido por un hombre. En Arabia Saudí, las mujeres tienen prohibido conducir, menos aún un taxi.

“Mis clientas se sienten cómodas y seguras conmigo”, asegura.

“Cuando termino tarde las clases en la universidad o cuando salgo de noche prefiero tomar estos taxis”, explica Ghena al Asmar, una estudiante de 19 años y cliente fiel de los taxis para mujeres.

En Jordania medio millón de mujeres tienen permiso de conducir, un 20% del total de automovilistas, según datos oficiales.

Aunque Nisrin Akoubeh asegura haber recibido apoyo, también lamenta encontrarse a veces con gente “que me recuerdan que hago un trabajo de hombres y que mi lugar está en casa”.

Así piensa Mohamad al Ahmad, un funcionario de 50 años. “Vivimos en una sociedad conservadora, regida por costumbres y tradiciones tribales”, dice. “Hay muchos trabajos y profesiones que pueden desempeñar las mujeres que corresponden a sus capacidades y preservan su lugar en la sociedad, sin que se les mire con malos ojos”, asegura.

Pero según Eid Abu al Haj, que dirige el grupo que financia la compañía Al Moumayaz, responsable de estos llamados taxis “rosas” -que en el caso de Nisrin Akoubeh es gris metalizado-, poner mujeres al volante sólo tiene ventajas. “Son más prudentes y provocan menos accidentes. Y con nuestros coches exclusivamente femeninos, ofrecemos más comodidad e intimidad a las pasajeras”, afirma.

Los taxis solo para mujeres empezaron a circular en varios países árabes el 21 de marzo, Día de la Madre.

“Empezamos con cinco conductoras y ahora tenemos 10, de entre 30 y 45 años. Esperamos seguir desarrollándonos”, dice Abu al Haj.

El concepto del “taxi rosa”, que triunfa en numerosas ciudades del mundo, ya se puso a prueba en El Cairo, la megalópolis egipcia de 20 millones de habitantes con una circulación caótica y donde nadie había visto hasta entonces una mujer taxista.

Nisrin Akoubeh dice tener un buen sueldo, seguro médico, días de descanso y, además, puede elegir sus horarios.

Pero circular en Ammán, una ciudad llena de atascos de cuatro millones de habitantes y 1,4 millones de automovilistas, sigue siendo un desafío diario.

“Hay mucho tráfico, sobre todo en las horas punta”, asegura, aunque queda compensado por el placer de “conocer a nuevas personas y escuchar las historias” de su clientas.

Con información de Terra

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Jesús es palestino

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Conversaba hace unos días en un restaurante de Ammán con una joven actriz jordano-palestina de nombre Raya. Hablábamos de su monarquía parlamentaria y de mi dictadura imperfecta, de la cantidad impresionante de refugiados que han sido acogidos en territorio jordano y de lo terriblemente lejana que parece la solución a ese conflicto milenario entre Israel y Palestina.

En Jordania actualmente 35% de la población son refugiados. Dos millones y medio sólo procedentes de Siria que han ido cambiando poco a poco las jaimas y las tiendas de campaña por construcciones precarias que se han convertido en ciudades dentro de las ciudades.

Recordé una película que vi hace años en la Cineteca llamada El limonero. Era la historia de una mujer palestina llamada Salma, cuyos limoneros hacían vecindad con la casa del ministro de defensa de Israel, a quien le parecía que los árboles representaban un peligro inminente en términos de seguridad. Salma decidió defender a sus árboles entrando en un batalla que muestra con inteligencia el absurdo que permea ese interminable agandalle bíblico entre primos hermanos.

Resultó que Raya es amiga de Hiam Abbass, la actriz palestina protagonista de El limonero. Tampoco se trataba de una casualidad cósmica, realmente no hay muchas actrices palestinas triunfando en el medio. Nos contaba que era difícil ser actriz en el mundo árabe, que ella para trabajar en televisión o en cine tenía que viajar a Egipto.

—¿Y no está muy peligrosa la situación ahí?— preguntó un compatriota por ahí.

—¿Y dónde no lo está?— respondió Raya, completamente convencida de sus palabras —¿Dime un lugar en el mundo donde la situación no esté complicada, donde no haya inconformidad social, donde no estén matando personas? No existe.

No pude evitar sonreír por la ironía de que un mexicano le preguntara a una palestina si no le daba miedo ir a Egipto porque está peligroso. Si a mí lo que me daba miedo era regresar a México. Lo cierto es que Raya tiene razón y no hay lugar en el mundo que se salve del apocalípsis cotidiano. Incluso los daneses y los suizos que parece que no tienen problemas, también los tienen. Ni modo que se suiciden nada más de aburrimiento. Y vaya que se suicidan más que los mexicanos.

Supongo que Raya y Hiam Abbass deben estar contentas de que la ONU haya dejado de ver a Palestina como una “entidad observadora” para declararla “Estado observador no miembro”. Tan contentas como avergonzados estamos muchos mexicanos del papelón diplomático de México en la decisión de la UNESCO sobre el Monte del Templo en Jerusalén, donde primero votaron a favor, luego se arrepintieron, corrieron a Andrés Roemer y finalmente la UNESCO rechazó el cambio de voto, por no decir la volubilidad de las autoridades mexicanas que encontraron la manera de quedar mal con las dos partes del conflicto.

En mi indiferencia patológica y juarista al conflicto ajeno celebro el mezquino pero paulatino reconocimiento de las Naciones Unidas al pueblo palestino con la misma emoción con la que celebro el Nobel a Robert Zimmerman, mejor conocido como Bob Dylan. Y aunque no quiero tomar partido ni meterme en debates bizantinos, no puedo ocultar que ahora mismo porto una camiseta comprada en Jordania que dice: “Jesus is palestinian” y canto esas estrofas del último gran profeta judeo-cristiano que dicen: “La línea está trazada, lanzada la maldición, el que ahora es lento luego será rápido, como el presente será luego pasado. El orden se desvanece rápidamente y el que ahora es el primero mañana será el último, porque los tiempos están cambiando”.

Por Fernando Rivera Calderón
Con información de: máspormás

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