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Poesías – Abdullah Bashrahil

LUZ, ARCILLA Y ALGODÓN

Al fondo del instante medito sobre cómo pasa
sin consentimiento.
Lapso de tiempo, aguja hilada que penetra lo
profundo.
Confeccionando mantillas y sudarios
Todo es blancura algodón y hueso, y la piel es su
ornamento.
Abigarrada
Del blanco proviene la arcilla
De allí la bestia, de allí el hombre
Medito sobre el néctar rojo
Cayendo en la misma vena
Y las parcelas de luz levantándose
Rayo de un pequeño sol yaciente en las profundidades
Encendiendo el agua de olivo
Alumbrando el universo
Ahora vida tiempo y espacio
Pueda el calor del sol apagarse
Para amordazar los tiempos.

EL MONSTRUO

¡Oye! No digas
Que un ogro habita los matorrales
Devorando el ganado
Deleitándose con la sangre de generaciones
Violando las estaciones
Con cientos, o más bien, miles de brazos
Y una apariencia de garras
Como filos cortantes
Avanzando en el borde del viento
Cabalgando el embrutecimiento
Antes se le comparaba con un pavo real
Pero una vez que le salieron los colmillos, mostró ser
Un perro salvaje
Y como tal escarba siempre en los vestigios
Como si fuera un sepulturero.
Liberando a los muertos, soltando a los condenados
Sediento, irrigando el desierto nocturno de las lágrimas
del abandono
Retrocediendo el tiempo
Resucitando los espectros Mongoles
Como el silencio luego el silencio
Consideran-que el silencio es el testimonio de la lucidez
El que consoló la ignominia
Y las sonrisas
Durante la infancia o la juventud o la madurez
Para la humillación existe una escuela y una función
Que comienza con el miedo las quimeras y los
dolores
Provenientes de las arrugas de las tinieblas
Y de los ecos de las pesadillas
Viviendo en la candidez de los recién nacidos
Figura del miedo
Quien se marchita en las flores de los campos
Tal fue el eco un sonido estruendoso en el aire de los
ancestros apareciendo en las noches sombrías
Y las nubes dejando aparecer el sol
Desde que son la coartada para asesinar la vida
En los corazones de los caballeros y de los valientes
Pero cuando se volvió a levantar la conciencia
La debilidad reconoció
Que las quimeras le extraviaron
Y que las quimeras son un monstruo
La voz, la diversión y el tamborilero La rama danzando
Con los cantos de los pájaros interrogándose
¿Podrán los espíritus liberarse?

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PARA ELLOS LA CARNE DESHUESADA

El pueblo árabe apoya a su asesino
Hace un siglo que sufre su andanza y
está quedando sin aliento
por sembrar de espigas la tierra
Para que esté conforme la injusticia nuestro líder
esta patria duerme en sueños tibios
Se divierte mientras agoniza Contemplando el
Presente y el futuro
De la mirada y el silencio
Acechando la cita sangrante
De la tempestad y el rugido del voraz león
Y el eco de los momentos, tendiendo sus deseos
Como si el mundo estuviera hecho de insectos
Así lo dice el portavoz de la casa negra
Y entonces si menos de un millón de muertos
O más de un millón
Por lo tanto más de un millón
Por lo tanto la excusa es de los cadáveres de los errores
Ya que la guerra tiene por víctima a los muertos
Pero nosotros vamos a liberarlos, curarlos y
enseñarles
Cómo expoliar los alimentos
Y nosotros cambiaremos toda vuestra cultura y vuestra
religión
Y volveremos para mataros
Para comeros
Desde vuestros comienzos hasta vuestro final
Los jefes de las naciones se niegan, refutan luego
Se ponen de acuerdo, tienen diferentes opiniones
Se oponen, luego se excusan
Y nosotros vemos las generosas imágenes en la
televisión
Miramos al árabe Antara fumando el cigarro
Y palpando la ignorancia revistiendo la ignominia
Providencias promovidas por los buenos que se han reunido
Y finalmente las tinieblas desposan la luz
Mientras ocurre el eclipse del sol y la retirada de la luna
Y el astro lapidado
La tierra se convierte en desastre
Nosotros no vemos más que tinieblas
Y considerables gritos pidiendo ayuda pero el sabor
se les fue
Y el resplandor de una declaración de mediadores
Confirmando la bajeza y recomendando el
síncope
Dos condiciones, dicen
Una:
Que nuestro verdugo devore la carne de nuestra nación
Y la otra:
Que los mendigos guarden los huesos.

