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Un héroe sevillano para el persa

Joaquín Rodríguez ©Javier Barbancho

El traductor Joaquín Rodríguez Vargas ha sido premiado en Teherán por la mejor traducción del persa gracias a ‘Los arcanos de la Unicidad de Dios en las estancias espirituales del sheij Abu Sa’id’.

En España, del idioma persa apenas sabemos nada. Como mucho cuatro versos de la lengua de los mil poetas. Si acaso cuatro rasgos de quienes la hablan.

«La ars poetica persa es de una delicadeza y belleza femenina, aun cuando ha sido creada mayormente por hombres. El hecho es que la poesía forme parte de lo cotidiano de los iraníes, de cualquier condición y estrato social, que cualquier persahablante sepa al menos varios centenares de versos, y que todos hayan versificado, bien o mal, en algún momento de su vida… Así que es normal que esta lengua tenga un particular vigor en algo en lo que se ha estado ejercitando desde el siglo X, cuando el Irán adoptó la métrica árabe, de una perfección matemática, para su poesía».

El que habla es Joaquín Rodríguez Vargas. Es de Sevilla, tiene 51 años y acaba de recibir de manos del presidente iraní Hasan Rohaní el galardón Libro del año a la mejor traducción y edición crítica de una obra en lengua persa. El sevillano se impuso en el apartado de Estudios persas e islámicos de la sección de extranjeros, en la que se habían presentado 2.500 obras.

El autor premiado, recibiendo su premio junto a las autoridades iraníes ©El Mundo

«Es un idioma de una inusitada belleza en la poesía, musical en la pronunciación, elegante en su escritura y gramaticalmente sencilla». Así define Rodríguez el persa, idioma que aprendió «de forma autodidacta» porque, por aquél entonces, en España, persas no había ni felinos. Y los cuartetos de Omar Jayam, el épico Shahnamé de Ferdousí, los versos al vino de Hafez eran trazos inexplicables en libros medievales.

Como ni su economía ni su familia estaban para grandes aventuras, Joaquín se introdujo en la lingua franca de iraníes, afganos y tayikos lejos de las universidades, encomendándose a algunos vecinos iraníes, a libros escolares de su país lejano y a una lengua, el árabe, cuya caligrafía e historia está casada religiosamente con el idioma oficial de Irán.

El 18 de diciembre de 2015, Joaquín se doctoró cum laude en Filología Árabe y Estudios Islámicos. 19 años antes, logró la categoría de intérprete jurado de lengua persa nombrado por el Ministerio de Asuntos Exteriores. Fue también redactor de la primera gramática del persa moderno en español y traductor del Golestán (La Rosaleda) la obra maestra de Sa’adi, entre otras.

«Mi clave fue el enorme interés que tenía por el persa; lo descubrí en mi juventud. A esto, me viene a la memoria un dicho de Avicena, el celebérrimo médico y filósofo persa, que decía que para aprender hace falta un poco de inteligencia y mucho interés. Nótese que no lo dice al revés, mucha inteligencia y un poco de interés».

¿Y su traducción al español de Los arcanos de la Unicidad de Dios en las estancias espirituales del sheij Abu Sa’id, objeto del premio oficial? La obra llegó al español con el auspicio de la Consejería Cultural de la Embajada de la República Islámica de Irán y fue editada por Mandala. En sus páginas relata la vida de un sufí persa del siglo XI a través de la pluma de su tataranieto, Mohammad Ibn Monavvar, 130 años tras su muerte. «De todas las obras que he traducido hasta ahora, esta ha sido la más problemática y desafiante. Su dificultad puede resumirse en la naturaleza de la obra: un texto sufí, escrito en 1178, con el cuerpo de texto redactado en el persa del Jorasán de aquella época, y los diálogos de los personajes en el dialecto de Nishapur (muchas veces, no siempre), salpicados de versos en persa y árabe y con grandes fragmentos en árabe […] Hay palabras que solamente aparecen en esa obra, o sólo en dos o tres más… Ni los iraníes tienen muy claro el significado».

Rodríguez tuvo que irse hasta la Universidad de Teherán para rematar dos años de labor consultando con Shafii Kadkani, profesor de literatura persa, «una docena de dudas que me fueron imposibles resolver».

¿Por qué decidió traducir este libro? «La obra es de una importancia capital en la literatura sufí persa temprana», resalta Joaquín. «Como se explica en el libro, Abu Sa’id es conocido en la literatura persa como el Sócrates del sufismo porque no escribió nada, pero si lo hubiera hecho, se habría erigido, quizá, al mismo rango literario y habría dejado un legado intelectual semejante a otros místicos egregios como Rumí o Attar de Nishapur».

