Archivo de la categoría: Mitos y Leyendas

La Mano de Fátima- Khamsa

 

Atributos y forma de representación

La mano de Fátima o khamsa consiste en la representación plana de una mano abierta, con los dedos extendidos. Suele estar constituida por un diseño estilizado, en el que el dedo corazón actúa como eje de simetría, resultando casi siempre imposible determinar si se trata de la extremidad derecha o izquierda .

Este destacado icono fue entre los musulmanes medievales, particularmente los shiíes, un símbolo de providencia divina, generosidad, hospitalidad y fuerza/poder, así como un eficiente amuleto que expulsaba los malos espíritus causantes de las enfermedades y las desgracias además de repelente del mal de ojo. Portar talismanes como protección o contra el aojamiento, fue una de las muchas prácticas pre-islámicas absorbidas por la cultura islámica primitiva, y tolerada por su teología.

El mal de ojo, también llamado fascinación, es una creencia de carácter casi universal que se documenta ya en el Antiguo Egipto y en las culturas antiguas del Creciente Fértil. Los romanos también conocían esta superstición, a la que denominaron “fascinatio” o “fascinum”, la cual se transmitió al mundo medieval, tanto cristiano como musulmán, siendo objeto de la atención de eruditos como al-Kindi (801-873) o Avicena (980-1037). Se basa en la creencia, transmitida por Platón en el Timeo, de que la visión se produce por la proyección a través de los ojos de unos rayos o fuego visual que, al ser emitidos por almas contaminadas, dan lugar al mal. En el mundo islámico, se considera que este mal de ojo procede de la envidia, según explica Ibn Jaldún:

“Los efectos producidos por el mal de ojo se incluyen en el número de las impresiones que resultan de la influencia del alma. Proceden del alma del individuo dotado de la facultad del mal de ojo y tienen lugar cuando él ve una calidad o un objeto cuyo aspecto le causa placer. Su admiración se vuelve tan intensa que hace nacer en su entraña un sentimiento de envidia juntamente al deseo de arrebatar esa calidad o ese objeto a quien los posee”.

En el Corán, Muhammad señala y admite la creencia en el mal de ojo (‘ayn), y las tradiciones islámicas reconocen que el propio Profeta aceptaba el uso de talismanes y tatuajes para preservarse de él. En la Arabia preislámica, según testimonio de Tertuliano, las mujeres se protegían del mal de ojo cubriéndose el rostro con un velo, e incluso por un fenómeno de magia simpática, los ojos de determinados animales con presunto poder fascinador, como el lobo, eran utilizados como amuleto, al igual que determinados minerales o piedras, entre ellas el azabache. Uno de los talismanes más empleados en todo el mundo islámico es la khamsa o “mano de Fátima”. La mano extendida y sintética tiene el mismo valor que el gesto de recitación de la fórmula “hamsa fi‘ayni-k” (cinco en tu ojo) contra el sujeto que se cree que nos está aojando.

La eficacia apotropaica de este amuleto está relacionada con el poder mágico del número cinco, que es el significado del término khamsa (literalmente “cinco”, en alusión al número de dedos). Como ya señaló René Guénon, y ha recogido Chebel en su Dictionnarie des symboles musulmans, se ha intentado tradicionalmente explicar el valor de este guarismo, por su equivalencia con las cinco letras del nombre de Allah en árabe: el índice corresponde a la alif, el anular a la primera lam, el medio y el índice al segundo lam, que es doble, y el pulgar al he, lo que explica el carácter divino de la mano y de la cifra cinco, que constituye un símbolo habitual dentro del mundo islámico. Además, en la tradición suní, la mano es la síntesis de la ley del Profeta, identificándose los dedos proverbialmente con los cinco pilares o preceptos del Islam (el testimonio de fe, la oración ritual, la limosna, el ayuno y la peregrinación), mientras que la tradición shií los ha relacionado con las cinco personas sagradas pertenecientes a la familia del Profeta(Muhammad, ’Ali, Fátima, Hassán y Hussein). Parece que en ambos casos se ha tratado de islamizar una creencia de origen bereber.

La khamsa es denominada también habitualmente “mano de Fátima”. Aunque con frecuencia el origen de esta expresión se ha querido poner en relación con los europeos establecidos en el Norte de África durante el Protectorado, y especialmente con los militares franceses que tenían la costumbre de llamar “Fátima” de forma despectiva a todas las mujeres argelinas o tunecinas, los estudios más recientes  muchos de ellos sin rechazar tampoco abiertamente la hipótesis anterior‒, abogan por su conexión con Fátima al-Zahra (606-632), hija predilecta de Muhammad, a la que acabamos de referirnos como pariente destacada del Profeta. Ningún pasaje documentado de la vida de Fátima sugiere relación alguna con este símbolo, aunque las cuantiosas leyendas posteriores asociadas a ella, hacen referencia a su carácter maternal y protector, lo que tal vez podría vincularla con el amuleto de la mano, dado que este siempre se ha conectado con fines apotropaicos. Fátima adquiere en el Islam un destacado papel como mujer santa y modelo de hija, madre y esposa, lo que ha llevado a su frecuente comparación con la figura de la Virgen María en el ámbito cristiano.

Este popular amuleto protector adopta en la Edad Media diseños variados. Lo normal es que se represente exclusivamente como una mano exenta, aunque en la tipología áulica de los jarrones nazaríes de la Alhambra, su superficie se amplía hasta abarcar el antebrazo, adornándose este con amplias mangas. Asimismo la mano puede albergar a veces en su interior ojos, que acentúan su significación talismánica, al invocar su lucha contra el aojamiento. Ocasionalmente también puede incorporar inscripciones epigráficas de carácter coránico.

Fuentes escritas y orales

No existen evidencias textuales o fuentes escritas para el origen de la mano de Fátima. No obstante, la mención a la sacralidad de la mano o de las manos aparece reflejada en varios pasajes del Corán. La sura 67:1 dice: “¡Bendito sea Aquel en cuya mano está el señorío! Él, sobre toda cosa, es poderoso”. En las suras 69:25 y 84:7 se identifica la mano izquierda con el mal y la derecha con el bien, respectivamente. Igualmente en 23:88, 36:83 y 57:29 las manos se ponen en conexión con la imagen de la soberanía divina.

Algunos relatos populares carentes de legitimidad religiosa ponen en relación la mano-amuleto con un gesto del propio Muhammad. Un día, los discípulos del Profeta, se quejaron a su maestro de la supresión de las imágenes y entonces este, por toda respuesta, habría metido en tinta los cinco dedos de su mano y los habría impreso sobre una hoja de papel, mostrándolos a sus seguidores.