Abdullah Bashrahil nació en Arabia Saudita, el 7 de abril de 1951. Ha publicado los libros de poesía: Mi torturadora, 1978; El amor mi destino, 1980; Fuente sedienta, 1986; El miedo, 1988; Poemas de los acontecimientos del Golfo, 1990; Lámparas del viento, 2002; Espadas del desierto, 2002; Declaración de las brisas, 2002; Lunas de Meca, 2002; Sótanos de las ilusiones, 2003; La soledad del alma, 2003; Rúbrica, 2005 Es Presidente del consejo administrativo del grupo Basharahil para el desarrollo, fundado por su padre, filántropo reconocido en la Meca. Miembro de la Asociación de la Literatura Moderna en El Cairo. Miembro fundador del Consejo General para la Enseñanza Musulmana en la liga del mundo árabe.

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Sabiduría de Acadia en la moralidad cristiana – Por Felipe Llanas Moreno


Los principios morales judeo-cristianos se reputan como auténticos por la grey que los practica, o que por lo menos los acepta. La doctrina católica tiene a los diez mandamientos como el sancta sanctorum de sus postulados de conducta humana ideal y como fundamento de su espiritualidad. Por otra parte, las catorce obras de misericordia son el reglamento que pone en práctica el decálogo, que es ley sustantiva, para hablar en términos jurídicos.

Los diversos concilios llevados a cabo a través de la historia han dado forma a tales nociones de comportamiento que nutren los catecismos e impulsan los elementos que ostentan como destino una vida comunitaria armónica, de solidaridad, comprensión y auxilio mutuo. Esto vendría a ser, en términos llanos, el establecimiento del Reino de Dios en la tierra, acordes con el catolicismo cristiano.

Sin embargo, reconocer los orígenes históricos de los conocimientos y los postulados que sostienen no ha sido tarea principal de la iglesia romana y de otras iglesias cristianas y menos de la feligresía, lo que acusa un manifiesto estado de enajenación muy cercano al fanatismo mas ramplón.

La biblia es considerada documento original, “obra de Dios”, aseveración que es refutada por las múltiples investigaciones arqueológicas, filológicas y de antropología social, que se han emprendido en occidente. Recuérdese la expedición de Napoleón Bonaparte a Egipto en 1798. Durante todo el siglo XIX, el llamado siglo sin Dios, los aspectos religioso-espirituales fueron analizados, compulsando los resultados derivados de la comprobación metódica con la superchería y los abusos de los clérigos en la interpretación doctrinal.


En este sentido, y como muestra de lo anteriormente comentado, es menester volver unos pasos atrás y traer a cuento las catorce obras de misericordia obligatorias para todo buen cristiano católico. Es curioso ver consignadas en la normatividad moral Acádica, en uno de sus preceptos, la aparición de tres de las obras de misericordia a que nos hemos referido.

Acadia se ubicaba en la región norte del territorio babilónico. Es el reino de Nembrod, según la Biblia en Génesis 10,10. Su fundación se ha calculado hacia el año 2,500 a. C. Fue un reino de pueblos de habla semítica, influida por el sumerio, y después pasó al dominio total de asirios y babilónicos. La dinastía más notable fue la de Sargón y sus sucesores y duró doscientos años. Su lengua ha sido estudiada para mayor conocimiento del proto-semítico, de donde surgieron lenguas tan trascendentales como el hebreo, el arameo y el árabe.