Con su publicación, Rodríguez Vargas pretende también ampliar la todavía escasa bibliografía de autores persas en español. «Se trata de una lengua poseedora de una de las literaturas más ricas y bellas de la humanidad, y en el mundo hispanohablante ni siquiera se ha comenzado a sondear», advierte. Critica que, en España, donde perezosamente empieza a enseñarse la lengua persa, «el estudio del mundo islámico se ha circunscrito, quizás demasiado, al Al-Ándulus en primera instancia y al mundo árabe en segunda», dejando de lado el persa, la otra gran lengua del islam.

En Irán, por el contrario, el traductor destaca que «los departamentos de Lengua y Literatura Españolas son cada vez más fuertes. El español era inexistente hasta la década de los 90; entonces entró en la universidad, y se percataron de su importancia en el panorama cultural y literario del mundo. Ahora lo abordan hasta dónde lo permiten sus posibilidades. En España, lamentablemente, no es así con el persa».

Por Lluís Miquel Huetado
Con información El Mundo

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Amores, geopolítica y negocios: los libros sobre Osama Ben Laden

En “Los Bin Laden. Una familia árabe en un mundo sin fronteras”, el periodista norteamericano Steve Coll hace foco en el imperio empresarial creado por Mohammed Ben Laden, un pobre inmigrante yemení¬ que hizo fortuna en la construcción con el patrocinio de la familia real de Arabia Saudita.

Luego la legó a sus más de 20 hijos, entre los que se cuenta a Osama Ben Laden, que mientras mantuvo su condición de criminal más buscado del planeta no opacó la prosperidad de la familia, cuyos negocios siguieron floreciendo impulsados por la suba del petróleo.

El periodista, ganador de un Premio Pulitzer, relata que Osama recibió en 1989 una herencia de 18 millones de dólares en participaciones empresariales y en metálico pero parte de esa fortuna le fue congelada por las autoridades sauditas en 1993, como resultado de sus actividades subversivas.

Otra parte se empleó en sus poco rentables inversiones en Sudán, de donde fue expulsado en 1996, y en subvenciones a diversos grupos yihadistas.

A partir de entonces, el líder de Al Qaeda fue repudiado por su familia y dejó de recibir ingresos provenientes de las empresas del grupo, aunque algunas de las víctimas del atentado a las Torres Gemelas creyeran lo contrario y presentaron una demanda.

Con estos elementos, Coll desmonta una versión difundida por la propia CIA según la cual a fines de los 90 financió con su patrimonio muchas de las operaciones terroristas que llevó adelante la agrupación que lideraba.

Desde un registro más banal, la poetisa Kola Boof, que fue amante de Ben Laden, relata en un texto titulado “Diary Of A Lost Girl: The Autobiography Of Kola Boof” -no editado en español- que el ex líder de Al-Qaeda estaba enamorado de Whitney Houston hasta el punto de tener preparada una estrategia para casarse con ella.

La mujer, que en 1996 compartió parte de su vida con el líder islamista, revela el amor de Osama por la cantante: su intención era gastarse una gran cantidad de dinero para viajar a Estados Unidos e intentar organizar una cita con ella, además de regalarle una mansión que poseía en los suburbios de Jartum.

Según Boof, el líder de Al-Qaeda creía que a la estrella del pop, su esposo Bobby Brown y la cultura norteamericana le habían hecho un lavado de cerebro y por eso planeaba asesinarlo. También detalla que los programas televisivos favoritos de Ben Laden eran “Los años maravillosos”, “División Miami” y “MacGyver”.

Una de las obras más recientes, sobre el ascenso y ocaso de la figura de Ben Laden, es “Fuera de control”, un libro donde el periodista y ex espía ruso Daniel Estulin analiza el accionar de Al-Qaeda y alerta sobre los equívocos y trampas en torno a la llamada “guerra contra el terrorismo”.

Estulin acusa al gobierno norteamericano y al inglés de financiar y apoyar a los grupos islamistas y sus atentados, incluyendo los del 13 de noviembre de 2015 en París, donde murieron 130 personas.

“La llamada guerra global contra el terrorismo se ha convertido en uno de los mayores engaños criminales de la historia moderna”, asegura el autor, para quien el Reino Unido no sólo es el epicentro y el hogar de decenas de las organizaciones islamistas internacionales más sangrientas, sino que “los terroristas afincados en Inglaterra operan amparados por el gobierno y la Corona británicos”.

“La guerra global contra el terrorismo es una invención basada en la mentira y la idea equivocada de que un hombre, Osama Ben Laden, fue más listo que los servicios de inteligencia estadounidenses, dotados de un presupuesto anual de 40.000 millones de dólares. La guerra contra el terrorismo es una guerra de conquista”, sostiene Estulin al comienzo de su voluminoso trabajo, que abarca más de 700 documentos analizados.

