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La expresión del arte en el campo de refugiados de Za’atari

Pintura de un refugiado de Za’atari

No hay nada peor que la pérdida de la patria.

Encarnando el caso de los miles de refugiados sirios en el campamento de Za’atari, las pinturas fueron realizadas con detalle poniendo énfasis en la esperanza.

El campo de refugiados de Za’atari acoge a más de 80.000 personas que se han visto obligadas a huir de la guerra en Siria. Más de la mitad son niños. Fue abierto en 2011 y al día de hoy es la cuarta ciudad más grande de Jordania en número de habitantes, lo que supone un enorme reto a nivel de infraestructuras y servicios.


Pintura de niño refugiado

El arte como medio de expresión

Las tiendas de lona que dan asilo no impiden resguardarse de las frías noches del desierto y apenas protegen del sol. Artistas de Siria convierten en arte y con ello un mensaje que quieren entregar al mundo a través de su arte. “A pesar del dolor, la esperanza sigue siendo un discurso amplio sobre la crisis de su país y su gente”.

El artista sirio Mohammed al-Amairi  reflexiona “cuando se destruye la patria y el ser humano, solo queda la esperanza”.

Hemos trabajado en varios estilos de arte dentro de las escuelas con una variedad de técnicas a través de los materiales utilizados en las pinturas, como la utilización de telas de las tiendas del campamento de Za’atari con colores simples.

Pintura de niño refugiado

El objetivo principal de esta exposición de dibujo y pintura es comunicar nuestras ideas y mensajes a través del lenguaje del arte que todas las personas entienden en sus diferentes idiomas y nacionalidades, dice Amairi.

Más de cien pinturas fueron coleccionadas por artistas sirios en una exposición titulada “Stamp of Hope”. La exposición contó con la participación de 25 niños sirios del campamento de Za’atari, junto con los artistas.

Según el artista sirio Emad al-Kafi, un refugiado del campo de  Za’atari, “los niños querían transmitir un mensaje a través de la exposición al mundo y destacar la destrucción y el desplazamiento que provoca la guerra”.

Enseñamos durante un año y medio a los niños a dibujar y mantener así los cursos, para trasmitir sus mensajes en un lenguaje de arte alejado de la violencia.

Esta es la segunda participación de niños en la exposición que se realizó en el Centro Soeriat a través de la frontera en la capital jordana de Amman. Los organizadores hicieron hincapié en que el arte sirio refleja la actualidad lejos de la guerra y la política.

Las pinturas tratan diferentes temas, algunos muestran el sufrimiento de los refugiados sirios en la diáspora, otras son imágenes cotidianas que los refugiados desplazados padecen a diario.

Pintura de familia refugiada

Los artistas, muchos de ellos venidos de Irbid, esperan que la exposición sea el comienzo del establecimiento de un foro de arte técnico de nivel en Jordania, que reúna a los artistas sirios, jordanos otros artistas árabes que residan en la región.

Por Nader Al-Manaseer
Con información de Souriyati


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Antiguos pueblos de Oriente Medio – Las ciudades de la Gran Sûrya

Ugarit

Ugarit era una próspera ciudad cosmopolita en el segundo milenio a.C., situada en un montículo conocido como Ras Shamra, en la costa mediterránea de lo que actualmente es el norte de Siria. Abarcaba un territorio de aproximadamente 60 kilómetros desde el monte Casio en el norte hasta Tell Sukas en el sur, y de 30 a 50 kilómetros desde el Mediterráneo en el oeste hasta el valle del Orontes en el este.

Las Ciudades más antiguas

En las regiones costeras del Levante mediterráneo prosperaron, a lo largo de II milenio aC, diversas ciudades –estado, como Ugarit, Byblos, Alalakh, Karkemish o Tell Abu Hawan, que basaban su esplendor en las actividades comerciales y sobre todo en la eficacia de sus complejos sistemas administrativos. En todas ellas aparecieron minorías hegemónicas que desarrollaron el sistema parcial como forma de control político, social y económico instaurando verdaderas dinastías que llegaron a tener relaciones comerciales y diplomáticas con los grandes Estados del entorno. En estas ciudades convergían las culturas cananeas, hititas, amorreas, fenicias, egipcias entre otras. Sin lugar a dudas, la cuna de la civilización en la Edad de Bronce que dejó un legado de valor incalculable para toda la civilización de Oriente Medio.

Ugarit, la cuna de la escritura

 La ciudad cananea de Ugarit (o Ras Shamra), en la costa de Siria, (cerca de la actual Latakia), descubierta y excavada por C. Schaeffer en 1929, llega a su apogeo en el II milenio a.C. Sus relaciones comerciales incluían hititas y egipcios, así como las tierras del interior, por donde se comunicaba con Mesopotamia a través de centros intermedios, como Ebla, (Siria).