A continuación se ofrecen un puñado de preceptos morales Acádicos, dejando un espacio indicativo y un asterisco para señalar el claro antecedente de de las obras de misericordia cristiana, ejemplo elevado de amor al prójimo. La versión es del padre Angel Ma. Garibay K., de tabletas babilónicas publicadas en “Some cuneiform tablets” (1906) de Kerr Duncan Macmillian, y en “Babylonian Wisdom”, Londres, 1923.

NORMAS DE VIDA MORAL.

-Si eres sabio, comprende y haz lucir tu modestia.

Guarda tu lengua y guardarás tu palabra.

-Salud del hombre es la guarda de su lengua.

-Nada impertinente digas, nada fuera de tiempo hagas.

-No tengas prisa en salir al público.

-En lugar de pleitos, haz resoluciones.

-Por un pleito inútil se pierde lo principal.

-La impotencia de mi enemigo es un muro para mi.

-Haz justicia a tu enemigo.

*Da de comer al que tiene hambre; da de beber al que tiene sed, y

viste al desnudo: en eso se goza Dios.

-No te cases con ramera: tuvo seis mil maridos.

-Mujer que se entregó a Istar no tiene medida en su entrega.

-No la metas en tu casa que ella será tu tirana.

-No digas lo que es malo: dí siempre las cosas buenas.

-No hables lo que hay en tu alma, sino cuando te halles solo.

-Cuando hablas apresurado tendrás que volverte atrás.

-Sacrificios a los dioses alargan la vida humana.

-Escribe como lo lees y recoge lo que oyes.

Dad de comer al hambriento, dad de beber al sediento, vestir al desnudo. El amor al prójimo es un valor cristiano, pero es también Acádico por origen! Que virtud tan deleitante, cuanto decoro en justipreciar el pasado del hombre; encontrar en la antigüedad la generosa pertinencia de nuestro existir presente, en contraposición a la soberbia, a la ceguera de la humanidad posmoderna.

F.LL.M. JULIO DE 2011.

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Sabiduría de Acadia en la moralidad cristiana por Felipe Llanas Moreno se encuentra bajo una Licencia Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported.
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Edward Sa’id y La Otredad Cultural -(Primera Parte)

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… La historia de la cultura no es otra que la historia de préstamos culturales. Las culturas no son impermeables; así como la ciencia occidental tomó cosas de los árabes, ellos las tomaron de los indios y los griegos. La cultura no es nunca cuestión de propiedad, de tomar y prestar con garantías y avales, sino más bien de apropiaciones, experiencias comunes, e interdependencias de toda clase entre diferentes culturas.

E. SA’ID, 1996

1. ENTRE DOS MUNDOS

EN 1998, Edward W. Said publicó un hermoso artículo titulado “Entre dos mundos”, donde adelantaba parte de las memorias que saldrían a la luz pública al año siguiente con el título de Fuera de lugar . Estas reflexiones biográficas se insertan plenamente en la temática de su obra, donde el lugar de enunciación de su autor ocupó un sitial preponderante pues se entendía a sí mismo resultado de los procesos culturales que analizó desde una perspectiva crítica, acercamiento que tenía como punto de partida la experiencia de un sujeto oriental en la nueva metrópoli mundial: los Estados Unidos. ¿Qué se siente venir de un país que ya no existe? ¿Cómo se enfrenta ser señalado como Otro, a veces de manera paternalista y en otras de manera violenta? Son temas que Said aborda en estas memorias, pero cuyos detalles más sorprendentes y anecdóticos son revelados en este artículo. Cito parte de estas confesiones: “A veces me daba cuenta de que me había convertido en una criatura peculiar para muchos, incluso algunos amigos, que suponían que ser palestino equivalía a ser algo mítico como el unicornio o una variante desahuciada del ser humano” (Said, 1998:109).

