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El nuevo rostro del enemigo – Metamorfosis de los videojuegos

Captura de pantalla del juego Call of Duty: Black Ops II donde se muestra un grupo de muyahidines interrogando a un militar. Todos ellos vestidos de manera tradicional y con barbas

Sana Helwâ, (Feliz Cumpleaños), David!

Los terroristas son los nuevos rusos. El enemigo de todos. Cualquiera que haya visto una película de acción en los últimos 15 años lo habrá notado. Pero no cualquier terrorista, no. Para entrar dentro del ideal terrorista de la cultura popular actual occidental ha de tener dos rasgos definitorios: ser árabe y musulmán. Esta trilogía de conceptos, árabe–musulmán–terrorista, es la Santísima Trinidad de la concepción del mal en películas, series, novelas y videojuegos.


El nuevo enemigo

Antes del 11 de septiembre de 2001 no era raro ver a John Rambo luchar junto a muyahidines afganos. Tampoco era raro encontrar a estos muyahidines en el Despacho Oval de la Casa Blanca rodeando a Ronald Reagan. Pero a partir de esta fatídica fecha el espejo se dio la vuelta y los muyahidines, los luchadores fundamentalistas por la religión islámica, se convirtieron en el enemigo. El Imperio necesitaba un nuevo otro, un nuevo discurso, una nueva narrativa para justificar su posición en el mundo enterrado ya el imperio soviético, y la encontraron en el otro lado del mundo. De hecho, este mecanismo no es excepcional, pues todos los países han hecho lo mismo, fabricar un enemigo para crear una identidad común.

Captura de pantalla de Medal of Honor, juego ambientado en Afganistán

Deshumanizar al enemigo, ese es el fin

Lo que sí es único dentro de la lógica cultural estadounidense es el uso de la cultura popular para justificar sus doctrinas ideológicas. El caso del videojuego es el más claro de todos, y dentro de ellos los juegos de disparos son los más definitorios. El jugador, en estos juegos, no siente pena ni vergüenza en segar la vida de todos aquellos que aparezcan en pantalla porque supone, que todos los que aparecen en la pantalla quieren arrebatarle la vida. Son las reglas del juego. Las mismas reglas se aplican a la representación de los enemigos con los que tiene que acabar.

Deshumanización del enemigo: no se ve ni una sola cara. Captura de pantalla de Army of Two

Juegos como The Division (2016), Call of Duty: Modern Warfare 2 (2009) en concreto, pero toda la saga en general, Battlefield 3 (2011) y su continuación, Battlefield 4 (2013), Army of Two (2008) y un largo etc., esconden los rostros de los enemigos con máscaras, pañuelos y cualquier otro elemento. Esto, tan simple pero a la vez tan útil, deshumaniza al enemigo. No estás acabando con la vida de tu primo, no estás acabando con la vida de un ser humano, estás acabando con la vida del enemigo, de aquel que de no ser por tus balas te cortaría la cabeza y la agitaría al viento. Es más, cuando acabas con ellos al cabo del tiempo desaparecen, no están, el escenario queda limpio, sin rastros de la batalla. No son humanos, no son personas. Son, sencilla y simplemente, otros.

Salomon de Battlefield. Su plan es, literalmente, “to set fire to the world”. Captura de pantalla de Battlefield

El enemigo no tendrá razón ni argumento

Pensemos en las razones que esgrimen los terroristas en los videojuegos para matar, pensemos. Una, dominar el mundo, dos, hacerse ricos, tres, acabar con cuantos puedan por el camino. Por ejemplo, en Battlefield 3, mencionado antes, el malo de la película es un tipo llamado Solomon. ¿Qué busca este Solomon? Atacar París y Nueva York con armas nucleares. ¿Por qué? No lo tenemos muy claro. Sabemos que antes era un agente de la CIA pero fue expulsado del cuerpo, y para vengarse de esta injusticia se le ocurre un plan, tirar dos bombas atómicas rusas en Europa y América y sentarse a comer pipas mientras ve el mundo arder.


