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Palestinos; 69 años de la expulsión

Miles de palestinos conmemoraron este lunes con sirenas y marchas de bajo perfil el aniversario de su desplazamiento hace casi siete décadas.

Cientos de miles de palestinos huyeron o fueron expulsados por la guerra que creó el Estado de Israel en 1948. Sus descendientes ahora son millones y todavía viven en la región.

Las sirenas sonaron el lunes en Cisjordania para recordar los 69 años de lo que los palestinos llaman su nakba, o catástrofe. Los vehículos se detuvieron y los peatones hicieron una pausa en gesto de respeto.

Algunas personas marcharon ondeando banderas y portando llaves y otros objetos que simbolizan su demanda para regresar a lo que ahora es Israel.

Israel dice que nunca aceptará un derecho de retorno, con el argumento de que amenazará al Estado porque diluiría su mayoría judía.

Con información de: La Jornada

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Odio y división en Israel

Mucho se ha hablado de la polarización política que atraviesa el mundo. En Estados Unidos republicanos y demócratas son incapaces de trabajar en conjunto, y la elección del año pasado dejó claro que el país se divide entre el mundo rural y el urbano.

Lo mismo sucedió en la Gran Bretaña a raíz del Brexit y lo mismo se pronostica para la elección de México. Sin embargo estos casos no se comparan con el clima político en Israel hoy en día.

En México el país está polarizado en líneas políticas; en el caso de Estados Unidos se suma la dimensión racial. Dos divisiones existen en Israel; por un lado, la derecha que busca ya sea preservar el status quo en los asentamientos o ocupar más tierra y por el otro lado, el centro-izquierda que está dispuesto a llegar a un compromiso que traiga la paz.

Étnicamente el país está dividido entre judíos askenazis, que provienen de Europa central y del Este y judíos mizrahi que provienen del norte de África y el Medio Oriente.

Aunque buena parte de los Askenazis, en especial los sectores religiosos, votan por la derecha, el campo de centroizquierda está en su mayoría compuesto por askenazis. Los judíos mizrahi, que sufrieron intensa discriminación en las primeras décadas después de su llegada a Israel y que, como resultado de esto, tienden a estar concentrados en áreas pobres y poco desarrolladas, apoyan a la derecha. Es decir que la división étnica es también una división de privilegios y, en cierta medida, una división política.

A estas dos divisiones hay que sumarle la brecha entre el sector religioso, que busca imponer principios teológicos en el gobierno israelí (por ejemplo, impiden que haya transporte público en sábado) y la mayoría secular. Por último, la última línea de división es entre la población judía y la población árabe (20 por ciento de los ciudadanos israelíes).

El resultado de estas divisiones es un ambiente polarización extrema que no se reduce a diferencias políticas, sino que se traduce en expresiones públicas de odio y en episodios de violencia.

La semana pasada se conmemoró en Israel a los muertos en batalla y a las víctimas del terrorismo. Como parte de esto, hubo un evento conjunto entre familiares de víctimas israelíes y palestinas que se reunieron en Tel Aviv para conmemorar juntos su dolor.

Al evento llegaron miles de personas, pero también grupos de choque de corte fascista que trataron de detener el evento con violencia y gritaron a las familias en duelo que eran traidores y deberían abandonar el país. Para un sector importante de la derecha cualquiera que se oponga a su proyecto expansionista es un traidor a la patria, ¿cómo prevenir que todas estas divisiones se tornen en odio y violencia? Se necesita de un liderazgo que, ante todo, ponga al frente los valores democráticos, se manifieste en contra del odio y trate a los ciudadanos como iguales.

En cambio, Netanyahu hace uso de estas divisiones para fortalecerse e incita el odio contra la izquierda y contra los árabes para ganar votos.

Para lograr no sólo la paz con Palestina, sino también la reconciliación del país, Israel necesita más que nunca un cambio de liderazgo.