Autores como A. Maitrot o Probst-Biraben recogen el relato, sin ninguna validez histórica, de que durante la batalla de El Bedr Hanin (624 H.), que consagró la pujanza de Muhammad, los partidarios del fundador de la nueva religión no tenían estandarte o bandera, por lo que confiaron su pena a la hija predilecta de su jefe, Fátima, quién mojó su mano en la sangre de un herido y la imprimió sobre su velo.

Otra leyenda cuenta que una noche la hija del Profeta estaba preparando la cena cuando su esposo Alí regresó a casa acompañado por una concubina. Al verla, Fátima, celosa, regresó a la cocina irritada y metió la mano en la pasta hirviendo que estaba cocinando, continuando su elaboración con la mano desnuda. Su pena era tan grande que no sentía la quemazón. Desde entonces en el Islam, la mano de Fátima llegó a ser símbolo de paciencia y lealtad, confiriendo suerte, abundancia y paciencia a quienes portaban o se encontraban bajo la protección de este símbolo.

Extensión geográfica y cronológica

Aunque se desconoce con precisión en qué momento concreto comenzó a utilizarse de forma sistemática, la espectacular expansión territorial protagonizada por el recién nacido Estado islámico fue determinante en la propagación de este amuleto, siendo introducido paulatinamente en todos aquellos territorios que, desde la Península Arábiga, fueron progresivamente incorporados al Dar al-Islam, incluida al-Andalus, donde se documenta a partir de la época de las dinastías africanas. Asimismo, gracias a la permeabilidad cultural bajomedieval, su uso trascendió las fronteras políticas para ser asimilado también dentro del ámbito cristiano y judío en contacto con el Islam.

Como amuleto protector y apotropaico se ha seguido empleando desde entonces hasta la actualidad dentro del ámbito musulmán o de pasado musulmán, donde suele aparecer en puertas, viviendas y también decorando la joyería o metalistería popular. Existen infinitos ejemplos desde la Península Ibérica y el Norte de África (zona del Magreb) a Palestina, así como en el sur de Italia, en la zona de Nápoles. También se ha infiltrado en tradiciones religiosas y culturales no musulmanas, como la de los judíos sefardíes, que con frecuencia han usado el símbolo de la mano extendida como amuleto para salvaguardar personas y hogares.

En la actualidad, este icono está ampliamente difundido como consecuencia del fenómeno de la globalización, y resulta habitual encontrar personas de cultura occidental que portan collares o pulseras con el símbolo de la khamsa.

Soportes y técnicas

La mano protectora se presenta en la Edad Media en todo tipo de soportes y técnicas artísticas, ya sea en forma de amuletos exentos de plata o azabache, ya como elemento decorativo pintado, tallado, esculpido o grabado formando parte de la ornamentación arquitectónica, de manuscritos iluminados o de objetos suntuarios diversos, especialmente de carácter personal (joyas o adornos). Aparece muy frecuentemente también en cerámicas, ya que se considera que el momento de la comida o la bebida es especialmente propicio para la penetración de malos espíritus, que pueden acechar escondidos en las vasijas.

Precedentes, transformaciones y proyección

La khamsa corresponde a una tradición iconográfica musulmana, aunque el motivo genérico de la mano tiene un carácter universal y su uso puede retrotraerse a tiempos ancestrales. Ya en la pintura rupestre parietal del Paleolítico Superior se identifican paneles con manos pintadas en positivo o negativo, como en la cueva de El Castillo (Puente Viesgo, Cantabria, España), lo que apunta a que el simbolismo de las manos extendidas como repelentes de males podría conectarse con ritos o cultos mágicos preislámicos.

Este amuleto protector se identifica asimismo en las civilizaciones del Próximo Oriente Antiguo. La Qāt Istar, también conocida como la Qāt Inana, o Mano de Ishtar/Inana, fue usada por los sucesivos pueblos que se asentaron en el territorio mesopotámico, principalmente sumerios y acadios, como talismán contra las enfermedades. También parece existir una estrecha conexión entre la Mano de Fátima y la Mano Pantea o Mano de Todos los Dioses, que fue originalmente un amuleto egipcio conocido como los “Dos dedos”, en alusión a Isis y Osiris. Este amuleto invocaba a los espíritus protectores de los padres. El pulgar se interpretaba como Horus (“el hijo”), mientras que el índice y el corazón se relacionaban con Isis y Osiris, sus progenitores. Otra teoría remonta los orígenes de la khamsa a Cartago, donde se utilizó la mano de la deidad suprema, Tanit, para alejar el mal de ojo. Asimismo, en la cultura cananeo-púnica, la mano de Ba’al se empleaba con un sentido análogo.

Existieron además otros destacados símbolos antropomorfos de divina protección anteriores al advenimiento del Islam, como la Mano de Venus (o Afrodita) en el mundo romano. Incluso las manos de Buda (gesto de mudrā) o de Shiva han tenido un sentido protector y benéfico en las tradiciones budista e hinduista, o, dentro del Cristianismo, la propia Dextera Dei fue empleada como símbolo del poder divino.

La asimilación cultural del emblema de la mano de Fátima y su proyección más allá de los territorios islámicos comenzó ya en época medieval. Por ejemplo, durante el siglo XV en los reinos hispanos, pequeños colgantes quiromorfos llamados gumças eran colocados sobre los trajes de los niños para protegerlos o formaban parte de collares, como el descubierto cerca de Mondújar, en la región de Almería. Parece que el término gumça procede de la castellanización del vocablo árabe khamsa. Igualmente, la mano protectora se encuentra representada sobre numerosas piezas cerámicas procedentes de los talleres de Paterna y Manises, destacando su empleo como parte de la decoración de un grupo de pilas bautismales toledanas realizadas en barro vidriado, encabezadas por los ejemplares procedentes de la iglesia de Camarenilla (Toledo) y de la Hispanic Society of America (Nueva York)25, ambas de mediados del siglo XV, donde las cruces flordelisadas y el monograma “JHS” alternan con el talismán islámico.

Un ejemplo excepcional de la enorme difusión de este amuleto islámico dentro del territorio cristiano se pone de manifiesto con la noticia de que en 1526 una comisión episcopal convocada por el emperador Carlos V, reunida para decidir sobre las costumbres de los musulmanes recientemente convertidos al cristianismo (moriscos) decretó la prohibición de su uso y su sustitución por cruces o medallas con efigies de personajes sagrados. Poco después, en 1586, Pedro Guerra de Lorca describió a los musulmanes como hijos del demonio, portadores de medallones donde estaba grabada una llave y una mano, esta última significando, según él, la pujanza de Dios. Para Don Diego López de Mendoza en 1607, estas manos portadas por los moriscos de Granada serían una alusión a los cinco mandamientos de Muhammad .