Desde la Argentina, el periodista Víctor Ego Ducrot también se dedicó a la figura del creador de Al-Qaeda: en su libro “Bush and ben Laden S.A.” despliega de hecho una audaz hipótesis sobre los presuntos móviles que ocultaba por entonces la guerra que Estados Unidos libraba en territorio afgano, a la que definía como el primer conflicto bélico global entre grandes corporaciones financieras.

El autor de “El color del dinero” rastrea cómo las grandes corporaciones financieras utilizan a las naciones como brazos armados al servicio de sus intereses y analiza una serie de fenómenos ligados a los atentados del 11 se septiembre de 2001 en Estados Unidos, como llamativos movimientos bursátiles vinculados a las compañías aseguradoras, enormes ganancias especulativas, una gigantesca operación de lavado y el fortalecimiento de la industria armamentista.

“Lo que está en juego es el tráfico de heroína, el petróleo del Mar Caspio y las rutas de gas barato para la Unión Europea, factores cuyo epicentro es Afganistán. Por otra parte, hay escenarios y personajes similares en materia de intereses económicos tanto en la guerra del Golfo como en los ataques de 1998 de Estados Unidos sobre Irak“, sostiene Ego Ducrot en su texto.

Por su parte, en su obra “Qué es Al Qaeda”, el periodista y analista internacional Pedro Brieger afirma que ni George W, Bush ni  Barack Obama, pudieron cambiar la sensación que tienen la mayoría de los árabes y musulmanes de que “hay una guerra contra el islam”.

El libro, publicado por Capital Intelectual, está dividido en cinco capítulos que van desde la importancia de la revolución iraní, en 1979, a Afganistán: un territorio muy codiciado, invadido por los ingleses, los rusos y luego por Estados Unidos, tras los atentados del 11-S.

La saga literaria y documental en torno a la figura de Ben Laden se cierra con “Un día difícil”, que ofrece en primera persona la narración de un miembro de las fuerzas especiales que mataron al líder islamista en un registro cuya mayor aporte es que da cuenta de la cosmovisión de la sociedad norteamericana en torno a la figura que desató una de las peores tragedias de su historia.

Bajo el seudónimo de Mark Owen, este integrante de los SEAL (fuerzas especiales de la Armada estadounidense) publica una narración pormenorizada sobre la trastienda de la muerte de Ben Laden, aunque no aporta ninguna evidencia nueva ni arriesga una hipótesis distinta a las circularon por los medios en los meses posteriores a la operación.

El ex soldado relata que subía unas escaleras hacia el tercer piso de la residencia de Ben Laden, detrás del primer SEAL en la línea, cuando escuchó dos detonaciones amortiguadas por silenciador. Cuando los miembros del equipo llegaron a la habitación, hallaron al jefe de Al Qaeda en el suelo “con sangre y los sesos fuera del cráneo” y a dos mujeres que gritaban aterrorizadas.

El libro llevaba vendidos más de 2 millones de ejemplares cuando desató múltiples controversias durante su publicación, entre ellas una acusación del Pentágono al ex militar por incumplir el compromiso de confidencialidad que había firmado con el organismo

Por Julieta Grosso
Con información de Telam

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Sobre la Cultura y lengua árabe

Astrónomos árabes

Concepto de la cultura árabe

Muchos han sido los investigadores (Barakat, 1993: 21) 1; (Hasan, 1999) 2; (Sharabi, 1977) 3; (Nydell, 2006) 4; (Al-Kasimi, 1982) 5; (Bakella, 1984) 6; (Thawabteh, 2007) 7, que abordaron el tema de la cultura árabe, a la cual percibieron como la guía perfecta para acercarse mejor a este colectivo. 8 Cuando nos proponemos la tarea de llegar a una mejor comprensión de los grupos de personas y su cultura, es útil comenzar por la identificación de sus creencias y valores más básicos. Son estas creencias y valores los que determinan su visión de la vida y controlan su comportamiento social. Podemos definir la cultura árabe como aquel compendio de conocimientos, creencias, arte, moral, derecho, costumbres y hábitos que las personas poseen como miembros de la sociedad árabe.

Las diferencias entre los árabes en las distintas regiones son inmediatamente obvias. Ellos tienen diferentes alimentos, distinta forma de vestir, y distinta forma de vivienda donde las artes decorativas y los estilos arquitectónicos son bien distintos. La diversidad política es también notable; entre los sistemas de gobierno encontramos monarquías, gobiernos militares y también repúblicas socialistas.