Nosotros, por otro lado, tan solo sabemos que hay que detenerlo y si por el camino nos llevamos a un número similar o parecido a los que causarían las bombas no pasa nada porque nosotros somos los buenos. Generalizando, este es el mismo esquema narrativo de todos los títulos y sagas occidentales que tratan el tema a excepción de Spec Ops: The Line (2008).

El enemigo siempre será violento

Cuando aterricemos en un país extranjero, sin pedir permiso y violando cualquier tipo de soberanía nacional, hecho recurrente en los videojuegos de disparos ambientados en el Gran Medio Oriente, nos recibirán con una ráfaga de tiros, esto es una regla. En juegos como Call of Duty: Modern of Warfare 2, también mencionado antes, los tiros y las balas nos rodearán nada más poner el pie en la ciudad donde transcurre el Acto I, sin más conversación. En Battlefield 3 ocurre exactamente lo mismo, como ocurre en juegos como Medal of Honor: Warfighter (2012), Medal of Honor (2010), Call of Duty: Advanced Warfare (2014), Call of Duty: Black Ops II (2012), Call of Duty: Modern Warfare 3 (2011), Call of Duty: Modern Warfare 2 (2009), Battlefield 2: Modern Combat (2005), Battlefield 3 (2011), Army of Two (2008) o Metal Gear Solid V: The Phantom Pain (2015), por nombrar únicamente los más conocidos.

La llegada a una ciudad afgana y el comienzo, inmediato, de un tiroteo. Vídeo de Call of Duty 6 Modern Warfare 2.

El enemigo nunca es civil, siempre es militar

Los países que visitaremos mientras acabamos con la vida de terroristas están vacíos, no vive nadie en ellos, no hay taxistas, madres, padres e hijos, no hay nadie, solo terroristas. ¿Dónde están? ¿Por qué no aparecen? ¿Son vergonzosos? De nuevo volvemos a la trilogía conceptual que mencionamos antes, árabe– terrorista–musulmán. Si esta es nuestra regla de oro ¿cómo vamos a mostrar a árabes profesores, médicos, cirujanos, arquitectos, etc.? No podemos mostrarlos porque recordad lo que intentamos demostrar, los otros son violentos por naturaleza. Por esta razón nos olvidamos de la sociedad civil. También, por supuesto, para que el jugador no se sienta culpable de acabar con la vida de civiles.


En Call of Duty: Modern Warfare 2 hay una escena donde se produce una masacre de civiles rusos en un aeropuerto. En Rusia esta escena fue censurada por razones evidentes, pero en el resto del mundo se produjo una ola de indignación y lamentos que llevó a la propia desarrolladora a pedir disculpas y arrepentirse de introducir civiles en el videojuego. También introdujeron en el propio juego una señal de advertencia para los jugadores. El estudio les advertía que iban a presenciar unos hechos “desagradables”. Por supuesto, nunca jamás volvieron a cometer el error de representar civiles en un juego sobre terroristas y contraterroristas. Sobre el resto de las muertes del juego nadie dijo nada.

Imagen de una ciudad representada en el juego Call of Duty: Modern Warfare 4. Solo se ve la desolación

Los países donde viven los terroristas no son países, son escenarios de guerra. No existen gobiernos ni administraciones, como hemos mencionado, no existe sociedad civil ni estado de derecho. Los países, algunos reales, otros inventados, son un sencillo escenario desde donde disparar a todo aquel que se mueva. De hecho, muchos juegos que versan sobre actos terroristas y contraterroristas ni tan siquiera se desarrollan en países reales, sino en una entelequia que une los tres conceptos clave, árabes–terrorismo–islam, como War in the Gulf (1993), Delta Force (1998), Conflict: Desert Storm (2002), Full Spectrum Warrior (2004), Kuma/War (2004), Conflict: Global Terror (2005), Alpha Protocol (2010), Call of Duty 4: Modern Warfare (2007) y Counter-Strike: Global Offensive (2012).

