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La muerte de Diana de Gales y Dodi Al-Fayed, ¿fue un asesinato?

El círculo Pinay, alias Le Cercle

Le Cercle toma su nombre del primer ministro francés de la década de 1950 Antoine Pinay, y se cree que es una rama colateral del Grupo Bilderberg encargada de la acción directa. Pinay estuvo presente en la primera reunión celebrada por el Grupo Bilderberg en el hotel de Bilderberg, en Oosterbeek, Holanda, en 1954. Formó su círculo en 1969, supuestamente con la intención expresa de llevar a cabo acciones directas en nombre del Grupo Bilderberg. El círculo estaba apoyado por el servicio secreto francés y miembros de la realeza austríaca.

Se dice que Le Cercle está integrado por espías internacionales, miembros de las fuerzas armadas, políticos y otros personajes situados en la derecha. Sus críticos afirman que desestabilizó los gobiernos de Harold Wilson y Edward Heath en Gran Bretaña, Gough William en Australia y Francois Mitterrand en Francia. Su dependencia del llamado complejo militar-industrial, particularmente en Francia y Gran Bretaña, ha llevado al círculo a mantener lazos con organizaciones opacas como el Opus Dei, e incluso, según se afirma, la secta Moon.


Se le acusa de ser el responsable del asesinato del primer ministro pacifista sueco Olof Palme y, discutiblemente, de la muerte de la princesa Diana de Gales y su novio Dodi Al-Fayed. La causa habría sido la campaña iniciada por Diana contra las minas terrestres, lo que suponía una amenaza a los beneficios de la multimillonaria industria armamentística.

Diana de Gales murió en agosto de 1997 durante una alocada persecución de su coche por los paparazzi por las calles de París. El conductor del coche, según las autoridades, había consumido una cantidad excesiva de cocaína y alcohol, (un dato cuestionado desde entonces y que no hace más que aumentar el misterio que rodea la muerte de Diana). Estuviese o no «arreglado» el accidente, por quién es algo que permanece envuelto en un profundo misterio.

“No existe ningún elemento de naturaleza alguna que dé crédito a la tesis” de que el accidente fue fruto de un “acto voluntario” de sabotaje, escribió el juez Stéphan. Pero Mohammed Al Fayed no aceptó sus conclusiones y continuó insistiendo en que la muerte de Lady Di y su hijo Dodi fue fruto de una conspiración de los servicios secretos británicos por orden del príncipe Felipe, esposo de Isabel II de Inglaterra. Según Al Fayed, la princesa de Gales estaba embarazada de Dodi y el anuncio de su compromiso matrimonial era inminente. La familia real británica, sostenía el empresario, dueño de los lujosos almacenes Harrod’s, “no podía aceptar que un musulmán egipcio pudiera convertirse en el padrastro del futuro rey de Inglaterra”, en referencia a Guillermo, el hijo mayor de Diana y Carlos de Inglaterra, número dos en la línea de sucesión.

Mohammed Al Fayed escribió acerca de un «complot» para eliminar a Diana y a su hijo, e intentó vincular todo tipo de sucesos disparatados con sus preguntas:

¿Por qué habían tardado una hora y cuarenta minutos en llevar a la princesa a un hospital? ¿Por qué algunos de los fotógrafos se habían abstenido de entregar algunas de las fotografías que habían tomado? ¿Por qué había habido un robo en la casa de Londres de un fotógrafo que trabajaba con tomas de los paparazzi ? ¿Por qué de ninguna de las cámaras de circuito cerrado de ese sector de París se ha sacado un solo plano de cinta de vídeo? ¿Por qué ninguna cámara de control de velocidad de todo el trayecto tenía película y los radares estaban apagados? ¿Por qué el lugar del accidente fue reabierto al tráfico al cabo de unas cuantas horas? ¿Quién era la persona que había en la puerta del Ritz equipada como un fotógrafo de prensa? ¿Quiénes eran los dos hombres no identificados entre la multitud que luego habían estado en el bar del Ritz?


El Mossad no tenía ningún interés en la relación entre Diana y Dodi. Su único interés era reclutar a Paul como informador en el Ritz. Respecto del fotógrafo misterioso: en el pasado, el Mossad había permitido que sus agentes se hicieran pasar por fotógrafos. Bien pudo ser Maurice el que vigilaba la entrada del hotel. Los dos hombres del bar tal vez tuvieran alguna relación con el Mossad. Sin duda reconfortaría a Mohammed al Fayed que esto fuese cierto.