Afirma Nydell (2006: 18): “Es importante darse cuenta de que las interpretaciones de las prácticas islámicas varían ampliamente. Muchas de las costumbres que distinguen entre los países del Medio Oriente se derivan de las prácticas culturales locales (las relaciones familiares, el papel de la mujer en la sociedad, la manera de vestir de las personas, las prácticas de crianza, la circuncisión femenina), y de la religión.” 9

Pero a pesar de estas diferencias, los árabes son más homogéneos que los occidentales en su visión de la vida. Todos los árabes comparten los valores y creencias básicas que cruzan las fronteras entre las distintas regiones y clases sociales. Las actitudes sociales han permanecido relativamente constantes porque la sociedad árabe es conservadora y exige la conformidad de sus miembros. Escribe Nydell (2006: 13): “los árabes se caracterizan por creer que muchas cosas, si no la mayoría de las cosas, en la vida son controladas, en última instancia, por el destino divino, más que por los seres humanos; que todo el mundo ama a los niños; que la sabiduría aumenta con la edad, y que la propia personalidad de los hombres y las mujeres es muy diferente; creencias que desempeñan un papel importante en la determinación de la naturaleza de la cultura árabe.” 10

Las creencias de los árabes están influidas por el Islam, aun cuando no son musulmanes (muchas de las prácticas familiares y sociales son pre-islámicas); la crianza y educación de los hijos es casi idéntica, y la estructura de la familia es esencialmente la misma. 11 Según Nydell (2006: 14): “Los árabes no son tan abiertos a los cambios como las personas en Occidente, y tienen un gran respeto por la tradición. Algunas de las características compartidas por todos los pueblos árabes, son los siguientes: el papel de la familia, la estructura de las clases sociales, los comportamientos religiosos y políticos, los patrones de vida, las normas de la moral social, la presencia del cambio y el impacto del desarrollo económico sobre la vida de los pueblos. 12

Algunos de los valores básicos de los árabes.

Muhawi y Kanaana, (2001: 21) afirman que la cultura árabe, como las demás culturas, existe por y a través de la relación organizada entre los miembros de la sociedad, se trata de un conjunto de simbolizaciones, significados, valoraciones, normas y comportamientos propios de tal comunidad en un contexto determinado, producidos, reproducidos y consumidos. Nydell (2006: 15) enumera algunos de estos comportamientos y normas:

  1. Es importante comportarse en todo momento de manera que deje una buena impresión en los demás.
  2. La dignidad, el honor, y la reputación de la persona son de suma importancia, y no se deben escatimar esfuerzos para protegerlos.
  3. El honor (3rd) es a menudo visto como un asunto colectivo y relativo a toda la familia o el clan.
  4. La lealtad a la familia tiene prioridad sobre las preferencias personales.
  5. La clase social y los antecedentes familiares son los principales factores determinantes de la condición personal, seguidos por el carácter y los logros individuales.
  6. Las normas de la moral social deben mantenerse, a través de leyes si es necesario.
  7. Todo el mundo cree en Dios, reconoce su poder, y tiene una afiliación religiosa.
  8. Los seres humanos no pueden controlar todos los eventos, algunas cosas dependen de la voluntad de Dios, es decir, el destino.
  9. La piedad es una de las características más admirables de una persona.
  10. No debe haber separación entre Iglesia y Estado, la religión debe ser enseñada en las escuelas y promovida por los gobiernos (este es el punto de vista islámico, no necesariamente compartido por los cristianos árabes)
  11. Las creencias y prácticas religiosas establecidas son sacrosantas. La interpretación liberal o las imitaciones indiscriminadas de la cultura occidental pueden conducir al desorden social, a la moral baja, y a un debilitamiento de los vínculos familiares tradicionales, por lo que debe ser rechazada.
Como se ven los árabes a si mismos y a los occidentales

Aunque existen muchas diferencias entre los países árabes, éstos son un grupo cultural claramente definido y que se perciben a sí mismos miembros de la nación árabe (al-um-ma al-3arabiy-ya) Suleiman (2003: 54) 13. Los árabes creen que son generosos, humanitarios, educados y leales, y que tales rasgos son característicos de ellos mismos y que los distinguen de otros grupos. Nydell (2006: 15) por otra parte, ellos tienen un rico patrimonio cultural, como lo demuestran sus contribuciones a la religión, filosofía, literatura, medicina, arquitectura, arte, matemática y las ciencias naturales (algunas de las cuales fueron desarrolladas por personas no-árabes que vivían en el Imperio Islámico).

Y al respecto de sus percepciones del mundo occidental afirma Nydell (2006: 15) que “los pueblos árabes se ven a sí mismos como si hubieran sido víctimas explotadas por el mundo occidental. Para ellos, la experiencia de los palestinos representa el ejemplo más evidente y doloroso. Los árabes son incomprendidos y mal caracterizados por la mayoría de los occidentales. Mucha gente en Occidente son anti-árabes y antimusulmanes. La mayoría de los occidentales no distinguen entre árabes y musulmanes“.