Las fuerzas de oposición

Otra evidencia más sencilla de este problema es que nunca, nunca jamás, podremos jugar con un nativo de cualquier país de mayoría musulmana. Una de las veces que esta senda se abrió fue en el juego Medal of Honor (2010). Fue tal la controversia que formó que nunca más se ha vuelto a experimentar con ella. En este juego, en el apartado multijugador, se permitía al jugador encarnar al bando talibán en un clásico juego de policías y ladrones. En pocos días ministros de Canadá, Gran Bretaña, Suecia, etc., pusieron el grito en el cielo y en unos pocos días también la fuerza talibán en el apartado mulitjugador pasó a denominarse “fuerzas de oposición” y a conformar una especie de marca blanca terrorista.

Invención de países. Bandera de Adjikistan, país inventado para el juego SOCOM U.S. Navy SEALs

En concreto tres, Irak, Afganistán y Pakistán. Estos tres países y en especial los dos primeros se han vuelto un sinónimo de terrorismo, un infierno en la Tierra. Si buscamos en Wikipedia listas de videojuegos ambientados en el Gran Medio Oriente podremos comprobar que ganan por mucho a todos los demás. En cambio otros países también azotados por la lacra del terrorismo internacional como Nigeria, Libia, Argelia, Angola, Burkina Faso, Camerún, etc., ni son nombrados ni tenidos en cuenta.

La lógica es evidente, ya que son estos países los que aparecen todos los días en nuestras pantallas mientras comemos, siempre asociados a actos terroristas, y por lo tanto al jugador no le va a extrañar visitarlos con el fin de aniquilar terroristas.

Las palabras islam y terrorismo irán siempre ligadas

Si nos centramos en los enemigos de todos los juegos mentados, todos ellos pertenecen a países de mayoría musulmana y todos ellos, por supuesto, abrazan la fe islámica. Los videojuegos, como todas las percepciones culturales occidentales de los países de mayoría islámica, no entienden a un árabe, sirio, persa, marroquí, etc., laico, ateo o no practicante. Todos son musulmanes, es un hecho. No se representan por sus nacionalidades, sino por su fe, de manera que las mujeres aparecerán con hijab, burkas, etc., y, si son hombres, la tendencia en moda es la barba larga y los vestidos típicos del país donde estemos.


Estas construcciones de discursos, narrativas o relatos responden a una clara intención, construir otro, un enemigo común sobre el que erigir nuestra propia identidad. Sin embargo podemos llegar a preguntarnos ¿esto es útil? ¿Acabar con la vida de todo aquel que se nos cruza en un videojuego con un moreno diferente al nuestro refuerza nuestra identidad? Podríamos pensar que sí, podríamos pensar que no, son las dos opciones, pero si nos atenemos a estudios ya realizados las conclusiones son claras: ayuda a la percepción del ejército y su valoración como elemento útil para la sociedad, como demuestran en el libro “Joystick Soldiers: The Politics of Play in Military Video Games” . Sin embargo, no ayudan a la lucha contraterrorista, como también demuestra el juego The Slippery Slope to Violent Extremism , un videojuego creado por el FBI para ayudar a la lucha contra el terrorismo fundamentalista islámico, pero que ha servido para todo lo contrario. La obra del FBI ha sido criticada con dureza por una gran cantidad de medios. El juego intenta que comprendamos la lógica de caer en las garras del fundamentalismo islámico terrorista, pero por el camino nos presenta un farragoso sistema de juego que no ayuda ni explica nada.

En otro orden de cosas, las representaciones terroristas no ayudan en nada a derribar prejuicios. El islam carga en la actualidad con una fortísima crisis de identidad y, sobre todo, de imagen. Dentro del imaginario colectivo occidental se mezclan las nociones y los conceptos que se emborronan y permiten que la trilogía que nos ha guiado en todo nuestro texto siga vigente. De esta manera se perpetúan las imágenes colectivas que portamos de Oriente Medio porque, además, no permitimos otras imágenes en nuestros aparatos, como demuestra la prohibición de distribución del juego Lylia en la plataforma digital de Apple.