Por Gabriel Morales Sod
Con información de La Razón

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Tras huir de la guerra, familia siria deja Córdoba y vuelve a Alepo

FAMILIAS. En la imagen, están los Barbar, y parte de los Tuma, que retornan a Siria ©La Voz

Se trata de una de las dos familias de refugiados que hay en Pilar. Llegaron hace 4 meses. Partirán de Córdoba el 11 de mayo.

La última familia de refugiados sirios que llegó a Pilar prefiere volverse a su país y dejar Córdoba, en la que no se imaginan su futuro. El 11 de mayo partirá el vuelo que los llevará nuevamente a Alepo, la ciudad de donde huyeron de la guerra hace cuatro meses.

Un allegado a la familia dijo que se van porque no logran adaptarse al idioma y a la cultura. “Además extrañan y sienten nostalgia”, agregó esta persona que pidió no revelar su nombre.

Tampoco consiguieron independencia económica y les resulta caro vivir en Argentina.

Taufiq Tuma, su esposa y sus dos hijas llegaron a la ciudad cordobesa de Pilar en diciembre de 2016, escapando de las miles de muertes que causa la guerra civil siria que estalló en 2011 y que aún continúa.

Según la persona cercana  a la familia, ellos esperaban encontrarse con otra cosa en Argentina. “Ni Taufiq, que tiene una limitación física por un accidente, ni su mujer, pudieron adaptarse a los trabajos que les ofrecieron”. 

Las dos hijas del matrimonio, en cambio, iban a una escuela local, que abandonaron, ya que volverán pronto a su país.

Taufic Tuma, a través de su traductor, dice que prefiere no hablar de su retorno a Siria.

En una charla con este medio, a principios de abril, Tuma había manifestado que se sentían “solos”.

Difícil

En una nota publicada por La Voz el último 2 de enero, Tuma dijo que no podían regresar porque en Alepo no había agua, ni luz, todo era caro, estaba destruido y no había trabajo.

Un cura tucumano que vive allá, y que ayudó a varios sirios, entre ellos a los Tuma, a venir a Córdoba, les sugirió, por medio de un mensaje de audio enviado por WhatsApp, que no se vuelvan.

“Es una locura que lo hagan. La situación acá están bien jodida”, se escucha en uno de los audios. En otro, el hombre les pide que la sigan luchando y les asegura que en Argentina estarán mejor que en Alepo.

El Gobierno sirio recuperó el control de esta ciudad, que si bien no está siendo bombardeada en este momento, todavía explotan las bombas que los rebeldes dejaron entre los escombros.

A esto lo saben los Tuma, que por Facebook mantienen contacto con parte de la familia que vive allá.

Los Barbar

A Pilar, ubicado a 45 kilómetros de Córdoba capital, habían llegado unos meses antes otros sirios; los Barbar, parientes de la familia que ahora decide regresar. Los Barbar, en cambio, seguirán en Pilar.

Todos llegaron luego que el municipio local hiciera un ofrecimiento a la ONU para alojar a 50 familias.

Los Tuma y los Barbar comparten una casa que les prestan, en el sector sur de la ciudad. La zona es muy distinta  al entorno urbano al que estaban acostumbrados. También tienen un vehículo, que les facilitó un vecino.

La vivienda que comparten fue asaltada hace un mes. Les robaron ropa y los DNI argentinos, que luego recuperaron.

En 2015 llegaron los primeros refugiados sirios a Córdoba. El cónsul Abdala Saddi asegura que hay 20 sirios en la provincia, algunos radicados en el interior. Faten Yalbuj fue la primera refugiada en Córdoba. Tiene familiares argentinos.

Todos los ingresos de los refugiados son gestionados a través del Programa Especial de Visado Humanitario para extranjeros Afectado por el Conflicto de la República Árabe Siria. Se requiere de un “llamante” (argentino), que es el que solicita que se le conceda refugio a una persona o familia. Los Tuma estaban en una situación difícil porque esa persona no aparecía, hasta que un cordobés de Río Segundo se ofreció y los trajo. Y ahora se hizo cargo del pasaje para que puedan volver a su país.

Por Augusto Laros
Con información de La Voz

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