Los árabes culpan de su pobreza y su falta de desarrollo a la política de Estados Unidos y a Europa, mientras que Occidente apunta a la corrupción de esos gobiernos, a la falta de educación y al fundamentalismo islámico como las causas que frenan la prosperidad de esas sociedades.

La mirada que dirige el mundo árabe sobre Occidente, es una mirada de reproche, descontento, y rechazo. Para comprender la situación actual de rechazo de Occidente hay que remontarse a los orígenes de las humillaciones y las frustraciones padecidas por los pueblos árabes. Occidente mantiene con ese Oriente tan cercano y tan lejano unas relaciones tumultuosas desde hace siglos, concretamente, desde las guerras de los cruzados contra los territorios musulmanes.

Los historiadores y cronistas árabes no hablan de cruzadas, sino de invasiones y guerras francas. Incluso los árabes y musulmanes de hoy siguen creyendo que las cruzadas y las invasiones de los cristianos de europeos del territorio musulmán no es un capítulo del pasado. Amín Maalouf (2000:362) 14 escribe que: “el mundo árabe, fascinado y a la vez espantado por esos frany a los que ha conocido cuando eran unos bárbaros, a los que ha vencido, pero que, después, han conseguido dominar la tierra, no puede decidirse a considerar las cruzadas como un simple episodio de un pasado que no volverá. Con frecuencia sorprende descubrir hasta qué punto la actitud de los árabes, y de los musulmanes en general, respecto a Occidente sigue, incluso hoy, bajo la influencia de los acontecimientos que se supone terminaron hace siete siglos”.

Los imames de las mezquitas y los ulemas musulmanes aluden constantemente a Saladino al que le vieron encarnado por Saddam Husein, Naser de Egipto o incluso Bin Laden, y describen a Israel como el nuevo estado de los cruzados. Estos sentimientos fueron reforzados tremendamente tras bautizar el ex presidente norteamericano George W Bush, tras los atentados del 11 de septiembre de 2001, las guerra contra el “terrorismo islamista” como “las nuevas cruzadas.” Esta actitud de los árabes es una prueba evidente de lo que afirma Maalouf (2000:363): “Está claro que el oriente árabe sigue viendo en occidente un enemigo natural. Cualquier acto hostil contra él, sea político, militar o relacionado con el petróleo, no es más que una legítima revancha; no cabe duda de que la quiebra entre estos dos mundos viene de la época de las cruzadas, que aún hoy los árabes consideran una violación.”

Contemporáneamente, los sentimientos de odio, reproche y descontento que perpetuaron en la mentalidad árabo-musulmana hacia Occidente y los occidentales cobraron otras dimensiones debido a otros motivos. Según Taher Jelloun (2007: 14) 15 “la ocupación colonial seguida del expolio a los palestinos de sus propias tierras en 1948 son todavía heridas candentes en la memoria del mundo árabe, un mundo dirigido a menudo por personajes no elegidos democráticamente y que siguen una política que satisface los intereses de ese Occidente que los ha ayudado y sostenido.”

En el refranero palestino leemos: má bíjí men el-gharb má besur el-qalb, (nunca hacen Occidente algo que nos alegre el corazón). A partir de esa constatación y, más en particular, de las guerras árabe-israelíes de 1967, 1973 y 1982, así como de los diferentes enfrentamientos con armas desiguales entre la población palestina y el ejército israelí, no ha dejado de crecer el abismo entre ese Oriente y Occidente, percibido como el amigo y el protector del Estado de Israel 16.

No cabe duda de que la política occidental provoca un ardiente resentimiento entre los árabes. Tanto los historiadores como los árabes normales y corrientes según Taher Ben Jelloun (2007:14) “consideran a Occidente responsable de la pasada fragmentación de la región, así como de la previsible fragmentación de Irak. Y todo el mundo ridiculiza las declaraciones de Bush y Blair de que están llevando la democracia y la libertad primero a Irak, y luego al conjunto de la región.” En este mismo sentido, Khaled Hroub 17 escribe que “los árabes maldicen apasionadamente el constante apoyo occidental a Israel en contra de los derechos de los palestinos y la hipocresía de Occidente al centrarse, por ejemplo, en la capacidad nuclear de Irán y hacer la vista gorda ante la de Israel”.

Socialmente hablando, para los árabes, el mundo occidental es un mundo inmoral e indecoroso donde faltan las buenas costumbres. Los estereotipos que tienen los árabes sobre la sociedad de los occidentales son los de una sociedad caracterizada por el libertinaje y el desenfreno en las relaciones sexuales, la ausencia de la figura y la autoridad de los padres y de los profesores en los colegios, la falta de la veneración y el respeto a los mayores de edad, la ausencia de algunos valores como la solidaridad y la incomunicación entre los miembros de una misma familia, la prioridad de los derechos individuales a los colectivos, y el trato de los mujeres como si fueran un objeto sexual.