Los cristianos sirios y los europeos utilizaron un símbolo equivalente a la khamsa conocido como Mano de María. Su objetivo es igualmente proteger a las mujeres del mal de ojo, aumentando su fertilidad, promoviendo embarazos sanos y buenas lactancias, y fortaleciendo a los más débiles (mujeres encintas, recién nacidos o niños de corta edad).

A través del contacto con el Islam, su uso se popularizó también entre las comunidades judías, especialmente sefardíes, instaladas tanto en el Norte de África como en Oriente Medio. Los judíos se refieren a ella como la mano de Miriam (Kef Myriam) en recuerdo de la Miriam bíblica, la hermana de Moisés y Aarón.

Temas afines

Un tema relacionado con la mano de Fátima es el divulgado motivo iconográfico de la higa, que consiste en la figuración de una mano cerrada sobre sí misma en forma de puño, con el dedo pulgar alojado entre el índice y el corazón, al que se ha otorgado un similar valor protector y profiláctico, pues se utilizaba igualmente para evitar la influencia maléfica de la fascinación y para atraer la buena suerte.

Por Noelia Silva Santa-Cruz
©Revista Digital de Iconografía Medieval

©2017-paginasarabes®

Trasmoz, el único pueblo excomulgado y maldecido por la Iglesia

Las leyendas sobre brujas y aquelarres han perseguido a Trasmoz (Zaragoza) a lo largo de los siglos. Ubicado en las faldas del Moncayo, a escasos kilómetros del Monasterio Cisterciense de Veruela, este pequeño municipio zaragozano, con apenas 70 habitantes, ha estado siempre rodeado de un halo de misterio. Lo cierto es que actualmente es el único pueblo maldito y excomulgado de España y solo el Papa podría poner fin a esta situación que vive el pueblo desde hace cientos de años.

Corría el siglo XIII cuando la localidad fue excomulgada. Por aquel entonces Trasmoz era como una isla laica rodeada de todos los pueblos que pertenecían al Monasterio de Veruela. Según cuentan las leyendas, la actividad de las brujas estaba en aquellos años en su máximo apogeo y, entre los muros de su castillo, los aquelarres y todo tipo de actos paganos eran una constante.

La silueta de Trasmoz destaca en el camino hacia las faldas del Moncayo. Su caserío trepa una pequeña colina coronada por un castillo que aún mantiene buena parte de la envergadura que debió tener en sus mejores tiempos. A ojos del viajero llama inmediatamente la atención. Y se acrecienta cuando, una vez dentro de la población, descubre figuras de brujas en las paredes, en las veletas o en los paneles informativos. Incluso tiene una fiesta dedicada a las servidoras del Diablo.

Lo cierto es que este pequeño núcleo de población es el epicentro de un territorio plagado de leyendas. Una zona bajo el influjo mágico de la montaña más alta del Sistema Ibérico. Allí se encuentra también el no menos misterioso Monasterio de Veruela y se recuerda a un autor español que cultivó el relato de leyenda, Gustavo Adolfo Bécquer.

Es muy posible que el escritor del romanticismo paseara por las calles de Trasmoz. Es seguro que residió por un tiempo en el Monasterio de Veruela, con el objetivo de tratar la tuberculosis que le aquejaba. Allí escribió sus conocidas “Cartas desde mi celda” y leyendas ambientadas en el paisaje que le rodeaba, en lo que muchos señalan como una parte fundamental de su etapa creativa. Con Gustavo Adolfo estaba su hermano Valeriano, que cultivó el arte por el que sería conocido: la pintura. De hecho, es el autor las imágenes más antiguas que se conocen de Trasmoz, concretamente de su castillo.

Valeriano dejó tres ilustraciones de las ruinas que debió encontrar por entonces en lo más alto de Trasmoz. En las tres destaca una figura que muchos se han preguntado si sería la de su hermano Gustavo. Bajo algunos de los dibujos una fecha, “31 de junio de 1863”. Por entonces ya conocían la leyenda negra del municipio, unida para siempre a las brujas. Así lo dejó escrito el escritor en uno de sus relatos:

“Los sábados, después de que la campana de la iglesia dejaba oír el toque de las ánimas, unas sonando panderos, y otras, añafiles y castañuelas, y todas a caballo sobre escobas, los habitantes de Trasmoz veían pasar una banda de viejas, espesas como las grullas, que iban a celebrar sus endiablados ritos a la sombra de los muros de la ruinosa atalaya que corona la cumbre del monte”

Las historias de aquelarres y rituales paganos como éste que describe Bécquer se relacionan con Trasmoz desde hace siglos. El propio origen del castillo es ya legendario, pues se asegura que lo construyó un mago llamado Mutamín en una sola noche.

En el siglo XIII se describía a Trasmoz como una “isla laica” rodeada por los territorios controlados por los monjes de Veruela. Con régimen y recursos propios por gracia de la Corona, cuentan que en aquel pueblo la herejía era una actividad constante. Por eso la iglesia lo consideró como pueblo maldito y fue excomulgado en 1252. De hecho, aseguran que nunca se ha revertido aquella decisión, por lo que la del Moncayo sigue siendo la única localidad excomulgada de España.

Una de las historias que se cuentan sobre Trasmoz viene a explicar la razón por la que el castillo se conoció como escenario de rituales paganos y otros terrores. Aseguran que, en realidad, allí fabricaba moneda falsa un sacristán de Tarazona. Por eso, para evitar las visitas inconvenientes o las miradas curiosas decidió divulgar todo tipo de cuentos sobre brujas y encantamientos.

Pero, aunque suene a leyenda, lo cierto es que la presencia de brujas en el municipio ha quedado documentada en antiguos legajos. Se dice de ellas que maldecían, echaban males de ojo, propagaban enfermedades o destrozaban las cosechas. Incluso a algunas se las recuerda por su nombre. La tía Casca es la más famosa. Sus vecinos la despeñaron en 1850 por un barranco, acusada de atraer males sobre los niños, animales y cosechas.

Cuenta el autor de “Rimas y Leyendas”, Gustavo Adolfo Bécquer, en una de sus narraciones,a lo que le sucedió un día en el que, paseando por los bellos parajes cercanos al Monasterio de Veruela, en la comunidad de Aragón, quedó desorientado.

Tras un largo caminar, finalmente se encontró con un pastor que le hizo una advertencia. “No tome la senda de la Tía Casca, en ella fue despeñada la señora en cuestión, y al ser rechazada por Dios y por el Diablo, su alma vaga por ese camino, y mediante engañosos sonidos, unas veces con lloros de niño otras con gruñidos de lobo, atrae a los ingenuos caminantes para, con su seca mano, despeñarlos por el barranco”

Gustavo Adolfo Bécquer escribió que en ese lugar quedó entonces su alma, errando en pena.

