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Seis años de guerra destrozan 50 siglos de historia en Siria

Apamea

A los 300.000 muertos y 10 millones de desplazados, el país suma la pérdida de una herencia patrimonial inigualable.

La vida necesitó 5.000 años para ir dejando en Siria, poco a poco, su herencia hecha piedra. A la muerte sólo le han hecho falta seis para destruir ese legado. El conflicto entre partidarios y detractores del régimen de Bachar el Asad no sólo acumula más de 300.000 muertos, dos millones de heridos y 10 millones de desplazados -según las cifras más conservadoras- sino que, además, arrastra el desgaste e incluso la desaparición de algunos de los principales símbolos del patrimonio nacional, víctimas del fuego cruzado.

La UNESCO (Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura) denuncia reiteradamente que la inestabilidad del país es “letal” también en el plano histórico y artístico, que está recibiendo un “duro golpe”, y reclama a leales, rebeldes y yihadistas que cumplan con la Convención de La Haya, que exige la preservación de los bienes culturales en tiempo de guerra. Nadie atiende a razones por las piedras, si ni siquiera lo hacen por los civiles inocentes que caen a cientos cada día.

Nada Hassan, responsable de la UNESCO para países árabes, repite desde 2011 que los principales problemas que afrontan son la destrucción de sitios históricos, el saqueo o el pillaje y los robos en museos. Los seis espacios catalogados como Patrimonio de la Humanidad –las ciudades viejas de Alepo, Bosra y Damasco, más los “pueblos del norte”, las fortalezas del Crac de los Caballeros y Qusr Al Hayr y las ruinas de Palmira– están ahora en la lista de bienes en peligro y los 12 aspirantes a lograr, en los tiempos en los que Siria era un importante destino turístico de Oriente Medio, esta distinción han resultado todos dañados en este tiempo.

Sednaya

Los fondos de los 34 museos nacionales han sido trasladados a refugios seguros, según ha confirmado el Gobierno sirio, pero algunos ya habían sido atacados y aún se desconoce qué se ha perdido en este intervalo. Nadie de Naciones Unidas ha podido entrar en el país y verificar esta protección, lo que añade aún más incertidumbre sobre la realidad en el terreno. Las imágenes de satélite y los testimonios de fuentes y refugiados son los que permiten aproximar el diagnóstico.

El Fondo de Patrimonio Mundial (Global Heritage Fund) ha emitido sucesivos informes en estos seis años de batalla en los que habla, directamente, del “daño al alma” de Siria que se está generando con su pérdida de riqueza cultural. Un país que ha sido hogar deseado desde la edad del bronce por pueblos como los babilonios, los asirios, los hititas, los griegos, los sasánidas, los persas, los romanos, los árabes, los cruzados, los otomanos… y de cuyo paso cada vez queda menos recuerdo palpable.

Todos los vestigios de Siria están en peligro, indica la UNESCO. Muchos de estos espacios han estado en primera línea de batalla, escenario del choque entre las tropas de Asad, los disidentes armados y los islamistas. Los castillos, mezquitas o villas reciben en estos choques impactos directos o son usados como refugio, zona de acampada y almacén de municiones. No es que estén en medio del fuego, es que por este uso indebido son una diana más.

En marzo de 2011, cuando comenzaron los primeros levantamientos populares contra el régimen de Damasco, trabajaban en el país 78 equipos de arqueólogos, con amplia presencia europea, indica la UNESCO. Ninguno queda ya sobre el terreno. Su labor profesional y cuidada ha sido sustituida por al menos 400 excavaciones ilegales corroboradas por el Observatorio Sirio por los Derechos Humanos, un grupo opositor instalado en Londres que cuenta con informadores en el país.

Estos son algunos de los tesoros perdidos en esta guerra que ya enfila, sin compasión, su séptimo año.

Palmira

PALMIRA

Es conocida como la Perla del desierto o la Novia del desierto, una ciudad que ha sido durante siglos uno de los centros culturales más importantes del mundo antiguo, el reino de Zenobia. Palmira fue punto de encuentro de las caravanas en la Ruta de la Seda pero en los últimos años lo que se ha visto por allá ha sido a miembros del Estado Islámico y del Ejército sirio, peleando por el control de sus calles modernas y de sus impresionantes restos.

La ciudad aramea, de una avanzada arquitectura, se remonta al segundo milenio antes de Cristo y, más tarde, evolucionó a través del período grecorromano y el persa, dejando sedimentos de ambas culturas, algo que sucede en muy pocos lugares del planeta. La destrucción del Arco de Triunfo de Palmira por parte del ISIS, en octubre de 2005, ha sido una de las grandes catástrofes desde el punto de vista cultural, toda vez que sus orígenes se remontan a más de 2.000 años atrás. El Daesh también había hecho explotar tres torres funerarias del siglo I después de Cristo y el templo de Bel.

