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Salah ad Din Yusuf: El noble caballero musulmán

Saladino Al-Nāsir Ṣalāḥ ad-Dīn Yūsuf ibn Ayyūb (en kurdo: Selahedînê Eyûbî, y en árabe: صلاح الدين يوسف بن أيوب)

Saladino nació en 1138 en Tikrit (Irak), en el seno de una respetable familia kurda originaria de Dvin, una antigua ciudad de Armenia. Primer sultán de la dinastía ayubí y el principal héroe del mundo islámico, admirado también por los cristianos por su carácter noble y caballeroso.

Reinstauró el sunismo de Siria (1174-1193), además unificó Oriente Próximo. En 1187 derrotó a los cruzados en la batalla de Hattin y conquistó Jerusalén, poniendo fin a casi nueve décadas de ocupación por parte de los cruzados, lo que provocó la Tercera Cruzada (1189-1192). Los cristianos, bajo el mando de Ricardo Corazón de León, no volvieron a tomar la ciudad, pero firmaron la paz con Saladino y recuperaron las plazas costeras que habían reconquistado.

Se podría decir que Salah al-Din Yusuf o Saladino como se le conoce popularmente, fue para los musulmanes un gran héroe medieval, del mismo modo que para occidente pudo ser “El Cid”, Roldán o el propio Carlomagno.

La importancia de Saladino en la historia fue la de ser uno de los pocos, sino el único, líder musulmán medieval que fue respetado no sólo entre los seguidores de Allâh, sino entre sus enemigos potenciales de occidente.

La razón de ello es que Saladino fue para su pueblo un gran líder, capaz de unificar a los distintos pueblos de Siria y Egipto en un solo gobierno (algo que parecía prácticamente imposible) al mismo tiempo que se erigió como paladín del Islam contra los invasores cruzados y la opresión de sus guerras de fe.

Fue Saladino quien combatió el fuego con fuego convocando su propia Yihad, su propia guerra santa, dando al conflicto armado con los cruzados un nuevo cariz, una verdadera guerra religiosa más allá de la simple conquista de territorios. Además, Saladino aglutinó ciertos valores que le erigieron como uno de aquellos monarcas de la antigüedad: culto, honesto, justo, inflexible en batalla y clemente en la victoria. Y fueron precisamente esas virtudes las que le hicieron ganar el respeto de occidente, pues encarnaban en aquellos tiempos el ideal del perfecto caballero.

El enemigo de la cristiandad

En un primer momento, sin embargo, las cosas fueron bien distintas. Saladino había derrotado al gran ejército cruzado que había mantenido el control de Jerusalén desde su llegada a aquella árida tierra, en la batalla de Hattin. Allí murieron cientos de caballeros cristianos, un duro revés para las fuerzas europeas que provocó una marea de odio y desprecio hacia aquel enemigo de la “verdadera fe”.

Saladino, ajeno a tal situación aunque poco le hubiese importado el conocer tales avatares, prosiguió su campaña militar con el fin de expulsar a los extranjeros cristianos de las tierras del Islam. Así, su segundo gran paso fue reconquistar Jerusalén, la pieza clave de aquella guerra. Y he aquí que la imagen del gran caballero musulmán hizo enmudecer a occidente.

El Sultán de Siria conquistó Jerusalén, pero a diferencia de lo que hicieron los cristianos en su conquista, éste perdonó las vidas de sus habitantes civiles si estos abandonaban la ciudad, un noble hecho que no pasó desapercibido para los cronistas europeos.

La Tercera Cruzada: Saladino un honorable enemigo

Al enterarse de tan trágica noticias, el Papa Urbano III convocó de nuevo a cientos de caballeros para recuperar el Santo Sepulcro en manos ahora de Saladino. La respuesta no se hizo esperar y una gran alianza de monarcas europeos se encaminó rumbo a Jerusalén. Entre aquellos hombres, tres destacaron sobre el resto, Federico I del Sacro Imperio Romano Germánico, el rey francés Felipe II y el monarca inglés Ricardo I “Corazón de León”.

Afortunadamente para Saladino, las cosas se complicaron para el ejército cruzado puesto que Federico I murió ahogado en un río de Anatolia y su ejército se disgregó regresando a su país, y tiempo más tarde las disputas entre el monarca francés y el inglés se saldaron con el abandono del primero, quedando reducido de forma drástica el ejército cruzado.