El Castillo de Trasmoz era el lugar preferido por las brujas para celebrar sus aquelarres, se reunían para volar con sus escobas y practicar ritos perversos.

Las brujas acudían los sábados a este lugar tras el toque de las ánimas de la campana de la iglesia, llegaban desde distantes lugares para participar en sus conciliábulos.

La Tía Casca, vivió en Trasmoz durante el S.XIX su leyenda popular continúa estremeciendo y sobresaltando a todo aquel visitante que se acerque hasta estas tierras del Moncayo.

Sus poderes procedían de un misterioso unto cuyos ingredientes se le había transmitido por herencia de sus antecesoras.

Entre los poderes de la bruja destacamos que era capaz de volar, hablaba latín, lenguas desconocidas, podía emponzoñar la hierba, envenenar las aguas del río para matar a las reses que bebieran e impedir que los mulos tuviesen apetito.

La tía Casca disfrutaba echando el mal de ojo a los niños y se divertía sacándolos de la cuna para azotarlos, Por todos era sabido que las oraciones siempre las rezaba al revés.

Gustavo Adolfo Bécquer nos la describe:

“Con sus greñas blancuzcas, su formas extravagantes, su cuerpo encorvado y sus brazos disformes, que se destacaban angulosos y oscuros sobre el fondo de fuego del horizonte”

La tía Casca fue acusada de ser la ejecutora de males de ojo y todos los hechizos imaginables por los vecinos del lugar.

Estos fueron quienes la persiguieron y tras un linchamiento popular acabó despeñada por un precipicio.

Tras morir la tía Casca su alma comenzó a vagar por el entorno, quizá con sed de venganza. Ni el mismísimo diablo quiso llevársela al Infierno.

Bécquer pone en boca de los lugareños con los que conversó que el espíritu en pena de la bruja se ocupaba, en acosar y perseguir a los infelices pastores que se arriesgan por esa parte de monte, ya haciendo ruido entre las matas, como si fuese un lobo, ya dando lastimeros como de criatura, o acurrucándose en las quiebras de las rocas que están en el fondo del precipicio, desde donde llama con su mano amarilla y seca a los que van por el borde, les clava la mirada de sus ojos de búho y cuando el vértigo comienza a desvanecer su cabeza da un gran salto, se les agarra a los pies y pugna hasta despeñarlos en la sima.

La Tía Casca murió, pero la tradición brujeril la mantuvo viva la familia.

Una muchacha ya se lo advirtió a Gustavo Adolfo Becquer.

¡Toma, toma! Mataron a una; pero como que son una familia entera y verdadera, que desde hace un siglo o dos vienen heredando el unto de unas en otras, se acabó con la tía Casca, pero que su hermana, y cuando se acaben con ésta, que acabarán también, le sucederá su hija, que aún es moza, y ya dicen que tiene sus puntos de hechicera”.

Según la opinión de Javier Bona sobre la verdadera tía Casca, recogida en la publicación “Las almenas de Trasmoz” recuperan sus brujas, en Heraldo de Aragón, Joaquina Bona, con 46 años, no debería parecer, como describe Bécquer, una vieja decrépita. Parece cierto, pues, sufrió una muerte violenta en un arranque de ira popular, acusada por hechos de brujería, cuando en realidad parecía tratarse de una simple curandera que sólo intentaba ayudar a los demás. Una muerte, en todo caso, injusta y por la que fueron condenados varios vecinos del bello pueblo del Moncayo.

Otra bruja famosa es Dorotea. Al parecer fue víctima del encantamiento de otras brujas después del intento de su tío, el párroco Mosén Gil, de exorcizar el lugar. Más recientes son la Tía Galga y su hija, de las que se recuerdan lecturas del destino y potajes milagrosos. De hecho son recordadas con cariño porque daban solución a muchos problemas aplicando remedios con plantas que recogían de las faldas del Moncayo.

Trasmoz no sólo no ha querido olvidar las historias de brujas sino que las ha potenciado para convertirlas en un atractivo turístico. Existió durante años un museo y siguen celebrándose unas jornadas dedicadas a la brujería y las plantas medicinales que atraen a miles de personas en cada edición. Las organiza una asociación local de nombre muy sugerente: “El embrujo”. Se conocen como “Encuentro de Brujería, Magia y Plantas Medicinales del Moncayo”.

Los momentos que más destacan en esos días son los de las representaciones de la captura, juicio y tortura de brujas y herejes. Pero también se recrean batallas como las que debieron producirse en aquellas tierras durante el conflicto que enfrentó a los Reinos de Castilla y Aragón. Junto a las recreaciones hay también espectáculos musicales y de humor, talleres artesanos o un mercado esotérico durante todo el día.

En cada uno de esos encuentros las “brujas” de Trasmoz aumentan, porque una de sus vecinas es nombrada “Bruja del año”. En el nombramiento le acompañan todas las mujeres que han obtenido ese título en años anteriores. Todas ellas reciben una placa de cerámica que muchas deciden colgar en la puerta de sus casas. De esta forma no sólo están identificadas, sino que el pueblo muestra a los visitantes su continua relación con la brujería.

Pero las brujas no son las únicas manifestaciones sobrenaturales que se recuerdan en Trasmoz. Existe una tradición alrededor del día de las ánimas. Se dice que en el día de los difuntos es necesario encender una vela por cada uno de sus muertos. Las encienden dentro de calabazas a las que se le hacen agujeros y se colocan en el camino de la procesión de las ánimas, una tradición que, aseguran, se remonta a tiempos celtas y nada tiene que ver con el “Halloween” importado de EE.UU. Las luminarias se contemplan con rezos y toques de campana. Se entona, por ejemplo, el tradicional canto de “Los gozos para las ánimas benditas”.

También alrededor de esta tradición se ha originado una fiesta. Se conoce como la fiesta de “La Luz de las Ánimas” y se celebra el primero de noviembre. Cada vez atrae a más personas que encienden sus velas por los muertos. Y Trasmoz afianza su título de localidad más misteriosa de Aragón, siempre bajo la sombra del castillo en el que se encontraban las brujas las noches de los sábados.