Este juego, en un estilo muy similar al conocido Limbo (2010), fue desarrollado por Rasheed Abueideh, palestino de nacimiento, y narraba el día a día de una niña en la franja de Gaza. Apple, rápidamente, lo canceló argumentado que no era un juego, sino un manifiesto político. Tras duras críticas a la empresa californiana, esta reculó y permitió la publicación de Lylia en su plataforma bajo la etiqueta de juego. Pero no es el único caso. Existen juegos desarrollados en Arabia Saudí que no tienen ningún tipo de presencia en los mercados occidentales, cosa que por supuesto puede deberse a la inherente calidad del juego, pero también a otras cuestiones culturales.


Perpetuando estereotipos

En definitiva, todos estos juegos no ayudan a acabar con el terrorismo fundamentalista islámico. Lo único que hacen es perpetuar estereotipos. Para acabar con el terrorismo solo es necesario hacer una cosa, una cosa difícil, muy difícil, que es examinar sus críticas o sus razones, sean estas válidas o no, y darles la vuelta. Como explicaba Ahmed Rashid, uno de los mayores expertos del mundo en Oriente Medio y los movimientos fundamentalistas islámicos, en una reciente conferencia en la Casa Árabe de Madrid , la única forma de acabar con el fundamentalismo islámico terrorista es ofrecer otro discurso atractivo, otra forma de percibir al otro, y desde luego, estos videojuegos no ayudan en nada a esta causa.

Con información de Vice

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Oda a Farris, o la vuelta del paladín

A nadie se le permite entrar o salir de la franja de Gaza. Está cercada con alambre de púas, sus puertas tienen cerrojo, e incluso con la documentación en regla, uno no puede visitar la prisión de alta seguridad más grande del mundo, hogar para más de un millón de palestinos. El ejército israelí, una fuerza militar de leyenda, se ha convertido en una mera administración carcelera. Las tácticas del IDF, (Israeli Defence Force), fueron formuladas en los años 30, “No tienes que matar a un millón, sólo a los mejores, y el resto se acobardará”. Este método fue aplicado primeramente por los británicos con la ayuda de sus aliados judíos durante el levantamiento palestino de 1936.

Desde entonces, miles de los mejores hijos e hijas de esta tierra, la élite potencial palestina, han sido exterminados Una vez más, el ejército israelí está siendo usado para implementar el mismo “Plan Maestro”, disparando de una manera rutinaria a los rebeldes potenciales, para acobardar a los nativos inquietos.

Su trabajo es fácil: el ejército más grande y más potente del Medio Oriente, una importante potencia nuclear, tiene todas las armas disponibles en el mundo 1, mientras que los palestinos encarcelados sólo tienen piedras y armas ligeras.

Recientemente, los israelíes interceptaron una embarcación llena de armamentos camino a Gaza. El ejército lo consideró como una gran victoria pero expresó “preocupación”. Tienen razón en preocuparse. Desde 1973 el ejercito israelí casi nunca ha tenido que preocuparse de que les respondan haciendo fuego. Los soldados judíos se acostumbraron a trabajo fácil. Prefieren disparar a niños desarmados.

Gaza es una realidad de ciencia-ficción, que recuerda a alguna de aquellas películas tipo “B” sobre los Planetas-Prisión.


Su alambradas con púas guardan un secreto: la voluntad irrompible de su pueblo. Es un escenario de películas tipo “B” pero sus hombres y mujeres son de primera categoría.

Este mensaje secreto salió de Palestina encarnado en un niño de 13 años, Farris Oda. Él fue el joven David palestino que vimos confrontando al Goliat judío en las afueras de Gaza en la foto inmortal del fotógrafo de AP Laurent Rebours. Farris el Valiente tirando sus piedras al monstruo armado con la gracia de San Jorge, el querido santo palestino. Se enfrenta al enemigo con la elegancia de un muchacho pueblerino espantando a un perro feroz. La foto fue tomada el 29 de Octubre, y unos días mas tarde, el 8 de noviembre, un francotirador judío lo asesinó a sangre fría.