Para confirmar que se había llevado a cabo el asesinato más alevoso, Al Fayed empleó a un ex detective de Scotland Yard, John MacNamara. A principios de 1999, el mesurado investigador recorría el mundo en busca de pruebas. Durante su estancia en Ginebra, Suiza, se encontró con un antiguo oficial del MI6, Richard Tomlinson, que decía haber visto documentos en el cuartel general del MI6, a orillas del Támesis.

Tomlinson insistía en que los papeles describían «un plan para asesinar al líder serbio Slobodan Milosevic que tiene inusuales similitudes con la forma en que Di y Dodi murieron. El documento establecía que el “accidente” debía ocurrir en un túnel, donde las probabilidades de muerte por choque son muy altas. Recomendaba el uso de un láser como arma para deslumbrar al conductor del vehículo señalado como blanco».

Diana y Dodi habían estado bajo vigilancia de ECHELON, uno de los sistemas de seguridad más sofisticados y ultrasecretos de la agencia norteamericana. La red electrónica global tiene proporciones asombrosas. Conecta los satélites con una serie de ordenadores paralelos de alta velocidad. El sistema permite a la agencia norteamericana y a quienes comparten esta información, entre ellos los británicos, interceptar y decodificar cualquier comunicación realizada en el mundo, en tiempo real. Buscando las contraseñas apropiadas ECHELON identifica y envía mensajes de interés a sus usuarios.

Después de su divorcio del príncipe Carlos, Diana había iniciado una campaña para acabar con las minas antipersonales. La princesa era franca, sincera, y no tardó en conseguir mucho apoyo, algo que no fue bien visto por la Administración Clinton ni por Londres y otras capitales europeas. La consideraban una entrometida, alguien que no tenía ni idea de sobre qué estaba hablando. «Lo cierto es que la fabricación de minas terrestres creaba miles de empleos. Nadie quería que se usaran las minas pero tampoco que la gente se quedara sin trabajo porque a Diana se le había metido aquello entre ceja y ceja», me comentó una fuente en Washington que insistió, como es lógico, en que no desvelara su identidad.


La llegada de Dodi a la vida de Diana implicó que automáticamente se volviera parte de las actividades de ECHELON. Sin saberlo, cada una de sus conversaciones íntimas era silenciosamente registrada por algún satélite. En 1997 el nombre de Mohammed al Fayed había sido agregado a la lista de investigaciones de la computadora global. ECHELON puede muy bien haber sido el primer ente ajeno a su círculo íntimo en enterarse de sus esperanzas sobre la boda de su hijo con una princesa real y luego, de su intención de anunciar públicamente el compromiso la noche de su muerte. Hay mucho en los documentos de la Agencia Nacional de los Estados Unidos que puede causar sorpresas en el futuro; las palabras de la propia Diana prueban que estaba decidida a casarse con su amante.

Mohammed al Fayed era un hombre agónico. Yo sólo podía escucharlo mientras se desahogaba. «¿Sabía usted que Diana, seguramente, estaba embarazada de ocho semanas y que Dodi, mi hijo, era el padre? ¿Sabía que en el hospital de París, después de su muerte, le extrajeron los órganos y volvió a Londres momificada? ¿Sabía que la última vez que nos vimos me confesó cuánto amaba a Dodi y qué felices eran?» Dije que no sabía nada. Mohammed al Fayed se quedó mudo un rato, al borde de las lágrimas, perdido en un mundo interior.

Luego continuó: «Dígame quién puede ayudarme a descubrir la verdad sobre el plan que causó la muerte de mi hijo y su amada Diana». Le dije que tenía dos personas en mente. Una era Victor Ostrovsky y la otra, Ari ben Menashe. «Encuéntrelos. Tráigalos», ordenó Mohammed al Fayed. Y en ese momento no era sólo la estampa de un faraón.