Lo que sí está contrastado es que Trasmoz, actualmente con apenas  70 vecinos empadronados,  impedía que el Monasterio de Veruela impusiese un control absoluto sobre el territorio como sí ocurría con el resto de poblaciones de los alrededores. Era independiente, por ejemplo, en el uso del agua, ya que la Corona le había otorgado una serie de derechos que le situaban en una posición más ventajosa que al resto de municipios. Además, hay quien señala que en su Castillo lo que realmente se hacía era acuñar monedas falsas que minaban los ingresos de Veruela. Y fue este compendio de razones las que llevaron a excomulgar al municipio por orden papal.

Muchos años después, ya en el siglo XVI, en concreto en 1511, el Abad del Monasterio de Veruela decidió propagar por el municipio de Trasmoz una maldición convirtiéndolo en el único pueblo maldito conocido de toda España. A la entrada del pueblo, una cruz con un velo negro, dejaba constancia de la maldición, en la que participaron todos los monjes del Monasterio con la lectura del salmo 108 del libro de los salmos.

«Danos tu ayuda contra el adversario, porque es inútil el auxilio de los hombres; Con Dios alcanzaremos la victoria, y él aplastará a nuestros enemigos». Un salmo que se usaba para maldecir a los enemigos y con el que quedó maldecido el señor de Trasmoz, sus descendientes y todo un pueblo. No hay otro lugar en España en el que se haya realizado un ritual de estas características.

Y maldito y excomulgado ha llegado Trasmoz hasta nuestros días, ya que hasta el momento ningún Papa ha levantado la maldición ni la excomunión. Aún así, poco o nada afecta esta situación al día a día del municipio. Y es que se celebran actos religiosos con absoluta normalidad y se han mantenido las tradiciones religiosas a lo largo de la historia.

Trasmoz destacó por su papel militar. En los siglos XII y XIII fue clave en la frontera de los reinos de Castilla, Navarra y Aragón. Asimismo, “era el único señorío laico de todo el Moncayo, repleto de señoríos eclesiásticos”. También fue el centro de una falsificación de monedas hacia 1267 que el rey Jaime I descubrió y a sus autores ejecutó. Y en el XIV y XV jugó un papel importante para Los Luna y los señores de Urrea.

Los historiadores aseguran que la fortaleza fue definitivamente abandonada en 1530, tras desplomarse su interior por un incendio. Así terminaron sus 400 años de vida militar, con diferentes etapas constructivas y guerras defensivas.

Estos han sido sus dueños y su historia:

El castillo de Trasmoz era señorío de Fortúan Sanz junto con la vecina Vera.

En 1171 Trasmoz está en poder de Navarra hasta 1185 en que Alfonso II lo recuperó para Aragón por medio del conde de Poitiers, acordando a cambio de la devolución, la ayuda de Aragón contra el conde de Tolosa.

En 1212 Pedro II de Aragón empeñó el castillo junto con otros castillos a Sancho VII de Navarra por el préstamo que este último le había hecho, quitando toda demanda sobre él en 1232 cuando entregó al rey navarro parte de los castillos empeñados.

Más tarde el castillo de Trasmoz pasa a ser dominio del rey Jaime I de Aragón.

En 1234 se firmó un pacto por 4 años con el rey navarro colocando en manos del obispo de Tarazona y del maestre provincial de los hospitalarios los castillos de Trasmoz, Gallur, Escó y Zalatambor, de modo que si no había acuerdo entre el rey de aragón  y el rey de navarra el castillo de Trasmoz quedaría adscrito al reino de Aragón.

En 1236 el castillo y la villa están bajo el dominio del justicia de Tarazona Juan Pérez.

De nuevo volvió a ser ocupado por el rey de Navarra Teobaldo I, y en 1244 Jaime I recuperó el castillo de Trasmoz para Aragón.

Pedro de Aragón en 1250 reconoce una deuda con el rey navarro por la que le entrega el castillo y la villa de Trasmoz con todos su derechos, hasta 1254 en que se firmó la paz entre Aragón y Navarra.

En 1255 Jaime I entregó el castillo al caballero navarro Sancho Fernández de Monteagudo, a condición de que no interviniera en caso de guerra con Castilla o Navarra en contra de Aragón y de que no hiciera daño ni guerra al rey de Aragón.

En 1267 el Castillo de Trasmoz  pertenece a Pedro Pérez de Tarazona, que lo utilizaba para labrar moneda falsa ayudado por su hermano Blasco sacristán de Tarazona. Estos fueron inculpados y castigados por lo que el castillo les fue confiscado y pasó al rey Aragonés.

A finales del SXIII el castillo fue dado en feudo por el rey Pedro III a su hijo Jaime Pérez. De éste último pasó a su hija Constanza, y de ésta pasó a su marido Artal de Luna.

El castillo de Trasmoz pertenecerá a la familia Luna hasta comienzos del SXV.

Don Fadrique, conde de Luna, se pasa a servir al reino de Castilla, y como consecuencia de este hecho el rey aragonés comenzó a confiscar parte de los bienes del conde de Luna.

Finalmente el conde de Luna cayó prisionero por el rey castellano, y fue recluido en el castillo de Ureña.

En 1436 el castilo de Trasmoz pasó a dominio aragonés y en 1437 Lope Ximénez de Urrea recibió el castillo de Trasmoz en donación de Alfonso V el Magnánimo, su hijo Pedro Manuel Ximenez de Urrea traslada su residencia al castillo de Trasmoz en el año 1509.

Don Pedro Manuel Ximenez de Urrea (1485-1524), intelectual y poeta, es uno de los nobles más poderosos de Aragón y uno de los grandes escritores de ese siglo.

Escribe poemas cultos, religiosos, morales, amorosos, canciones y villancicos.

Elabora relatos alegóricos y de defensa de los valores de la nobleza y églogas pastoriles cuyos personajes proceden de Moncayo.

En la obra Peregrinación a Jerusalén, Roma, y Santiago de Don Pedro Manuel Ximenez de Urrea había un capítulo titulado “Trasmoz hace cien fuegos” que contendría información sobre este señorío y sobre su castillo.

A partir del SXVI el castillo de Trasmoz comenzó su destrucción y deterioro debido al gran abandono que sufrió.

En 1530 la torre del homenaje fue devastada por un incendio y años más tarde el interior del castillo fue expoliado por los depredadores furtivos de tesoros que cavaron sin ningún tipo de respeto, a lo que fue en su día, un glorioso castillo testigo de batallas y conquistas entre los grandes reinos que lo atesoraban.

En la actualidad la situación ha mejorado afortunadamente ya que en los años 70 el castillo de Trasmoz fue adquirido mediante subasta por el empresario Aragonés Manuel Jalón, inventor de la fregona y de la jeringuilla desechable.

Este nuevo propietario se compromete al estudio y conservación del castillo e impulsa la Fundación Castillo de Trasmoz de la que forman parte también profesores de la Universidad de Zaragoza.