Es decir, que incluso en el ámbito académico un colega palestino podía llegar a ser concebido como un sujeto exótico y observable, cosa que a nuestro autor le ocurrió en innumerables ocasiones: cuando una sicóloga quiso visitarlo en su casa sólo para saber cómo vivía (saliendo decepcionada porque encontró un piano), o cuando un publicista pidió con extraña insistencia comer con él antes de cerrar un acuerdo porque quería –según confesó su ayudante– ver cómo se comportaba en la mesa… Más allá de lo anecdótico (y cruel) de estos episodios, en años anteriores estas marcaciones de otredad habían sido más violentas en el contexto de un conflicto árabe-israelí en el cual Said ya había tomado partido (en 1985 su oficina de la universidad fue quemada por un grupo sionista).

Si bien estas situaciones estuvieron rodeadas de intenciones muy distintas, en todas ellas existe un núcleo común: el Otro oriental como dato anterior y determinante del sujeto en cuestión, una condición que se ubica por sobre la posición cultural compleja de nuestro autor (que él mismo utiliza con el objetivo de no homologar su experiencia de exilio y discriminación con la de quienes mayoritariamente protagonizan la diáspora palestina en calidad de refugiados): una educación refinada de cuño británico que recibió en El Cairo durante los años cuarenta por formar parte de una familia de élite en la colonia, cuyo proyecto había sido aproximarse lo más posible a la cultura de los colonizadores, de ahí su nombre que, como él mismo reconoce, emulaba al del Príncipe Eduardo de Inglaterra.

En esta formación Said aprendió la estricta disciplina británica y alcanzó un conocimiento profundo del canon literario y musical de Occidente, sin embargo y como solía recordar, aquella aproximación a la cultura del colonizador tenía un límite estricto: “Aunque me enseñaron a creer y pensar como alumno inglés, también me enseñaron a comprender que era extranjero, un Otro no europeo, educado por mis superiores a entender mi condición y no aspirar a ser británico” (Said, 1998:98).

Fuera de lugar fue escrito en la ciudad de Nueva York, donde vivió gran parte de su vida, donde fue señalado (negativamente) como oriental y donde construyó su identidad palestina a partir de una biografía compleja: una madre originaria de Nazaret, un padre de Jerusalén (con nacionalidad norteamericana por haber participado en la I Guerra Mundial), educado en el Gezira Preparatory School y en el Victoria College de El Cairo y doctorado en literatura inglesa en los Estados Unidos. Aparte de narrar una infancia y adolescencia transcurridas en el Medio Oriente –“…un mundo perdido u olvidado en lo esencial” (Said, 2003a:11)– Fuera de lugar permite problematizar en la existencia de su propio autor la pertinencia del concepto de otredad para nombrar una cultura distinta de la occidental. Lejos de este supuesto, Said ha sostenido sistemáticamente en su obra –principalmente Orientalismo ([1978]2003b) y Cultura e imperialismo ([1993]1996a)– la ahistoricidad de este concepto, que tiene más que ver con Occidente (lugar desde el cual se enuncia) que con las culturas no occidentales.

Este trabajo tiene por objetivo destacar el aporte de Edward Said en la deconstrucción de las esencias culturales que continúan vigentes en la crítica contemporánea y cuyos riesgos permanecen por sobre la voluntad de valoración de los grupos que han sido inferiorizados culturalmente en distintos procesos de colonización desde el siglo X …

 2. OTREDAD CULTURAL Y CRÍTICA CONTEMPORÁNEA

La anécdota de la psicóloga que deseaba observar in situ la cotidianeidad de un oriental en los Estados Unidos pero que se retira decepcionada al descubrir que su morador cultiva la música occidental, entraña una actitud que ha ido ganando adeptos en las últimas décadas: el deseo de sujetos culturalmente puros de acuerdo con parámetros de autenticidad atemporales y externos que deberían encarnar con fidelidad. La fascinación actual con la otredad cultural nos sitúa en un presente marcado en el ámbito académico y social por la crítica a la modernidad clásica y a las características particulares que hoy presenta esa crítica (considerando que esta actitud no es nueva en la historia del proyecto moderno).