Su puerto de Minet-el-Beida conoció entonces una desbordante actividad gracias a su potente flota, convirtiendo a la ciudad  en el principal enclave portuario y comercial del Levante mediterráneo, desde el que se exportaba grano, aceite, vino, madera, cerámica y objetos suntuarios a diversos lugares del Mediterráneo. Pero además, Ugarit controlaba un territorio de unos dos mil kilómetros cuadrados, dedicado a las actividades agrícolas y ganaderas. Su apogeo urbano se centra entre 1400 y 1182 a.C., cuando se inicia la dinastía real del Bronce reciente, con el reinado de Amistamru I, finalizando con el de Ammurapi, poco antes de ser destruída por los “Pueblos del Mar”.

Ugarit se extendía sobre 20 hectáreas y tenía entonces, hacia mediados del II milenio a.C., un complejo palacial que ocupaba unos diez mil metros cuadrados, con amplias estancias, sala de recepciones, biblioteca y estancias reales dotadas de agua corriente mediante un complejo y eficaz sistema de canalización.


Ugarit

Baal, el señor de Ugarit

El gran templo de la ciudad estaba consagrado a Baal “señor” de Ugarit. Su entramado urbano estaba dotado de calles enlosadas y se distribuía por barrios. Las casas señoriales de los ricos comerciantes y de la nobleza contaban con amplias estancias y espacios para el almacenamiento. Muchas de ellas contaban con un hipogeo bajo el piso de la vivienda, con una entrada por medio de un corredor descendente dotado de escaleras, donde se inhumaban a los difuntos con ricos ajuares funerarios que   denotaban su elevada condición social. Otros barrios eran de trabajadores portuarios y de comerciantes. La ciudad estaba rodeada de una gran muralla pétrea con una amplia puerta principal en bóveda por aproximación de hiladas pétreas, al estilo hitita.

El alfabeto Ugarítico

En el contexto de sus sistema palacial se comenzó a utilizar la escritura, primero acádica, de origen mesopotámico, que muy pronto se convirtió en alfabética, con 30 letras que se ampliaron a 32 a inicios del siglo XIV a. C. La escritura ugarítica fue la primera escritura alfabética en el mediterráneo, de la que partieron otros sistemas posteriores. Ha sido considerada por algunos autores como la base de la escritura fenicia y de otros sistemas contemporáneos. La lectura de los archivos de Ugarit supuso una revelación en muchos aspectos, puesto que los textos literarios, en los que, además de la administración palacial se recogían mitos, leyendas y tradiciones ugaríticas, han puesto de manifiesto que el origen de algunos textos bíblicos posteriores como los salmos del Rey David parecen proceder de poemas ya conocidos en Ras Shamra.

Ugarit alcanzó su apogeo entre 1400 y 1200 a.C. Por entonces sus relaciones comerciales incluían las orillas del Mediterráneo oriental, desde Chipre a Egipto y por el interior, a través de Alalakh y Khalba, llegaban a Karkemish y por el hasta Mari, como punto intermedio hacia el valle medio del Éufrates. Poco después tras la batalla de Kadesh entre hititas y egipcios por el dominio de la franja levantina (1286 a.C.), la ciudad quedó bajo la órbita hitita convirtiéndose en tributaria de Hattusha. Poco después de 1200 a.C- fue destruída, cuando las incursiones de los “Pueblos del Mar” llegaron   hasta la costa siria, coincidiendo con la crisis generalizada en el Mediterráneo oriental. El final definitivo de Ugarit se atribuye a un jefe libio llamado Sheshou, que hacia 935 se apodera de la ciudad, pasando a ser fenicia, (con la infraestructura portuaria intacta), posteriormente  griega y, por fin, romana.


Byblos Ciudad Estado de las costas Libanesas

En la costa libanesa la ciudad-estado de Byblos, con sus dos puertos comerciales, desempeñó un papel semejante, muy relacionado con Ugarit, Egipto y centros del interior, como Ebla, que también le servía de enlace con los Estados de Mesopotamia. A inicios del II milenio a.C. alcanzó un primer momento de apogeo como capital urrita, estableciendo una red de relaciones comerciales que llegaba hasta Egipto, Anatolia y Mesopotamia. A mediados del milenio estaba rodeada de un complejo de murallas y tenía dos santuarios y un gran templo consagrado a Baalat Gebal. En su barrio noble había un gran palacio con diversas dependencias y una biblioteca en la que se guardaban documentos escritos en jeroglífico de origen egipcio; sus señores se hacían enterrar en grandes hipogeos excavados en la roca con suntuosos ajuares funerarios.