El Crac de los Caballeros

CRAC DE LOS CABALLEROS

Esta fortaleza del este de Siria, declarada la década pasada Patrimonio de la Humanidad, es uno de los mejores ejemplos arquitectónicos de la época de las Cruzadas. Construida durante el siglo XII, había logrado superar innumerables ataques enemigos, hasta que en 2012 y 2013, los combates aéreos y de artillería lograron destrozar buena parte de sus murallas.

Aunque las primeras imágenes de televisión mostraron la estructura casi completa, luego se localizaron impactos de mortero en la base del edificio y también en una de sus torres, “seriamente dañada”, indican los disidentes Comités Locales de Coordinación. Sostienen que en los alrededores hay “cuantiosos escombros”, retirados del interior.

Alepo

ALEPO

Alepo es, sin duda, una de las ciudades más castigadas por los enfrentamientos de los últimos seis años. Era la urbe más grande y más poblada del país, más incluso que Damasco, la capital. Su historia se remonta al segundo milenio antes de Cristo, por lo que su Ciudad Vieja es Patrimonio de la Humanidad desde 1986, como crisol de todas esas culturas que han dejado su huella. Entre las mayores pérdidas de Alepo destaca la destrucción de la Gran Mezquita Omeya, una de las mayores del mundo. Su minarete, que data del siglo XI, fue totalmente eliminado en 2013 y otras partes de la construcción, como paredes y patios, has sufrido desperfectos de enorme consideración.

Según EFE, el 60% de su mercado medieval y sus mezquitas ha sido destrozado o quemado en la guerra. El llamado Zoco de Alepo, el mercado cubierto más grande del mundo, se extendía desde la Edad Media a lo largo de una docena de kilómetros. La catedral armenia de los Cuarenta Mártires, un emblemático templo del siglo XV, con una torre de campanario considerada como un ejemplo único de arquitectura barroca en la ciudad, también ha sufrido importantes daños. La ciudadela de Saladino, por su parte, ha sufrido finalmente menos daños de los esperados porque fue una especie de cuartel general de las tropas del régimen en este tiempo.

La jefatura del Departamento de Antigüedades de Siria sostiene que un 40% de la ciudad está en buenas condiciones, un 30% tiene daños restaurables y otro 30%, daños “catastróficos”. Muchos de estos últimos se han producido en edificios históricos, dada la lucha calle a calle, cuerpo a cuerpo, en la zona vieja. Los primeros 25 arquitectos entraron el mes pasado en la ciudad para revisar los daños y hacer balance.

Hama

HAMA Y SUS NORIAS

Las Norias de Hama, situadas en el río Orontes, son un ejemplo impresionante de la ingeniería hidráulica a lo largo de la historia, y hasta ahora, eran también uno de los principales reclamos turísticos de la ciudad, que lleva seis años en los titulares del mundo por las reiteradas matanzas del régimen. “Las más espléndidas norias jamás construidas”, se les llama. A pesar de que en su momento llegó a haber más de 30 de estas norias, hasta 2014 se conservaban 17, cuando según arqueólogos sirios, algunas de estas espectaculares construcciones de madera fueron quemadas. El Gobierno sirio no ha aclarado cuántas quedan en pie.

Bosra

BOSRA

Al sur de Siria se encuentra la ciudad de Bosra, que fue en su día la antigua capital del imperio árabe romano. Su importancia comercial fue enorme y llegó a contar 50.000 habitantes.

Entre sus joyas más preciadas figuran un espectacular teatro romano del siglo II, ordenado construir por el emperador Trajano, ruinas romanas y bizantinas y mezquitas. El teatro ha sido objeto de ataques de morteros y desde 2014 se usa para ocultar fosas comunes.

HOMS

Homs, una de las ciudades más castigadas desde el inicio de la contienda, ha visto convertir en escombros uno de sus edificios más emblemáticos: la Mezquita de Kalid ibn al-Walid. Construida en el siglo VII, se dice que en ella descansan los restos del caudillo musulmán que le da el nombre, muy venerado en la zona. Fue pasto de los bombardeos en 2013, porque se convirtió en un símbolo de los opositores, después de que se celebrasen en este edificio algunos entierros masivos que acabaron en cargas policiales y muertos. Hoy está parcialmente dañada y sin reconstruir.

