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Máximas de Hasan al Basrî – Del «Tadhkiratul-awliyâ» – Farîd ud-Din Al-‘Attâr


Hasan al Basrî consideraba muy superiores a él a todos aquellos con los que se cruzaba. Un día, mientras paseaba a orillas del Shatt al-‘Arab, vio a un negro sentado al lado de una mujer. Frente a él había una jarra y una copa; los dos se servían sucesivamente de la jarra y bebían. Hasan al Basrî, viendo a aquel hombre, se dijo para sí: «He aquí uno que también vale más que yo». Sin embargo pensó: «Desde el punto de vista legal no es posible que sea mejor que yo, puesto que tiene a su lado a una mujer de malas costumbres y tiene la intención de beber vino». Mientras reflexionaba de este modo apareció en el río una embarcación enormemente cargada que llevaba a bordo siete personas, la cual, mientras se acercaba a la orilla, de repente se hundió.

El negro, tirándose al agua, salvó a seis personas una tras otra, y luego dirigiéndose a Hasan al Basrî, dijo: «Adelante, si eres mejor que yo. He salvado a seis, puedes salvar a uno tú también». Y agregó: «¡Oh musulmanes! Esta jarra está llena de agua y esta mujer es mi madre. He querido poner a prueba a Hasan al Basrî». Y dirigiéndose a este último: «Como ves haz juzgado superficialmente y no has sido capaz de ver más allá de las apariencias». A estas palabras Hasan al Basrî se tiró a los pies del negro, le besó las manos, y comprendiendo que era uno de los servidores de excepción del Altísimo, le suplicó: «Oh venerable, así como has salvado a estos náufragos del agua del río, sálvame del abismo del culto a mí mismo». A lo que el negro respondió: «Ve, estás a salvo». Desde entonces no consideró jamás a ninguno como inferior a sí mismo, sino que estimó que todos le eran superiores.

[…]

Hasan al Basrî dijo un día a sus íntimos: «Vosotros me recordáis a los Compañeros del Enviado —¡sobre Él el Saludo y la Paz!—». Todos se estaban alegrando, cuando agregó: «Son vuestros rostros y vuestras barbas las que son similares, pero nada más. Si ustedes los hubiesen visto, les habrían parecido locos; y si ellos los hubiesen visto a ustedes, no los habrían tratado como verdaderos musulmanes, ni siquiera a uno de vosotros; porque en la práctica de la fe ellos eran como caballeros montados sobre caballos rápidos como el viento, mientras que nosotros andamos como si estuviésemos sobre la silla de un asno con el lomo llagado»

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MÚSICA ANDALUSÍ – Mi agua es perlas fundidas (Ibn Zamrak, 1333 – 1393) – (Video)

 

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MÚSICA ANDALUSÍ – Mi agua es perlas fundidas (Ibn Zamrak, 1333 – 1393).

Intérprete: Eduardo Paniagua.

Imágenes: La Alhambra de Granada (España).

Letra: (Fragmento)

…….

Mi agua es perlas fundidas, que por hielo

ves correr (tenlo a grande maravilla),

y, por diáfana el agua, a través suyo,

ni un instante desaparezco.

Se diría que yo y el agua pura

que contengo, y por mí se desparrama,

masa somos de hielo, que una parte

se fundió, y otra no se funde.

……

La música andalusí (también llamada arábigo-andaluza), es un estilo de música árabe, que se dió en Al-Ándalus entre los siglos IX y XV. En la actualidad se da en el norte de África.

Ibn Zamrak o Ibn Zumruk (Granada, 1333 – 1393) fue un poeta y político de Al-Ándalus. Algunos de sus poemas decoran las fuentes y palacios de la Alhambra.

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La Tolerancia del Profeta hacia otras religiones – La Autonomía Religiosa y la Politica


Hay muchos otros ejemplos durante el tiempo de vida del Profeta, que Dios exalte su mención, además de la Sahifah, que demuestran prácticamente la tolerancia que el Islam muestra hacia las otras religiones.

Libertad de reunión y autonomía religiosa

Dado el consentimiento por parte de la constitución, los judíos tuvieron la completa libertad de practicar su religión. Los judíos en Medina en el tiempo del Profeta tuvieron su propia escuela de aprendizaje, llamada Bait-ul-Midras, en la que ellos solían recitar la Torá, hacer actos de adoración y educarse a ellos mismos.

El Profeta enfatizó en muchas cartas a sus emisarios que las instituciones no podían ser maltratadas. He aquí una carta dirigida a su emisario ante los líderes de Santa Catalina en el Monte Sinaí, quienes buscaban la protección de los musulmanes:

“Este es un mensaje de Muhammad ibn Abdullah, como un pacto con aquellos que adoptan el cristianismo, cercanos o lejanos, nosotros estamos con ellos. En verdad, yo, los servidores, los asistentes y mis seguidores los defienden, debido a que los cristianos son mis ciudadanos. ¡Y por Dios!, yo estoy en contra de cualquier cosa que no los complazca a ellos. Ninguna imposición debe haber sobre ellos. Ni tampoco sus jueces deben ser removidos de sus puestos ni sus monjes de sus monasterios. Nadie debe destruir una casa de culto, ni dañarla, ni llevarse nada de ella para las casas musulmanas. Si alguien toma algo de esto, él dañará el pacto de Dios y desobedecerá a Su Profeta. En verdad, ellos son mis aliados y tienen mi apoyo seguro contra todos aquellos con los que ellos se enemisten. Nadie debe obligarlos a viajar u obligarlos a luchar. Los musulmanes deben luchar junto a ellos. Una mujer cristiana no puede ser casada con un musulmán sin que ella dé su consentimiento. A ella no se le debe impedir visitar su iglesia para orar. Sus iglesias son declaradas bajo protección. A ellos no se les deben impedir repararlas ni dejar de observar lo sagrado de sus pactos. Nadie de la nación (los musulmanes) debe desobedecer el pacto hasta el Ultimo Día (el fin del mundo)”.

Como uno puede ver, esta carta consistía de varias cláusulas que cubrían todos los aspectos importantes de los derechos humanos, incluyendo temas como la protección de las minorías que vivían bajo el mandato islámico, la libertad de culto y movimiento, la libertad de nombramiento de sus propios jueces, y de tener y mantener su propiedad, la exención del servicio militar, y el derecho a la protección en la guerra.

En otra ocasión, el Profeta recibió una delegación de sesenta cristianos de la región de Nayrán, en ese entonces una parte de Yemen, en su mezquita. Cuando llegó el momento de su oración, ellos miraron hacia el este y oraron. El Profeta ordenó que se los dejara tranquilos y que no fueran interrumpidos.

Política

También hay ejemplos en la vida del Profeta en los cuales él cooperó con la gente de otras religiones en la arena política. Seleccionó a un no musulmán, Amr ibn Umaiyah-ad-Damri, como embajador para ser enviado ante Negus, el Rey de Etiopía.

Estos son sólo algunos ejemplos de la tolerancia del Profeta hacia otras religiones. El Islam reconoce que hay pluralidad de religiones en esta tierra, y le da el derecho a los individuos a escoger el camino que ellos crean que sea verdadero. La religión no deber ser, y nunca lo fue, obligatoria para un individuo en contra de su propia voluntad; y estos ejemplos de la vida del Profeta, que Dios exalte su mención, son un epítome del versículo del Corán que promueve la tolerancia religiosa y establece la guía para la interacción de los musulmanes con las personas de otras religiones. Dios dice:

“No está permitido forzar a nadie a creer”. (Qur’an 2:256)

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