Farris Oda deja atrás la foto de un héroe, un nombre del que hablar como si fuera Gavroche, el niño rebelde en las barricadas parisinas de la novela de Víctor Hugo Los Miserables, un símbolo del espíritu humano irreducible e invicto. El salió de otra época, la edad aquella en que “heroísmo” no era una mala palabra, cuando los hombres iban a la guerra dispuestos a luchar y morir por una causa noble.

Su nombre simbólicamente significa “Paladín”, y su apellido “La vuelta de”. Su imagen evoca verdaderamente la idea del retorno de los caballeros galantes de antaño. Su espíritu es algo totalmente ajeno al hedonismo comercial barato, la ideología principal de nuestra época, suministrada abundantemente por la cultura pop norteamericana.

El legado de Farris es una señal del fallo del Plan Maestro de Israel. Este joven rebelde nació bajo la ocupación militar israelí y murió desafiando a los soldados del IDF. Este mensaje de esperanza no fue entendido inmediatamente por los amigos de Palestina, porque nos hemos acostumbrado a la idea del sufrimiento palestino y su martirio. En nuestros escritos, copiamos inconscientemente, el enfoque más bien afeminado de presentar a los de “nuestro bando” como víctimas desafortunadas merecedoras de compasión y lástima. Lo último que deberíamos sentir hacia los palestinos es lástima. Admiración, amor, solidaridad, culto al héroe y hasta envidia, pero lástima no. Si sientes pesar por ellos, entonces deberías sentir también lástima por aquellos trescientos guerreros del rey Leónidas, que cayeron defendiendo el desfiladero de Termópiles, o por los soldados rusos que eran lanzados contra los tanques con sus propios cuerpos como único escudo, o incluso por Gary Cooper el héroe de “High Noon”. Por los héroes no se debe sentir lástima, son un ejemplo enaltecedor para nosotros.

Al comienzo no supimos emplazar la imagen de Farris correctamente. La narrativa del sufrimiento clamaba por la foto de un Muhammad Dorrah agachado, muriendo enfrente de nuestros ojos, un niño para acompañar a la pequeña niña vietnamita huyendo desnuda del infierno del napalm.

La imagen de la “vuelta del paladín Farris Odah” pertenece a un grupo de iconos diferentes: el de los héroes.

Su puesto es uno cercano al de los marinos en Iwo Jima, o en una iglesia al lado de su compatriota, San Jorge. Después de todo, el santo guerrero fue martirizado y enterrado en el suelo palestino, no lejos de Farris, en la cripta de la vieja iglesia Bizantina de Lydda.

Los adversarios de los palestinos entendieron esta realidad mejor que sus amigos en Nueva York. La prensa norteamericana dominada por los judíos no escatimó ningún esfuerzo para borrar la imagen de Farris, ya que fueron incapaces de encontrar un héroe entre los suyos para competir con el muchacho de Gaza. MSNBC puso en marcha una competición estúpida por la foto más importante del año, con la posibilidad de elegir entre el mártir Dorrah o una foto sobre perros, (pues siempre te dan una opción, y siempre es la errónea, no importa lo que escojas.) Lo de los perros fue promovido por el cónsul de Israel en Los Ángeles, con votos de muchos admiradores de Israel, mientras que los partidarios de Palestina votaron por Dorrah. La foto realmente importante, el icono de Farris, no le fue ofrecida al público.


Pero eso no fue suficiente, y el Washington Post envió a su corresponsal en Palestina, Lee Hockstader, a deslustrar la memoria del niño caído. Este trapo asqueroso manipulado por AIPAC, (American Israel Public Affairs Committee), estaba en su salsa con Hockstader. Sus reportajes deberían ser estudiados en todos los colegios de periodismo, en cursos sobre Desinformación. Cuando los tanques y los helicópteros israelíes bombardearon un Belén indefenso, Hockstader escribió: “En la ciudad bíblica de Belén, (no quiso mencionar la palabra Natividad), soldados israelíes y palestinos lucharon con tanques, misiles, helicópteros, ametralladoras y piedras”.