Me llevó una semana dar con ellos. Ostrovsky vivía en Arizona; sólo hablaría conmigo a través de un intermediario, un periodista que trabaja para una revista árabe. Al final Ostrovsky tuvo una conversación con Mac Namara que a nada condujo. Ari ben Menashe había regresado de África cuando lo llamé a Montreal. Le conté mi encuentro con Al Fayed y dijo: «No es del todo ilógico lo que cuenta. Hasta ahí ya lo sabíamos nosotros. Hubo una fuerte presencia de los servicios alrededor de Diana y Dodi el día de su muerte».

Acordó encontrarse con Al Fayed en Londres a principios de abril. El relato de su encuentro es similar al mío. Ben Menashe, un hombre de modales inmejorables, se sintió francamente horrorizado por el lenguaje agresivo que Al Fayed utilizaba para atacar a los miembros de la familia real. A pesar de todo, convino en seguir investigando en Tel Aviv para ver si se podía agregar algo a la información publicada en la primera edición de este libro.

Diez días después, se reencontró con Al Fayed en su oficina de Harrods y le dijo que un buen número de servicios de inteligencia podrían tener que responder por el caso. Ben Menashe agregó que pondría a su equipo a trabajar con mucho gusto; sugirió unos honorarios de 750.000 dólares anuales más gastos.


Algunos colegas de Maurice creían que el intento de reclutar a Henri Paul era una prueba añadida de que el Mossad estaba fuera de control: realizaba operaciones internacionales en forma irresponsable sin tener en cuenta las posibles consecuencias para sí mismo, para Israel, para la paz en Oriente Medio y, fundamentalmente, para la relación con su aliado más antiguo y cercano, Estados Unidos. Varios oficiales alegaban que desde que Benyamin Netanyahu se había convertido en primer ministro en 1996, las cosas habían empeorado.

Un miembro veterano de la comunidad de inteligencia israelí ha dicho: «La gente está viendo que con frecuencia quienes trabajan para el Mossad son matones disfrazados de patriotas. Eso es malo para nosotros y para la moral, y al final tendrá efectos perjudiciales sobre la relación del Mossad con otros servicios».

Otro oficial experimentado fue igualmente tajante: «Netanyahu se comporta como si el Mossad fuese su propia versión de la corte del rey Arturo; algo nuevo todos los días para no aburrir a sus caballeros. Por eso las cosas se han puesto tan mal en el Mossad. Es necesario hacer sonar una alarma antes de que sea demasiado tarde».


Emad El-Din Mohamed Abdel Moneim Fayed, más conocido como Dodi Al-Fayed, (nacido en AlejandríaEgipto, el 15 de abril de 1955 –muerto en París, Francia, el 31 de agosto de 1997). Era el heredero de su padre, el multimillonario egipcio Mohamed Al-Fayed , propietario de los grandes almacenes británicos Harrods, Fulham Football Club y el Hôtel Ritz (París). Su madre fue Samira Khashoggi, hermana del notorio vendedor de armas Adnan Khashoggi.


Con información de Conspiracy Encyclopedia, Gideon ‘s Spies y El País

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Valle de las Ballenas – Wadi Al-Hitan – Maravillas de Egipto

Wadi Al-Hitan (Valle de las Ballenas), se encuentra en el desierto occidental de Egipto, el sitio retrata vívidamente la forma y la vida de estas ballenas durante su transición de animales de tierra a una existencia marina. Los fósiles muestran ya, la configuración corporal aerodinámica de las ballenas modernas, en ciertos aspectos las formas primitivas del cráneo y la estructura de los dientes.

Hace 40 millones de años Wadi al- Hitan, el Valle de las Ballenas, estaba cubierto de agua y habitado por cetáceos y otros animales marinos, como lo atestigua la gran cantidad de fósiles hallados en sus rocas y arenas, algunos de los cuales han sido fundamentales para explicar la evolución de los antepasados de las ballenas y como transitaron del medio terrestre al medio acuático en la prehistoria.


Wadi al-Hitan es el sitio más importante en el mundo para demostrar uno de los cambios icónicos que conforman el registro de la vida en la Tierra, la evolución de las ballenas. Supera los valores de otros sitios comparables en términos del número, la concentración y la calidad de sus fósiles, y su accesibilidad y emplazamiento en un paisaje protegido. Está de acuerdo con los principios fundamentales del estudio de la UICN sobre los sitios del Patrimonio Mundial de fósiles, y representa los valores importantes que están actualmente ausentes de la Lista del Patrimonio Mundial.