DEIR EZZOR

Siria también ha perdido monumentos más recientes, pero que eran únicos. Deir Ezzor, por ejemplo, albergaba un puente colgante famoso en todo el país, construido a finales de los años 20 del siglo XX por ingenieros de Francia. Convertido en un paso peatonal sobre el río Éufrates, ha conectado durante décadas el Levante con la Alta Mesopotamia, pero quedó notablemente dañado en 2013.

El Fondo de Patrimonio Mundial añade más nombres al desastre: la ciudad de Apamea y sus murallas medievales, los monasterios de Seydnaya y Santiago El Mutilado, de la época de Justiniano… Ha habido saqueos en los museos de Homs, Gama, Deir Ezzor e Idlib (capiteles, ánforas), en Apamea (ha habido mosaicos arrancados con excavadoras) y Raqqa (donde faltan esculturas de hace 3.000 años y donde islamistas del ISIS, Estado Islámico de Irak y Levante, al mando en la zona, han destruido material que han considerado “ofensivo”).

Por Carmen Rengel
Con información de El Huffington Post

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Afganistán, donde sólo hay guerra encontré paz

Hoy ha sido mi último día de guardia. Tres meses aquí y no lo creo, ha sido una experiencia única. Cuando llegué, el hospital era diferente y no es que en este tiempo haya cambiado, es solo que ahora lo siento parte de mí, le tomé cariño, igual que a la gente que trabaja en él.

A las señoras de limpieza que me saludan cada día con una sonrisa cuando llego al hospital, que me toman la mano, me abrazan y hacen que al entrar al hospital empiece el día con una sonrisa. A las comadronas que visten sus uniformes azules y sus velos. Algunas usan un piercing en la nariz. Aunque cubren su cabello dejan ver sus aretes y van siempre gritando de un lugar a otro, amables y alegres.

También me he encariñado con las pacientes y sus familiares. Ahora ya no me resulta tan extraño encontrar a las abuelas y suegras sentadas en el piso de la entrada de la sala de partos con los recién nacidos entre las piernas, envolviéndolos con mantas y amarrándolos con un lazo de colores que mágicamente hace que dejen de llorar. Es todo tan diferente a México, donde las madres no quieren ni que les de el aire a sus hijos.

Las pacientes con sus vestidos y velos. Casi todas con dibujos de jena en las manos y las plantas de los pies. Alguien me dijo que era una tradición para estar preparadas para la muerte pues nunca se sabe lo que puede pasar. Otros dicen que es solo por estética. Las pacientes casi nunca sonríen. Están serias, ocultan su dolor, algunas solo gritan cuando dan a luz, y otras permanecen calladas junto a sus acompañantes, generalmente las madres de sus esposos.

Cuando paso consulta y las reviso me gusta darles la mano, acariciarles la cara y, aunque no hablamos el mismo idioma, creo que nos comunicamos. Me sonríen y tratan de decirme cosas que casi nunca entiendo, solo puedo saber lo que dicen cuando alguna traductora o colega afgana hace de intérprete.

Muchas veces dicen que rezarán por mí, que soy buena doctora. En ese momento siento que todo vale la pena. Cuando estamos en la sala de parto me gusta tomarlas de la mano y acompañarlas mientras superviso el trabajo de las doctoras o comadronas. Cuando termina y tienen a su bebé, me abrazan, me acarician la cara y sonríen. Nunca pensé que en este país, donde todo el mundo piensa que solo hay guerra, podría encontrar tanta paz y satisfacción.

Al principio, las doctoras me trataban con cierta distancia. Ahora creo que confían en mí, siento que somos un equipo. Me preguntan cosas y discutimos sobre los casos y tratamientos. Creo que también he podido transmitir parte de mi experiencia sobre cómo tratar a las pacientes. No se trata solo del manejo clínico, sino también de reconfortarlas, de hacerlas sentir bien y en confianza; de acompañarlas en un proceso tan importante como el nacimiento de un hijo o una hija.

Tengo ganas de regresar, de volver a Afganistán y a Khost, un proyecto que ocupará un lugar importante en mi memoria porque esta ha sido mi primera misión con MSF y aquí  empecé a cumplir mis sueños. Espero que sea la primera de muchas más salidas a terreno. Me encanta mi trabajo, lo disfruto y me llena de satisfacción ahora más que nunca, porque siento que estoy aportando un granito de arena a este mundo que parece ir de cabeza.

Por Elia E. Martínez Mercado, ginecóloga del proyecto de maternidad de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Khost, Afganistán.
Con información de: El blog solidario

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Marwan Barguti, la política desde prisión

Marwan Barguti

Desde hace más de una década el controvertido líder de Al Fatah, Marwan Barguti, consigue hacer política desde prisión, en esta ocasión movilizando a 1.500 presos en una huelga de hambre que vuelve a retar a Israel y también al liderazgo palestino.