La Fundación de Amigos del Castillo de Trasmoz tiene previsto continuar con la rehabilitación del resto del recinto del Castillo de Trasmoz.

Los mitos, fábulas, gestas y ritos ligados al castillo de Trasmoz sobrevuelan de nuevo por entre la historia documentada de este particular recinto aragonés. La magia, los duendes, aquelarres y encantamientos de brujas que hasta Gustavo Adolfo Bécquer relató sobre Trasmoz en tres de sus leyendas se unen para siempre a todo un archivo arqueológico e histórico del recinto, con Pedro Manuel Ximénez de Urrea (1485-1524), último señor del castillo de Trasmoz, como protagonista .

Es más, son estas historias las que cada año llevan a miles de turistas a visitar esta localidad zaragozana, que ha hecho de sus brujas y sus leyendas todo un filón para el turismo. Cuenta con un museo dedicado a la brujería y cada año, con la llegada del verano, se celebra una feria dedicada a las brujas, la magia y las plantas medicinales que atrae a cientos de visitantes al pueblo.

Esa tradición de brujería es la que lleva a los habitantes de este poblado a que las tradiciones antiguas perduren, por lo que durante el año organizan dos eventos que permiten la visita de turistas y personas que disfrutan con estos temas. Una de las actividades es el Encuentro de brujería, magia y plantas medicinales del Moncayo que se lleva a cabo a mediados del año y es organizado con la intención de tener vivas las leyendas asociadas a la villa. En ella, además, se hacen representaciones donde sobresalen los disfraces y juegos de luces. A este festejo se suma el Museo de la Brujería, un sitio en el que se puede conocer la historia de las brujas más famosas, las leyendas que encierran a estos personajes y una importante muestra de plantas medicinales. El otro festejo se presenta el 31 de octubre, día en el que se celebra La luz de las ánimas. Esta parece ser una antigua celebración de origen celta que festejaba la llegada del imperio de las tinieblas, las largas noches de invierno, momento perfecto para que los espíritus afloraran para vagar entre los vivos.

Existe un libro antiguo que refleja el peregrinaje del señor de Trasmoz a las tres Ciudades Santas, Jerusalén, Roma y Santiago, de una sola vez. No existe constancia escrita de que ningún hombre haya hecho algo así.

En torno al siglo XX, ese documento se encontró.  Constituía uno de los libros de hoguera, considerados herejía por la Inquisición. Por ello, cuando encontraron la obra en Francia, estaba cosida bajo las tapas de otro libro que sí estaba permitido. El dueño era un descendiente directo de Napoleón.

Quizá también buscaban la protección de las brujas de Trasmoz los que cometieron el secuestro del doctor Julio Iglesias Puga,“Papuchi”, a comienzos 1982, ya que fue en este municipio donde el doctor permaneció retenido durante 20 días.

Verdad o no, hoy en día no se ven brujas por sus calles aunque el castillo albergue un museo sobre la brujería, eso sí puedes comprarle mermeladas de autor a Guillermo Fatás cantante del grupo aragonés Puturrú de fua (“No te olvides la toalla cuando vayas a la playa” y otros éxitos ochenteros) y participar en numerosas festividades curiosas como la de hacer roldar el huevo, la feria de brujería y magia o la celebración, por todo lo alto del día de los difuntos.

Otro punto que sobresale en esta localidad es la calle llamada Gol de Nayim, nombrada así en homenaje al gol que marcó este jugador, y con el que el Real Zaragoza pudo alzarse con el título de la Recopa en 1995. Aunque Trasmoz es una población pequeña encierra misticismo y magia, por lo que vale la pena incluirla en nuestras agendas de viaje.

Elena G.
Con información de : El Universo por descubrir

©2017-paginasarabes®

Los Gul y los Yinn en la literatura Palestina

Agwal

Entre lo real,lo sobrenatural y lo maravilloso: Los Yinn y los Gul en la Literatura palestina de tradición oral

La Jrefiyye 1

La jrefiyye es un tipo específico de cuento perteneciente a la literatura palestina de tradición oral.

La características principales que lo definen y lo diferencian del resto de los géneros narrativos, son las siguientes:

1º) La narradora por excelencia es la mujer.
2º) Utilización de un lenguaje dialectal y coloquial.
3º) Ausencia de movimientos y gesticulación en su ejecución.
4º)La presencia en la narración de elementos y personajes sobrenaturales y maravillosos.

La jrefiyye constituye todo un mundo donde confluyen una serie de personajes maravillosos y sobrenaturales. Dos tipos son los que aparecen con más frecuencia: el gul (ogro) y el yinn (genio).

El término gul (Pl. Gilan o Agwal) viene de la raíz árabe gala-yagulu que significa: arrebatar, aniquilar, asesinar. El término gul posee una gran variedad de significados: desgracia, accidente, ogro, genio y demonio. Según fuentes antiguas, con la palabra gul se designa tanto a un ser femenino como masculino, aunque los árabes tendían y tienden a verlo como femenino. Como veremos más adelante, muchos consideran a la si’ala como el femenino de gul, sin embargo, el pueblo ha formado el femenino gula que es el más extendido y conocido en todos los cuentos de tradición oral.

En cuanto al término yinn, existen dos teorías sobre la etimología de su raíz. Una que la hace derivar de la raíz árabe yanna-yayunnu que significa: cubrir, envolver, ocultar, volverse loco, ser oscuro, tenebroso, etc. Y otra que asegura que procede del término latino “genius” 2.

Las traducciones que encontramos para el término yinn son numerosas y ambiguas, pues significa tanto genio, como trasgo, gnomo, elfo, demonio, duende y espíritu. La razón de estas traducciones tan poco precisas, es que no existen diferencias muy claras entre los numerosos seres maravillosos y sobrenaturales que existen en la imaginación popular. Tampoco son muy precisas las clasificaciones que hacen muchos sabios y filósofos árabo-musulmanes, pues, según el autor del que se trate, nos encontraremos con divisiones muy diferentes. Esto nos lleva a pensar que la única forma de definir a estos seres, es directamente a través de nuestros cuentos, en donde sí vamos a encontrar características y actitudes bien definidas, o por lo menos más clarificantes.

Tanto los gul como los yinn son personajes muy populares, conocidisimos, no sólo en Palestina, lugar de donde proceden los cuentos que servirán de base para este trabajo 3, sino en todo el mundo arabo-musulmán. Estos seres, presentes en el mundo irreal de los cuentos, forman parte de la experiencia diaria de la gente y de sus más firmes creencias.

La creencia en el gul y yinn proviene de tiempos muy antiguos. Su origen se remonta a los primeros temores del hombre ante la propia naturaleza y lo desconocido.