Sospecho que la historia según Hockstader de la Segunda Guerra Mundial, narraría un cuento donde los norteamericanos y Japón luchaban con armas nucleares….

Lee Hockstader justificó debidamente las incursiones israelíes a poblaciones civiles, escribiendo: “Portavoces del ejército israelí dicen que las incursiones son limitadas y esencialmente defensivas. Pero el gobierno israelí elige un enfoque más amplio, anotando que las incursiones dan a los comandantes militares locales flexibilidad contra un enemigo escurridizo”. Si éste “elige un enfoque más amplio” de las acciones israelíes, los palestinos en sus reportajes son simplemente terroristas locos: “Los palestinos han estado amenazando con exigir un precio por lo que ellos consideran como una guerra de agresión. Un representante del Movimiento de Resistencia Islámico conocido como Hamás, pidió más bombas suicidas y morteros contra Israel”.

Un compañero, Francois Smith, que también vigila a Hockstader, escribió en la red de Internet: “Me siento ofendido de que este tío piense que soy lo suficientemente estúpido como para creerle. Cuidado con Lee Hockstader. Pienso que tiene un plan”.

Bien, Hockstader sí tiene, ciertamente, algún plan : el de imponer la supremacía judía y difamar a los palestinos. El difamar a Farris encaja en este plan perfectamente. Hockstader fue a Gaza y reportó que Farris era un niño malo que no obedecía a su mamá y papá, que no iba al colegio, que era un diablillo adolescente, que en realidad quería que lo matasen, y que un compasivo francotirador judío cumplió su deseo. Hockstader no perdió ningún detalle: al niño lo mataron en el momento en que levantaba una piedra, y por lo tanto hubo que matarlo, su fama póstuma fue el “follón sobre su muerte”; y de todas formas, su madre “recibió un cheque de 10.000  dólares del Presidente de Irak, Saddam Hussein“.

Hockstader tuvo cuidado. Si se hubiese atrevido a inferir que los padres colonos del infante que murió en Hebrón, deseaban la muerte de su hijo, si se hubiese referido a la reacción israelí como “folló”, o simplemente si hubiese mencionado el buen cheque que los padres recibieron del carnicero de Sabra y Shatila, Hockstader no hubiese salido vivo de Israel, y Katherine Graham, la dueña del Washington Post se estaría arrepintiendo hasta el fin de sus días.

Los judíos han conseguido acobardar a sus enemigos, y no sólo con la magia de las palabras. Lord Moyne, Ministro de Estado en el Oriente Medio, docenas de oficiales y soldados británicos y cientos de líderes palestinos fueron asesinados por los judíos en su empeño por la supremacía en la Tierra Santa durante los años 40, hasta que los Británicos aterrorizados zarparon de la bahía de Haifa el 15 de Mayo de 1948. Incluso hoy día, dos activistas por la paz en San Francisco, ambos hombres religiosos, el padre católico Labib Kobti y el rabino judío Michael Lerner, reciben amenazas de muerte de grupos judíos terroristas y se lo toman muy en serio.

Los palestinos son campesinos y habitantes de ciudades bastante pacíficos. Saben cómo cuidar su olivares y viñas y saben como fabricar un “Zir”, una vasija que mantiene el agua bien fresca incluso durante las ráfagas sofocantes de “hamsin”. Sus maravillosas construcciones de piedra adornan toda Palestina. Escriben poesía y veneran sus tumbas sagradas. Ellos no son guerreros, ni mucho menos asesinos. Con asombro e incredulidad miran en el espejo de una prensa dominada por los judíos y se ven disfrazados con la máscara de un terrorista sangriento. Pero estos campesinos aún son capaces de darnos una lección sobre el heroísmo, cada vez que un enemigo intente arrebatarles sus tierras. Los palestinos lo demostraron hace muchos siglos, en los días legendarios de Los Jueces, cuando sus ancestros batallaron contra los invasores extranjeros.