Estas ideas preconcebidas son fruto, principalmente, de los argumentos presentados en las películas occidentales que se ven en el mundo árabe y de las historias de individuos que han pasado un tiempo en un país occidental. En cuanto a la visión de los árabes del imperialismo y la globalización, Juan Marsá (2006:1) 18 afirma que los árabes consideran tanto el imperialismo como la globalización como fases propias de la expansión capitalista que ha venido enmascarándose bajo sucesivas misiones civilizadoras y creen que algunas de las instituciones mundiales como la UNESCO, el FMI y el BM son herramientas en manos del más poderoso, EEUU y la UE, para controlar el mundo sobre todo el mundo árabo-musulmán.

Para una gran mayoría de escritores árabes que vienen tratando el tema, no se concibe la globalización como un fenómeno que describe la realidad inmediata como la realidad de una sociedad planetaria o una aldea global que está más allá de fronteras, barreras arancelarias, diferencias étnicas, credos religiosos, ideologías políticas y condiciones socioeconómicas o culturales. La globalización se concibe como un problema que atenta contra la independencia de las naciones en lo político, contra el desarrollo en lo económico, y contra la identidad y la diversidad en lo cultural 19.

Porque la globalización al contrario que el universalismo, desde esta óptica, tiende a ser totalizadora y busca monopolizar las ideas bajo un pensamiento único de corte occidental. Un universalismo cultural que atenta contra la identidad árabe al obligarla a asumir como único modelo una cultura que trata de imponer una visión eurocéntrica del mundo y de la historia (Yusuf Salamah: 2000) 20.

Los valores de la sociedad anglosajona sobre los cuales radica la globalización, como el individualismo y el sistema económico son unos de los factores por el cual los árabes se sienten amenazados por la globalización como aclara Según Juan Marsá (2006:2): “Uno de los factores del rechazo de la globalización por parte de los árabes es la idea de que asumir los valores de la globalización es asumir, de alguna manera, todo el ideario que hay inherente en este proceso histórico, pues no se puede disociar la sociedad de consumo, y el desarrollo tecnológico del contexto sociológico en el que surgen; es decir, de la cultura y civilización que lo fundamentan, pues el capitalismo por ejemplo surge en un contexto de una sociedad individualista, condicionada por la visión determinista de la historia propia de la visión religiosa del puritanismo inglés, mucho más deshumanizada, que afirma la predestinación del hombre y niega el libre albedrío en los actos humanos. El mundo árabe rechaza la cultura global anglosajona, al ser esta cultura resultado de una visión capitalista de la economía, en donde el ser humano es sólo un engranaje de una maquinaria y en donde el capital está por encima de los valores humanos, la justicia social, el derecho internacional o el respeto por la multiculturalidad”.

Los árabes rechazan a los valores de la cultura occidental porque temen, en caso de hacerlo, perder su propia identidad y ser dominados por el “extranjero”. Según el célebre intelectual y pensador palestino Edward W. Said (1993: 13) 21 que la cultura “es utilizada por los imperialismos como un instrumento más de dominación, debido a que el poder para narrar, o impedir que otros relatos se formen y emerjan en su lugar, es la mejor manera de acallar la otra voz que se sale del discurso dominante: la voz que protesta o pide alternativas”.

En este mismo sentido, afirma Yusuf Salam (2000: 17-18) 22 que “asumir una cultura exógena como la occidental, considerada totalitaria e imperialista es un error, pues es aceptar un mal modelo de civilización y de conducta ya que se asume su cosmovisión del mundo cruel y deshumanizado que gira en torno a valores puramente materialistas”. Todo ello hace que este modelo de sociedad sea inaceptable para las sociedades árabes por lo que el mundo árabe debe buscar su propio camino y modelo de civilización y, por ello, de historia.”

Como ven los occidentales a los árabes

En Occidente muchos son los prejuicios, los tópicos, las ideas preconcebidas y las generalizaciones burlescas y negativas sobre los árabes y musulmanes en general, y que aparecen en todo tipo de soportes “culturales”: películas, artículos de prensa, series de televisión, dibujos animados, etc. 23

El periodista y gran conocedor del mundo árabe, Paul Balta ha analizado la representación que la prensa occidental y europea hace de los árabes. Esta se reduce a cuatro imágenes 24:

  1. El terrorista.
  2. El pobre trabajador inmigrante poco cualificado y considerado inculto
  3. El emir rico del Golfo, que surgió como resultado del primer boom petrolero en 1973
  4. El integrista fanático, que aparece después de la victoria de Jomeini en 1979, en Teherán.