Su popularidad aumentó con su ingreso en la cárcel en 2002 y sigue representada en el inmenso y emblemático grafiti de su rostro junto al de Yaser Arafat, padre del nacionalismo palestino, en el puesto militar de Qalandia que une Jerusalén con la localidad cisjordana de Ramallah.

Barguti nació en 1958 en la villa de Kobar, cerca de Ramallah, y fue un activo miembro del movimiento Al Fatah desde la adolescencia, cuando comenzaron sus recurrentes ingresos en la cárcel y custodias con interrogatorios.

Incluso tuvo que retrasar en varias ocasiones su boda con Fadwa, que dio a luz al primer de sus cuatro hijos cuando él estaba en prisión.

Con 15 años fue encarcelado por primera vez y con 18 fue “desnudado y golpeado en los genitales” durante un interrogatorio de las fuerzas de seguridad israelíes, según relató él mismo en la carta publicada el domingo en “The New York Times”, que ha levantado una intensa polvareda en Israel al ser presentado por el diario como “líder y parlamentario”, obviando que cumple prisión por asesinato.

“Llamar a Barguti ‘líder político’ es como llamar a (Bachar) Al Asad ‘pediatra’. Son asesinos y terroristas”, declaró el primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu.

Durante su primera estancia en la cárcel, Barguti aprendió hebreo y en otra de sus excarcelaciones, en 1983, comenzó a estudiar una licenciatura de historia y ciencias políticas en la Universidad de Birzeit que tardó once años en terminar, por sus constantes exilios a Túnez y Líbano.

Fue deportado a Jordania tras su implicación en el comienzo de la Primera Intifada (1987-1993), hasta que la aprobación de los Acuerdos de Oslo, en los años 90, le permitió regresar.

El periodista israelí Ben Dror Yemini, que declaró haber sido su amigo durante esa época, le califica como “uno de los primeros defensores de aquellas negociaciones”, pero pronto se sentiría decepcionado, al considerar que “Israel estaba incumpliendo sus compromisos” con la incesante construcción de colonias en territorio palestino.

En 2002 fue apresado y en 2004 condenado a cinco cadenas perpetuas por participar en el asesinato de cinco israelíes -de los veintiuno que se le imputaban- y a 40 años de prisión por intento de asesinato durante la Segunda Intifada (2000-2005).

Fue acusado de planificar y cometer atentados y de estar vinculado a Tanzim, facción armada del movimiento Al Fatah, y a las brigadas de los Mártires de Al Aqsa, aunque él lo negó y rechazó siempre la legitimidad de Israel para enjuiciarle.

A diferencia de los palestinos que suelen ser juzgados en cortes militares, la condena de Barguti fue impuesta por un tribunal civil, debido a la presión internacional, que exigió garantías en el proceso.

Desde prisión, Barguti medió en una tregua entre grupos armados e Israel en 2003, anunció la creación del nuevo partido político Mustakbal en 2005 y marcó líneas políticas en distintas direcciones.

Este controvertido personaje es también capaz de acumular cargos desde su celda: es miembro del Consejo Legislativo palestino (Parlamento) desde 1996, reelegido en 2006, y recientemente renovó su puesto en el Comité Central de Al Fatah, máximo órgano del partido.

Ha sido comparado por medios y activistas con el sudafricano Nelson Mandela y no son pocos los sectores, también entre los israelíes, que creen que sería más útil fuera que dentro de prisión.

El expresidente de Israel Simón Peres, fallecido en 2016, llegó a manifestar que se plantearía firmar su indulto, una propuesta que recibió un contundente rechazo del Parlamento israelí (Knéset).

Visto por muchos como sucesor de Arafat y ahora del presidente palestino, Mahmud Abás, Marwan Barguti sigue siendo la única figura palestina a la que se le confiere autoridad para unificar las diferentes facciones y mantener un diálogo con Israel.

Barguti no ha participado de manera activa en las huelgas de hambre protagonizadas por otros presos palestinos en los últimos años, por lo que los comentaristas locales especulan con las motivaciones personales que le han llevado a promover esta protesta.

Acusado de querer posicionarse en la esfera pública, su hijo Kasam refutó estas opiniones y sostuvo que ganó las pasadas elecciones internas en Al Fatah “sin tener que involucrarse en una campaña personal o una huelga.”

Lo cierto es que, a falta de un rival político, Barguti consigue mantener su liderazgo desde la celda.

Con información de Terra

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