El “Corazón de León” distó mucho de ser un honorable monarca, por mucho que pese a algunos historiadores ingleses, teniendo más de hooligan que de verdadero hombre de estado, cometiendo una y mil tropelías como la ejecución sumaria de más de 3000 prisioneros musulmanes ante las puertas de Acre, por lo que pronto se había olvidado el gesto del Sultán con los prisioneros cristianos en la reconquista de Jerusalén.

Con todo, Ricardo I y su ejército consiguieron una gran victoria sobre Saladino en la batalla de Arsuf, acabando con la racha de invencibilidad del líder musulmán y con el tiempo, aunque Saladino jamás perdonase la grave falta de Ricardo con los prisioneros de Acre, ambos monarcas llegaron a un punto de entendimiento, respeto y diplomacia.

En este punto es de resaltar que cuando el monarca inglés cayó enfermo, Saladino, lejos de esperar que aquel enfermase y muriese, mandó a su propio equipo médico en ayuda de su respetado enemigo. Sin duda, éste fue otro de los grandes gestos del líder islamita que contribuyó a su favor en las crónicas de la Historia.

Tiempo más tarde, cuando la acuciante necesidad de Ricardo por regresar a su antiguo trono ahora usurpado, podía haber significado la victoria incondicional de Saladino, éste volvió a sorprender con un nuevo gesto, sentándose ante su enemigo y firmando un armisticio que supusiese ventajas para ambos: Jerusalén permanecería bajo control musulmán, pero se concedía a los cristianos el derecho de peregrinar y orar libremente en Jerusalén.

El 4 de marzo de 1193 murió Saladino,  a la edad de 55 años, víctima de una enfermedad. En Occidente se convirtió en héroe de numerosas leyendas. Su tumba está situada junto al ala norte de la Gran Mezquita de Damasco, en la capital de Siria.

Frase célebre: Saladino, al Rey Guido de Lusignan, después de cortarle la cabeza a Reinaldo de Chatillon tras la batalla de los Cuernos de Hattin y ser capturados: Un rey no mata a otro rey, pero la alevosía y la ruindad de este hombre no podían consentirse”.

Con información de  www.redhistoria.com y  www.nationalgeographic.com

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Al-Baghdadi no está muerto y se oculta, dicen tropas kurdas

La presunta muerte de Al Baghdadi como resultado de un ataque aéreo en Siria fue reportada inicialmente por el Ministerio de Relaciones Exteriores de Rusia y aparentemente fue confirmada en un reporte de Reuters.

Pero la duda se está extendiendo ahora en medio de informes de que Al-Baghdadi se ha ocultado.

Un ministro iraquí del Interior dijo a la prensa que el jefe del grupo terrorista “probablemente todavía está vivo y se esconde cerca de Raqqa”.

“Estoy 99% seguro de que Al-Baghdadi está vivo y localizado al sur de la ciudad siria de Raqqa, tras informes de que había sido asesinado”, dijo a Reuters Lahur Talabany.

“No olvide que sus raíces se remontan a los días de Al Qaeda en Irak. Estaba ocultándose de los servicios de seguridad. Él sabe lo que está haciendo”.

El Observatorio Sirio de Derechos Humanos dijo la semana pasada que había información no confirmada de que Baghdadi había sido asesinado en Siria, pero funcionarios occidentales e iraquíes no pudieron confirmar las afirmaciones.

Por su parte, Jim Mattis, secretario de Defensa de Estados Unidos, señaló: “Nuestro enfoque es suponer que está vivo hasta que se demuestre lo contrario, y en este momento no puedo demostrarlo de otra manera”.

Con información de:Al Mayadeen 

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Así es Erbil, la ciudad habitada más antigua  

La primera referencia a la Ciudadela de Erbil aparece en unas tablillas cuneiformes que datan del 2300 a.C. Distintos restos arqueológicos permiten asegurar que ha estado habitada desde hace al menos 7.000 años.

Tiene más de 7.000 años y es el centro de la capital del Kurdistán iraquí, amenazado por Daesh.