Con la acusación al aparato de propaganda sionista de ser el principal responsable de la repugnancia en Occidente contra los árabes, el periodista marroquí Said Alami describe una completa tipología de la imagen del árabe en los medios y en la que distingue dos fases temporales, la primera de ellas llega hasta 1973 25:

  1. Los árabes son bobos, holgazanes, viven para el sexo, son rencorosos y siempre están en guerra entre ellos.
  2. Los árabes siempre quieren destruir Israel, porque representa la antorcha de la libertad, el baluarte del progreso y la avanzadilla de la civilización occidental a las puertas del inmenso desierto árabe.
  3. Los árabes son bárbaros que están al acecho de una oportunidad que les permita abalanzarse sobre Occidente y destruir su civilización.
  4. Los árabes son malvados, que se mueven por instintos primitivos y Occidente ha fracasado en civilizarlos.
  5. Los árabes son terroristas crueles, que matan por placer.
  6. El árabe es traidor, en la guerra y en la paz, y es traidor a sus propios hermanos.
  7. Los árabes son incapaces de asimilar las tecnologías de Occidente.

Desde 1973, y aprovechando la subida de los precios del petróleo después de la guerra de 1973, en la que Israel sufrió la primera derrota militar por parte de Egipto:

  1. Los árabes son chantajistas y desagradecidos.
  2. Los árabes son cobardes y viles.
  3. Los líderes árabes y sus dirigentes son sanguinarios.
  4. Los líderes árabes están ávidos de sexo, y son traidores y farsantes.
  5. Los jeques del Golfo son acaparadores de petróleo y están obsesionados por los coches de lujo, sin poder desprenderse de los camellos.
  6. Los jeques del Golfo son raptores de vírgenes, se dedican al comercio de prostitutas, y son capaces de cambiar su harén por una rubia occidental.
  7. Los árabes son ricos ridículos que malgastan fortunas inmensas en cosas insignificantes, por lo que son indignos de poseer la riqueza que supone el petróleo.
  8. Los árabes ricos son bobos y lo compran todo, y quieren comprar medio Occidente.
  9. Los árabes son religiosos fanáticos y locos totalmente irracionales.
  10. En su irracionalidad, los árabes se niegan a aceptar la existencia del Estado de Israel, ya que son unos soñadores.

Por Moayad Neem Sharab – Editorial de la Universidad de Granada


Notas:

1 Hakim Bearcat. (1993): The Arab World: Society, Culture, and the State. Berkeley: University of California Press. Pág. 21.
2 Aida, Hasan. (1999): Arab Culture and Identity—Arab Food and Hospitality”. Suite University Online, http://www.suite101.com
3 Sharabi, Hisham, and Mukhtar Ani. (1977): Impact of Class and Culture on Social Behavior: the Feudal-Bourgeois Family in Arab Society” In Psychological Dimensions of Near Eastern Studies, edited by L. Carl Brown and Norman Itzkowitz. Princeton: Darwin Press.
4 Nydell, Margaret. K. (2006): Understanding Arabs. A guide for modern times, Intercultural Press, Inc. London.
5 Al-Kasimi, Ali. (1982): The distinctive Features of the Arab Culture, Lisan El- Arabi 19: 2-10.
6 Bakella, M. (1984): Arabic Culture. London: Kegan Paul International
7 Thawabteh, Mohammad Ahmad (2007): Translating Arabic cultural signs into English: A discourse perspective. Tesis doctoral. Universidad de Granada.
8 Véase también: Abed, Sukri B. (2007): Focus on contemporary Arabic. New Haven: Yale University Press; Cálamo: revista de cultura hispano-árabe. Madrid: Instituto Hispano-Árabe de Cultura, cop1984; Rebollo ́Avalos, María José (2007): Revista Al-Ma’arifa:Cultura e ideología en el mundo árabe contemporáneo. Granada: Universidad de Granada, 2007.
9 Traducción del texto original en inglés: “Es importante darse cuenta de que las interpretaciones de las prácticas islámicas varían ampliamente. Muchas de las costumbres que distinguen entre los países del Medio Oriente se derivan de las prácticas culturales locales (las relaciones familiares, el papel de la mujer en la sociedad, la manera de vestir de las personas, las prácticas de crianza, la circuncisión femenina), y no de la religión”.
10 Texto original en inglés: “Arabs characteristically believe that many, if not most, things in life are controlled, ultimately, by fate rather than by humans; that everyone loves children; that wisdom increases with age; and that the inherent personalities of men and women are vastly different. These beliefs play a powerful role in determining the nature of Arab culture”.
11 Véase también: “Tamayo Acosta, Juan José. (2009): Islam: cultura, religión y política. Madrid: Trotta, 2009.”
12 Texto original en inglés: “Arabs are not as mobile as people in the West, and they have a high regard for tradition. Some features shared by all Arab groups are: the role of the family, class structure, religious and political behavior, patterns of living, standards of social morality, the presence of change, and the impact of economic development on people’s lives”
13 Yasir, Suleiman/ (2003): The Arabic Language and. National Identit. A Study in Ideology. Edinburgh University Press. Véase también sobre el nacionalismo árabe: Mu’nis, Husayn (1963): Los árabes; La lengua árabe; El nacionalismo árabe: tres ensayos. Madrid: Instituto de estudios islámicos; Ruiz Bravo Villasante, Carmen (1976): La controversia ideológica nacionalismo árabe / nacionalismos locales: Oriente 1918-1952, estudio y textos. Madrid: Instituto Hispano-Árabe de Cultura, 1976
14 Maalouf, Amin (2000): Las cruzadas vistas por los árabes. Madrid: Alianza Editorial. Tercera reimpresión.
15 Ben Jelloun, Taher (2007): “Oriente y Occidente: el eterno mal entendido”, Cuadernos del mediterráneo. 8. 13-16.
16 Citando a Taher Ben Jellon (2007: 15) “encontramos esa visión muy extendida en los nuevos medios de comunicación por satélite árabes, muy vistos por los espectadores. El papel desempeñado por una cadena de gran calidad técnica como Al Jazeera, que emite desde Doha, capital de Qatar, es inmenso en la constitución y formación de esas mentalidades: se les muestra en directo cómo sus hermanos palestinos o iraquíes son víctimas de la barbarie de la ocupación. La cámara occidental es a veces pudorosa, no muestra imágenes horribles. La cámara de la cadena qatarí no tiene piedad, enseña lo intolerable, hace debates donde la agresividad es de rigor, interroga a los testigos con una eficacia temible y repite la emisión de imágenes brutales. Al Jazeera ha cambiado de arriba abajo el sistema de la información y la comunicación en los países árabes. Ahora decenas de otras cadenas la imitan y le hacen la competencia. Los estadounidenses ya han sentido la necesidad de crear su propia Al Jazeera, que, con el nombre de Al Horra (la libre), sigue las mismas técnicas de inmediatez informativa, pero aportando su propio timbre, sus propios análisis de la situación en Irak.”
17 Hroub, Khaled. (2007): “¿Odian los árabes a Occidente? Cruzar las calles árabes jugándose la vida.” Cuadernos del mediterráneo. 8. 57-60.
18 Fuentes, Juan Marsá (2006): “Aspectos culturales de la globalización en el mundo árabe”, MEAH (la Miscelánea de Estudios Árabes y Hebráicos) sección árabe-Islam 55. 233-251
19 Amin, Samir (1999): “thaqáfat al-3awlamah wa 3amwalamat ath-thaqáfah- (la cultura de la globalización y la globalización de la cultura”. Damasco: Dár Al-Fekr. pp. 11-57, en Fuentes, Juan marsá (2006): “Aspectos culturales de la globalización en el mundo árabe”, MEAH (la Miscelánea de Estudios Árabes y Hebráicos) sección árabe-Islam 55. 233-251. citado por Fuentes, Juan Marsá (2006): “Aspectos culturales de la globalización en el mundo árabe”, MEAH (la Miscelánea de Estudios Árabes y Hebráicos) sección árabe-Islam 55. 233-251
20 Salamah, Yusuf (2000): “Naqd má ba3d al-hadáthah: al-hadátha al-hiwár was-será3 fí 3asr má ba3d al-hadáthah – la modernidad: el diálogo y el conflicto en la época después de la modrnidad”. Al-adab. 3/4.p. 18. en Fuentes, Juan marsá (2006): “Aspectos culturales de la globalización en el mundo árabe”, MEAH (la Miscelánea de Estudios Árabes y Hebráicos) sección árabe-Islam 55. 233-251.
21 Said, Edward (1993): Cultura e imperialismo. Barcelona: Anagrama.
22 Salama, Yusuf (2000): “la civilización entre el diálogo y el conflicto en la era de post-modernidad”. Al-adab, 48. pp. 15-22.
23 Véase Ghiles, Francis (2007): “La información sobre el mundo árabe musulmán en los medios de comunicación occidentales.” Cuadernos del mediterráneo. 8. 45-56.
24 Rafael Miralles. “Islam y Mundo Árabe en la Escuela y Medios de Comunicación”. http://www.mundoarabe.org/estudio_sobre_el_islam_y_mundo_%C3%A1rabe.htm, citado en María Polonio Rojas: “Visión del mundo árabe-islámico en los medios de comunicación occidentales”.
http://www.hojaderuta.org/imagenes/polonio20.pdf
25 Citado en María Polonio Rojas: “Visión del mundo árabe-islámico en los medios de comunicación occidentales”. http://www.hojaderuta.org/imagenes/polonio20.pdf


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