Me refiero a la correspondencia que se ha establecido entre modernidad, ilustración y Occidente, incluyendo al Estado nacional como su producto derivado. Frente a este conjunto pretendidamente homogéneo suele oponerse esta otredad que representa la existencia de un afuera para quienes no advierten futuro en el proyecto moderno, un afuera en el que se depositan esperanzas políticas y la posibilidad de una crítica radical a todo aquello que se busca reemplazar.

Si bien esta fascinación por lo culturalmente opuesto es un tema antiguo que ha recorrido distintos campos del conocimiento y de la creación artística (Hobbes y Gaugin son algunos ejemplos entre muchos), en la actualidad esta posición ha tomado fuerza a tal punto que se ha constituido en referente para una parte importante de la crítica contemporánea enfrentada a un público predispuesto a aceptar el principio de la dicotomía Oriente-Occidente o la existencia de un mundo no occidental difuso, pero mejor. Dicotomía en la que Occidente y la modernidad aparecen con una connotación negativa, haciendo que de manera automática se revista de características positivas a todo aquello que –se cree– se ubica afuera, erigiéndose como “lo otro”.

Este auge se produce en un contexto histórico que facilita una mirada comprensiva: el fin de la guerra fría, la crisis de la izquierda y el protagonismo de sujetos que han dado vida a potentes movimientos sociales fundados en identidades culturales, genérico-sexuales, entre otras. Estos hechos, resumidos esquemáticamente, constituyen el marco en el cual reemerge esta fascinación que puedo ejemplificar con el tema indígena en América Latina por ser el que me resulta más conocido.

Tanto la crisis antes mencionada como el rol determinante que han tenido los llamados nuevos movimientos sociales han erigido a los movimientos indígenas como referente cultural y político para varios autores y cientistas sociales que han reformulado sus ideales libertarios, desplazando la crítica desde la burguesía y el capitalismo hacia la modernidad y la cultura occidental.

De este modo, las sociedades indígenas son destacadas por su externalidad con respecto a ese Occidente moderno que se busca combatir en el ámbito cultural, teórico y epistemológico, posición que aparece como un atributo deseable per se.

Es más, se cuentan autores que no han ocultado su deseo de reemplazar toda su formación académica occidental por la llamada epistemología indígena (lo que se le ha escuchado durante el último tiempo a Walter Mignolo), proyecto que parte de la base de una distancia insalvable entre indígenas y no indígenas.

Varios son los autores latinoamericanos que sustentan sus trabajos en esta dicotomía, todos los cuales parecen coincidir –con matices por cierto– en que los indígenas constituyen una alternativa a la política tradicional, al conocimiento científico, al capitalismo y a la episteme moderna.

Se podría citar al Enrique Dussel de El encubrimiento del indio: 1492 ([1992]1994), a John Beverley con Subalternidad y representación ([1999]2004), Silvia Rivera Cusicanqui con “La raíz: colonizadores y colonizados” (1993), y más recientemente a Javier Sanjinés con El espejismo del mestizaje (2005)1.

Mi inquietud por este tema surge de la revisión crítica de estos trabajos en el marco de una investigación que trata sobre los intelectuales indígenas, sujetos que escapan a estos compartimentos que separan de manera tajante lo indígena de lo occidental, pero que además pertenecen a sociedades indígenas que en el presente no se subordinan a la dicotomía señalada, y que probablemente nunca formaron ese polo en el cual se los confina pues los indígenas son señalados como tales con la colonización, de manera que el vínculo con Occidente –problemático, conflictivo, pero real– es un elemento ineludible sin el cual resulta imposible entender su trayectoria política, su desarrollo cultural y las respuestas que han ofrecido a la inferiorización cultural de la que han sido objeto desde que fueron nombrados como indios.

Por Claudia Zapata Silva
Dra. (c) en Historia, mención Etnohistoria.Académica del Centro de Estudios Culturales Latinoamericanos Universidad de Chile. 

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