En los años 1930, un judío ruso ferviente nacionalista y fundador del partido político de Sharon, Vladimir Zeev Jabotinsky, escribió, (en su ruso nativo), una novela histórica, Sansón, sobre la historia bíblica de aquella “bomba humana” que mató a tres mil hombres y mujeres, (Jueces 18:27), y murió con los enemigos. Hace unos años, esta novela fue publicada en Israel en una traducción hebrea moderna, y un crítico del periódico Davar anotó una aberración interesante.

Para Jabotinsky, los Británicos eran los filisteos modernos, mientras que los israelíes se convertían en hebreos. Para cierto lector israelí moderno, la novela es como una glorificación de la lucha palestina contra el gobierno de Israel. Los muy civilizados filisteos con su superior tecnología militar, invasores extranjeros, habitantes hedonistas de los valles costeros, e intrusos en las montañas hacían recordar al crítico a los Israelíes modernos. Mientras que la gente de Sansón, Banu Israel, los nativos de las montañas, seguros de sus raíces, y confiados en la victoria inevitable de su apego a la tierra sobre el poder militar del invasores, recordó al crítico los montañeses palestinos modernos.

Tiene sentido, ya que los palestinos son los verdaderos descendientes del Israel bíblico, de la gente indígena que abrazó la fe de Cristo y de Muhammad, y permanecieron en la Tierra Santa para siempre. Los israelíes saben esto muy bien.

En los laboratorios genéticos de Tel Aviv, los buscadores del ADN judío proclaman orgullosamente cada resultado que pueda confirmar aún de una manera tenue la relación de sangre entre judíos y palestinos. Ellos saben que nuestras reivindicación del orgulloso nombre de Israel es al menos dudosa. Como Ricardo III, nos apoderamos del título y la corona, y como Ricardo III nos sentimos inseguros mientras que los herederos legítimos sigan vivos. Esta es la explicación psicológica de nuestro tratamiento tan cruel e inexplicable de los nativos palestinos.

Los israelíes quieren ser palestinos. Hemos adoptado su cocina, y servimos su “falafel” y “humus” como nuestra propia comida étnica. Adoptamos el cactus nativo, el “sabra” que crece a la entrada de sus aldeas en ruina, como nombre para todos nuestros hijos nacidos en el país. Nuestro idioma el moderno hebreo volvió a la vida con centenares de palabras palestinas. Sólo necesitamos pedirles perdón, abrazarlos como si fuesen hermanos desde hace tiempo perdidos y aprender de ellos. Ese es el único rayo de esperanza que sale de la oscuridad presente.


Como bien han aclarado todos los estudios arqueológicos modernos israelíes, hace 3.000 años, las tribus montañesas, (Banu Israel de la Biblia), terminaron por llegar a un “modus vivendi” con los habitantes de la costa, y juntos, estos hijos de Sansón y Dalila , se convirtieron en los progenitores de los compositores de la Biblia, de los apóstoles de Cristo y de los palestinos de hoy día. La tecnología avanzada de los filisteos y el amor de los montañeses por nuestra tierra árida, se combinaron para crear el milagro espiritual de la vieja Palestina. No es imposible, y sí muy anhelado, que la historia se repita una vez más, y la gloriosa imagen del joven Farris , luchando contra el tanque, se mezcle con imágenes del rey David y San Jorge en las mentes y libros escolares de nuestros hijos palestinos.

Por Israel Adán Shamir
(Escrito el 5 de Junio de 2001)


Notas:

  1. N.d.E.: El mayor arsenal de armas de destrucción masiva, atómicas, químicas y biológicas, en el desierto del Neguev, como denunció el ex agente secreto del Mossad Viktor Ostrovsky.