A pesar de tratarse de personajes tan conocidos y populares, no existe una definición clara y precisa de los mismos, y mucho menos una diferenciación entre lo que es un gul y lo que es un yinn, siendo muy común que sean confundidos entre sí, tanto entre las gentes del pueblo, los filósofos e historiadores más eruditos, como en el cuento mismo.

Según la mayoría de los autores, al gul se le considera una especie perteneciente a la familia de los yinn. Es por esa razón, que en el breve recorrido que se hará desde la época preislámica hasta nuestros días, el término yinn se mencionara la mayoría de las veces, aunque en él quede incluido el gul. En este escueto análisis, se observará cómo la creencia en los genios y ogros ha ido evolucionando, y nos encontraremos con muchas y diferentes opiniones sobre ellos.

Sin embargo, lo que más nos interesa es estudiar a estos seres en nuestro género de cuento, la jrefiyye : cómo son, cómo viven, piensan y sienten, cuál es su función dentro del cuento, cuál es su relación con los héroes y heroínas, etc. Todo ello con el fin de aclarar, situar y diferenciar a estos conocidos y, a la vez oscuros personajes.

La creencia en los Yinn desde la época pre-islámica hasta nuestros días

Época preislámica

Se sabe que la creencia en los diferentes seres sobrenaturales (yinn, shaytan, gul, ‘ifrit, etc.) comunes en la tradición árabo-musulmana, se remonta a las civilizaciones más antiguas. Según Sawqi ‘Abd al-Hakim 4, la creencia en los yinn se remonta al 4000 a.C., particularmente de unos habitantes al sur de Arabia, en el Yemen, conocidos como los Qahtaníes. Al parecer, la situación estratégica del Yemen, a caballo entre el Mar Rojo y el océano Índico, le permitió a este pueblo entrar en contacto con civilizaciones como las de la India y Persia, de las que importó todas estas creencias, que después se propagarían al resto del mundo árabe y más tarde a Europa.

Nos presenta ‘Abd al-Hakim las ideas de otros autores 5 que defienden que la creencia en los genios les llegó a los árabes de sus vecinos los iranios. Sin embargo, los descubrimientos sumerio-iraquíes, mucho más antiguos que los arios, pues se remontan a los principios del 4000 a.C., aportaron nuevas ideas sobre el origen de estas creencias. Ya entre este pueblo se creía en una shaytana 6 (diablesa) que habitaba lugares abandonados y derruidos. De esta primera idea, puede derivar la creencia, todavía presente en la actualidad, de que toda clase yinn y demonios viven en construcciones en ruinas, deshabitadas, en desiertos y sitios poco transitados.

Las tradiciones de los sumerios fueron heredadas por los acadios, pueblo semita, y babilonios, entre los que siguió desarrollándose la creencia en esta shaytana y extendiéndose a todos los pueblos posteriores hasta llegar a los árabes.

Los árabes preislámicos creían en la existencia de los yinn, que representaban las fuerzas hostiles e indómitas de la naturaleza. Se les relacionaba con los animales salvajes, y se pensaba que aparecían bajo diferentes formas animales 7. Era tal el temor y miedo que estos seres les inspiraban a los beduinos que empezaron a ofrecerles sacrificios e implorar su ayuda y protección. Sin duda, los yinn llegaron a alcanzar la condición de semidioses, y debieron existir pocas diferencias entre ellos y los primitivos dioses semíticos, salvo que éstos tenían adoradores y los yinn no. Es más, según un pasaje del Corán (VI,100) los árabes paganos asociaban a los genios como hijos o hijas, e incluso como compañeros de Dios 8.

En cuanto a los parajes por los que suelen pulular estos seres, se cuenta que los árabes preislámicos creían que después de que Dios destruyera los pueblos de Wabar, Tasm, ‘Ad, Zamud y Yadis, los genios ocuparon sus ciudades, casas, baños (hammam), ríos, pozos, etc. 9

Sin embargo, la imaginación y el miedo de los árabes preislámicos debieron ser los verdaderos condicionantes a la hora de precisar los lugares en donde habitaban los yinn: desiertos, descampados, los fondos de los ríos, los pozos, cuevas, ruinas; todos, lugares que les infundían temor, sobre todo con la caída de la tarde 10.

Los viajeros o despistados que se adentrasen en territorio de los yinn podían encontrar la muerte o sufrir incontables burlas y jugarretas por parte de genios, demonios, ogresas y ogros. Por eso, se adoptó la costumbre de invocarlos y pedir su protección al aproximarse a lugares desiertos y solitarios, diciendo: “¡Oh, dueño de este valle! Te pido protección frente a la plebe que te obedece” 11. Con ello se pensaba que obtenía el favor de los genios del lugar, para poder pasar o acampar sin peligro.

La relaciones entre los humanos y los yinn eran bastante hostiles, de ahí el miedo que los árabes sentían hacia ellos, y todas las precauciones que tomaban antes de pasar por un territorio, supuestamente poblado por los genios, procurando en todo momento no ofenderlos ni levantar su temida ira. Sin embargo, la relación que los genios tenían con poetas, magos, sacerdotes y adivinadores solía ser bastante buena. Se creía que los poetas recibían de éstos la inspiración, que al igual que magos, sacerdotes y adivinadores, tenían un vínculo muy especial con estos seres, a los que con frecuencia invocaban y hacían ofrendas.

Otro tipo de relación en la que se creía era la amorosa, y existen varias leyendas que narran amores y matrimonios entre humanos y genios. Una de las leyendas más conocidas es la que cuenta que Balquis, la reina de Saba, era hija de un humano y una yinna 12.

La llegada del Islam

La llegada del Islam supuso, por un lado, la afirmación y supervivencia de muchas creencias y prácticas pre-islámicas, y por otro, la prohibición de muchas otras. La creencia en los yinn fue una de las que lograron sobrevivir y reforzarse, sin embargo se prohibió la costumbre de ofrecerles sacrificios.

Según la concepción musulmana, se definieron como seres corpóreos creados antes que Adán (XV,27) de un fuego purísimo 13 (LV, 15/14), dotados de inteligencia, imperceptibles a nuestros sentidos y capaces de adoptar cualquier forma.

Los yinn aparecen citados en numerosos pasajes del Corán, e incluso existe una sura(LXXII) dedicada a ellos, con el nombre de “al-yinn”. En el libro sagrado se les acepta como una raza en la Tierra que vive entre los humanos y que, al igual que éstos, dan testimonio de su fe (LXXII,2) y aceptan el Islam, exhortando a los ateos para que acepten la verdadera religión y sigan el camino recto (XLVI,29,30,31).