Rehabilitar la ciudad habitada más antigua de la humanidad. Éste fue el reto que debió asumir en 2011 Inés Ingenieros, una empresa española que ganó el concurso de rehabilitación de la Ciudadela de Erbil, que contaba con el aval de la Unesco y que suponía aceptar la responsabilidad de mantener en pie las más de 300 edificaciones que la componen, las estrechas callejuelas que se distribuyen en forma de abanico y la fortificación que la protege.

Con más de 7.000 años de antigüedad, la Ciudadela, incluida desde 2014 en el listado de Patrimonio Mundial de la Unesco, es el centro neurálgico de la cuarta ciudad más grande de Irak -la antigua Arbilum, donde se ubicó el templo de Ishtar, o la posterior Arbela, famosa por la batalla en la que Alejandro Magno derrotó al persa Darío III-. Erbil crece descontroladamente alrededor de la Ciudadela y vive permanentemente amenazada por el terrorismo de Daesh -por otros grupos igual de temibles en otras épocas, pero quizá no tan ávidos por destruir los monumentos que recuerdan la rica historia de la zona-.

Sobre un montículo artificial que se eleva treinta metros -tell, en el argot arquitectónico, y que implica la acumulación de materiales a lo largo de muchos milenios-, la Ciudadela, que ocupa diez hectáreas, ha sido habitada por distintas civilizaciones –acadios, gutis, sumerios, babilonios, asirios, hititas, medas, persas, griegos, árabes, mongoles, otomanos y kurdos iraquíes, en la actualidad, ya que es la capital de la Región Autónoma Kurda de Irak-. Por primera vez en la historia y antes de su rehabilitación parcial corrió serio riesgo de dejar de ser habitada ante la amenaza constante de derrumbe.

Las lluvias torrenciales y los seísmos han sido sus mayores enemigos a lo largo de la historia, incluso más que el hombre, ya que la mayoría de sus edificios y sus calles están construidos en barro y sólo unas pocas casas se hicieron con ladrillos unidos sin morteros. El polvo cubre casi constantemente esta singular ciudad, cuya existencia aparece por primera vez recogida en unas tablillas cuneiformes que datan del 2300 a.C.

Sus ruinas atrajeron la mira de José Martín Caro, presidente de Inés Ingenieros, que se empeñó en hacer de esta rehabilitación un ejemplo. “Soy un apasionado de la Historia y tenía muy claro que quería respetar todos y cada uno de los elementos arquitectónicos que aparecían en la Ciudadela”, reconoce Martín Caro, que llegó a Erbil en 2011 para iniciar las obras y que sintió un profundo dolor al comprobar el estado en que encontró a mucha parte de sus edificios. “Estaban prácticamente derrumbados, en la más absoluta de las ruinas”. Recuperar su estado inicial era parte esencial de la obra, que tuvo que prescindir de ornamentos babilonios que se pusieron en la época de Sadam Husein.

El trabajo de rehabilitación, siendo de mucha dificultad, ha supuesto poder dar una nueva oportunidad a esta Ciudadela que perdió a sus habitantes durante las obras, pero intenta encontrar ahora el esplendor que tuvo en otras épocas.

Sabía que…

La Ciudadela de Erbil se emplaza sobre un montículo artificial de tierra -tell, en el argot de la arquitectura- de más de 30 metros de altura y ocupa una superficie de diez hectáreas.

Profusamente edificada, esta ciudad está conformada por casas de arquitectura tradicional y comunicadas por intrincadas callejuelas en forma de abanico.

Alberga 322 edificios, varios palacios, cuatro mezquitas, baños turcos, un depósito de agua, tumbas y dos entradas amuralladas a las que se accede por empinadas rampas.

En ella se pueden encontrar restos de acadios, sumerios, babilonios, asirios, hititas, medas, persas, griegos, árabes, mongoles y otomanos. Hoy viven kurdos iraquíes.

Los edificios de barro edificados en el perímetro, soldados entre sí, forman una muralla que ha contribuido a su protección a lo largo de la historia.

Las lluvias, los seísmos y las guerras han sido sus enemigos. Hoy, y desde 2014, está protegida por la Unesco, que la incluyó en su lista de Patrimonio de la Humanidad.

Por Emelia Viaña
Con información de:Expansión

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