El director del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD) en Egipto, Ignacio Artaza, destaca que Wadi al- Hitan “tiene un valor cultural incalculable y por ello la ONU ha apoyado desde 2005 su desarrollo y su conservación, en colaboración con el Gobierno egipcio”.

Con el establecimiento del museo de Wadi al- Hitan, el primero de este tipo en Egipto y en todo Oriente Medio, se busca convertir el valle en un área nacional protegida con estándares internacionales, para que atraiga el eco-turismo y contribuya a la economía de las comunidades locales.

Wadi al Hitan pretende ser un modelo de parque natural en Egipto, donde ni las autoridades ni los ciudadanos han estado especialmente interesados o preocupados por el cuidado del patrimonio natural y el medio ambiente hasta hace poco.

El Valle de las Ballenas está incluido en el parque natural , declarado oficialmente en 1989, de 1.759 kilómetros cuadrados y en el que se encuentra el oasis de Al Fayum, así como las únicas cascadas permanentes de Egipto y otros atractivos naturales que hacen de este un paraje único.

Su cercanía a la capital lo ha convertido en un destino predilecto para excursiones y escapadas, sobre todo para los turistas locales, pero es el Valle de las Ballenas el que atrae a los visitantes extranjeros. La región tiene una importancia histórica y en ella se han encontrado restos arqueológicos de los antiguos egipcios, de los griegos y los romanos, porque Al Fayum era un lugar de paso entre el valle del Nilo, al este, y los oasis occidentales.


También tienen un valor ecológico destacado por la riqueza de su flora y fauna, entre las que destacan las más de 170 especies de aves, gracias a los dos grandes lagos que hacen que esta zona desértica esté llena de vida.

Con información de El Nuevo Herald   

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El día que los Persas ganaron la batalla con una lluvia de gatos

Tras fallecer el faraón egipcio Amasis II su joven hijo, Psamético III, se haría cargo del reino; un faraón demasiado inexperto que tenía como única misión defender su pueblo y trono de la amenaza persa, cada vez mayor.

El rey Persa Cambises tenía puesto sus ojos sobre Egipto, así pues todo anunciaba una ardua batalla en la que Psamético debería esforzarse al máximo para no sufrir una gran derrota.


La batalla más decisiva de este enfrentamiento fue la batalla de Pelusium, librada en el año 525 a.C. A las puertas de Pelusio, en el Bajo Egipto, las tropas del rey Persa Cambises II se preparaban para dar muerte a todos los egipcios que se pusieran en su camino. Siendo ésta una ciudad bastante importante, no bastaba con tener más hombres que el enemigo: se debía idear una estrategia infalible que minara la moral del enemigo haciendo que poco a poco fueran cayendo uno a uno.

Cambises II estudiaría minuciosamente a su enemigo, y tras ese estudio dio con la solución. Sabía que los egipcios sentían gran respeto por los gatos, pues pensaban que eran imágenes de la diosa local Bastet. Así pues ésta sería la pieza clave de su victoria.

Dos fueron las acciones decisivas que tomó Cambises en esta batalla. Para empezar, sus hombres combatirían con escudos en los que se reflejara la imagen de Bastet. De esta forma, la inmensa mayoría de los hombres egipcios no se atrevieron a pelar. Mientras tanto, los persas aniquilaron a un importante número de hombres.


Habiendo perdido más de la mitad de su ejército, Psamético decidió ordenar una retirada. Muchos lo hicieron con éxito mientras otros intentaron cobijarse en la fortaleza de Pelusio. Cambises, para evitar el asedio, puso en marcha su segunda estrategia. Lanzó una oleada de gatos desde el exterior, algo que los egipcios tomaron como un mal presagio.

No podían entender como Bastet permitía este tipo de acción con un animal tan sagrado, así que decidieron escapar sin mirar atrás. Los hombres que consiguieron evadir el fuego enemigo no pararon hasta llegar a Menfis.

Tras conquistar Pelusio, los persas se dirigirían hasta Menfis. Allí conseguirían hacer caer la ciudad y al mismísimo Psamético III. Éste sería el último faraón de la dinastía XXVI de Egipto, pues a partir de ese momento Cambises sería coronado como faraón y daría inicio a la dinastía persa en Egipto.

Con información de:  Historia General

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