Las relaciones que se establecen en el Corán entre los genios e Iblis (el demonio), no son nada claras. Pues en aleyas como la XVIII, 48, Iblis es considerado un yinn por haberse negado a postrarse ante Adán como los demás ángeles, mientras que en la aleya II,32, es considerado un ángel. Todo ésto ha generado una gran confusión a la hora de diferenciar a los genios de los demonios (Sayatin) y un interminable número de historias, leyendas, hipótesis e interpretaciones acerca de este tema.

A diferencia del yinn, el gul no aparece citado en el Corán. El Profeta era consciente de la creencia popular en los ogros, y aunque en un hadiz niega su existencia, los comentaristas afirman que se refiere solo a la capacidad de transformarse, puesto que existe otro hadiz en el que el Profeta Muhammad recomienda pronunciar el nombre de Dios para escapar de sus maleficios y librarse de ellos 14.

Muchos sabios y eruditos musulmanes, que creían en la existencia de estos seres, han intentado definir y determinar qué son los yinn, con el fin de aclarar la confusión existente en torno a ellos y otros personajes como demonios, ogros, duendes, etc. Sin embargo, nos encontraremos con numerosas definiciones y clasificaciones, cada una diferente de la otra, con lo que la aclaración sobre qué son los genios deja un poco que desear.

Al-Qazwini (1203-1283) los define como animales etéreos, de cuerpo transparente que pueden tomar formas diferentes. Muy parecida es la definición de ad-Damiri (1349-1405) que los considera cuerpos etéreos con posibilidad de adoptar formas diferentes, dotados de inteligencia y capaces de realizar los trabajos más duros.

Donde existen más diferencias es a la hora de la clasificación, según as-Sibli (m.1367) cuando se habla del verdadero genio se le llama yinni. Si es de los que viven con la gente, se le llama ‘amir (habitante), cuyo plural es ‘ummar. A los genios que se le aparecen a los niños se les denomina ‘arwah (espíritus). Si es malo, recibe el nombre de shaytan (demonio), cuando es un poco más malo que éste, se le llama marid (genio, demonio), pero si es peor que los anteriores y tiene mucho poder, se le dice ‘ifrit (diablo, duende).

Para Wahab Ibn Munabbih (655-729) los auténticos yinn son espíritus (‘arwah) que no comen ni beben ni duermen ni procrean. No opina igual ad-Damiri, pues para él existen algunas especies de yinn que comen, beben y se casan, como los ogros (gilan), ogresas (si’ali)demonios (qatarib) y lo mismo ocurre con los hijos de todos ellos.

Ibn al-Kazir (m.1372) dice que los genios fueron creados del fuego y son igual a los humanos, pues comen, beben y se reproducen.

Según algunos hadices atribuidos al Profeta, hay varios tipos de genios: los que son como el viento y vuelan en el aire con sus alas; los que son animales como las serpientes, los escorpiones e insectos; por último los que se comportan y actúan como humanos y tienen descendencia.

Para al-Qazwini el gul (ogro) y la si’ala (ogresa) son los demonios más conocidos, son animales muy feos, poco agraciados por la naturaleza, al vivir aislados en los desiertos se convirtieron en salvajes, así que son mitad bestias mitad humanos. Se aparecen al que viaja solo por la noche y adoptan forma humana para desviar al viajero de su camino.

Al-Yahid (m.869) considera que el gul es el nombre que se le da a los yinn que se aparecen al viajero bajo las formas y ropas más diversas, la mayoría de las veces con apariencia femenina y entonces se la denomina si’ala.

Según ad-Damiri el ogro es una clase de yinn y de šhaytan que tiene poderes mágicos y se aparece a los humanos por la noche. Y considera a la si’ala (ogresa) como la más perversa de entre los ogros que, a diferencia del gul, aparece por el día 15.

Otros sabios medievales como Ibn Sina (Avicena), Ibn Jaldún y el movimiento de la Mu’atazila 16 negaron la existencia de estos seres.

Por Montserrat Rabadán Carrascosa


Notas:

1 Este trabajo está basado en un apartado de la tesis doctoral: La jrefiyye palestina: literatura, mujer y maravilla, la cual presentado en la Universidad Autónoma de Madrid. ** Montserrat Rabadán Carrascosa, El Colegio de México, C.E.E.A., Camino al Ajusco, nº 20, México D.F. 01000.
2 El Corán, Trad. Juan Vernet, Barcelona, Planeta, 1986. p.139, n.100. Véase también: Encyclopédie de l’Islam, s.v. djin, p.560.
3 Tawaddud`Abd al-Hadi, Jararif sa`abiyya [Cuentos Populares], Bayrut, Dar Ibn Rusd, 1980.
4 Sawqi Abd-l-Hakim, Al-fulklur wa-l-‘asatir al-`arabiyya [El folclor y las leyendas árabes], Bayrut, Dar Ibn Jald_n, 1978, p. 129-146.
5 Sawqi Abd-l-Hakim, op.cit. pp.129-130
6Ibid., pp.132-133.
7 Véase: Duncan Black Macdonald, The Religious Attitude and Life in Islam, London, Darf, 1985, pp. 130-156.
8 Duncan Black Macdonald, op. cit. pp.133-134
9 Mahmud Salim al Hut, Fi-l-tariq al-mizuluyia `inda-l-`arab. Bahz mushab fi-l-mu`ataqadat wa-l-asatir al-`arabiyya qabla-lislam.[En el camino de la mitología de los árabes. Un estudio minucioso de las creencias y leyendas árabes antes del Islam], Bayrut, Dar an-Nahar li-n-nasr, 1979, p. 212.
10 Ibid., p.211.
11 El Corán, op.cit., p.636, n.6.
12 Jairat Al-Saleh, Jairat, Ciudades fabulosas, príncipes y yinn de la mitología árabe, Madrid, Anaya, 1986, pp. 50-57.
13 El Corán, op.cit., p. 139, n.100.
14 Encyclopédie de l’Islam, s.v. ghul, pp.1104-1105.
15 Sobre las definiciones de los diferentes autores, véase: Mahm_d S_lim al-H_t, op. cit., pp.208-236.
16 “Los separados”, este movimiento se dio entre los siglos VII-XI, y fueron el grupo que no tomó partido en el conflicto entre los partidarios de ‘Ali y los Mu’awiya. Defienden el libre albedrío, la unidad de Dios y la Justicia Divina. Para más información véase: Miguel Cruz Hernández; Historia del pensamiento en el mundo islámico, 2 vols., Madrid, Alianza Universidad, 1981. vol.1, pp. 89-127.


©2017-paginasarabes®