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Conflicto en Palestina – Nueva guerra se desarrolla en redes sociales

El conflicto  en Palestina y el llamado estado de Israel se traslada a las redes sociales

Todos conocemos al menos en parte  los conflictos que  subsisten en la región de Palestina. Pero poco sabemos de “la nueva guerra” que se desarrolla a través de las redes sociales.

No podemos ignorar que en un mundo globalizado, las comunicaciones se realizan en forma inmediata. Podemos saber casi al instante lo que sucede al otro lado del mundo.

La realidad no siempre llega de la manera esperada y así como recibimos un “bombardeo” de información, también sabemos que mucha de esa información es manipulada por quienes administran los medios de comunicación global.

Hace un tiempo, difundimos una nota acerca de la ubicación de Palestina en Google Maps. Literalmente quitada y en su lugar podíamos ver claramente la región en cuestión como Israel.

Como es nuestra costumbre, pretendimos informar, dar a conocer un hecho, a nuestro entender, repudiable.


Hace unos días, y observando que la nota no perdía vigencia, volvimos a girarla esperando que todos nuestros seguidores tengan la oportunidad de conocer cómo se toma posición en este conflicto por parte de las distintas redes informáticas.

Bajo el nombre “Google elimina del mapa a Palestina del mapa y la reemplaza por Israel”, la nota tomó un interés inesperado.

Observamos a través del controlador de entradas de este portal “Paginas Árabes” que la nota en cuestión obtenía un número inusitado de “visitas”.

A través de nuestras herramientas informáticas descubrimos con asombro que la nota era visitada, según los instrumentos que nos provee Google para tal fin, por ordenadores ubicados en Israel y Estados Unidos de América.

Nos comenzamos a preguntar por qué Israel y Estados Unidos tendrían interés en visitar miles de veces una nota escueta, informativa, tomada de otra fuente y que en su momento fuera difundida en forma masiva por otros medios informativos de todo el mundo.

No tardamos mucho en darnos cuenta que la Página Web “Paginas Árabes” había colapsado. Justamente esa es la idea, no sólo llevar a quitar la nota que molesta sino también hacer colapsar el sitio.

Nos comunicamos con nuestro servicio de hosting, y se nos “recomendó” quitar la nota del portal en forma preventiva.  Pero nosotros redoblamos la apuesta.

Las visitas masivas continuaron, desde luego con ubicación de Israel y el gran país del norte, (USA). Gracias a la ayuda técnica de especialistas y con la firme decisión de seguir con esta lucha silenciosa, activa y desigual, tomamos medidas para poder continuar trabajando en nuestro portal.

Haga usted lector un análisis de lo narrado. Una red global utilizada para acallar una pequeña voz que desde este recóndito lugar del mundo pretende mantener viva la cultura árabe en toda su esencia. Pretende informar y difundir una realidad que ya no se puede ocultar. El asedio al pueblo palestino por parte del Estado Sionista de Israel. Delitos de lesa humanidad, avasallamiento de los derechos humanos en todas sus formas. Hostigamiento a todos aquellos que de  una forma u otra apoyamos y acompañamos a Palestina, Siria, Líbano y todos los países de Medio Oriente ocupados y diezmados por el sionismo y sus socios políticos a través de guerras inventadas, acusaciones de uso de armas químicas para permitir una intervención militar, guerras civiles y religiosas que no son tal.


Queremos pedirle, querido lector, para que nuestra voz no sea acallada, pero más importante aún, para que la realidad no sea ocultada bajo el tapete de las grandes corporaciones que manejan la información a su antojo, la difusión de la nota en cuestión, que encontrará en el siguiente link:

http://paginasarabes.com/2016/08/09/google-elimina-a-palestina-del-mapa-y-la-reemplaza-por-israel/

Un mínimo aporte al pueblo de Palestina. Porque “la sangre no se hace agua”, nuestras raíces árabes están aún más profundamente enterradas en las tierras de nuestros ancestros.

Por Páginas Árabes

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