En uno de sus barrios hubo una delegación de comerciantes egipcios. También se aprecia una fuerte influencia hitita, perceptible en algunos materiales arqueológicos, como el conocido sarcófago del rey Ahiram, jalonado con figuras de leones como los de Hattusha. Sus relaciones con Micenas, en el Peloponeso, también quedan reflejadas en los vasos cerámicos con asas de estribo y en los marfiles decorados al estilo micénico, así como en los hallados en la tumba del rey Ahiram, del siglo XIII a.C. Su esplendor  llega hasta la crisis de finales del milenio, cuando también es destruida por las incursiones de los “Pueblos del Mar”, como otros centros cananeos y amorreos del Levante.

Ugarit

Ebla, la ciudad de las caravanas

Algo más al interior, en los límites del desierto de Siria, la ciudad-estado de Ebla, (Tell Mardikh), alcanzó también sus momento de plenitud entre 1500 y 1350 a.C., configurándose como un gran centro de poder situado en una zona estratégica de la ruta caravanera que unía el norte de Siria con Jordania, Palestina y Mesopotamia con las costas mediterráneas. Entre sus materiales, la misión italiana que excavó el yacimiento entre 1985 y 1990 ha encontrado objetos de la Baja Mesopotamia, de los puertos mediterráneos de Ugarit , Byblos y de otros puntos de Siria e Irak, que se encuentran en los museos arqueológicos de Alepo, Damasco e Ibilch.

Un gran complejo palacial, con archivo de documentos, presidía el centro de la ciudad, que estaba rodeada de una larga muralla en todo su amplio perímetro, en el que se ha calculado una población de más de tres mil personas, dos grandes templos, dependencias de almacenamiento y puestos caravaneros para los comerciantes.


Alalakh, un puente  entre Europa y Medio Oriente

En el sureste de Turquía, en las fronteras con Siria, la ciudad de Alalakh, (Tell Atchana, llanura de Amuq), excavada por Sir Leonard Wooley  y el British Museum del Levante, situado en la intersección de dos grandes rutas comerciales de la Edad de Bronce: la que unía Oriente Medio y Europa, por un lado, y la que unía Anatolia y el Levante Mediterráneo, por otro.

En su fase de esplendor, entre 1700 y 1500 a.C., contaba con un complejo palacial, que había sido construido ya en la fase del nivel XII (2700-2350 a.C.), con los archivos y almacenes que estaba rodeada de una muralla con un acceso porticado decorado con leones esculpidos.

 El palacio  de su fase final (nivel VII), contaba con un archivo en el que había documentos escritos en cuneiforme, en los que se relatan sus relaciones con otras ciudades-estados y reinos entre ellos el de Yamkhad, (Alepo, Siria). Algunas estancias de su palacio estaban decoradas con frescos de estilo semejante a los del palacio de Cnossos en Creta, aunque por lo menos un siglo anteriores a aquellos. Aunque se detecta una destrucción de la ciudad entre 1650 y 1630 a.C. atribuida a una incursión de Hatusilis I de Hattusa, la ciudad se recuperó y continuó con sus actividades hasta finales de la Edad de Bronce.

Por J.J Eiroa

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Jericó- La ciudad habitada más antigua de la historia

Ciudad de Jericó

Jericó está situada a orillas del río Jordán, ubicada en la parte inferior de la cuesta que conduce a la montañosa meseta de Jerusalén, en la cordillera central de Palestina, a unos 8 km de la costa septentrional de la cuenca seca del Mar Muerto.

Durante el último siglo, cuatro arqueólogos destacados han excavado en el sitio: Carl Watzinger (1907-1909), John Garstang (fines de la década de 1930), Kathleen Kenyon (1952-1958) y, actualmente, Bryant Wood. El resultado de estos trabajos ha sido notable.

Primero, descubrieron que Jericó tenía un sistema de fortificaciones impresionante. Un muro de retención de cinco metros de altura rodeaba la ciudad. Encima del muro, había un muro de ladrillos de unos dos metros y medio, fortalecido por detrás por un murallón de tierra.

Primera ciudad de Cisjordania que entró al régimen de la Autonomía Palestina durante el fracasado proceso de paz de Oslo entre 1993 y 2000, Jericó fue también la localidad menos afectada por la Intifada de Al-Aksa y, con excepción de un breve período de dos o tres meses, emergió como una isla de paz en medio del mar de violencia que sacudió la región a principios del siglo XXI.

Su regente insiste en que la ciudad es ahora “totalmente segura” y recuerda que los últimos esfuerzos por la paz en Oriente Medio condujeron a la supresión de los controles israelíes, que se localizaban a la entrada de la misma.


La ciudad más antigua

Jericó, la ciudad habitada más antigua del mundo y también la más baja del planeta, cumple sus primeros 10.000 años en pleno apogeo turístico y una variada oferta arqueológica que traslada al visitante desde la modernidad hasta los esotéricos rituales de la remota cultura natufiense, pertenecientes a una cultura anterior a 9.000 A.C. y a los que siguieron una serie de tribus del periodo Neolítico Pre-Cerámico, las cuales dejaron edificaciones aún visibles en el yacimiento de Tel As-Sultán.

Los restos arqueológicos muestran la expansión de sus murallas realizadas aproximadamente en el 1.700 A.C., un indicio de prosperidad, pero Jericó fue de nuevo destruida 150 años después y quedó abandonada hasta el Siglo IX antes de nuestra era.

Como mancha verde en un amarillento desierto, Jericó se encuentra en el valle del degradado río Jordán, un nombre que recogido por la Biblia ha impregnado de misticismo toda la región desde tiempos inmemoriales.

Jericó

El origen de Jericó

Sus denominaciones semitas –“ariha” en árabe y “yerijó” en hebreo- palabras que, según otras teorías, también podrían aludir a la “fragancia” que se respira en el principal oasis del valle del Jordán, donde se mezclan el perfume de azahar y los aromas cítricos.

Según relatos bíblicos, Josué y los israelitas armaron un tumulto que derrumbó las murallas de Jericó, ciudad de Canaán. Las murallas a las que hace referencia cuentan conde 3.200 años de antigüedad. Estaban construidas sobre otras, que a su vez se levantaron sobre otras. Tal vez allí resida la razón de la facilidad con que cayeron a la llegada de Josué y su cuadrilla armada.

Declarada la ciudad más antigua del mundo hallada hasta ahora, anterior aún a las antiguas civilizaciones de los ríos Tigris y Éufrates situados en el actual Irak.

Estudios arqueológicos sostienen que Jericó era más un pueblo que una ciudad, pues no hay evidencias de una gran sociedad urbana. Aun así, Jericó, ubicada en un oasis alimentado por manantiales que todavía alivian la sed de los residentes palestinos de la ribera izquierda del Jordán, ofrece un asombroso ejemplo de asentamiento primitivo construido para durar, y para mantener lejos a los extraños.

Jericó era ya una reliquia cuando Josué  llegó ante los muros. La ciencia ha fechado los edificios más antiguos como anteriores a 8000 a.C., hace por lo menos 10.000 años. La ciudad fue abandonada y reconstruida unas  20 veces según los datos arqueológicos aportados hasta ahora.

Los científicos saben cómo fue edificada, y conocen el diseño de los barrios residenciales, circulares primero y luego rectangulares. Los investigadores especulan sobre el estilo de vida de la gente, basados en los objetos encontrados, así como restos humanos. Lo más significativo es que las murallas y la elevada torre de piedra narran una historia. Revelan a los investigadores que los habitantes de Jericó trabajaron unidos con un propósito común, la construcción de estructuras civiles para la defensa de la comunidad. Trabajar en conjunto de manera organizada, sea voluntariamente o por órdenes de un gobernante de mano dura, es signo de civilización.


La destrucción de sus muros

Los arqueólogos  encontraron que, en una parte de la ciudad, había grandes pilas de ladrillos en la base tanto del lado interno del muro como del externo, lo que indicaba un desmoronamiento repentino de las fortificaciones. Los eruditos piensan que un terremoto, (que podría explicar también la detención del flujo del Jordán en el relato bíblico), causó este colapso.

Los ladrillos del desmoronamiento formaban una rampa mediante la cual un invasor podría entrar fácilmente en la ciudad, (Josué 6,20b: El pueblo subió a la ciudad, cada hombre derecho hacia adelante, y tomaron la ciudad). Con relación a este sorprendente descubrimiento, Garstang dice: “En cuanto al hecho principal, entonces, no queda ninguna duda: los muros cayeron hacia fuera tan completamente que los atacantes podrían haberse trepado sobre las ruinas de la ciudad”. Esto es notable, porque cuando son atacadas las ciudades, los muros caen hacia adentro, y no hacia fuera.

Los arqueólogos no cuentan con referencias escritas que pongan de manifiesto detalles de los habitantes primitivos de Jericó. A pesar de contar con tanta antigüedad, no se han encontrado hasta el momento registros escritos de su existencia que arrojen claridad a los orígenes de su civilización.

Con información de palestinalibre

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